Capítulo 9

-Quinn, yo…- la vergüenza estaba patente en el rostro de Rachel.

-Por favor, no hace falta que digas nada, sólo quería que supieses la razón por la que te he tratado así todo estos años- intentó disipar el malestar que podría sentir Rachel con su pequeña declaración.

-¿Por qué no me dijiste lo que sentías por mí?- miró tímidamente a Quinn.

-Ponte en mi lugar, Rachel- sonrió pensando en la estupidez que acababa de soltar la morena.

-No era tan difícil. Quizás…- intentó pensar en las posibilidades.

-¿Quizás qué, Rachel? ¿Iba a cambiar algo? Seguro que habrías salido corriendo- caminó con algo de dificultad de un lado a otro de la instancia.

Los nervios comenzaban a estar presentes en Quinn. Se estaba arrepintiendo de haberle confesado su pequeño secreto, pero necesitaba decirlo antes de que les ocurriese algo. No podía llevarse ese sentimiento sin haberlo compartido con la persona que más quería y, a la vez, a la que más daño había hecho. La rubia podía notar cómo la mirada de Rachel la seguía por toda la cabaña. Cuando notó que la pierna comenzaba a molestarle, decidió sentarse, de nuevo, mientras Rachel estaba en la misma posición dónde la había dejado minutos antes.

-No sé qué decir, Quinn…- dijo algo avergonzada.

-Ya te he dicho que no hace falta que digas nada, Rachel. Te lo he contado porque te debía una explicación y necesitaba hablarlo entre ambas- cerró los ojos mientras ordenaba su mente.

-Siento haberte causado tanto problemas- se sintió culpable.

-¿Estás de broma? ¡Tú no tienes la culpa! Todo lo contrario, estar enamorada de ti ha sido lo mejor que me ha sucedido en la vida- abrió los ojos para mirar a Rachel.

-Gracias- agradeció emocionada.

-¿Por?- preguntó curiosa.

-Por habérmelo contado. Ahora ya me encuentro mucho mejor- se acercó a la rubia para depositar un beso en su mejilla.

Quinn se quedó paralizada. Sentir los labios de Rachel en su mejilla le revolvió todo. Notó cómo el calor subía por su cara hasta instaurarse en sus mejillas mientras Rachel le sonreía a más no poder.

-Te has puesto roja- se burló Rachel.

-Estás jugando sucio, Rachel- puso su típica cara de soberbia.

-Te he echado de menos- contestó la morena mientras abrazaba a la rubia.

-Y yo a ti- respondió al abrazo de la chica.

Las chicas se quedaron un buen rato abrazadas, unidas la una con la otra. La sensación de bienestar, al estar sus cuerpos juntos, impedía que se rompiese aquel momento. Las emociones eran tan intensas, que Rachel se contenía las lágrimas de la emoción.

-¿Por qué lloras?- se separó de Rachel para ver qué le sucedía.

-Por todo lo que nos ha pasado- se limpió con las manos el rostro de lágrimas.

-Tranquila, todo volverá a ser como antes. Te lo prometo- le guiñó el ojo.

-Ese es el problema. No quiero que vuelva a ser como antes…- dijo más tranquila.

-¿No?- frunció el ceño.

-Ahora te quiero a ti- se acercó para besar los labios de la rubia.

Habían pasado más de la doce del mediodía. La tormenta había disminuido considerablemente y los alumnos estaban cansados y querían volver a casa. El viaje estaba resultando ser un completo desastre y, estar encerrados todos juntos en una cabaña con los profesores, no era la idea de un fin de semana divertido.

-¿Oficial?- preguntó Will con el teléfono en la mano.

-Aquí el oficial a cargo del equipo de salvamento de Alpine Valley- contestó al otro lado de la línea.

-¡Al fin! Estamos atrapados por la tormenta en una cabaña al sur de las instalaciones- explicó a toda prisa por las interferencias que se escuchaban en el teléfono.

-Tenemos los datos proporcionados por el hotel, pero debido a la tormenta no hemos podido salir a buscarles. En seguida mandamos varios Jeep para traerles de vuelta- explicó de forma ordenada.

-Hemos tenido un problema. Dos de nuestras alumnas se han perdido y no sabemos nada de ellas- explicó algo nervioso.

-¿Puede proporcionarnos más datos?- cuestionó algo alarmado el guarda.

-Se llaman Quinn Fabray y Rachel Berry. Una es alta y rubia y la otra es más bajita y morena… Salieron ayer desde el hotel en dirección a la pequeña zona de árboles situada al este de la cabaña- recordó el mapa entregado a las chicas.

-En seguida desplegaremos el equipo de rescate. Vosotros mantened la calma- dijo algo alarmado.

La conexión se cortó. Los alumnos estaban expectantes a la conversación del profesor con los servicios de rescate. Will respiró profundamente e intentó mantener la calma para no preocupar a sus alumnos.

-¿Qué te han dicho?- preguntó una agotada Santana.

-En seguida manda unos Jeep para sacarnos de aquí- contestó con una fingida sonrisa.

-Menos mal, estaba cansada de estar encerrada aquí dentro- se sentó junto a su amiga Brittany que descansaba en uno de los sillones de la cabaña.

Will miró a Sue preocupado. Aunque los guardias intentaban no preocuparle, el tono de voz utilizado por el comandante, al comentarles la desaparición de las chicas, había sido algo alarmante…

-¿Qué te han dicho Will?- preguntó Sue.

-Van a desplegar el dispositivo de búsqueda para las chicas- explicó muy bajito.

-Va a ser difícil, llevan 24 horas ahí fuera y el temporal ha sido muy fuerte- espetó de forma pesimista.

-No te pongas en lo peor, seguro que están bien- dijo mientras observaba la nieve caer a través de la ventana.

Las alarmas estaban dadas y los equipos se estaban preparando para el despliegue. Un grupo se fue hacia la cabaña donde se encontraban los profesores, junto a sus alumnos, mientras que otro grupo preparaba su equipo de escalada para rastrear toda la zona. Marcaron varios perímetros en el mapa y, con las directrices que había dado Will Schuester sobre las chicas, se dispusieron a salir.

La tormenta, y la cantidad de nieve caída, habían borrado cualquier pista o rastro dejado por las chicas, lo cuál iba a dificultar más la operación de rescate.

-Rachel…- gimió ante el ataque pasional de la morena.

El beso que dio la morena les había hecho entrar en una espiral de sensaciones que sobrepasaban sus cuerpos. La morena se había situado cómodamente sobre el cuerpo de la rubia, que había permanecido sentada en aquel sillón que estaba siendo el único testigo de la pasión de ambas chicas.

-Rachel, deberíamos parar- intentó separarse de aquella fuerza que le atraía.

-¿Por qué?- preguntó desesperada por la interrupción.

-He soñado un montón de veces con éste momento y si sigues besándome de esa manera… no voy a poder resistirme a hacer esos sueños realidad- dijo arrepentida por haberse separado de Rachel.

No entendía de dónde había sacado las fuerzas para separarse de ella. El pelo algo alborotado, pero sexy, su mirada y sus pupilas ahora transmitían deseo. La suave piel que la llamaban a gritos y sus labios, tan suaves y apetecibles que podría estar toda la vida besándolos y disfrutándolos.

Cerró los ojos, la visión que le estaba proporcionando Rachel no le estaba ayudando. La mano de Rachel se deslizó por el cabello de la rubia, a la vez que bajaba por el lateral de la cara, pasando por sus mejillas para llegar a los labios que hacía apenas unos instantes estaba besando.

Quinn temblaba por cada roce que le proporcionaba la morena y ésta lo notaba. Sentir que tenía total control sobre la rubia le gustaba. Llevaba tanto tiempo reprimiendo ese sentimiento, que ahora lo estaba viviendo magnificado, poniendo todos sus sentidos en él.

-¿Te han dicho alguna vez que besas muy bien, Fabray?- preguntó con un tono de voz sensual mientras agarraba su barbilla para que la mirase.

Quinn estaba perdiendo la batalla. Su cabeza decía que parase, pero su cuerpo gritaba rendirse ante Rachel. Se sorprendió al comprobar tanta pasión encerrada en un cuerpo tan pequeño. No supo qué decir ante la pregunta de Rachel y sólo se limitó a sonreír orgullosamente por su habilidad. Sonrisa que le duró poco cuando Rachel no pudo resistirse a la mirada de Quinn y volvió a atacar sus labios de forma posesiva.

-¿No deberíamos de hablar de esto?- preguntó Quinn en un momento de lucidez.

-¿Quieres hablar?- cuestionó Rachel mientras sus manos se enredaban en el pelo rubio de Quinn.

-No, pero…- se quedó sin palabras cuando Rachel encontró la manera de apartar su bufanda para tener acceso al cuello de Quinn.

Los gemidos emitidos por Quinn, al notar cómo la morena le mordía el cuello, la encendían y más quería de ella. Rachel se movía encima de Quinn de una manera asombrosa y la rubia, a estas alturas, sólo le quedaba disfrutar y dejarse llevar.

-¿Estás segura de esto?- preguntó al sentir cómo Rachel intentaba desabrochar el abrigo que tanto le estorbaba.

-Siempre he estado obsesionada contigo y no sabía por qué hasta ahora- dijo una Rachel decidida.

-Entonces no se hable más y aprovechemos el momento- agarró la cabeza de Rachel para atraerla a sus labios.

Tres Jeep aparcaron en la entrada de la cabaña. Los chicos salieron ordenadamente del lugar mientras se abrigaban por el frío que había dejado la tormenta del día anterior.

-¡De uno en uno! ¡Voy a hacer el recuento!- gritó Sue mientras agarraba una lista con todos los alumnos.

-Me encargaré de hablar con los guardas- soltó Schuester mientras se acercaba a uno de los oficiales al cargo.

-¿Señor Schuester? ¿Es usted la persona con la que he hablado hace cosa de una hora?- preguntó mientras estrechaba la mano del profesor.

-Sí, soy yo- devolvió el saludo.

-Vamos a llevarnos de vuelta al hotel a los chicos; allí estarán seguros. No hay peligro y estarán mejor atendidos- respondió de manera tranquilizadora.

-¿Cómo va la búsqueda de las chicas?- se interesó Will preocupado.

-Hemos montado un despliegue, pero el tiempo, como ve, no ayuda mucho. Encima nos ha llegado un parte del centro meteorológico en el cuál dice que se han registrado varios movimientos de tierra y eso es lo que más me preocupa- explicó el oficial mientras vigilaba que todos los alumnos subiesen a los Jeep.

-¿Qué ocurre con los movimientos de tierra? No eran muy grandes- preguntó extrañado.

-Aquí, en la montaña, un simple movimiento, una pequeña brisa… lo que provoque la más mínima vibración, puede producir aludes y aquí hay algunas zonas con bastante riesgo de desprendimientos- explicó mientras acompañaba al señor Schuester a uno de los Jeep para que se subiese.

-Pero, eso significa que…- tragó saliva poniéndose en lo peor.

-Usted no se preocupe por la búsqueda y déjenos hacer nuestro trabajo. Será mejor que atienda a los demás alumnos- cerró la parte trasera del Jeep y subió a la parte delantera para conducirlo hacia el hotel.

A pesar de la poca distancia, que separaba la cabaña del hotel, el temporal del día anterior había dificultado el camino y la nieve, que estaba cayendo, provocaba que las ruedas tuvieran poca estabilidad. Los teléfonos móviles comenzaron a sonar, pues la cobertura en la zona del hotel era algo inestable pero, al menos, llegaba como para escribir mensajes.

Los alumnos respiraban tranquilos. Se encontraban en un sitio calentito; una cama y una buena comida les esperaba en el hotel, ya ni les importaban las literas, ni el pequeño espacio. El hotel era como un palacio en comparación con la cabaña dónde habían pasado la noche.

-Seguro que ellas lo están pasando mal- expuso una Brittany mientras contemplaba el plato de sopa que le habían puesto en el hotel.

-Los guardias ya están buscándolas. Ellos conocen el terreno como si fuera su casa, seguro que en nada estarán aquí- explicó Santana para que se relajase.

-Deben de tener mucho frío y seguro que están muy asustadas- dijo Brittany mientras movía en círculos su sopa caliente.

Sin embargo, no era precisamente frío lo que se estaba experimentando en aquella cabaña.

-Tengo mucho calor, Quinn- comentó una acalorada Rachel mientras ayudaba a Quinn a quitarle el abrigo.

-Vas a tener razón con tu teoría del calor corporal- sonrió mientras sus manos viajaban hasta la siguiente prenda de ropa.

Quinn comenzó a mover sus caderas, necesitaba sentir el cuerpo de Rachel y, tenerla sentada encima, le daba ese privilegio. Rachel, en cambio, se perdía con cada movimiento que Quinn le propinaba. Con sólo pensar lo que estaba sintiendo con la ropa puesta, no quería imaginar lo excitante que sería tener su cuerpo desnudo pegado al suyo.