Capítulo 9 - Preguntas
Cuando Eren me encuentra, estoy preparando la cena. Seguramente tendría más sabor si la cocinara él, pero no iba a despertarlo solo por eso. Por suerte, tuvo el tino de bañarse antes de venir. Tiene puesto su pijama y por un instante pienso en que todavía es un niño; no sé por qué pienso eso, no es una idea feliz, considerando las circunstancias.
-Buenas noches. –Digo, sin apartar la vista de la sartén que estoy manipulando.
Se acerca y temo que vaya a abrazarme ¿por qué eso me causaría temor? Como sea, no lo hace. Se detiene al llegar a una mesa que hay en el medio de la cocina, al menos a un metro de mí.
-Buenas noches, Capitán Levi. ¿Cómo está su pie?
-Bien. Estúpidamente esguinzado, pero bien. ¿Vos cómo te sentís?
-Creo que ya me recuperé. Solo me duele… bueno, ya se imagina. Pero me siento bien. ¿Cuánto tiempo dormí?
-Incluyendo los ratos que estuviste despierto, estuviste en la cama más de 24hs.
-Guau. Lo siento mucho. Hasta el final solo soy un peso para usted.
Lo miro. No quiero pensar en eso del peso y no sé qué.
-Podés dejar de ser un peso ahora mismo. Lavá esas papas, se ven asquerosas.
-Sí, señor.
Tiene sus respuestas automatizadas. Pienso en cuando yo ingresé en la Legión. No incorporé este maldito "sí, señor" ni hasta el día de hoy. Eren es un soldado ejemplar. Ja.
Lava las papas en el fregadero, que también está a bastante distancia de mí. De nuevo huele a jabón, igual que yo. Ambos tenemos el pelo todavía húmedo y eso me trae recuerdos y estoy a punto de dejar quemarse las cebollas caramelizadas que estoy haciendo. Me doy cuenta a tiempo y las saco del fuego.
-¿De verdad Erwin está elaborando un plan? ¿Cuándo sabremos de qué se trata?
-Dijo que vendría mañana. Si hay algo que ese bastardo sabe hacer, son planes. Así que tenemos que confiar.
-¿Para qué necesitaba a Armin y a Mikasa?
-Que me parta un rayo si lo sé. Se le habrá dado por los mocosos a él también.
De inmediato me arrepiento de lo que dije. Lo miro horrorizado, esperando su enojo. Sin embargo, no me está viendo. Se ríe bajito y sigue concentrado en las papas.
-Armin es muy inteligente. Antes de conocer al Comandante, Armin era la persona más inteligente que yo conociera. Creo que podrá ayudar a diseñar el plan.
-¿Ah, sí? ¿No es mucha expectativa para un niñato?
Quizás esta punzada sean celos. Si mi pie estuviera bien, patearía algo nuevamente. A veces me sorprende mi propia imbecilidad.
-No sea así, Capitán. Armin puede sorprenderlo. Ya verá.
-Ojalá. -Murmuro.
-¿Y qué podrá ser el plan? La expedición fue un fracaso por donde se lo mire. No se me ocurre cómo puede presentarla Erwin para que las autoridades la consideren de otro modo.
-Te impresionaría lo que es capaz de planear ese tipo. Ni pienso intentar adivinarlo.
Volvió a reírse, esta vez más fuerte.
-Usted confía mucho en el Comandante, ¿no es así?
Siento el calor subiendo a mi rostro y me pregunto si me estaré ruborizando. Por todos los diablos espero que no, mierda.
-Por culpa suya estoy metido en esta guerra eterna. No me queda otra que confiar.
Me parece que querría preguntarme sobre esto, pero ninguno de los dos continúa hablando. Cocinamos en silencio. Ignoro cómo sabe qué plato estoy haciendo, tal vez porque debemos de haber comido lo mismo todas las veces que cociné yo durante el mes pasado. Como sea, cumple con las actividades correspondientes y, cuando todo está listo, me sugiere sentarme en la mesa y esperar a que él me sirva. Así lo hacemos y, desde la silla, lo observo llenar los platos y traérmelos. No pone uno frente al otro, ni juntos. Pone su plato en el último lugar donde se sentó antes de la expedición: en diagonal conmigo, a una silla de distancia. Trato de entender por qué hace esto y no doy con ninguna buena razón. El comedor está lleno de fantasmas.
-Está muy rico, Capitán. ¿Dónde aprendió a hacer este plato? Le sale muy bien.
Es un halago absurdo. Si no me saliera bien la única cosa que cocino, sería verdaderamente lamentable.
-No me acuerdo.
Me mira durante un rato.
-¿No lo aprendió de alguien que le cocinara de pequeño?
-Nadie me cocinaba de pequeño. -Respondo rápidamente.
Nos quedamos en silencio de nuevo. Trato de identificar cómo aprendí esto. Creo que me lo enseñó Hange. Sí, fue ella. Durante mis primeros dos meses en la Legión logré esquivar mis deberes culinarios, pero al tercero me atraparon y me mandaron a la cocina, donde yo no tenía idea de qué hacer. Básicamente sabía hacer arroz y fideos con aceite, y lavar las frutas que me comía, no mucho más; pero, desde que estaba allí, siempre había habido comidas más elaboradas que eso. Hange, por algún motivo inexplicable, se había apegado a mí y enseguida descubrió mi falta. Sonrío, pensando en que ella suele estar ahí cada vez que aparecen estos problemas cotidianos de los que nunca entendí nada. Ahora mismo me vendría bien que estuviera acá y me dijera de qué mierda se habla con un chico con el que acabás de tener sexo, y con el cual compartís la experiencia de la muerte de todo tu escuadrón, mientras se espera saber si la Policía Militar diseccionará al chico en cuestión o no.
Pero Hange no está.
No obstante, veo a Eren jugar con su comida y adivino que está por ser quien comience la conversación de nuevo.
-Capitán… ¿puedo hacerle una pregunta?
-Ya la estás haciendo.
Niega con la cabeza ante mi tonta respuesta.
-Ayer… Bueno, yo fui derrotado. Me dejé llevar por mis sentimientos, no lo pude evitar. Había perdido. Y alguien me salvó. Fue Mikasa, ¿verdad? Ella siempre me salva. Odio eso. Toda la vida dependí de ella, incluso el día que nos conocimos ella fue la que me salvó al final.
Me sorprende su pregunta. ¿A quién mierda puede preocuparle quién fue el que lo sacó de la boca de esa titán asquerosa? Y en todo caso, fui yo. Mikasa solo colaboró. ¿Esto son celos otra vez? Pero presiento en sus palabras un trauma demasiado prolongado como para responder lo primero que me viene a la cabeza. Trato de descubrir qué es lo que quiere escuchar. No se me ocurre nada.
-La situación era impredecible, Eren. No te culpes por los resultados. Esa tipa sabía manejar sus poderes de titán, vos estás descubriéndolos.
Él reconoce rápidamente mi trampa.
-No es eso lo que pregunté. -Dice, mirándome fijo.
-Creo que esto te preocupa más de la cuenta. Que otra persona a veces te ayude no habla mal de vos o de tu fortaleza. Solo habla de esa persona. Esa Mikasa está obsesionada con vos. Aunque no pueda hacer nada, siempre estará presente cuando estés en peligro, tratando de hacer algo, lo que sea.
Entrecierra los ojos.
-Tampoco es eso lo que pregunté.
Considero reírme pero decido no hacerlo.
-No fue Mikasa, ¿contento? Yo soy el responsable por tu vida ahora. Ya sea para matarte o para salvarte, tengo que estar ahí. Tu amiga fue un gran apoyo, pero fui yo quien lo hizo. Abrí la boca de la titán, te agarré y te llevé conmigo. De ahora en más va a ser así, de modo que, andá acostumbrándote.
Abre grandes los ojos.
-¿No… no le dio asco la baba?
Me quedo viéndolo.
-Por supuesto que sí. ¿Y qué? ¿Te iba a dejar morir por no tocar una baba?
Se encoge de hombros.
-No sé. Debe de haber sido muy desagradable.
-Lo fue. Muchas cosas con vos son desagradables. Pero hay que hacerlas.
Aunque digo eso con total naturalidad, no me lleva mucho tiempo percatarme de que fui grosero. Trato de pensar cómo arreglarlo. No me viene ninguna idea. Si bien él no dice nada, en su cara veo cómo se siente. A veces Eren puede ser transparente.
Ya terminamos de comer hace un rato, así que me levanto y retiro los platos.
-Si pensás que alguna vez voy a dudar antes de ir a rescatarte, en la situación que sea, no entendiste nada.
Tras decir eso, me meto en la cocina y dejo los platos ahí. Salgo de ese lugar de inmediato.
-Lavá los platos. Yo me voy a dormir. Si te tranformás en titán no me importa, ya no hay nadie que pueda salir herido acá si enloquecés, solo yo, y a mí no me va a pasar nada. -Apoyo las llaves del sótano en la mesa. -Si extrañás la ventana, podés subir. Sino, acá te dejo tus llaves.
Subo las escaleras sin esperar su contestación. Vi su cara confundida mientras hablaba y no quiero volver a verla: me traspasará su confusión. Tiene esa expresión que quiere decir que no sabe qué pasa entre nosotros. Yo tampoco sé qué pasa entre nosotros, así que no voy a esperar a que me lo pregunte.
Cuando ya estoy arriba me cambio y reflexiono sobre haberle dado las llaves. En el fondo, esto es un peligro. Él no se transformará -lo conozco lo suficiente para saberlo-, pero así como durante la expedición trataron de raptarlo, ¿por qué no querrían raptarlo acá? Yo debería quedarme cerca suyo en todo momento. Esto que estoy haciendo es una irresponsabilidad. Camino alrededor de mi habitación. ¿Qué debería hacer? No, nunca intentaron raptarlo en el castillo durante el último mes, ¿por qué podría pasar ahora? Bueno, si esa titán está ahí fuera y tiene su equipo de maniobras y tal, ¿quién dice que no nos siguió y vio que estamos solos en el castillo? ¿Cómo saber si de pronto no le parece más fácil llevarse a Eren de aquí antes que esperar a nuestra próxima expedición?
De nuevo, esas irresistibles ganas de patear algo. Me contengo. Y bajo las escaleras. Absurdamente, Eren sigue sentado en donde lo dejé, a pesar de que deben de haber pasado por lo menos veinte minutos. Tan solo está observando su plato, con las manos en el regazo, y, cuando llego hasta allí, levanta la vista hacia mí, azorado.
-Veo que el plato es muy entretenido. Tenés diez minutos para lavar la vajilla y subir a mi habitación. Sino, vengo a buscarte y te llevo de las orejas.
Vuelvo arriba. Habrán pasado seis minutos cuando Eren apareció en la puerta. Intercambiamos miradas pero no decimos nada. Se acuesta de costado, de cara a la ventana, dándome la espalda a mí.
-Buenas noches, Capitán.
Contemplo la silla, que está a mi lado. Lo considero un momento. Luego, camino hasta la cama, dejo a mano mis espadas, y me meto en ella. Por lo menos, esta es de dos plazas y cabemos bien. Él se tensa un momento de la sorpresa de sentirme allí. Primero estoy boca arriba, pero luego giro hacia él y, simplemente, lo abrazo.
Pienso en que es la cuarta vez que acabo durmiendo así, junto a él. Tal vez sea la última. Las oportunidades se condensan en un momento de la vida. Aprieto más el abrazo. Sin decir nada, levanta su mano y toma la mía, que le cruza el pecho.
-Buenas noches. -Digo.
Lo siento aflojarse.
-Buenas noches. -Repite.
Notas de la Autora: Otro capítulo que no salió como esperaba… ya para el 10 sepan que vuelven eventos del canon. Espero que no les haya aburrido la inacción de este capítulo, pero bueno, a veces hay que hablar y comer y hacer cosas normales. Estaré esperando con ansias sus reviews!
