Edward podía ser aterrador, pero era lo malo conocido. Bella percibía en el furia, incluso un poco de maldad; sin embargo, no había verdadera perversidad. No como la que sentía cada vez que la miraba a Victoria y los demás.

Mike volvió a tacar, y su hoja golpeo la espada de Edward con un potente mandoble que le arranco chispas. Edward alzo su escudo redondo que contenía lo que parecía un dragón devorando un castillo y lo uso para hacer retroceder al otro caballero.

Mike hizo una finita y lanzo un mandoble contra la cintura de Edward. Este desvió el golpe, y luego empujo al caballero con su escudo para obligarlo a retrocedes. Mike se tambaleo un poco antes de volver a atacar. Solo la rapidez y la agilidad de Edward evitaron que el golpe diera en el blanco. Contraataco inmediatamente con una estocada que abrió una herida en el brazo de Mike.

El caballero grito, pero no desfalleció mientras atacaba de nuevo, y Edward volvió a detener el mandoble.

Mientras los hombres luchaban, Victoria fue hacia Bella con una sonrisa de malévolo deleite en su hermoso rostro.

Carlisle le puso las manos en los hombros y la hizo retrocedes para apartarla de la reina del pueblo mágico.

_No te preocupes, mandrágora-prácticamente ronroneo Victoria-. No le deseo ningún mal a tu pupila.

Carlisle la miro con desdén.

_Tu le deseas el mal a todo el mundo, Victoria.

Victoria rió.

Bella sintió que un escalofrió le bajaba por la espalda cuando Victoria se acerco aun mas para detenerse tan cerca de ella que ahora Bella no podía moverse sin que sus cuerpos se tocaran. Trato de acercarse un poco más a Carlisle, solo para descubrir que su cuerpo se negaba a obedecerla. Era como si alguien la estuviese controlando.

_Kerrigan es increíble, ¿verdad?-le pregunto Victoria, mientras se colocaba a su espalda.

Bella estaba de acuerdo, pero no pudo responder. Sentía como si tuviera las cuerdas vocales paralizadas.

_Fíjate en como se mueve-le susurro Victoria al oído, y su voz creo extraños ecos dentro de la cabeza de Bella-. Gira, hace finitas y para las estocadas, y luego ataca una y otra vez. Fíjate en el poder que emana de el. La fuerza. La belleza masculina. En todo el mundo solo hay unos cuantos que puedan igualarlo en hermosura, y ninguno puede rivalizar con el en cuanto al salvajismo y falta de piedad.-la voz de Victoria era como una brisa en el oído de Bella-. Hace que desees ser suya, ¿verdad?

Un extraño calor ajeno a su ser vibro dentro de Bella cuando le oyó decir aquello. Era como si un placer agridulce le asaetara el cuerpo.

_Vic…-las palabras de Carlisle se interrumpieron en seca cuando Victoria agito una mano ante ellos.

Bella miro con el rabillo del ojo para ver que la mandrágora se hallaba tan paralizada como ella. Victoria se le acerco aun mas hasta que sus cuerpos se tocaron.

_Míralo, Bella-ordeno.

Bella no tuvo mas remedio que obedecer.

_Fíjate en como se le tensan los músculos mientras combate-le susurro Victoria al oído, y Bella sintió escalofríos por todo el cuerpo-. El modo en que sus hermosos cabellos color cobre ondean alrededor de su rostro con casa nueva acometida, casa estudiad movimiento. La belleza de su cara cuando tuerce el gesto en intrépido combate.

Victoria le aparto el pelo del hombro para inclinarse sobre ella y susurrarle directamente al oído. Su brazo serpenteo alrededor de la cintura de Bella en lo que solo podía calificarse como el abrazo de un amante.

_Ahora imagina que todo ese poder de ese hombre se desliza dentro de ti, Bella-algo malévolamente calido y erótico se agito en el núcleo del cuerpo de Bella como para dar mas énfasis a aquellas palabras. El placer era tan intenso que la hizo jadear-. Imagina como su virilidad distiende tu carne de virgen hasta llenarte por completo. Piensa en la sensación de sus manos mientras acaricia tu piel desnuda…, tus pechos…-Bella sentía como si el ya estuviera tacándola-. La sensación de su cuerpo cuando entra y sale del tuyo, dándote placer mientras tu le suplicas mas…

Bella se quedo sin reparación cuando el fuego de un anhelo que nunca había experimentado antes le abraso el cuerpo. Sentía los pechos repletos, pesados. Era casi si pudiese sentir todas las cosas que describía Victoria.

_Imagina los labios de el sobre los tuyos. Su lengua moviéndose sobre tu carne virgen mientras yaces ante el, desnuda y ofrecida a su placer. Su cuerpo pesado y musculoso cubriéndote completamente… Su aliento mezclándose con el tuyo mientras susurra palabras tiernas solo para ti…

El cuerpo de Bella ardía mientras imaginaba las cosas que describía Victoria. Una parte de su ser que siempre había permanecido callada ahora gritaba que deseaba a Edward. Hambrienta y necesitada, aquella voz interior la lleno de pánico.

_Suplicamelo, Bella-de pronto no fue la voz de Victoria la que oyó en su oído, sino la de Edward-. Suplicame que el te haga suya.

_ ¡Victoria!-el grito resonó entre la multitud silenciosa cuando Edward atravesó con su espada el cuerpo del pobre Mike, haciendo que Bella parpadeara por primera vez desde que Victoria se le había acercado.

Sin ninguna muestra de compasión o remordimiento por la vida que acababa de arrebatar, Edward arranco la espada del pecho de Mike y no presto ninguna atención al hombre que cayo muerto a sus pies mientras se volvía hacia ellas.

Un instante después, estaba ante Bella, su espada y su mano cubierta de una sangre muy roja semejante al intenso escarlata del vestido de Victoria.

Bella alzo la mirada hacia el rostro implacable de Edward mientras las imágenes de Victoria continuaban sucediéndose a través de su mente. Ya podía sentir el peso del caballero negro contra su cuerpo. Sentir como le tocaba los pechos. Sentir su frió beso de nuevo.

El la miro, y algo abrasador fulguro en sus negros ojos.

Bella sintió su deseo por ella con la misma intensidad con que sentía el suyo por el. Edward no se movió, no hablo mientras sus ojos la penetraban. La atravesaban. Era como si en la sala no hubiese nadie más que ellos.

Victoria rió cruelmente un instante antes de que arrancase el vestido azul pálido de Bella y expusiera su cuerpo desnudo a todos los presentes.

Bella se encogió ante la súbita corriente de aire frió sobre su piel. Con todo, seguía presa del hechizo de Victoria que la dejaba incapaz de moverse. Que le impedía huir corriendo del horror de aquel instante.

¡Era como estar atrapada en una pesadilla!

Con una mueca de odio, Victoria la mando de un empujón hacia Edward, quien la estrello contra su duro pecho. Su armadura se le clavo en la carne y la dejo helada. Bella quería gritarles a todos, pero de su boca no salio ningún sonido.

_ ¿Serias capaz de llevar a esta pobre criatura a tu cama?-pregunto Victoria cruelmente-. ¿Tan necesitado estas de una mujer, Kerrigan?

Desnuda expuesta a los ojos de todos mientras se reían de ella, Bella se horrorizo y sintió que la vergüenza le desgarraba el alma. Ojona hubiese podido marchitarse y morir allí mismo. Pero Edward no se rió de su humillación.

En lugar de eso maldijo a Victoria mientras estrechaba a Bella entre sus brazos. Un instante después, había desaparecido de la sala y estaban en un habitación que Bella no conocía.

De pronto el cuerpo de Bella volvió a estar bajo su control. Se apoyo en el hombro que la abrazaba y grito cuando el horror de todo lo sucedido la consumió.

_Calla, Bella-le susurro Edward al oído, mientras la apretaba contra su frió cuerpo-. Todo va bien. Ahora estas a salvo.

_No-balbuceo ella con un estremecimiento-. He muerto y he ido al infierno. Este lugar tiene que ser el infierno.

Lo aparto de un empujón mientras los pensamientos se atropellaban en su mente. Bella intento encontrarles algún sentido, pero las emociones que sintió al revivir su horror eran demasiado intensas para que pudiera entenderlas.

_Estas cubierto de sangre-dijo, al reparar en el rojo que manchaba la armadura negra de Edward, como en asado al que hubiera dejado demasiado tiempo en el fuego -. No vacilaste en matar a ese pobre hombre. Sabias que no tenia ninguna posibilidad contra ti, y aun así luchaste. Lo mataste únicamente para divertir a Victoria.-sacudió la cabeza mientras la imagen de la violenta muerte de Mike se repetía una y otra vez en su mente-. Eres el mismo diablo.

Edward la miro con un rostro inexpresivo y dio un paso atrás mientras una negra capa de piel aparecía sobre el cuerpo desnudo de Bella. Ella se la habría quitado, pero no se atrevió a hacerlo. Era lo único que salvaba su dignidad, dadas las circunstancias.

Edward no dijo nada mientras la observaba con aquellos ojos carentes de emoción.

_ ¿No lo niegas?-pregunto ella con voz acusadora.

_No-murmuro el-. Estas en el infierno y yo soy el diablo que te mantiene prisionera aquí.

Una negativa silenciosa vibro en la mente de Bella. Aquello no podía estar ocurriendo.

_Quiero ir a casa.

El sacudió la cabeza.

_Deberías haber ido con Jasper cuando tenías ocasión de hacerlo. Ahora ya es demasiado tarde. Elegiste venir conmigo por voluntad propia, y conmigo permanecerás hasta que ya no tenga necesidad de ti.

Bella se trago las lágrimas que se negaba a derramar. Ya había sedo lo bastante débil antes de ellas. Las lágrimas permanecerían al pasado.

En ese momento, odiaba a Edward y a todas las criaturas que moraban allí.

_No puedo creer que un instante de descuido pueda bastar para arruinarme la vida.

El dejo escapar una risita malévola.

_Todos tenemos que cargar con el peso de nuestras acciones, mi señora, tanto si han sido meditadas como si no.-sus ojos volvieron a la opaca negrura habitual-. Aquí podrás descansar tranquilo. Nadie te molestara.

Bella paseo la mirada por aquella fría habitación del color del ébano en la que no había nada invitador que le diera la bienvenida. Le recordó el negro caldero de una bruja.

_ ¿Dónde se encuentra este lugar para que pueda estar a salvo?

_Es mi dormitorio.

Tras decir estas palabras, Edward se disolvió en una nube de humo y desapareció.

Bella volvió a recorrer con la mirada aquella oscura habitación repleta de malos presagios. No había calidez alguna en ella. Ningún fuego ardía en el hogar. La cama de Edward era enorme y estaba cubierta de pieles negras, pero aun así, no parecía cómoda. No había sillas, ni mesa. Nada. La gran habitación estaba vacía.

Como los corazones de los monstruos de Camelot.

Si, todos eran unos monstruos. Todos ellos.

_Tengo que escapar-susurro. Pero ¿Cómo? La única manera de hacerlo que conocía era la que le había contado Magda.

¿Podía atreverse a confiar en uno de ellos?

¿Podía atreverse a no hacerlo?

Bella cerro los ojos y deseo estar de nuevo sentada ante su telar. Intento convencerse a si misma de que todo aquello era una pesadilla y que si quería podría despertar de ella, pero con cada palpitante latido de su corazón, comprendía que no era un sueño. Era su vida, y los de abajo tenían intención de arrebatársela.

_No os saldréis con la vuestra-le dijo en voz alta a la habitación-. ¿Me habéis oído? Soy Bella de Cork, aprendiza de maese Rufus de Londres, y no me dejare vencer por unos monstruos como vosotros. Yo…

"No soy mas que una campesina"

Las palabras hicieron coro alrededor de su cabeza y parecieron reírse de ella.

Si, era una campesina, pero también era una superviviente, y no se dejaría vencer por unos monstruos. Nunca. Bella aun no había dicho la última palabra. Encontraría el camino de vuelta a casa costara lo que costara.

Edward no se atrevió a regresar a la sala del trono. Con lo furioso que estaba, podía matar a Victoria.

O intentarlo al menos.

Al final del día, ya sabia que le seria tan imposible acabar con Victoria como a ella acabar con el. Habían llegado a un punto muerto.

Ambos inmortales. Ambos poderosos.

Ambos aborrecibles.

Pero Victoria tenía una ventaja. Ella conocía el origen de la inmortalidad de el en tanto Edward no sabia nada acerca de la suya. No tenia ni idea que le había dado sus poderes.

Victoria sabia cual era el punto débil de el. Y, para tomar prestada una expresión de siglos venideros, ese lo cabreaba un montón.

Edward se materializo en el techo de Camelot y empuño su espada. Se sentó en el lugar mas alto para poder clavar la mirada en la oscuridad de aquella tierra sobre la que reinaba. Cuando puso los pies allí por primera vez, disfruto inmediatamente con sus recién encontrados poderes y todo el placer y las riquezas que le dio Victoria. La hechicera lo había llevado a su cama y hecho realita hasta el último de sus deseos.

Joven e inexperto, Edward se había hecho hombre en ese lugar, bajo la implacable tutela de Victoria.

Ella le había mostrado prodigios que ni en sueños hubiese podido imaginar. Dragones y gárgolas a las que dar órdenes. Rameras para que se divirtiese a su antojo con ellas. Aviones que volaran a través de cielos llenos de edificios que dejaban en ridículo a las montañas. Magia que podía convertirlos en la bestia que eligieran. Y sexo en estado puro, tan intenso y abrasador que más de una vez temió fuera a incinerarlo.

En aquellos tiempos, Edward había sido un peón ávido de que Victoria lo utilizara.

Pero todo aquello había quedado atrás. Sin saber muy bien como, Edward se había hartado de aquel reino.

Estaba harto de Victoria y sus niñeras.

"¿Por qué ibais a querer gobernar el mundo?" La voz de Bella se burlo de el desde las neblinas de su mente, y Edward decidió responderle con la verdad que le había ocultado antes.

_Porque estoy harto de este-dijo

Aquí solo había una profunda insatisfacción que crecía casa día que pasaba. Por eso encontraba tan fascinante a Bella. Ella era nueva. Fresca.

Con el tiempo llegaría a encontrarla aburrida como aquel mundo.

_Hazte con la mesa y matala-jadeo. No tenía por que perder el tiempo pensando en otras cosas. Como todo lo demás en la vida, Bella era un peón hecho para ser usado y del que prescindiría en cuanto dejase de serle útil.

Nada más, nada menos.

Y sin embargo, incluso mientras aquellas palabras revoloteaban a través de su mente, una pequeña parte de el protesto. Edward no sabia que la había elegido para ser la madre de un Merlín, pero fuera lo que fuese también la había hecho excesivamente atractiva para el.