Aclaraciones: Digimon no me pertenece.

Parejas: Mimato como principal, Taiora y un poco de Takari.


Recuerdos



Capítulo 9: Reencuentro


El sábado por la mañana, Mimi se había levantado temprano para así aprovechar la mañana y ayudar a su madre a limpiar la casa y tirar algunas cajas que aún tenían en la entrada de la mudanza.

—¿Cómo vas cariño? —le preguntó su madre asomándose al baño. Mimi se reincorporó y se llevó una mano a la parte baja de la cintura resoplando.

—Este ya está—le dijo ella— solo me queda el otro cuarto de baño y luego pasaré a mi habitación.

—Oh, entonces corre a tu habitación que yo acabaré el baño que queda. Luego me tienes que hacer un favor e ir a la tienda a comprar unas cuantas cosas que faltan.

—De acuerdo. Me cambio y voy—llevó el cubo hasta el otro baño y caminó hacia su habitación. Afortunadamente no había desordenado mucho su cuarto así que solo tenía que hacerse la cama y ordenar un poco el escritorio y la ropa que tenía apilada en la silla. Primero hizo la cama, después se ordenó un poco el escritorio y cuando estaba colgando la ropa en su armario, el móvil vibró empezando a sonar. Mimi fue hacia su mesita de noche, cogió el móvil y apretó la tecla de contestar.

—¿Diga?

¿Mimi? Soy Sora.

—Ah, hola Sora—contestó contenta Mimi. Apoyó el móvil en el hombro, para así tener ambas manos libres y seguir ordenando la ropa.

Te llamaba por si tenías algo que hacer a la tarde noche—le dijo la pelirroja.

—Mmm pues por la noche si tengo planes—explicó la castaña.

Oh, vaya…Era por si querías venir a tomar algo conmigo, con Tai y con unos amigos más. Pero supongo que si quieres salir tendrás que arreglarte ¿no?

—Sí…pero si vais pronto si que puedo ir, a las cinco o a las seis—habló Mimi—bueno si queréis claro.

Claro, claro, mira, Tai y yo iremos a recogerte a las cinco ¿te parece? Y ya de ahí nos iremos a la cafetería donde nos esperan nuestros amigos.

—Vale—respondió Mimi con una sonrisa.

Pues hasta la tarde ¿vale? Hasta luego Mimi.

—Hasta luego Sora—se despidió ella. Cuando colgó y dejó el móvil, esbozó una sonrisa. La verdad es que tenía ganas de ver a Sora y también a Tai.

—¿Quién era cariño? —oyó la voz de su madre desde el baño.

—Una amiga—le contestó. Miró con detenimiento la camiseta blanca y negra que tenía en las manos, luego le puso en la cama, dejándola ahí para ponérsela después a la tarde y siguió ordenando la ropa.


—Entiendo…—habló TK por el teléfono de la casa de su padre—… ¿a las cinco y media en la cafetería? De acuerdo. Hasta luego Sora.

Colgó el aparato y miró hacia la habitación donde se oía a su hermano tocar algunos acordes con la guitarra. El rubio caminó hacia la habitación y tocó dos veces para luego abrir la puerta lentamente. Matt automáticamente dejó de tocar al ver que su hermano asomaba su cabeza.

—Acaba de llamar Sora—le dijo su hermano—dice que estemos a las cinco y media en la cafetería donde nos reunimos el otro día, ella y Tai irán a recoger a…Mimi…—dijo mirando a Matt. El chico asintió levemente y TK supo que no le iba a contestar nada, por lo que cerró la puerta y caminó hacia el comedor sentándose en el sofá.

Desde que se habían enterado de que Mimi había vuelto su hermano había estado más callado que de costumbre, aunque TK dedujo que serían los nervios y expectación lo que hacía que actuara de esa manera. Él aún trataba de digerir la información, que su amiga había vuelto pero que aparentemente no los recordaba ¿cómo actuaría su hermano esta tarde al ver a Mimi entrar por la puerta? Intentó ponerse en su lugar y pensar que hubiera sido Kari la que hubiera "desparecido" ese día y no hubiera tenido noticias de ella durante un año. Y ahora, de repente, aparecía pero no recordaba a nadie de sus amigos, se había olvidado de todos los momentos que habían pasado todos juntos, cuando se conocieron en aquel campamento de verano y fueron transportados al Mundo Digital. Y como que después de ahí, había forjado entre los ocho una gran amistad. Suspiró. Si lo pensaba y ya sentía fatal no querría ni imaginarse lo que se sentiría al vivirlo.

Matt dejó la guitarra en su cama y se recostó en ella cerrando los ojos. Hoy la iba a ver…hoy iba a ver a Mimi…suspiró ¿Qué iba a hacer? ¿Cómo iba a actuar? ¡Si ella no lo iba a reconocer! Se iba a comportar como una extraña con todos, con él. Tai se había pasado todo el día anterior preguntándole cada dos por tres si estaba seguro, el rubio sabía que esa insistencia era porque estaba preocupado por él. Y aunque él se había artado de decirle que sí que estaba seguro, en el fondo no sabía qué haría cuando la viera. Sabía que por mucho que se insistiese mentalmente en que debía fingir, seguramente haría alguna tontería, aunque rezaba por tener suficiente autocontrol. Después de un año sin verla, sin saber nada de ella, desesperándose al ver que pasaban los días y no había ninguna noticia suya…ahora…dentro de unas pocas horas la vería.

—Mimi…—murmuró él con voz ronca.

Giró su rostro hacia su escritorio donde estaba la foto de él con Mimi. Intentaría fingir, lo intentaría, lo importante era que ella estaba aquí, que los iba a ver a pesar de no reconocerlos.

"La vamos a traer de vuelta Matt…la vamos a traer de vuelta, te lo prometo."

Y él también se lo prometía así mismo. Sabía que tanto Tai como los demás iban a investigar que había pasado y que darían con la respuesta.


—Tai…Tai…despiértate vamos…es casi la hora de comer—Kari zarandeaba a su hermano intentando que se despertara pero lo único que conseguía era gruñidos por parte del castaño. La chica resopló poniéndose las manos en la cintura. Miró hacia ambos lados, buscando algo con lo que despertarlo. Caminó hacia la ventana y subió la persiana haciendo que entrara un rayo de luz.

Tai gruñó más fuerte y se giró dándole la espalda a la molesta luz que le había despejado del sueño.

—Es increíble…—murmuró Kari mirando como su hermano se acomodaba con la intención de dormir otra vez. Vio como su gato Miko asomaba la cabeza por la habitación y la castaña sonrió maliciosamente. Se acercó lentamente a gato y lo cogió en brazos. —Miko—le llamó acariciándole el lomo al animal. Caminó hacia la cama de su hermano, dejo encima al gato y se giró para salir de la habitación.

Se sentó en el sofá y encendió la tele pasando por algunos canales por si había algo interesante.

—¡MIKO!

—¡MIAU!

Kari oyó como su hermano chillaba y maldecía por algo, Miko salió de la habitación disparado y segundos después Tai salía con cara de sueño, murmurando maldiciones y sobándose la mejilla donde se veía que tenía un pequeño arañazo. El chico caminó hasta el otro sofá y se dejó caer.

—Veo que le haces más caso al gato que a mi—comentó Kari mirándolo ganándose otro bufido por parte de su hermano

—Después de que me haya lamido toda la cara como si fuera su comida y me haya arañado no me quedaban ganas de seguir durmiendo ¿Cómo se ha subido a mi cama?—habló Tai con la cara enterrada en el sofá.

Kari se mordió el labio intentando no reírse.

—Ha llamado Sora—le dijo a su hermano mientras veía la tele.

Tai levantó la cabeza rápidamente, cosa que no pasó desapercibida para Kari aunque no dijo nada.

—¿Y qué quería? —preguntó él.

Ayer, después de ese beso que él le había dado, Tai había optado por comportarse como si no hubiera pasado nada y fuera una cosa normal el que ellos se besasen. Claro que a la noche, mientras dormía, su cabeza empezó a darle una y mil vueltas a lo que había hecho. Los amigos no se besaban, los amigos no se daban esa clase de besos y los amigos, definitivamente, no sentían por el otro lo que Tai sentía por Sora. Maldición, ahora que lo pensaba bien, quizá se habría enfadado con él por haberla besado así tan de repente. Era en esos momentos cuando maldecía el ser tan impulsivo y decir o hacer las cosas de golpe. ¿Por qué al ganar la apuesta no le había pedido que le dejara sus apuntes durante una semana? ¿O que le dejara copiar sus deberes de matemáticas que bien falta le hacían? No, él tenía que haberle pedido un beso. Aunque pensándolo aún mejor, se lo había robado, por que no le pidió en ningún momento a Sora que quería un beso, solamente le dijo que cerrara los ojos y después ya había sido todo por su parte. "Se lo "pediste" porque era lo que querías en ese momento" le dijo una vocecita interna. Y cuando se separó de ella, sintió que las palabras se le quedaban atascadas dentro y antes de esperar y ver como Sora le gritaba por haberse atrevido a besarla, lo primero que se le había pasado por la cabeza era actuar como si no hubiese pasado nada. Después a la tarde, no habían quedado, ya que Matt, Izzy, TK o su hermana, tenían cosas que hacer por la tarde, así que no había vuelto a ver a Sora.

—…y eso me ha dicho.

Tai parpadeó y miró a su hermana.

—¿Qué?

Kari arrugó el ceño.

—Como me suponía, no me estabas escuchando. —suspiró ella— Te decía que Sora nos ha llamado, dice que esta tarde vendrá aquí y juntos iréis a por Mimi, después hemos quedado todos en la cafetería donde nos reunimos.

Tai asintió, se reincorporó del sofá quedando sentado y echó la cabeza hacia atrás. ¿Eso significaba que Sora no se había enfadado o que cuando viniera y fueran a por Mimi le caería la bronca del siglo?

—¿Hermano?

El castaño miró a su hermana.

—¿Te pasa algo?

—No…nada, estaba…pensando. —le dijo rascándose la nuca distraído, después se levantó del sofá y fue hacia su habitación—Iré a darme un baño.

Kari siguió la trayectoria de su hermano, lo vio entrar en su habitación y después salir de ella para entrar al cuarto de baño. En cuanto la puerta se cerró Kari volvió su rostro hacia la televisión, miró a su gato que se había subido a su lado y la miraba atentamente.

—Está muy raro Miko—le habló al gato como si pudiera llegar a entenderla, mientras le acariciaba ausentemente detrás de las orejas.


—A ver…la leche…la leche…—Mimi miraba de izquierda a derecha mientras avanzaba arrastrando una cesta pequeña con ruedas que había cogido a la entrada de la tienda—…¡Oh, aquí está! —alargó la mano cogiendo algunos paquetes y los colocó en el canasto. Después sacó del bolsillo de su falda un papel en el cual tachó donde estaba escrito leche—Ahora verduras.

Salió del pasillo por donde venía y probó a buscar por la derecha. Pero al pasar por un pasillo miró hacia el y se detuvo al ver a alguien conocido.

—¡Kouji!

El aludido apartó la mirada del estante y la dirigió hacia ella. Mimi le sonrió y tiró de la cesta para avanzar hacia él.

—Hola—saludó ella sonriendo.

—Hola.

—¿Qué haces aquí? —preguntó. Pero luego se dio cuenta de que la respuesta era obvia—Me refiero, tú vives a unas cuantas manzanas ¿no te queda muy lejos esta tienda?

—Hoy comeré en casa de mi tío, y él vive por aquí cerca.

La castaña le sonrió.

—Oh ¿tienes un perro? —preguntó al ver que estaban en la sección de comida para mascotas.

—Sí.

La chica frunció los labios en una mueca graciosa mientras lo observaba. Vaya, iba a ser difícil sacarle más de una frase.

—Ojala un día te lo trajeras cuando quedemos todos. Me encantan los perros.

Kouji la miró unos segundos antes de contestar.

—Está fuera. Si quieres…

La castaña sonrió ilusionada mientras asentía.

—Claro—le dijo—¿Esperas aquí un momento? Solo tengo que coger unas verduras y acabo.

El peliazul asintió. La chica dio la vuelta para avanzar hacia el pasillo de enfrente pero una voz la detuvo.

—Kouji. ¿Has acabado?

La castaña se giró para ver a una mujer en el otro lado del pasillo que miraba al chico.

—Eh…sí, enseguida—respondió tensándose levemente.

—Está bien. Tú padre y yo te esperamos fuera—le dijo, pero cayó en cuenta de que el chico no estaba solo. —Oh, vaya. No sabía que estabas acompañado.

Kouji giró levemente su rostro para ver que Mimi aún seguía ahí a unos cuantos pasos.

—Hola—se presentó Mimi al ver que se había instalado un silencio incómodo. —Soy Mimi Tachikawa.

—Encantada, yo soy la señora Minamoto—le sonrió la mujer y Kouji se tensó de nuevo.

La castaña sonrió e hizo una leve reverencia.

—Te esperamos fuera Kouji—le dijo la mujer para después marcharse hasta pederse por el pasillo.

—Vaya Kouji—le dijo Mimi acercándose de nuevo al chico—Tu madre es guapísima—halagó sonriéndole. Pero su sonrisa se fue esfumando al ver que el chico estaba quieto completamente y sus puños estaban apretados con fuerza. —¿Kouji? ¿Qué te pasa? —preguntó preocupada.

—No es mi madre—siseó.

La chica abrió los ojos sorprendida. Boqueó varias veces pero ninguna palabra salió de su boca.

—Oh…vaya…lo siento…yo no sabía…

Kouji la miró fijamente y Mimi se encogió ante la mirada.

—Pues si no lo sabes, no hables—espetó con frialdad.

La castaña se sorprendió ante el tono tan frío e hiriente que usó. Una sensación de malestar y agobio se alojó en su pecho haciéndole respirar agitadamente. Kouji nunca le había hablado así, siempre usaba un tono frío y tajante, pero no con ese tono. Sintió su garganta arder pero intentó relajarse, no quería ponerse a llorar ahí delante. Bajó la vista y vio el suelo borroso, seguramente en cuanto pestañeara las lágrimas empezarían a salir de sus ojos.

Kouji la observó mirar al suelo, ocultando su vista. De repente todo ese malestar empezó a desaparecer y fue consciente de que se había pasado bastante. Ella no tenía la culpa de eso y lo había pagado completamente. Suspiró.

—Lo siento…—murmuró en voz baja—…olvida lo que he dicho.

Aún tenía la vista fija en el suelo cuando sintió como el chico se alejaba. Lentamente la alzó y se quedó ahí durante unos segundos, intentando relajarse, aún con las palabras de Kouji rondándole la mente.


Después de pensar cien mil respuestas posibles que llegaran a darle una explicación lógica sobre lo que había pasado el otro día en el campo de fútbol, Sora llegó a una conclusión.

Le estaba dando demasiadas vueltas.

Había sido a la hora de dormir, después de repetirle hasta la saciedad a su madre que no le pasaba nada, cuando la pregunta del millón había llamado a las puertas de su mente. ¿Por qué Tai la había besado? Durante toda la noche estuvo despierta, mirando hacia el techo de su habitación, mientras miles y miles de respuestas acudían a su mente, desde que Tai lo hizo por que era un idiota, hasta porque (sí, llegó a pensarlo) ella le gustaba. Pero ninguna llegaba a convencerla, hasta que simplemente, cuando iba por la posible respuesta número treinta, Sora parpadeó saliendo de su debate interno.

Habían hecho una apuesta, un acuerdo entre los dos que, en este caso, consistía en marcar tres goles y quien ganase, le pediría al perdedor lo que quisiera. "Lo que quisiera", pensó. Podía ser que Tai le hubiera pedido un beso por pedirle algo, ya que cuando se separó de ella actuó con normalidad, por lo que podía ser que para él el beso no hubiera significado nada, simplemente un pago por haber ganado la apuesta.

Y Sora, quería enfadarse, claro que quería, quería gritarle que por qué demonios había hecho eso, que en qué estaba pensando, pero si le decía eso, Tai podía responderle con que había ganado la apuesta, y que ella había estado de acuerdo con que el ganador le podría pedir al perdedor lo que quisiera, y ese "lo que quisiera" incluía un beso. Ella podía haberle gritado después de eso que estaba enamorada de él y que no le hacía gracia que él la besara por el simple hecho de ganar el acuerdo, pero eso sería confesarle sus sentimientos y la pelirroja no quería que Tai se alejase de ella, por lo que se tragó todo ese cúmulo de sentimientos y actuó como él, fingiendo que no había pasado nada y que ese beso ya había quedado en el olvido.

¿En el olvido? ¡Já!

Si estaba segura de que si cerraba los ojos todavía podía sentir la presión y la textura de los labios del castaño sobre los suyos, y las leves caricias que habían producido leves temblores en su cuerpo cuando los pulgares de Tai se habían deslizado lentamente, subiendo y bajando por sus mejillas, acariciando su piel.

Mientras cruzaba la calle hacia el edificio de Tai, Sora agitó su cabeza para eliminar esos pensamientos. Se iba a comportar igual que siempre, ese beso lo guardaría en un rincón de su mente el cual solo se permitiría abrir de vez en cuando y únicamente cuando estuviese sola.

Tocó el timbre y esperó unos segundos hasta que la puerta se abrió y la figura de Kari apareció al otro lado.

—Hola Sora—le sonrió la chica.

—Hola Kari. ¿Está Tai listo?

—Sí, se está cambiando. Pasa mientras—la invitó abriendo un poco más la puerta.

La pelirroja pasó y caminó hacia el sofá donde se sentó, Kari la siguió y se sentó en el otro.

—¿Cómo estás? —le preguntó Sora.

Kari sonrió levemente. Sabía que no era una pregunta de cordialidad, que le preguntaba por como estaba ahora, a pocas horas de ver a su amiga.

—Nerviosa…—confesó en un murmullo mientras jugaba con sus manos. —…todo esto me parece irreal, Sora—le dijo la castaña con una sonrisa de incredulidad—y no sé qué voy a hacer cuando la tenga delante, como te tengo a ti ahora—suspiró—¿Tú como reaccionaste? —preguntó pasados unos segundos.

Sora bajó la vista rememorando el encuentro que tuvo con su amiga.

—Al principio sorprendida, incrédula. Quise ir poco a poco pero tu hermano salió disparado en cuanto la vio, ya sabes a veces lo impulsivo que es—bromeó haciendo que Kari sonriera levemente— Yo lo seguí, cuando llegamos donde se encontraba Mimi, Tai la abrazó efusivamente mientras yo aguardaba a unos cuantos pasos. Cuando Mimi se separó de Tai y le preguntó si le conocía—Kari se estremeció—creí que era una broma pesada, de las que Mimi gastaba algunas veces. Pero cuando vi que su confusión seguía ahí supe que no estaba bromeando, para nada. Se me cayó el alma a los pies, Kari. —exhaló débilmente—Pero tienes que ser fuerte—alentó al cabo de unos segundos al ver que la chica agachaba su mirada— sea lo que sea lo que le haya pasado a Mimi, vamos a averiguarlo.

Kari asintió sonriendo. Sora tenía razón, tenía que ser fuerte y confiar en que todo tarde o temprano se solucionase. El ruido de una puerta abriéndose hizo a ambas chicas girar el rostro. Tai salía de su habitación vestido y con el pelo levemente húmedo. Miró a su hermana y después a Sora.

—Hola—saludó.

Sora, recordándose a sí misma que tenía que actuar con normalidad, le sonrió y se levantó.

—Tardas más en la ducha que una chica Tai—rió ella—venga, vamos que Mimi nos debe de estar esperando.

El castaño miró como su amiga le sonreía. No había habido malas caras, malos gestos ni miradas asesinas. Parecía que Sora también había optado por hacer como si no pasara nada y perdonarle el impulso que había tenido el día anterior. Le devolvió la sonrisa.

—¿Viene TK a por ti, Kari? —le preguntó a su hermana antes de salir por la puerta junto con Sora.

—Sí, dentro de nada vendrá.

Tai asintió y salió de la casa junto con la pelirroja.


Cogió la tercera servilleta, la rompió por la mitad, juntó las dos partes y volvió a romperlas. Así, hasta que el papel se dividió en diminutas partes y estas caían en la montaña de trozos rotos anteriormente. En cuanto los restos de papel resbalaron por sus dedos su mano ya iba encaminada a sacar otra servilleta para repetir el mismo proceso.

—Quieres para ya, me estás poniendo nervioso—se quejó Davis.

Yolei le miró de mala manera y rompió el papel con demasiadas ganas, dándole a entender que iba a seguir las veces que fueran necesarias y hasta que se cansase.

Matt, ignorando la discusión que Davis y Yolei tenían en ese momento, miró por cuarta vez, girando el rostro pues estaba de espaldas, hacia la puerta de la cafetería. Ya llevaba dos vuelcos al corazón al haber visto a dos chicas parecidas a Mimi entrar por la puerta, por lo que pidió al cielo que no entrara ninguna chica al establecimiento de mediana estatura y pelo castaño. Puede que la gente que le mirara lo viera completamente sereno, sentado en uno de los asientos de la mesa como cualquier persona que iba a tomar algo. Pues era todo lo contrario. Le sudaban las manos, tenía más calor de lo habitual, y si fuera de los que se mordieran las uñas, ya se abría mordido la uña, la carne, e iría por el segundo nudillo.

Kari, que se encontraba sentada entre Yolei y TK, deslizó su mano hasta enlazar sus dedos con los de su novio. Había empezado a ponerse nerviosa al ver en el reloj que colgaba de una de las paredes como las agujas marcaban las cinco y media. Eso quería decir que de un momento a otro podían aparecer por la puerta. TK le dio un leve apretón a su mano, llamando la atención de la chica.

—¿Estás bien? —le preguntó en un susurro.

TK siempre había tenido la cualidad de tranquilizarla. Kari siempre que miraba esos dos ojos azules, una paz se adentraba por su cuerpo y se expandía completamente. Los ojos de TK era de un azul más claro en comparación a los de su hermano, y ella siempre había relacionado el color con el mar. Quizás por eso era por lo que conseguía tranquilizarla, por que cuando lo miraba a los ojos podía ver el mar, un mar azul y cristalino que hacía que todos sus temores se esfumasen de un soplido.

La castaña le sonrió y asintió levemente, ganándose una sonrisa por parte del chico.

Izzy suspiró levemente, intentando tranquilizarse ante el repentino nerviosismo que le había entrado. Normalmente, cuando se encontraba así solo tenía que coger su ordenador y adentrarse en el mundo de la informática, había tantas cosas que hacer que, el estar frente a su portátil conseguía alejarlo del mundo y relajarlo. Era en esos momentos cuando se lamentaba de no traer su ordenador, pero la ocasión claramente no lo merecía.

Joe, a su lado, terminó de beberse su manzanilla, exhalando profundamente, sintiendo como todos sus músculos se relajaban completamente.

—¿Mejor? —le preguntó Izzy al ver como el peliazul apartaba un poco la taza, diciendo así que había terminado todo el líquido.

—Mucho mejor—le dijo Joe colocándose bien las gafas.

—¿Has hablado con tu hermano? —se interesó el pelirrojo. Con lo curioso que era él, intentando siempre saberlo todo y en esos momentos no se le ocurría nada que no fuera que Mimi tuviera amnesia. Buscó y buscó por las páginas de Internet, clases de amnesia, causas, consecuencias, pero en las circunstancias en las que ocurrió aquello, Mimi ya debería de haber recuperado la memoria. A no ser, que algún detalle se le escapara de todo aquello, o que no les hubieran contado toda la verdad.

Joe negó con la cabeza.

—Ha tenido que hacer guardias nocturnas y cuando llega a su casa yo ya estoy durmiendo. Pero el domingo creo que libra y vendrá a casa a comer.

Matt bufó exasperado, ya estaba perdiendo la paciencia y se iba a volver loco. Se incorporó para levantarse de ahí e ir al aseo para refrescarse un poco, cuando una conocida y esperada voz a su espalda lo detuvo.

—Chicos.

Se quedó anclado al suelo, el corazón empezó a latirle tan fuerte que sintió los latidos en la garganta. Un escalofrío subió por sus pies hasta llegar a su cintura y después subir lentamente hacia su espalda, nuca y cabeza. Vio como delante de él sus amigos miraban a Tai que estaba a su espalda y su corazón se encogió cuando vio como todos intentaban retener sus expresiones de asombro.

"Date, la vuelta Matt. Date la maldita vuelta" le ordenaba una voz en su interior.

Después de lo que le parecieron horas y horas ahí plantado, se giró lentamente para ver de frente a Tai, que lo miraba serio y analizándole con la mirada. Le mantuvo la mirada unos segundos, por un lado porque ahora, en ese momento, no sabía si sería capaz de lidiar con eso y no quería desviar la mirada. Pero maldita sea, parecía que sus ojos estaban atados a una cuerda y alguien tiraba de esa cuerda para que su mirada de desviara hacia ella.

Alejó la mirada al fin, encontrándose con Sora y, a unos pasos más atrás, estaba ella.

Mimi.

Matt sintió como si se estampara de frente contra un gran muro de piedra, los oídos empezaron a zumbarle, se llevó inconscientemente las manos a los bolsillos de su pantalón porque estaba seguro de que le temblaban incontroladamente. La boca se le secó, y el zumbido que provenía de sus oídos se hizo más intenso, extendiéndose hacia su cerebro. La información le venía a una velocidad pausada, y un barril de emociones se le instaló en su pecho. Alivio, alegría de ver que estaba bien, de que seguía igual de preciosa; desesperación, ansiedad, rabia, tristeza al ver que ella le miraba como a uno más, atrás se habían quedado esas miradas de ternura que ella le daba a él, solo a él y a nadie más.

Su pelo estaba más largo que la última vez que la vio, había pasado un año, después de todo. Su piel seguía igual, pálida y Matt apostaría su moto y todo lo que tenía a que también seguía igual de suave, o incluso más. Sus ojos seguían teniendo ese color caramelo que él se había tirado horas y horas mirando sin cansarse, su rostro seguía teniendo esa expresión de dulzura e inocencia, mirando a todos con una sonrisa en el rostro. Todo pasó a cámara lenta frente a él, como una película a la que le habían dado al botón de ralentizar y al de eliminar el volumen, por que no oía nada, solo veía como Tai, al lado de ella, alargaba el brazo señalando a cada uno de sus amigos mientras movía la boca, por lo que dedujo que la estaría "presentado" a los demás. Vio como ella sonreía cada vez que el castaño le señalaba a alguien y movía la boca para después hacer una leve reverencia.

Y como a todos, a Matt le llegó su momento.

—Y él, es Matt—oyó que decía su amigo.

Mimi volvió a mirar al chico que estaba frente a ella. Al entrar a la cafetería junto a Sora y Tai, la pelirroja le había señalado con la cabeza la mesa donde estaban sus amigos, y Mimi pudo hacer un rápido análisis antes de que llegaran. Los amigos de Sora estaban sentados a tres mesas de la entrada, en una mesa con un asiento en forma de U por lo que la castaña vio de espaldas a un chico rubio, junto a él había otro pelirrojo y podía ver de perfil, al otro lado del pelirrojo, a otro chico con gafas y peliazul. Ya de frente, había otro chico discutiendo con una chica de gafas y pelo largo, y al otro lado de la chica, una castaña hablando con un chico rubio. Su sien derecha empezó a palpitarle con fuerza, haciendo que Mimi frunciera el ceño ante el repentino dolor que había sentido, pequeño pero intenso.

Nada más llegar, vio como el primer chico que estaba en la esquina del asiento y al que no había podido ver porque estaba de espaldas, se levantaba, pero entonces Tai los había llamado, haciendo que el muchacho se detuviera de pronto pero sin llegar a girarse.

Cuando llegaron, Mimi echó una rápida mirada de nuevo a los amigos de Tai y Sora. Se sintió un poco cohibida, no porque la mirasen de mala manera, sino porque sintió de golpe, como si se hubieran cronometrado, las seis miradas sobre ella. Todas, menos la del chico que aún seguía de espaldas a ellos, y que poco a poco empezó a darse la vuelta. Vio que miraba fijamente a Tai, descubrió que era un chico alto, más o menos de la altura de Tai, rubio, con el pelo un poco largo por debajo de las orejas y de un color de ojos azul. El chico rubio pasó la mirada después hacia Sora, y después la clavó sobre ella. Quizá fue porque la miró fijamente sin pestañear, o porque el color de sus ojos pocas veces lo había visto en otras personas, pero Mimi se sintió anclada a esa mirada y aunque quiso desviarla, no pudo. Una sensación de calidez la abrazó y no supo porqué, pero empezó a ponerse nerviosa. El dolor otra vez apareció de golpe. La castaña parpadeó, respirando hondamente para que el dolor desapareciera, lo había sentido más fuerte que hacía unos segundos.

Una mano en su brazo la hizo despertarla de su ensueño, Tai la guió lentamente hasta acercarse un poco más a la mesa y empezó a presentarles a sus amigos. El chico pelirrojo se llamaba Izzy, el chico de gafas, Joe, la pareja que estaba discutiendo eran Davis y Yolei, a su lado, la chica castaña se llamaba Kari y el chico que estaba a su lado TK.

Entonces, el castaño giró su rostro hacia el chico que se había levantado y le habló a Mimi.

—Y él, es Matt.

Matt, como había resultado llamarse, la volvió a mirar a los ojos.

—Encantada—habló carraspeando. Acababa de descubrir que ese chico, o más bien, la mirada de ese chico la ponía nerviosa. —Soy Mimi.

Matt siguió mirándola, pero en su mente seguían repitiéndose sus palabras.

"Encantada, soy Mimi" "Encantada, soy Mimi" "Soy Mimi, encantada"

Dios, como había echado de menos su voz.

—Matt— consiguió contestar.

La castaña alargó una mano en señal de saludo. Matt la miró unos instantes, dudando si estrecharla o no. Porque dudaba en controlarse y que, cuando tocara su mano, tirara de ella hasta abrazarla completamente, oler ese perfume que siempre la envolvía, que le estaba empezando a aturdir y besarla hasta el cansancio. Pero finalmente elevó su mano derecha hasta que se encontró con la de la chica y se estrecharon entre ellas.

Al sentir como los dedos del chico se cerraban entorno a su mano, una sensación de calidez aún más fuerte se introdujo por su mano, subió por el brazo hasta llegar al hombro y desde ahí dividirse, subiendo hasta su rostro y bajando hacia su estómago. Mimi sintió como ese simple contacto la relajaba completamente. Volvió a mirarlo y no pudo evitar que sus ojos quedasen clavados en los suyos. Pero al entrar en contacto sus miradas un dolor aún más fuerte que los anteriores azotó la cabeza de Mimi, provocando que esta soltara la mano de Matt bruscamente y se llevara ambas a la cabeza.

Cerró los ojos y aún en la oscuridad sintió como todo le dio vueltas, oyó unas voces de fondo llamarle en la lejanía. Dio un paso hacia delante pero su cuerpo se inclinó también en esa dirección, mareado por los giros que le daba todo. Sintió su cuerpo caer hacia delante pero en vez de sentir el frío y duro suelo contra su cuerpo sintió unos brazos sujetarla y apoyarla en algo blando pero firme. En ese momento Mimi tomó aire y un olor la envolvió entera. Volvió a respirar, hundiendo su rostro en esa superficie firme y percibiendo ese aroma de nuevo. Poco a poco, consiguió que el dolor de cabeza remitiera, haciéndose cada vez más leve y dejándose relajar por ese aroma que la adormecía.

En cuanto vio como soltaba su mano y se la llevaba a la cabeza, jadeando angustiada, Matt hizo un amago de acercarse a ella, preocupado. Pero cuando vio como su cuerpo se tambaleaba y perdía el equilibrio ni si quiera lo pensó y avanzó hacia ella sujetándola al vuelo. Notó como ella se sujetó a su camiseta con fuerza, arrugándola por la parte de su estómago y hundía el rostro en su pecho respirando agitadamente. Sus manos se movieron solas hasta posarse en su cintura. El corazón empezó a latirle a una velocidad inhumana, intentó respirar hondamente pero al tenerla en sus brazos lo único que consiguió fue intoxicarse más de ese aroma suave que lo volvía loco.

—Mimi—Tai intentó acercarse a ella pero Matt lo miró de tal manera que el castaño se quedó quieto en su sitio.

La castaña abrió los ojos poco a poco. Parpadeó unas cuantas veces dándose cuenta que había sido sujetada por alguien y que por eso no se había caído. Levantó poco a poco la vista hasta encontrarse con la del chico de ojos azules y otra vez, quedarse hipnotizada en su mirada.

—Mimi—volvió a repetir Tai, mirando de reojo como algunas personas les miraban curiosos.

La castaña miró a Tai y a los demás, luego volvió la mirada al chico rubio y se sonrojó al ver como estaban unidos los dos. Se separó rápidamente del cuerpo de Matt y se llevó la mano a la cabeza.

—¿Estás bien? —se acercó Sora a ella.

La chica asintió con la cabeza débilmente.

—Solo es un fuerte dolor de cabeza—murmuró ella. Luego, se armó de valor para mirar al rubio aún sabiendo los efectos que tenía su mirada en ella y le sonrió—Gracias.

Sora miró también en dirección donde estaba Matt. Sabía que estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para no derrumbarse, su mirada hablaba por sí sola.

—No ha sido nada—murmuró él mirándola. Inconscientemente se frotó las yemas de sus dedos entre sí rememorando el tacto que habían tenido minutos antes en su cuerpo.

—Iré a pedir una aspirina—habló Tai yendo hacia la barra.

La pelirroja, después de echarle una última mirada al rubio, guió a la castaña a un asiento sentándose con ella.

Mientras Matt se había quedado en el sitio, observando a Mimi sentada junto con Sora. Maldita sea, Dios seguro se estaba burlando de él poniéndolo a prueba. Ella no lo conocía, no se acordaba de él, y hace nada la había tenido entre sus brazos.

Suspiró intentando serenarse.

Esto iba a ser más difícil de lo que pensaba.

.

.

.

Continuará…


=D

Y se hizo el reecuentro! xD En verdad 7.000 y pico palabras Ö…creo que es el capítulo más largo que he escrito xDD

Ha habido de todo: un poco de Tai y Sora, un poco de Kouji y Mimi y finalmente otro poco de Matt y Mimi.

Tai y Sora han hecho sus conclusiones y ambos se ve que han llegado a la misma conclusión: hacer como que no ha pasado nada. No se enteran en verdad ¬¬

Luego, Mimi y Kouji…parecía que avanzaban algo pero ¡bum! Otro paso hacia atrás.

Os aclaro que Kouji está en la etapa de que no le cae bien la mujer con la que se casó su padre (por si alguien no ha visto Frontier, el padre de Kouji se casó de nuevo y digamos que Kouji no aceptaba a la mujer porque pensaba que ella quería sustituir a su madre. Aunque luego comprende que la mujer lo único que quiere es formar parte de la familia) xD Digamos que lo acepta…pero que todavía tiene un gusanillo ahí dentro. Y Mimi inocente que es ha tocado en un punto frágil para él y bueno, ahí veis la contestación! xD

Y el reencuentro!

¿Os gustó? Sufrí más dolores de cabeza para escribirlo…aunque me tome una pastilla para el dolor de cabeza y tiré hacia delante xDDD Quería que hubiera un acercamiento (literal) entre ellos pero claro, accidentalmente, si no sería muy raro xD y me salió esto!

Hago sufrir a Matt T-T (Matt perdóname) la ve, ella no lo reconoce y encima ya la abraza pero tiene que contenerse…(Matt, prometo recompensarte en el futuro, verás, verás xD)

Taishou, emmylia91, Emiita, Lyls, bela de slytherin, Roww, Meems-ishikawa, Cari Cazal, Eri, Sylvia Sora (x2), Nailea, Sumi Tachikawa

Eri: Me alegra que te haya gusto el cap y el Taiora! A ver que te parece el reencuentro!

¡GRACIAS POR LOS REVIEWS!

Y a ti también, que lees esto :)

Nos leemos!

Nora.