Queridas Potter Fans ¡!

Siento mi ausencia, pero la facultad, como un dementor despiadado, ha consumido mi energía y felicidad jaja. Pero aquí estoy con un nuevo capítulo, espero que les guste. Muchas gracias por sus mensajitos, saben que me encanta leerlos y saber que les gusta la historia.

Un saludo! Nos leemos pronto! :3

Capítulo 9: La verdad

Volver a Hogwarts no fue nada fácil, la ausencia de su mejor amigo le pesaba cada vez que denotaba su cama vacía y que su asiento era ocupado por otro. Daniel y Peter no se encontraban mucho mejor, para los tres les era duro verse la cara todas las mañanas y no sentirse desolados por Albus. Pero el tiempo pasa, un mes para precisar, y con éste se van las heridas, bueno, o al menos eso dicen, en realidad, según Scorpius, se ocultan y uno aprende a vivir con ellas. Ya se habían ido los reyes magos, y los corazoncitos de San Valentín, ahora tan solo quedaba terminar el año normalmente, o por lo menos intentarlo.

Tras salir de clase de Defensa contra las Artes Oscuras, al Slytherin le tocaba hacer una tutoría de pociones a los de primero, pero, misteriosamente, los cinco se habían descompuesto, y casualmente tenían los mismos síntomas que ofrecían las píldoras vomitivas de "Sortilegios Weasley". Scorpius no dio testimonio de sus sospechas, puesto que tener esas horas libres no le sentaba nada mal. Delegado de sus responsabilidades, salió al jardín para tomar aire fresco, y unos indomables rulos negros se le aparecieron sigilosamente, como lo hacían desde el regreso a clase. Al comienzo le parecía casualidad, luego le intrigó la razón por la que esa chica lo seguía, pero, a esas alturas, ya lo fastidiaba, por lo que se dispuso a enfrentarla. Rápidamente fue hacia ella sin vacilar, y para sorpresa de la chica, la tomó con brusquedad del brazo.

-¿Me vas a decir por qué desde hace un mes me estas persiguiendo?- le cuestionó secamente.

-Suéltame primero-le ordenó con tono imperativo, forcejeando, hasta lograr liberarse- primero que nada, no te creas tan guapo como para que te persiga-le dijo Samantha, arreglándose el uniforme que él había arrugado- tan solo buscaba el momento apropiado para hablar contigo a solas, pero no hallaba el indicado- le contó bajando los decibeles de su voz.

-¿Tú?- se extrañó Scorpius.

-Sí-le respondió, recobrando la altanería- porque sé tú secretito Malfoy-comenzó a decir, ante lo cual las pupilas del rubio se dilataron, y unas gotas de sudor surcaron su rostro- o debo decir Lion- añadió con malicia.

Comprobada la sospecha que se le albergó desde que la chica había comenzado a hablar, su expresión de horror se acentuó.

-Qu-éee- titubeó nervioso.

-No trates de hacerte el desentendido- le advirtió Sam- yo escuché como en el baile Albus le contaba todo a tus otros dos amigos- aclaró la Gryffindor, jugueteando con su cabello.

-Pero le dijiste a Rose otra cosa- recordó Scorpius- ¿es mi impresión o intentabas ayudarme?- le cuestionó el joven, desviando un poco el punto central de la conversación.

-Sí, le conté a Rose otra cosa, en primer lugar porque con lo de Albus ya tiene suficiente, pero más que nada, porque me enternece un poquito lo que hiciste- le respondió con sinceridad, acallando a su arrogancia y prepotencia- yo me di cuenta últimamente de lo que sentís, Rose es distraída y negadora y ni se lo piensa, pero yo sí, y creo que hacen muy linda pareja- finalizó la pelinegra.

-Gracias, fue lo único que se me ocurrió- le confió el rubio.

-Pero igual medio que la cagaste- añadió con tono divertido- porque aunque ella no nos lo quiera admitir yo sé que muy en el fondo de su corazón está indecisa entre dos chicos, sin saber que es el mismos- prosiguió acelerada.

-¿En serio crees que siente algo por mí?-le preguntó esperanzado.

-Mira, su padre detesta al tuyo y por consiguiente a ti, el Señor Wesley es algo rencoroso, terco y cerrado, por lo que Rose creció con eso, sin añadirle la eterna competencia entre los leones y las serpientes-le introdujo- pero yo creo que más allá del odio siempre le llamaste la atención, y con lo que hiciste en las vacaciones…. – la chica hizo una pausa, y dejó escapar un largo suspiro- yo creo que en el fondo sí, pero esta confundida con tu doble personalidad- finalizó con sarcasmo.

-Bueno te aseguro que lo ocurrido en las vacaciones no estaba en mis planes, y Lion era la única forma de acercarme a ella- le dijo, prosiguiendo con el tono sarcástico.

-Bueno, da igual, lo que Lion tiene que hacer ahora es romperle el corazón, así tú entras nuevamente como un héroe, y ya no va a tener dudas- concluyó la Gryffindor con una inmensa sonrisa.

- Yo pensaba en algo como decirle la verdad, que me odie, pero luego me entienda- la contradijo Scorpius, algo desconcertado por lo recientemente expresado por la chica.

-Mira, has lo que quieras, pero si le cuentas la verdad nunca te lo perdonará-le advirtió Sam.

-¡Pero quieres que le mienta!-expresó algo indignado- supongamos que Lion le rompe el corazón y yo logro conquistarla, ¿quieres que mantengamos una relación basada en la mentira?-le cuestionó.

-De acuerdo, sí, tienes razón-admitió con desgano- hagamos un trato, no pasa de hoy que le dices la verdad, y así tendremos mucho tiempo para que te perdone- expresó amistosamente- yo prometo ayudarte- Sam le extendió la mano, ante lo cual Scorpius asintió y se la estrechó, y se alejó.

Decirle la verdad era algo que no se había planteado. Y aunque la idea de Sam le había sonado tentadora, le parecía injusto, y si Rose, por alguna razón, llegara a enterarse, resultaría peor. Tenía bien en claro que la única opción viable era contárselo todo, pero no estaba preparado psicológicamente para eso.

Tenían clase de pociones dentro de diez minutos, desgraciadamente compartida con Gryffindor, por consiguiente, la vería, y también a Samantha, que estaría con sus ojos punzantes atravesándole los sentidos. No asistir, por unos segundos le pareció fascinante, quedarse en la sala común acompañado por las brasas y centenares de hojas de pergamino en blanco, esperando por ser bañadas en tinta; pero su lado responsable afloró, y la sala común fue solo un lugar de paso entre él y sus libros, tan solo se detuvo un momento en ordenar el desorden que habían dejado los de primero.

Llegó al aula, y todo estaba desértico, lo que sorprendió al prefecto, porque ya era hora de que la clase comenzara, o eso es lo que sospechaba. Lo único que distinguió fue una cabeza pelirroja metida entre un montón de pergaminos. Una sonrisa se dibujó instantáneamente en su rostro, recordó el primer momento en que la vio, a ella y a sus juguetonas pecas, sin duda lo que más amaba de ella, esa manera de expresar todo mediante esos pequeños granitos de arena. Al contemplarla así, tan serena, no quiso que pase ni un segundo más sin estar completamente al desnudo frente a ella, por lo que se armó de valor para acercarse y aclararle todo. Se aproximó cautelosamente y le rozó el hombro con la punta de los dedos. Ella, asustándose ante el tacto, soltó la pluma con la que estaba escribiendo, manchando un poco el pergamino.

-Me asustaste-le dijo recobrando el aliento al percatarse que era él.

-No hay nadie- comento extrañado- ¿sabes por qué?- le preguntó sentándose al lado suyo.

-Sí, el profesor llegó y dijo que no daría la clase, asique todos se fueron, yo aproveché y me quede haciendo el informe de historia de la magia- le contó acomodando los pergaminos que había desordenado.

-¿tan tarde llegué? Y yo que pensé que mí parada en la sala común había sido breve- se asombró, frunciendo el entrecejo.

- jaja- rió Rose- Sí, me extrañó_ admitió entre risas.

-O sea que extrañabas mi presencia- dedujo, acercando un poco la silla a la de ella.

-Mmm-comenzó a titubear Rose- y, es que me hacían falta tus comentarios molestos- le dijo con suspicacia.

- Y yo los tuyos evasivos- le retruco, ante lo cual ella se extrañó- sí, evasivos- respondió a su gesto- pero bueno, ya me acostumbré a que evadas lo nuestro-finalizó fingiendo soltura.

-¿¡Lo nuestro!?-bramó nerviosa moviendo bruscamente la silla lejos de la de él.

- Rose, nos besamos, no sé si te acuerdas, y cuando íbamos a hablar de eso huiste, dos veces- le aclaró con una sonrisa irónica.

- Bbb… Basta-expresó con ira contenida- entre nosotros no hay nada- añadió despectivamente- además, estoy de novia- mintió, dirigiendo su mirada hacia la pared.

Las pupilas de Scorpius se dilataron, le resultaba repulsivo estar enamorado de una persona tan negadora que era capaz de mentir para ocultar sus sentimientos. Sintió hervir su sangre, y cuando hiciera ebullición, toda la verdad saldría cual lava de volcán. Sus ojos se conectaron y podía sentirse el aura de tensión entre ambos, se estaban mintiendo, ocultando cosas, engañando, y no sabía si a ella le interesaba, pero él quería acabar con esa telaraña que había empezado a tejer el día de la fiesta de máscaras.

-¡Claro!, ¡un chico muy guapo que solo has visto en persona una vez, y de seguro que es muy encantador!- expresó con sarcasmo- pero yo no recuerdo haberte pedido que seamos novios- finalizó, endureciendo sus facciones.

-¿Tú?- le cuestionó entre risas burlonas, pero manteniendo su rostro rígido. Luego de unos segundos su expresión se relajó y rasgos de horror los reemplazaron.

-Si no lo has adivinado con lo último que dije, te lo aclaro, tu amado Lion soy yo- admitió con enojo, pero a la vez, su voz se entrecortaba.- ¡Pero ya me canse!- exclamó ante el silencio de la pelirroja- ¡me canse de que, no importa lo que haga, me desprecies y no veas lo que siento por ti!- le gritó, levantándose de la silla y saliendo del salón.

No sabía que fuego se había introducido en sus entrañas, o que hielo en sus sentidos, que todo su entendimiento se nubló y, con su mente completamente segada, huyó de allí sin saber bien dónde. La fricción de la suela del zapato contra la losa hacía que su pie le ardiese, dando la cruda impresión de estar por incendiarse, pero era tal el impulso que lo movía, que no le era posible detenerse. El viendo te pegaba como fuertes latigazos, pero aún mayor dolor sintió al caer al piso por haberse chocado con algo. Se reincorporó débilmente, ayudado por una mano extraña. Cuando vio el rostro se dio cuenta que esa mano no era desconocida en absoluto.

-Ten más cuidado-le ordenó secamente un castaño altanero.

- Lo siento Potter-se disculpó cabizbajo el Slytherin.

-¿Eso es todo?- se extrañó James.

-No estoy de humor- le advirtió.

-Te entiendo, yo no me acostumbro a la ausencia de mi hermano- asintió con pesar James, bajando sus aires de grandeza.

-A mí me pasa lo mismo-concordó- pero estoy así por… -titubeó un momento- por alguien más-concluyó, creyó más oportuno ocultarle esa información.

-Es por Rose, ¿no?- le preguntó, y para sorpresa del rubio, lo hizo con un tono calmo y comprensivo, no amenazador como era habitual- Mira, las cosas cambian, tu siempre serás las serpiente repulsiva, pero has ayudado a mi prima y a mi madre, y de cierto modo a mí- esas palabras dulces y cálidas no podía creer que provinieran de su enemigo mortal James Sirius Potter- así que si quieres estar con ella a mí me parece bien- finalizó extendiéndole su mano nuevamente, ante lo que Scorpius, con una sonrisa, la estrechó- pero le haces algo y te asesino- añadió con gracia.

-No te preocupes porque nunca estaremos juntos, ella me ve como una serpiente despreciable, ¿recuerdas? – le dijo con tristeza- esas cosas no cambian- con esto último se dieron una palmada en el hombro y cada uno prosiguió su camino.

- ¡Malfoy!- lo llamo James, ante lo que Scorpius se volteó- A veces sí- agregó con una sonrisa cómplice, el rubio se la devolvió, y siguió caminando.

Nunca pensó que podría tener esa conversación con Potter, en cierto modo le agradó, pero no entendía como alguien como James cambió de tal modo y Rose no. Su amor por ella no cambiaba, y sospechaba que nunca cambiaría, pero su esperanza sí.

Fue a su cuarto y vio apilados pergaminos en su cama. En signo de desesperación se llevó la mano a la cabeza, su mente estaba tan desviada entre Albus y Rose que se había atrasado con dos informes, y eso no era propio de él. Introdujo todo en su mochila fue directamente a la biblioteca para poder concentrarse. Una vez allí recogió los libros necesarios y se dispuso a hacer sus deberes. Dos horas llevaba inmerso entre hojas viejas de papel y un tintero que estaba ya casi vacío. Desencajándolo por completo, allí estaba revestido de colores verde y plata Rodolph Flint, el hermano mayor de su amigo, y más importante aún, el capitán del equipo de Quiditch. Sin anunciarse, tomo al rubio por el brazo y lo arrastró fuera de la biblioteca.

-¿Tú crees que me visto así todos los días?- le cuestionó con autoridad. Scorpius se limitó a mirarlo algo desconcertado- ¡Pues no!-bramó alzando los brazos- ¡Me visto así cuando tengo práctica!- prosiguió alzando cada vez más la voz- Llevas quince minutos de retraso, voy a preguntar y me dicen que mi buscador estrella está en la biblioteca- le comentó con indignación. ¡La biblioteca!-exclamó.

-Lo siento Flint- titubeó, aún no podía creer que se le había olvidado el entrenamiento.

- Hacía mucho que no me llamabas Flint- acotó con tono divertido, bajando los decibeles de la voz. Ambas familias eran muy amigas, al punto de que Draco Malfoy es el padrino de la hermana menor de los Flint- Mira, siento haberme exaltado tanto, sé que es difícil para ti lo de Albus, si para mí lo es no me imagino para ti- lo apoyó posando una mano sobre su hombro- pero creo que las cosas se te están yendo de las manos.

-Lo siento, en verdad, tuve un día difícil, eso es todo, pero no te preocupes que sigo siendo el mismo buscador, y la final contra Gryffindor está asegurada- le dijo con convencimiento-

-En la cancha en menos de cinco minutos- le ordenó Flint con una sonrisa, y se marchó.

Mantuvo la sonrisa dibujada en su rostro hasta que el capitán no estuvo en el parámetro, luego corrió a los vestidores con desesperación. Se cambió lo más rápido posible, intentando cumplir con el margen de tiempo establecido por Flint.

Al ingresar al campo de juego sintió como lo fulminaban las miradas de sus compañeros, porque habían tenido que comenzar el entrenamiento con el buscador suplente, que para ser realistas, era bastante malo. Remontó vuelo en su escoba y comenzaron a practicar la táctica que utilizarían en la gran final contra los leones.

Se estaba convirtiendo en el entrenamiento más intenso desde que se había unido al equipo. El sudor bañaba su rostro, sus vestiduras ya le resultaban pesadas, los látigos ventosos le azotaban los ojos que, por más que quisiera, no podía cerrar. El sol se ocultaba luego de cumplir su ronda diaria, pero al parecer el capitán no tenía intención de que siguieran el ejemplo de la gran esfera de fuego.

Ya no resistía el cansancio. Mientras asechaba a la veloz snitch todo lo que llevaba dentro comenzó a aparecerse como un cortometraje. La cara de Rose adornada por el sol, que luego se desfiguraba con la imagen de la misma gritándole. La dulce mirada de Albus saludándole de lejos adornaba el sentimiento de su corazón destrozado. Misteriosamente, James apareció como una ráfaga de luz para tranquilizar las aguas de sus pensamientos, pero a la vez para alborotarlas. La snitch estaba cerca, muy cerca, iba a atraparla, el entrenamiento terminaría, o más bien todo lo haría. Pero como siempre ella estaba allí, no en su mente, sino que realmente se encontraba parada en el borde de la chancha mirando el entrenamiento. Estaba en picada en busca de su tesoro dorado, pero sus ojos se desviaron, y nada fue más importante que contemplar por una vez esos ojos cafés. Todo se resumió en eso, un instante más reflejado en su mirada, luego de eso dejó que el viento lo dirija para finalmente sucumbir al abrazo de la tierra.