CAPÍTULO 9. Besos turbios

— Bankotsu… murmuró consternada la adolescente — yo…jamás me imaginé que tu pudieras pensar así de mí.

— Es que nunca tuve la oportunidad de decírtelo…a solas. Ten por seguro que te estoy hablando en serio.

— ¿En serio? …— exclamó incrédula jugando nerviosa con un mechón de su cabello negro — la verdad…sinceramente siempre creí que te parecía una chica infantil y tímida

— Eres tímida…— aceptó, bebiendo un trago más de su cerveza, sus palabras le salían inmediatamente apenas teniéndolas en la punta de la lengua — pero eso me gusta.

— Ah…— avergonzada hasta el los pies, Kagome giró su cara hacia el otro lado, el ambiente en ese bar entre ellos dos se había vuelto un poco cálido, y ella no podía seguir tolerando sentir sus mejillas ardiendo como el infierno, por culpa de ellas estaba tan caliente su rostros que incluso la alta temperatura de ese podía pasar a confundirse los síntomas con fiebre.

— Pero sabes que es lo que menos me gusta de ti — Bankotsu le paso atrevidamente un brazo sobre sus hombros que a Kagome le resulto bastante Incómodo. Bankotsu para nada notó la mueca de desagrado de la chica puesto que ella no se animaba a observar su rostro, fingía que su bebida captaba toda su atención. Luego Bankotsu ante su extenso silencio mueve sus cejas gruesas esperando que ella volteara a verlo o mínimo que hiciera un ruido que le indicará que si estaba escuchando bien lo que estaba diciendo.

El corazón de Kagome perdió el control siendo que empezó a latir desenfrenado. Ella anhelaba seguir escuchando todo lo que Bankotsu pudiera decir sobre ella y solo sobre su persona, y aunque el hecho de tener que saber que algo no le agradaba a él sobre su persona la desanimaba, estaba dispuesta valientemente a enfrentarlo porque quería conocer a fondo a Bankotsu, oírlo hablar con esa sinceridad exquisita que ignoraba hasta hace poco que tenía.

— ¿Qué? — se tocó el pecho con sus manos enlazadas sobre donde se encontraba su loco corazón, intentando en vano calmar la diástole y la sístole pues a estas alturas casi estaba segura de que Bankotsu podía escuchar sus latidos.

— Absolutamente nada me disgusta…— la observó atentamente sonriéndole. Juraba Kagome que los ojos de Bankotsu habían tomado un brillo cálido, apasionado — eres totalmente perfecta —dijo en un susurro conciliador tomando las manos de Kagome apartándolas con esa delicadeza de su frágil pecho. Las manos de la muchacha no le permitirían acercarse lo suficiente como ya lo estaba haciendo ahora. Con ese movimiento se permitió acercar sus gruesos labios a la boca de Kagome ante su desconcierto. Kagome no reaccionó, ni siquiera le nació las ganas de cerrar los ojos ni de apartarse asustada al sentir el aliento caliente del chico sobre su nariz, mismo aliento que descendió hasta la boca femenina y se transformó en un beso, cuando Bankotsu masajeó con su boca los suaves labios rojos de Kagome.

Ella luego vio impresionada con ayuda de sus ojos humedecidos de la vergüenza, todos los objetos y las personas que estaban detrás de Bankotsu caminando o conversando desinteresados en lo que sucedía a tan solo unos metros. Continuaba Bankotsu presionando su boca con insistencia. Kagome sintió sus piernas vibrar desde la parte inferior de su silla de madera, entonces se percató de que miles de emociones la invadían en el cerebro por aquella escena, en ese lugar y ante esa situación íntima. Sus ojos húmedos rodaron de esa esquina detrás de Bankotsu hacia los ojos de él pero estos estaban sellados por sus delgados parpados, noto por cierto por eso las pestañas sedosas del moreno de trenzas. En realidad tenía un rostro peculiar, no le había dado verdadera importancia antes.

Los labios deliciosamente rojos de Kagome se achicaron más sobre los de Bankotsu, el adolescente supo que era momento de separarse pues se dio cuenta de la súplica silenciosa por querer hacerlo cuando Kagome hizo eso. Por experiencia adivinó que no deseaba la mujer por ahora darle acceso directo a un baile ejecutado entre sus lenguas. Solo permitió un contacto inocente entre los labios deseosos de hidratarse y sentirse. Bankotsu deglutió pesadamente, disfrutando todavía del sabor a cereza que el labial exquisito de Kagome le había proporcionado.

— Yo…— murmuró el hombre impresionado de su acción — lo siento…no debí…

— No…te preocupes Bankotsu — respondió insegura Kagome clavando su mirada confundida en la de él.

— Pero estarás de acuerdo conmigo en que no debí tomarme esa confianza — la miró con una rotunda crudeza que hizo sentir un pinchazo en el pecho a Kagome. Pero la desagradable mirada no fue bajo ningún motivo dedicada a ella sino para él, por lo que había hecho. Sabía de antemano que ella rechazaba cualquier tipo de acto que pasara por alto sus derechos, como la de decidir con quién besarse, esperaba que por lo menos ella no hubiera tomado su acción como una agresión.

— Creo que…— explayó su mirada dispuesta a quitarle el peso de la culpa a Bankotsu, inventando una excusa que no la hiciera ver a ella como víctima.

— Lo lamento... — ofreció arrepentido a Kagome una reverencia en señal de disculpas si es que acaso la había ofendido. Pero Kagome no sabía todavía si exactamente se sentía ultrajada, nada más extraña. El día de mañana u hoy por la noche podría aclarar quizás sus dudas cuando estuviera pensando en lo ocurrido, porque estaba segura de que no podría dormir luego de esto.

Bankotsu en un acto más de imprudencia le acaricio la mano a Kagome que estaba decaído al costado de ella. Le sonrió de nuevo. Así estuvo tres segundos masajeando la mano de la chica que no hacía otra cosa más que observar anonada el movimiento circular que el hombre de trenza le daba.

— Supongo que ya es hora de irnos

— ¿Como? — asombrada y asustada le retiró con cuidado la mano a Bankotsu

— Creo que te arruine la noche con esa manera mía tan desconsideraba de actuar — Yo te acompañare hasta tu casa — no le estaba preguntando, era un hecho que eso iba a hacer, como un perfecto caballero. Pero Kagome ya estaba cansada de enfrentar tantas sorpresas en una misma noche.

— No es necesario — detuvo su intención y se puso rápido de pie.

— Claro que si…— Bankotsu siguió el movimiento de ella y también se levantó de su silla, Kagome percibió entre la media oscuridad del bar que Bankotsu le pagaba al bartender la cuenta. Con eso estaba decidido que le negaría la decisión a ella de irse sola, la muchacha arrugó la nariz inconforme — no quiero que tangas más problemas con tu padre por mi culpa. Aunque muy dentro de mi entiendo la razón por la que se comporta receloso contigo

— Yo nunca he sabido el porque — confesó con tranquilidad simulada. Aparentemente el joven no se dio cuenta de lo contrario le haría miles de preguntas para descubrir porque estaba tan austera.

— Kagome…o eres humilde o eres demasiado despistada — se rio con ganas irritando más a la adolescente. Bankotsu en un movimiento invisible la tomo de la cintura y la obligó a girarse hacia su cuerpo para quedar casi pegado su pecho con el suyo — incluso si yo tuviera una hija tan hermosa…no dudaría en encerrarla en una jaula de oro para protegerla — su mirada recorrió desde los ojos de Kagome, hasta la nariz y al final a sus labios. Kagome volvió a sentir el aire caliente exhalado de la boca de Bankotsu tan cerca de la punta de su nariz, pero esta vez precavida colocó a tiempo sus manos al tórax de Bankotsu retrocediendo su rostro. Bankotsu adivinó otro rechazo.

— ¿Nos podemos ir? — manifestó preocupada.

El chico aturdido no dijo nada más, la soltó despacio otorgándole su libertad y se puso serio. Metió las manos en los bolsillos de su pantalón negro. Después empezó delante de ella a caminar calmado, Kagome presintió que el clima entre ellos ya era tenso, que más daba que sintiera ella o él, lo único que quería era llegar a su casa, descalzarse, retirarse su vestido escotado y pensar, pero para eso tenía que seguirle los pasos.

(…)

Inuyasha solo había acudido con la intención no solo de descartar una posible alianza entre esos dos en su contra, también para cerciorarse de que fueran al lugar que Kagome le había dicho que irían. Fue así. Había cumplido con esa parte, esperaba por ese lado que con esa acción se haya ganado la confianza de Bankotsu. Era de dominio público que Bankotsu no confiaba ni en su sombra, era tan parecido a él en ese sentido. Necesitaba que Kagome lograra en esta primera cita algo de información sobre su trabajo ilegal. Si se ponía lista hasta podían acabar con Bankotsu antes de lo contemplado. Le convenía.

En este instante sobre la carretera en su bici se dirigiría de regreso al hogar de la muchacha para seguirlos vigilando pues había resultado imposible en el bar al no ser mayor de edad para poder ingresar. Kagome presionada por él, le había contado que Bankotsu se había hecho de unas cuantas tarjetas de identificaciones falsas para entrar. Esa si era una prueba evidente de que él conocía a gente que andaba en malos pasos. Si tan solo hubiera una manera de comprobarlo…

Llegó al templo. Dejó caer su bicicleta con fuerza contra el suelo, cerca de una fuente de agua que estaba a un costado del lugar. Él se escondería por supuesto, detrás de un auto Jetta color gris, ya hasta parecía un loco obsesivo haciendo eso pero todo fuera por no ser descubierto y por tener bien controlada a Kagome.

Grande fue su sorpresa al llegar, tuvo que saltar bruscamente de la bicicleta por estar nadando entre sus pensamientos no vio que la moto de Bankotsu ya estaba estacionada al pie de las escaleras del templo. Era de suponerse que llegaría antes que él, aquí lo interesante es que tanto Bankotsu como Inuyasha se marcharon del bar casi al mismo tiempo. Inuyasha se preguntaba enojado ¿qué fue lo que había pasado? Porque se habían marchado tan pronto de su cita. Tan solo había transcurrido una hora desde que se fueron. Regañaría a Kagome si por su culpa resultó un fracaso su encuentro ya que con eso lo estaba perjudicando a él y su misión.

Con más atención su mirada se dirigió escrupulosa a la pareja de muchachos. Ambos estaban conversando apartados uno del otro, a una distancia prudente. Eso no le dio buena espina a Inuyasha cosa que lo molestó. Kagome había fracasado en la misión.

— ¡Maldición! — Chasqueó la lengua.

Bankotsu se aburrió del distanciamiento entre la chica y él. Era momento de acabar con la frialdad que habían impuesto en su relación. Luego de hablar tantas cosas sin sentido desde que llegaron que nada tenía que ver con el asunto de su cita él se dispuso a tocar el delicado tema.

— Espero que te la hayas pasado por lo menos un poco bien. Lo peor que podría pasarme es que no te hubieras divertido aunque sea un poco.

— Estuvo bien…para ser la primera vez — mentía, su mirada esquiva lo decía. Pero no era tan cruel como para decírselo. De todas formas Bankotsu era astuto y fácil se daba cuenta de sus mentiras.

El chico le sonrió de nuevo, por un momento sintió ternura por la chica. Estaba mintiéndole para hacerlo sentir bien.

Con otras mujeres se enojaría pero a ella le daría la oportunidad de "consolarlo" con sus palabras. Kagome no era la clase de chicas acostumbradas a darle la razón al hombre que les gustaba solo para conseguir algo a cambio de su amabilidad, Kagome era la clase de mujer acostumbrada a darle la razón de vez en cuando al hombre para no herir sus sentimientos. Esa era la diferencia…

— Me alegra — sonrió nuevamente Bankotsu — eso hace feliz a mi corazón.

Kagome ante lo dicho, eliminó la expresión que sus labios rectos había hecho. Convirtió ese gesto en una sonrisa sincera.

— Espero que volvamos a repetir la cita.

La muchacha no respondió a la propuesta. Se dedicó a seguir sonriéndole. Entonces Bankotsu retrocedió y le alzó la mano agitándola, despidiéndose. Se subió a su motocicleta Harley-Davidson y antes de partir la miró ilusionado por última vez.

Kagome se quedó afuera de la puerta, despidiéndose también con el mismo movimiento de manos.

Entonces Inuyasha se preparó para salir. Estando por fin solos salió de su escondite. Si Bankotsu hubiera dado vuelta con su motocicleta lo hubiera descubierto pues pasaría por un lado del auto Jetta donde estaba oculto. Fue un milagro de kami, sudó frío de tan solo pensarlo.

Kagome seguía mirando anonadada hacia el camino que Bankotsu había tomado y eso que ya había desaparecido desde hace mucho del alcance de sus ojos.

Inuyasha sintió una de las venas de su frente inflamarse. Esa chiquilla había quedado prendada del mayor idiota del instituto.

Inaudito, una de las más inteligentes del salón, claro está después de él, había sido enganchada por el corazón por un rufián. Que irónico. Jamás se cansaría de burlarse de la posible pareja que formarían en un futuro. Serían su hazme reír. Pero eso podía resultar a la larga peligroso. ¿Qué pasaría si Kagome Higurashi se enamoraba de Bankotsu? Por amor las mujeres podían hacer muchas estupideces, ella no dudaría en traicionarlo con tal de no ver a Bankotsu lejos de la cárcel.

— Mierda no lo había pensado antes — se regañó mentalmente el fotógrafo mientras daba pasos firmes hacía la muchacha quien aún no se había percatado de su presencia, seguía en su trance. Y él seguía subiendo escalón por escalón del templo siendo objeto de un tic nervioso en su ceja derecha.

— ¡Hey tú! — exclamó gritando y pelando sus dientes blancos.

Kagome sintió el fuerte jaloneo de una mano masculina, Inuyasha la había obligado a girarse hacia su lado. Ella abrió la boca de la impresión, asustada por el sorpresivo movimiento.

— Deja de mirar como boba a ese bueno para nada.

— Inuyasha — murmuró bajando la voz — ¿Qué haces aquí?

— Obviamente no vengo a ver cómo estás — molesto metió las manos en los bolsillos de su short rojo — estoy vigilando tus pasos desde hace rato. ¿Me puedes explicar qué diablos estás haciendo? — ante el reclamo su tic nervioso en su ceja derecha se intensificó.

Kagome se sonrojó suponiendo que Inuyasha le reclamaba por quedarse como idiota observando irse a Bankotsu.

— Yo estaba…

— Estabas perdiendo tu tiempo con él — le recriminó severamente y al mismo tiempo una sombra le pinto la frente de negro al inclinar un poco rostro.

— ¿Cómo dices? — exclamó muy incrédula.

— A estas alturas ya deberías de estarte besando con él.

— Qué tipo de mujer crees que soy — Kagome lo observó furiosa con sus manos en la cintura — no soy ninguna promiscua.

— No es cuestión de eso, ¡es cuestión de ser mujer! — Dijo esto alzando un poco más la voz, estaba siendo rudo — Lo suficientemente mujer como para poder seducir a un hombre para atraparlo en tus redes, para que él se deje engatusar por ti.

— No me gusta la idea ya de usarlo — opinó con la misma furia que Inuyasha la obligó a adoptar.

— Obviamente que es por tu inseguridad. Afortunadamente eso no es algo que no podamos resolver — y diciendo eso rápido jaló la cadera de Kagome hacía su cuerpo y la besó con mucha energía en los labios.

El joven varón seguía presionando con insistencia los labios femeninos. Los ojos de Kagome se desorbitaron por la acción. Inuyasha siguió empujando hacía ellos y por desgracia fue el asombro de la mujer lo que conllevó a que la besara justo cuando ella tenía la boca entreabierta, causando que él pudiera introducir sin tenerlo contemplado la lengua con la que acariciaba sus piezas dentales. Kagome no tuvo ni la oportunidad de sonrojarse. Inuyasha con la misma brusquedad se separó pero siguió sosteniéndola de la cintura.

— Que hicis…— preguntaría anonada pero Inuyasha la interrumpió al instante.

— Ve eso como un favor…— frunció el ceño agitado por la falta de aire y la adrenalina junta— eso te servirá para que empieces a tener más confianza en ti misma.

Aclarando eso la soltó como si el contacto con su piel le quemara las manos.

El joven se dio la media vuelta, bajó los escalones del templo y se fue por donde vino. Su bicicleta había quedado abandonada en una zona oscura de la fresca y solitaria noche de primavera.

— Nos vemos mañana — avisó con acidez.

Kagome también lo vio partir sin quitarse de encima la impresión que estaba haciéndose costumbre.

¿Dos besos en una misma noche? ¿Estaría soñando?

(…)

La suave brisa fresca de la noche acariciaba deliciosamente su cara y sus cabellos negros por la velocidad con la que pedaleaba su bicicleta sobre una avenida solitaria.

El silencio de la calle le permitió darle rienda suelta a sus pensamientos, los cuales se centraron en un solo punto. La chiquilla no tenía los labios tan resecos como juzgó hace tiempo. Nunca la había visto con un novio por eso antes del beso llegó a creer sobre ella que sus labios estarían marchitos al tener mucho tiempo sin que alguien los humedeciera. Sorpresas que da la vida...la vida nunca dejaría de darle lecciones, estaba peleada con él, a cada rato lo decía.

Si Kagome seguía dudando en seducir a Bankotsu, él tendría que intervenir de nuevo. Le tendría que enseñar a tratar a un hombre, unas lecciones de seducción no le vendrían mal.

(…)

El cerebro de Kagome a altas horas de la noche seguía trabajando como si fuera de día. La chica estaba acostada en su cama individual, se suponía que estaría descanso luego de un día de mucha adrenalina para su agitado corazón pero no era así.

A las 3:00 de la mañana su cabeza seguía dando vueltas alrededor de dos cosas, era un caos. ¿Qué se creían esos dos tipos al besarla sin previo aviso o sin su permiso? Ella no era ningún juguete y debería sentirse agredida por ser violentada de esa manera, y sin embargo sus sentimientos estaban muy lejos de considerarlo así sin saber porque.

De algo estaba segura. Jamás daría por hecho que le agradó el gesto atrevido del par de hombres puesto que tampoco era una mujer fácil que disfrutara de beber los distintos sabores de los néctares producidos por los labios de los hombres. El verdadero origen de su preocupación consistía en no saber cuál es la intención de ellos dos hacía con ella. Sus besos los sentía tibios pero con una esencia turbia. Su sentido femenino le hablaba a gritos que se protegiera de esos intrusos que habían llegado a arrebatarle la tranquilidad.

No le ayudaba en nada ser consciente que Inuyasha solo estaba jugando con ella, él mismo no tuvo reparo en insinuar que para él no el significaba nada el ósculo perpetrado entre ellos. Nada más estaba ayudándole a perder su timidez ante los hombres para que fuera más coqueta con Bankotsu, se había ido Inuyasha con la idea equivocada de que no había avanzado nada entre ellos. Hubiera preferido que ese pensamiento se hubiera hecho realidad porque ahora ¿cómo le haría para mirar a Bankotsu a los ojos en la escuela? Sin sentir agruras. Estaba en un gran lío especialmente con él. Bankotsu antes de lo sucedido nunca había necesitado que ella le diera esperanzas de una relación para acercarse a ella y seducirla en público y en privado pero ahora ante el acontecimiento del beso él se sentiría con el derecho de buscarla más.

Gran problemática...los rumores sobre un noviazgo entre ellos se desencadenarían como pólvora entre los estudiantes.

Su vida estaba corriendo muy rápido. Alguien debería pararla y otorgarle un respiro.

(…)

A la mañana del día siguiente.

— ¿Y cómo te fue en tu cita? — Preguntó Ayumi afuera del edificio, estaban en el patio conversando desde temprano. Su pregunta no era pretenciosa. Era la simple pregunta que una buena amiga hace cuando se entera de un acontecimiento importante de alguien querido Kagome no se sorprendió por la pregunta de Ayumi. Tal como se imaginó sus amigas la iban a bombardear con preguntas para sacarle toda la información posible.

— ¿Cómo debería irme? — respondió con otra pregunta con la que buscaba no dar detalles de nada lo ocurrido.

— No lo sé. Pudiera ser que pasaste una noche maravillosa o una noche desastrosa.

— Sinceramente...— alzo el rostro, observo el cielo reflexiva — ni una ni otra. Fue una noche llena de sorpresas.

— ¿A qué te refieres con eso? — Ayumi arqueó ambas cejas de modo fisgón, quería una explicación.

— Ah, nada — Kagome se exalta sacudiendo los brazos como abanico. Renuente a soltar más información a Ayumi. Aunque su amiga era difícil de vencer, si se proponía conseguir algo nadie podía hacerla cambiar de decisión.

— Vamos dime la verdad o ¿que no confías en mí? — Dijo decaída apretando más el agarre del cordón de su bolsa rosa donde llevaba sus útiles escolares, le dio a Kagome una mirada afligida — Yo no estoy resentida contigo como Yuka y Eri. De ellas si cuídate porque empezarán las críticas ya sabes, como te atacaron ayer.

Kagome sonrió intranquila. Sino le confesaba los detalles de su cita con Bankotsu ahora mismo, Ayumi seguiría insistiendo para hacerla ceder a contarle todo. Prefería evitar que la molestara con ese tema por días o semanas. De pronto, Kagome colocó su mano derecha en el hombro izquierdo de Ayumi, la jaló hacia ella para hablarle muy cerca del oído.

— De acuerdo Ayumi. Tú tienes razón — Ayumi sonrió complacida cerca del cuello de su amiga, mientras tanto Kagome exhalo aire antes de continuar — No se lo digas a nadie pero ayer...Bankotsu me beso.

— ¿Es en serio? — Asombrada, elevó con más altura las cejas — ¿No es ninguna broma? Pero ¿porque? — Millones de incógnitas invadieron la cabeza de la mujer en un instante — Es que ¿de verdad te gusta? Vaya Kagome pues que buena estrategia te formaste, te hiciste todo este tiempo del rogar por él para sentirte deseada y ya una vez atrapado en tu red te dejaste querer — la chica apartó su cabeza del cuello de Kagome cosa que su amiga hubiera preferido que no hiciera para no tener que soportar su mirada acusadora y quisquillosa.

— No, no, no. Estas pensando mal. Yo no lo bese — dijo firme descartando la conclusión a la que llegó Ayumi.

— Entonces…

— Me beso él — sonrojada confesó en un sutil susurro para que nadie a su alrededor escuchara la noticia.

— Y supongo que tu si le correspondiste.

— Aunque te suene a mentira — comentó molesta sabiendo de antemano que Ayumi no le creía que ella no había aceptado con alegría el beso — yo no le correspondí. No moví los labios.

— Es decir...que cruel lo rechazaste — mencionó observándola de manera acusadora.

— No le dije directamente que no me había gustado. Se iba a sentir mal — admitió decayendo su ánimo dándose cuenta Ayumi de eso. Kagome estaba un poco arrepentida por haberle dicho esa mentira piadosa al chico puesto que Bankotsu podía malentender ese gesto y deducir por su parte que ella estaba abierta a un noviazgo con él.

— O tal vez si te gustó pero no se lo ibas a admitir para no parecer una chica fácil — dedujo con astucia colocando sus dedos en su mentón, reflexiva. Pero nada más lejos de la realidad según Kagome. Por eso se apresuró a desmentir.

— Te equivocas. Jamás me he imaginado a Bankotsu como pareja — se oye que dice alterada. Los estudiantes cercanos, entrometidos se voltearon a verlas a las dos.

— ¿Jamás? — la vio a los ojos sin creerle ni media palabra, ignorando los pares de ojos de los estudiantes curiosos — Bueno el muchacho tiene pretendientes no creo que lo deprima que tú no lo quieras; podrías ser una más de su lista de conquistas pero la verdad jamás lo he visto coquetear con nadie excepto contigo, todo el mundo se ha dado cuenta que te acosa cuando puede y que te pone muy nerviosa cuando lo hace.

— Obviamente— exaltada sacudió la cabeza hacia otro lado — Es muy atrevido — su mano rascó su nuca avergonzada.

— A lo mejor al principio puede verse su forma de actuar muy temible cuando una chica le atrae, como un acosador. Pero a mi punto de vista ese detalle le da al mismo tiempo un aire atractivo. Expira un aura de seguridad imponente, casi la mayoría de las chicas soñamos con un hombre de carácter fuerte que nos proteja, sin duda Bankotsu con su conducta puede hacerlo. Es un hombre seguro de sí mismo, rígido, no sabe lo que es perder y sabe lo que quiere, además es rebelde y grosero, a muchas les gusta eso, que sea directo y que no tenga pelos en la lengua para decir las cosas. Además hay que aceptar que no es feo, no es un modelo precisamente pero tiene buen aspecto, buena figura y una cara muy varonil. No me vas a admitir después de todo lo que te dije Kagome, que es un buen partido — entrecerró los ojos observando a Kagome meticulosamente.

Kagome bajo la cabeza en seguida y por lo mismo los mechones de su cabello que no se sujetaban bien a sus orejas le taparon el rostro que si hubiera observado Ayumi lo habría interpretado como lleno de dudas.

Ayumi decidió dejar el tema por la paz para tranquilidad de Kagome. Desde luego que había logrado su objetivo de sacarle información y con ello colocar sobre la mesa la realidad de su situación con Bankotsu para que meditara Kagome su embrollo y que de ahí encontrara una solución sobre qué hacer con él. Ayumi no estaba de acuerdo en que Kagome jugara con los sentimientos de ese chico, tenía que decidir qué camino tomaría sobre él de forma urgente.

Higurashi se había quedado sin argumentos, así que el silencio de Ayumi fue de gran ayuda para ella.

Lo reiteraba Kagome. Ayumi podía ser fastidiosa cuando quería enterarse de algo, pero también era más discreta y comprensiva que Eri y Yuka juntas, de ahora en adelante confiaría más en ella. Además la chica era buena consejera.

(…)

Dirigiéndose al gimnasio va Inuyasha. Su semblante serio pero a la vez con un aire de arrogancia era algo que Bankotsu y su cuadrilla no podían soportar ver.

Por fortuna Bankotsu había decidido como era algo común, no acudir a la sección de deportes de ese viernes, prefería salir a esconderse al patio trasero con sus amigos a fumar.

Contrario a él Inuyasha era un alumno modelo, era inteligente sacaba por lo menos una de las mejores calificaciones de la escuela, era disciplinado y puntual. La mayoría de los profesores en eso no tenía quejas porque era un alumno muy cumplido sin embargo no era perfecto, el único problema existente es que Inuyasha era tan insolente que no sabía trabajar en equipo. Cada vez que los profesores ponían a hacer a sus estudiantes actividades en conjunto, Inuyasha se oponía. Luego los profesores tenían que obligarlo a aceptar a su pareja o a equipo para que trabajaran juntos o simplemente le bajaban puntos a sus notas, también lo amenazaban con suspenderlo una clase si no les cumplía con su trabajo. Parecía que al principio los profesores se salían con la suya victoriosos pero no, después se enteraban por los mismos compañeros del equipo de Inuyasha, que Taisho no los había dejado trabajar con él en el proyecto ni para proponer ideas ni para hacer nada. Inuyasha hacía al final todo el trabajo solo porque era tan egoísta con su forma de hacer las cosas que no aceptaba las propuestas ni las opiniones de nadie más que las suyas.

Los profesores ya estaban acostumbrados a esa mala actitud la cual era una tortura, principalmente para el profesor de deportes era una pesadilla tener a Inuyasha Taisho en su clase. Nunca lograba que Taisho se comportara como alguien sociable cuando ponía a jugar a sus alumnos cualquier deporte.

A eso le agregaba el profesor que Inuyasha se creía lo que no era en verdad. Se sentía un pavorreal. Caminaba, corría y actuaba como si lo supiera todo, en este caso se sentía el mejor alumno en deportes del salón, pero nada más habría que verlo un momento para deducir que no era más que un agrandando fastidioso.

Para el profesor su desempeño era mediocre en los deportes, un ejemplo era como el que sucedía ahora cuando un alumno del otro extremo de la red le lanzó la pelota de Voleibol a Inuyasha. Inuyasha desde su sitio al otro lado de la red intentaba rebotar la pelota y sin embargo no midió la distancia y la pelota terminó estrellándose con mucha fuerza contra su cara. El profesor de gorra roja y bigote negro lo miró aburrido desde la orilla de la cancha.

— Es realmente un tonto — murmuró abatido el profesor de educación física observando con claridad como Inuyasha consolaba desesperado su nariz que se había puesto tan roja por el golpe.

Kagome Higurashi fue testigo presencial de lo ocurrido. Para ella no fue una sorpresa, todos estaban acostumbrados a sus pésimas actuaciones.

— Es un idiota ¿no crees? — colocándose a su lado opinó con sobriedad una compañera de salón de cabello rubio. A su costado escuchaba las risas burlonas y discretas de las otras chicas. Ella en lo personal creía que a Inuyasha no le vendría mal tener un poco de humildad.

(…)

Las clases se terminaron para ese día. Todo el alumnado salía de sus salones, algunos con alegría y otros más bromeando con sus amigos. Después de ese arduo día de estudios la mayoría de los jóvenes se iba de inmediato con sus amigos a divertirse, ya sea paseando por las calles, centros comerciales o yendo a comer, pero sin duda las áreas favoritas a ir era a la salas de videojuego para los hombres y el karaoke para las mujeres. Disfrutaban y se relajaban, Inuyasha era la excepción. Él no tenía amigos por lo que no era raro que lo primero que se le cruzara a la mente fuera su casa.

Odiaba a quienes estaban en su casa, pero no en si odiaba su casa.

Su madre y su padrastro lo arruinaban pero podía lidiar con ellos esquivándolos.

Un par de voces femeninas se oían e Inuyasha se daba cuenta pero no le dio importancia.

— ¿No nos acompañaras Kagome?

Inuyasha detuvo abruptamente sus pasos por el patio cuando iba de salida. El solo escuchar el nombre de su cómplice le causo un calambre en los pies y en la espalda, se detuvo a unos metros de las muchachas, se agachó fingiendo amarrándose las cintas de sus zapatos para seguir oyendo lo que hablaban las chicas. Kagome no podía verlo a él porque le daba la espalda, sus amigas sin embargo estaban de frente pero era tan irrelevante su presencia que ni la distinguieron.

— No amigas lo siento.

— Pero ¿porque? — Preguntó decaída Eri — acordamos ir ahora a divertirnos al Karaoke.

— Lo sé Eri no se me olvidó. Pero mi mamá me insistió que fuéramos hoy a comer con mi abuela. No me dio la oportunidad de negarme.

— Bueno, veámosle el lado positivo — Intervino Yuka — Kagome va a convivir con su madre, ya hace tiempo que no salían juntas a ningún lado. Eso es algo por lo que deberíamos sentir felicidad por ella.

— Estoy de acuerdo con eso — asintió sonriendo Ayumi. Se sentía alegre porque Kagome tuviera una cita con su madre — te deseo suerte Kagome.

— Gracias amigas — les sonrió con sinceridad. Creía en las buenas intenciones de las chicas porque habían demostrado que se querían de verdad. Peleaban de vez en cuando, ninguna relación es perfecta y está libre de discusiones pero después se extrañaban y terminaban reconciliándose porque había algo en su interior que las llamaba a hacerlo.

Las chicas se despidieron entre sonrisas compartidas con Kagome y se alejaron del lugar. Una vez hecho esto Inuyasha dejó de fingir que se amarraba las agujetas y se acercó a Kagome por detrás.

— Ya se me hacía raro que tu madre le fuera infiel a tu padre sin ninguna razón — la voz de Inuyasha sonó pacifica a un lado de Kagome. Ella volteó hacía él un poco sorprendida.

— ¿Qué diablos estás haciendo aquí Inuyasha?

— Estamos en la misma escuela — explicó sin importancia — pero volviendo a lo anterior, no sé cómo no me di cuenta siendo que somos vecinos desde hace unos años — se reprochó sonando tajante.

Kagome siguió escuchándolo confundida.

— Era obvio que tus padres tenían problemas desde antes. Por eso tu madre vio a su amante como una válvula de escape a sus problemas maritales.

— ¿De dónde sacas eso Inuyasha? — arrugó la nariz molesta porque Inuyasha empezara a armar conjeturas sobre algo que desconocía. Se sentía el sabelotodo de la escuela pero no era más que un cretino ignorante que se metía en su vida personal.

— Acabo de escuchar de los labios de tus amigas que no llevas una buena relación con tu madre ¿o me equivoco?

La muchacha bajó la mirada molesta, pero se quedó callada otorgándole la razón a Inuyasha.

El muchacho victorioso sonrió altivo pero no por mucho tiempo. Esquivó su mirada de la de ella y la centró en un punto lejano del patio.

— No es nada del otro mundo — diciendo eso borró la sonrisa altanera de su boca contemplando un lugar en el patio — no tienes por qué sentirte avergonzada o tratar de ocultar lo obvio. A nuestros padres a veces se les olvida que tienen hijos y le dan solo prioridad a sus parejas o a los problemas que tienen con ellos.

Ante lo expresado, Kagome incrédula subió de nuevo la mirada hacía el. No sabía si estaba equivocada pero Kagome casi podía jurar que Inuyasha había dicho eso con un tinte reprimido de dolor.

Todos tenían sus problemas…nadie era la excepción. Eso lo entendió Kagome.

A lo largo de la vida, las personas siempre han disfrazado su dolor y sus penas con ayuda de las máscaras invisibles que se colocan en la cara y que exhibe un estado de ánimo que en realidad no refleja lo que sienten. Tal vez por eso Kagome pensaba que era una vergüenza que supieran todos que tenía problemas, porque la demás gente si podía aparentar tener una vida perfecta cuando ella no. Ella era un libro abierto, un diario sin candado.

— Kagome…— Inuyasha entrecierra los ojos calculadoramente, aún no se giraba a verla a los ojos — esto que escuché de tus amigas me ha dado otra idea.

— ¿Y a hora que quieres Inuyasha? — le preguntó con fastidio. Nada que saliera de su boca podía ser beneficioso para ella

— Si Bankotsu está metido en estos problemas con la justicia, es porque el al igual que tú tiene sus propios problemas familiares. Buscaba también una válvula de escape como tu madre hizo para olvidarse de sus problemas.

— ¿Y eso qué? — cuestionó alzando la voz, cruzando los brazos a la altura de su pecho.

— Hay que investigarlos — más que una sugerencia fue una orden de su parte.

— Eso es más difícil de hacer…

— ¿Por qué? — sonrió burlesco girándose hacia ella — porque eso significa para ti que tendrás que hacerte más que su novia oficial para que él se atreva llevarte a su casa y presentarte a su familia como cuando se tiene una relación seria — su sonrisa se ensanchó al doble. Kagome se sintió descubierta, casi lo que pensó es lo mismo que dijo Inuyasha — no te preocupes Kagome — a la par que decía con lentitud esto, se fue acercando más a Kagome, quedando a solo un par de pasos de tocar la punta de los zapatos de la chica. Inuyasha se inclinó con lentitud hacía ella aún con esa sonrisa arrogante adornándole el rostro. Los latidos de Kagome se volvieron vertiginosos para su disgusto, poco discretos. Inuyasha aproximó tanto su rostro a aquel de facciones delicadas que su aliento caliente fue capturado por la sensible piel y las fosas nasales de Kagome — te diré lo mismo que ayer te dije — acercando demasiado sus labios a los de Kagome y entrecerrando los ojos recitó — "afortunadamente eso no es algo que no podamos resolver" — finalizando la frase, sus labios entreabiertos hicieron un choque eléctrico con los de Kagome con tanta intensidad; que la chica aún unida a sus labios se quedó espantada.

Continuará...


Hola chicos...me sorprende mucho que esté actualizando últimamente mucho este fic, parece ser que estamos en la temporada de vacas gordas y por eso mi imaginación anda dando muy buenos frutos, es bueno que este desatado mi ingenio porque así puedo forjar las ideas que pienso plasmar sobre este Fic. La verdad no quiero aburrirlos con mi historia por eso también me estoy esforzando por hacerla mejor, pues al principio en los primeros capítulos yo intentaba como explicarles por qué Inuyasha era así de resentido con el mundo entero y porque Kagome tenía un bajo autoestima, ahora toca a Bankotsu descubrir un poco más de su personalidad aunque no creo que vaya adentrarme mucho en eso, para así poder entrar en temas más importantes que vayan a ser fundamentales en el nudo de mi fic. La verdad es que este fic no va a ser muy largo, a lo mucho supongo que serán 15 capítulos, esto lo hago para no atrasarlo más pues es un fic que tengo desde hace dos años y apenas llevo 9 capítulos. Estoy segura que lo voy a terminar este año así que espérenme pacientes.

Por lo pronto, eso es todo, nos leemos luego o-(¬u¬)/