Ninguno de los personajes me pertenecen, todos ellos son creación y propiedad de Sunrise.
Capítulo 9
Entre la cresta de las olas
Mai levantó una ceja ante el rostro de la pelinegra, Mikoto bajó la mirada y señaló la cabina de la capitana débilmente con una mano -Dime que la dejaron por lo menos presentable- Rogó la mujer ante la desesperanza que se leía en la joven Minagi. Los ojos de la joven Tokiha se ensancharon al notar la fina línea roja que se extendía desde la nariz hasta el final de la mejilla derecha de la joven pirata. Sintió deseos de abalanzarse sobre ella para revisar la herida, pero debía mantener la calma y lo más seguro era que ya se la había curado. Shizuru a su lado aguantó la respiración, no le gustaba el cariz que estaban tomando las cosas.
-Es un trabajo hecho para tí- Comentó sin humor Nao, saliendo del camarote de la herida -Necesitaras un mapa para ponerle los huesos en el orden correcto otra vez...- Mai suspiró y se pasó una mano por el rostro, habían subido recién por la escalatina que les habían lanzado desde el barco, seis veces tuvo que detener el avance de las pequeña barca que las llevó hasta Dhuran para evitar que los caballos se cayeran, aún podía escucharlos piafar desde el mar, esperando que los subieran, y, como si correr a contra reloj con una banda de nobles locos pisando los talones no fuera suficiente, por primera vez Mikoto no saltaba a saludarla y Nao la miraba confirmándole que habían dejado a su 'adorada' capitana convertida en una bolsa de huesos y piel buena para nada. Alargó su brazo libre y sostuvo el cuello de la camisa de Shizuru.
-No, primero tengo que arreglarla- Susurró, afianzando con fuerza el agarre para evitar que la castaña se le fuera de las manos. La joven la miró unos segundos de forma intensa con sus ojos rojos y luego bajó la mirada, indecisa -Se que estás asustada- Pronunció con firmeza, a pesar de que ella también lo estaba -Pero es mejor que la trate de inmediato, luego lo más seguro es que me golpeé y me exija verte...- La joven Viola cedió el impulso, relajando la presión que la camisa ejercía en su cuello. Mai le sonrió y la soltó, miró a Nao significativamente y luego a Mikoto, ambas asintieron. La tabernera abrió la puerta, metiéndose nuevamente en la habitación, mientras Mikoto se adelantó hasta ellas, tomando una de las manos de Shizuru y conduciéndola hacia la operación de rescate equino. Mai las siguió con la vista hasta que se asomaron por la borda, donde unas cuerdas empezaba a suspender al primero de los animales. Agitó la cabeza y se adentró hacia la habitación, traspasando el marco con temor, aspirando el aire algo sofocado y oscuro que reinaba en el camarote. -¿Por qué nunca ventilas este lugar?- Inquirió, cerrando la puerta con fuerza. Unos candelabros suspendidos precariamente en el techo alumbraban el cuarto, dibujando sombras débiles y escurridizas. Natsuki la miró con un dejo de diversión desde la cama.
-Solo estoy aquí en las noches, ¿para qué necesito ventanas?- Respondió con esfuerzo, la siesta antes de llegar había reponido sus fuerzas, y ahora se sentía capaz de hablar sin que los dientes bailaran por sus encías. Mai se acercó, levantando sus dos cejas en un arco limpio. -Si, les fasciné- Comentó ante la muda interrogante en sus ojos, Nao a su lado bufó algo mientras sacaba los implementos que más parecían de tortura que de medicina.
-Solo lo haces para que te toque, admítelo Kruger, siempre quisiste estar en mis manos- Comentó la pelirroja antes de limpiar una de las heridas de los brazos. Mai se acercó y le metió una mordaza en la boca a su amiga. Sostuvo sus dos manos con las de ella y la amenazó con los ojos -Eso la callará, muy bien, trabajemos, informe de los daños- Exigió a su ayudante con tono profesional, estaba preocupada, aún no veía todas las heridas pero Natsuki estaba cubierta de cortes y moretones, solo esperaba que no hubieran huesos rotos. Nao sonrió y se burló con la vista de la apresada herida.
-Veamos... tiene las articulaciones delicadas porque las golpearon, aunque no lo suficientemente fuerte como para dislocárselas, un par de golpes de látigo en las piernas, brazos y espalda, moretones y cortes de puño y patada por todo el cuerpo, falta de sangre y hasta ahora ni un solo hueso roto- Contó, usando sus dedos para enumerar -Ah, y marca en las muñecas y tobillos por los grilletes. Kruger eres un demonio, aún no me explico como no te quebraron un hueso-Comentó, mirándola de soslayo. Natsuki la traspasó con la mirada, exigiendo que le sacaran el pedazo de tela de la boca para poder hablar.
-Esta bien, ayúdame a sostenerla, vamos a empezar por suturar las heridas más grandes y retraer y estirar las articulaciones- Suspiró la pelirroja, un poco de alivio la invadió al revisar el color sonrosado de las uñas y encías de la mujer y palpar su abdomen aún plano -Créeme- Le dijo a la capitana mirándola a los ojos -Ahora agradecerás la mordaza-
-Puedes… olvídalo…- Shizuru desistió de llamar a Mikoto que saltaba de cuerda en cuerda, asegurando el arnés con el que subían al segundo caballo a bordo, sin pensar ni temer a las arremolinadas aguas que se estrellaban contra el costado del barco, a solo unos metros de las precarias cuerdas que eran su escenario de piruetas mientras el barco se movía hacia el oeste. Hacía una hora que Mai había entrado a la habitación de Natsuki y aún no tenía una sola noticia de la mujer. Suspiró, recordando el estado en que la dejo la prisión de los Tate. Los Tate. Sus cejas se crisparon sin siquiera darse cuenta, pero levantó una mano hasta su sien izquierda par apaciguar la punzada de dolor que le produjo mover el corte aún no cicatrizado. Esa familia había traicionado a los Viola y a los Kuga, la joven paseó la mirada por el atlético cuerpo de la pelinegra apretando un nudo y se preguntó el por qué se arriesgaría a tanto el rubio, que esperaba conseguir. Apoyó la barbilla contra la baranda del barco y aspiró con fuerza el olor a mar y madera. No podían tener en su poder la joya, ella lo sabía, su padre jamás lo diría, pero tampoco comprendía que ganarían obteniendo las joyas, eran solo la puerta que conducía a Kagutsuchi. –Ninguno de nosotros tiene poder sobre la bestia…- Su padre se lo había dejado claro, sino hacía mucho tiempo que habrían recurrido a los servicios del enorme dragón para solucionar los 'pequeños' problemas que podían aquejar a la familia. –Estamos en la sombra del faro… -Suspiró, recordando lo que su padre solía decir. Un sonoro relincho la devolvió a la tierra, Obsidian saltaba a la cubierta, inquieto y nervioso. Shizuru le sonrió al animal, parecía un destello oscuro sobre la madera cruda. Mikoto le saltó encima y lo guió hacía la bodega, donde habían improvisado unas caballerizas.
-¡Vamos Shizuru!- Gritó la niña, mirándola sobre el hombro con una sonrisa. La joven la alcanzó y le sonrió en respuesta, los cascos del animal resonaban sobre el griterío de los hombres. La castaña se adelantó para abrir la puerta de madera y el equino entró solo a su pesebrera, deseoso de un momento de paz. Mikoto saltó desde su lomo, haciendo una pirueta en el aire que la hizo rozar el techo, para sorpresa de Shizuru la niña encaminó su trayectoria hacia ella.
-¡¿Mikoto?- Alcanzó a gritar antes que la joven le cayera encima y las llevara a ambas al suelo. La pelinegra se rió de buena gana levantándose de un salto y ofreciéndole la mano a la castaña.
-¡Debiste atraparme, Shizuru!- Le reprocho bromeando. La joven la observó atónita sosteniendo su mano, solo había cruzado un par de palabras con la niña, pero al parecer esta no tenía reparos en su presencia. Sonriendo y agradeciendo en silencio esta camarería inaudita se incorporó del suelo.
-¿No te duele?- La joven Viola le señaló el corte en la mejilla, la línea roja llamaba la atención y la curiosidad la embargó al notar como la pequeña seguía sonriendo a pesar de mover todos los músculos afectados por el corte.
-¡Para nada!, además Mai ya me curará y dolerá incluso menos- Contestó sonriendo, sin darse cuenta de la notable incoherencia que había formulado. Shizuru le puso una mano encima de la cabeza de forma matriarcal.
-¿Quieres mucho a Mai, no?- Inquirió, mientras salían a la cubierta ajetreada por el ir y venir de los hombres que preparaban el barco para empezar el viaje.
-¡Um!, ¡Mai es mi familia!- Respondió, saltando nuevamente a la espalda de la castaña, la joven suspiró resignada y cruzo las manos por la espalda para evitar que la pelinegra se resbalara por su cuerpo –Mai, Natsuki, Nao y tú son mi familia- Agregó. Shizuru se detuvo por unos segundos, sorprendida. Un suave calor nació desde la boca de su estómago y luego, con energías renovadas, se puso nuevamente en marcha.
-Vamos a ver como sigue Natsuki- Susurró, encaminándose hacia la puerta de la mujer.
-¡MIERDA!- Golpeó la pared nuevamente, hundiéndola unos centímetros bajo la fuerza de su puño, el hombre ante él se acobardó. -¿Estás seguro?- Preguntó nuevamente, a pesar de que sabía perfectamente la respuesta a esa pregunta.
-Si, el sargento Won fue herido de bala en una de sus piernas, por fortuna el proyectil no tocó el hueso, pero no puede levantarse de su cama el doctor ordenó reposo de días- Se encogió al sentir la presencia del otro cerca suyo, pero el hombre pasó a su lado sin mirarlo.
-Esto cambia los planes… radicalmente, ¿Qué hace ahora Yuuichi?- Inquirió, girando nuevamente hacia el mensajero.
-El lord Tate estableció un perímetro de búsqueda y ordenó que sus barcos más veloces salieran en persecución de cualquier navío sospechoso-
-Mmhhh…- Nagi se rascó la barbilla un par de segundos, antes de mirar directamente al asustado subordinado en el centro de la sala. –Esta bien, dile a Yuuichi que se devuelva inmediatamente, tiene que hablar con Viola y terminar de atar cabos acá, que la operación de búsqueda siga pero solo rastreo, no deben hacer nada sin supervisión- Ordenó, dándole la espalda. El hombre hizo una rápida reverencia antes de salir disparado hacia la puerta, presto a cumplir el mandato. El joven pálido paseó nuevamente por la sala de la finca Viola y finalmente suspiró encogiéndose de hombros, no importaba tanto en realidad, solo era un contratiempo entre tantos. Salió a tomar aire al que antes fue el hermoso patio trasero de la familia, que ahora estaba convertido en su "patio de juegos", el patriarca Viola lo observó desde el fondo, apoyado en la baranda del balcón, en sus ojos rojos había desconfianza.
-¿Qué tú hiciste qué…?- La joven Viola sintió la sangre se le subía a la cabeza, Natsuki dormía inconciente en la cama, con vendas por todo el cuerpo y un incipiente chichón en la frente.
-La noqueé para que se dejara de molestar, quería levantarse la muy…- Mai le dio vueltas a su brazo derecho para reducir la tensión sobre el hombro. –Tranquila, despertará en unos minutos gritando un par de insultos- Añadió agitando una de sus manos para quitarle importancia al asunto. –Ahora, Mikoto ven, quiero verte ese corte, ¡dios!, no pueden estar ni una hora sin mí- Refunfuñó, tomando a la niña de los hombros y sacándola de la habitación. Nao le sonrió a la joven Viola y le hizo un gesto de gato con la mano.
-Suerte con el lobo, gatita- Comentó palmoteándole el hombro antes de salir de la habitación y cerrar la puerta. Shizuru se acercó a la cama donde descansaba la peliazul, buscando un poco más de luz para distinguir mejor sus rasgos. Sonrió ante la tranquilidad con que la mujer dormía, sin moverse en sueños como solía hacer.
-Ara, ara, si solo dormí con ellas un par de días- Se reprendió, sentándose a su lado en la cama y acariciando levemente su mejilla. Ya no se culpaba ni se censuraba, amaba a la mujer que descansaba a su lado. Se tendió con suavidad, para no molestar a la joven que dormía junta a ella. Mirando el techo de madera uniforme pensó en Natsuki, en su vida pasada y en la vida que podrían hacer juntas –Claro, si escapamos vivas primero- Susurró, recordando de golpe la cola de problemas que las seguían. Forzó su mente un poco más, preguntándose que rayos buscaba Tate, pero su cerebro rápidamente se desconectó, reclamando un merecido descanso por la noche en vela y todos los peligros que habían sorteado hasta el momento. Shizuru se deslizó por el sueño, dándose vuelta y aferrándose a una pirata que empezaba a desperezase de él. Natsuki se incorporó blasfemando un par de groserías, le dolía hasta el alma y a Mai se le había ocurrido darle ese golpe en la cara, como si las sesiones de acupuntura con hilo gratis no hubieran sido suficientes. Notó el peso extra en su abdomen y, extrañada, miró a su lado. Sus ojos verdes se dulcificaron al ver a la joven durmiendo a su lado. Acarició su frente, levantando su flequillo para poder recorrer su piel sin problemas, le costaba distinguir el rostro de la joven por la poca luz, pero el olor dulce hacía que su cuerpo temblara, ya podía reconocerla solo por el tacto o el olfato. Se dejo caer pesadamente en la cama, exhausta por el esfuerzo. Shizuru abrió ligeramente uno de sus ojos rojos y le sonrió con la mirada a su acompañante.
-Lo siento, ¿te desperté?- Inquirió la pirata a la mujer que se sentaba en la cama.
-No importa, mientras esté cerca de mi Natsuki no importa…- Cruzó las piernas con pesadez sobre el duro colchón, tomó nota mental, debían cambiar ese lecho en cuanto tuvieran oportunidad. -¿Estás mejor?- Inquirió, acercando una de los candelabros para distinguir mejor su rostro, se sorprendió al ver el rostro algo sonrojado de la joven, preocupada se acercó un poco más para revisar la temperatura de Natsuki.
-Si, estoy bien, no fue nada…- Susurró, la cercanía la estaba matando, ya no sabía que le dolía más, el cuerpo, la cabeza o el impulso que sentían sus manos de lanzarse al ataque. Desvió el rostro, consciente de que no era el mejor momento y ella no estaba en condiciones de hacer, su sonrojo se apoderó definitivamente de sus mejillas, todo eso que quería hacer.
-¿No tienes fiebre verdad?- La castaña, ignorante de la masacre cerebral que sufría la capitana en esos momentos y de la cual podía declararse abierta culpable, se acercó, posando su frente con la de ella para medir su temperatura. –Parece que no- Comentó luego de un rato, irguiéndose y estirándose definitivamente. Natsuki admiró su espalda delgada, era suave y sin las líneas que solía ver en las de Mikoto y Mai "Claro, ella no tiene tampoco esa condición física…". Shizuru se levantó y le dio la vuelta a la cama, sentándose a su lado. La joven iba a agregar un par de cosas más pero algo relampagueó en esos ojos verdes, algo que la detuvo, indecisa. -¿Natsuki?- La mujer estiró una mano y le tocó la mejilla, pero su mirada se hallaba fija en su sien izquierda.
-Shizuru…- Natsuki levantó su flequillo, dejando a la vista el corte con un dejo de pánico en los ojos. La línea roja se extendía desde su ceja izquierda hasta el nacimiento de su cabello, corriendo en diagonal por su piel blanquecina. -¿Cómo…?- La castaña no dijo nada, tomó la mano con la que la pirata acariciaba su frente y la besó.
-No importa, ya no importa…- Se paralizó por unos segundos al ver como la mujer hacía esfuerzos por incorporarse. -¡Natsuki no!, aún estás débil…- Agarró sus brazos y sintió la potencia de estos al aferrarse sobre su espalda. La peliazul aprovechó el agarre para impulsar su cuerpo hasta la altura de la joven Viola, con cuidado depositó un suave beso en la herida de esta. Ambas estaban sonrojadas y acaloradas, Shizuru se perdió por un momento en los ojos verdes que la traspasaban y, utilizando el lento bambolear del barco, se lanzó sobre ella con cuidado. Natsuki sintió como la sangre se le subía a la cabeza y se ponía más roja de ser posible, arriba de ella Shizuru se veía más segura y decidida. La mujer acarició con su pierna la de ella por sobre la sábana, en sus ojos empezó a encenderse el deseo.
-Shizuru…- Natsuki fue callada por un beso, uno largo, uno profundo, uno que la dejo en las más lejanas estrellas. Se mordió los labios, intentando contener las ganas cada vez mayores de devorarla y pensar un poco en su salud aún delicada. –Espera… Shizuru…- Gimió cuando la castaña tocó con su lengua su oreja, pero logró mantener algo de cordura en sus pensamientos y usó la fuerza de sus brazos para imponer algo de distancia. –No, aún no- Susurró, decidida. La joven Viola la observó con un puchero en el rostro, Natsuki sintió que su voluntad se transformaba en mantequilla. –Por favor…- Agregó, suplicante. La castaña se recostó a su lado y con cuidado la abrazó.
-Esta bien, iremos hasta donde quiera mi Nat-su-ki- Susurró juguetona en su oreja.
-¿Hasta dónde yo quiera?- Inquirió, levantando una ceja.
-Sea donde sea- Ronroneó la castaña, bajo uno de sus hombros, desplegando una sensualidad de la que nunca se imaginó capaz.
-Perfecto, alcánzame esa chaqueta de ahí porque me cansé de estar en cama, ya van a ver estos perros quien manda en esta porquería de madera- Shizuru la miró atónita, Natsuki se afirmó de la cama clavada al piso para levantarse, no podía creerlo, acababa de 'casi declararle amor eterno' a la mujer y esta en lo único que pensaba era en volver a gritarle a su tripulación y seguramente beber algo de alcohol. Suspiró y alcanzó con rapidez la chaqueta de cuero que le había señalado la joven Kruger. Le ayudó a ponérsela, una tímida sonrisa luchaba por florecer en sus labios. Era inaudito, otra persona se habría quedado en camas en calidad de bulto o quejándose de ser una bolsa de huesos, solo a Natsuki se le ocurría levantarse al día de la paliza para patear traseros, pero esa era la mujer que amaba pensó. Le sirvió de apoyo a la capitana y solo entonces cayó en cuenta de que era más alta que la peliazul. Con pasos tambaleantes se dirigieron a la cubierta y seguramente al grito en el cielo que pondría Mai cuando viera a la enferma de pie.
El caballo piafó nervioso ante el hombre de blanco, su jinete le picó los flancos para obligarlo a caminar y ponerse a su altura. Nagi sonrió ante el hombre que forzaba el caballo mientras se sacaba la capucha de viaje. Siguieron caminando un rato en silencio por uno de los senderos que rodeaban los muros de los jardines.
-¿La encontraste?- Inquirió, finalmente, rompiendo el silencio del mediodía
-No, pero hemos detectado actividad, pronto la tendremos a la vista- Contestó con la voz seca, había viajado toda la noche y gran parte de la mañana para llegar hasta la finca y acomodar los planes con su consejero.
-Ya veo… tienes barcos rápidos, pero sabes… esto no es una mala jugada después de todo…- El rubio lo miró, extrañado. –La sangre que faltaba ya va en camino, por ahora limítate a seguirla- Respondió ante su cara de interrogación.
-¿Eso significa…?-
-Bueno, algunos agentes son muy eficaces, y el lobo del mar resultó ser alguien bastante conocido- Pateó una piedra con desinterés, el joven a su lado se largo a galope hacia la finca, dejándolo rápidamente atrás. –Supongo que iré a hacer los preparativos- Se comentó, encogiendo los hombros y sonriendo de lado. Miró hacia arriba, donde un sorprendido Viola se topaba con el alterado lord Tate.
-Joven, no lo esperaba de regreso… ¿Mi hija?- Preguntó, registrando al hombre con la mirada y la notoria ausencia de Shizuru. Miedo goteó por su espalda al notar el estado febril del hombre, su mirada encendida y los dedos ligeramente crispados.
-La joya, dígame dónde está- Ordenó sin más explicaciones. Hitoshi retrocedió instintivamente, no era un hombre corpulento y no tenía mayores conocimientos respecto al combate, su única defensa era la lógica y hasta entonces no le había fallado.
-¿Qué sacará teniéndola?, la joya es solo un portal, uno que sella las desgracias del mundo- Retrocedió nuevamente ante el paso que el joven dio.
-Solo dígame dónde está, yo sé perfectamente que hay en esa cueva y que no hay, se toda la historia de Kagutsuchi y ya es hora de sacarlo un rato a pasear… ¿No cree?- Yuuichi posó su mano diestra en la empuñadura de la espada, dispuesto a llegar a las últimas consecuencias.
-No sé que te habrá dicho Nagi, pero no existe nada capaz de controlar al Dragón, no seas insensato aún eres joven… no cometas un error, cuando me avisaste tu visita te pedía ayuda para expulsar al impostor de mi casa, todos buscan los mismo pero no lo encontrarán, desiste de esas pretensiones de poder- Su espalda tocó la pared de piedra, sus ojos se ensancharon al oír el filo del acero rasgar la vaina y verse reflejado en la limpia espada.
-La joya, ¡¿Dónde está?- Lanzó una estocada tentativa, clavando la punta de la espada muy cerca de su aterrado rostro. Sus ojos rojos enfrentaron por un momento a la mirada fija y algo desorbitada del rubio, el miedo dio paso al valor, sonriendo el hombre contestó, sabiendo que dictaba su sentencia de muerte.
-Está muy lejos de ti, no la encontrarás nunca, puedes dar vueltas y vueltas, solo estás en la sombra del farol…- Susurró, antes de que la espada se levantara por segunda vez.
NdA: Wow, si que me demoré con este... pero créanme, no ha sido por decisión propia, sino impuesta desde los más altos cargos de poder que existen... bueno por lo menos para mí xD. Este capítulo fue más corto que el resto, pero no me gusta alargar la narración si no considero que sea necesario, prefiero hacer un capítulo más corto que uno sobrecargado. Muchas gracias a quienes me escriben reviews, realmente se los agradezco ^^, haré un intento por no demorarme tanto esta vez... claro que como siempre la carga de trabajo es cada vez mayor ¡¿Vacaciones dónde están?. Hasta la próxima, saludos.
