Disclaimer: Los personajes de la saga Crepúsculo son propiedad de

Stephenie Meyer y su casa editorial.

El resto de los personajes son propiedad de "Mirgru"

Advertencia: Posee contenido adulto y lenguaje explícito.

Solo para mayores de 18 años.

Historia original, se prohíbe su copia parcial o total sin permiso del autor

El riesgo de amar

Capitulo 8 - Bella

Accidentes

- Nessie, ya le avisé a tu padre. Pronto estará acá. - Llamó mi atención Paul.

Estaba medio adormecida sobre la camilla. El calmante que me había puesto la enfermera comenzaba a hacerme efecto.

- Nessie, ¿Debemos ponernos de acuerdo en que decirle? - Apremió Seth con temor.

- Diremos que se resbaló al bajar de la camioneta, cuando fue a verme a casa. Así tendremos la excusa de porque la trajimos nosotros. - Concluyó Jacob haciéndose cargo de la situación.

Los demás asintieron con la cabeza a la vez que me veían con ojos apenados.

- Que no les vea con esa cara que se les cae la mentira. - Susurré a la vez que miraba a Jacob. - Gracias Jake.

- Para que están los amigos. - Sonrió mientras acariciaba con ternura mi mejilla.

- ¿Qué pasa aquí, tanta gente en el cubículo? Fuera, fuera. - Reprendió la enfermera en tono autoritario.

- Yo me quedó hasta que llegue su padre - Le respondió Jacob tomando mi mano. Yo se la apreté agradecida, en verdad odiaba los hospitales, hasta su olor me descomponía.

Desgraciadamente los visitaba con frecuencia, tanto que al fin tuve que contarle de mis correrías al buen doctor Cullen. Por supuesto que me había ganado mis buenas reprimendas, pero también gané un amigo que no me juzgaba por la apariencia y con el que compartía mi verdad. Incluso había aceptado varias veces a realizarme curaciones en su propio hogar. Así es como conocí a Esme, que era una mujer encantadora y a Jasper, con el cuál asistía al club de lectura. Era un chico brillante y sensible.

La que no me caía bien era Rosalie. El sentimiento parecía mutuo. Cada vez que le encontraba, me ignoraba y yo le devolvía el gesto sin más importancia.

Por ello me alegró cuando supe que habían recogido a sus dos sobrinos. En el pueblo todos cotilleaban de ello. Realmente pensé que tendrían el carácter apacible de su tío.

Mi primer encuentro me demostró lo equivocada que estaba. Recordé como se ganó la multa de mi padre. Observaba la escena escondida en una esquina, a la espera que mi padre se marchara para que no me viera con el skate, cuando tras alcanzar al vehículo plateado, vi como tiraba el envase de una gaseosa a la calle como si este fuera su propio basurero personal. Aún sin saber quien era, lo detesté de inmediato, así que no tuve la mejor idea que recoger el residuo y tirárselo adentro de nuevo, ganándome su bronca.

Imbécil, pensé. Luego para males, me lo crucé en el primer día de clases. Ciertamente tenía miedo que me reconociera, pero solo me pidió indicaciones y cuando le miré de frente, el tipo me confundió con un chico. Bien sabía que no tenía unos rasgos delicados, no usaba maquillaje ni esas cosas, pero por Dios… tenía pechos. Ni los brasiers deportivos, ni los enormes buzos podían ocultar su presencia. Este último año, mi cuerpo había pegado un estirón enorme y ellos se habían desarrollado de susto.

No lo podía creer. Primero pensé que era una broma, pero cuando se presentó en la clase de Biología y trató de hacerse el galán, me puse muy cabrona. El engreído creía que todas las chicas estaban tontas por él y yo solo quería boxearlo por haberme confundido con "un chico". Idiota. En verdad tenía unas ganas de aporrearlo de muerte.

Para cuando la hora de almuerzo; ya había escuchado la historia de quienes eran los nuevos y en verdad la mitad de las chicas estaban babeando. Hasta casi se hacían apuestas de quién sería la afortunada de ganar su primera cita o su primer cogida. La verdad que la situación me asqueaba y traté de ignorarlo lo más que pude. Sin embargo me crucé varias miradas, en donde mi resentimiento ganó terreno. Se desenvolvía creyéndose la gran cosa, y de revancha no dudé en hacerlo sufrir en la pista de carrera.

Cuando llegó la tarde, descubrí a su hermana Alice, refunfuñando en el estacionamiento de la escuela por que el infeliz de su hermano la había dejado a pie. Como tenía clase con Jasper, les dije que los alcanzaría hasta su casa y así fue que pudimos charlar un buen rato.

En verdad era una chica agradable y muy simpática, Nada que ver con su hermano. Me invitaron a tomar un té helado en el jardín y me disponía a compartir un rato con ellos cuando escuché lo que Edward pensaba de mí. Ni decir que me fui como un rayo. Nunca nadie me dijo algo parecido, aunque si tal vez lo pensaran.

Mis pesares se fueron disolviendo en el dulce apretón de Jacob a la vez que una cara conocida, descorría la cortina.

- Bella, Bella. ¿Que te ha pasado ahora? - Dijo el doctor Carlisle Cullen, a la vez que se ponía los guantes. - Hola Jacob. - Agregó amablemente.

- Hola Doc. Ya le sacaron unas placas, Creo que es su hombro. - Contestó Jake. Tantas veces me había acompañado a su consulta que ya se tuteaban.

- Si el doctor Strada me acaba de mostrar. Te has dislocado el hombro Bella. Podría ser más grave y necesitar una intervención, pero como yo conozco de memoria tu historial, me arriesgo a decir que preferirías que el quiropráctico te lo coloque. - Consultó mirándome directamente a los ojos.

- Supongo que va a doler. ¿ Verdad? - Contesté mordiéndome el labio.

- Si. Pero la recuperación es significativamente más rápida. - Sonrió al expresar esto, sabiendo como me ponía estar hospitalizada. En verdad me conocía bien.

- Como dijiste "Doc." Ya conoces mis preferencias. - Le dirigí una mirada cómplice.

Se dio vuelta, llamando al quiropráctico por el comunicador y luego se volvió palmeando el hombro de Jacob.

- ¿Y cuál es la historia oficial de hoy? - Preguntó como si tal cosa.

- Se resbaló al bajar de la camioneta. - Dijo Jake sonriendo.

- Hay Bella, no puedo creer que aún se crea semejantes mentiras. Debe creer que eres la adolescente más torpe del planeta y en verdad me siento culpable de ocultar tantos misteriosos accidentes. Si no tienes cuidado, en verdad me veré obligado de poner al tanto a tu padre de estas tonterías. Esta vez fue el hombro, la próxima puede que no corras con tanta suerte. - Me reprendió Carlisle serio.

- Charlie se cree lo que le conviene creer. Además me estaba cuidando, Uso los protectores, el casco. Todo está bien. No le alarmes. Sabes que no resistiría volver con mi madre. - Fijé mi mirada con intensidad, lo que siempre le convencía. Suspiró.

- Esta bien Bella. Una vez más no voy a hablar. Pero debes prometerme que te mantendrás alejada del peligro. Es la tercera vez que te veo en dos meses y ya perdí la cuenta en lo que va del año. Cortadas, excoriaciones, contusiones, quebraduras. - Se apresuró a enlistar.

- Solo fue un dedo. - Le corté moviendo ligeramente el meñique.

- Eres imposible. - Reprendió Carlisle a la vez que se alejó meneando la cabeza.

No pasó mucho hasta que apareció el especialista. Me colocaron un nuevo calmante y me explicó el procedimiento.

- No me dejes sola. - Miré hacia Jacob.

- Nunca dejaría mi chica sola.- Contestó con su enorme sonrisa.

- Que no soy tu chi …. - El alarido que se escapó de mi garganta fue estruendoso. El quiropráctico aprovechó mi distracción para poner en lugar el hombro de un solo movimiento seco.

Como respuesta, al segundo el cubículo de la guardia estaba atestado de personas. Carlisle y mi padre entre ellos.

- Bella, mi Dios, niña ¿Qué te pasó? - Se apresuró a decir mi padre, con el rostro contraído por la desesperación.

- Todo bien Charlie. - Me apené de llamarlo así ante tanta gente.

- Tenía el hombro dislocado. Se resbaló y cayó mal. - Mintió Carlisle por mí. Le miré con agradecimiento. Luego continuó. - Unos calmantes y una escayola por unos días es suficiente.

- ¿Cuándo puede ir al instituto? - Preguntó Seth.

- Tal vez dentro de tres días al menos. Ven en ese tiempo, sacamos una nueva placa y veremos. - Explicó Carlisle.

- No es que tenga apuro de volver, pero no quisiera atrasarme cuando recién empieza el año. - Agregué desganada. La verdad era que teníamos una competencia de motos el fin de semana y todos se preocupaban por si podría correr, pues habíamos apostado bastante dinero.

- No te preocupes. Le diré a Jasper que te tenga al tanto y ahora que tengo mis sobrinos Alice y Edward, les pediré que te lleven los apuntes. - Ofreció Carlisle con bondad.

- No. En verdad. No hace falta. - Solté algo histérica. Ni de miedo aceptaría ayuda del estúpido de su sobrino.

- ¿Edward? ¿Eddy está aquí? - Preguntó Jacob sorprendido.

- Si. Vivirá con nosotros hasta la mayoría de edad. ¿Le conoces? - Se apresuró a consultar Carlisle.

- Oh si por cierto que sí. Éramos muy amigos cuando niños. Dile que se pase a verme. - Jake echaba chispas de la emoción.

Diablos no solo encandilaba a las chicas, sino que era amigo de Jacob. Mi puchero empezaba a hacerse notar.

- Te duele, cariño.- Preguntó Carlisle al verme.

- Si duele. - Contesté por impulso. Dolía haber conocido a Edward Masen.