Disclairmer: Tanto la historia como los personajes me pertenecen, cualquiera que quiera publicarla en otro sitio necesita de mi autorización. Este fics también está publicado en Potterfics.

Summary: Priscilla Witman, una chica con un poder excepcional que odia, siente que su vida es un asco, pero no podía estar más equivocada. Luego de conocer a Benjamin Rusin su mundo se quiebra para dar lugar a una pesadilla de la cual no sabe si podrá escapar. La única certeza que tiene es que su don la ha conducido a aquel destino desalentador. T por escenas de violencia.


Capítulo 8: Bendición o maldición

Alguien me había escuchado, porque en menos de lo que esperaba nos encontramos nuevamente en la anterior situación, Benjamín tomando mis muñecas, su rostro demasiado cerca del mío, y yo con el muro pegado a mis espaldas.

Recordé que después de haber salido del aula, la primera vez que él me había matado, me había preguntado si las próximas experiencias de este tipo serían cada vez más horrendas. Y la respuesta era sí, la tercera fue peor que la segunda, y ni que decir que la primera. Volví a desear haber muerto en ese accidente, me hubiera ahorrado todos estos pesares y dolores.

-¡¿Cómo demonios lo haces?!- preguntó él entre dientes sobresaltándome.

Alcé la vista ¿Cómo sabía él lo que había ocurrido? No le respondí, todavía seguía demasiado alterada por lo que Benjamín me había hecho momentos atrás.

Fue lo mismo que el viernes en el aula, sólo que en ese entonces no sabía lo que hacía, pero ahora sí. El quería mi sangre, y no sólo la quería sino que la deseaba.

Era repugnante.

Cuando lo miré, sus ojos ya no eran negros, sino que tenían el mismo tono acaramelado y compasivo de siempre, aunque mucho más claro y dulce. Me sorprendí al verlos ya que no encajaban con la cara de enfado que tenía, ni con la voz cabreada, pero esa pasividad me dio coraje para contestar.

-No sé de qué me hablas- susurré intentando sonar confundida y sorprendida.

-Si lo sabes, lo sabes perfectamente- siguió- Lo hiciste el viernes pasado en clase, también- me acusó con voz inquebrantable y perdiendo un poco los estribos.

¡No! ¿Cómo lo sabía? ¡Era imposible que se hubiese dado cuanta! Si siempre, al retroceder, la única que recordaba era yo ¿o no? Las demás personas no se percataban de nada, para ellas era como si ese momento nunca hubiese sucedido.

Intenté no alterarme y pensé en como safarme de responder.

-Y tú, chupasangre ¿Qué se supone que eres?- lo miré fríamente.

El apodo había salido de mi alma, no tenía intenciones de llamarlo de esa forma, pero mi último recuerdo de Benjamín era exactamente eso, él chupando mi sangre.

-Dijiste que ya lo sabías, no necesito explicártelo entonces- contraatacó rápidamente.

Maldito idiota!- grité en mi fuero interno. Su mente era demasiado rápida para la mía, yo debía pensar mucho para poder mantener mi postura, pero él parecía tener una respuesta a todas mis preguntas.

-Pero yo no sé nada sobre ti, y me lo dirás- demandó, su mirada dejaba claro que no tenía escapatoria.

Me estaba acorralando, no sólo físicamente. Me quedaban dos opciones y no quería usar ninguna de las dos. Me mordí el labio ¿Le mentía o le decía la verdad? Y en caso de ser esta última ¿Cómo se lo diría? Medité por unos segundos ¿Cómo reaccionaria una persona si le dijeran lo que yo puedo hacer? Se reiría y me llamaría loca, si eso pasaría con una persona cualquiera, aunque en este caso hablábamos de Benjamín, alguien no tan común.

Mientras yo pensaba los ojos de Benjamín no dejaron de escrutar mi rostro y cada vez se notaba más impaciente. Tomé aire y suspiré, nos miramos fijamente por un tiempo que parecieron horas.

-Puedo estar así toda la noche, no te voy a dejar ir hasta que me lo digas- amenazó insistente.

-¿Por qué estás tan interesado en saber?- solté sin pensarlo.

Enmudeció, al parecer era la única pregunta a la cual no podía responder o talvez si podía pero no quería hacerlo.

Alcé las cejas desafiándolo a responderme, ahora era él el atrapado.

-¿Te comieron la lengua los ratones?- pregunté sarcástica imitando sus anteriores palabras.

Él frunció el seño y se alejó unos palmos de mí.

-¿Por qué debo responder a esa pregunta si tu no respondes a las mías?- preguntó ladeando la cabeza.

Al parecer esta conversación iban a ser muchas preguntas hasta que uno de los dos cayera y hablara de una vez, tenía claro que esa no iba a ser yo.

-Tú misma lo dijiste hoy, en nuestra clase, el que primero pregunta es el primero en saber- recordó.

-Yo nunca dije eso- recriminé. Mentiroso, yo no recordaba haberlo hecho.

-Puede que no usaras las mismas palabras, pero el concepto era el mismo- se excusó.

Me estaba volviendo a enojar ¿Qué tenía que ver lo que yo había dicho hace horas con respecto a nuestra conversación?

-Eres un mentiroso y además no viene al caso, vas a contestarme ¿Sí o no?- quería saberlo ¿Por qué le interesaba tanto mi don y como lo había notado?

-Todavía no has respondido a mi primera pregunta, creo que tengo derecho a saber yo primero- respondió, alzo las cejas y me miró con una cara que no pude entender.

-Sólo si tu respondes la mía, me contestaras ¿sí o no?- sabía que estaba siendo infantil, pero necesitaba sólo esa respuesta y luego yo sabría su secreto o le arrancaría la verdad a la fuerza si era necesario.

Alzó su mirada al cielo, como un profesor que le intenta enseñar algo a un alumno y este no lo entiende a pesar de ser muy simple, y luego soltó un suspiro.

-Sí, si lo haré, pero en otra ocasión- dijo, no era la respuesta que yo quería y cuando agregó esto último sentí una gran desilusión, yo era una persona de palabra, y ahora debería callar todas mis preguntas porque ya estaba dicho, hoy no podría sonsacarle nada más.

-Ahora empieza a hablar- dijo y volvió a acercarse a mí, apoyó los brazos en la pared uno a cada lado de mi cabeza y agachó su rostro para que quedase justo a la altura del mío. Si alguien nos estuviera viendo diría que estábamos a punto de besarnos en vez de lo que en realidad pasaba.

Sus ojos se posaron en los míos mirándome intensamente y volviéndome a dejar deslumbrada, su cercanía me estaba afectando demasiado.

Los perfectos rasgos de su cara me deslumbraron en sobre manera y me hicieron desear acercarme más a él, rozar mis labios con los suyos, quería saber si eran tan suaves como recordaba que eran los de mi anterior novio, quería saber que sabor tenían. A la vista parecían delicados y muy atrayentes.

Me di cuenta, muy tarde, de que había dejado de respirar y ahora me faltaba el aire, fue en ese instante cuando recobré el sentido y me maldije a mi misma por haber pensado todas esas estupideces acerca de la perfecta y sensual persona que se encontraba a centímetros de mí.

También noté que había perdido, ahora tendría que responder a su primera pregunta que era lo que yo no quería hacer.

-¿Cómo lo haces?- dijo lentamente. Su voz era como un siseo pero mucho mas suave, parecía estar seduciéndome, y lo estaba consiguiendo…

Levanté un dedo, como diciendo que necesitaba un minuto y cerré los ojos, tenía que pensar y él no me ayudaba en nada.

El silencio nos copó y volvía a respirar como antes, sentía la presencia de esa extraña sensación, como siempre me pasaba cuando estaba cerca de él, pero esta vez no era tan intensa como antes, es más casi ni la tenía. Estaba confundida, hoy por la tarde nos encontrábamos a más de treinta metro de distancia y la sensación era tremendamente fuerte, pero ahora, que estábamos a menos de quince centímetro, casi no la sentía ¿Era eso posible?

-No sé cómo explicarlo- comencé, era cierto, al no habérselo dicho nunca a nadie no sabía como decírselo.

-Te escucho- susurró.

Intenté no volver a mirar sus ojos, no quería caer nuevamente en ellos.

-Hace tres años, un día cualquiera, yo debí haber muerto en un accidente…un auto me atropelló- intenté no dar muchos detalles del hecho, ya era suficiente que yo recordara perfectamente todo.

-¿Qué paso? ¿Por qué no moriste?- era la primera vez que lo había escuchado hablar con un deje notable de curiosidad.

-Lo mismo que la semana pasada, y lo mismo que recién… es como si las cosas retrocedieran… como si estuviese viviendo una película y cuando muero, la escena se retrocede y me deja cambiar el suceso, ya que yo se lo que se avecina y es obvio que no quiero morir- contesté, pero no sabía si él lo había entendido- Pero es algo que no puedo controlar, no está en mis manos poder volver atrás todo lo que quiera, sólo pasa en esos momentos y sin previo aviso…- mi voz se fue esfumando.

El silencio volvió a envolvernos, Benjamín parecía reflexionar con todo lo que le dije, aunque su rostro denotaba no estar totalmente satisfecho.

-Es como una bendición, no puedes morir- susurró y sentí nuevamente su mirada en mí nuca. Yo seguí con la vista clavada en mis zapatos.

Una de sus frías manos me tomó por la barbilla y no pude hacer nada para que él no pudiera elevar mi rostro. Tragué seco, se veía demasiado perfecto.

-Yo lo definiría de otro modo, no tienes idea lo que es recordar tan claramente como me has matado ya dos veces- agregué con el mismo tono de voz que el suyo- es como una maldición.

Él afirmó moviendo su cabeza arriba y abajo muy lentamente y sin dejar de mirarme.

-Es cierto, la inmortalidad es la peor desgracia para alguien- repuso calladamente.

-Y ¿Cómo sabes tú eso?- pregunté confundida.

-No responderé a tus preguntas esta noche-.

-Pero lo harás- afirmé.

-Algún día lo haré, pero ahora tengo mucho en que pensar, me has dejado con muchas preguntas Priscilla, pero es tarde, y debes volver a casa- respondió.

-No tengo sueño- era cierto, el paseo nocturno me había despertado mucho, aunque claro, él si podía estar agotado, y si quería que mañana respondiera a mis cuestionamientos lo debía dejar ir.

-¿Mañana vendrás?-pregunté haciendo un gesto para referirme al instituto.

-Supongo- no era una afirmación, pero me contentaba con una suposición.

-Entonces hasta mañana- lo saludé, Benjamín me liberó y yo me alejé lo antes posible, pero me di la vuelta no debía olvidarme una cosa- Benjamín ¿Podrías prometerme no decirle nada a nadie sobre eso?- sabía que no debía confiar en la palabra de la persona que ya me había matado dos veces, pero se lo pregunté de todas formas.

-Descuida, se guardar un secreto y espero que tu también lo hagas- dicho esto se volvió y caminó campante hasta el bosque y yo retomé el camino hacía mi casa.