—Muévete, tonto. No pensó perder más tiempo contigo.
—Espera, Helga. No… Ay —, la rubia picó una vez más la costilla del recién desenmascarado Sid y lo obligo a que les mostrara el camino hasta donde se encontraba la mente maestra de todo aquello. La causante del sufrimiento disimulado de la rubia de una sola ceja.
Rhonda Lloyd.
Todavía no cruzaban el acceso, cuando una voz al otro lado lanzó un irritado suspiro.
—Ah, Sid. Creí que habrías un buen trabajo, pero veo que reemplazar a Lorenzo por ti fue una pésima idea… En fin, me atraparon.
Con las manos el alto y una sonrisa medio picara, la chica disfrazada de princesa se puso de pie de la silla en la que había estado sentada. Su fiel amiga Nadine estaba a unos pasos de ella, con un disfraz que parecía asemejar una mantis religiosa.
En cuanto Helga entro dentro del rango de visión, la chica de cabellos negros amplió aún más su sonrisa.
—Antes de que te lances a golpearme, Helga. Te tengo un trabajo que, estoy segura, podrás hacer sin ningún problema.
—No me interesa, princesa… Vaya, veo que te tomaste muy en serio tu apodo.
La mueca en la boca de Rhonda se perdió un poco, pero después volvió a aparecer.
—Vamos, Helga. Puede que tú y Arnold lo hagan mucho mejor que estos losers… ¿Qué tienes que perder? Déjame hablar, y si no te gusta entonces me persigues por todo el bendito laberinto.
La rubia alzó una ceja. No estaba segura de querer dejar que la chica hablara, pero tenía razón en aquello de que no tenía nada que perder.
Tras un fuerte suspiro, soltó a un quejumbroso Sid y entró a la pequeña cabina en compañía de su querido cabeza de balón.
—Miren. La verdad es que esta especie de atracción si fue mi idea. El señor Simmons creyó que sería una buena forma de convivir como grupo y, de paso, aprovechar la noche de brujas para hacer algo juntos, el problema es que necesitábamos probar el "juego" para ver si daba miedo, y viendo que no solo burlaron a uno de mis chicos les propongo algo, ¿por qué no entran al laberinto como monstruos? —, la rubia alzó el lado izquierdo de su ceja. No se veía muy convencida de la propuesta de Rhonda —. Vamos, Helga. Esto es perfecto para ti. Podrás asustar a cuanto niño se te cruce por el camino, y si tienes suerte hasta puede que hagas llorar a algunos. Incluso podría conseguir que unos cuantos mayores entren.
Eso último pareció despertar la curiosidad de la chica con disfraz de novia fantasma. Después de todo lo que habían pasado, lo que más quería en esos momentos era corretear a unos cuantos chicos y hacerles pasar el mismo miedo que había sentido ella.
Claro que antes de aceptar se cruzó de brazos y murmuro.
—¿Solo los dos?
—Oh, claro que no. Para que esto sirva voy a necesitar que todos los del grupo se involucren. Claro que no todos pueden asustar, pero tengo otras cosas planeadas para ellos, como el bueno de Gerald. El sería excelente relatando una historia sobre el laberinto, y Phoebe podría ayudar a Sheena con los efectos especiales… ¿y? ¿Qué dicen? ¿Les gusta la idea?
La sonrisa que Helga dejo ver hizo que la mayor parte de los presentes sintieran escalofríos. Si la verdadera novia fantasma hubiera estado presente, Rhonda pensó que tal vez se habría sentido orgullosa por aquella mueca medio burlona medio cruel que mostró Helga.
—Ya tienes un trato, Lloyd. Más te vale que no te arrepientas.
En ese momento, mientras la chica de una sola ceja le tomaba la mano a su compañera para sellar sus palabras, se le pasó una idea medio loca por la cabeza. Puede que, entre la oscuridad del lugar y el ambiente terrorífico, pudiera robarle a su querido ángel de rubios cabellos un abrazó o tal vez un pequeño beso.
Después de todo, en esa fecha nunca se sabía y Halloween todavía no terminaba.
¡Y se acabó la historia!
Gracias por acompañarme en esta misteriosa y medio peculiar historia de nuestros rubios favoritos.
Ya saben, nada más pasan examenes y días festivos, y regresaré con una nueva parte de "Cuando vuelvas a mí", además de algunos fics extra y puede que historias de otras series.
Nos vemos.
Cuídense.
