¡Hola a todos!

Este capítulo es 99,99% IchiRuki :-D Desde antes de ver los dos últimos capítulos del manga ya tenía pensado hacer este capítulo con ellos dos como únicos personajes: Ichigo y Rukia.

No voy a ahondar nuevamente sobre lo mal que tomé el final de Bleach, en capítulos anteriores ya les había comentado que este manga y yo crecimos juntos jajaja (nótese la ironía: yo sigo igual de enana y el manga tampoco creció mucho que digamos). Lo vengo siguiendo desde el 2007 creo, no recuerdo bien el año. La hermana de quien fuera mi mejor amigo es amante de los shoujo, sobre todo de Clamp y ella nos introdujo en este mundillo (nada más y nada menos que de la mano de X-1999). Lo cierto es que un día, luego de regresar de vacaciones, nos trajo un shonen (algo raro viniendo de ella) que le regaló un amigo suyo de España. Así comenzó mi recorrido con Bleach. Leí esos primeros tomos y luego cuando ya no había nada más lo dejé en hiatus hasta que lo retomé con fuerza en el ¿2011? (soy mala con las fechas) que un amigo de twitter me lo recomendó otra vez.

Fueron muchas horas de mi vida que le dediqué al manga y al anime, sufrí cuando detuvieron la serie y esperé con anhelo ese famoso e inalcanzable mes de marzo en el cual volvería el anime, pero nunca llegó.

Ahora, luego de su final, me siento ridícula por haber confiado tanto en Pierrot, Kubo y WSJ. Pero ya no más. Me quedo con lo bueno y desecharé lo malo (especialmente el capítulo 686).

Hablando de desechar lo malo, les adelanto que nunca tuve en consideración incluir el personaje de Orihime de una manera activa en este fanfic. De hecho, las pocas veces que se ha hecho alusión a ella en esta historia ha sido como la "chica del clima" que nunca da un pronóstico acertado del mismo y, que de paso, es la novia de Ishida Uryū. Dicho personaje no existe en la novela Inframundo ni en las películas homónimas. Se los comento ya que ella no tendrá muchas apariciones (creo que casi ninguna otra) y como no soy fan del IchiHime no me gustaría para hayan malos entendidos. Si alguien se siente ofendido por ello, entonces pido sinceras disculpas. No es una retaliación contra este personaje que tiene muchos seguidores, incluso a mi me agrada.

En fin, espero que disfruten de este episodio.

Disclaimer: Los personajes de Bleach (por desgracia) son propiedad de Kubo Tite (y ya hemos visto que hace con ellos lo que le da la gana). La historia, por otra parte, es una adaptación IchiRuki (no me importa que no sea canon) de la novela Inframundo de Greg Cox basada en la película UnderWorld de K. Grevioux & L. Wiseman & D. McBride, y es a ellos, respectivamente, a quienes les pertenecen esos derechos.


_ 9 _

El Que Cambió el Mundo

«Si, nada más puede cambiar mi mundo» Ichigo Kurosaki

Ichigo se encontraba muy desorientado. La adrenalina corriendo por su torrente sanguíneo era estimulada por la extrema situación en la que se encontraba. Si bien era cierto que habían logrado dejar atrás al caníbal, lo preocupante ahora que el Jaguar corría a toda velocidad por las calles de Tsubakidai y se dirigían a la vieja Karakura.

La pequeña conductora tomó de manera imprudente una curva a más de ochenta kilómetros por hora, ocasionando con el giro que Ichigo se viera empujado contra el asiento, acentuándole cada vez más el terrible dolor en su hombro derecho. El mismo donde el desconocido le había mordido.

Aunque era otra la línea de pensamientos que corría por la mente del joven médico. Estaba concentrado detallando a la chica a su lado, viendo con espanto como brotaba sangre copiosamente de la herida que ella tenía.

Su larga experiencia en la Sala de Trauma-Shock, así como sus años de asistente médico en el consultorio de sus padres le indicaban que si no detenía la hemorragia ella podría perder el conocimiento pronto. Y ya que era la chica quien llevaba el volante tenía razones para estar agitado.

Será mejor poner manos a la obra, si no me hago cargo en este momento de la situación los dos podremos acabar muertos dentro de poco

Se acercó a ella con cuidado y trató de aplicar un poco de presión sobre la herida de la joven. La sangre de la mujer se sentía extrañamente fría en la palma de su mano. Y eso no era bueno. Tocó con cuidado pero a la vez con mucha seguridad la piel pálida de ella. Estaba igualmente fría, comprobando con temor los primeros síntomas de un shock hipovolémico

— ¡Para el auto! le exigió. Era difícil tratar de detener el sangrado de una herida como aquella con las manos desnudas, además que los constantes saltos que daba el vehículo no hacían más entorpecer la tarea.

No obstante, a pesar de que tenía experiencia asistiendo en traslados de emergencias con ambulancias que corrían por las calles, la velocidad a la que se desplazaban en el Jaguar era evidentemente superior a cualquiera que empleara un paramédico.

La chica le ignoraba olímpicamente o simplemente estaba tan aturdida que conducía en modo automático. Ichigo quiso sinceramente descartar la segunda opción, por lo que le insistió: . ¡Para el auto!

Claro que la respuesta que obtuvo de ella era algo que no se esperaba ni en cien años. Con un fuerte manotazo ella se quitó la mano de él de encima de su hombro, luego tomó el arma de fuego y le apuntó con ella.

— ¡Apártate! Le ordenó.

Definitivo. Esta niña está loca, pero yo no. Ichigo tomó la indirecta e hizo lo que se le pidió.

Se reclinó otra vez en su asiento, con la mirada fija en el cañón de la beretta. El poco tiempo que habían compartido era suficiente como para saber que ella no dudaría en dispararle a la menor provocación. Así que sólo resta tratar de negociar con la enana.

—Está bien Letty, está bienle aseguró mientras levantaba las manos en un gesto conciliatorio.

Lanzó una mirada de soslayo por el espejo retrovisor a fin de confirmar que no había ni rastro del loco con el cuchillo.

No es que esperara volver a verlo. El Jaguar ha dejado ya la escena del ataque varias manzanas atrás. No obstante necesitaba comprobar con sus ojos que, luego de ser arrollado de aquella manera, el rubio no les siguiera el paso. Así podría concentrarse en las negociaciones con su secuestradora.

-o-o-o-

El Jaguar corría en dirección oeste, hacia el río Karasu, pasando por las calles pavimentadas y las intersecciones como si estuvieran el set de grabación de Fast & Furious. A través del parabrisas Rukia observaba el reflejo de las luces y las diferentes señales de tránsito, guiándose para usar la vía de escape que estuviera menos transitada gracias a la computadora del F-TYPE con tecnologías InControl. Lo que menos deseaba era salir en el noticiario matutino como protagonista de una persecución policial. En ese punto odiaba los avances tecnológicos, que hacían cada vez más difícil la tarea de matar licanos a voluntad sin que algún dispositivo los grabara.

Lo bueno era que contaban con la Décima División, quienes gracias a su software inteligente llamado Millenium filtraban y eliminaban toda evidencia ante que los humanos las detectaran. Bendita Lisbeth Salander. Ha sido la mejor adquisición que han tenido en el último siglo. Nada que ver con las muñecas de porcelana de Renji.

De pronto sintió la cálida mano del chico a su lado puesta en hombro. Estaba segura de haberle dejado claro que debía mantener las distancias con ella. Despegó la vista del camino y le dedicó una gélida mirada a su acompañante.

Preocupación era lo que aquellos orbes marrones le mostraban. Preocupación por él, pero sobre todo por ella. ¡Es tan fácil de leer este chico, qué ingenuo es!

Giró la cabeza y se concentró en la vía, logrando divisar el imponente esqueleto de acero del puente Uchiha Shisui que se encontraba sobre el río Karasu, y que había sido bautizado de tal modo por un emperador del siglo XIX asesinado por un anarquista de nombre Danzō Shimura.

Este largo puente cruzaba ambos ríos, primero el Karasu para retornar a tierra como una extensión de la avenida Seireitei y luego elevarse por encima del río Onose que comunicaba a Karakura con el resto de Tokio. Se encontraban en el extremo opuesto del camino al Gotei 13, pero también era la vía más segura y menos transitaba, dada la cercanía con el puerto principal.

A esta hora y con este clima sólo unos pocos trabajadores estarían en las cercanías. Era un riesgo menor, y por lo tanto aceptable.

Sabía que no aguantaría mucho tiempo más con esa herida, pero se negaba rotundamente a quedar vulnerable delante de un extraño, y menos si ese extraño era un humano. Debía buscar un refugio pronto. El sol ya debería estar en el horizonte y dudaba mucho que las grises nubes pudieran ocultarlo el resto del día.

Además, su perfecta visión comenzaba a fallar.

-o-o-o-

Ichigo mantenía una mirada atribulada hacía la conductora del Jaguar. El rostro de ella estaba cada vez más pálido, si tal cosa era posible.

En un gesto conciliatorio se arriesgó y colocó otra vez su mano en el hombro de ella.

Aunque mantenía una mano en el volante y la otra sobre el arma apuntándole a Ichigo a la cara, la única respuesta que obtuvo de ella fue una mirada fría, sin sentimientos.

Por unos instantes se vio perdido en sus ojos zafiros. Realmente le preocupaba ella. No podía explicarse por qué ni de qué manera, pero desde que la miró por primera vez en la estación del metro se había dado cuenta que esa chica era diferente a cualquiera que hubiera conocido.

Ahora que la joven se encontraba de nuevo centrada en manejar, y ya no le taladraba con aquel salvaje violeta, pudo tomar valor para hablar con ella.

—Mira Letty dijo tratando de razonar. Has perdido mucha sangre. Al recordar la frialdad del fluído rojo supuso que habría sufrido ya un shock. Si no paras, vas a conseguir que nos matemos los dos.

— ¿Quieres apostar algo fresita? dijo ella con tono desafiante mientras una leve sonrisa se dibujaba en sus labios. No moriré hoy. Y por ahora no dejaré que tú mueras.

Ichigo no tenía tiempo para discutir con la muchacha por el apodo, así que hizo acopio de toda su paciencia, mientras la mujer pisaba a fondo el acelerador, consiguiendo empujarle una vez más contra el asiento.

— ¡No lo digo en broma enana del demonio! gritó por encima del rugido del poderoso motor del Jaguar.

— ¡Ni yo, cabeza de zanahoria! repuso ella.

-o-o-o-

¡Me llamó enana!, ¿Enana? ¿Acaso no pudo pensar en algo más original?

Rukia sonrío, hacía tiempo que alguien no la trataba así, sin respeto y sin formalidades, como si fuera una persona normal. Pero no podía permitir eso. Era un error, y en el inframundo los errores se pagaban muy caros.

— ¡Ahora cierra la boca y estate quieto! Estoy perfectamente.

Mentía, ella misma se había dado cuenta de lo borrosa que estaba su visión, así como de la pesadez en sus parpados.

Mientras circulaban por la Avenida Seireitei, Rukia divisó la primera entrada al puente Shisui, y recordó que los Onmitsukidō poseían un apartamento en Minamikawase. Estaba en desuso, pero aún tenía el equipamiento básico para casos de emergencia.

No quería activar el modo Dynamic de su F-TYPE para agudizar la respuesta del acelerador ya que inhibía los cambios automáticos a marchas superiores, así que lo mejor era mantenerse en modo Manual. Pero estaba empezando a notar la disminución de su campo visual, algo que los humanos llamaban efecto túnel y que ningún vampiro en perfectas condiciones debería padecer. Era ligeramente preocupante.

La función de navegación le mostraba con precisión la distancia que le faltaba por recorrer sin necesidad del GPS. Estaba cerca. Debía mantenerse fuerte hasta llegar al refugio. Luego ya vería que hacer con el humano.

-o-o-o-

Ichigo no se tragó ninguna de las palabras de la chica. Ella era una adolescente (probablemente sin permiso de conducir) con una herida de consideración, y que manejaba como una maníaca. ¿Quién se cree que nos está persiguiendo?, se preguntó. ¿Una unidad elite de los Navy o los G. I. Joe?

No era como si pudiera olvidar fácilmente el rugido de aquellas bestias que había escuchado caer en la azotea de su edificio esa madrugada, pero le parecía que la prisa con la cual se desplazaba por las calles era ridícula.

Ichigo creía que con la entrada al puente tan cerca no era prudente seguir conduciendo de esa forma, cruzaron la primera parte del puente en silencio, con ella aún sosteniendo el arma sin que le temblara el pulso. Un pequeño recorrido de dos minutos antes de retornar a la avenida Seireitei. Estaban en Minamikawase, reconocía la zona ya que la había visitado recientemente con el propósito de alquilar una vivienda en ese distrito. Había sentido un extraño calor de hogar allí, se parecía al vecindario donde creció en California.

Cuando pensó que retomarían el puente para cruzar el Onose, la chica giró el volante de manera brusca provocando que el automóvil se desviara en noventa grados y tomará la avenida Yachiru que bordeaba el río Onose en dirección hacia el sur. La zona residencial había quedado atrás y ahora sólo se divisaba el embarcadero

Enormes grúas de acero, temporalmente silenciosas e inactivas, se erguían como mantis religiosas sobre los muelles. En Japón los ríos suelen ser rápidos, abruptos y rectilíneos, apenas si existen cuencas hidrográficas de importancia, pero el río Onose era el más importante de Karakura y uno de los más significativos en todo el archipiélago.

Cargueros oxidados, llegaban de todos los rincones de Asia y más allá, y se anclaban al muelle esperando las primeras luces del alba para que los marineros y estibadores descargaran la mercancía

La chica le había dado un giro de ciento ochenta grados al paisaje. ¿A dónde demonios me lleva?, se preguntó Ichigo mientras miraba ansiosamente por las ventanas. ¿Tenemos alguna posibilidad de llegar con vida?

Aún cuando el sol ya debería haberse asomado por el horizonte, la oscuridad de la noche imperaba en los muelles debido a las gruesas nubes.

¡Cómo odio la lluvia!

Estaba desesperado porque terminara la aterradora noche y llegara pronto el amanecer. Estaba perdido en sus pensamientos al observar el embarcadero que cuando posó de nuevo sus ojos en la chica constató con horror como su cabeza comenzaba a balancearse de un lado a otro, como si estuviera luchando por no quedarse dormida. La firme mano que antes sostenía el arma de fuego ahora temblaba como si fuera una enferma de Parkinson.

Lo sabía enana terca te vas a desmayar de un momento a otro. A Ichigo no le hacía nada feliz descubrir que estaba en lo cierto.

Claro que del hecho dicho al hecho hay una gran diferencia, y en el momento que la chica se desplomó sobre el volante, el pánico ya se había apoderado del joven médico.

-o-o-o-

Sus parpados cayeron pesadamente. Y entonces la oscuridad se apoderó de ella, reemplazando la realidad que la rodeaba por las voces de un pasado distante, trayendo consigo uno de los recuerdos más dulces de su existencia en el inframundo…

Apenas habían pasado cien años desde que abrazara la noche por medio del don oscuro que le había regalado Byakuya. Rukia había sido enviada por su hermano y sire a entrenar junto a la reina Nelliel y su cohorte que estaban establecidos en Europa.

Allí fue donde conoció a Shiba Kaien, el segundo al mando de la joven monarca de los vampiros, y quien a su vez era el mejor guerrero en todo el aquelarre. Byakuya deseaba que tuviera una formación completa y además confiaba que Nell podría proteger a la nueva princesa Kuchiki de los diferentes enemigos que les acechaban.

Durante las primeras décadas de su formación, Rukia había adquirido la habilidad necesaria para hacer uso de la energía espiritual, que sólo los vampiros más poderosos llegaban a dominar, y de convocar canalizándola diversos hechizos. Aunque lo había intentado con diversos maestros, era el zanjutsu, lo que más se le dificultaba dada su debilidad física y pequeño cuerpo. No fue, sino hasta que Kaien la comenzó a entrenar que Rukia mostró verdaderos avances, llegando incluso a desplegar, la que muchos llamarían, la zanpaku-tō más hermosa de toda la raza vampira, nombrada Sode no Shirayuki en honor a su madre y a su hermana.

Entre el mar de imágenes que pasaban por la mente de Rukia apareció la primera vez que le ganó un combate a su maestro, la primera vez que liberó su katana, su primer beso, y la más fuerte de todos las memorias: su primer regalo de cumpleaños.

Kaien había decidido una noche que ella merecía conocer cuál era el día de su nacimiento para celebrarlo juntos cada año, y así, sin decir nada a nadie, se mantuvo durante casi cinco años investigando los pocos registros que quedaban de aquella zona del Rukongai donde había nacido ella. Hasta que finalmente una noche de invierno mientras contemplaban juntos la luna llena que apenas se asomaba entre las gruesas nubes se lo confesó:

— He esperado muchos meses para decirte algo.

Rukia realmente no estaba interesada en hablar en ese momento. Había tenido una muy mala semana en el campamento entrenando con una naginata. Pero tampoco podía hacerle un desaire, él se veía tan animado que ella permitió al gusanito de la curiosidad que le ganara la batalla, y se giró atenta a lo que diría.

No era que pensara que le iba a declarar su amor o quizá proponerle que fuera su consorte. Entre ellos no hacían faltan esas formalidades. Además no perdía nada con saber que era aquello que rondaba por la cabeza del apuesto Lord Comandante de la Guardia Real Vampira y Capitán de los Ejecutores.

— Hoy es el aniversario de tu nacimiento mi pequeña princesa. —continuó luego de una larga pausa al mismo tiempo que acariciaba con la yema de los dedos su brazo.

Rukia esbozó una sonrisa, incrédula, ante sus palabras. Sin embargo Kaien no era de los que jugara con los sentimientos de las personas ni dijera cosas al azar. Le explicó acerca de la investigación que había ordenado y de los resultados que obtuvo, y sobre como estuvo en más una oportunidad a punto de confesárselo. Pero él quería regalarle un día especial, quería regalarle un hermoso recuerdo asociado a esa fecha.

Ella había nacido (según el calendario gregoriano) la noche del catorce de enero del año 1383 EC, durante el tercer invierno de la era Eitoku. En el cielo despejado la luna llena brillaba anunciando su llegada. Su madre había escrito que la niña era tan hermosa como un rayo de luz de la luna y por ello la habían llamado Lucía, de la cual derivaron el nombre de Rukia para no ofender a los espíritus de los antepasados con un nombre extranjero para la segunda princesa del clan Ukitake.

Si hubiese podido llorar lo habría hecho. El gesto de Kaien la había enternecido de muchas maneras. Estaba lista para dar el siguiente paso en su relación. Desde hace tiempo que no tenía dudas. Esa noche ella fue suya, y él fue completamente de ella. Sólo la muerte les separó.

Despertó la tarde siguiente, rodeada de manera protectora por sus fuertes brazos, durante una media hora no pudo dejar de admirar el rostro relajado de su amante. A veces la ignorancia era la mejor manera de proteger a aquellos a quienes se ama.

Rukia no quiso alarmarle al revelarle que jamás había olvidado ninguno de los aniversarios de su nacimiento y que nunca podría olvidarlos ya que fue en una noche en la cual conmemoraban su aniversario y el compromiso de su hermana, que los licanos habían atacado y exterminado a todos los miembros del clan Ukitake, a todos menos a ella.

Los recuerdos se disolvieron en su mente trayéndola de regreso al presente, donde estaba atrapada dentro de su cuerpo y sin las fuerzas necesarias para mover siquiera un cabello, sintiendo como la vida se le comenzaba a escapar.

Nunca se lo confesé. Se dijo con amargura en medio de un estado semiinconsciente. Creo que al final de cuentas nunca fui enteramente suya, ya que no pude abrirle totalmente mi corazón para contarle ese secreto.

Sus verdaderos orígenes era algo que sólo sabían Byakuya, Nelliel y ella. Nadie más debía saberlo.

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Ichigo trató desesperantemente de mantener el control sobre el vehículo, pero no pudo evitar que el jaguar se desviara bruscamente.

El menudo cuerpo de la chica le impedía maniobrar correctamente. Con la poca movilidad que le permitía su hombro herido intentó desacelerar sin embargo no llegaba a los pedales desde su posición.

El fuerte chirrido de los neumáticos sobre el asfalto resbaladizo del muelle le dieron la alarma de cuál era la dirección que estaban tomando. Iban a caer al río. Dada la velocidad a la que estaban desplazando, nada impediría que el hermoso deportivo se fuera al fondo tal cual como hace cien años lo hizo el Titanic en el Atlántico.

Regresó su vista el parabrisas justo para ver como el Jaguar se llevaba por delante la valla de protección que separaba la avenida Yachiru del muelle principal y se dirigía rumbo al agua.

Se maldijo a sí mismo por no haber forcejeado con la chica minutos antes cuando se había percatado de su debilidad, y haberle arrebatado el arma de fuego. Era más grande que ella, quizá no tan fuerte como había demostrado ser la adolescente, pero estaba seguro que si hubiese hecho algo no estarían precipitándose a su muerte. Pasó una pierna por encima del cuerpo de la mujer para llegar a los pedales, al sentir el impacto contra la defensa entendió que ya no tenía tiempo. Viniendo a tan alta velocidad, el vehículo requería más distancia antes de poder detenerse.

Ya está, advirtió en un arranque de aterradora claridad. Voy a morir.

El deportivo venía de dar tumbos sobre el dique rocoso sin que sus amortiguadores computarizados de última tecnología hicieran gran cosa por mitigar las sacudidas que zarandeaban a sus pasajeros de un lado a otro. Por ello cuando la parte delantera del Jaguar chocó contra el bloque de cemento, el auto dio una vuelta de campana volando al río Onose.

Ichigo se había abrazado fuertemente a la chica, hasta donde su cinturón de seguridad y el tablero interno se lo permitían, protegiéndola parcialmente con su cuerpo de los posibles cristales que pudieran salir disparados en el peor de los casos.

Durante unos instantes que le parecieron eternos pudo escuchar con claridad los latidos acelerados de su corazón así como los jadeos entrecortados que escapaban de sus labios. Sin embargo, a pesar de estar pegado a la mujer inconsciente no podía escuchar sus latidos ni sentir su respiración.

Luego vino el impacto contra el agua.

La inercia del choque hizo que se soltara de la muchacha y fuera a dar contra las bolsas de aire, que se habían desplegado de manera automática, haciendo que su cuerpo comenzara a experimentar una fuerza en contra de su desplazamiento, lanzándolo de rebote contra su asiento.

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Ichigo recordó una frase de Albert Einstein que le gustaba mucho: "Cuando cortejas a una bella muchacha una hora parece un segundo, pero cuando te sientas sobre carbón al rojo vivo un segundo parecerá una hora". En el instante que vio por primera vez a la chica le pareció que su mundo giraba con mayor lentitud, pero desde que llegó a su departamento se podría decir que el tiempo no había avanzado nada. Y ahora, mientras el Jaguar se hundía en el Onose, hasta tenía tiempo para filosofar y dar gracias a la providencia que los vidrios del deportivo no estaban rotos aún.

Pero él seguía aprisionado dentro del Jaguar, y la muchacha aún sin reaccionar, estaba atrapada en una posición antinatural.

Poco a poco el agua comenzaba a filtrarse por el deportivo, mientras que el cristal del parabrisas delantero comenzaba a fragmentarse debido a la presión que ejercía el agua del río sobre el vehículo.

Ichigo trató de mantenerse consciente a pesar de estar viendo estrellitas y del zumbido agudo en el interior de su cráneo. Si perdía ahora el conocimiento jamás despertaría.

El automóvil estaba hundiéndose poco a poco, levantando con las ruedas, bajo la superficie del río. Calculó que sólo le separaban unos minutos de una muerte por asfixia.

Una telaraña de grietas comenzaba a formarse en el parabrisas, por fuera no se veía más que sombras de color verde.

Intentó abrir la puerta del copiloto, antes que el río terminara de tragárselos por completo, pero descubrió que la misteriosa secuestradora la había cerrado con seguro electrónico. Puso de nuevo su atención en la mujer y reparó en el arma de fuego que estaba tirada en la consola central.

Se le ocurrió una idea absurda: recogió la pistola y disparó al parabrisas.

No es que tuviera muchas opciones a la mano, pero con el airbag molestando y quitándoles espacio en el pequeño habitáculo del deportivo, era definitivo que disparar al parabrisas no podía ser tan mala idea. No obstante en cuanto el cristal se partió y el agua helada entró en tromba dentro del automóvil golpeándole de pleno en la cara comenzó a sopesar las siguientes acciones que debía llevar a cabo mientras se repetía a si mismo lo estúpido que era al desperdiciar unos minutos valiosos que pudo haber empleado en pensar mejor sus siguientes movimientos.

No obstante, todavía podría salvarse. Inhaló profundamente para llenar sus pulmones con el máximo oxígeno posible que le permitiera subir hasta la superficie.

Consiguió usar la beretta de la chica para limpiar los bordes del vidrio a la vez que el compartimiento se inundaba.

Dio una última mirada a la chica inconsciente. El agua helada comenzaba a engullirla, y sus carnosos labios estaban pasando de un color pálido, incluso más que la de su nívea piel, a un azul que lo no le gustaba mucho.

No podía dejarla allí. Ese pensamiento en su mente era tan claro que pronto dirigió todas sus acciones en el cumplimiento de esa única acción. Debía protegerla. Un instinto nacido de lo más profundo de su alma le impulsaba a actuar.

Sin importar si ella le había secuestrado y mantenido bajo amenaza de muerte desde que se encontraron en su departamento. Tenía que rescatarla.

Con el arma disparo al airbag para desinflarlo más rápido y que así le estorbara menos el acceso al cinturón de seguridad de la pequeña morena. Con el aire aún dentro de sus pulmones se sumergió en el agua que ya había inundado el automóvil y logró desabrocharle el cinturón y levantarla por encima del nivel agua en la cabina.

Ella seguía sin reaccionar, e Ichigo sintió horror ante la posibilidad de que muriera sin haber llegado a saber siquiera cómo se llamaba.

El aire se escapaba y no quedaba mucho tiempo, tomó otra bocanada profunda y haciendo acopio de su, casi olvidado, entrenamiento como socorrista que no había utilizado desde que estaba en los primeros años de la carrera y trabajaba tiempo completo los verano en Coney Island. Cogió a la chica entre sus brazos y atravesó el parabrisas, adentrándose en las turbias profundidades del río.

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Ichigo batió las piernas con todas sus fuerzas en dirección a la superficie. Abril no era el mejor mes para nadar en el Onose por el deshielo del invierno que recién había terminado.

La ventaja era que la chica era un peso muerto entre sus brazos. Muchas veces cuando era socorrista tuvo que golpear a las personas que intentaba rescatar para evitar que terminaran ahogándolos a los dos, pero en estos momentos con la herida del hombro ardiendo como el infierno, el frío que se le colaba en los huesos entumeciéndolos y el cansancio de la guardia nocturna dificultaban el rescate. Daba gracias que por lo menos la chica era delgada y muy ligera dada su pequeña estatura, por lo que llevarla sujeta no requería tanta fuerza. La mantenía por debajo de las axilas, con las manos unidas delante de su pecho.

Pronto Ichigo vislumbró la luz de la luna llena. Sentía que le llamaba poderosamente. La siguió como guía y en unos pocos segundos alcanzaron la superficie del río. La lluvia se había detenido momentáneamente razón por la cual pudo ver la luna en su camino para ocultarse por el oeste.

Sus pulmones le ardían por el esfuerzo que había hecho para no inhalar dentro del agua cuando le exigían aire.

Era consciente de que hubiera podido nadar más deprisa con los brazos libres pero a pesar de ello se negó a soltar su preciosa carga.

A escasos centímetros de su cara, la cabeza de la chica flotaba al vaivén del turbulento oleaje del río. Estando tan cerca no pudo dejar de notar sus hermosos rasgos, fríos y tan blancos como la nieve. Blancanieves, pensó, creo que en Japón serías Shirayuki, claro que no tienes siete enanitos contigo sino que tú eres la enana.

La sangre ennegreciendo las pequeñas olas le recordó que aún estaban en peligro. Se cambió de posición para poder rodear con el brazo a la mujer mientras que empleaba el sano para nadar.

¿Quién eres Letty?, ¿Y por qué demonios es tan importante para mí salvarte?

Luchó contra la corriente, alejándose del sitio donde había caído el deportivo blanco. Con esfuerzo y una voz muy débil llamó varias veces pidiendo auxilio pero no obtuvo respuesta, sólo conseguía tragar agua negra cada vez que abría la boca. Con las pocas fuerzas que tenía alcanzó la orilla oriental del río.

Ni siquiera la chica que arrastraba por la limosa arena del río se despertó con sus llamados de auxilio. De cierto que estaba quedándose sin energía, pero aún debía resistir un poco más. Lo más preocupante era que la joven podía sufrir de hipotermia y el sangrado no había ayudado mucho a mantenerla estable. Su blanca piel estaba demasiado pálida, por lo que Ichigo temía incluso que podría estar muerta.

Voy a sentirme como un auténtico idiota, pensó, si estuve a punto de ahogarme varias veces intentando rescatar a una chica que ya está muerta.

Logró llegar, a duras penas, a la parte baja del embarcadero. Allí estarían resguardados de las frías corrientes y de la lluvia si volvía a caer. Era un buen lugar para aplicar los primeros auxilios a la chica y también para recuperar fuerzas mientras conseguía ayuda. Tenía los músculos engarrotados y varios cortes, sin olvidar el mordisco del rubio caníbal en el hombro.

El terreno fangoso y mohoso no era lo más aséptico posible, pero estaba seguro que no llegaría muy lejos sin intentaba seguir avanzando.

Apenas tenía un mínimo de espacio para maniobrar, abundaba la basura que era arrastrada por la corriente hasta el sitio. No pudo dejar de sentir una especie de camaradería extraña con las botellas rotas, las latas de cerveza vacías, las cajetillas de tabaco arrugadas, los trapos grasientos y los demás desperdicios arrojados sin el menor cuidado al río. Al igual que ellos, no tenía la menor idea de por qué había terminado allí, empapado y hecho un guiñapo, bajo los muelles.

Al menos sigo vivo, pensó. Algo es algo. Sólo falta que ella reaccione.

No podía concederse mucho tiempo para descansar, colocó a la mujer sobre una roca plana y resbaladiza y le abrió la boca, entreviendo por unos instantes una perfecta dentadura blanca perla y unos curiosos incisivos afilados al lado de unos pequeños pero sobresalientes colmillos.

La imagen de los hermosos orbes azulados le vino a la mente. Quería verlos de nuevo llenos de vida, pero cuando levantó con suavidad los parpados de ella y comprobó que sus pupilas estaban muy dilatadas. Con su mano en la garganta pudo percibir su pulso pero muy débil.

Por los signos, supuso que estaría sufriendo un colapso, hipotermia, pérdida de sangre o todo lo anterior a la vez, sin dejar por fuera que había estado ahogándose hace pocos minutos. Con todo eso era un milagro que aún siguiera viva.

Le dio un vistazo al cuerpo de la chica para detectar alguna otra herida superficial, la giro de medio lado para observa su espaldas y finalmente la colocó boca arriba. La ropa negra de cuero no ayudaba mucho, pero no iba a quitársela aún. Por lo menos la herida que le había infligido el caníbal a la morena con la pequeña espada ya había dejado de sangrar. Gracias al cielo por estos pequeños favores, pensó.

Debía comenzar aplicando la reanimación cardio-pulmonar. Juntó las manos y apretó con fuerza el abdomen plano de la chica una, dos, tres veces. ¡Vamos!, la conminó en silencio. Nuevamente aplicó fuerza contra el pecho de ella tres veces. ¡No te rindas Letty!. Siguió con los masajes en el pecho pero ahora también insuflaba aires en sus pulmones a través de la boca. ¡Maldición!.

En cada oportunidad, sus ojos escudriñaban el rostro de ella buscando algún indicio que le demostrara que ella respondía favorablemente a sus cuidados.

Respira para mí Letty. ¡Respira!

No se daría por vencido con ella. Si bien es cierto que en su carrera muchas veces había perdido pacientes, él siempre se quedaba con ellos hasta que era realmente imposible reanimarlos. No los abandonaba, así que a ella tampoco lo haría. A ella menos que a nadie. No luego de perder a Senna.

¡No puedes hacerme esto!, pensó.

Los segundos pasaban de una manera tan lentamente tortuosa para el médico y su pequeña paciente. Ichigo recordó su mirada desafiante, la sonrisa socarrona de suficiencia mientras volaban en el deportivo que yacía ahora en el fondo del río, intentando escapar del caníbal "Hard Die". Entonces caviló, por vez primera, en la posibilidad que ella le hubiera salvado la vida, y aún no entendía por qué ni de quienes le había salvado.

— ¡No puedes morir! protestó con vehemencia mientras seguía aplicando RCP.

Para Ichigo el solo pensar que la muerte se apoderara de tan sencilla belleza comenzaba a generar un fuerte dolor en su pecho. ¡Ni siquiera sé quién eres y ya te necesito!

De los ojos marrones de Ichigo comenzaron a escapar unas lágrimas había dejado en ningún momento de intentar reanimarla con el masaje cardio-pulmonar.

— Que patético soy Letty.

Como si sintiera que alguien la llamaba, la chica de repente se estremeció y vomitó agua por la nariz y la boca, y el corazón de Ichigo dio un brinco de alivio. La chica seguía tosiendo y escupiendo por lo que el joven médico la colocó suavemente de lado para impedir que se ahogara con los fluidos que su cuerpo expulsaba.

Sus ojos parpadearon y se abrieron lo justo para ver a Ichigo, arrodillado junto a ella.

Ichigo le ofreció una sonrisa tranquilizadora, como todo buen galeno, que desea dar una imagen de su seguridad y protección a su paciente para que no se sobre exalte.

La colocó nuevamente de cara al cielo, y fue allí cuando decidió abrirle la camisa para comprobar la gravedad de sus heridas. Su experiencia en el área de Trauma-Shock le había demostrado que en los accidentes de auto la mayoría de las víctimas sufrían fracturas por impacto, y el grado de gravedad de dichas facturas estribaba en la velocidad relativa que tienen volante y hueso al impactar. Algo que no estaba a su favor ya que la joven dama había violado todos los límites de velocidad como si corriera el Gran Premio de Tokio.

Sintió la suavidad de su piel al tacto, perdiéndose unos instantes en el cálido contacto. ¡Maldición!, se reprimió mentalmente por haber heredado los genes pervertidos de su padre. Debía enfocarse en evaluarla profesionalmente.

No obstante no pudo continuar con la valoración. Su cuerpo había alcanzado ya su límite y la adrenalina que lo mantenía activo había dejado se surtir efecto en él. Un fuerte mareo fue el signo de que las cosas estaban mal, su visión se tornó borrosa y la oscuridad estrechó los límites en la periferia de su campo de visión. Su cabeza de repente parecía estallar. Se tocó y se encogió de dolor.

Tenía los dedos ensangrentados, pero no recordó haberse golpeado la cabeza contra algo una vez que impactaron y cayeron al río. Sin embargo el diagnóstico no podía ser otro: tenía una conmoción

Luchó para no ceder a la inconsciencia, pero su cerebro decidió por él y se desconectó.


-o-o-o-

Nota: Aunque en capítulos anteriores había dicho que no volvería a hacer uso de los puntos de vista desde la perspectiva de algunos personajes (POV) creo que en este apartado especial se hace un poquito necesario.


POV Rukia

Al abrir los ojos puedo ver que estoy en mi habitación, pero no en cualquiera, sino en la recamara que compartía con Shirayuki en nuestra casa del Inuzuri.

Sé que es un sueño. Sólo de esa manera puedo estar de nuevo en mi hogar. Siempre sueño con este día, es como si el tiempo ocurrido antes de esta fecha nunca hubiese existido o no tuviera relevancia.

Alejo el pensamiento negativo y la tristeza de mi mente para poder disfrutar del momento, y aunque sé que es efímero no puedo dejar de aferrarme al pasado.

Mi familia pertenecía a un clan de famosos constructores en Inuzuri, durante el período Nanboku-chō. Yachiru, mi madre, pertenecía al clan Unohana, estaba casada con Ukitake Jūshirō, mi padre, quien era el mejor constructor de su época. Así que, a pesar de las pequeñas guerras que se vivían en ese siglo, en el clan Ukitake vivíamos con algunas comodidades, y teníamos una vida sencilla. Eran finales del siglo XIV cuando me despedí de aquella existencia.

Tenía casi trece años, y estaba en edad de casarme, por lo que en ese entonces estaba ya prometida en matrimonio con Kanō Ashido, hijo de un maestro constructor de nuestra villa. No lo amaba, ni siquiera le conocía, pero confiaba en que llegaría a amarlo ya que mi padre siempre tuvo palabras de elogios para referirse a él. Claro está, para que nuestro matrimonio se efectuara primero debíamos esperar a que mi hermana mayor fuera desposada.

Ese último día junto a mi familia, fue un día muy feliz para todos. Mi hermana mayor se había convertido en una mujer. Su sangre había bajado esa misma semana, por lo cual ya podía contraer matrimonio. Aunque no lo mencionaran sé que mis padres habían estado preocupados por ella.

Por tanto esa tarde luego de comer, me dirigí a un pequeño claro en medio del Bosque de los Corazones y traje conmigo muchas flores silvestres para colocarlas en la mesa.

Regresé casi al ocaso. Padre me vio llegar con las flores invernales y me regaló una sonrisa tan dulcemente, como sólo él puede hacerlo. Mis hermanos menores corrían a mí alrededor jugando a esconderse de la vieja nodriza que debía asearlos. Mi madre había terminado de colocar la mesa para el banquete en honor al día de mi nombre y al inminente compromiso de mi hermana Shirayuki. Era feliz. Todos éramos felices.

Pronto los invitados llegaron y con ellos reinó el ambiente de fiesta en nuestro hogar. Shirayuki estaba hermosa, con un majestuoso kimono de seda blanco con motivos florales celestes que resaltaba el color de sus ojos.

Todos admiraban su elegancia mientras se anunciaba oficialmente su compromiso con Yagami Kou.

De cierto, esa fue noche la más feliz que pasamos en casa desde que nacieron los gemelos. Hasta ese momento mi vida era sencillamente perfecta. Por tanto, ese recuerdo me persigue siempre que estoy al borde de la muerte. Como para darme paz en esos momentos...

Esta nueva línea de pensamientos me altera e interrumpe mi estado de ensoñación.

Es cierto, ahora que recuerdo, estoy en peligro de muerte. ¡Debo despertar!

Fin POV Rukia

-o-o-o-

Rukia sentía que algo le impedía respirar, unos fuertes golpes en su pecho intentaban reanimarla. El aire, insuflado desde su boca, buscaba abrirse paso a sus pulmones totalmente anegados de agua.

A lo lejos escuchaba una profunda voz que la invitaba a seguir a su lado.

— ¡No puedes morir!

La penumbra parecía disiparse.

— Que patético soy Letty.

¿Letty?

Su viejo corazón comenzó a bombear sangre con mayor fuerza, y pronto pudo reaccionar. Estaba vomitando el agua que había impedido el paso del oxigeno hasta su sistema respiratorio. Sentía fuertemente dolor y ardor en el pecho mientras intentaba regularizar su respiración.

Alguien la había colocado de lado, ayudándola para que no se volviera a ahogar con el agua que estaba saliendo de su cuerpo.

Seguía tosiendo cada vez con menos fuerzas.

Abrió los ojos. Sabía que ya no se encontraba en Inuzuri, por tanto no estaba muerta. Cuando pudo enfocar la vista se encontró con los ojos color caramelo del guapo doctor que había secuestrado-rescatado esa misma madrugada.

El joven le dio una sonrisa que buscaba ser tranquilizadora, pero ella estaba aprendiendo a leer sus gestos sin necesidad de palabra alguna. Ese chico se había preocupado por ella… ella que lo habría matado sin dudar de habérsele ordenado.

El médico la colocó nuevamente en decúbito dorsal, y comenzó a examinarla mientras ella caía nuevamente en la inconsciencia.

Un último pensamiento antes de regresar a la oscuridad. ¡Gracias señor Fresa!

-o-o-o-

El sonido del leve oleaje del río en la orilla terminó de despertar a Rukia, quien abrió los ojos sin saber muy bien dónde se encontraba. Estar desorientada era una sensación casi desconocida para la ejecutora. Eso sumado al palpitante dolor que sentía en la cabeza, comenzaban a dibujar el cuadro de una situación nada confortable para la chica. Se incorporó lo mejor que pudo para observar el sitio en el cual se encontraba, el cuerpo que yacía a su lado restringía su movilidad.

El techo que los cobijaba estaba formado por gruesos maderos cubiertos de algas, los cuales se elevaban a unos veinte centímetros por encima de su cabeza, eso sumado a la altura de la roca, le daba al improvisado refugio un espacio de al menos cincuenta centímetros de altura tomando como base sólida la arena.

Un río, comprendió, no sin desconcierto. Estoy debajo de un muelle. ¿Pero cómo llegamos aquí doctor Fresa?

Daba gracias a la providencia que por lo menos el espacio lo compartía con Kurosaki, en sus peores pesadillas siempre terminaba siendo prisionera junto a Renji en mazmorras aún más pequeñas que este sitio.

Se quedó fijamente viendo el pecho del médico, como subía y bajaba lentamente. Sigues vivo. ¡Alabados sean los Antiguos!, pensó.

Parpadeó mientras su mente terminaba de aclararse.

— Kurosaki Ichigo pronunció su nombre suavemente, como si temiera despertarle al hacerlo, mientras un recuento mental de los sucesos acaecidos en las últimas doce horas se infiltraban desde su subconsciente poniéndola al día de las actuales circunstancias. Las últimas imágenes correspondían a su huida en el Jaguar de aquel licano inusualmente persistente, la hoja cruel hiriéndole en el hombro a través del techo de su coche, y el tonto de Kurosaki pidiéndole que bajara la velocidad...

— ¿Acaso creías que tú eras Bella y yo Edward? bufó molesta. No suelo caer tan bajo niño. El accidente de hoy fue sólo una excepción a la regla. Nunca antes había chocado ningún tipo de vehículo.

Rukia hablaba más para sí que para el hombre herido. Era una costumbre que había adquirido de Kiyone, pensar en voz alta la tranquilizaba.

Pasó su mano izquierda por la herida de su hombro derecho palpando el vendaje improvisado que seguro Kurosaki le había colocado, con lo que parecía ser un trozo de su camiseta negra.

¿Me venda la herida después de que entrara en su casa y lo secuestrara a punta de pistola? Rukia no sabía si sentirse agradecida por sus esfuerzos o pasmada por su ingenuidad. Bueno, es médico, recordó. Supongo que se toma muy en serio su Juramento Hipocrático.

Juntó las pocas fuerzas que recuperaba para tratar de incorporarse nuevamente todo cuanto le permitiera el techo de madera sobre su cabeza. Desvió ligeramente su rostro para estudiar mejor el sitio en el cual se encontraban pero un fuerte dolor en los ojos le reveló la presencia del sol en el firmamento. Diminutos rayos de luz solar se filtraban por las grietas y agujerillos en los tablones que componían el piso del muelle que a su vez era el techo que los cobijaba y protegía.

En un acto reflejo buscó sus armas, pero encontró que llevaba vacías las pistoleras. Es probable que Kurosaki me desarmara mientras me atendía. Se sentía extrañamente vulnerable e indefensa. Una vampiresa letal a merced de un humano inocente. Rukia no estaba familiarizada con la idea del desarme, y muy en el fondo sabía que algún licano podía rastrearlos y encontrarlos. Bajo las manos para rastrillar la arena fangosa del río y palpar si sus armas estaban cerca, cuando de pronto uno de los haces de luz toco su palma quemándola al instante.

—Perfecto musitó con sarcasmo.

Apartó la mano de un tirón golpeándose con la madera del techo soltando al mismo tiempo varias maldiciones. De los nudillos escaldados emanaban hilillos de humo gris acompañados del olor a carne quemada.

— Ahora me siento como en una de esas películas de espías, donde el héroe debe abrirse paso a través de una habitación llena de letales láseres para alcanzar su objetivo.

Introdujo otra vez la mano al fango, buscando en esta oportunidad aliviar momentáneamente el malestar en su piel chamuscada.

Maldición, pensó. Sabía que tenía que haberme puesto guantes para esta misión. Pero no tolero la idea de mancillar los hermosos guantes blancos que me regaló Byakuya.

Aprendida la lección, se mantuvo inmóvil por unos minutos, observando dolorosamente el movimiento y la dirección que tomaban los rayos ultravioletas que se filtraban en el improvisado refugio. En ese tiempo no se concentró en nada más que calcular cuales deberían ser sus siguientes movimientos si es que deseaba minimizar los daños por quemadura en su cuerpo.

No era una mujer pretenciosa, además que una vez que sanara no quedarían cicatrices, pero tampoco era amante del suplicio innecesario, y en las actuales circunstancias a medida que avanzara la mañana y el carro de Apolo surcara el cielo se multiplicarían también el número de rayitos de luz dando como resultado un número inversamente proporcional de espacio para ocultarse.

Se mantuvo inmóvil hasta que se vio obligada a rodarse, ya tenía una clara idea del ángulo de entrada de los haces luminosos, pero el cuerpo inconsciente de Ichigo no la ayudaba mucho. Tenía claro que mientras el astro rey estuviera presente no debía abandonar el muelle, pero quizá si pudiera encontrar un refugio más confiable…Esa línea de pensamientos la llevó a recordar su Jag F-TYPE. Sin dudas lo había chocado, y era muy probable que estuviera en el fondo del río, así que estaba descartado.

Maldición, me llevó mucho tiempo adaptarle los cristales con protección a los rayos UV, pensó frustrada. Los automóviles eran su segunda pasión, si tomaba en cuenta que la cacería de licanos era la primera.

Se movió otros centímetros más, llevándose varias quemaduras nuevas en su haber. Se arriesgó a lanzar una mirada a su caro reloj sumergible, que había sobrevivido a la calamidad que la había conducido a aquella situación y descubrió con espanto que no eran ni las nueve de la mañana. Deseaba que la tormenta volviera a Karakura durante el día, así podrían salir antes del anochecer, porque en caso contrario iban a ser las diez horas más largas de su existencia.

Y lo único entretenido que tenía era Kurosaki Ichigo, pero no tenía sus marcadores. Se habría divertido de lo lindo dibujando bigotes en su rostro acaramelado.

-o-o-o-

Sin darse cuenta habían pasado ya varias horas, y los rayos del sol la empujaban cada vez más contra el cuerpo del dormido Kurosaki.

Estaba ligeramente preocupada por el estado de salud del joven galeno, pero ello no evitaba que usara el cuerpo del chico para resguardarse de aquellos nocivos rayos.

En el muelle la actividad estaba en su apogeo, luego de los embates de la tempestad, muchos barcos necesitaban ser revisados o reparados. Por ello había más gente corriendo sobre el muelle.

Si se concentraba llegaba a distinguir los equipos de estibadores nipones que cargaban y descargan los buques y a los navíos mercantes que surcaban arriba y abajo del Onose. Remolcadores que hacían sonar sus bocinas, vehículos de carga terrestre que circulaban por las calles aledañas. En fin, era un concierto de diversos sonidos que atormentaban a la ejecutora, quien sólo deseaba unos momentos de silencio y paz. Nunca antes había añorado tanto la seguridad y tranquilidad que le brindaba la Mansión Principal del Clan Kuchiki. Incluso con los constantes acosos de Renji.

Otro aspecto que le tenía los nervios de punta, era que Kurosaki despertara e hiciera un escándalo. Hasta el momento habían tenido mucha suerte de no ser descubiertos y que los humanos intentaran algún "rescate".

Lo último que necesito ahora es que un mortal bienintencionado tope aquí conmigo. Se estremeció al pensar en un grupo de rescate sacándola a rastras a la mortal luz del día. Ya estoy en peligro sin necesidad de eso.

Tampoco habían descubierto el Jaguar en el río, por lo que intuía que se encontraba en una de las partes más profundas, contaba además que luego del aguacero las aguas estuviesen lo suficientemente turbias como para darle algo de ventaja.

Nuevamente se había perdido en sus pensamientos hasta que un inmisericorde rayo de luz solar, muy grande para su gusto iba acercándosele y el cuerpo de Ichigo estaba bloqueando su vía de escape. Se mordió el labio inferior y comprendió que no había otro camino. Era hora de conocer profundamente al señor Kurosaki...

Desde hacía rato que había conseguido moverse unos cuantos centímetros dentro del muelle, por lo que la arenilla, aunque era fangosa ya no parecía formar parte de arenas movedizas. El suelo debajo era un poco más firme, así que Ichigo estaba en la parte más oscura y seca del refugio. Rukia rodó sobre su estomago y arrimó un poco más a la oscuridad al hombre dormido. Era el límite del espacio.

Ella sabía lo importante que era mantenerlo seco y libre de agentes contaminantes, y por ello dentro de su limitado espacio había antepuesto la seguridad y la salud del pelirrojo a la suya.

Ahora debían compartir espacio y darse calor mutuo, aunque ella era un ser frío por su naturaleza vampira.

Con mucho cuidado se encaramó sobre el cuerpo tendido de Ichigo, pasando una de sus piernas sobre la cintura del joven, quedando a horcajadas sobre él. Desde su posición podía apreciar el leve movimiento de su pecho al respirar y deleitarse con su rostro. Sintió un poco de vergüenza y de haber podido seguro se habría sonrojado por la postura en la que estaban sus cuerpos. Era como si a pesar de la diferencia de estaturas, encajaran como piezas de un rompecabezas.

— Tendrás que disculparme señor Fresadijo con tono sarcástico, por la proximidad íntima que tenían. No es que me guste la necrofilia, y más aún considerando que soy un vampiro. Pero es que ya estamos casi en segunda base. ¡Y pensar que ni siquiera nos han presentado adecuadamente!

Se mordió de nuevo el labio, tenía el impulso de probar los carnosos del comatoso humano, sus facciones juveniles no habían perdido la sensualidad que llamaron su atención en la estación de metro, ni siquiera con los golpes y moretones que ya cubrían parte de su cara.

Era atractivo, su largo y rebelde cabello caía en mechones desordenados sobre su frente. Su cazadora y la camiseta desgarrada que lo vestían no dejaban nada a la imaginación, se pegaban como una segunda piel a un torso esbelto y atlético. Era probable que al joven doctor le gustara ejercitarse constantemente.

Si tenía que pasar un día encima de un humano desconocido, pensó, podía haber elegido especímenes mucho peores. Nunca se te ocurra cambiar, y menos cortarte el cabello.

Rukia siguió moviéndose lentamente, buscando una posición más cómoda para ella. El calor que emanaba el cuerpo de Kurosaki era reconfortante, como un sol. Un sol vestido de negro. La visión de la jugosa vena que palpitaba en el cuello del hombre la distrajo. Habían pasado muchas horas desde que se había alimentado, y tenerlo tan cerca y vulnerable era una tentación muy dolorosa.

¿Qué pasaría si cediera a sus instintos? Sus caninos comenzaron a sobresalir de su cavidad bocal drenando un poco de su ponzoña junto con la saliva en su boca. Se lamió los colmillos, sedienta. ¿Sólo un traguito tal vez?

No. No podía ceder. Con la firmeza obtenida en su existencia apartó la mirada de la pulsante vena. El había salvado su vida. Si cedía a sus impulsos era probable que nunca pudiera detenerse, y terminaría matándolo. Ese pensamiento llenó de dolor su corazón, convirtiéndolo en el estimulo que necesitaba para retraer sus caninos.

Ella jamás había bebido directamente de un humano. A diferencia de otros vampiros, a Rukia no le gustaba aprovecharse de ellos y menos aún si estaban indefensos. Byakuya y Nelliel eran de la creencia que se podía sobrevivir a base de sangre animal, y en las últimas décadas con algún sustituto proveniente de la clonación o donación voluntaria. Dichas ideas les fueron inculcadas por Sousuke Aizen, y desde que se comenzaron a tomar dichas medidas la convivencia con la raza humana había mejorado invaluablemente.

El cuerpo de Ichigo comenzaba a calentarse fuera de lo normal. Era seguro que tendría fiebre. Sus parpados a pesar de mantenerse cerrados con fuerza mostraban a través de ellos el movimiento del globo ocular.

Rukia cambió de posición procurando causar las mínimas molestias al hombre, y al mismo tiempo manteniendo su mirada en el enigmático extraño que tanto buscaban sus enemigos de sangre.

¿Quién eres, Ichigo Kurosaki?, se preguntó. ¿Y para qué te quieren los licanos?


Enciclopedia Shinigami Golden:

Cuando Ichigo llama a Rukia por el nombre de Letty, lo hace porque no sabe su verdadero nombre, pero la asocia con el personaje de Michelle Rodríguez en la saga Fast & Furious. Ambas son malgeniadas, de cabello oscuro y conducen violando todas las leyes de tránsito.

F-TYPE es un modelo de Jaguar del año 2013, literalmente es una belleza en cuatro ruedas, en versión Coupé con un corazón de metal V8 que tiene incorporado un sobrealimentador de doble vórtice para eliminar desfases en la aceleración. Tarda 4,2 segundos en pasar de 0 a 100 km / h. Con un sistema de frenos carbocerámicos. Una máquina ideal para aquellos que (tienen MUCHOS dólares) aman la velocidad y la elegancia en un solo paquete. Ya vimos como Rukia lo destroza en un dos por tres así que podemos asegurar que no es apto para vampiros. Por eso los Cullen conducen Volvo's (nótese la ironía).

Las tecnologías InControl conectan al conductor y a su Jaguar F-TYPE con el mundo exterior, por otra parte el software Intelligent Driveline Dynamics para adaptarse a las condiciones del terreno. Nuevamente, no apta para vampiros ni enanas shinigamis. Todas las observaciones de este capítulo son cortesía de Kurosaki Ichigo.

Otras Notas de la Autora: estoy viendo el capítulo 54 del anime de Bleach (ya ni sé cuantas veces lo he visto en estas últimas semanas) y me he encontrado que el problema de Ichigo para tener una relación con Rukia nace desde allí, ya que el mismo le dijo a Renji "Llévatela de una vez… Esa será tu misión, no la sueltes ni muerto". Y bueno ya sabemos que la Piña Roja se tomó muy en serio esa misión jajaja por eso nuestra Naranja Amarga se quedó en la FriendZone. Pero bueno si Renji salió de la FZ creo también que Ser Jorah (GOT) puede tener su oportunidad con Daenerys, quien sabe jajaja.

Pido disculpas por la tardanza, sé que sabrán comprender. Muchas veces mi tiempo libre no es realmente libre para mí.

Una última cosa, me agradó mucho usar los nombres de algunos personajes de Naruto para incluirlos como sitios en esta gótica Karakura y en la historia de esta ciudad.

Hasta el próximo capítulo.