Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 8: Peligro
--Que poco me conoces Jacob—dije ajustándome los viejos pantalones de mi padre—Si de verdad piensas que me voy a quedar tranquilita en mi casa, estás muy equivocado.
Recogí mi cabello y lo metí dentro del gorro. Amarré mis botas y cogí un libro que me gustaba mucho de la estantería, metiéndolo dentro del largo abrigo negro que había conseguido rescatar del desván.
Me miré al espejo y sonreí. Con una espada podría haber pasado por un mosquetero.
Nuevamente salí de la casa en absoluto silencio, cada vez me resultaba más fácil moverme en la oscuridad. Agarré mi caballo y pronto me encontré galopando de camino al centro de la ciudad nuevamente. La noche estaba bastante fresca así que procuré envolverme fuertemente en la capa. Aún así me resultó un trayecto agradable, como siempre que cabalgaba.
Miré al cielo. No había una sola nube y las estrellas brillaban como luceros esa noche.
"Qué maravilla" pensé.
Al poco rato ya estaba llegando al callejón, cuando el sonido del galope de caballos me alertó. Miré hacia todos lados buscando algún lugar donde esconderme y lo único que encontré fue un pequeño rincón oscuro a la esquina de la calle. No era lo mejor pero los caballos se escuchaban demasiado cerca como para intentar escapar. Solo rezaba porque no fueran guardias, si me descubrían iba a ser un auténtico caos. Mis dotes de actuación eran tan pobres como los de la mentira.
Oí como doblaban la esquina por dónde yo había venido y hablaban en susurros mientras se bajaban los caballos.
--No debe estar muy lejos—susurró uno de los hombres—lo vi entrando por esta zona.
Cuando por fin divisé sus sombras, me di cuenta de que estaban registrando el lugar, y que si seguían así, no tardaría en ser descubierta. Busqué una salía rápida. Si quería tener una posibilidad de que no me encontraran tenía que dejar el caballo atrás, así que lo até a un hierro que sobresalía de la pared, corrí lo más sigilosamente hacia las cajas vacías que había delante de la casa de un artesano, y me escondí detrás de estas mientras observaba a través de una pequeña rejilla como esos hombres se acercaban. Ahora que los tenía más cerca, comprendí que no eran guardias, pero eso no me tranquilizó. Llevaban las ropas sucias y algo desgarradas. Sus voces cada vez más audibles, se notaban rocas, propias de las personas que beben mucho. Pero lo que más me asustaba era que no estaban desarmados. Llevaban espadas pequeñas y cuchillos extremadamente afilados.
"Bandidos" Pensé.
Maldecí mi propia suerte y el orgullo que me había llevado a no hacerle caso a Jacob. Si salía de esta procuraría no desobedecerlo más. Al menos no tanto.
Estaba tan inmersa en mis cavilaciones que tuve que ahogar un grito cuando uno de esos bandidos golpeó una de las cajas tras las que estaba escondida. Estaba demasiado cerca. El terror se apoderó de mí.
¿A quién buscaban? y lo que es más importante, ¿qué serían capaces de hacer si me encuentran? Quizás como buenos ciudadanos me dejarían marchar sin problemas. Me golpeé mentalmente por ser tan ingenua. Y peor aún, hasta me dio rabia recordar cuantas veces me lo había dicho Anthony. ¿Qué diablos hago pensando en Anthony ahora?
--Aquí no hay nadie—dijo uno de los hombres al otro lado de la calle.
El que estaba más cerca miró de nuevo en mi dirección y traté de hacerme lo menos visible que pude. Se quedó un rato observando y después se giró.
--Aquí parece que tampoco.
--Estamos perdiendo el tiempo—dijo un tercero—os dije que era por el otro camino.
--Si vámonos.
--¿Y ese caballo?
Dejé de respirar.
Silencio.
--Será de algún habitante de por aquí.
Cuando escuché que se estaban alejando, levanté mi cabeza por encima de las cajas para tener mejor visión, pero desgraciadamente me apoyé de mala manera y empujé sin querer una de ellas. Evidentemente, el ruido los alertó, se giraron hacía mí y me descubrieron.
--¡Eh!
Miré hacia todos lados buscando alguna salida, pero estaba atrapada, por lo que mi atención se centró en buscar algo que me sirviera para defenderme, o que me diera la manera de retenerlos y salir de allí. Tanteé el suelo de rodillas, pero no había más que tierra por todos lados.
Se me acababa el tiempo. Estaban a escasos seis metros de mi posición y me encontraba totalmente indefensa.
--¿Vaya vaya, que tenemos aquí?
El que antes se encontraba más cerca de mí, se colocó al frente. Levanté la vista para mirarlo al mismo tiempo en que el extendía su asquerosa mano y me agarraba del sombrero.
--Un jovencito…--me quitó el sombrero haciendo que mi cabello callera por mis hombros—no tan jovencito—sonrió de manera poco agradable.
Los que estaban detrás se rieron presuntuosos.
El muy bruto me agarró fuertemente del pelo y me levanto de un salto, provocando que gimiera de dolor.
--¿Qué hace una jovencita tan bonita por aquí a estas horas de la noche?—dijo enviando oleadas de su fétido aliento a mi cara. Gruñí asqueada.
--¿Quiénes sois y qué queréis?—traté de que mi voz sonara lo más firme posible.
Un estridente sonido hizo eco por la manzana cuando su mano se estrelló contra mi mejilla. Luché por contener las lágrimas que acudían a mis ojos. Esos hombres no debían ver una sola lágrima derramada de mi parte.
--¿Quién te crees que eres para hablarme a mí así?—me tiró del pelo para acercarme más a él.
--¿Qué demonios quieres?—dije apretando los dientes y mirándolo desafiante a los ojos.
Los hombres se echaron a reír.
--La gatita está sacando sus garras—rió—creo que vamos a tener que enseñarles un par de modales—y con la misma estampó sus asquerosos labios contra los míos.
No iba a permitir esto, aún me quedaba dignidad. Mordí su labio inferior con todas mis fuerzas, produciéndole una fuerte cortada y un grito de dolor.
--¡Perra estúpida! ¡Por mucho que lo intentes no vas a salir bien parada esta noche!—dijo mientras volvía a golpearme y a intentar besarme a la fuerza nuevamente. Me estaba mareando. A parte de los golpes, era hemofóbica, y solo ver u oler la sangre me dejaba grogui. Con mis últimas fuerzas, golpeé fuertemente su entrepierna con mi rodilla, logrando que me soltara y se doblara de dolor. Aunque sabía que de nada valía teniendo a los otros dos y que para colmo pronto me desplomaría en el suelo, sonreí con suficiencia, ya que había dejado claro que si hubiera sido solo y no estuviera sangrando, habría escapado. Estúpida mi suerte.
Me dejé caer en el piso y vi como una mano se cernía sobre mí antes de cerrar los ojos esperando el impacto. Pero este nunca llegó. A continuación solo pude escuchar gemidos y gritos de dolor que, extrañamente no eran míos, así que a solos segundos de caer en la inconsciencia, entreabrí los ojos para tener la extraña percepción de que algo salía volando y se estrellaba contra la pared de piedra. En el lugar de donde se había lanzado se hallaba una figura negra como la noche, sus cabellos cobrizos revuelto por el esfuerzo. Reconocí la figura al instante. Sus ojos, apenas perceptible desde aquí, brillaban con un reluciente color rojo que destilaba ira y furia. Pero había algo, algo importante que sabía que estaba ahí pero que no era capaz de visualizar bien. Algo que si hubiera estado en perfectas condiciones me habría dado cuenta enseguida. Algo que no pude averiguar porque de pronto todo se volvió oscuro…
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Poco a poco fui recuperando medianamente la consciencia. Lo primero que sentí era que estaba tumbada sobre una superficie mullida y calentita. Casi estaba considerando que todo había sido un mal sueño cuando fui consciente del dolor que sentía a ambos lados de mi rostro. Llevé mi mano hacia allí y toqué ligeramente, para después sisear por el dolor que eso me produjo.
--No te toques—dijo una voz lejana. En el momento en que la reconocí me relajé.
Abrí los ojos no sin dificultad, para buscarlo. Nuestras miradas se encontraron a través de la habitación. Se encontraba recargado contra la pared con los brazos cruzados observándome atentamente.
--¿Cómo te encuentras?—preguntó deshaciendo su postura y acercándose a donde estaba.
--Bien, aunque algo dolorida.
Vi como se tensaba al escuchar lo que dije.
--Supongo que es normal.
--Tú… gracias por salvarme—le sonreí, aunque inmediatamente hice una mueca de dolor.
--No creo que a eso se le llame salvarte. Mira lo que te han hecho esos canallas.
Aunque sus palabras rebosaban odio y enfado, las caricias que sus manos frías proporcionaron a mi rostro mientras se sentaba en el borde de la cama, eran completamente agradables.
--Pero me habrían hecho cosas peores si no hubieras llegado.
No pareció convencerle.
--El cardenal durara unos cuantos días, no vas a poder ocultarlo. ¿Qué escusa vas a poner?—dijo bastante tenso.
--No lo sé, pero no será difícil, tiendo a tropezarme con cualquier cosa así que no se extrañaran si les digo que resbalé y me estampé contra un árbol.
La intención era suavizar un poco la situación, pero no conseguí sacar ni una pequeña sonrisa de su rostro.
--Venga suéltalo, descárgate, grita todo lo que tengas que gritar—le dije cerrando los ojos un momento para después volver a mirarlo desafiante.
Él lo meditó durante un segundo pero después habló.
--¿Ves como yo tenía razón?—comenzó a dar vueltas por toda la habitación—Sabía que esto era peligroso para ti, que era una manera estúpida de arriesgarse, pero tú no me puedes hacer caso por una vez ¿verdad? no, tienes que irte de cabeza hacia el peligro sin importar las consecuencias. Nunca debí permitirte venir y menos sola—decía mientras se llevaba las manos a la cabeza.
--Para el carro hombre, ¿a qué viene eso ahora? Nunca te ha importado que viniera sola o no.
Me envió una mirada asesina.
--Han estado a punto de matarte Isabella Swan. ¿Cómo es posible que estés tan tranquila?
--No me cambies de tema—le entrecerré los ojos.
--No lo hago, ¿sabes cómo me sentiría si esto hubiera llegado a más?
Se produjo un breve silencio entre nosotros.
--No. No sé cómo te sentirías—me incorporé lentamente de la cama en la que me habían tumbado, lo suficiente para quedar medianamente sentada.
--Me… me sentiría culpable. Culpable de que esto hubiera pasado por mi culpa.
Inexplicablemente esas palabras me entristecieron. Quizás, esa no era la respuesta que esperaba.
Bajé la vista, para que el no viera que mis ojos se llenaban de lágrimas. Culpabilidad. Eso es lo único que él habría sentido si hubieran acabado con mi vida esa noche.
--No tienes que sentirte culpable por mi muerte—dije en un susurro intentando que no se notara mi voz rota—al fin y al cabo la temeraria soy yo ¿no? por lo que solo yo soy responsable de mis actos…
Levantó mi mentón hacia arriba para mirarme intensamente a los ojos en apenas tres centímetros de distancia. ¿Cómo lo había hecho tan rápido?
--No solo me sentiría culpable por no haber llegado a tiempo—dijo lentamente en voz baja. Estaba completamente sumergida en su aterciopelada voz—me sentiría culpable por no haberte prohibido venir, por haber permitido que siguieras viniendo aún sabiendo que era algo arriesgado para ti. Y me sentiría aún más culpable sabiendo que permití todo esto por ser egoísta, porque deseaba verte a toda costa, incluso poniendo en riesgo tu propia vida. Y eso Bella, es algo que nunca me podría perdonar y con lo que no podría vivir.
Mi corazón latía desaforadamente y mi respiración era patéticamente frenética. Sus ojos del color de la miel me tenían completamente hipnotizada, eliminando cualquier pensamiento de mi mente, solo dejándome sentir lo que mi corazón me dictaba en aquellos momentos. Sus labios fueron acortando la distancia lentamente, hasta quedar a menos de dos milímetros de los míos, dándome la oportunidad de negarme, de rechazarlo. Aquello no era correcto, me lo repetía una y otra vez, pero en esos momentos mis sentimientos dominaban a la razón, y fui yo quien terminó por unir nuestros labios en un delicioso beso.
Comenzó a mover sus labios sobre los míos, con tiernas y lentas caricias capaces de derretir todas las partículas de mi cuerpo, grabando con fuego su nombre en mi corazón, de donde ya no podría ser borrado. Mi cuerpo comenzaba a sentirse demasiado débil para sostener la posición en la que me encontraba. Casi como si me hubiera leído el pensamiento, fue empujándome lentamente sobre el colchón, sin romper el beso, colocándose encima de mí con nuestros cuerpos presionados pero sin llegar a sentir su peso en ningún momento. El comenzó a acariciar mi rostro, bajando por mi cuello hasta mi clavícula. Creí que en vez de sangre, corría fuego por mis venas cuando sentí sus dedos helados contra mi piel. Yo no me quedé atrás. Exploré suavemente la piel de su cuello, su mentón, y el comienzo de los pómulos hasta que la máscara me lo impidió. Entonces comprendí que es lo que quería hacer desde hace tiempo. Me separé solo un poco para poder hablar y pegué su frente a la mía.
--Quiero tocarte—susurré contra sus labios y lo miré a los ojos.
Él comprendió enseguida a qué me refería. No le estaba pidiendo que me dejara ver su rostro, solo quería… sentirlo completamente bajo la piel de mis dedos.
Nos miramos por un largo tiempo, pero finalmente asintió.
--Cierra los ojos—me pidió.
Sentí como sus manos se movían sobre su máscara, y después me colocaba la tela negra doblada sobre mis ojos, de manera que no pudiera verle, Una vez terminó y se cercioro de que no podía ver absolutamente nada, mis manos se movieron avariciosas por si rostro. Sus pómulos eran altos y duros, perfectos. Su nariz era recta y proporcionada; sus párpados eran suaves y el tacto de su frente era magnífico. Quizás al no tener el sentido de la vista, el del tacto se agudizaba. Estaba maravillada con su rostro, con lo que el tacto era capaz de proporcionarme. Solo desearía poder verlo. A lo mejor algún día.
Pasé mis manos por todo su cabello. Era suave y sedoso, me producían unas intensas ganas de no parar nunca de tocarlo. Aprovechando que lo tenía agarrado por ahí, lo atraje nuevamente hacia mi boca. Su sabor era increíble, como el néctar vicioso que no podías parar de probar una y otra vez. Lamí ligeramente su labio inferior y él gimió abriéndome paso a su cavidad, donde me esperaba un juguetón inquilino. El beso se hizo cada vez más y más profundo, aumentando el ritmo de nuestras respiraciones y del calor interior de nuestros cuerpos. Sus manos se deslizaron hasta mi cintura y levantó levemente mi camiseta acariciando mi piel descubierta. Me estremecí al tacto, pero no de frío sino de placer. El tener los ojos tapados aumentaba mucho la sensación y creí que iba a desfallecer, cuando tocaron brevemente a la puerta.
--¿Se puede?—preguntó Esme al otro lado de la puerta.
Ambos nos sobresaltamos y tratamos de recuperar la compostura lo más rápido posible.
--Cierra los ojos—dijo mientras desamarraba el nudo de la máscara alrededor de mi cabeza para colocársela él.
--Pasa.
Esme entró con lo que parecía ser una sopa caliente y agua.
--¿Cómo te encuentras, Bella?
Me sonrojé furiosamente.
--Bien, bien.
--Me alegro, estábamos todos preocupados—dejó el plató y el vaso sobre la mesa—tómate esto, te sentará bien.
--Muchas gracias—le sonreí.
--Y bien, ¿qué has decidido? ¿Vas a venir?
--¿Ir? ¿Adónde?
Esme se giró hacia su hijo.
--¿No se lo has dicho?—dijo arqueando una ceja.
--N-No ha surgido la ocasión—respondió Anthony algo nervioso.
--Dentro de tres días vamos a realizar una pequeña excursión al bosque de aquí detrás con los niños. ¿Te apetece venir?
--¡Claro que sí!—me incorporé de golpe—quiero decir, que sería todo un honor.
Esme rió.
--En ese caso, ¿pasamos a buscarte sobre las nueve de la mañana?
Asentí.
--¡Qué alegría!—dijo dándome un efusivo abrazo--¡ya verás que lo pasaremos en grande!—y salió por la puerta.
--Tu madre es una persona encantadora.
--Sí, lo es.
Permanecimos callados sin saber que decir sobre lo que había pasado apenas unos minutos atrás.
--¿Por qué… mejor no te tomas la sopa y te acuestas a dormir? Yo te despertaré antes del amanecer para llevarte a casa.
Asentí y me dispuse a comer. Nadie habló en todo ese tiempo y cuando por fin terminé, me quitó el plato de las manos y me empujó contra la colcha para que me acostara.
Apagó la vela que nos alumbraba y en medio de la oscuridad se puso a tararear una especie de música relajante y hermosa al mismo tiempo, plagada de sentimientos de todo tipo. Así, lentamente fui cayendo en el mundo de los sueños, no sin antes sentir sus labios rozando los míos deseándome dulces sueños…
¿Qué? ¿Les gustó? normalmente no los suelo escribir tan grandes eh? me he esforzado muchisimo por escribirlo y de verdad espero que les agrade.
Ya les dije que las cosas iban a empezar a ponerse interesantes, y cada vez más¡¡ Ven? al final llegamos a los 10 reviews¡¡ no fue tan dificil despues de
todo¡¡ hace dos dias que recibi el ultimo review, siento la tardanza pero es que estoy en esas semanas repletas de examenes y trabajos y ando super
liada. ¿Qué les parece si volvemos otra vez a los 10 reviews? es facil llegar y no nos muchos los que pido tampoco¡¡
Espero que les guste¡¡¡
Diganme que les parecio¡¡¡¡
Besitos, Sele.
