Espectro del corazón
A Harry se le ocurrió que tal vez era más extraordinario entre la manada de lo que había pensado en un inicio. Había sabido que llevar el gen recesivo de la licantropía lo hacía especial para ellos, una criatura dotada similar a la realeza y que todos sentían la necesidad de protegerlo. Pero además de eso como compañero del Alfa y su líder conjunto, claramente se esperaba que hiciera... nada.
Frunciendo el ceño ante sus pensamientos, talló la prenda en sus manos contra las corrugaciones metálicas de la tabla de lavar, sacando la suciedad y el sudor de ella antes de sumergirla de nuevo en la piscina junto a la que estaba arrodillado. La necesidad de evitar a Fenrir (Greyback, corrigió su mente) así como el aburrimiento, hacían que cada mañana se alejara rápidamente de la guarida, solo unas horas después de que el alfa despertara. Se había convertido en su rutina durante las últimas semanas: atendería las heridas del lobo y luego saldría del lugar lo más rápido posible –por lo general hacia la acogedora luz del sol.
Era glorioso estar al sol todo el día, incluso ahora en primavera, cuando el clima no se había convertido por completo en verano; sin embargo, la luz y el calor eran suficientes para hacer que su piel cantara suavemente a cada momento. Ahora era más consciente del clima. Prácticamente podía oír las hojas de los árboles susurrando con complicidad sobre el verano. Incluso el agua fría que salpicaba sus manos se sentía gloriosa mientras lavaba la ropa con la que se había ofrecido a ayudar a Amoux, bailando alegremente sobre el dorso de sus dedos.
—Realmente no tienes que hacer esto —le dijo Amoux en voz baja cuando Harry volteó y la atrapó mirándolo mientras trabajaba en su propia pila de ropa. La había visto con la carga que se repartía equitativamente entre los subs hace unas semanas y le exigió que le diera una carga igual a la de todos los demás cuando ella le permitió ayudarle. Habían pasado casi dos semanas y todavía se resistían a verlo haciendo 'tareas'. ¿Se suponía que el Compañero Alfa se sentara sobre su trasero y mirara? Incluso Fenrir –Greyback– rara vez estaba desocupado, a menudo cazaba o lidiaba con diplomacia entre la manada y cualquier persona (o criatura) que se acercara demasiado a su territorio. Harry se había dado cuenta que los hombres lobo eran demasiado territoriales.
—Está bien, ya casi termino —declaró Harry, dándole una cálida sonrisa mientras escurría la prenda en sus manos, examinándola cuidadosamente antes de considerarla limpia y ponerla a secar en una de las limpias y gruesas losas de pizarra que rodeaban la piscina destinada al lavado. Era un trabajo honrado que no requería pensar. Quería hacer algo. Cualquier cosa. Cualquier trabajo era un trabajo honesto. No era un gato gordo que necesitara ser alimentado para después irse a descansar durante todo el día. El pensamiento hizo que su piel hormigueara con irritación.
» ¿Quieres que te ayude con la tuya? —preguntó. Estaba acostumbrado a las tareas gracias a su estadía con los Dursley, pero a diferencia de aquel entonces, éstas eran tareas que era feliz de hacer para aquellos que eran mucho más agradecidos que los ocupantes de Privet Drive. Incluso podía atreverse a decir que le gustaba.
—No, por supuesto que no —dijo Amoux, casi horrorizada—. Honestamente, haces demasiado. No se espera que participes en tareas de baja categoría.
Harry frunció el ceño. —Con todo respeto, creo que sentarme sobre mi trasero todo el día sería de más baja categoría y mucho menos útil que convivir con todos los demás. —Miró a los ocho subs (incluyendo a Amoux) que estaban reunidos en la piscina. Algunos tenían a sus hijos jugando cerca de ellos. Vilkas (el hijo de Amoux) estaba jugando con dos muñecos de paja entre él y Amoux, haciéndolos bailar alegremente y dándoles voces infantiles mientras jugaba. Ghost estaba tendido en el pasto junto a él, observando el procedimiento con pereza. Había tomado muy en serio su trabajo de proteger a Harry desde el incidente con los grifos. Afortunadamente su cola se había curado sin siquiera un rasguño.
—El Alfa pronto estará de regreso de la caza, debes estar disponible para él —dijo simplemente. A pesar de la indiferencia de su tono, Harry se sonrojó. Sabía que era natural para ellos, pero aun así no podía imaginar esta vida como una que pudiera ser llamada normal o natural. Aunque una voz, desde algún lugar profundo en su interior, estaba susurrando con cada vez más fuerza que ésta podría ser fácilmente una vida con la que podía ser feliz.
—Su unión aún está incompleta, hace que la separación te afecte con mayor facilidad. —Amoux le sonrió con complicidad—. Solo mirándote, cualquiera puede decir que estás inquieto.
Harry parpadeó. —A ti probablemente te parece idiota no completar la unión —dijo.
—Éste es un mundo diferente, apartado y lejos del dolor y la destrucción que conocimos en el mundo mágico; pero de donde tú viniste, conociste también cosas buenas —explicó Amoux—. No conocimos nada excepto el sufrimiento, por eso ahora nos es más fácil ser lo que somos y olvidarnos de los problemas del mundo fuera de la manada. —Hizo un gesto a la montaña en forma de corona que les rodeaba, el sol bañando sus facciones hermosas pero desgastadas. Parecía ser alguien que había soportado más que él en su vida.
» Pero podemos darte lo que extrañas y mucho más, Harry —dijo en voz baja—, solo danos una oportunidad –dale a él una oportunidad. Te sorprenderás de lo bien que encajas aquí.
Harry tragó. —Incluso si Vol… quiero decir, Tergarletum, o como sea que lo llamen, no estuviera alrededor, tengo amigos en el mundo mágico.
—Puedes tener una familia con nosotros, ser cuidado, tener hijos. —Ella miró a Vilkas y el bebé miró hacia arriba sintiendo su mirada sobre él. Él le dio a Harry una sonrisa deslumbrante antes de tambalearse hacia él, ofreciéndole uno de los muñecos de paja antes de acomodarse en su regazo. Harry se congeló, perdido, pero el niño no pareció darse cuenta de su torpeza.
Recordó su primer encuentro con el niño y cómo, cuando perdió ante sus instintos, había tenido el impulso de envolver al niño en sus brazos. Se había sentido reconfortado por su presencia. Todavía se sentía reconfortado por él, una sensación que era acentuada por la proximidad de la luna llena. Su segunda luna con Greyback. Tragó saliva ante la idea. Faltaba apenas una semana y después estaría encerrado aquí con una manada de lobos. Tal vez sería capaz de bloquear la guarida con magia o algo para mantenerlos fuera.
—Vilkas está muy apegado a ti —dijo Amoux con su sonrisa habitual, cambiando de tema cuando se dio cuenta de lo que lo silencioso que se había puesto. Harry miró hacia abajo. El bebé en su regazo estaba haciendo que su muñeco charlara sin sentido con el que había empujado en las manos de Harry—. Todos los niños están bastante impresionados contigo, por lo que eres.
No supo qué decir, pero se salvó de tener que encontrar las palabras cuando Amoux y uno de los otros subs (un hombre llamado Accalia) se pusieron de pie. —¿Tal vez te gustaría ayudarnos con la hora del baño? —preguntó Accalia. Era alto y delgado –mucho más alto que Harry– con un despeinado cabello rubio oscuro y ricos ojos marrones que lo consideraron con la misma clase de comprensión y afecto que Amoux.
Accalia había sido la razón principal por la que Harry no había protestado por haber sido 'dejado' atrás cada vez que Greyback salía a cazar. Por supuesto, ayudó el hecho de que en verdad le gustara ayudar a los demás con su carga y que realmente pareciera agradarles (a pesar de que a menudo su conversación se volvía incómoda). Eso y que ser 'abandonado' también le daba una gran excusa para escapar de la abrumadora presencia de Greyback. Tenía que tomar cualquier oportunidad que redujera la cantidad de tiempo que pasaban juntos.
Aparte de todo eso, el hecho de que Accalia no tuviera ni un ápice de feminidad en su cuerpo, que fuera tan absolutamente... masculino, lo ayudó a aceptar el hecho de que ser subs no significaba que eran mujeres en ningún sentido. Él era reconfortante en ese sentido.
—Las gemelas son toda una lucha cuando se trata de conseguir que entren al agua —sonrió Accalia, acomodando a una de los niñas bajo el brazo mientras la otra gritaba y corría a refugiarse detrás de Amoux. Harry sonrió y se puso de pie lentamente, incapaz de liberarse de Vilkas, que se aferró a su torso hasta que se rindió y finalmente puso un brazo bajo el trasero del niño para apoyarlo.
—Puede que se comporten si su nuevo amigo viene a ayudar —rió Amoux, alzando a la mal escondida bebé y acomodándola en brazos—. Esta vez vamos a utilizar mi guarida, ven.
Harry se encontró preguntándose si alguna vez había tenido una 'hora del baño' como esta. Los tres los llevaron a la piscina de aguas termales (como la que había en la guarida del Greyback) y los lavaron torpemente mientras las gemelas de cinco años y el pequeño Vilkas se salpicaban entre sí alegremente. Los chillidos de alegría hicieron que Harry sonriera a pesar de cualquier incomodidad persistente. Se esforzó por mantener el agarre en una de las gemelas mientras lavaba su cabeza de cabello oscuro.
—Eres natural —se rió Accalia, justo cuando su gemela lo golpeó al tratar de escapar.
—¡Quiero jugar! —gritó la niña, aburrida de esta parte del baño y con ganas de jugar con los otros. Vilkas era el que mejor se portaba, feliz de sentarse cerca de Amoux y saborear la atención en silencio. Harry se preguntó cómo habría sido él cuando era niño. ¿Rebelde e inocente como las gemelas, o más tranquilo e introvertido como Vilkas? ¿Cómo sería su hijo si tuviera uno?
Su reflexión se debió haber mostrado en su cara, porque la voz de Accalia interrumpió su ensoñación. —¿Estás preocupado por las festividades? Es natural para nosotros celebrar la unión entre tú y el Alfa, no habrá ningún ritual de sacrificio o algún tipo de exhibición carnal —caviló—. Creo que te gustará.
Ah. Sí, se había olvidado de las festividades reprogramadas. Había esperado que todos lo olvidaran, pero al parecer no había sido así. Realmente estaban apegados a sus tradiciones aquí.
Harry se mordió el interior de la boca con incertidumbre y luego enjuagó la espuma del cabello de la gemela número dos. Todavía era extraño, tener la vida de un pequeño niño retorciéndose en sus manos. Le hacía sentir incómodo a pesar del ronroneo de sus instintos. —¿Incluso aunque no complete la unión? —preguntó, sin querer realmente decirlo en voz alta.
De cualquier forma, Accalia o no lo escuchó o decidió que no podía encontrar una respuesta, porque dijo: —Estaba pensando en nuestra conversación del otro día: ¿respecto a tu deseo de aprender a usar la magia de hombre lobo más rápido?
Harry parpadeó, sorprendido. Había creído que ese tema estaba cerrado o que era tabú de alguna manera, que temían que ganara demasiado poder y lo usara para escapar. Se lamió los labios repentinamente secos, deteniendo su tarea por un momento. —¿Vas a ayudarme? —preguntó. Aparentemente, Accalia había sido la persona más joven y más rápida en poder hacer uso de su magia después de ser convertido, por eso Harry había ido a él en primer lugar.
Accalia parecía tan divertido como satisfecho por su interés, en lo más mínimo preocupado. —Les doy una especie de lecciones a los más jóvenes, les ayudo a encontrar la magia en lo más profundo de su interior. Estaría feliz de que asistieras a nuestras sesiones.
Harry sonrió. No podía creerlo. Un peso similar a la nostalgia se instaló en su estómago –solo él anhelaba más a su magia que a su casa. Magia, ¡tendría su magia de vuelta! —¿Cuándo podemos empezar? —preguntó con impaciencia, mojando un paño con agua tibia para poder quitar la espuma de la piel de la niña.
Entonces, mientras esperaba a que el hombre respondiera, un pensamiento se le ocurrió y miró a Accalia cautela. —Eh, tal vez sería mejor si no le dijeras nada a Greyback al respecto —dijo cuidadosamente.
Amoux sonrió con suavidad. —¿Temes que lo desapruebe y trate de detenerlo? —preguntó—. No creo que vaya a estar disgustado. Es parte de ser un lobo, por supuesto que estará feliz de que estés tan ansioso por aprender más.
Harry se removió incómodo. —No, no lo hará si piensa que voy a usar mi magia para escapar —murmuró, sobre todo para sí mismo.
—¿Y lo harás? —preguntó Accalia, su tono todavía ligero pero difícil de leer.
No podía mentirles a estas personas que parecían realmente preocuparse por él; soltó un pequeño suspiro. —¿Te impedirá enseñarme?
—No —respondió Accalia con simpleza. Su rostro estaba tan tranquilo como siempre, pero al parecer eso era todo lo que diría al respecto, de momento. Por lo menos ahora parecía haber un camino a seguir, aparte de sentarse y esperar a que Ron y Hermione lo rescataran. Aún podría ser capaz de reparar y redimir su orgullo fracturado. Si solo pudiera recuperar algún tipo de poder, un cierto control para nivelar la desigual balanza de fuerza.
—¿Cómo es que te hiciste cargo de las gemelas? —preguntó con rapidez, con ganas de cambiar de tema de su potencial traición a su bondad. Accalia sonrió con cariño, solo un poco de amargura tocando las esquinas de sus ojos.
—Hubo una denuncia de abuso en una de las casas de acogida de la ciudad, un abuso continuo que las autoridades muggles no podían probar, así que Lupa, Echo y Hemming rescataron a los cinco chicos que había allí y los trajeron a casa. Tomé a las gemelas, que todavía eran bebés; los tres adolescentes tenían edad suficiente para elegir a sus propias familias. —Accalia consideró a Harry pensativamente antes de añadir—: Es un asunto delicado. Puede ser considerado tanto correcto como incorrecto. He oído que los de afuera incluso nos llaman crueles por 'condenar' a los niños a nuestras vidas 'malditas'.
—Conozco a mucha gente que podría pensarlo —lo interrumpió Harry, agradecido por la tarea que tenía entre manos (terminar de bañar a la inquieta niña antes de que se alejara) por darle una excusa para no tener que encontrarse con los ojos de Accalia—. Yo solía pensar lo mismo, pero después de haber vivido la infancia que tuve... —Pausó por un momento, lo que permitió que un recuerdo involuntario lo hiciera regresar a esos momentos en que, siendo un niño, fantaseaba con que alguien iría a rescatarlo de la miseria de Privet Drive—. Creo que si alguien me hubiera dado la opción de ser dejado donde estaba, indeseado y descuidado, o ser cuidado y convertido en un hombre lobo, habría elegido ser un hombre lobo en cualquier momento.
—Es alentador escuchar eso —dijo una voz detrás de ellos. Harry volteó la cabeza y la gemela en sus manos chilló de deleite cuando Harry la levantó del agua, sus pequeñas piernas sacudiéndose y chapoteando en la superficie del agua. Greyback acababa de entrar en el área de la piscina de la guarida, observándolos (a Harry en particular) con una extraña mirada en los ojos.
—Te ves bien con un cachorro en tus brazos —reflexionó con voz ronca pero suave, su aspecto desaliñado luego del viaje de caza del que sin duda acababa de regresar. Harry se sonrojó fuertemente y bajó a la gemela, envolviéndola en una toalla y secándola con cuidado, evitando los ojos del lobo. Podía decir que los otros estaban tratando de ocultar su diversión.
—No te hagas ilusiones —resopló Harry, asegurándose de que la niña estuviera seca antes de envolverla con fuerza en la toalla demasiado grande—. No tengo ninguna intención de ser padre. Especialmente no de tus hijos.
Greyback resopló. —Menos mal que serás su madre, entonces. —Harry lo miró ante eso, pero antes de que pudiera encontrar las palabras adecuadas para replicar, Greyback miró hacia donde Ghost estaba sentado obedientemente al lado de Harry y habló de nuevo—. Puedes llevar a Ghost cuando vayamos a caminar, si quieres.
Harry frunció el ceño en confusión. —¿Caminar?
—Es costumbre que la pareja acoplada salga a caminar mientras se dan los toques finales a la fiesta —dijo Amoux, sacando a Vilkas del agua y secándolo suavemente. El ceño de Harry se intensificó. ¿Greyback esperaba que simplemente lo supiera? Se rascó la nuca con irritación, pero no podía negar lo emocionado que se veía Ghost con la posibilidad de disfrutar de un paseo por el bosque de nuevo, esta vez bajo circunstancias menos peligrosas.
Trató de ignorar la avidez que se despertó en su estómago mientras se ponía de pie y se dirigía hacia Greyback, con Ghost siguiéndolo rápidamente. Había estado lejos del hombre lobo desde el amanecer y, gracias a su insistencia, tampoco se habían tocado desde que Greyback había resultado herido. Se sintió muy orgulloso de su resistencia, de su determinación a mantenerse alejado de Greyback tanto como fuera posible.
Excepto que su resolución estaba decayendo bajo la presión de lo mucho que lo extrañaba, o de lo que fuera que sentía cuando el bastardo lo tocaba. Se sentía querido, atesorado, deseado y muchas otras cosas más que nunca diría en voz alta una vez que saliera de aquí.
El sol todavía brillaba en el cielo, era una tarde fría pero hermosa, con la luz del día extendiéndose por todo el bosque y reflejándose en cada brizna de hierba mientras bailaba al abrazo de la brisa. No podía creer que Greyback lo estuviera dejando salir del paraíso de la montaña y le permitiera estar de nuevo en el bosque después de su más reciente intento de fuga. Pero supuso que Greyback podría impedirle escapar fácilmente si es que lo intentara, y apretó los dientes con molestia.
Odiaba sentirse impotente, que es como se sentía con Greyback alrededor. Ni siquiera sus emociones y cuerpo estaban bajo su control en lo que concernía al bastardo. No le gustaba. Y con su unión incompleta, su forzado celibato y la próxima luna llena, todo se estaba sintiendo aún más intenso de lo habitual. Por eso necesitaba reconectarse con su magia una vez más –ahora más que nunca.
Caminó en silencio junto a Greyback, tratando de evitar que el exasperante huracán de emociones en su interior traicionara su lucha interna. No quería darle esa satisfacción. Trató de concentrarse en el inocente regocijo con el que Ghost correteaba de árbol en árbol, dando vueltas de felicidad y a menudo saliendo de su vista solo para saltar a su lado de regreso una y otra vez, jadeando y moviendo la cola.
—En el fondo sigue siendo un cachorro, todavía tiene que crecer —murmuró Greyback cuando Ghost se adentró de nuevo en los árboles. El bosque era más tranquilo en esta época del año, la temporada de apareamiento había terminado para la mayoría de las criaturas y las crías por lo general eran llevadas a la pradera más allá del bosque. Era más seguro que la última vez que Harry se había aventurado por aquí, tratando de escapar.
—Has estado pasando mucho tiempo con Amoux, Accalia y los otros subs —señaló Greyback—, pareces más feliz.
La piel de Harry se erizó. —¿Feliz? Esa es una palabra para describirlo. Yo lo llamo sacar lo mejor de una mala situación. Como he dicho, cuando me vaya de aquí no quiero deberle nada a nadie. —Ante eso, Greyback gruñó y lo agarró por el brazo, dándole la vuelta para mirarlo. El alfa se alzaba como siempre sobre Harry, pero en momentos como éste eso no le asustaba. Echó la cabeza hacia atrás para poder mirarlo, desafiante como siempre.
—Te pones muy a la defensiva cuando estoy en lo cierto, mascota —gruñó Greyback—. Sabes que podrías disfrutar de tu vida aquí, por eso te esfuerzas tanto en no apegarte demasiado, pero es inútil. No me puedes dejar, incluso una unión incompleta te haría sentir trastornado.
—Prefiero ser internado en San Mungo que quedarme atrapado aquí como tu pequeña mascota —respondió Harry con vehemencia, pero el hombre lobo ignoró sus palabras y con la mano que tenía libre capturó su nuca y lo acercó a su cuerpo, inhalando el aroma en la base de su garganta, donde su marca estaría por siempre en la piel bañada por el sol.
—Tu cuerpo rogará por mí, incluso más que en estas últimas semanas —siguió murmurando Greyback en su garganta, su barba (ahora bien recortada en todo momento) le hizo cosquillas en la piel mientras hablaba—. Y solo empeorará con el tiempo. ¿Olvidaste tan fácil la última luna llena? Te frotaste contra el objeto sólido más cercano en tu desesperación por estar cerca de mí –habrías rasgado tu bonito cuerpo ante la falta de algo que solo yo te puedo dar...
Harry se retorció y empujó con fuerza ese pecho, haciendo caso omiso de la forma en que su corazón latía con fuerza, su aliento saliendo en agudos jadeos desiguales.
—No te alejes de mí, sabes que me has echado de menos —le sopló Greyback al oído, solo para recibir un contundente empujón que lo sorprendió tanto como para apartarse. Frunció el ceño—. Te estás volviendo más fuerte —señaló—. Estás entrando en tu herencia más rápido de lo que pensé.
—Siempre un rompe moldes —Harry resopló, dando unos pasos atrás para poner cierta distancia entre ellos—. Era cuestión de tiempo, estoy cansado de sentirme insignificante. Desearía que Dumbledore me hubiera enseñado magia sin varita...
—Tú no eres débil —dijo Greyback rígidamente, pareciendo muy insultado ante la idea—. No te habría elegido si lo fueras. Y en cuanto te ajustes por completo no necesitarás a nadie que te enseñe cómo manejar tu magia –va a venir a ti de forma natural cuando lo necesites.
Harry levantó una ceja. —Teniendo en cuenta lo mucho que odias a los magos, a veces suenas bastante como Dumbledore.
Greyback hizo una mueca. —Oh, qué alegría —se burló—. Y para que conste, los magos me detestan tanto como yo a ellos.
—Piensan que eres un ladrón de niños, por eso —respondió Harry.
—A pesar de mis razones, soy un ladrón de niños, los muerdo jóvenes y los crío lejos de sus padres. Por una vez, esa parte fue construida a partir de mis palabras en lugar de los rumores de magos que desprecian a los hombres lobo.
Harry frunció el ceño. Tenía el impulso de justificar al alfa ante todos en el mundo mágico. ¿Era debido al vínculo que compartían que se sentía protector con él? ¿O solo era que el tiempo pasado con la manada le había abierto los ojos? Todavía no estaba seguro de si era algo correcto o incorrecto. ¿Tal vez la única justificación era decir que era un poco de ambos? Si había aprendido una cosa en los últimos años, era que el mundo estaba pintado en una escala de grises en lugar de solo blanco y negro.
—No pierdas tu tiempo, mascota —dijo Greyback como si le leyera la mente—. No me importa lo que piensen. Todo lo que me importa siquiera un poco está en esa montaña. —Dio un paso al frente, pero después de considerarlo un momento, no hizo ademán de tocarle—. Y aquí, supongo —dijo bruscamente, con una sonrisa en su rostro que le dijo al instante que le estaba tomando el pelo. Harry no dijo nada, y siguió caminando entre los árboles, siguiendo la estela de Ghost.
Cayeron en un silencio extraño y sociable y Harry se sintió lleno de una calma inquietante. Esto era lo que le había hecho falta durante todo el día; todo tenía sentido de nuevo y la molesta ansiedad que había ido en aumento ahora casi había desaparecido. Incluso si su temperamento y frustración habían explotado hacía apenas un momento. ¿Era por la unión incompleta? ¿O el bastardo realmente sabía cómo presionar sus botones?
De repente, el aullido emocionado de Ghost atravesó el aire. Los árboles se abrieron hasta revelar un pequeño claro donde un gran roca se elevaba desde el suelo, centellante agua caía en cascada desde su cima hasta la piscina a sus pies. El sol bailó sobre toda la superficie, cada gota brillando como un diamante en la luz naranja del atardecer.
Harry se detuvo, cada onda bailaba coquetamente sobre la superficie del agua como invitándolo a entrar al estanque. Ghost corría entre las pequeñas rocas que formaban el linde de la piscina y luego jugueteó entrando y saliendo de la cascada, que descendía desde una roca que sobresalía en la cima, la cola meneándose con entusiasmo frenético. Harry sonrió ante la vista, pero se quedó sin aliento por la sorpresa cuando dos grandes brazos lo apretaron contra el ardiente cuerpo de Greyback.
—Tienes una expresión que no se ve a menudo en la cara del Elegido —susurró el alfa con voz ronca a su oído, su aliento caliente y la barba raspando suavemente su oreja hicieron que Harry se retorciera. Tuvo ganas de replicar "Me pregunto por qué", pero se tragó las palabras y el gemido que amenazaba con dejarlo al mismo tiempo, clavando sus dientes en el labio inferior.
Un brazo se apretó alrededor de su cintura, abrazándolo fuerte contra el duro cuerpo y un pulgar se presionó en su labio hasta que lo soltó. Ese dedo obligó a su boca a abrirse, lo suficiente para colarse en el interior y jugar con su lengua.
—Si aceptaras lo que eres y lo que quieres, la veríamos más a menudo —susurró esa voz rasposa deslizándose entre los huesos de Harry, acariciándolo con toda la intimidad y amenaza del abrazo de una víbora—. Vamos, mascota, olvídalo todo –corre para mí... —La caliente mano alrededor de su cintura se deslizó hacia abajo, y más abajo, flotando brevemente sobre su ingle antes de colarse debajo de su camisa y acariciar uno de sus pezones burlonamente. El pulgar en su boca se apretó contra su lengua y Harry gruñó, retorciéndose de nuevo, solo para que Greyback lo liberara con tanta rapidez que casi cayó de frente con torpeza. Se dio la vuelta, sorprendido, solo para encontrarse con el familiar lobo plateado de pie junto a él, mirándolo con sobrenaturales ojos rodeados de oro.
La enorme cola de la bestia se sacudió un poco y Harry supo instintivamente lo que significaba: quería una persecución. Bien, resopló, si ese era su juego...
Sin pensar realmente en lo que hacía, Harry sostuvo la mirada del lobo y se quitó los zapatos que le habían dado –sería más rápido sin ellos, lo sabía de alguna manera. Mantuvo el contacto con los ojos por otro instante, sintiendo que lo recorría un hormigueo de emoción antes de salir disparado hacia un lado, adentrándose en los árboles con una oleada de euforia. Se sentía tan bien cuando oyó a Greyback arrancar detrás de él.
Con sus instintos rugiendo de felicidad y sus crecientes habilidades, corrió hacia delante con tal velocidad que sintió cómo el aire fresco de la tarde azotaba contra su cara. Al igual que en la luna anterior, fue un momento emocionante, como surcar los cielos en su escoba. Corrió más y más rápido, y justo cuando sintió el calor irradiando desde el cuerpo de Greyback detrás de él, zigzagueó entre los árboles a los lados tomando una nueva dirección. Greyback era más rápido y más fuerte, pero él era pequeño y más ágil.
Dio un amplio círculo mientras corría entre los árboles con natural facilidad a través de los grandes cuerpos. Se sintió despreocupado por todo menos de la hierba bajo sus pies, el aire en su cara y la sensación de Greyback siguiéndole de cerca. Podía escuchar el jadeo de la bestia y miró hacia atrás para ver que su cola y sus ojos traicionaban su emoción también. ¿Por qué este pequeño juego de persecución le alegraba tanto? ¿Y por qué sospechaba que el haberse privado del contacto con este bruto solo intensificaba la emoción?
Él lo quería, tanto como temía las sensaciones que su toque despertaba. Temía la facilidad con que se olvidaba del resto del mundo. ¿Era porque nunca antes había sido tocado de esta manera? ¿Porque estaba atrapado aquí, solo? ¿O porque estaba empezando a entender la tristeza, la amarga ira resonando del lobo color plata?
Habían regresado al punto de partida y Harry estaba jadeando, sonriendo al ver la cascada descender a la piscina –¡había derrotado al maldito! En el instante en que lo pensó, sin embargo, un fuerte aullido de alegría cruzó el aire y el lobo se estrelló contra él, enviándolos al agua a toda velocidad con una enorme salpicadura.
Pataleó en el agua con sus piernas, tratando de ir hacia arriba; su corazón golpeaba en su pecho cuando dos fuertes brazos se cerraron a su alrededor, arrastrándolo de vuelta a la superficie. Harry tomó una profunda bocanada de aire y se dio la vuelta en el abrazo para encontrar a un humano y muy desnudo Greyback, sosteniéndolo firmemente con su habitual sonrisa lobuna.
Podía sentir el corazón del alfa latiendo fuerte y rápido contra su pecho, sin poder apartar los ojos mientras jadeaba en busca de aire, temblando y flotando totalmente vestido en el agua. Sin embargo, antes de que pudiera llenar por completo sus pulmones con precioso oxígeno, su boca fue sellada en un beso húmedo. Todo su cuerpo se derritió con placer. La ligera barba le hizo cosquillas y él gimió sin aliento dentro de esa boca, apoderándose de dos puñados de cabello plateado mientras Greyback lo apretaba más contra su cuerpo.
No había manera de que pudiera malinterpretar el hinchado y duro órgano presionándose en su estómago –de hecho, solo hizo que su propia polla se llenara con un calor insoportable. Mordió el labio inferior de Greyback, oyéndolo gruñir de felicidad antes de empujar su lengua en la boca de Harry, devorándolo con tanta hambre como nunca antes había conocido. Nunca nadie lo había deseado tanto, ni hecho sentir tan vivo o había apartado de su mente el amenazante y siempre sofocante conocimiento de la muerte.
De repente, una mano se enredó en su cabello y jaló su cabeza hacia atrás, rompiendo la conexión de sus labios para que los rasposos besos de Greyback pudieran descansar en el hueso de su clavícula. Sintió con sorpresa la respiración de la bestia resoplar sobre su piel fría, con largas exhalaciones como si estuviera bebiendo de su olor y sabor. El lobo gruñó suavemente otra vez, un ruido calmante que hizo que Harry rodara la cabeza hacia atrás y soltara un suspiro mitad gemido. Era tan bueno.
Después de unos deliciosos instantes, Harry se estremeció cuando el aire fresco de la tarde sopló sobre su piel húmeda, el gruñido se detuvo. Sintió cómo Greyback levantaba la cabeza antes de abrir los ojos para mirarlo. —Tan fuerte y tan frágil —le sonrió el alfa, sosteniendo su mirada por un instante antes de sacarlos a los dos del agua, tan rápido que solo tuvo tiempo de parpadear. Vio la cascada acercarse y sintió el agua fría bañándolo brevemente antes de... ¿pasar por detrás de ella?
Harry se retorció fuera del agarre de Greyback en cuanto se adentraron en la cueva que había sido invisible del otro lado de la cascada. El triunfo que había sentido allá afuera en la piscina estaba evaporándose gracias al frío punzante en sus extremidades, estremeciéndose cuando tropezó y aterrizó sobre su trasero, haciendo una mueca. —De verdad necesitas aprender a dejar que alguien cuide de ti, mascota —dijo Greyback con una sonrisa burlona, inclinándose a medio metro de donde él había aterrizado y haciendo lo que al parecer era un círculo de rocas sobre el suelo irregular.
Harry frunció el ceño mientras observaba los precisos movimientos de sus manos. —¿Qué estás haciendo? —preguntó confundido cuando una suave luz naranja cobró vida entre los dedos del lobo, quedando atrapada en el círculo de piedras en el suelo. Era fuego, que afianzó y se alzó más y más alto, hasta que pudo sentir el calor irradiando y comenzar a desterrar el frío de su cuerpo.
Greyback se recostó junto al fuego y finalmente se encontró con su mirada. —¿Qué te pasa, mascota?, ¿qué no has visto magia antes?
—No utilizaste un hechizo —señaló Harry, casi protestando por lo que había visto—. ¡El fuego solo cobró vida en tus manos!
La sonrisa de Greyback se amplió. —La magia de hombre lobo está ligada al mundo que nos rodea —explicó con voz gruesa—. En lugares muy poblados todavía podemos usar magia, pero tenemos que canalizarla a través de varitas hechas por magos para liberar nuestra fuerza. Aquí en la naturaleza, sin embargo...
Harry vio cómo el hombre lobo movía su mano en el aire, convocando un sorprendente vapor blanco que siguió la estela de su mano.
—Aquí nuestra magia se canaliza a través del aire, tierra y agua. No necesitamos varitas, y pronto tú tampoco lo harás.
Harry parpadeó. —Muéstrame —exigió, al mismo tiempo que se estremecía dentro de su ropa mojada. Greyback le sostuvo la mirada pensativamente. Después de un momento, se levantó y rodeó el fuego que ahora ardía brillantemente e iluminaba las paredes redondeadas de la pequeña cueva. Se arrodilló frente a Harry y extendió sus manos con las palmas hacia arriba. Con determinación obstinada, Harry puso una de sus manos en las de Greyback y se estremeció de nuevo cuando el lobo le dio la vuelta para ponerla también boca arriba.
La luz del fuego bañó sus rostros y Harry respiró hondo cuando Greyback arrastró su pulgar grueso a través de su palma, haciéndole cosquillas ligeramente. La piel del lobo era cálida a comparación de la suya, congelada por el frío del agua y el aire a su alrededor. El vaho de su respiración formaba pequeñas volutas húmedas y frunció el ceño con impaciencia, mirando al alfa con fastidio cuando no pasó nada. Antes de que pudiera abrir la boca para expresar su descontento, el lobo se adelantó.
—La magia de hombre lobo funciona en base a lo que necesitas y sientes, en lugar de lo que quieres —explicó Fenrir, el tono brusco de su voz negando la intimidad de sus palabras. Harry pudo sentir la forma en que su aliento bailó sobre la palma de su mano y se estremeció de nuevo, esta vez no solo por el frío—. Yo sé lo que sientes, muchacho, así que muéstramelo —ronroneó.
—¿Qué-? —Sus palabras fueron cortadas cuando Greyback apretó sus dedos, haciendo que su palma se arqueara ligeramente hacia arriba, sus respiraciones se mezclaron en su mano abierta.
—Este es uno de los primeros hechizos que aprende cualquier hombre lobo—explicó Greyback en voz baja. Sus ojos estaban en las sombras y cuando la parpadeante luz del fuego traicionó los sentimientos en ellos, hizo que los de Harry se hincharan y burbujearan hacia la superficie como un caldero hirviendo lleno de Amortentia.
De repente, el vaho de la respiración de Greyback salió de entre esos labios y se agrupó en la palma de Harry, destellando en un brillante azul místico como imbuido de polvo de estrellas. Se arremolinó en su mano como si tuviera vida propia, enviando pequeñas sacudidas de electricidad por toda su piel. De inmediato, el suave azul se trasformó en un rojo vibrante, después en un violeta profundo, cambió a azul medianoche y luego de nuevo a rojo, una tormenta de intensos colores que besaron cada uno de sus dedos antes de girar sobre sus labios.
Harry jadeó y crispó la mano que permanecía atrapada en las garras de Greyback. —Déjalo ir —respiró Greyback, y con eso, una suave y delicada luz tartamudeó a la vida sobre su palma. Sus ojos se abrieron, brillando con la luz que ahora cambiaba de forma errática en su mano, mostrando un vertiginoso cambio de radiante rojo a deslumbrante oro, y a continuación, a una enorme y confusa variedad de colores, todos los del arco iris.
La luz se envolvió en su mano y luego a su alrededor, barriendo el aire en un cambiante espectro de luz. Giró más y más intensamente en torno a los dos antes de agruparse y estallar en el pecho de Harry con una última explosión de luz multicolor. Abrió la boca en busca de aire y cayó sobre sus manos con el corazón martilleándole en el pecho, su piel zumbaba como si estuviera viva.
—¿Qué demonios fue eso? —preguntó Harry sin aliento, asombrado y preocupado al mismo tiempo.
—Magia sin varita; magia de hombre lobo —contestó Greyback con un innegable tono de superioridad, haciendo un gesto hacia el pecho de Harry—. Se llama Espectro del Corazón.
Harry se sonrojó ante eso, enderezándose y evitando los ojos de Fenrir con la excusa de acercarse al fuego. Sabía lo que eso significaba sin necesidad de explicaciones –no era estúpido. Las luces habían sido una miríada confusa y desordenada con constantes cambios de color, traicionando su desconcierto y el estado perdido de su alma. Sabía que su cabeza estaba confusa, pero no había sabido cuánto.
—Tienes que confiar en que cuidaré de ti, mascota. Necesitas darte algunos momentos de relajación antes de que todo ese caos dentro de ti te desgarre —insistió Greyback cuando Harry intentó calentarse junto al fuego. De repente se sintió aún más frío.
—La confianza no es algo que te pueda dar, es necesario que te la ganes —dijo Harry simplemente, sin atreverse a encontrarse con esos conocedores ojos azules. El espectro de su corazón era una explosión caótica de la locura; el de Greyback había sido centrado y decidido, irradiando una clara sensación de lujuria, frustración y determinación que no podía no comprender. Greyback sabía quién era, lo que quería y no tenía miedo de estirar la mano y tomarlo –Harry envidiaba eso, sin importar lo que estuviera sucediendo entre ellos.
—Entonces dime qué demonios necesito hacer para ganármela —gruñó el lobo.
De repente, sintió el calor del cuerpo de Greyback junto a él, e instintivamente miró hacia arriba para encontrarse con ese rostro ilegible. Las últimas semanas que pasó evitándolo le habían demostrado una sola cosa: que solo sentía algo parecido a la paz cuando sus brazos y piernas se enredaban juntas en un cortejo sensual que alejaba sus preocupaciones. Nunca dejaría de intentar escapar, nunca aceptaría esto como su vida, pero no podía negar que lo deseaba.
Deja de ser tan malditamente melodramático, se castigó a sí mismo, no dispuesto a traicionar su sentimentalismo a cualquiera, sobre todo no ante Greyback, que ya se daba una idea exasperantemente acertada de sus problemas gracias a la mordida en su garganta. No le hacía falta morder a Greyback para saber lo que estaba pensando –al menos la mayor parte del tiempo.
—¿Qué pasará en luna llena? —preguntó después de un largo silencio, cambiando de tema a uno que había estado atormentando su mente durante los últimos días, desde que empezó a sentir de nuevo la atracción de la luna en sus huesos. Se estaba acercando y no le apetecía una repetición del mes pasado o un encuentro cercano con toda la manada fuera de quicio por las hormonas y los instintos. ¡Tenía muchas cosas que hacer antes de dejarse rasgar en pedazos!
—¿Qué quieres que pase? —preguntó Fenrir, su tono brusco y bajo. Harry apretó los dientes y miró al fuego, reprimiendo el estremecimiento que lo sacudió. Entre las criaturas de su manada él era el débil; entre él y Greyback, él era el que necesitaba protección –y no le gustaba. No le gustaba no poder cuidar de sí mismo.
—¿Importa lo que quiero? —preguntó con amargura.
—No me vengas con esa mierda —gruñó Fenrir en respuesta, con los dientes apretados. Luego, después de solo un latido del corazón, añadió—: Cada luna llena, la puerta que custodia la entrada a nuestro valle también nos encierra. Nos impide escapar y llegar a los seres humanos del pueblo o a los forasteros que puedan estar en nuestro territorio y rasgarlos a todos en pedazos debido a nuestro estado irracional. Cuando estamos bajo la atracción de la luna actuamos meramente por instinto, no podemos ser responsables de algo más allá de eso, así que la puerta nos mantiene ahí, entre nuestra manada a la que no podemos hacer daño.
Harry parpadeó hacia el fuego. Todavía sentía frío. —El otro lobo trató algo peor que matarme la última vez —dijo al fin.
—Tienes miedo —señaló Fenrir.
Harry volvió a apretar los dientes con fuerza, hasta que crujieron bajo la presión. —No soy estúpido —dijo a modo de explicación—. ¿Tu plan es que me quede encerrado en el valle contigo? Porque no me gustaría ser violado o destrozado por todos ustedes cada mes, muchas gracias.
—Los lobos somos posesivos —explicó Fenrir—. No voy a dejar que nadie te toque, te tome, mate o lo que sea.
—Pero no me puedes proteger de ti, tú mismo lo dijiste. Tengo que jugar al sub perfecto o me podrías lastimar —replicó.
—Si me marcas y completas nuestra unión, eso nos hará más iguales bajo la luna —dijo Greyback sin rodeos—. Lo creas o no, los dos nos sentimos desgarrados debido a este vínculo incompleto, y será aún más probable que mi lobo salte ante la necesidad de afirmarse cuanto más dejes las cosas de esta manera.
—Dices que tú y el lobo son uno mismo, pero todavía hablas de él como si fuera independiente —espetó Harry.
Greyback le dio una sonrisa lobuna. —Ah, bueno, tiene una mente propia. Conozco una parte de ti que tiene mente propia, también —murmuró sugestivamente, causando que un rubor cubriera sus mejillas. Pasó un momento o dos y luego Greyback se acercó hasta que su pecho rozó el hombro de Harry. Harry tragó, giró la cabeza y lo miró desafiante a los ojos, hacia arriba.
—¿Por qué tienes tanto miedo de sellar nuestra unión? Incluso sin la huella de tu mordida en mí, sigue siendo algo irrevocable —respiró Greyback.
—Porque yo no te elegí a ti —respondió Harry—. Ya he tenido suficiente de personas que manipulan mi vida, ya sea por ocultarme cosas o por tomar decisiones por mí. Incluso si no tiene sentido o no es racional, no voy a ceder y solo aceptarlo nunca más. Ya sea que viva o muera, todo de aquí en adelante tiene que ser mi elección.
Greyback inclinó la cabeza hacia un lado, cerrando la brecha entre ellos hasta que sus bocas casi se tocaron. —Entonces elige ahora —gruñó, una mano deslizándose por su espalda para agarrar el cabello en la nuca de Harry, suave pero con firmeza—. Elígeme y me aseguraré de que nadie folle contigo otra vez.
—Excepto tú —protestó Harry desafiante.
—Solo cuando me quieras —sonrió Greyback—. Una vez que Él sea derrotado, podrás tener más libertad para hacer lo que quieras.
—¿Y cómo va a ser derrotado si no me dejas acabar con él? —exigió Harry, al mismo tiempo que caía inevitablemente en el calor del cuerpo del alfa—. Parece como si esperaras que Ron, Hermione y los dos hombres que enviaste acabaran con él, mientras a cambio yo juego a la perra obediente contigo.
Gruñendo de frustración, Greyback se retiró y se pasó los dedos por el cabello mojado. —No importa lo que haga, siempre encuentras una excusa para no tomar una decisión, una decisión que, te guste o no, ya hiciste el mes pasado bajo la luna. Ese era tu deseo más profundo, y tu moral humana de mierda solo lo está nublando –¡me querías! Tú me elegiste y ahora solo me estás jodiendo por eso, haciéndome pasar a través de este... este… —se rascó la nuca con frustración, gruñendo con furia—. Es como un zumbido constante en mi cabeza. Tú y tus volubles sentimientos humanos –¡esta unión incompleta me está volviendo loco!
Harry se puso de pie en un instante, sus manos cerradas en puños. —Bueno, como has visto con el espectro del corazón, estoy jodido y no puedo cambiar eso. Si eso te está volviendo aún más loco que de costumbre, ¡entonces solo déjame ir como te pedí, maldición! —gruñó—. No te pedí que me aguantes, manteniéndome aquí preso-
—¡Para evitar que seas asesinado o algo peor!
—Oh, no pretendas que es por mí —espetó—. Ni por un segundo finjas que un mes es suficiente para hacer que des una mierda por un humano voluble.
—Uno idiota, de hecho, si eso es lo que piensas —replicó Greyback acaloradamente, la furia irradiaba de él en gruesas e impetuosas ondas—. Crees que eres inocente en esto, mascota, pero no lo eres. Te di una elección la última luna y la hiciste-
—¡Cuando perdí mi mente con la necesidad de sexo! —lo cortó Harry—. ¡Drogado por las hormonas de una enfermedad que forzaste en mí!
Greyback rugió con furia ante eso, lanzándose hacia adelante y agarrándolo por la húmeda camisa. —Esa enfermedad, como tú dices, corre a través de la sangre de todos esos subs y niños con los que te has estado poniendo amistoso este último mes; a través de tu mascota, Lupin; a través de ti, y fluirá en las venas de nuestros cachorros.
Harry hizo una mueca. No había querido que sonara así, no realmente; solo estaba enojado. —No hace que me preocupe menos por ellos, pero tampoco me entusiasma la gran cantidad de cosas con las que tengo que cargar. Y ya te dije una vez que antes moriré que permitir que algo tuyo crezca dentro de mí. No vas a dictar mi vida más de lo que ya lo haces.
Greyback se burló. —La única ocasión en la que encuentras cualquier tipo de paz, es cuando tomo el control de ti, cuando te obligo a dejarlo ir. Ni siquiera pretendas que no es cierto.
—Nunca lo negué, pero lo que tú hagas en la cama es difícilmente algo que cambie la vida. No me someterás aún más. No vas a gobernar sobre mí como haces con tu manada, y no vas a empujar a un niño inocente a esta situación de mierda que tenemos. El cual, dicho sea de paso, si existiera también sería en parte un 'humano de mierda', y no estoy seguro de que puedas manejarlo después de la explosión que acabo de oír. —Se soltó del agarre del lobo, encontrando que era más fácil de lo que debería haber sido. Sin duda cada vez era más fuerte.
» He vivido una infancia llena del resentimiento de los demás y el sentimiento de no ser querido. No voy a ayudar a traer al mundo a un niño destinado a sufrir lo mismo que yo, sobre todo no con un bastardo como tú.
Greyback gruñó. —Tienes algunos problemas, niño, pero eso no cambia el hecho de que me quieres, de que me elegiste, y ahora estás lleno de amargura porque estás empezando dudar de si es verdad que no es lo que quieres. —Agarró las muñecas de Harry con fuerza y lo miró hacia abajo con los dientes al descubierto—. Eres como un niño que se queja de su mala suerte en la vida y luego huye ante cualquier oportunidad de mejorar, que era por lo que se quejaba en primer lugar. Creo que te gusta sufrir: mi propio pequeño mártir —siseó venenosamente.
—Eso es solo porque no puedes entender por qué no querría vivir con mi carcelero —respondió Harry acaloradamente—. Apenas es una opción si nunca he tenido otra.
—Nunca te has sentido mejor que cuando me estoy empujando en tu culo y lo sabes —escupió Greyback.
Harry se sonrojó oscuramente ante esas palabras y le lanzó un puñetazo con todas sus fuerzas. Sus nudillos chocaron duro contra la mandíbula de Greyback y éste lo liberó con un rugido. —¡Eso no quiere decir que quiero pasar el resto de mi puta vida como tu perra! —declaró sin aliento—. Lo que sea que digas que necesito o quiero, aunque me hagas sellar nuestra unión, incluso si puedo ser feliz aquí por el resto de mi vida, nada de eso me importa; nunca voy a quererte a ti o a cualquier otra cosa que me puedas dar más que a mi libertad. Y en el segundo en que la libertad esté a mi alcance, la tomaré sin mirar atrás.
Fenrir apretó visiblemente dientes. —Si te doy la libertad con Él aún persiguiéndote-
—Entonces ayúdame a matarlo. Dices que harías cualquier cosa por mí, pero luego no lo haces —cortó—. El hecho es que vas a hacer cualquier cosa, siempre y cuando sea también lo que tú quieras. Quieres que renuncie a todo para ser tuyo sin dar nada de ti mismo; es por eso que no puedo quedarme aquí, es por eso no puedo elegirte a ti. ¡Eres demasiado egoísta!
—¡Y tú eres demasiado sacrificado! ¿Prefieres que sea como tú y me pudra bajo el peso de los problemas del mundo? —respondió Fenrir—. Hago lo que es mejor para la manada, para mi compañero y para mí, ¡perdóname si mis preocupaciones no abarcan al mundo mágico, el cual no ha hecho más que destrozar todo lo que me ha importado!
Se hizo un silencio, entonces, y Harry miró sin aliento al alfa, la luz del fuego parpadeando sobre sus rasgos lívidos. Había olvidado lo que Echo le había contado sobre su pasado. Sus rasgos se suavizaron un poco, pero eso no borró por completo la ira o el resentimiento en su interior. Le ayudó a frenar su temperamento, sin embargo. Echaba de menos a sus amigos; Hermione sabría qué hacer con esta situación ineludible y Ron le ofrecería al menos unas pocas palabras para hacerle saber que no tenía que enfrentar sus problemas solo.
Con un suspiro, le dio la espalda a Greyback y se dejó caer en el suelo; envolvió sus brazos alrededor de sus rodillas húmedas, tratando de mantener el calor mientras permitía que el calor del fuego lo secara lentamente. Demasiado lentamente. Ahora estaba sentado de nuevo sin el calor de la ira alimentando el fuego en sus venas, tembló de frío. El cielo estaba raso afuera, permitiendo que la fresca brisa primaveral soplara a través del campo –y estar mojado tampoco ayudó.
De repente, un movimiento detrás de él hizo que se pusiera rígido de sorpresa y diera un ligero salto. Giró la cabeza para ver a un gran lobo plateado encontrar una posición cómoda en el suelo a su espalda. Los insondables ojos azules se clavaron en él cuando el cuerpo del lobo se extendió a su alrededor, envolviéndolo y calentando su cuerpo con su calor.
Harry lo miró a los ojos por un momento, contemplando pelear por liberarse, pero no lo hizo. Regresó la mirada a las danzantes llamas, tratando de dejar fuera el crescendo de ensordecedores pensamientos que lo asaltaban. Se recostó contra el suave y caliente pelaje sin siquiera darse cuenta; tampoco registró cuando sus ojos comenzaron a cerrarse.
.* . * . *.
Fue mucho más tarde que finalmente regresaron al valle, en silencio, Harry de inmediato buscó el santuario que le proporcionaba la guarida. Se envolvió en la capa de pieles (que había olvidado llevar hoy) y se puso de espaldas sobre la cama mirando el dosel. La noche lo encontró en la misma posición, todavía perdido en un mar de confusión e indecisión. No podía irse; lo había sabido desde hace un par semanas. Había estado tratando de sacar lo mejor de la situación mientras estuviera atrapado aquí y lo había hecho, en todo excepto por Fenrir maldito Greyback.
La tensión entre ellos se veía agravada por su unión incompleta –o eso había dicho Greyback. Lo estaba volviendo loco. Lo deseaba, sí, el bastardo lo hacía sentir bien; pero sabía que no debía desearlo y no estaba seguro de si eso lo detendría o no. A pesar de todo lo que había aprendido sobre él en las últimas semanas, Fenrir Greyback era un asesino, una bestia feroz. «Y me está reteniendo aquí en contra de mi voluntad, cualesquiera que sean sus razones», suministró su mente.
Con un profundo suspiro, cerró los ojos y empujó las pieles sobre su cabeza. ¿Qué es lo que quería hacer? Necesitaba salir de aquí pero no podía, y la luna llena se acercaba... certera.
De repente escuchó el sonido inconfundible de la puerta al abrirse y cerrarse, seguido por las firmes pisadas de Greyback en el suelo. Sintió a Ghost moverse de donde estaba echado sobre sus piernas y saltar de la cama. Siempre era muy respetuoso en presencia del Alfa, siempre se bajaba de la cama y se sentaba con la cabeza inclinada en señal de respecto, como un sirviente humano. Había disfrutado del paseo de hoy, pensó Harry. Cuando había despertado en la cueva que estaba detrás de la cascada, encontró que el lobo por fin se había unido a ellos con un jugoso conejo en sus garras –que parecía muy contento de haber cazado por sí mismo.
Greyback llegó a la cama, que se sumergió bajo su peso cuando puso una rodilla junto a él –la única advertencia que tuvo antes de que las pieles fueran retiradas de su cabeza y la imagen del alfa inclinado sobre él apareciera ante su vista. Luchó por mantener una expresión en blanco mientras se encontraba con su mirada. —¿Sí? —preguntó, ni de lejos tan indiferente como hubiera deseado. Ese hombre tenía la capacidad de irritarlo y ponerlo en el borde con solo mirarlo y él lo sabía, estaba seguro de eso.
—He tolerado tu abatimiento toda la tarde, muchacho —espetó Greyback, frunciéndole el ceño de una manera que habría hecho que incluso el tío Vernon retrocediera. Harry apretó los dientes y alzó la barbilla en desafío, sin decir nada. Greyback continuó—: En caso de que no lo escuches, las festividades allá afuera son para nosotros, una celebración por nuestro apareamiento.
Harry se burló ante eso. Por supuesto que había oído la música, no estaba sordo. Había hecho un valiente esfuerzo tratando de ignorar la alegría y el olor de la deliciosa comida que había comenzado a filtrarse en la guarida desde que cayó la noche. Se preocupaba por Amoux y los otros y por el hecho de que hubieran hecho este esfuerzo por él, pero honestamente, ¿cómo podía salir y celebrar una unión que él consideraba un fraude?
En ese momento, sintió que era puesto sobre sus pies y el manto en el que se había envuelto toda la tarde fue colocado alrededor de sus hombros. —No me importa si te quedas aquí y te pones de mal humor, pero Amoux, Accalia y los otros hicieron un gran esfuerzo por ti. La manada quiere darte la bienvenida y acampar aquí en tu miseria es el mayor insulto para ellos.
Harry frunció el ceño. —No quiero ofenderlos, pero tampoco quiero fingir que estoy feliz de pasar el resto de mi vida aquí cuando no es así.
—Pero lo harás —murmuró Greyback, capturando su barbilla entre el pulgar y el índice—. ¿No es ese el problema? Esto es como un paraíso para ti.
Harry hizo una mueca y se sacudió el agarre del lobo en su barbilla. —No empieces de nuevo con eso. Mira, de alguna manera me las arreglé para ligarme a ti irrevocablemente y simplemente no quiero crear más compromisos.
Fenrir resopló. —Lo que sea, probablemente me la pasaré mejor sin ti, sentado ahí sintiendo lástima de ti mismo y arruinando el estado de ánimo. Si en algún momento quieres dejar de jugar al mártir y mostrar tu cara por ahí, estoy seguro de que haría que Amoux y los otros se sintieran apreciados.
—¿En serio me estás dando una lección de civismo? —se burló.
El lobo sonrió. —Oh, te sorprendería saber lo bueno que puedo ser cuando algo vale la pena mi tiempo —dijo, antes de desaparecer por la puerta cerrándola tras él.
Cuando Harry finalmente salió a la noche, las estrellas brillaban en el cielo, inconscientes de las nubes y la luna brillante que aún no estaba completa. La música llenaba el aire. Con un suspiro, Harry siguió a Ghost hacia el círculo; la luz de la luna onduló a través del brillante pelaje mientras el lobo se movía, guiándolo hacia la celebración que lo había estado llamando toda la noche.
Accalia sonrió cuando lo vio y le hizo señas. Casi todo el mundo estaba bailando o cantando alrededor del círculo. Al parecer los niños se habían ido desde hace mucho a la cama (antes había oído sus chillidos de alegría) y cualquier comida que hubiera olido había desaparecido.
—Amoux ha mantenido tu comida caliente —dijo Accalia con su habitual voz suave, levantándose con agilidad y trayendo de regreso un cuenco grande encantado para mantener el calor. Harry sonrió agradecido, y como ya no quería seguir avergonzándose, lo levantó. Su boca se hizo agua al ver la carne finamente dorada (pensó que olía a cerdo, aunque no estaba seguro), las patatas habían sido ligeramente tostadas hasta un punto crujiente y delicioso. Había algunas verduras, también, aunque no pudo identificar ninguna con exactitud.
—Gracias —dijo, un poco avergonzado por el hecho de saber que esta comida había sido hecha especialmente para él—. Gracias a ti y a los demás por todo esto —hizo un gesto con la mano abarcando toda la celebración y los labios de Accalia se arquearon en una amplia sonrisa.
—Solo queremos que te sientas bienvenido y que sepas que Weylyn y Ulric son la minoría aquí, todo el mundo está feliz de que hayas venido. Eres una bendición para nosotros —explicó, desviando los ojos hacia donde Amoux estaba entre los bailarines en el círculo mientras Echo la hacía girar alrededor del fuego con el resto de ellos.
—¿Una bendición porque podría darle hijos a Greyback algún día? —preguntó con cautela—. ¿Qué pasa si no lo hago?
La sonrisa de Accalia no vaciló cuando lo miró. —Eres uno de nosotros, no renegaríamos de ti por no hacerlo, no es como hacemos las cosas —explicó. Harry frunció el ceño, ese corazón desinteresado y sincero lo confundía inmensamente. No entendía cómo es que personas que habían sido tan lastimadas podían ser tan... buenas. Se concentró en su comida, sin saber cómo responder a sus palabras sinceras. Era difícil creer que esta aceptación incondicional solo la había recibido de Hermione, los Weasley y probablemente de sus padres cuando estaban vivos.
La comida sabía tan deliciosa como olía y llenó su estómago hasta que con un gemido bajó el plato para que Ghost se lo terminara. Accalia le sonrió. —Tienes buen apetito, eso es buena señal para un recién despertado. Pero supongo que estás acostumbrado a ser una excepción a la regla, por lo que he escuchado —le dijo, antes de añadir—: Sé que no siempre fuiste especial en el buen sentido, pero confía en mí cuando te digo que nunca seremos tan caprichosos al aceptarte como lo ha sido la mayor parte del mundo mágico.
Harry sonrió. —Eso es alentador. —Pero antes de que pudiera decir otra cosa, la música se detuvo y algunos de los jadeantes bailarines tomaron su asiento cuando comenzó a cambiar. Amoux se sentó junto a él, feliz de verlo.
—A mí me gusta bailar, pero voy a dejar el siguiente número para alguien más joven —se rió, abanicándose con la mano antes de levantar una jarra a sus pies y darle un trago profundo.
Harry miró hacia donde todo el mundo bailaba alrededor del fuego al ritmo de una música sensual y vibrante, siendo interpretada por el grupo sentado justo al lado del círculo. El ritmo era bajo pero rápido y Harry se sonrojó al ver los cuerpos balancearse estrechamente. Uno de los lobos lanzó a su sub, ambos girando y bailando sobre las puntas de sus pies antes de jalar su mano hasta juntar sus pechos. Cada vez que el ritmo alcanzaba un punto álgido, el sub giraba brevemente hacia el abrazo de un bailarín vecino, solo para regresar después con su pareja inicial, ambos moliendo sutilmente sus caderas ondulantes.
Harry divisó a Greyback entre los cuerpos retorciéndose y, por alguna razón, lo vio todo rojo. Todo su cuerpo se tensó mientras lo observaba capturar el cuerpo de Larentia en un giro y ponerla de espaldas a él, ella molió sus nalgas descaradamente contra él antes de darse la vuelta nuevamente. Había un placer irrefutable en los ojos de la mujer que hizo que su sangre hirviera. Junto a él, sabía que Amoux y Accalia debían haber sentido su ira o visto lo que él estaba mirando, porque ambos murmuraron su nombre con cautela. No los escuchó. Se puso de pie.
—Quédate —le dijo a Ghost brevemente cuando el lobo se levantó para seguirlo, antes de avanzar firme hacia delante. "Lo que sea, probablemente me la pasaré mejor sin ti, sentado ahí sintiendo lástima de ti mismo y arruinando el estado de ánimo…", le había dicho Greyback. «Oh, apuesto a que hubiera preferido que no saliera», pensó con furia, «para que pudiera frotarse contra alguna puta solo porque no estaba afuera... »
Greyback no había respondido ante ella, no había correspondido el acto moliendo sus caderas en aceptación como los otros lo hacían con sus parejas, pero la había dejado hacerlo y eso era igual de malo. Había dicho que él y Harry eran iguales en esto, pero era evidente que no era así si él se veía obligado a quedarse sentado por ahí mientras Greyback se divertía con cualquiera. No le importaba si era solo un baile, no le importa una mierda si las hormonas de todos estaban elevadas en el aire por la luna. Si él estaba atrapado marcado como la perra de Greyback, como una posesión, entonces era justo que fuera lo mismo para el Alfa.
Cuando Greyback lanzó a Larentia y su mano volvió tomarla una vez más, los dedos de Harry se envolvieron con fuerza alrededor de su muñeca. Ella se detuvo al igual que el alfa, aunque los otros continuaron con la danza sin notar su intervención. Harry la miró acaloradamente, luchando contra el impulso de enseñar los dientes y gruñir como un animal. En su lugar, la empujó a un lado y cerró sus dedos en la camisa de Fenrir, jalándolo bruscamente hacia él.
Su mente estaba abrumada con el innegable calor de la ira y la lujuria al mismo tiempo, su piel hormigueaba con reconocibles hormonas. Detrás de ellos, Larentia lanzó un gruñido de irritación mientras se escabullía fuera del círculo de cuerpos que bailaban alrededor del fuego, pero cuando la cabeza de Harry se volteó para tomar represalias, los dedos de Fenrir se enredaron en su cabello, manteniendo su mirada fija en la de él.
Brillantes ojos azules destellaron en la oscuridad, bordeados de fuego color ámbar. Fenrir gruñó de placer ante su vista y tacto, pegándolo a su cuerpo mientras continuaba moviéndose como si su baile nunca hubiese sido interrumpido. Esta vez, sin embargo, mantuvo las caderas de Harry presionadas contra él con la mano libre, moviéndolos en giros lentos, sus cuerpos tocándose ante cualquier movimiento.
Harry lo miró obstinadamente con brillantes ojos color esmeralda, empujándose desafiante hacia adelante en su baile cada vez más íntimo, no dispuesto a dejar que Fenrir ganara. Sus uñas se enterraron castigadoramente en la carne del alfa a través de la camisa. Cuando todo el mundo envió girando a sus parejas brevemente al abrazo de sus vecinos, los dedos de Fenrir se clavaron en él con fuerza, negándose a dejarlo escapar.
La música aceleró y aumentó de intensidad, sus movimientos se volvieron más rápidos y urgentes. Harry miró a un lado y atrapó a Larentia mirándolos con veneno. —Ella te quiere —se las arregló para decir a través de la bruma que nublaba su mente. Las palabras eran difíciles de formar. Fenrir jaló su cabeza hacia atrás de nuevo, obligándolo a mirarlo y Harry juró que podía sentir sus dientes doler con añoranza ante la vista de la amplia garganta del lobo. Tenía ganas de morderla y marcarla, de manera que todo el mundo supiera...
—Ella no importa —gruñó Fenrir con voz ronca, dando vueltas sobre la punta de sus pies y empujándolo con fuerza hacia su cuerpo, los pies de Harry apenas tocando el suelo—. Fue solo un baile, mascota, contigo es algo más. —De repente, un el ritmo aceleró una vez más, un conjunto de sensualidad y emociones carnales. Aquellos que creaban esta música con instrumentos de sonidos primitivos y hermosos aullaron para acentuar un acorde, al mismo tiempo que Fenrir y los otros lanzaban a sus compañeros al otro lado del fuego crepitante.
Harry jadeó, sintiendo el calor del fuego rozar su carne antes de que Fenrir lo arrastrara de regreso con fuerza; ni siquiera podía sentir el suelo bajo sus pies, su pecho estaba sin aliento. Gritos de alegría llenaron el aire mientras todos los demás imitaban sus movimientos en perfecta sincronía. Harry medio gimió, medio gruñó. Fue solo un momento en que sus ojos se encontraron con los de Fenrir, dilatados y casi completamente sumergidos en ámbar ahora. Luego su mirada se desvió al cuello del Alfa, persiguiendo una gota de sudor que se deslizó por su carne. Se abalanzó, agarrando un puñado de cabello mientras su boca se pegaba a su pulso.
Un gruñido salvaje pareció barrer a través de cada fibra de su ser, viajando desde los dedos de sus pies y vibrando hacia arriba, hasta que se derramó sobre sus labios mientras se clavaban en la carne de Fenrir. Por un momento, la dura piel no se rompió, pero luego el dolor en sus encías dio un latido casi insoportable. Los dedos del Alfa se apretaron en su cabello y entonces sus dientes se hundieron en el cuello del hombre lobo.
Sangre cobriza cantó en su lengua y el sabor lo sobresaltó lo suficiente para dejarlo ir. Se echó hacia atrás bruscamente con los ojos ligeramente menos ebrios, solo para ver a Fenrir sonriendo con alegría salvaje frotándose el cuello, donde la marca de su mordida ya sanada brillaba en un rojo furioso. Harry se sonrojó por completo, respirando con dificultad y sin saber qué decir cuando la música terminó y poco a poco todo el mundo pareció volverse consciente de lo que había pasado.
Antes de que pudiera regresar a ser plenamente él mismo, Harry escuchó a una persona acercándose a su lado y se giró para ver a Larentia caminar hacia él en línea recta. —¡¿Crees que puedes entrar aquí y cambiar todo a tu gusto, pequeña de mierda?! —siseó, deteniéndose e irguiéndose delante de él, con los ojos oscuros y el cabello rubio sucio alborotado por la danza—. Desafías cada tradición y leyes que hemos creado desde que se formó esta manada, ¿y esperas que seamos nosotros quienes dejemos todo de lado por ti? ¡Ya has hecho sangrar al Alfa por tu estupidez!, ¡¿y todavía te atreves a dictar lo que hace?!
—Solo con quién lo hace —Harry se burló, el lobo en su interior todavía en control. Miró a la mujer que se alzaba por encima de él. No permitiría que lo intimidara. Él era el compañero del Alfa, no ella—. Si yo estoy unido a él, entonces él está unido a mí, también. Así que tú y cualquier otra perra que no conozca lo que son los límites personales pueden mantener sus manos fuera de él.
¡BOFETADA!
La cabeza de Harry fue lanzada a un lado cuando ella lo golpeó, duro, toda su palma dándole de lleno en la cara. Él se quedó paralizado por un momento, tanto por la sorpresa como por sentir a sus sentidos refrenando a sus instintos una vez más. Al mismo tiempo, fue vagamente consciente de que Echo y algunos otros se adelantaron con gruñidos de indignación, poniendo a Larentia de rodillas delante de él, con los brazos sujetos por detrás en un ángulo incómodo para mantenerla inmóvil.
Cuando finalmente bajó la mirada, Harry vio a Echo y a otros dos sujetándola en su lugar.
—Te has salido de la línea demasiadas veces, Larentia —siseó Echo—. La pareja alfa nos gobierna y te guste o no, Harry es parte de esa pareja –ahora de manera irrefutable —añadió, mirando hacia donde la sangre había dejado de fluir en la garganta de Fenrir. Harry se sonrojó pero no apartó los ojos de la escena a sus pies. No podía creer que hubiera permitido que sus instintos lo controlaran de esa manera, que hubiese marcado a Fenrir, pero al mismo tiempo, se sentía como si un gran peso se levantara de su pecho. Se preocuparía más tarde por todo eso.
Uno de los hombres que habían ayudado a Echo murmuró con voz gruesa y pesada: —Eres tú quien no ha tenido ningún respeto por ellas o nuestras tradiciones. Él es precioso para nosotros-
—¡Él es una perra de cría y nada más! —chilló Larentia desde el suelo. Harry podía oír su gruñido entre dientes—. No tiene lo necesario para el puesto, debe recordar que no posee la fuerza de un hombre lobo ni tiene cualquier liderazgo en él –solo la capacidad de abrir sus piernas y exprimir la semilla del Alfa en su vientre indigno. ¡Ni siquiera quiere estar aquí!
Harry escuchó el "No es justo" que no dijo al final de sus palabras, y la miró por un momento antes de arrodillarse para poder ver su sucia y enfurecida expresión apuntándole con odio. —¿Así que es eso? —dijo en voz baja—. Quieres ser la compañera del Alfa y estás resentida porque no puedes tener hijos. —La última parte no era una pregunta, sabía que tenía razón y pudo sentir la mirada de Fenrir sobre él, como una hormiga podía sentir la quemadura de una lupa. De pronto, fue híper-consciente de cada respiración de Fenrir y se preguntó si eso sería algo permanente...
—Ella te ha insultado demasiado, Compañero Alfa —dijo el otro lobo al lado de Echo, después de que él y Larentia no dijeran nada por un tiempo—. ¿Cuál será su castigo?
Podía sentir el peso de todas las miradas sobre él. Se puso de pie con un suspiro, y con determinación evitó la mirada de Fenrir mientras se movía hacia donde había estado sentado con Amoux y Accalia en lo que parecía ser siglos atrás. —Déjenla ir. —Hubo un estallido de susurros incrédulos mientras Echo y los demás hacían lo que les pidió. Larentia se alejó pero a Harry no le importaba nada de eso, ni siquiera cuando sintió a Fenrir tomar su brazo y alejarlo un poco del círculo.
—¿Por qué renuncias a su castigo? —preguntó, su voz no sonaba crítica, solo verdaderamente interesada. Por la expresión de su rostro, no parecía comprenderlo—. Los hombres lobo pueden guardar más rencor del que conoces; te arrepentirás de dejarla ir tan fácilmente. Un Alfa tiene que manejar a la manada con mano firme.
Harry suspiró de nuevo y giró los ojos. —¿No dijiste que podía relajarme y dejarte a ti las preocupaciones? Pues puedes ser la mano firme por los dos —dijo con desdén. Ante eso, Fenrir agarró fuerte su trasero y lo pegó a él estrechamente, mirándolo hacia abajo a la cara. No lo dejaría ir sin una respuesta, al parecer.
» Solo porque soy un hombre no significa que no entiendo su dolor —murmuró, mirando hacia el círculo donde los festejos se habían reanudado como si nada hubiera sucedido—. Puedo verlo en todos ellos; ella quiere lo que su cuerpo fue hecho para hacer, pero nunca lo podrá lograr. Quiere tener hijos, pero a diferencia de Amoux, Accalia y los demás, no va a estar satisfecha con una adopción, quiere un hijo de su propia carne y sangre. Yo puedo tener eso y ella no. —Hizo una pausa y luego alzó la mirada para ver a Fenrir antes de añadir—: y yo solo aparecí aquí y, de alguna manera, logré quedarme con el compañero que siempre ha querido sin siquiera intentarlo. Tengo todo lo que ella quiere y siente que soy ingrato. Está triste, eso es todo.
Después de un largo momento, algo parecido a una sonrisa se asomó en los labios de Fenrir, que se inclinó y rozó su pulgar sobre la esquina de la boca de Harry. —Tienes un corazón tontamente bueno —le dijo sin rodeos, pero con una mirada en sus ojos que hizo que sus mejillas ardieran. La ligera sonrisa de Fenrir se ensanchó en una sonrisa completa mientras se presionaba más cerca, de modo que sus labios casi se tocaron.
—Ese fue un buen baile, mascota —susurró con fuerza contra su boca. Harry no pudo evitar jadear y respirar su aliento, su cabeza se nublaba de nuevo. Ladeó un poco la cabeza antes de saber lo que estaba haciendo, listo para aceptar la boca de Fenrir en la suya. Pero cuando esos labios descendieron y su barba le hizo cosquillas en el rostro, las palabras del alfa simplemente acariciaron sus labios entreabiertos—: Pero creo que la cosa más sexy que he visto en mi vida fue el que te interpusieras entre otra perra y yo como un demonio posesivo, restregando tu aroma por todo mi cuerpo.
Su cara quemó con mortificación y excitación. Sabía que Fenrir podía sentirlo porque él a su vez podía sentir su deleite palpitar en el aire alrededor de ellos, con tanta seguridad como si se tratara de un ente sólido.
—Te arrojaste sobre mí, mascota —continuó Fenrir—. Me gusta, puedo sentir mejor cómo te sientes ahora que me has marcado. —Con eso, giró un poco la cabeza de Harry e inhaló su aroma, mirando fijamente su marca que ahora era de un sorprendente color plata casi brillando en la penumbra.
» Te ayudaré a derrotarlo —murmuró contra la garganta de Harry, su nariz arrastrándose suavemente por su piel marcada—. Lo voy a borrar de la faz de la Tierra.
Harry gimió, arqueando la espalda cuando Fenrir lo inclinó hacia atrás, exponiendo la carne hipersensible de su cuello hasta que sus dedos arañaron con urgencia los hombros de Fenrir.
—Lupa y Hemming están buscando a tus pequeños amigos, los ayudarán. Seremos capaces de actuar y movernos más libremente una vez que Él esté convencido de que no eres nada de qué preocuparse; pero hasta entonces... —Empujó la mandíbula de Harry con la nariz para obligarlo a echar la cabeza hacia atrás y le sostuvo la mirada mientras su boca susurraba sobre la suya, como si bebiera su aliento—. Juega conmigo, mascota.
De repente, estaba tomando su boca de forma rápida y dulce, con tanta hambre que le hizo gemir dentro del beso. Para alguien que afirmaba que no le gustaban los 'besos humanos', Fenrir era terriblemente voraz. Sujetó a Harry con fuerza, levantándolo de sus pies mientras se movía y enredaba su lengua con la suya, delineándola, saboreándola y volviéndola a enredar suavemente con la suya.
Harry sintió el sabor cobrizo dejar su lengua para ser reemplazado con nada más que Fenrir. Su lengua delineó los dientes que habían roto su piel hacía solo unos momentos.
—Quédate conmigo —Fenrir gruñó en su boca, mordisqueando su labio magullado lo suficiente como para hacer que se retorciera y empujara su erección en el vientre del lobo.
—Por favor —jadeó Harry, sin saber muy bien lo que estaba pidiendo. Pero antes de que pudiera preocuparse por ello, fue arrojado sobre una familiar cama de pieles. La luz del fuego iluminó el cuerpo de Fenrir alzándose por encima de él mientras se desnudaba rápidamente. Y entonces el alfa estaba de nuevo sobre él, raspando su trasero con las uñas hasta que se arqueó lo suficiente como para sacarle los pantalones y tirarlos por encima de él.
Cuando Harry miró hacia arriba, juró que podía ver los colores de su Espectro del Corazón en llamas. Una miríada de rojos alrededor de ellos con no solo sus sentimientos, sino también los de Fenrir. Podía sentirlos tan claramente como si fueran suyos, corriendo a su lado, entrelazándose con los suyos hasta que no estaba muy seguro de cuál era cuál. ¿Era esto lo que significaba tener un vínculo de pareja?
Dondequiera que Fenrir lo tocara, dejaba el eco de un ardiente fuego a su paso. Era tan intenso, al punto de que Harry podía sentir su polla palpitar en respuesta al calor que sentía recorriendo el órgano del lobo. —Joder —juró, estirando su mano para envolverla alrededor de su creciente excitación, acariciándose con urgencia. Se sentía tan bien, gimió al sentir la mirada de Fenrir deslizándose sobre su cuerpo. Era como si esos ojos pudieran tocarlo y él se retorció y se arqueó, su polla llorando transparente placer perlado.
—Tan malditamente hermoso —gruñó Fenrir, agarrando sus caderas y dándole la vuelta sobre la cama, de modo que se vio obligado a soltar su erección para apoyarse torpemente, sus hombros contra las pieles y su trasero al aire bajo la atenta mirada de Fenrir. Harry sintió cómo su agujero se crispaba y escuchó y sintió la aprobación del alfa—. Bonita vista, mascota, me siento privilegiado —sonrió, su húmedo aliento soplando sobre su sensible entrada fruncida.
Inclinándose hacia delante, Fenrir cubrió con su boca su temblorosa entrada, el orificio húmedo y rosado, lamiéndolo con su lengua como si fuera un hombre muerto de hambre. Su nariz se presionó con fuerza justo debajo de las bolas de Harry, haciéndolo retorcerse. Harry metió la mano entre su cuerpo y la cama hasta agarrar su polla necesitada, acariciándola duro y rápido con renovada desesperación. Si la intimidad con Fenrir antes ya había sido intensa, ahora era mucho más poderosa. —Mierda —jadeó, enterrando la cabeza entre las pieles, los dedos de sus pies se enroscaron—. Mierda, ¡por favor...! ¡Quiero...!
—Sé lo que quieres, bebé —gruñó Fenrir contra su agujero tembloroso, metiendo dos dedos en la boca de Harry. Harry gimió alrededor de ellos, lamiéndolos con avidez y chupando como si éstos llevaran la última gota de agua en el mundo—. Quieres la gruesa polla de tu Alfa —continuó esa voz pecaminosa. Su polla se sacudió entre sus manos, su entrada se crispó debido a esas palabras y Fenrir lo sabía: podía sentirlo todo. El lobo rió oscuramente. —La quieres en tu linda boca, quieres chuparla hasta dejarla seca, frotarla contra ti, sobre ti y dentro de ti.
Harry gimió más fuerte, rozando con sus dientes las yemas de los dedos ásperos que seguían en su boca antes de volverlos a chupar con fuerza. Enredó la lengua alrededor de ellos con entusiasmo, sus instintos susurrándole que lo que en realidad anhelaba era algo más grueso. Se sonrojó ante la idea, pero eso solo hizo que se pusiera más duro.
—Oh, sí mascota. Quieres chupar mi polla, la necesitas. La quieres dentro de tu pequeño tierno agujero, hasta reventar —continuó Fenrir, los dedos de su mano libre uniéndose a su boca en su trasero, adorando la fruncida entrada mientras la abría un poco con su dedo índice, su lengua sumergiéndose en su interior. Harry hizo un sonido estrangulado, entre una inhalación brusca y un grito ahogado debido a la sensación. Le encantaba sentir lo mucho que ambos estaban disfrutando de esto. Era la afinidad que había estado esperando.
—Quieres que te folle hasta llenarte, hasta que ese vientre tuyo se hinche.
Su cuerpo tembló y se arqueó con espasmos, el pre-semen de su erección ayudándole a lubricar sus movimientos sobre ella. —Fenrir, ya-
—No hasta que esté dentro de ti, mascota —gruñó el hombre lobo, dándole una última lamida a su agujero antes de comenzar un lento camino por el cuerpo de Harry. La ligera barba en su barbilla le hizo cosquillas en las bolas, su única advertencia antes de que una caliente boca aspirara su pesado e hinchado saco. Las uñas de Fenrir se arrastraron por su estómago mientras se movía de una bola a otra. Las abarcó con besos húmedos, tirando suavemente del delgado vello con sus labios, hasta que un agudo sonido de placer apenas contenido se estremeció entre los dientes de Harry.
—Delicioso —jadeó Fenrir, raspando con sus colmillos la base de su polla, su nariz apenas rozó los nudillos de Harry que seguían moviéndose frenéticamente—. Voy a llenarte tanto.
De repente, la mano que Harry tenía sobre su eje fue alejada de un manotazo y una lengua se deslizó por su eje, dejando un rastro de saliva sobre cada vena palpitante. El lobo persiguió el rastro semitransparente de pre-semen que supuraba desde la cabeza de su polla y sondeó el tierno orificio del meato con la punta de la lengua, raspando después el pliegue tenso de su frenillo con los dientes.
—¡Ah! —jadeó, los dedos del alfa aún en su boca; Harry arañó las pieles mientras trataba de utilizar los brazos para empujarse más en la boca del otro. Chupó casi castigadoramente los dedos entre sus labios, desesperado por que Fenrir hiciera algo, cualquier cosa que lo llevara a la culminación.
—Hmm, una perra codiciosa. —El lobo prácticamente gruñó de placer, lamiendo su eje un par de veces antes de dejar caer el trasero de Harry sobre las pieles. Harry se sentó, tembloroso, viendo a Fenrir acomodarse en la cabecera de la cama con las piernas semi abiertas. Su pesada y gruesa polla descansaba tentadoramente sobre su vientre, prácticamente haciéndole señas para hacer que se acercase.
» Ven, mascota, muéstrame lo mucho que amas mi polla —gruñó, su voz instándolo a deslizarse hacia delante sobre sus manos y rodillas, hasta que estuvo entre los muslos abiertos de Fenrir. Harry lo miró a través de sus pestañas, un rubor oscureciendo aún más su carne. Esos ojos azules con borde dorado lo miraron cuando se inclinó, su trasero levantado al aire mientras arrastraba suavemente los labios por el pulsante eje de carne. Lo acarició vacilante por un momento, antes de separar los labios y tragárselo de una vez.
Fenrir soltó un gruñido de placer y ahuecó la mano en la nuca de Harry, acariciando su cabello en señal de aprobación. Fue ese sonido ronroneante lo que hizo que Harry apretara los muslos con fuerza, su estómago se apretó y un débil gemido dejó sus labios. Su mente estaba de nuevo nublada, sofocando toda inhibición y haciendo que se condujera por mero instinto –por lo que deseaba– sin preocuparse por lo que debía o no sentir.
Gimió otra vez, poniendo con cautela una mano en la ingle izquierda de Fenrir, mientras la otra sostenía esa polla dura en sus labios. Tragó profundamente, tanto como pudo, emitiendo un gemido ronroneante que envió placenteras vibraciones por la dura carne del lobo, que intensificó el agarre en su nuca.
—Oh, buen chico —jadeó el alfa, con sus musculosos y tensos muslos a cada lado de Harry mientras bajaba más. Su nariz rozó el vello púbico justo cuando su garganta ya no pudo más.
Miró hacia Fenrir con la boca llena y acarició con los dedos la última pulgada de que no podía encajar, viendo el tono ámbar de sus ojos tragar casi por completo al azul.
—Mmmm, mío —gruñó el lobo de nuevo, justo de esa manera que hizo que Harry gimiera alrededor de la polla en su boca, succionando intensamente hasta que probó el almizclado pre-semen en su lengua. Su propia polla dolía con la sensación combinada del placer del alfa.
El placer de Fenrir era literalmente el suyo. Podía sentirlo todo, hasta la forma en que la punta de su propia lengua se apretaba en la palpitante vena en la base de esa gruesa erección. Gruñó con la sensación de ello, y se echó hacia atrás con una larga y amorosa lamida a la cabeza hinchada. Se abstrajo por completo en su tarea hasta que Fenrir sujetó su erección por la base y frotó la generosa longitud por la cara de Harry.
Permitiendo que un suave maullido animal saliera de sus labios, Harry presionó su nariz contra el vello en el pubis de Fenrir. Aspiró su aroma y apretó las piernas en un intento de aliviar tanto el calor como la ansiedad pulsante que fluía allí. Fenrir frotó su generosa dureza sobre el rostro de Harry, sobre su boca y barbilla, sobre su cuello, cubriendo toda su cara con una ligera capa de pre-semen y cubriéndolo con su olor.
—Mío —gruñó el alfa de nuevo, con más fuerza esta vez, remarcando esa palabra con una presión firme a lo largo de su cara.
Harry saboreó el reclamo, el conocimiento de que era deseado, y se quedó sin aliento. Raspó con sus dientes el musculoso estómago del lobo, hasta que el alfa gruñó de placer y lo alzó contra su cuerpo jalándolo por la nuca hasta que sus labios chocaron.
—Mío —jadeó Harry esta vez contra los labios exigentes, presionando su polla contra el vientre de Fenrir mientras esa otra excitación se deslizaba por el valle entre sus nalgas, empujando con insistencia.
—Oh, no tienes ni idea —gruñó el alfa, rodando sus caderas para encontrarse con los empujes de Harry, saboreando su boca hasta que se llenó con nada más que él—. Eso es, bebé, presiona tu polla contra mí —lo urgió, rompiendo su húmedo beso y agarrando sus caderas para ayudarlo a balancearse de atrás hacia delante sobre sus caderas. El lobo observó cómo sus músculos se tensaban con cada movimiento, ávida y descaradamente admirando la vista frente a él—. ¿Estás listo para que llene tu otro pequeño agujero codicioso? —preguntó, sus ojos ámbar brillaron con lujuria mientras se encontraban con el verde esmeralda.
El pecho de Harry se quedó sin aliento pero no podía dejar de moverse, no podía siquiera reducir sus frenéticos movimientos sobre ese duro estómago. Se sentía como si fuera a estallar si lo hacía. Era incapaz de cualquier pensamiento o palabra racional. Todo lo que sentía era el placer combinado de Fenrir y suyo, devastándolo por completo. Vagamente registró a Fenrir hablando y se molió con más fuerza contra él en respuesta, solo para encontrarse a sí mismo puesto en posición vertical en el regazo de Fenrir; entonces fue girado hasta que su espalda se presionó contra el pecho del alfa, el sudor haciendo que sus pieles de deslizaran.
Harry miró hacia abajo, donde un par de manos separaban sus muslos para extenderlos abiertos sobre las piernas de Fenrir. Vio el grueso miembro descansando contra el suyo, sacudiéndose ligeramente como si todavía estuviera frotándose contra el culo de Harry. Incluso la lenta caricia de esos pulgares contra el vértice de sus muslos le hizo gemir con un ronco sonido, gutural e inhumano. No pudo evitar estirarse y tomar ambos órganos, bombeándolos con su mano.
La combinación de sus jugos pre-orgásmicos ayudaron a deslizar su mano; echó la cabeza hacia atrás sin motivo, disfrutando de la sensación de Greyback empujando en su mano, junto a su polla, sus cuerpos moviéndose juntos con pecaminosa y deliciosa fricción.
—Buen chico, esto es lo que quieres, ¿no? Una buena polla entre tus muslos —murmuró Fenrir contra su garganta, aspirando la cicatriz en su cuello al mismo tiempo y haciendo que Harry se estremeciera mientras asentía frenéticamente.
Apretó ambos glandes con un grito de asombro cuando Fenrir mordisqueó su garganta marcada casi cariñosamente. —Ponme dentro de ti, mascota, déjame llenarte —murmuró con voz ronca. Sus manos se deslizaron entre ellos hasta rozar el torso y el estómago de Harry con sus uñas juguetonamente, apenas lo suficiente para hacer que gimiera de nuevo. —Déjame hacer que este vientre escuálido se vuela redondo y agradable.
Con eso, Harry los soltó a favor de guiar la gruesa y furiosa dureza de Fenrir a su entrada. Siseó con dulce placer tortuoso cuando la punta hinchada empujó contra su anillo fruncido. Al mismo tiempo, la mano del lobo se presionó posesivamente sobre su estómago y una de sus garras raspó ligeramente un pezón. Las caderas de Harry se sacudieron con sorpresa y se hundió, soltando un grito ahogado al tragarse por completo la polla de Fenrir, metiéndola en su cuerpo.
Un gruñido animal escapó de los labios del alfa y viajó por todo su cuerpo mientras se detenían por un momento, el golpe de placer atravesándolos como un rayo. Resonó a través de ellos con tal potencia que todo lo demás se desvaneció. —Tan apretado… caliente —jadeó Fenrir entrecortadamente, perdiendo la coherencia y el control de sus propias palabras. Rodó sus caderas hacia arriba, la mano sobre el estómago de Harry ayudándole a balancearse por encima de él, a deslizarse aún más profundo dentro de él.
Harry giró la cabeza a un lado, presionando besos con la boca abierta en los labios de Fenrir mientras giraba sus caderas con fuerza, jadeando insaciablemente dentro de su boca con cada sentón. Movió la lengua con impaciencia una última vez antes de que Fenrir rompiera la conexión de sus bocas para presionar su nariz justo debajo de su mandíbula, inhalando profundamente mientras sus cuerpos se sacudían juntos. Su apretado anillo se ciñó vorazmente alrededor del grosor que tenía dentro, aspirándolo ávida y profundamente. La ligera fricción entre ellos ardía lo justo, e hizo que su polla se estremeciera con el placer del alfa y el suyo.
Fuego líquido rezumaba de su hendidura. Se acurrucó firmemente contra la nariz de Fenrir con un grito ronco de felicidad, que no era ni de cerca humano mientras la mano libre del hombre lobo tiraba de su prepucio hasta descubrir la punta hinchada. Ambos gimieron con igual placer, sus caderas moviéndose más rápido en respuesta. El áspero pulgar del lobo se deslizó sobre la punta, arrastrando consigo un brote de pre-semen que lubricó el dedo cuando lo pasó por su frenillo sin piedad.
—Oh, mierda —gruñó Fenrir contra el cuello de Harry, su mente se nubló, sus embestidas se intensificaban cuanto más sentía, cuanto más olía de él—. Esperé tanto tiempo por ti... — Y ese fue su último sonido coherente. Con un gruñido de deseo abrumador, los empujó hacia delante, su cuerpo presionándose firmemente contra el de Harry. El chico estaba doblado prácticamente por la mitad, con los hombros y la cara contra las pieles y su culo todavía lleno se alzaba de nuevo al aire.
Un grito agudo dejó al muchacho mientras Fenrir aferraba sus caderas, mordisqueando su nuca entre constantes gruñidos sobrenaturales. Empujó duro su polla en el cuerpo tenso y flexible, sus bolas golpeando contra el trasero del chico con húmedos y obscenos sonidos que llenaron toda la guarida, mezclados con sus gruñidos de placer carnal.
Harry se apretó alrededor de él con fuerza, sus manos volando hacia atrás para extender sus mejillas tanto como pudieran. Se empujaba contra Fenrir con lascivo abandono, su descuidada polla abofeteaba húmedamente su propio estómago con cada embestida. Sintió su piel tararear con esa familiar urgencia y entonces el calor de ese canal se precipitó por todos sus miembros hasta que cayó de un precipicio con una explosión. Incluso los dedos de sus pies y manos se cerraron con fuerza y apretó los dientes, haciendo que los interminables sonidos que vibraban de su garganta salieran apagados y ásperos.
Por fin, Fenrir se empujó hacia delante con un rugido. Mordió la carne cicatrizada en plata donde había dejado su marca y golpeó sus caderas por última vez. Su polla palpitó profundamente dentro de su compañero mientras se derramaba en aparentes interminables oleadas de placer blanco y caliente. Sus músculos se tensaron hasta el punto del dolor y apretó los dientes en el cuello de Harry con ferocidad dolorosa. La piel allí no se podía romper, se había vuelto impenetrable desde que Fenrir la había marcado y sanado, pero era extremadamente sensible y cuando Harry gritó en doloroso placer, el alfa lo soltó.
Todavía jadeando e incoherente debido a las sensaciones post-orgásmicas, Fenrir se retiró del agujero húmedo de su compañero, gruñendo en apreciación al ver el hinchado anillo rosado apretarse en un esfuerzo por mantener su semilla dentro. Gruñó y le dio la vuelta a su compañero, disfrutando de la vista de su piel sudorosa brillando a la luz del fuego, su polla aún dura y descuidada contra su estómago.
Harry lloriqueó con urgencia, suspendido al borde del éxtasis por el propio placer insoportable. Sus caderas se sacudieron hacia arriba y Fenrir gruñó tranquilizador. Lamió los magullados labios de Harry antes de desviarse y trazar la forma de su mandíbula y de los tendones en su cuello, con labios y dientes. Se movió hacia abajo, mordiendo con avidez su clavícula; provocó dulces gimoteos en la garganta de su compañero cuando atrapó un erguido pezón entre los dientes. Gruñó en respuesta a sus gritos y finalmente se tumbó entre los muslos temblorosos, exhalando su caliente aliento sobre la palpitante dureza al mismo tiempo que extendía el tierno agujero, viendo cómo sus fluidos supuraban con espasmos desde ese anillo.
Gruñó de placer ante la vista, capturó una gota gorda con los dedos y la empujó de nuevo hacia dentro con un dedo, luego con dos, tres, luego con cuatro en rápida sucesión. Empujó en su interior, retorciéndolos justo del modo correcto para que el ardiente canal se apretara alrededor de sus dedos gruesos, chupándolos vorazmente.
A escasos centímetros de su cara, la polla de Harry se sacudió cuando Fenrir presionó su perineo con el pulgar, empujando sus otros dedos dentro y fuera con duros e implacables golpes, para que los sucios ruidos húmedos remarcaran sus acciones. Las bolas por encima de su mano estaban tensas y pesadas, por lo que agachó el rostro y las rodó entre sus labios y lengua, la única advertencia que le dio antes de tragarse la necesitada polla hasta la raíz.
Eso fue todo, Harry emitió un gemido gutural y se arqueó, su placer irrumpió desde lo profundo de su vientre y se corrió dentro de la ansiosa boca de Fenrir, que se tragó todo lo que tenía para dar.
Jadeaba pesadamente, sus extremidades temblaban mientras regresaba a su cuerpo, solo para encontrar que Fenrir seguía chupando su polla y que sus gruesos dedos aún se presionaban contra su próstata con insistencia. Lanzó un gemido bajo y esos ojos azules rodeados de ámbar (regresando al color azul gradualmente) lo miraron a los ojos. El delicioso tormento se detuvo.
Fenrir sacó sus dedos y con un sonido húmedo soltó su erección reblandecida de sus labios, pero no se movió de entre sus piernas. Estaba mirando. Harry disfrutó de ello y de su cercanía mientras yacía en silencio, esperando a que los latidos de su corazón y su respiración volvieran a la normalidad. Eso fue hasta que la niebla de la excitación se desvaneció de su mente y se encontró completamente desnudo y sin fuerzas, extendido ampliamente bajo la atenta mirada de Fenrir.
Harry se movió pensando en cubrirse, pero Fenrir sujetó firmemente sus muslos, deteniéndolo. —Quiero mirar —dijo a modo de explicación; extendió su agujero sensible y frotó el tierno anillo de nervios hasta que los músculos permitieron flexiblemente que la pesada carga en su interior rezumara desde allí.
—¡No! —jadeó débilmente, mortificado, luchando pero incapaz de moverse. Sintió el semen caliente chorrear de entre sus mejillas y supo que Fenrir podía verlo; era tan... malo.
—Sexy —gruñó el lobo en señal de aprobación, frotando el trasero de Harry con aprecio antes de rodar de lado sobre las pieles. Tiró de él hasta que su pecho estuvo descansando contra la espalda de Harry y su nariz estaba presionada en su cuello, justo debajo de la oreja.
—Estoy pegajoso —murmuró Harry medio en protesta, con las mejillas todavía sonrojadas por el sexo y su cuerpo hormigueando en todos los lugares que debían sentirse equivocados. Juró que aún podía sentir a Fenrir en su interior. Esos brazos se apretaron a su alrededor y se quedó quieto, sintiendo cómo el corazón del alfa se ralentizaba poco a poco hasta la normalidad contra su espalda, húmeda de sudor. No podía negar lo bien que se sentía estar de esa manera, y no estaba seguro de querer negarlo tampoco.
—¿Quisiste decir lo que dijiste? —preguntó, rompiendo el silencio cuando pudo confiar en que su voz no se agrietase, aunque sus palabras sonaran ligeramente gruesas por todos los ruidos que había hecho—. Antes —elaboró—, sobre ayudarme a deshacerme de Vol… de Él.
Fenrir pareció congelarse durante un instante, antes de hacerlo rodar sobre su espalda para poder mirarlo a los ojos. Todo el ámbar había desaparecido por ahora, dejando solo el azul brillante. —Yo no miento, mascota, no a ti —dijo con su áspera voz habitual—. Él no me importa una mierda, pero a ti sí, y eso lo hace mi problema. Además —se detuvo por un momento, analizándolo de cerca. Harry sintió un aleteo impar de emociones que no eran suyas dentro de él, pero no pudo identificar lo que Fenrir sentía exactamente cuando murmuró—: si está fuera del camino, serás capaz de concentrarte únicamente en mí.
Harry lo miró, sorprendido por la sinceridad de sus palabras antes de desviar la vista y burlarse torpemente. —Debí suponerlo, bastardo codicioso.
—Mucho —sonrió Fenrir, haciendo girar su cabeza y asegurándose de que sus ojos se encontraban una vez más antes de continuar—: Pero quise decir lo que dije; tenemos que esperar hasta que él piense que no eres una amenaza, hasta que Hemming y Lupa regresen de informar a tus sus amigos, por lo menos. Y si intentas escapar y manejar las cosas por tu cuenta, de antemano te digo que voy a arrastrar tu trasero de vuelta cada vez que lo hagas. —Su voz era severa e inamovible, el aleteo desigual e inidentificable de sus emociones todavía nadando en la cabeza de Harry.
Al final, Harry suspiró dándose cuenta de que no había malicia, intriga o mentiras en sus palabras, sintió la verdad en ellas y las últimas semanas le habían dado una ligera idea sobre las costumbres de la manada. Compartían sus problemas, por lo que sabía lo que Fenrir pensaba de su situación con Voldemort. Él aceptó sus palabras, por ahora, pero no se quedaría aquí sentado para siempre, feliz de esperar mientras los demás arriesgaban el cuello. Las cosas, sin duda, serían mucho más fáciles con la ayuda de Fenrir, especialmente porque Harry sabía que a pesar de sus defectos, el lobo cuidaría su espalda pasara lo que pasara.
Estaban unidos ahora; no había vuelta atrás. Finalmente podía apreciar lo que eso significaba. Él nunca se sentiría solo, no estaría solo de nuevo y eso no era tan malo, ¿cierto?
—¿Qué pasará esta luna llena?—preguntó Harry después de un tiempo, dándose cuenta torpemente de que Fenrir lo había estado mirando pensativamente todo el tiempo.
—Eres mío ahora, total y completamente. Podrás tallarte hasta que tu piel esté en carne viva y aun así seguirás oliendo a mí —explicó Fenrir, inclinándose hasta que su nariz acarició el cuello de Harry—. No podría matarte, incluso como un lobo, y el resto de la manada lo sabrá aunque estén en ese estado. Puede que jueguen rudo, mascota, pero no sufrirás ningún daño con nosotros.
Harry sopesó sus palabras y la sinceridad de ellas antes de asentir lentamente, tratando de ignorar el malestar que sentía al pensar en la próxima luna llena y sacarlo de su mente. Evidentemente detectando su agitación, Fenrir inclinó la cabeza y deslizó su lengua sobre los labios de Harry antes de que su boca imitara al instante el movimiento. Cuando se retiró, lo rodó de nuevo sobre su costado y dejó caer un pesado y posesivo brazo sobre su cuerpo. Su nariz presionó la marca en la garganta de Harry. La estaba oliendo de nuevo, como si su aroma fuera una droga adictiva.
—Seguro que me besas mucho, teniendo en cuenta que es una cosa 'humana' —murmuró Harry, incapaz de contenerse.
Fenrir resopló y luego mordisqueó el lóbulo de su oreja en castigo por su burla. —Supongo que tenían que hacer un par de cosas adecuadas: parecen manejar bastante bien el follar—dijo lascivamente, acariciando con una mano el estómago de Harry—. La cerveza es bastante buena, también.
Rodando los ojos, Harry sujetó la mano errante del lobo, que estaba a punto de deslizarse hacia su parte inferior, y giró la cabeza para que el alfa se viera obligado a mirarlo a él en lugar de respirar en su garganta. —Todas las cosas importantes —ironizó con cansancio.
Fenrir sonrió. —Bueno, los seres humanos que te hicieron… ese fue un buen trabajo, así que eso supongo-
Harry lo miró fijamente. —Creo que te mordí un poco demasiado fuerte en la fiesta, eso sonó casi sentimental.
Fenrir dejó escapar un sonido que era mitad gruñido, mitad carcajada mientras rodaba encima de Harry, agarrando un puñado de cabello en su nuca con ferocidad simulada. —Y yo creo que no te follé lo suficientemente duro si todavía tienes energía para semejante desfachatez —murmuró con voz ronca, su voz llena de promesas.
Este capítulo fue beteado por Midnight_Phoenix.
Ro: Me parece que hasta ahora no ha habido ninguna palabra "difícil" en el fic, por eso digo que no sé qué habrán estado leyendo hasta ahora xD. Te apoyo con lo de las historias complejas y bien escritas, son las que más disfruto. No digo que todo mondo deba hablar y escribir como Cervantes (de hecho no nos entenderíamos si fuera así, jajaja), pero no hay que criticar por criticar, y solo por el lenguaje, que es lo peor.
Sobre la historia, creo que el beso era una de las cosas más esperadas por todos, excepto por lo que pasó en este capítulo. ¡Harry por fin completó el vínculo! Lástima que no le va a durar demasiado esta estabilidad. Me emociona cada vez que algún detalle demuestra cómo van creciendo los sentimientos entre ellos, a pesar de que Harry (cómo no) lo niegue.
Como dices, una de las cosas más bonitas sobre el beso fue el sentimiento detrás de ello. Tiene más valor sabiendo que no se besaron a la primera, más sabiendo que Fenrir lo considera algo "humano". Pero míralo ahora, disfrutando de los besos y la cerveza, xD (que no sé dónde habrá probado). Aunque se contradice un poco con lo del sexo, pues lo califica como algo humano y aún así lo practica. Ergo, hombre lobo o no, él es humano , ¿cierto? jajaja. A decir verdad me preocupa un poco todo el sexo que hay. Soy de las que, con el tiempo, se salta cada vez más este tipo de escenas, y ahora mientras traduzco me doy cuenta de la enorme cantidad de páginas dedicadas a ello. Me pregunto si les aburrirá o se las saltarán como yo en otros fics. Ay, ay, ay, xD.
Pensaré en alguna historia para recomendarte, lo prometo :)
Un beso.
