DISCLAIMER: Los personajes de la caricatura no me pertenecen. Pero la trama es absolutamente mía.
*Nos leemos al final.
.
.-La Miseria di un Arlecchino-.
.-Capítulo VIII-.
.- Maschera di carnevale-.
(Máscara de carnaval)
.
"No sería difícil, pero tampoco fácil. No era mi mejor idea, pero tampoco la peor… O al menos eso pensaba. Pero nadie me detenía, nadie evitaba que siguiera con mi estupidez, y era porque mi terquedad no se los permitía. Muchas veces me vi envuelto en problemas, no sería la primera vez que hacía algo tan demente como el robarme una identidad. Y es que la suerte siempre me había acompañado, siempre conseguía lo que quería y me consideraba un hombre afortunado. Pero en el amor no había suerte para mí, al parecer ahí no entraba mi fortuna y solo recibía lo que daba. Porque al parecer lo único que obtenía era mi Karma."
.
— ¡JODIDOS, USTEDES PAR DE IMBÉCILES ESTÁN ROTUNDAMENTE JODIDOS!
Si Boomer, no es necesario que me digas algo que ya sabía y que muchos nos han dicho… Estaba tan enfadado, colérico en su faceta pura y no dejaba de moverse de un lado a otro respirando con brusquedad mientras de vez en cuando tiraba algún objeto de las mesas y su escritorio. Luego me dedicaba una mirada fulminante, algo que me incomodo pues al chico rubio no le conocía esa furia en sus ojos. Generalmente lo único que hacía cuando se enojaba conmigo era dejarme solo…
Y bueno, ahora comprendía porque motivo me dejaba puesto que no era para nada agradable verlo así.
Inhaló aire e intentó clamarse para hablar, pero tardó un buen rato en hacerlo. Yo en cambio procuraba no hablar, porque no era conveniente que dijera palabra alguna. Me iría muy mal, peor que cuando peleaba con el mercenario.
Que hablando de Butch, este estaba enseguida de mí; Mirando al rubio y cruzado de brazos con un gesto rígido. Podrá tener esa postura fingiendo no sorprenderse, pero yo lo conocía tan bien y podría apostarles que estaba tan incómodo como yo.
Duramos unos segundos, tal vez minutos, estando sin hablar con Boomer. Todo ese tiempo fue muy largo, y era de esperarse pues era un ambiente muy tenso, algo inusual. Pero la verdad es que no culpaba al chico de estar tan enfadado, porque al tratar de ponerme en su lugar, yo tampoco aguantaría a dos idiotas como nosotros.
Después de ese incomodo silencio, cuando una vez se hubo calmado un poco, Boomer se sentó en una silla algo alejados de nosotros y mantuvo su mirada fija en la vela del escritorio que con suerte no se había caído entre tanto trato rudo del rubio hacía sus cosas. Agradecía esto pues no quería morir en un incendio por los arranques de ira de alguien más…
—Te pasé lo de estar tras la hija del Dogo, te pasé que me usaras como mensajero para entregar tus cartas, ¿¡pero esto?! ¡Esto es una verdadera locura!, ¡Tú lo que necesitas es que te encierren en una celda para locos y quedarte ahí para siempre! —Boomer mantenía su mano en su frente mientras estaba recargado en el escritorio. Luego buscó entre las cosas algo desordenadas y sacó una botella de licor, algo que tampoco era muy usual en él. Pero bueno, no lo culpaba y no le reprocharía. Tiene sus razones…— ¿¡Hacerte pasar por alguien muerto?!
—Pero, nadie lo sabe…—Se me escapó de la boca al contarle mi patética excusa. A esto, recibí una mirada amenazadora del rubio y enseguida decidí no hablar más.
— ¿Y tú? ¿Por qué le ayudaste? —Dijo refiriéndose al pelinegro quien solo suspiró derrotado.
—Yo también estuve en contra. Pero me convenció. —Boomer negó con la cabeza ante la simpleza de la respuesta de Butch. —Además, recuerda que no soy de mucha ayuda.
Y era cierto, Boomer sabía más que nadie que éramos un caos. Por eso en algunas ocasiones él tenía que tomar el papel de nuestra conciencia. Y cuando tomábamos decisiones, como requisito tenía que estar el rubio presente, ya que tanto el moreno como yo, éramos tercos y desesperados. Y esa era la principal causa que provocaba que termináramos mal.
Me rio al recordar cuando éramos más jóvenes y nos metíamos en tantos líos… Como aquella vez en el mercado. Ah, que buenos y viejos tiempos…
Pero es decir, ¿a quién en su sano juicio se le ocurre llegar a los extremos con los retos? Bien, pues a nosotros, incluido Boomer.
Teníamos solo 14 años. Unos simples adolescentes que corrían porque estaban siendo perseguidos por los guardias de una familia adinerada. Seguro te estarás preguntando porque huíamos o que hicimos para que una horda de hombres nos siguieran con tanta necesidad. Bueno deja que te cuente, es una historia bastante graciosa…
Butch siempre tuvo su carácter. Era él quien ocasionaba los conflictos entre nuestro pequeño grupo, y claro, era conmigo con quien discutía y peleaba a puño limpio. A Boomer solo lo molestaba, pero conmigo las peleas eran más intensas. Y Butch por ser tan bestia, era quien causaba todos los problemas, bueno, algunos. Yo también tenía la culpa.
Y esa vez no fue diferente. Por un juego, una cosa de niños mejor dicho, nos metimos en un lio tan grande que incluso tuvimos que escondernos de aquellos guardias por unos meses.
Pero bueno, solo a Butch se le ocurre crear ese tipo de retos y la cosa comenzó por una absurda pelea, lo cual no es de extrañarse. Ese día nos hallábamos tomando una caminata por las calles de Venecia mientras que pasábamos por el puente para detenernos a mirar las góndolas* que pasaban por debajo de nosotros. Era un día como cualquier otro y todo estaba tranquilo, no molestábamos a nadie y nadie a nosotros, por el momento.
—Qué día tan más aburrido…—Decía un pelinegro mientras se estiraba de brazos que en ese entonces solo era un simple mocoso que miraba sin emoción hacía el horizonte, —llevamos vagando por la ciudad y no hay nada entretenido por ver. Además tengo hambre.
—Quizás si no hubieras hecho tu desorden en la casa de Him, ahora estaríamos con él comiendo de la cena que nos hubiera invitado. —Le recriminaba Boomer quien yacía enseguida de mí con sus manos entrelazadas detrás de su nuca con un gesto despreocupado.
— ¿Ir a la casa de ese payaso extraño? No gracias. Y yo no tengo la culpa, solo quemé accidentalmente su sombrero y…
—Era su sombrero favorito. —Interrumpí de manera seria a lo que Butch frunció el ceño.
— ¿Y? Que se haga otro, no se va a morir por un ridículo sombrero con cascabeles. Ni que fuera la gran cosa. —Y entonces, fue mi turno de fruncir el ceño.
—No sobreestimes el atuendo y trabajo de un arlequín, al menos él se gana las cosas de manera limpia y no como tu padre.
—Sabes Brick, desde que te convertiste en su "alumno" te ha contagiado de los pocos buenos valores que tiene. Me decepcionas, al rato estarás actuando igual de niña como la rubiecita que está en frente de mí.
— ¡Oye! —Dijo Boomer al captar las palabras del pelinegro. — ¡Yo no soy ninguna niña!
— ¿Ah no? Pues te comportas como una. No aguantas nada.
— ¡Cállate, bestia!
— ¡Cállate tú, nenita!
— ¡Animal!
— ¡Princesita!
— ¡Idiota descerebrado!
— ¡Imbécil con cara de chica!
— ¡Pordiosero!
— ¡Ese es Brick!
— ¡Oye! —Exclamé indignado y esta vez fui yo quien siguió la pelea.
— ¿Qué? Es la verdad. Todos sabemos que de los tres, tú eres el pobre con hambre, Boomer es la chica débil y yo soy el fuerte y astuto.
— ¿Fuerte y astuto? No me hagas reír, todos sabemos que eres el más estúpido y torpe. En cambio, si no fuera por mí, ¡ustedes dos no saldrían de los apuros que nos mete precisamente el imbécil de Butch! Porque yo soy el más astuto e inteligente y por eso soy el líder del grupo.
— ¿Líder? Pues no lo creo, Brick. Sin mí, ¡tú seguirías pidiendo monedas porque en el orfanato no te quieren ni mantener!
— ¡Si no duermo a veces en ese convento es porque yo quiero!
— ¡Porque a las monjas les caes mal! —Interrumpió Butch.
— ¡Y tú le caes mal a todo mundo! —Me defendí ahora gritándole a él.
— ¡No es cierto! —Luego, en un intento de no quedar mal, jaló al rubio a su lado. — ¡A esta le caigo bien!
— ¡Tú no me caes bien! —Dijo al instante Boomer y lo empujó.
— ¿Entonces porque te sigues juntando conmigo, eh?
—Seguramente por mera lastima…—Respondí por Boomer. Y ya se imaginarán, seguimos peleando y las personas que pasaban por ahí se nos quedaban viendo e incluso hablaban a nuestras espaldas. Pero yo por mi parte estaba acostumbrado a todo eso. Y a pesar de que nos quisiéramos matar los unos a los otros, seguíamos ahí, amigos como siempre.
Las peleas eran de lo mismo, nos insultábamos y presumíamos quien era mejor. Pero entre toda esa charla llegamos al punto que nos metería en el mayor problema de en aquel entonces…
Ver quién era el más atrevido y audaz.
— ¡Bah!, no sé porque me sigo juntando con ustedes. Son un par de cobardes…
— ¿¡A quien le llamas cobarde?! —Dijimos al unísono Boomer y yo mientras encarábamos a Butch.
— Les propongo algo, haremos una competencia para ver quién es el mejor de los tres. —El pelinegro nos dedicó una mirada retadora y sonrió de medio lado. Yo miré de reojo a Boomer y terminamos por aceptar. —Bien, lo he pensado bastante, así que los reto a robar un objeto de valor, no importa de dónde o de quien, pero el que traiga el más grande, será el vencedor.
—Hecho…—Dijimos el rubio y yo.
—Pero no se vale traer algo de tu casa, Boomer. Sería trampa.
— ¡Yo no pensaba hacerlo!
— ¡Ya basta! Ya entendimos. —Me interpuse antes de que comenzáramos otra absurda pelea. —Propongo a que tengamos hasta antes de que se meta el sol, nos reuniremos en la casa de Butch para declarar al ganador.
Y así los tres nos ocupamos del asunto. Me cuesta recordar con detalle, lo último que tengo en claro es haber entrado a una de las residencias de una de las familias más adineradas de aquel tiempo. Desde pequeño era un escurridizo, y no me costó evadir a los guardias. Mi misión era llevarme algo pero antes de que pudiera, Butch había pensado en el mismo lugar que yo y terminamos topándonos.
Lo siguiente que pasó es que por nuestras típicas discusiones los guardias terminaron descubriéndonos. Y no me dio tiempo más que para tomar una peineta que parecía ser de plata. Al parecer habíamos robado a alguien importante aunque nunca supiéramos a quien. Bueno, eso de robar, al menos yo, porque al moreno no le había dado tiempo para tomar siquiera una moneda o un pedazo de cortina de seda por lo menos.
A Boomer tampoco le fue bien. No consiguió robar nada y a cambio quedó cubierto de paja lo cual nos hiso demasiada gracia por lo que no evitamos no poder reírnos de él.
Y así, después de una larga persecución, entre las angostas calles de la ciudad, logramos burlarlos y así me declararon como el vencedor.
Nunca nos habían pillado en nuestra travesuras, por eso, esa vez se convirtió en la situación más peligrosa que los tres hemos vivido. Pero claro, eso no se comparaba a lo que yo estaba haciendo y que Butch se convertía en mi cómplice, como también Boomer por saberlo.
Robar una simple peineta de plata no era nada comparado a robar la identidad de un noble muerto que tenía contacto con el Dogo por ser parte del consejo. ¿Pero qué querían? No iba a seguir robando peinetas, así nunca llegaría a mi objetivo, a Bombón.
Por eso cometía cuanta sarta de estupideces se me vinieran a la mente y que me fueran posibles, o hasta imposibles… Pero no podía evitarlo, estaba en un punto donde mi mente era controlada por mis instintos más inútiles o innecesarios. El amor te vuelve un ciego, un idiota. Pero yo admito que me estaba pasando.
Y aun con saberlo, no paraba. No retrocedía y seguía insistiendo. Realmente no culparía a Boomer o incluso a Butch de que me abandonaran a mi suerte y dejaran que yo me hundiera solo. Pero, lo curioso es que ahí seguían, a pesar de todo no me dejaban y estaban a mi lado, quizás, no apoyándome del todo, pero ahí estaban. Ellos siempre han estado conmigo…
Y ahora, solo tenía que esperar a ver lo que me dijera Boomer. Yo ni esperaba un sermón, el rubio estaba demasiado ocupado en sus pensamientos, Butch estaba igual pero se mantenía sereno a comparación del chico de ojos azules que de vez en cuando tomaba un poco de licor en su vaso.
—Te descubrirá no solo ella, Brick. Te meterás en problemas con la familia Morebucks, ¡y te pueden condenar de difamación!
—Boomer, —hablé con voz pacifica mientras lo veía fijamente a los ojos. —lo sé, y no tengo miedo. No quiero nada de ti, ya no te pido nada. Solo que no quise ocultarte esto para que no te extrañes si… sale todo mal.
El suspiró de forma cansada y me dio la espalda por unos momentos.
—Es tu vida a fin de cuentas… —Luego, se puso de pie y se posó frente a mí con un gesto rígido. —Solo tengo una cosa que decirte, y eso es que… Brick, ten cuidado.
Su mirada se suavizó un poco. Nos miramos y se comprendió entonces que éramos como hermanos y era obvio que nos preocupáramos. Butch se puso de pie y también se metió a la conversación. Ambos me dieron advertencias y consejos que seguramente seguiría olvidando y no les tomaría la debida atención. Pero así era yo. Y sé que me lamentaría de no haber utilizado esos consejos adecuadamente, pero con todo eso, no me arrepentiría. Ya que si había algo que pensaba, es que yo nunca tomaba una acción como algo bueno o malo. Porque en sí, nada era para un bien, o para un mal para mí.
Solo era para algo que yo quería. Y no hacía demás mencionar que era por mi dulce angiolleto. Mi amada Bombón que cada vez parecía imposible y cercana a mí al mismo tiempo. Justamente, ya me encontraba de salida, el festival comenzaba y se notaba en la emoción de la gente. Pero antes de que me presentara ante la familia Utonio con el nombre de Raffaele, decidí encarar a mi amigo antes de salir a condenarme.
Butch me había acompañado con el fin de no quedar tan mal por dejarme hacer tal barbaridad. Y él también recibió la desaprobación del rubio, que hasta ahora, era el único que tenía los pies sobre la tierra. Comúnmente yo era el más maduro, pero como había dicho antes, esta situación me estaba trastornando, cambiando. Y así, Boomer quedaba como el único cuerdo, el más sensato de los tres.
Después de seguir con ellos por un rato más, decidí despedirme para ir al carnaval.
—Te deseo toda la suerte del mundo… La necesitarás. —Dijo Butch mientras veía como alistaba mi disfraz y mi mascara que cubría completamente mi rostro. Solo dejaba a la vista mis ojos que eran inconfundibles por su color.
— ¿Qué harás una vez llegando allá? —Me preguntaba Boomer cuando ya había abierto la puerta para salir, a lo que solo sonreí y les miré decidido.
—Tengo una cita… Ella me estará esperando.
.
.
La gente como era de esperarse llevaba máscaras con decoraciones extravagantes dependiendo del caso, y este tipo de máscaras eran portadas de los nobles. Se reconocía sin dificultad a la gente de alto rango con solo ver sus atuendos y los diversos diseños de antifaces o máscaras de rostro completo. La gente común, mantenía su sencillez mostrando una simple máscara, o incluso, no portaban de estas, solo se divertían en la celebración que se daba en aquella ciudad de los canales. Había bastante gente, tanta que era difícil estar en un lugar desolado, pues muchas familias de ciudades vecinas o incluso de reinos asistían a ese carnaval que daba alegría a los rincones de ese lugar en Italia.
Y entre todas esas personas, se encontraba la chica de cabello pelirrojo que portaba una máscara de rostro completo color plateada con detalles dorados. Realmente ella se distinguía de todos, pues aunque no se supiera del todo, muchos suponían que se trataba de la hija del Dogo.
Hasta el mismísimo Dogo era reconocido a pesar de que nunca se le viera fuera de su mansión. Ya que estas eran de las pocas oportunidades que el Dogo podía salir a disfrutar como cualquier ciudadano y andar libremente por los lugares de aquello que regía.
Bombón caminaba seguida de unos guardias que yacían a cierta distancia. Burbuja iba con ella y pronto se reunirían con Bellota.
— ¿Si asistirá? —Preguntaba la rubia mientras buscaba con la mirada a su amiga.
—Eso nos dijo la última vez que la vimos, pero será difícil si trae disfraz.
—No lo creo, en ese caso ella nos encontrará antes a nosotras. Su escolta nos delata, por lo que también su hermoso vestido y su linda máscara que la hacen resaltar.
—Es culpa de mi padre. Se esforzó mucho en conseguirme esto, y la modista es una sádica…
—Pues, al menos no se puso el corsé al final. —Decía la chica de ojos azules mientras escondía una risita.
—Lo malo es que en los siguientes días se me obligará a usarlo. Ya ves la cara que puso al no notarlo…—Dijo Bombón.
—Casi se muere…—Rio de buena gana Burbuja. —Si no le obligó a ponértelo hoy, es porque la vio justo cuando ya ibas subiendo a la carreta.
Ambas rieron y antes de que se dieran cuenta, observaron a lo lejos a la morena que se acercaba cada vez más a ellas.
—Vaya, no fue difícil encontrarlas. —Dijo la morena a lo que Burbuja la saludó efusivamente como solía hacerlo siempre que la veía.
— ¿Acaso mi atuendo es tan obvio? —Preguntó la pelirroja mientras veía a la pelinegra a través de la máscara donde se notaban sus ojos rosas.
—Algo, sí. Eso y que reconocí a tu escolta junto con Burbuja que aunque también lleve una máscara, me supuse que eran ustedes. —Después de unos segundos, siguieron hablando. Las tres chicas disfrutaban de su alrededor y gozaban de las sorpresas que todo aquello les brindaba.
— ¡Oh si, casi lo olvidaba! —Exclamó Burbuja llamando la atención de sus amigas. — ¿No te ibas a encontrar con ese hombre?
La chica se quedó seria por unos segundos y luego lanzó un leve suspiro aunque no se notó por aquello que le cubría el rostro.
—Burbuja, es solo una fantasía. Algo con lo que no seguiré ilusionada, ya te lo dije, además, aunque si quiero conocerlo, no podría. Los guardias me atosigan como podrás notar, y aunque se trate de un noble o lo que sea, no lo dejaran acercarse a mí.
—Pues, sabes, nosotras podríamos encargarnos de eso. —Comentó Bellota un tanto divertida. —Porque, bueno... sería tu primera cita, ¿no?
Si la morena viera el rostro sonrojado de la pelirroja, esta se hubiera burlado. Agradecía bastante mantener aquella máscara que cubría las emociones que su cara comúnmente delataba.
—No lo sé Bellota, también no es como que me lo vaya a encontrar. Nunca me dijo como lo reconocería del todo. Y dudo que él me encuentre entre tantas personas.
—Pues, entonces será de suerte. —Dijo la morena.
— ¡O del destino! —Gritó emocionada la rubia mientras juntaba sus manos en señal de que ella tenía esperanzas, inclusive, más que la propia Bombón.
—… Uhm, si Burbuja. Habrá que ver. —Contestó Bellota mientras miraba a través de su máscara blanca con detalles de color verde. Burbuja estaba tan sumida en sus propios pensamientos, que ignoró por completo las miradas de desconcierto de sus amigas. Y es que la actitud de la rubia era muy optimista y alegre. Era muy rara la vez que no se viera a Burbuja de un buen humor, o que al menos no tuviera buena cara a algo.
Por eso, ella era la más soñadora y poseía la inocencia de una pequeña niña. Su amabilidad era especial y su trato era delicado. A pesar de haber caído en la pobreza, nunca se vio –al menos públicamente– que le afectara en algo, hasta incluso agradecía un poco haber pasado por ello pues así había conocido a Bombón.
Era en verdad aquella muchacha todo lo contrario a lo que era Bellota, como también con Bombón. Pero a pesar de eso, seguían siendo amigas. A pesar de sus grandes diferencias.
Pero aun así con tantos años de conocerse, seguían sin saber muchas cosas de la dedicada y responsable Bombón. Nunca comprendieron muchas cosas de ella, porque ella no les contaba mucho. A decir verdad, no sabían nada acerca de la familia Utonio. Solo conocían a su padre por obvias razones y que era hija única.
No sabían nada acerca de su madre. Y en más de una ocasión había sido tema de conversación pero la chica de mirada rosa se había negado a contestar las preguntas que Burbuja o de vez en cuando Bellota, le hacían.
Pero la chica de largos cabellos era así de reservada. Pero por las razones que les daba a sus amigas de no querer mencionar a su progenitora, las llevaron a la conclusión que la madre de Bombón estaba muerta, o tal vez, aunque fuera increíble o sorprendente, está la odiaba.
Pero de ser la segunda opción, ¿por qué motivo o razón sería aquello?
Era todo confuso, pero tampoco se debían de dar el lujo de llegar a conclusiones sobre la familia de su amiga Bombón, y tampoco debían interferir en la privacidad que ella exigía cuando por alguna cosa se daba a hablar del tema que ella evadía con insistencia.
También estaba la razón por la que ella detestaba a los arlequines, y eso más que nadie lo había descubierto hace poco Burbuja. Justo recién de aquel espectáculo callejero y que tuvo una mala experiencia, haciendo que empeoraran las cosas para aquel chico.
Burbuja supo que Brick era aquel carismático personaje en cuanto se lo topó una vez que perdieron de vista a su personaje burlón. Pero ella aun sabiéndolo, no dijo nada a Bombón que estaba demasiado ocupada como para notar que el muchacho de aspecto pobre, era el mismo quien la había envuelto en harina.
Y es que Burbuja en ese momento fue mucho más sutil que la pelirroja, y fue porque reconoció la mirada peculiar que tenía el muchacho.
Sus ojos eran tan inusuales que era muy difícil ignorarlos. Eran tan rojos como la manzana más madura del huerto. Tan rojizos como la sangre y tan inusuales.
Por eso, lo miró así aquella vez que se lo toparon, porque claramente había burlado a su amiga por segunda ocasión y la última, de manera más sutil. Pero en cuanto vio en cómo se había quedado anonadado con Bombón, supo que no sería la última vez que lo vería. Además de que descubrió que era amigo de Boomer, con el simple hecho de ver el traje que ella misma había cosido.
Lo único que temía y que no estaba de acuerdo, era la manera en como había mentido a su amiga. Cosa que le causaría muchos problemas y además, no le agradaba que le mintieran a la chica. Bastante tenía con ocultarle su personaje, ¿era necesario mentirle con decir que era un noble? Pero aun con todo lo que ese chico estuviera tramando, Burbuja no decía nada a Bombón. Y no porque fuera mala amiga. Pero había algo en todo eso que hacía que Burbuja no hablara nada.
Tal vez, la chica de ojos azules, era la única que notaba el amor que sentía ese muchacho por Bombón. Aunque supiera que Bombón también lo sabía por las palabras en aquellas cartas que leía. Solo que era demasiado orgullosa como para aceptar que aquel desconocido que era para ella, la quería con total sinceridad.
A Burbuja le emocionaba todo lo que hacía aquel pelirrojo para llamar la atención de su amiga de orbes rosados. Y es que, a ella más que nadie le encantaba ver como Bombón se sonrojaba cada vez que le recordaba de su admirador secreto.
Pero la verdad era, que para Burbuja, todo aquello era algo fantástico que algún día ella quisiera vivir. Y nada le resultaría más maravilloso que fuera con cierto chico de ojos azules, tan profundos y encantadores. Burbuja no podía ocultar sus sentimientos hacía su amigo, pero era demasiado tímida cuando estaba con él. Se ponía nerviosa y no le salían las palabras. Muchas veces decidió aplicar los consejos que daba a sus amigas, pero no podía.
Era tan distinto cuando ella misma tenía que poner en práctica todas esas palabras de aliento para poder confesarse a Boomer… Incluso, aunque sintiera que él pensara lo mismo que ella, la timidez en aquel muchacho era también muy notoria. A veces se frustraba de ella misma por no decir las cosas en claro, pero así era. No podía ser tan directa con él porque cuando trataba de hablar, sus palabras eran tragadas por su indecisión.
A veces, solo a veces deseaba que Boomer tomara el primer paso. Uno pequeño al menos. Pero nada deseaba más que estar con él y mientras estuviera a su lado, podría sobrevivir con ello.
.
.
Caminé por un buen tiempo y no había señales de ella. Era demasiada gente como para encontrarla y me regañé mentalmente por no acordar un lugar para vernos. Solo le había dicho que nos encontraríamos en el festival, pero ni siquiera podía darle indicaciones de que máscara usaría, porque apenas vine consiguiendo una.
Y con tanto ajetreo me detuve en la fuente de la plaza y decidí seguir buscando con mi mirada a quien luciera un bonito vestido porque recordemos, que se trataba de la hija del Dogo, aunque muchos nobles y gente de la realeza de otros lugares estuvieran aquí.
Que difícil era todo esto.
Solté un bufido y con fastidio esperé por un rato más. Era un completo idiota, ¿¡cómo se me pudo pasar ese detalle?!
La suerte me odiaba en estos momentos. La gente pasaba frente a mis ojos y disfrutaban en compañía del carnaval.
Y fue así como de ver todo ese panorama y de ponerme celoso de los hombres que tenían la compañía de sus damas, me levanté de un golpe de mi asiento y caminé sin fijarme de quienes pasaban.
Entonces, sin darme cuenta había chocado con alguien. Tanto fue el impacto pues yo había mantenido una caminata rápida, que incluso tuve que sujetar de los hombros a la chica que había empujado sin querer…
Lo siguiente lo mantengo muy grabado en mi cabeza. Cuando nuestras miradas se cruzaron, pude apreciar el rosa en su mirada…
Era ella. Sonreí detrás de la máscara que cubría el gesto de felicidad que ahora estaba en mi rostro, pues…
Mi dulce angiolleto estaba entre mis brazos.
.
.
.
Próxima actualización: 1ro de julio.
NOTAS:
*Góndola: Es una embarcación ligera, larga y estrecha (como una canoa/lancha) que es típica para los canales de Venecia donde solo viajaban en ella gente que tuviera tratos especiales, o fueran importantes. Pero en la actualidad cualquier turista puede pasear en ellas, obvio.
Siento que hice a prisas este capítulo (si más de lo normal xD) y no sé si haya quedado interesante o les agrado siquiera, de todas maneras, el siguiente creo y se pondrá mejor. Perdonen si hay incoherencias o faltas ortográficas, prometo no hacer un capitulo horas antes de publicar xD.
Agradecimientos especiales y con mucho cariño a:
Azur Hartzler (A mi tampoco me gusta crepúsculo así que no hay problema :P)
asdesirad
CallMeEverdeen
DobexiisDobs
Kaoru Ayuzawa
Sofi
BrickxBloss-Reds
Jolus
mimiher
AkumuHoshi
Miiu-sama
Muchas gracias por sus reviews, alertas, favoritos a la historia tanto como a la autora . No tuve tiempo de poner una actualización a mi blog a quienes quieren más entradas de mi otro fic en él, pero les aviso que iré subiendo en la semana para que se pasen por ahí.
Me retiro por el momento, nos leemos.
~Lady
