Perdonen por la demora T-T
Ya saben que soy esclava de mis estudios, pero si algo les puedo prometer, es que solo me quedan cinco semanas de clases y luego quedare libre para escribir nuevamente xD.
Para aquellos que se confundieron en el capitulo anterior con el transcurrir del tiempo, hare la aclaración y corregiré algunos errores.
Cuando hablemos del tiempo donde está actualmente Kagome, me referiré como 700 años atrás, y en el que están Miroku, Sango y el Sesshou durmiente x3, será 500 años atrás. En la parte que decía Presente(Hace 200 años) se refería a que regresamos a la línea normal de tiempo en los 700 años en el pasado ya que retrocedimos un mes en ese tiempo para explicar lo que había sucedió antes de llegar a la aldea donde secuestraron a Kagome. Espero haber aclarado sus dudas :D
En este capítulo también utilizare algo similar. Cuando lean Sesshoumaru's POV, si algunos desconocen que significa, es desde el punto de vista de Sesshou y así mismo será con Kagome para poder explicar lo que paso con ambos.
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PROMESAS
By: Meg_ek
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Declaración de Derechos de Autor: Los personajes de este respectivo anime No me pertenecen.
Datos de Interés
"…"- Lo que dice un personaje
'cursiva' – Lo que piensa un personaje
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Capitulo # 9: Verdadera Belleza
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-.-.-Sesshoumaru's POV-.-.-
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Trémula, espesa y siniestra, relucía como alquitrán en la nieve. En medio de un conteo lento y tortuoso, las gotas de sangre se rehusaban a abandonar su piel como castigo por tan despreciable crimen.
- '¿Remordimiento?' – se pregunto a sí mismo sin poder identificar porque seguía tan molesto.
Le había demostrado al enemigo que de nada serviría utilizar a la humana en su contra. Pero algo dentro de él le decía lo contrario.
Aun podía sentir la sangre seca en su mejilla, y sin importar cuánto se lo negara, le había permitido herirlo al no saber que se trataba de una imitación bastante pobre de ella.
Merecía ser asesinada por su tentativa patética de engañarlo. Sin embargo, no estaba satisfecho con la imagen ante sus ojos, ni sintió placer al castigarla. No había una vida que pudiera arrebatar, únicamente sangre y mentiras unidas en un cuerpo tan falso como la apariencia frágil e indefensa de un depredador.
Incluso sabiendo su engaño, el miedo y la decepción reflejadas en las pupilas de la falsa humana, habían movido algo que no sabía reconocer dentro de él. El precio por engañarlo era ese. En el instante que se acerco a ella percibiendo el aroma que la rodeaba, supo que esta humana con mirada torcida y oscura no era la misma que lo atormentaba con su naturaleza misteriosa.
-"Ella es mía" – amenazo cortando el silencio, dejando un rastro de vapor como advertencia en medio de la inclemente frialdad.
No hubo una respuesta, el sonido de las gotas golpeando constantemente la tierra era lo único que su avanzado oído podía percibir.
Sin latidos, ni respiración, sólo muerte. A pesar de esto, el imitador se rehusaba a abandonar la forma de Kagome.
Esta humana no podía morir, pero si estaba seguro de algo, era que podía sentir dolor. No la dejaría ir sin importar que rostro tomara.
Su mensaje fue claro. La humana era su propiedad y ningún ser tenía derecho a perjudicar algo que le perteneciera.
Sesshoumaru olfateo inquieto al sentir un olor desconocido para él. Metálico y afilado, parecía provenir del cadáver que mantenía cautivo. Estremeciéndose por unos segundos, la falsa Kagome abrió los ojos respirando profundamente al volver a la vida.
Una nube se poso al frente de la luna oscureciendo la maltratada cabaña y sumergiéndola en un silencio pesado interrumpido por la respiración turbada e irregular de la imitadora. El olor de la sangre derramada llego a su nariz, calando en los rincones más oscuros del youkai hallando una memoria que había marcado el inicio de la guerra entre los humanos y las Tierras del Oeste.
El cuerpo liviano e inmóvil que aun permanecía en los brazos de Sesshoumaru, fue tomando una forma diferente. El youkai observo sin ninguna sorpresa como cambiaba a la humana Chize. Gruño sabiendo que aún, faltaba una máscara por eliminar.
- "¿Me recuerdas, youkai?" – pregunto la mujer con palabras ahogadas entre sangre y sarcasmo.
Bañada de plateado, la transformación no se hizo esperar revelando detrás de las facciones maduras de una mujer de 40 años, la piel joven de una sacerdotisa de temprana edad con ojos tan grises como los que poseía el pequeño Kenta. Ni un año había pasado por ella, era la misma humana que recordaba con el nombre de Nakahima, y que no asesino como petición de un youkai que gozaba de su favor e indulgencia.
Arrugando el entrecejo, se mostro ofendido ante la memoria de aquella flaqueza.
Sin ninguna parsimonia, dejo caer el cuerpo moribundo al suelo, ocultando el desagrado y la rabia que crecía dentro de él. Había cometido el error de perdonar su vida, un error que no había causado ninguna repercusión hasta el momento que descubrieron lo que realmente estaba ocultando la Miko de la Shikon no Tama.
- "Claro que me recuerdas" – aseguro en voz baja y cansada retorciéndose en medio de su propia sangre con una sonrisa de victoria – "Los youkais nunca olvidan una esencia y lo que para mi han sido cincuenta años, para ustedes son solo días. Al parecer youkai, tienes una debilidad por las mikos que protegen la Shikon no Tama."- tosió apoyándose en una de sus manos, logrando a duras penas ponerse de pie.
- "Nakahima" – pronuncio Sesshoumaru blandiendo su espada.
Exhalando en un suspiro, la mujer no mostro miedo – "Youkai, no creo que nos lleve a ningún lado que me mates por segunda vez." – dijo irónicamente antes de poner una mano en su vientre provocando que toda la sangre regresara a ella. –"No te temo, y si estás dispuesto a escucharme; tengo una petición a cambio de la ubicación exacta de tu humana." – agrego mirando a la luna.
Sin mover un músculo de su rostro, guardo silencio manteniendo su posición de ataque. Nakahima suspiro nuevamente interpretando el silencio del youkai como una respuesta afirmativa.
- "Él aun no lo sabe." – susurro alejándose hasta llegar al umbral de la derrumbada entrada del dojo. – "Dile la verdad youkai." – pidió casi sin voz mirándolo fijamente con ojos cristalinos.
- "No." – respondió el youkai negándose a ser emisario de un mensaje que despertaría viejas heridas en las Tierras del Oeste.
- "¡Son sus hijos! ¡Merece saberlo!" – Planteo herida con una rabia apenas contenida en su voz – "Además…" – añadió sonriendo irónicamente antes de darle la espalda. –"Son youkais puros. El conjuro que los mantiene en ese estado desaparecerá en cuanto yo muera." – confeso aumentando la desconfianza del youkai que la escuchaba.
- "Mientes." – acuso Sesshoumaru antes de acercarse a ella sin bajar su espada.
El aura temerosa y triste de la humana no mostraba engaño alguno. Gruñendo levemente, envaino la katana esperando una explicación.
- "La Shikon no Tama es la unión de dos mundos." – dijo Nakahima uniendo la palma de sus manos. – "Dentro de la perla hay una lucha entre una gran cantidad de demonios y una sacerdotisa. Por eso, de acuerdo a su portador, esta puede ser purificada o corrompida de acuerdo a la criatura que la influya." – Se detuvo al ver la cara de desdén del youkai. – "La humana que proteges la tiene en su interior fusionada con su alma. Algún youkai muy poderoso ha debido ayudarla para lograr algo así." – captando la atención de Sesshoumaru, sonrió al ver el brillo en su mirada al mencionar a la extraña jovencita que la protegió de los samuráis a pesar de sus acciones pasadas.
- "Esto solo demuestra que no puede existir ningún trato." – Hablo el youkai con cierta molestia en su voz.
- "La Shikon no Tama sello mi alma en su interior al traer a este mundo a dos seres sobrenaturales. Gracias a su poder mi parte humana no influyo en la pureza de su sangre, pero si logro algo que ni siquiera mi señor sabe." – aseguro Nakahima sonriendo extrañamente.
Sesshoumaru abrió los ojos en sorpresa al ver las lágrimas corriendo por sus mejillas a pesar que sus gestos la contradecían.
- "Solamente en esta noche soy lo suficientemente fuerte para controlar mis acciones, por eso te pido que los protejas y me mates. Y esto te lo pido a cambio de darte a los únicos seres demoniacos inmunes a cualquier ataque de tipo espiritual." – pidió antes de caer al suelo respirando con dificultad.
- "Eso es imposible" – replico incrédulo.
- "Podrás comprobarlo una vez resarzas tu error de dejarme con vida." – Contesto Nakahima – "Youkai, dile a Shizumaru que no tendrá que ocultarse nunca más en los días de luna llena." – susurro perdiendo poco a poco la conciencia.
- "¿Dónde está la humana?" – pregunto rápidamente antes que fuera demasiado tarde.
- "Él no se rendirá, querrá corromper su alma como hizo con la mía para obtener la perla que ella protege. Ya probó su sangre y no se detendrá… Él está dentro de ella aunque intente combatirlo. Tarde o temprano se rendirá." – explico con voz entrecortada y adormilada.
- "Revela su identidad, humana y te concederé el favor de proteger a tus cachorros." – ofreció Sesshoumaru entiendo que era cuestión de tiempo para que la humana perdiera el control de sus acciones.
- "No tendrás que buscarlo, youkai. Él te encontrara." – respondió difícilmente perdiendo ante el cansancio de la magia que controlaba todo su ser.
Sesshoumaru medito sobre las últimas palabras de la miko al verla inconsciente. La existencia de youkais inmunes a la purificación era una noticia inquietante. No sabía si dicho acontecimiento sería un paso hacia el dominio completo sobre los humanos a través de una especie superior a cualquier otra que haya pisado la tierra, o el inicio del final de todo lo que conocía.
¿Qué garantizaba que un youkai puro que creció con la mentalidad de los humanos luchara a favor de los de su especie?
- "Sesshoumaru-sama" – escucho una voz tenue y débil.
Perdiendo la concentración, giro la cabeza esperando encontrar la fuente de la voz.
Vestida de miko y con unos cuantos raspones, la humana temblaba del frio en la puerta donde anteriormente había estado parada Nakahima. La misma escena y aun así, todo era tan diferente.
A la defensiva por el último engaño, busco con impaciencia la mirada de la humana para comprobar si está era la autentica.
Nakahima abrió los ojos por última vez al sentir la presencia de la Shikon no Tama brindándole un poco más de lucidez y fuerza ante los poderes demoniacos que recorrían su torrente sanguíneo. Encontrándose con los fantasmas de su pasado.
Sintió deseos de acabar con ella al saber que estaba al lado de Shizumaru. Al escuchar de la pronta adquisición de una nueva portadora de la Perla. Su parte maligna se rehusaba a dejar de ser la favorita de su amo. Por otra parte, los únicos vestigios de su humanidad pedían justicia por la calidez que no pudo compartir con el amor de su vida, y que otra mujer estaba disfrutando.
Una aparecida no podía quedarse con el corazón de Shizumaru y a la misma vez, quitarle su lugar alejándola de cumplir el unico propósito que le quedaba.
El recuerdo de su rostro contraído en pánico y culpabilidad la noche que perdió el control destruyendo toda la pureza que existía en ella seguía palpitando envenenándola. Pero sabía que el Shizumaru que habitada en sus pesadillas, había sido controlado por el mismo youkai que la estaba controlando a ella.
Debía odiar al ser que más amaba para engañar a su verdadero enemigo. Engañar a sus hijos sobre su identidad y sufrir uno tras otro, cada ataque, cada ofensa en contra los frutos de su vientre.
Había maldecido al padre de sus hijos convirtiéndolo en una bestia indefensa cada noche de luna llena para que no la compartiera con nadie más.
Pero la extraña sacerdotisa había removido algo dentro de ella recordándole su verdadero yo. Dándole la oportunidad de descansar sabiendo que su muerte y el dolor de Shizumaru tendrían una recompensa.
Celos, eso sentía en esos momentos al contemplar una escena tan parecida su pasado.
Una sacerdotisa y un demonio.
Una criatura inmortal e inalcanzable compartiendo el mismo espacio con una humana que solo dejaría el recuerdo de un fugaz intento de vivir según las pasiones irracionales de las emociones terrenales.
Algo similar a una sonrisa fue la única señal que Nakahima pudo ver en el rostro de Sesshoumaru, antes de verlo inhalar profusamente disfrutando del aroma que sólo los kamis sabían, el orgulloso youkai podía percibir. Su postura relajada acompañada de una mirada brillante y exigente le daba un revés a la imagen plasmada en su memoria del youkai inexpresivo que había acabado sin miramientos con ella hace unos minutos.
Lo vio aproximarse a la figura frágil y herida de un ser mortal que había cautivado al más extraño de los demonios.
- "Humana" – pronuncio en un tono no tan indiferente.
- "Al final la perderás, youkai…" – susurro Nakahima sabiendo que el único final que podían esperar dos criaturas tan diferentes, era la muerte.
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-.-.-Kagome's POV-.-.-
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- "Debo dejar de pensar que regresara." - dijo en voz alta sin pensarlo viendo la lluvia a través del refugio natural que habia encontrado.
Sentada entre las raíces sobresalidas de un árbol con las piernas recogidas y frotándose constantemente en busca calor, así se encontraba Kagome Higurashi.
Sin ropa ni comida que pudieran mejorar su situación, se levanto dispuesta a acercarse a la aldea aunque corriera un alto riesgo – "Si continúo así, moriré de pulmonía. Tengo tanta hambre." – dijo suspirando por su mala suerte. – '¿Cómo pudo dejarme así?'- pensó apoyando su frente en el tronco del árbol. – '¡Cuando lo vuelva a ver me escuchara! No pienso volver a hablarle en mi vida… ¡Lo juro!' – se prometió así misma llena de coraje al recordar a cierto youkai cruel y orgulloso que la había abandonado a la merced de las inclemencias del tiempo.
- "Si tan solo me hubiera dejado su haori." – se quejo al sentir otra gota cayendo en la base de su cabeza. Maldijo por lo bajo al temblar y sentir como un escalofrió recorría su cuerpo provocando otro estornudo. Todo su cuerpo se quejo ante el brusco movimiento recordándole lo golpeada y maltratada que estaba. – "Algo se acerca" – susurro al sentir un reiki acercándose a ella.
Se sobresalto al escuchar un ruido y los arbustos moviéndose.
Agarrando el primer trozo de madera que pudo encontrar, espero que la "aterradora" criatura saliera de su escondite para eliminarla con su "potente" arma.
Dos manos masculinas sobresalieron en medio de las ramas del arbusto, dejando pasar a uno de los aldeanos. Para ser específicos, aquel que a duras penas sobrevivió a Sesshoumaru.
- "Miko-sama…" – la llamo el hombre mostrándose aliviado y bajo su mirada avergonzado antes de acercarse a ella entiendo la postura desconfiada que mantenía la sacerdotisa.
Kagome lo miro nerviosa analizando sus movimientos. No parecía querer hacerle daño, pero no podía bajar la guardia como antes. Retrocediendo cautelosamente, busco una vía de escape por si las situación se salía de control.
Con una mano en su brazo izquierdo totalmente quebrado, el aldeano se acerco a ella lentamente para no asustarla y Kagome noto que estaba herido. No era una amenaza, de eso estaba segura. Mirandolo nuevamente, se sintio culpable por lo herido que lo habia dejado Sesshoumaru.
- "¿Qué quiere de mí?" – pregunto la pelinegra con cansancio dejando caer su "arma".
- "No debe temer, Miko-sama. En la aldea ya descubrimos que Chize-san estaba siendo controlada por un demonio y que usted no es nuestra enemiga." – respondió el hombre antes de mirar hacia atrás insistente.
- "Eso no cambia nada. Ustedes odian a los youkais y saben que viajo con uno. ¿Cómo puedo saber que esto no es una trampa?" – dijo desconfiada la sacerdotisa antes de ver como el hombre miraba hacia atrás aliviado mientras Kenta se acercaba con un paquete entre sus manos.
- "Miko-sama, ¡Esta a salvo!" – grito el pequeño Kenta al verla.
Kagome sonrió y dejo que el niño se acercara a ella. Emocionado, extendió sus manos entregándole lo que parecía ser un ropaje de miko envuelto en una tela transparente.
Sin palabras para agradecerle el gesto, beso su frente y procedió a vestirse al no tener nada más que la cubriera que los vendajes.
- "Gracias." – agradeció de todo corazón al pequeño abrazándolo y noto el suspiro que dio el aldeano al voltear y verla vestida.
Habia olvidado por completo que estaba casi desnuda, y recordo todo de golpe robandole la poca alegria.
- "Miko-sama, ¿Le paso algo?" – pregunto preocupado el hanyou al sentirla temblar y el drástico cambio en su aura.
Alejándose del pequeño, se esforzó en sonreír para tranquilizarlo – "No, estoy bien. Es solo que…" – Kagome no sabía cómo explicarle que venía de un tiempo totalmente diferente. Como decirle que extrañaba la calidez y la aceptación de su propia especie y que desde hace un mes los únicos encuentros placenteros que ha tenido, han sido con youkais inexplicablemente.
- "Tranquila, Miko-sama. Vamos a la aldea. Le cocinare algo delicioso." – ofreció Kenta alzando la quijada, altivo y orgulloso. Kagome sonrió al reconocer aquel gesto tan peculiar. La necesidad de proteger y ser fuerte estaba en él. Este niño le recordaba a Inuyasha en más de una forma.
Tomando la mano del hanyou, agradeció a los Kamis por ofrecerle un pequeño fragmento de calidez a través del corazón de Kenta. – "¿Cuántos años tienes, Kenta?" – pregunto viéndolo dar grandes pasos en un compás algo gracioso.
- "Hoy cumplo 50 años, Miko-sama." – dijo mirándola furtivamente atento a cualquier sonido que pudiera representar algún peligro en el silencioso bosque.
- 'Es más pequeño que Shippou' – pensó la sacerdotisa. - "Yo tengo apenas 18. Al parecer es tu turno de cuidar de Miko-sama, Kenta. Eres el mayor." – el niño la escucho y asintió con fuerza antes de guiarla rumbo a la aldea.
El aldeano inclino su cabeza ligeramente al verla pasar con respeto y los tres se encaminaron en silencio. Kagome noto el cambio en la mirada de todos al verla llegar, la veían con respeto y un poco de remordimiento.
El sol se fue ocultando rindiéndose ante la oscuridad y la frialdad de la lluvia. Las nubes repletas de agua se apoderaron del cielo naranja y Kagome sonrió al ver los últimos rayos de luz marchitándose cediéndole su lugar a la luna.
- "Kenta, ¿Cómo está la pequeña Yuka?" – pregunto antes de tomar un poco del té que le había ofrecido una de las aldeanas para soportar el frio.
- "Yuka-chan debe estar con los caballos, ella les canta en la noche para tranquilizarlos." – respondió inocentemente Kenta sin notar la mirada de Kagome.
- "¿Los caballos siempre están inquietos durante la noche?" – pregunto la pelinegra ocultando su preocupación.
- "Hace un mes, uno de los caballos mato a uno de los aldeanos." – dijo el pequeño luciendo pensativo. – "Yuka no quería que sacrificaran más caballos y por eso, les canta en las noches." – agrego sonriendo.
- "Entiendo" – dijo Kagome viendo en dirección al establo.
Poniéndose de pie, miro la lluvia y no pudo calmar el malestar en su pecho. – 'Algo está mal en esta aldea.' – pensó tomando un sombrero para cubrirse la lluvia y una lámpara de aceite. – "Iré a ver como esta Yuka. No salgas, ¿Si?" – dijo antes de salir y caminar rumbo al establo.
Su cabeza debía lucir como el cuarto de su hermano menor. Un completo desastre.
Viendo el cielo se seguía cuestionando la actitud extraña de Shizumaru el día que se marcho. Con temor a encontrar una respuesta, se preguntaba porque la había dejado un día antes sabiendo en el peligro que se encontraba y si realmente volvería a ver a Sesshoumaru. Todo era tan confuso.
Hace un mes había llegado. ¿Podría tener alguna relación con el incidente de los caballos? ¿Cómo supo el enemigo de ella?
Había tantas preguntas que contestar y si sus instintos no la traicionaban, la tal Chize podría aclarar una que otra duda satisfactoriamente.
A una distancia considerable, podía escuchar el canturreo angelical de Yuka. Era tan hermoso. Un poco más tranquila, se acerco al establo pero sintió una presencia en las cercanías.
- "Sobreviviste después de todo. Las de tu tipo siempre son salvadas. Eres realmente molesta." – escucho una voz bastante familiar e irritante en un momento como ese.
- "Si hubiera sido una pelea justa, quizás te daría la razón. Pero un demonio y dos hombres en contra de una mujer no es precisamente la situación que enfrentan diariamente las damiselas en peligro." – respondió Kagome enfrentando la mirada de Chize.
Pudo reconocer un poco de confusión en su mirada. Kagome trago saliva nerviosa recordando que muchas de las palabras que utilizaba eran extrañas para las personas de la época.
- "Pronto vendrán y arrasaran con esta aldea." – amenazo sonriendo Chize, antes de abrir la puerta del establo.
Todas las antorchas que alumbraban la aldea se apagaron instantáneamente. Kagome miro nerviosa a su alrededor tratando de acostumbrar sus ojos a la oscuridad. Pequeñas reverberaciones se dejaron sentir y fueron acrecentándose.
Con el corazón saltando en su pecho, vio en las afueras de la aldea los estandartes del imperio ondeando tenebrosamente como quien ve las banderas de un barco pirata. Tembló conteniendo la ansiedad inquietante en su estomago y vio como un pequeño regimiento de soldados se acercaba. – "No…" – susurro corrigiéndose Kagome al ver algo extraño en las armaduras que llevaban.
- "¿Samuráis?"- dedujo en voz alta, antes de buscar una respuesta en la mirada de Chize.
- "Han venido a borrar para siempre esta aldea y sus indignos habitantes." – susurro antes de desaparecer en la oscuridad y la confusión.
-"Miko-sama" – escucho la vocecilla de Yuka a su lado y tomo su mano. Corrieron en medio de los aldeanos que buscaban refugio, dejandose guiar por el olfato de Yuka hasta la cabaña donde las esperaba Kenta.
Los aldeanos restantes salieron de sus cabañas y se juntaron en el centro, temerosos. Todos la miraban a ella esperando les dijera que hacer. Tanto miedo, Kagome no sabía que podía hacer. Nunca quiso ser un líder o dirigir personas. Ese era el trabajo de Toga-sama o Sesshoumaru, incluso Inuyasha.
- "Kenta, busca un arco y flechas. Los demás, ocúltense en el establo y permanezcan callados. Si es posible, lleven agua y algo de comida para los pequeños." – ordeno espontáneamente entendiendo que la vida de esas personas se le había sido confiada a ella.
Escondida detrás de una de las cabañas, espero los samuráis se acercaran para atacar aprovechándose de la poca claridad por la constante lluvia. El viento soplaba fuerte y a pesar de no estar a una gran distancia, no podía escuchar ni una palabra de lo que se decían entre sí.
Unos pasos se escucharon, la sacerdotisa oscura camino hasta ellos entregándoles una carta. Kagome miro con sospecha la interacción entre la mujer y el pequeño grupo, sabiendo que algo extraño estaba sucediendo. Lanzo una flecha al ver que uno de ellos agarraba a la mujer mientras otro mojaba su espada con un líquido ocre dispuesto a atravesarla.
Trago saliva entiendo lo que había hecho, no pretendía asesinarlo. Juraría que había apuntado a su brazo, pero la flecha fue directa a su corazón. Sin importar cuánto se dijera que era necesario, tendría que tomar la vida de esos hombres para proteger a los aldeanos y su propia vida. Otra flecha fue soltada y cayó el hombre que sostenía a Chize prisionera.
Lejos de mostrar gratitud, la sacerdotisa antes cautiva, la busco con la mirada preguntándole sin palabras porqué lo había hecho.
Ya descubierto su escondite, los samuráis que estaban detrás de la sacerdotisa oscura corrieron hacia ella dispuestos a tomar su vida. Cinco de ellos cayeron instantáneamente muertos y Kagome al ver sus cadáveres sintió un escalofrió recorrer su espalda.
Su piel oscurecida y podrida lucia como si hubieran robado toda esencia o vida de ellos.
Quedaban trece con vida y ya no disponían del elemento sorpresa. Los escucho maldecirla y corrió buscando un lugar apropiado para atacar nuevamente. Regularizo su respiración y los vio buscarla cabaña tras cabaña.
Tensando su arco elimino a tres seguidos y corrió apartándolos del establo.
Alguien toco su hombro y Kagome estaba dispuesta a golpear a quien sea que fuera – "Cálmate, si te quisiera hacer daño ya estarías muerta." – dijo escuetamente Chize pegándose a la pared donde la pelinegra permanecía escondida.
- "Es difícil de creer" – respondió Kagome sin entender porque la odiaba.
- "Me salvaste. Aunque no entienda porque lo hiciste, sé ser agradecida." – se defendió viéndola por el rabillo del ojo. – "Quedan diez y no tengo mucha energía. Podre con dos de ellos, quizás tres. Tú te encargaras de los que restan." – dijo tranquilamente antes de correr entre los escombros de las cabañas.
Los samuráis fueron quemando una a una las cabañas, dejándola sin un lugar para esconderse.
- "¿Cómo se supone que acabe con todos? ¡No tengo superpoderes o algo parecido!" – se quejo con el vacio antes de pegar el arco que sostenía a su pecho. – "Tengo que lograrlo…" – exhalo e inhalo repetidas veces antes de tensar su arco y derribar a dos más.
Uno se acerco a ella por detrás, pero Chize lo mato al instante.
Kagome le agradeció inclinando la cabeza, sintiendo como la sangre volvía a ella. Con la adrenalina a su máximo nivel, difícilmente podía ver a través de la copiosa lluvia y la turbia oscuridad.
El fuego fue consumiendo cada rincón de la desolada aldea y el calor era sofocante. Escucho un grito detrás de ella y cuando volteo, no sabía si agradecer u horrorizarse al ver el cuerpo consumido por las llamas de un samurái.
Escucho dos gritos y se dijo a sí misma – "Solo quedan cuatro, puedes hacerlo."
- "Corrección niña, solo queda uno" – dijo Chize dejando a un lado un trozo de metal cubierto de sangre. Kagome se acerco a ella preocupada la ver tres cortes de espada, uno en su brazo y los otros dos en su estomago. – "Sanaran, por ahora, preocúpate del que sigue con vida." – le advirtió antes de caer al suelo cansada.
Kagome asintió y escucho los gritos de los aldeanos. Corrió hasta el establo agitada y empapada. El único que quedaba con vida se acercaba peligrosamente con una antorcha a la pequeña estructura sin importarle los niños y las mujeres suplicando por sus vidas en el interior.
Tratando de respirar, tomo un madero y se acerco al hombre dispuesta a detenerlo.
Antes que pudiera hacer algo, el hombre se volteo desenvainando rápidamente su katana cortando parte de su ropaje y rozando apenas su piel. Kagome jadeo dando un paso hacia atrás.
- "No puedo creer que una mujer haya acabado con Akira-sama" – dijo el samurái envainando su espada preparando su próximo ataque. – "Keiji-dono recibirá con honor tu cadáver, mujer." – agrego en un tono solemne el guerrero antes de atacarla.
No supo como logro esquivarlo. De un momento a otro, su cuerpo giro instantáneamente esquivando la estocada y dejándola detrás del samurái. Algo le decía que quebrara su cuello. Abriendo los ojos asustada, se detuvo antes de hacerlo y el samurái la golpeo tumbándola en el suelo.
Las gotas de lluvia caían en su rostro sin sacarla de su estupor. Podía sentirlo dentro de ella. Sabía que debía moverse, su enemigo estaba acercándose dispuesto a tomar su vida.
Era la suya o la de él.
- 'No soy un monstruo' – se dijo a si misma antes de utilizar sus poderes espirituales para purificar lo que sea que estuviera controlándola.
La onda de purificación golpeo de lleno a Chize dejándola rendida en el suelo jadeando.
Kagome se puso de pie y vio al samurái inconsciente. No tomaría su vida, pero tampoco permitiría que tomara la de los aldeanos. Con sus poderes restaurados, cubrió con una barrera el establo y se acerco a Chize.
- "Vamos, es mejor que descanses adentro con los demás." – dijo Kagome ofreciéndole su ayuda.
- "Vete." – susurro Chize antes de agarrar su mano con fuerza.
- "Suéltame." – pido asustada al verla temblar. Le pedía que se marchara pero no soltaba su mano. ¿Qué estaba pasando?
Los ojos de Chize se tornaron rojos y sus uñas crecieron peligrosamente antes de sentir como era arrojada contra una de las cabañas. Mareada y adolorida, al abrir los ojos pudo ver la figura distorsionada de la sacerdotisa oscura.
- "Tu youkai me espera, creo que necesitare un poco de ayuda." – escucho antes de sentir un ligero ardor en sus muñecas. Se sentía tan débil. Aquel demonio estaba bebiendo su sangre y lo último que pudo ver antes de perder el conocimiento, fue a si misma dándole la espalda.
- "Sesshoumaru" – pensó en medio de su inconsciencia.
Este enemigo la quería viva y estaba utilizando a Chize como una marioneta más. Estaba cansada pero lo último que haría, seria rendirse. Logrando abrir los ojos, ignoraba cuanto tiempo estuvo inconsciente, lo único que importaba era encontrar a Sesshoumaru.
¿En qué momento comenzó a sentir que ella podía protegerlo? O quizás la pregunta correcta era, ¿Desde cuándo el motivo para salvarlo había dejado de ser su promesa a Inuyasha?
Ya no importaba, seguiría el youki del príncipe y evitaría que utilizaran su identidad para lastimarlo. Aunque no contaba con lo difícil que sería llevar a cabo su misión.
¿Cuánto tiempo soportaría despierta?
No podía responder esa pregunta, su cuerpo parecía entumecido por el frio y la ropa de sacerdotisa podía llegar a ser una verdadera molestia cuando se mojaba. Cada exhalación parecía tener su propio efecto cinematográfico, con vapor y todo a pesar del conjuro que protegía su rostro. – "Ojala me protegiera la cara del frio" – murmuro cansada.
Cada paso que daba era más difícil, sin nada que cubriera sus pies, el lodo provocado por la lluvia atrapaba cada paso de la sacerdotisa retrasando su avance.
Estaba desesperada, no podía sentir el youki de Sesshoumaru por más que se esforzara. Sabía que él estaba en la aldea, pero donde era la pregunta.
Fue en ese momento que descubrió la única estructura que el fuego no había afectado a pesar de estar rodeada de escombros. Dando pasos inseguros, mordió su labio inferior antes de acercarse a la puerta sintiendo una ola de magia resistiéndose a ella.
La oscuridad no pudo ocultar de su vista al majestuoso youkai y sin pensarlo entro venciendo la débil barrera que la separaba del ambarino.
En el centro del pequeño dojo, estaba el mismo youkai al que había jurado no hablarle. Incluso mojado por la lluvia, parecía inmune a cualquier fenómeno climático. Se preguntaba cómo debía lucir ella, mojada hasta los huesos y cubierta de lodo.
- "Sesshoumaru-sama" – dijo su nombre aliviada de verlo nuevamente.
- "Humana…" – fue la respuesta casi instantánea que recibió.
Kagome se acerco a él con preocupación y lo reviso buscando heridas desconcertando al ambarino por unos segundos. Sesshoumaru desvió su mirada sonriendo quedamente, preocupando aun más a la pelinegra por su comportamiento tan ajeno a él.
Acortando la distancia entre ellos, el youkai tomo entre sus dedos un mechón de cabello de la azabache mirándola ávidamente.
Sonrojada por la cercanía creada por Sesshoumaru, repitió su nombre esperando una respuesta. Él nunca se acercaba a ella voluntariamente o intentaba tocarla. Algo en su mirada había cambiado.
- "Niña" – hablo Nakahima distrayendo la atención de Kagome.
La pelinegra confundida, miro a su lado encontrándose con lo que parecía ser una sacerdotisa cubierta en sangre. Miro a Sesshoumaru buscando en su mirada alguna clase de advertencia. El ambarino asintió, dándole más seguridad para acercarse a la extraña mujer.
- "Soy Chize, o bueno, mi verdadera forma" – explico sorprendiendo a Kagome.
- "Nakahima" – revelo Sesshoumaru acercándose a las dos mujeres.
Kagome se arrodillo al lado de Nakahima quien permanecía tumbada boca abajo en el suelo.
- "¿Nakahima?" – pregunto insegura. – "¿La misma sacerdotisa que murió hace 50 años? ¿La madre de Kenta y Yuka?" – agrego a su balbuceo callándose al sentir la mirada pesada de sus dos acompañantes.
- "Faltan unas cuantas horas para que amanezca" – susurro preocupada Nakahima antes de tomar la mano de Kagome.- "Mátame, por favor."- pidió sin dilatar sabiendo que sería su última oportunidad.
- "¡No!" – se negó Kagome apretando su mano. –"¿Quién cuidara de Kenta y Yuka?" – dijo sobresaltada la pelinegra moviendo su cabeza en negación sin comprender porque le pedía algo así. –"No puede pedirme algo así, no puedo tomar su vida." – concluyo con voz apagada recordando los rostros de cada samurái.
- "Llevo muerta cincuenta años, no puedes tomar la vida de alguien que ya no la posee. Lo que te pido es libertad." – explico con voz casi dulce entendiendo los sentimientos de la extraña sacerdotisa. – "Purifica mi alma, y líbrame de tomar otra vida inocente. Por favor." – suplico sabiendo que ella entendería.
Abriendo los ojos en comprensión, apretó sus manos conteniendo sus emociones y asintió bajando la mirada. Kagome no podía imaginarse las cosas que ha vivido esta mujer, ni el sufrimiento por el que ha pasado.
El youkai la miro en silencio sabiendo que algo le había sucedido durante su ausencia.
- "Gracias. Youkai, por favor… No permitas que quede nada de este cuerpo." – fue la última voluntad de Nakahima, Miko de la Shikon no Tama.
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El martilleo y las voces alegres despertaron a una enferma sacerdotisa luego de su larga faena de salvar al mundo.
- "Mama… Un minuto, por favor." – pidió imaginando que todo era un sueño. Suspiro quedando de costado y se quejo al sentir un dolor punzante en una de sus costillas. –'Aguarda un segundo… ¿Si todo fue un sueño, por qué me duele todo el cuerpo?' – se pregunto antes de abrir los ojos encontrándose con la mirada llena de reproche de cierto youkai peliplateado.
- "Haz dormido durante dos días, humana." – reclamo el youkai golpeándola con la punta de su bota para irritarla.
- "Mmm…" – se quejo antes de cerrar los ojos molesta. – "Es solo una pesadilla, cuando abra los ojos se habrá ido." – se dijo a si misma ganándose un gruñido y un nuevo golpe de Sesshoumaru, pero esta vez un poco más fuerte.
- "Este Sesshoumaru no es producto de tu imaginación, humana. Levántate." – ordeno poniéndose de pie viendo a los aldeanos reconstruyendo la aldea.
Quedando sentada, peino los cabellos que caían sobre sus ojos acostumbrándose a la luz de la habitación. – "Definitivamente no es producto de mi imaginación, pero no puede negar que es una pesadilla. Además, si me lo hubiera imaginado, no fuera tan antipático y en vez de una espada, tendría un vaso de agua para aliviar mi garganta." – contesto Kagome rogándole a los Kamis por un minuto más de sueño.
- "Humana." – advirtió Sesshoumaru antes de acercarse a ella. – "Llevas inconsciente dos días." – repitió el youkai.
- "¿Dos días?" – pregunto la pelinegra mirando sus manos. – "¿He intentado atacarlo o he dicho algo mientras dormía?" – inquieta, no sabía si todavía podía ser controlada por aquel demonio.
- "¿Hay algo que deba saber?" – pregunto en un tono que no daba cabida a la duda. Sesshoumaru le estaba exigiendo le contara que había sucedido en su ausencia.
No estaba lista para decirle que posiblemente el enemigo podía controlarla, pero había alguien que podía sacarla de sus dudas.
- "Sesshoumaru-sama" – hablo Kagome sin mirarlo – "Hay algo que debo pedirle" – tentó su suerte viendo la reacción del youkai ante su tono sumiso.
- "No podre responder si no me dejas saber a qué debo acceder, humana." – respondió el youkai cruzando sus brazos viéndola atentamente.
- "Quisiera pedirle que me guie hasta Bokuseno-sama, por favor." – pidió la sacerdotisa esperando una respuesta.
Sesshoumaru camino hasta la puerta y la miro sin traicionar ninguna emoción.
- "Prepárate humana, visitaremos a Bokuseno-san." – respondió antes de desaparecer entre los rayos del sol.
Kagome no sabía si debía estar tranquila ante la respuesta de Sesshoumaru. Él sabía que estaba ocultando algo, aun así, había aceptado llevarla sin hacer preguntas.
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Bokuseno miro con cierta picardía al dúo que lo visitaba esa tarde. Observador y sabio, el árbol de magnolia noto la cercanía entre los dos. El joven príncipe nunca permitía que nadie se acercara tanto a él.
Parado delante de ella, protegiéndola como lo haría un macho alfa con su hembra, el cachorro de Inu no Taisho venía con una petición algo interesante pero imposible.
- "Bokuseno-san" – la voz grave de Sesshoumaru fue analizada por el anciano.
- "¿A qué has venido, Sesshoumaru-kun? Haz crecido mucho desde nuestro último encuentro." – contesto viendo un poco de molestia en el siempre orgulloso hijo de Toga.
- "He venido a buscar tu consejo, pero antes, esta humana me ha pedido que le concedas una audiencia." – explico indicándole a Kagome se acercara.
- "Pequeña, no es necesario tanto formalismo. Acércate." – Kagome al escucharlo, sonrió sintiéndose más tranquila.
- "Gracias, Bokuseno-sama." – agradeció la sacerdotisa.
- "Dime que te inquieta, pequeña. Los ancianos como yo no debemos ser distraídos con tanto rodeo." – dijo en un tono amable dándole la confianza necesaria a Kagome para hablar con libertad.
- "Bokuseno-sama, quisiera pedirle una semilla para ocultar por completo mi aroma y librar a Sesshoumaru-sama de cualquier responsabilidad o confusión que pueda tener." – pidió la pelinegra sin importarle la reacción del youkai.
Sesshoumaru al escucharla no pudo ocultar la sorpresa.
- "No." – intervino Sesshoumaru tomándola de un brazo.
- "Desde que lo conocí, siento que de alguna forma he influenciado en sus decisiones gracias al aroma que percibe en mí. No puedo explicarle por qué, pero no quiero ser una debilidad para usted." - contesto sin mirarlo a pesar de sentir la mirada exigente del youkai sobre ella.
- "Cachorro, déjala hablar." – pidió Bokuseno llamando la atención de Sesshoumaru.
- "Estas consciente, pequeña, que si te brindo una de mis semillas, no habrá nada que te ligue a Sesshoumaru-kun ni un rastro que seguir en caso seas capturada." – pregunto el anciano buscando en la expresión triste y distante de la pelinegra algo que le indicara que estaba sucediendo.
- "Todo este tiempo él me ha protegido por el aroma que siente en mi. No quiero que me proteja porque se ve obligado a ello. Por eso no deseo seguir confundiéndolo más." – dijo Kagome sosteniendo la mirada de Sesshoumaru. – "El enemigo me relaciona a él como su hembra, como una debilidad. Sin nada que percibir, no seré el blanco de sus ataques ni la causante de ellos."
- "No y es mi última palabra, humana." – intervino nuevamente cortando las palabras de Kagome.
- "¿Qué le da derecho a tomar esta decisión por mi?" – pregunto desafiante olvidando por completo que estaban al frente de Bokuseno.
- "Eres mía" – contesto matando cualquier palabra que pudiera haberle respondido Kagome.
- "Precisamente por eso, debo hacerlo." – respondió la pelinegra bajando la mirada, comprobando lo que tanto temia. Permaneció en silencio sin atreverse a mirarlo.
- "Te daré una de mis semillas, pequeña." – hablo Bokuseno. – "Déjanos a solas, Mizuki." – pido el árbol de magnolia sin perder detalle de la expresión tensa que tenía el hijo de Toga.
- "Cachorro, ella tiene razón." – planteo al saberse solos.
- "Te ordeno que elimines el hechizo de protección que recae sobre la humana." – exigió aprovechándose de su estatus como príncipe.
- "Le soy fiel a tu padre, cachorro, no a ti." – contesto sin mostrarse ofendido por su altanería. – "Esta humana no puede ser tomada por nadie, porque las consecuencias podrían ser irreparables. Además, el hechizo sea vuelto inestable y limita sus poderes espirituales." – advirtió Bokuseno. – "El hechizo debe ser restaurado."
- "No deseo marcarla, pero la reclamo como mía." – se excuso el youkai entendiendo no que se saldría con la suya esta vez.
- "¿Declaras posesión por capricho?" – pregunto sin comprender, el anciano.
- "Esta humana es mía, aunque oculte su aroma." – respondió antes de marcharse.
Caminando hacia donde estaba seguro estaría la humana, la encontró con la semilla aun en la palma de su mano. Su mirada llena de preocupación le decía que algo más la inquietaba.
- "Nunca había asesinado." – dijo Kagome antes que Sesshoumaru le reprochara su decisión. – "He estado a punto de morir tantas veces… Siempre había podido salir ilesa sin la necesidad de tomar la vida de mis enemigos." – confeso llena de temor.
No esperaba una palabra de aliento de su parte. Conocía su naturaleza fría y por más que le perturbara, a medida que pasaba el tiempo, se iba acostumbrando a él hasta el punto de tranquilizarse con su mera presencia.
- "De alguna manera me pudo controlar y si eso vuelve a suceder…" – guardo silencio buscando su mirada. – "Si él me utiliza para llegar a usted, prométame algo." – pidió mirando una vez más la semilla que para ella representaría la separación entre el youkai estoico que sin entender el por qué, había regresado a la aldea por ella. – "Prométame que no dudara en tomar mi vida si me convierto en una amenaza."
- "Te doy mi palabra, humana." – contesto acercándose a ella.
La brisa soplo moviendo el cabello oscuro y sedoso que tanto llamaba su atención. Atrapándolo entre sus dedos, quito uno a uno, los pétalos que habían quedado enredados con su otra mano.
Kagome miro con fascinación lo perfecto que lucía el ambarino rodeado de los pétalos que representaban sin lugar a dudas, la insignia de su familia. Bajando la mirada, comprendió que el youkai lejos de verla con algún apego, la consideraba una propiedad o un objeto.
Pero el dolor en su pecho le decía que ya no era indiferente a su frialdad y eso la asustaba más que a nada.
Una vez más alzo su mirada sin comprender porque la miraba de esa forma rompiendo la distancia entre ellos. No quería malinterpretar ni ilusionarse. No otra vez.
Sesshoumaru podía reconocer la ansiedad en su mirada y sin importarle responder a sus preguntas, disfruto del pequeño momento inolvidable que la humana estaba proporcionándole.
Siempre recordaría la figura de su madre entrando a su habitación pidiéndole la acompañara. Sin palabras que compartir, lo guio hasta los jardines privados de la Lady del Oeste. Ningún youkai del Shiro podía entrar, ni siquiera su padre era bienvenido en aquel lugar hecho exclusivamente para ella.
Se detuvo en una sección del jardín donde todas las flores permanecían cerradas por alguna extraña razón. Pequeños ojos ámbares veían con suma atención los movimientos de su madre y la elegante youkai lo invito a sentarse a su lado acariciando su melena plateada dulcemente.
Blancas e insignificantes, las flores seguían sin abrirse y Sesshoumaru impaciente veía repetidas veces el rostro tranquilo de su madre y luego las flores.
- "Sesshoumaru, presta atención." – dijo la youkai señalando las flores.
La luz de la luna se reflejo en ellas ofreciendo el más hermoso de los espectáculos. Abandonando a su madre, se acerco a las flores que parecían brillar como ninguna otra en medio del sublime jardín.
Escucho los pasos de Irasue y miro con una sonrisa a su madre, quien le indico mirara una vez más.
Las flores estaban muriendo y el pequeño triste y curioso pregunto el porqué como todo niño.
- "Estas flores demoran 100 años en florecer Sesshoumaru y mueren al instante. Pero dime, ¿Acaso no valió la pena esperar para disfrutar de la belleza fugaz que nos pueden ofrecer?" – pregunto la youkai tomando uno de los pétalos entre sus dedos. – "Muy pocas cosas son como esta flor, Sesshoumaru. Y cuando se les encuentra, hay que procurar disfrutar de aquel momento inolvidable que nos pueden ofrecer." – soltando el pétalo en una de las fuentes, el pequeño ambarino vio como algo tan pequeño había perturbado la tranquilidad del agua creando ondas interminables que no habían significado algo para él en ese momento.
La mirada de su madre, y el significado de sus palabras seguía siendo un misterio. Ella no era feliz, lo sabía y por eso, él tampoco se permitiría sonreír si ella no lo hacía. Pero la humana había cambiado algo dentro de él. Admirando aun el cabello que se deslizaba entre sus dedos, recordó el pétalo y comprendió que incluso la más pequeña y pasajera de las cosas, puede cambiarlo todo y convertirlo en algo nuevo.
La humana era como la flor de sus recuerdos.
Su apariencia frágil y común escondía misterios y una fuerza deslumbradora que lo había atraído incluso sin mostrar por completo su potencial. Pero estaba seguro de algo. Lo único peor que no encontrar algo tan hermoso en toda tu vida, era encontrarlo y perderlo.
- "Sesshoumaru-sama, ¿Está bien?" – sin responder, recordó las palabras de su madre dejando escapar por unos momentos el cabello que tanto había esperado sentir desde que estuvieron en la cabaña.
Kagome preocupada tomo una de las manos del youkai para comprobar su temperatura olvidando por completo su naturaleza. Respiro profundamente haciendo una mueca de inconformidad antes de alejarse de él dándole la espalda.
Viendo la mano que la humana había tocado, encontró sabias las palabras de su madre. - "Tenias razón, madre. Vale la pena esperar." – dijo para sí mismo admitiendo tranquilamente la afinidad que sentía hacia ella y el deseo de no apartarla de su lado mientras pudiera disfrutar de lo que su madre llamo, un momento inolvidable.
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Capitulo 9 entregado.
Sé que demore mucho, pero se los juro…. T-T no fue mi culpa… Calculo II + Gastritis = Meg_ek muerta con algunas moscas a su alrededor.
Intentare actualizar pronto y si este capítulo les pareció un poco lento, en el próximo les prometo mucho más.
Ahora REVIEW REVIEW¡ xD
