Karamatsu despertó en el sofá enfrente de sus hermanos, quienes también se iban levantando uno por uno.

-¿Qué haces ahí Karamatsu? – Preguntó Osomatsu seguido de un bostezo.

Ante el silencio producido, se escuchó a tiempo a Matsuyo, que gritó el llamado por el desayuno. Todos olvidaron (de nuevo) al de azul para comer.

Revisó la hora: serian cerca de las nueve. Aun era temprano. La familia ghoul le había comunicado que se apareciera al medio día del domingo.

Recordó que su ropa usual estaba en la bolsa de la tienda que había olvidado en el auto de Osoko. No le importaría ir con la ropa casual que tenia (la sudadera con el jean sin brillos), además, sentía que tenía que buscar como devolverle el favor a la mujer.

Decidió matar el tiempo subiendo al tejado. Su familia estaría desayunando así que no se darían cuenta.


El de azul estaba relajado en el borde del techo, no había traído su guitarra porque no sentía deseos de tocar. Solo quería un momento de silencio para poder un poco algunas cosas, como por ejemplo. ¿Por qué de repente muchos gatos se le acercaban como si lo confundieran con Ichimatsu?

Los gatos eran listos, sabían diferenciar a los hermanos Matsuno… ¿Entonces por qué el gatito naranja se subía a su regazo como si fuera la cosa más normal del mundo?

Karamatsu no tenía nada en contra de los gatos, a él también le gustaban los animales. Pero le resultaba llamativo este cambio radical. Al menos eso no impidió que acariciara a cada felino mientras entonaba uno que otro tarareo.

Se dejó relajar para pensar, ¿hasta donde llegaría con toda esta farsa? Podría aprender a comer como un humano, pero le preocupó que su aroma atrajera a los ghouls… La mudanza sonaba buena idea, pero no tendría dinero ni trabajo para mantener un departamento… Tampoco quería alejarse de sus hermanos.

El plan inicial era aprender a comer como humano y ya está. Todo sería normal como antes… Pero tendría que comer carne humana cada tanto… Y temía el momento que tenga que enfrentarse a otro ghoul. Aunque según Osoko, no había muchos "salvajes" en esta ciudad.

El ghoul del último ataque no parecía ser de la zona. Eso lo hacía estar en alerta.

Ya podía diferenciar el aroma de un humano y un ghoul. Así que cada momento estaba atento a ese olor tan singular que lo reconocía como alguien de su clase y no un "posible alimento".

Y hablando de aromas propios, detectó cierto olor a madera acercándose…

-¡Karamatsu-niisan! – Llamó Jyushimatsu subiendo por las escaleras. – Mamá pregunta si te pasa algo en las mañanas, que puede llevarte al doctor.

¿Al doctor de cierto hospital?

"No… Nunca…"

-I'm fine. – Contestó con un saludo. – Solo no tenía apetito ahora.

No muy convencido, el de amarillo se acercó para sentarse a lado y notar que su hermano mayor estaba rodeado de un par de gatos, sin contar el que estaba en su regazo.

-Ahora le gustas a los gatos… Como a Ichimatsu-niisan. – Dijo sonriéndole.

-Eso parece. Ninguna criatura se resiste ante mis encantos. – Y con eso, un destello con sus ojos.

Jyushimatsu ya estaba acostumbrado y no le ponía atención.

Ambos estaban en un silencio cómodo, contemplando el cielo en paz… Hasta que Ichimatsu subió…

Karamatsu ya había olido a su hermano acercándose. De cierta manera el "miedo" en su cuerpo era cada vez menor.

El cuarto hermano se acercó con pesadez. Sus gatos se habían encariñado con Gimi, pero no podían diferenciarlo de Karamatsu. No le molestaba en absoluto, pero una parte interna se sentía un poco traicionada.

El de azul quiso dejarle el lugar a Ichimatsu, después de todo, aun faltaba mucho para la hora de su encuentro. Podría mirar algunas cosas en el centro comercial para comprarle algo a Osoko.

En el momento en el que se puso de pie, pisó por accidente la cola de un gato negro, haciendo que éste chillara y saltara, asustando a Karamatsu y haciéndolo caer (por enésima vez en su vida) del techo.

Ni siquiera Jyushimatsu tuvo tiempo de sostenerlo.

Ambos hermanos, el de purpura y el de amarrillo esperaron el sonido seco del golpe que nunca llegó. Se asomaron con cuidado en el borde y se sorprendieron de lo que vieron:

Karamatsu había caído como un gato, en cuatro patas y con una elegancia digna de un felino con reflejos, se puso de pie y se quedo mirando la sombra de su cuerpo en el suelo.

"Algo anda mal". Pensó Ichimatsu al ver a su hermano con la mirada hacia abajo.

El de sudadera azul no le quitaba la vista a su sombra. Levantó lentamente sus manos para ver más sombras.

Los rayos del sol de la mañana calentaban su cabeza, haciéndolo levantar su vista por primera vez.

Todo era nuevo para él… Después de todo…

Era la primera vez que Gimi veia la luz del sol.


Había detectado a Ichimatsu y Jyushimatsu, pero no le importaban.

Quería ver más.

Caminó sin rumbo fijo hacia cualquier dirección. Con un paso lento pero seguro.

-¡Hey! – Gritó el de amarillo. - ¡Karamatsu-niisan! ¡¿A dónde vas?! ¡¿Estás bien?!

Su hermano mayor estaba alejándose como si no lo escuchara.

Pero Ichimatsu sabía que lo podía oír, solo que ese que estaba ahí en el cuerpo de Karamatsu, no respondería a ese nombre.

"Tengo que ir por él".

El cuarto hermano bajó las escaleras y se puso rápido el calzado. Estaba a punto de salir cuando vio que Jyushimatsu le seguía.

-¿A dónde vas Jyushimatsu? – Le preguntó, ya conociendo la respuesta.

-Quiero saber qué le pasa a Karamatsu-niisan. – Le contestó abriendo la puerta con su típica sonrisa. - ¿No crees que algo le pasó? Se fue así sin más…

Ichimatsu sudó un poco. ¿Su hermano menor lo sabría? No, claro que no. Pero no quería inventarle una excusa para que se quede, o sospecharía algo definitivamente, lo arreglaría más adelante, ahora lo que importaba era evitar que Gimi se alejara.


Takagi tenía los ojos bien abiertos.

¿Había visto bien? Ese chico había caído desde una altura considerable, pero no parecía tener ningún rasguño.

Hattori se había ido a buscar el desayuno (era tan quisquilloso con la comida). Aun era temprano, un domingo para relajarse un poco, después de todo, esos jóvenes no parecían tener trabajo o universidad.

Se debatió entre ir por Karamatsu o esperar a su superior.

Decidió lo segundo, quizás no sea nada después de todo. Ese chico podía ser un atleta o algo. No quería darle más excusas a su compañero de ser un acosador.

Takagi quería que todo se hiciera como el protocolo, usar su tiempo libre para investigar a una familia parecía una idea desesperada, pero teniendo en cuenta la pasibilidad de la ciudad, quizás era solo algo para matar el tiempo. Ignoró a los dos hermanos que salieron y siguió esperando.


Gimi ya estaba a unas cuantas calles cuando los hermanos de su mitad salieron de casa. Ellos no contaban que ya había dado una que otra vuelta por el vecindario.

Había tanto ruido, tanto movimiento… Tanta comida en cada esquina…

Pero no tenía hambre.

Aunque si estaba deseando poder jugar un poco con sus tentáculos… Pero aun no. No todavía.

Karamatsu (por suerte) se había puesto zapatos cuando subió al tejado, así que aunque Gimi miraba todo a su alrededor como un turista o un extranjero, nadie notaba con rareza al joven. (Hubiera sido raro estar descalzo de nuevo).

La atención de Gimi se opacó por completo al escuchar una cosita peluda en un callejón.

No lo pensó dos veces…


Mientras tanto, los hermanos Matsuno buscaban en los alrededores a su hermano mayor, sin resultados por ahora.

No había pasado más de 15 minutos, pero Ichimatsu se desesperaba más cada segundo.

¿Y si Gimi cometía una locura? ¿Y si mostraba su ojo rojo? ¿Y si hacia algo estúpido y lo descubrían? No podía estar tranquilo hasta hallarlo.

Por suerte, para Jyushimatsu, quien se asomó por un callejón cercano a su casa, llamó la atención al cuarto hijo. Encontraron a su objetivo.

Ambos entraron hasta el fondo para ver a "Karamatsu" en cuclillas.

Estaba como hipnotizado viendo una gata que (al parecer de Ichimatsu) había acabado de tener a sus crías y estaba dándoles leche. Los animales estaban en una caja de cartón en un rincón.

-Karamatsu-niisan. – Llamó Jyushimatsu acercándose y poniendo a lado de su hermano para tener mejor vista. – ¡Oh! ¡Mira Ichimatsu-niisan! ¡Gatitos!

Y efectivamente había seis gatitos acurrucados en el vientre de la madre, ella aun los seguía lamiendo para limpiarlos.

Gimi estaba estático, aun con los hermanos cerca. Hasta que hizo un ademan de levantar la caja.

Ichimatsu se lo impidió rápidamente agarrando con fuerza su brazo.

-No puedes llevártelos. Necesitan estar con su madre.

Gimi solo arrugó más el ceño, en clara evidencia que puchero. Pero lo entendía. Si lo decía Ichimatsu, entonces le haría caso.

Dejo la intención de llevarse a las cositas, pero se quedó viéndolas un poco más.


Luego de un rato, donde Jyushimatsu e Ichimatsu construyeron un techo con cartón y alguna que otra pieza de basura, por fin "Karamatsu" se sintió aliviado de abandonar el callejón.

En silencio (un extraño silencio), regresaron los tres a casa.

Jyushimatsu no cuestionó la mudez de su hermano mayor, pero si trataba cada tanto de darle conversación… Al final era el cuarto hijo quien contestaba por el segundo.

Al entrar en casa, "Karamatsu" se había olvidado de sacar los zapatos, y fue reprendido por el tercero:

-Karamatsu-niisan, sácate el calzado. – Dijo con un poco de dureza. Estaba con el botiquín de primeros auxilios en la mano.

Inmediatamente, el nombrado le dio una mirada a Choromatsu que le hizo tener un escalofrío por la espalda.

¿Ese es Karamatsu? ¿Qué pasa? Pensó un poco nervioso. La mirada del de azul tenía un brillo diferente que de costumbre.

-¿Pasó algo? – Preguntó Jyushimatsu al ver lo que sostenía su hermano de verde.

-Ah – Olvidó por completo a Karamatsu. – Osomatsu-niisan se cortó y…

-¡Choromatsu! – Gritó el de rojo. – ¡Apresúrate que me estoy desangrando!

El tercer hermano solo mostró un rostro de irritación y se dirigió a la sala con todos los hermanos.

-Es solo un corte pequeño. – Dijo mientras abría el botiquín y buscaba el desinfectante.

Ichimatsu vio una manzana a medio pelar y un cuchillo con un poco de sangre en la mesa.

Ya había entendido todo en un instante.

-¡Necesito atención médica urgente! – Decía en tono gracioso Osomatsu mientras agitaba el dedo ensangrentado frente a Choromatsu. Éste solo se desesperaba al no encontrar la maldita botella. ¿Dónde la había puesto?

Sin que nadie lo hubiera advertido, "Karamatsu" se plantó enfrente de Osomatsu.

La sonrisa del de rojo se esfumó casi inmediatamente. El rostro de su hermano siguiente, con un ceño fruncido permanente tenía algo diferente esa mañana. Osomatsu no podía describirlo, pero había algo muy extraño en el de azul.

El de verde, en cambio, volvió con sus dudas. ¿Qué le pasaba?

Ichimatsu había abierto más los ojos al recordar que Gimi no tuvo interacción antes con Choromatsu u Osomatsu, y por lo tanto, no sabía qué se atrevería hacer.

Jyushimatsu miraba sonriendo toda la situación.

Pero ninguno de los cuatro pudo predecir lo que ocurrió a continuación:

En un movimiento delicado, "Karamatsu" agarró la mano lastimada de Osomatsu y sin ningún permiso o aviso, empezó a lamerlo con suavidad, limpiando la sangre.

Todos se alarmaron, algunos con el rostro un poco sonrojado.

-Ka… Kara… ¡Karamatsu! – Gritó el de rojo totalmente avergonzado. Eso se estaba yendo bien a la... - ¡¿Qué haces?! – A pesar de la situación, no se atrevió a alejarse o golpear a su hermano.

Con el dedo ya limpio, el de azul se lo introdujo un poco en la boca.

Osomatsu empezaba a sudar, sentía la lengua húmeda y caliente de su hermano pasar por la herida abierta mientras succionaba con suavidad.

Todos estaban hipnotizados, sin hacer algo al respecto debido a la (máxima) extrañeza de la situación.

Hasta que entonces, el de rojo arrugó la cara en un gesto de dolor. Entonces fue cuando apartó su mano de "Karamatsu" quien aun tenía una expresión relajada y sin culpa.

-¿Me mordiste…? ¡¿Me mordiste?! – Dijo el de rojo ya calado hasta los nervios. El de azul solo se relamía un poco los labios.

Ichimatsu estaba pensando seriamente si encender una bomba ahora los mataría a todos o solo los lastimaría.

El resto estaba en shock (al menos Choromatsu, con el de amarillo no se sabría).

En cualquier caso, el calor del momento se opacó cuando un maullido de un gatito naranja se coló por la sala.

El felino salió de la nada para pasar por las piernas de Ichimatsu. Este gesto no pasó desadvertido para el de azul, quien sujetó al gato y poniéndolo contra su pecho, se fue rápidamente encorvando un poco la espalda mientras subía las escaleras. Unos momentos después se escuchó:

-¡¿Qué acaba de pasar?! – Dijo sin más decir Choromatsu que se había recompuesto.

Osomatsu en cambio, sacó una curita del botiquín y se levantó con un semblante entre lo irritado y lo confuso.

-Me voy a lavar. – Y se levantó en dirección a la cocina.

Ichimatsu no quiso estar más en la sala y subió tratando de aparentar tranquilidad. Le costó mucho.

Al llegar arriba, se encontró con "Karamatsu" en una esquina del sofá, en el otro extremo estaba Todomatsu, mirando su teléfono.

-Ichimatsu-niisan. – Le llamó sin mover la mirada de su Smartphone. - ¿Qué le pasa a Karamatsu-niisan?

-¿A qué te refieres? – Trató de decir sin que le temblara la voz.

-Me está ignorando… - Dijo con su rostro formándose un puchero.

Gimi estaba acomodado en el sofá con el gatito de lentes ronroneando en su regazo, no le prestaba atención al humano con aroma suave.

Ichimatsu dedujo que Todomatsu debió de hablarle. Y como Gimi no puede hablar solo se calló.

El de purpura no sabía cómo dirigirse a la personalidad sin llamarle por su nombre. Quería sacarlo de la habitación pero no quería llevarlo afuera o a la sala. Se le ocurrió algo.

-Es hora de cambiarte los vendajes, Kusomatsu. – Quería mantener el mismo semblante duro que tenia con su hermano. Pero con el de azul aun seguía sin prestarle atención. Solo lo sujetó del brazo y lo llevó al baño.

Al menos era dócil… Por ahora…

Cuando se metieron al baño (dejaron al felino en la habitación), el de purpura quería gritarle muchas cosas a esa criatura. Pero sabía que sería en vano, tenía la sospecha que Gimi a penas entendía lo que le decían. Era un personalidad salvaje después de todo.

Tenía que buscar una manera para que Karamatsu vuelva a la normalidad. Sabía que tenía que relajarse para eso, había funcionado una vez con Jyushimatsu.

Pero el corazón aun le latía un poco rápido con la escena de lo que pasó en la sala, no quería ser él quien acariciara a "Karamatsu" en su regazo.

Tanto pensar hizo que Gimi se aburriera y curioseaba el cuarto de baño. Cuando se metió en la bañera por diversión, Ichimatsu pensó que un baño caliente lo haría relajarse lo suficiente.

-Gimi… - Dijo susurrando. - ¿Te gustaría darte un baño? - El nombrado lo miró unos momentos con neutralidad y asintió. Ichimatsu suspiró aliviado. Al menos sí entendía algunas cosas. – ¿Entonces sabes cómo bañarte? – Otro "Sí" con la cabeza. – Muy bien. Date un baño y volveré en un rato.

Con eso, el de purpura salió. Apenas escuchó la canilla y la lluvia de agua, se tranquilizó un poco y bajó para ver cómo estaban sus hermanos.


Osomatsu y Choromatsu se habían ido al Pachinko, o al menos eso le dijeron a Jyushimatsu cuando el de purpura bajó.

El de amarillo manifestó un poco de preocupación por los gatitos que habían visto ese día, por lo cual Ichimatsu sugirió que podían llevar comida para la gata y preguntar a los vecinos si le pertenecía a alguien. Tampoco le parecía seguro dejar una madre con sus hijitos recién nacidos en la intemperie.

El día, para el de purpura empezaba a recomponerse lentamente. Agradeció mucho a su hermano de amarillo por no preguntarle nada de lo sucedido.

Cuando regresaron después, la mañana casi terminaba, aun faltaba un poco más para que su mamá empezara a cocinar el almuerzo. Todomatsu (quien estaba en la sala) se acercó con un poco de preocupación en el rostro.

-Ichimatsu-niisan, ¿podrías ver a Karamatsu-niisan? – Adiós tranquilidad.

-¿Qué pasa? – Dijo nervioso.

-Cuando ustedes se fueron Karamatsu-niisan empezó a tomar un baño…

-¿Y eso que tiene? – Preguntó Jyushimatsu agitando sus brazos.

-Es que… Aun sigue bañándose…

-¡¿Qué?! – Exclamó Ichimatsu levantando la voz un poco. ¿Cuánto había pasado? ¿Más de una hora y media? ¿Dos horas como mucho? ¿Aun seguía ahí?

-No quise entrar porque cada vez que lo llamaba escuche algo parecido a un gruñido…

-¿Un gruñido? – Preguntó Jyushimatsu curioso.

-Creo, no estoy seguro. – Contestó el de rosa - El sonido del agua no me dejaba escuchar bien. Pero me dio algo de miedo.

Ichimatsu se adelantó hacia la puerta del baño, que salía vapor por debajo. Aprovechando que sus hermanos menores estaban aun abajo, llamó con cuidado.

-¿Gimi? – Sin ninguna respuesta, se decidió a entrar.

Cuando abrió la puerta, no esperaba encontrarse a su hermano con la ropa aun puesta en la bañera, sentado en cuclillas en la bañera mientras el agua caliente caía por arriba.

Estaba con esa mirada neutra aun. Pero cambió a una más viva y entusiasta cuando vio al humano de purpura.

El cuarto hermano se golpeó la frente con la palma de la mano. Gimi realmente no sabía bañarse. Había estado todo este tiempo bajo la lluvia de la ducha sin usar el shampoo, el jabón o al menos desvestirse.

"Es como cuidar a un niño".

Ichimatsu cerró la ducha, lo sacó de la bañera, lo desvistió y empezó a secarlo como podía. Estaba tan cansado por todos los problemas que había pasado que ya estaba al borde de la desesperación.

Había leído que algunas personalidades tenían un tiempo de aparición, si Gimi no se podía relajar, tendría que esperar hasta que cambie eventualmente.

Pero no sabría qué hacer mientras, no podría vigilarlo todo el tiempo sin parecer sospechoso. Además de que se acercaba la hora de almorzar y tendrían que evitar eso. Podrían irse pero también dudaba si podía controlarlo fuera de la casa.

"Solo necesito gatos". Pensó sonriendo un poco. "O una cadena muy resistente…"

Mientras pasaba la toalla por la cabeza del mayor para secarle el pelo. Sorpresivamente, uno de sus brazos fue tomado.

-¿Ichi…matsu…? – Habló por fin el Karamatsu original. - ¿Qué…? ¿Qué hago aquí?


El cuarto hermano le contó todo lo que había pasado en su "ausencia", sin omitir detalles.

El segundo, escuchaba todo con preocupación y vergüenza, más que todo por lo de Osomatsu. Ahora no quería verle la cara.

-¿Gimi tenía hambre? – Preguntó Ichimatsu.

-No lo creo, solo quería un poco de sangre quizás. – Le contestó al plantar el por qué lamió el dedo de su hermano mayor.

-Si tienes hambre, solo tienes que decirlo…

Karamatsu no le había contado aun lo de las chicas ghouls y su nueva fuente de alimentos. Quería hacerlo, pero aun no era el momento.

-Estoy bien. – Dijo con esa expresión de preocupación pero que trataba de demostrar que todo estaba bien. - ¿No pasó nada más?

-Nada importante. – Le contestó. Estaban en la habitación, Karamatsu se había puesto otro cambio de ropa. Los demás seguían abajo.

El de azul sintió un despecho de impotencia. Creía que podía con su problema de ghoul, pero ahora si le sumaba su otra personalidad, impredecible y animalesca, ya no podría mantener un perfil bajo como quería en la familia.

La idea e mudarse se hacía cada vez más y más fuerte.

-Si solo pudiera borrar esa personalidad… - Dijo Karamatsu con un hilo de frustración en su voz.

-No puedes. – Le contestó Ichimatsu. Hizo memoria de lo que había leído antes en internet. – Las personalidades no son más que manifestaciones derivadas de una misma personalidad.

-No hay una cura rápida, ¿verdad? - Dijo con una sonrisa, tratando de aliviar el momento.

-No… - El de purpura también le lastimaba ver a su hermano así, pero tendrían que aceptarlo por el bien de todos.

Karamatsu cayó en cuenta que ya era pasado el medio día, tenía que ir a ver a las chicas.

Se despidió de su hermano con la excusa de que necesitaba estar solo y se retiró de su casa, no sin antes saludar a sus hermanos menores, Todomatsu lo saludó con un dejo de preocupación, y Jyushimatsu con el mismo entusiasmo de siempre.

Al salir de la puerta de entrada, se topó con Osomatsu y Choromatsu quienes regresaban.

Un momento incomodo se formó entre los tres hermanos mayores, hasta que el de azul decidió romperlo con un "Bye Brothers" y se alejó apresuradamente.


Hattori y Takagi habían vuelto en silencio de seguir a Osomatsu y a Choromatsu. Tiempo perdido, estuvieron dando un paseo mientras hablaban y se metieron a un local de Pachinko.

El mayor se debatió mentalmente si seguir al doloroso hermano o dejarlo para otro día. Tenía hambre y seguramente todos irían a almorzar. ¿Qué haría el joven de azul mientras?

Sus sospechas estaban fuertemente plantadas en el de purpura, y como éste no había salido el día anterior, decidió darle otra oportunidad. Después de todo, el día de mañana era lunes, y le guste o no, tendría que reportarse sin falta a la sede como cada día hábil de la semana.

Dejo que el segundo hijo se fuera tranquilo, la próxima semana le tocaría a él.

Mandó a su joven compañero a vigilar la casa de los Matsuno, él tendría que pedir algo de comida en algún local cercano.


Mientras tanto, en casa de las ghouls, una divertida Jyushiko sacaba de una bolsa de una tienda de ropa unos pantalones con brillantes.

-¿De dónde salió esto? – Preguntó a Osoko quien estaba cerca de ella.

-Son de Karamatsu, trata de no quedarte ciega. – Le contestó mientras miraba una y otra vez el reloj de la sala. No le había especificado una hora al mitad-ghoul, pero quería que llegara pronto.

-Que llamativos… - Dijo guardando de nuevo la ropa pero sacando el cinturón de calavera. – ¿Karako-neesan no tenía un cinturón como este?

Esta vez que Todoko quien se acercó con curiosidad.

-Sí, tenía algo parecido, pero la hebilla era más pequeña.

-Los hombres y su preocupación por el tamaño de las hebillas. – Dijo divertida la de rojo. Seguida de unas risas de sus hermanitas.

-No digas cosas de mal gusto Osoko. – Le reprimió Choroko que leía algo en la mesa.

-¿Cosas de mal gusto? ¿Me dices qué estás leyendo Choroko? – Le contestó la de aroma a fresas con un aire divertido. Su hermana de verde siempre le sacaba la sobrecubierta a los libros promocionales que leía. La editorial hacia unos cuantos de muestra y uno de los beneficios de ser editora, era que podía quedarse con algunos siempre y cuando no haya problemas con los ejemplares originales.

Jyushiko le arrebató la novela de tapa blanda a la de lentes y leyó el titulo de la primera página.

-"Romance en la sala del comité estudiantil 8"… ¡OH! En este hay amor entre dos chicos.

-Que pervertida Choroko. – Se rió la de rosa con malicia.

-¡No es lo que piensan! – Dijo un poco avergonzada. – Es para recopilar información del nuevo proyecto de mi escritor a cargo.

-Entonces tienes mucha información disponible... – Continuo Osoko al recordar las cajas que Choroko guardaba en el armario.

Ella era una simple secretaria y no tenía acceso a la parte editorial, a la imprenta o a las muestras de novelas y libros como su hermana menor, pero por la cara roja y la sonrisa tenebrosa que ponía la de verde al leer cada novela nueva, ya sabía que se había puesto a trabajar en una editorial que manejaba sus géneros preferidos: romance, drama, ciencia ficción… Y el favorito indiscutible: yaoi o BL.

Las risas se llenaron en la sala, Choroko incluso se había desvergonzado un poco y reía al canto con sus hermanas. La única que seguía con una mirada dura y casi sin vida, era Ichiko, quien estaba en un rincón de la cocina.

Se estaba terminando su taza de café.

Aunque pudo escuchar toda la conversación, no le inspiraba risa o felicidad, no se sentía merecedora de ello.

Era injusto reír sin Karako.

Las demás estaban superando lentamente su ausencia, pero ella no. Aun se sentía destrozada como el primer día de su desaparición.

¿Por qué no podían estar tristes como ella? No dudaba del amor de sus hermanas a Karako, la amaban mucho.

¿Entonces por qué? ¿Por qué las cosas se sentían tan bien últimamente para ellas?

¿Acaso ya no les importaba que no vieran a su hermana de azul nunca más? ¿No les partía el corazón?

¿No sentían ese dolor permanente en el pecho?

¿Por qué?

Una brisa se coló por la ventana abierta, todas las presentes reconocieron ese aroma acercándose…

-Abre la puerta, Jyushiko. – Escuchó a Osoko hablar.

-¡Ya lo olí! ¡Karamatsu-niisan ya está aquí! – Dijo contenta.

"Ah, sí… Esa cosa…" Pensó Ichiko con amargura mientras apretaba la taza vacía, haciéndola pedazos en su mano.