Capítulo 9: Me enamoré
¿Cuántas veces la vio irse sin dirigirle la palabra?
Simplemente perdió la cuenta. Cada vez que planeaba acercarse a ella, alguien salía de la nada empezándole a hablar y llevándosela lejos. Quería pensar que había confabulado con sus amigas para que aparecieran en el momento menos indicado y no le diera tiempo a actuar. Pero a su vez le saltaba a su mente otra posibilidad, la cual consistía en que se demoraba mucho pesando cómo debería abordar la situación, terminando en varios minutos de lucha mental para decidirse ir o no, y cuando se daba el ánimo necesario para tomar el primer paso, una persona 'X' se la llevaba. ¡Rayos! En verdad esperaba que se tratara de la primera posibilidad.
Hasta su entrenador dijo que no sería fácil y obviamente lo sabía, pero debía actuar y no esperar que un milagro sucediera. Sus pensamientos ya estaban claros, lo único que necesitaba era una oportunidad para no volver a cometer el mismo error y rezar que funcionara. Al fin y al cabo los sentimientos de la peliazul estarían siendo correspondidos, aunque tarde, pero pronto los manifestaría. ¡Que alguien le dijera que estaba soñando!
'Estas enamorado tarado, date cuenta antes que sea tarde'
Se sonrojó por un segundo al recordar la sentencia del pelirrojo y su afán por hacerlo ver algo que estaba por demás oculto gracias a su actitud indiferente. Si todos los supuestos síntomas que le describió Kagami eran efecto de aquellas sensaciones nuevas para él, entonces era verdad que estaba… enamorado, aunque no lo quisiera creer.
"¡No sabes lo feliz que me haces!"
"Ni que me hubiera ido al polo norte"
"¡Igual! No pienso soltarte hasta que me asegures que ya no iras a Francia"
"Me encadenaré a ti hasta que Kouji se desmaye de la envidia jaja"
"¡Perfecto! Dejando eso en claro, iré por mi mochila rápidamente y nos dirigiremos a tu casa para recoger mi vestido nuevo"
"¿Cuántas veces te voy a esperar? Hazlo rápido que muero de hambre"
Tenía que agradecer a la rubia por irse de la escena y dejar sola a la peliazul que se apoyó en el marco de la ventana en uno de los tantos pasillos del edificio. La vio reírse y conversar con su amiga como si nunca hubiera pasado por algún mal momento, cómo si sus frías palabras fueran parte del pasado y no tuvieran efecto en su forma de ser. Se sonrojó ligeramente al escucharla pronunciar la última frase mientras repasaba su mano sobre su estómago haciendo gráfica su necesidad de comida. No se imaginaba que algo así pudiera hacerle a él, ya que había una enorme diferencia entre su indiferencia y la espontanea personalidad de ella.
Sacudiendo su cabeza por los variados pensamientos, sobretodo porque todavía no tenían ninguna relación y su imaginación le estaba jugando malas pasadas. Debía actuar antes que la rubia escandalosa volviera y se la llevara, así que era su oportunidad para pedirle que… saliera con él. ¡¿Cómo demonios lo haría?! Había escuchado cada palabra de su nuevo consejero, pero simplemente no se vio en la posición de ahora que le alteraba los nervios e impedía que se moviera.
¡Era su oportunidad, no podía desaprovecharla de esa manera!
"¡Necesito hablar contigo… y no me detendré hasta no hacerlo!"
Emi se asustó completamente al escuchar la voz masculina a un costado que se tuvo que cubrir la boca para no emitir un grito de espanto. Su mente había estado perdida en los confines de su imaginación, y que la despertaran de esa manera fue de lo más desconcertante. Así que volteando a ver de quien se trataba, su corazón comenzó a latir rápidamente.
"Olvidaré que mencionaste que…. no querías hablarme" – Dijo con todas sus fuerzas para no echarse para atrás. En toda su vida había abierto la boca para decir sólo un par de palabras, que la mayoría eran insultos o sarcasmos, para que ahora tuviera que pasar su prueba de fuego.
"¿Por qué… por qué lo haces ahora?"
"Es… la única manera que conozco"
"En verdad no logro comprenderte… pensé que estaba ayudándote al evitarte mi presencia"
"Y yo pensé que te había dicho que no lo hicieras"
De nueva cuenta sus manos le temblaban a los lados mientras intentaba buscar las mejores frases que tenía en su limitado repertorio para sonar lo más amable posible. No había duda que estaba nerviosa y sus manos se movían como si fuera a correr en cualquier momento, así que dio unos pasos seguros para acercarse a ella y que no se fuera, porque sino todo el plan se vendría abajo. Necesitaba actuar.
"Ya no sé qué pensar" – Dijo frustradamente al apoyarse en la ventana. Todavía tenía el impulso por negarse a hablar con él y evitarse un disgusto mayor que la última vez, donde se mostró de lo más extraño al alejarla de su compañero. ¿Ahora qué insecto le había picado?
"Quiero pedirte algo" – Dijo en una voz seria y apunto de un ataque cardíaco por el tema en especial que acabaría con su vida.
"Jaja esta es la mejor broma que he escuchado en mi vida"
"No es ninguna broma"
"Kaidoh. Haré lo posible por escucharte, pero ya deja de…"
"¡Hablo en serio!"
Emi guardó silencio al verlo tan cerca y con una mirada que le recordaba cuando lo llamaba señor determinación. Estaba a punto de aguársele los ojos por tal imagen, pero tenía que volver a su supuesta indiferente actitud porque no sabía si podría soportar alguna otra palabra fría de su parte. Era como si su cuerpo se estuviese adelantando a escuchar algún veredicto final o algo por el estilo. ¡Ahora la confundida era ella!
"Es más de lo mismo y cada vez que logro escucharte…"
"¡Lo siento!" – Se disculpó verdaderamente al hacer su reverencia que más parecía una súplica. "Siento el… causarte una angustia sin sentido por… simplemente lo siento"
"No es necesario que…" – Trató de calmar al ayudarlo para que dejara de hacer tal reverencia, pero sus manos fueron sujetas por las masculinas que no la dejaron terminar.
"¡Lo es!... te mentí al decir que… no… ¡Demonios!"
Malhumorado consigo mismo al no encontrar las palabras adecuadas para manejar esa clase de sentimientos que nunca imaginó tener, apretó las manos de la peliazul entre las suyas para volver a la realidad y centrarse a lo que vino a hacer.
"No quiero saberlo… ya es tarde para que intentes explicarme"
"¡¿Quién se rinde ahora?!"
"¡No fui yo quien se rindió!"
"Lo haces ahora al no querer…"
"¡¿Y qué quieres que haga?!"
En cada frase intercambiada sentía que su frustración aumentaba cada segundo. Estaba seguro que un buen golpe a su cara solucionaría todo, porque sabía que se lo merecía, pero en ningún momento su entrenador le advirtió que debería tomar medidas extremas, porque fue justamente lo que hizo… la abrazó aprovechando que aún tenía sus manos. Fue cuestión de un simple tirón de su parte para que terminara entre sus brazos.
"Prestarme atención… sobre los sentimientos que dijiste tener"
"Ya hablé de ellos. Soy yo la que no sabe lo que sientes" – Logró pronunciar al aferrarse a la chaqueta que tenía puesta. No podía moverse y sus ojos estaban más que apretados por las emociones que recorrían su cuerpo.
"No puedo… responder ahora. Lo haré cuando… aceptes… salir… ¡Acepta salir en una cita conmigo!"
Un sudor frío le recorrió toda su espalda al tomarla por los hombros para gritarle lo último. Su rostro debería estar desfigurado por el sonrojo que era difícil de ocultar, ya que después de tantas vueltas de su parte, al fin pronunciaba esas palabras que sería el comienzo de un nuevo mundo para él… claro, si ella aceptaba.
"¿Qué?"
"No me hagas repetirlo" – Dijo al voltearle la mirada tratando de ocultar su vergüenza.
"¿Estas delirando... o te pegaste fuerte en la cabeza?" – Cuestionó inocentemente al no dar fe sobre lo que escuchaba.
"Estoy hablando… en serio"
¿Le estaba pidiendo que salieran juntos? Tal vez, si le hubiera dicho tales palabras días posteriores al incidente de la mascota que se casi se ahoga en el mar, no cabía duda que hubiera aceptado sin pensarlo, pero ahora… ¿Quería que saliera con él así de fácil?... en verdad deseaba probar nuevamente y decirle que le daría una oportunidad, pero se mordió la lengua por más que le pesara.
"No puedo aceptar"
'No esperes que acepte fácilmente porque la lastimaste con el pecado que una mujer tiene como primero en la lista: Sus sentimientos. Así que puedes esperar hasta que algún día quede viuda jaja'
Sabía que fue una mala idea que el tarado de Tanaka se enterara de lo que planeaba hacer, pero al escuchar una rotunda negación de la peliazul, le dio determinación necesaria para insistir. No podría esperar un mes o un año para que aceptara salir con él, mucho menos cuando era impaciente, debía apresurar el proceso.
"Sólo te pido que confíes… una vez más"
"¡Emi! ¡¿Cuántas veces te he dicho que no hables con extraños?!"
Se dejó escuchar la voz de la rubia muy alterada y no dudo ni un segundo en interponerse entre la pareja. Emi dio un suspiro de alivio por no tener una respuesta clara y Kaidoh que miraba al ser no deseado con el ceño fruncido por atreverse a llamarlo extraño. Por lo menos se dio cuenta de algo, la amiga de la peliazul sería como una espina en el costado porque se notaba que lo detestaba.
"Ayumi baja la voz" – Calmó Emi al tomar a su amiga de la mano para que pudieran salir del pasillo antes que hubiera una discusión.
"Lo haré cuando nos vayamos de aquí"
"Será lo mejor"
Al ritmo que iban, en los próximos días lo ignoraría y quién sabe hasta cuándo. Volviendo a la realidad, en cuestión de segundos cogió su antebrazo muy seguro de lo que hacía, antes que escuchara nuevamente a la rubia vociferar. "Te espero a las dos, en el parque central" – Terminó decir rápidamente antes que se le fuera de las manos.
"¡Espera sentado porque te vas a cansar!" – Le gritó Ayumi antes de irse a paso rápido junto a la peliazul.
No era para menos que la rubia se comportara de esa manera, tratando de proteger a su amiga. Aunque no quisiera tuvo que escucharlo, ya que notó su cara de sorpresa cuando le dijo que la esperaría a esa hora. Sonrojándose sutilmente, deseó mentalmente que le tomara la palabra y le diera una oportunidad de tener… ¡Un momento!
'Para los japoneses el tener una cita es como pedir… que se formalizara la relación…'
Pensando en la última frase, le recorrió una electricidad por su piel al darse cuenta lo que había hecho. Intrínsecamente, le pidió que fuera su novia y para que comenzaran aún una inexistente relación. ¡Sabía que algo se olvidaba! Nunca pensó que ese específico día llegaría, pero ya estaba ahí y no planeaba echarse para atrás.
.…...
Después de despedirse de su amiga que se iba por la pequeña reja de su casa, cerró la puerta tras ella. Fueron horas interminables de conversación mientras se probaban cada vestido disponible de la gran maleta que tenía en su habitación. Todo estaba tan bonito que en lugar de darle a su amiga el que habían planeado desde un comienzo, terminó llevándose tres.
Su entrenamiento con el club de atletismo se canceló a última hora por el mantenimiento de las pistas, así que al día siguiente podrían recuperar las horas respectivas. Aprovecharía para cobijarse en su cama y leería sus lecciones antes que llegaran los exámenes finales. Era invierno y sólo le daba ganas de tomar un buen chocolate caliente para relajarse.
"Lástima que tu amiga no se quedó para probar el pastel que hice"
"Nos harás engordar en tiempo record" – Se rió la peliazul al ser sacada de sus pensamientos. Vio como su madre salía de la cocina con el pastel en una bandeja.
"Me dio ganas de cocinar, a tu padre le encanta. Además, con tanto ejercicio que haces, lo necesitas. ¿Vas a querer o no?"
"Sólo un pedazo"
No pudiendo resistir la crema rosada del pastel y las cerezas que estaban de adorno, se sentó en la mesa sin pensarlo dos veces. Tal vez algo de dulce le levantaría el ánimo después de todo lo hablado con Ayumi, porque todavía sentía esa confusión enorme en su cabeza. Emitiendo un suspiro, vio nuevamente el reloj que descansaba en la pared. Tres de la tarde.
"¿Hasta cuándo planeas suspirar?"
"Es que el pastel esta bueno" – Respondió inocentemente al terminar de masticar el pedazo que tenía en la boca.
"No necesito que me cuentes nada porque después de tanto grito que hacía Ayumi creo que ya lo sé" – Dijo la señora con una mirada acusadora a su hija que se notaba de lo más nerviosa.
"Es que ya no sé qué hacer" – Suspiró nuevamente al empezar a jugar con la cereza que descansaba en su plato. Era misión imposible engañar a su madre.
"¿Ir a tu cita?"
"Le prometí a Ayumi que no lo haría, y quiero ser fiel a mi palabra" – Dijo de manera decisiva al recordar las veces que su amiga le repitió que no se dejara llevar por las frases aprendidas de la 'serpiente sin corazón', que no tuvo piedad al rechazar sus sentimientos.
"¿Qué tal si tiene una sorpresa para ti? Tal vez ya se dio cuenta que en verdad le gustas y te estás perdiendo la oportunidad de tu vida"
"¡En ningún momento mencionó algo así!" – Exclamó sonrojada al dejar el tenedor tranquilo al lado del plato. "Me aseguró que no sentía nada, después me dice que no lo sabe y ahora me expresa que no puede responder. No entiendo"
"A veces los hombres son indecisos. Además, se nota que es un buen muchacho, sólo que no sabe explicarse bien"
"¿Me parece o lo estas defendiendo?" – Cuestionó totalmente desubicada al escuchar tale frases de su madre, que no conocía mucho a Kaidoh y hablaba muy segura.
"Sabes que estamos en un país donde se llevan por el apellido y es pecado mortal el saludar a alguien con un beso en la mejilla, así que no me suena extraño que no sepa hablar como si fuera un orador"
"¡Y donde quedo yo! Le di oportunidad de hablar y mira como terminó. No quiero que me diga que se dio cuenta que en verdad no siente nada y…"
"Si piensas eso, quiere decir que todavía lo quieres" – Intervino de improviso al darse cuenta que se empezaba a exaltar por el tema en cuestión.
Se quedó paralizada al escuchar tal sentencia, que no supo que contestar. Ella conocía muy bien sus propios sentimientos por el muchacho, pero cada vez veía lejos la esperanza que fueran correspondidos. "No te voy a mentir porque sabes que sí" – Contestó abrumada al coger su frente.
"Puedo saber que te gusta de él"
"¿Tengo que responder?" – Preguntó de lo más ruborizada al mirar a su madre con una cara de sorpresa por el cuestionamiento que nunca pensó escuchar.
"Emi. Si me respondes sinceramente, encontrarás todas tus respuestas" – Dijo sonriente la señora al dejar su pedazo de pastel a un lado y volver toda la atención a su hija. "No creo que sea por su mirada jaja"
"¡Es más que eso! Sé que no es la sociabilización en persona, pero admiro su determinación y la pasión que le pone a lo que hace, sé que las personas no lo notan porque lo esconde muy bien, pero es algo que me suena encantador en un hombre" – Trató de decir en cortas palabras que salían de manera natural por su boca. "Todavía recuerdo que le dio su propio paraguas a un lindo gatito que estaba en plena calle y no le importó mojarse por la lluvia. No demuestra que le importa las personas, pero si cuento todas las veces que me ayudó, creo que no terminaría en agradecerle; me hace sentir protegida... Me gusta cuando se sonroja y voltea el rostro para que nadie se dé cuenta que es un avergonzado, aunque tenga esa dura mirada"
"Emi. Me has nombrado una característica que se ha repetido tres veces" – Cortó inesperadamente al escuchar claramente todas las atribuciones que le daba al muchacho y parecía de lo más feliz al nombrárselas. Se notaba que su hija estaba más que enamorada y entendía que tenía miedo que nuevamente sus sentimientos no llegaran a la persona en cuestión.
"¡Me hiciste decir hasta cada detalle, no me pidas que lo repita!" – Exclamó avergonzada al probar un pedazo de pastel y mantenerse ocupada masticando.
"Sólo recuerda cual fue la característica, para que sepas la razón principal por la que no estás ahora mismo en… ¿A qué hora era la cita?"
Terminó de pasar por su garganta el pedazo del dulce antes de ver la hora. "A las dos" – Respondió inocentemente antes de taparse los oídos esperando los gritos de su madre.
"¡Emi, eres una exigente! El pobre muchacho debe estar esperando tu santa voluntad mientras tú te atoras con pastel" – Exclamó molesta al quitarle el plato y levantándose de la mesa. "A las justas sabe lo que es tener sentimientos, para que no le quieras dar una oportunidad más"
"No soy exigente, sólo que… ¿Qué… no está acostumbrado?"
"¿Ya te diste cuenta?"
La peliazul dejó sus oídos libres para recordar las frases que ella misma dijo sobre las características que le gustaban del muchacho. Cada vez que negaba rotundamente que estuviera preocupado, que ocultara su sonrojo, que tuviera pasión pero nunca lo aceptaría… Todas eran formas diferentes de decir que no quería mostrar sus sentimientos por los demás, y eso significaba que por su naturaleza avergonzada, sería difícil que se acostumbrar a sentir.
'¿Cómo podría aceptar sus sentimientos si nunca ha pasado por una situación parecida en su vida? ¿Cómo sabría que es amor, si nunca ha sentido algo parecido?'
Fue entonces que la realidad le cayó encima y explicaba muchas cosas que no se le había pasado por la cabeza. Lo primero que le dijo fue que no sentía nada por ella, para después ser reemplazarlo porque no lo sabía y al final le pedía que confiara nuevamente en él… Era un proceso normal de aceptación de cambios por el cual pasaban las personas cuando se arriesgaban a asumir el reto.
¡No podía ser demasiado tarde!
…...
Felizmente que por esa zona de Japón no nevaba porque estaba seguro que hubiera sido cubierto por una gran capa de nieve. Podía sentir el viento frío que pasaba por sus manos y su rostro que era lo único descubierto que tenía, ya que no acostumbraba a usar guantes ni mucho menos bufanda. Su pantalón de vestir, la doble camiseta que logró encontrar y su chaqueta de cuero, eran accesorios que lo protegían del frio mientras esperaba sentado en el parque.
Repasó sus propias palabras cuando le dijo que la esperaría en ese lugar, y se dio cuenta que no fue lo suficientemente claro al referirse que eran en ese específico parque, por lo cual comenzó su caminata cerca del perímetro para verificar que no estuviera por ahí. ¡Ya había caminado como seis vueltas al maldito parque y no la veía por ningún sitio! Le costó toda su determinación pedirle que tuviera una cita con él, para que perdiera su oportunidad de esa manera.
'¡Rayos! Alguien que me diga que estoy soñando'
Se dijo a sí mismo al poner su cabeza entre sus manos en una actitud apesadumbrada. Él no tenía experiencia en esos temas porque nunca en su vida le había pasado algo así, pero era demasiado real para seguir ignorando que en verdad le gustaba la peliazul… De sólo mencionarlo le producía un escalofrío en todo el cuerpo. No podría explicar porqué, pero admiraba su inagotable energía, su cautivante sonrisa y su cambiante personalidad, que le parecía lo más atrayente que pudo conocer.
Así que no le importaba que sintiera frio o que la hora siguiera avanzando, ya que era poco comparado con la sarta de tonterías que la muchacha tuvo que soportar todo ese tiempo. Estaba dispuesto a subsanar su error y dar el primer paso para el cambio de su vida, ya que no quería seguir viviendo de la misma manera. Quería ser el primero en presentarse al director de escuela para que siguiera con su sueño de volverse profesional.
"¡Lo siento tanto!"
Escuchó la voz femenina en un tono apresurado y con la respiración rápida, que dudó en subir la mirada porque ya sabía de quien se trataba. Tragó grueso al mover sus manos de su cabeza y comenzó el recorrido de sus ojos por… la presencia de la peliazul que estaba de lo más nerviosa. Se sonrojó al darse cuenta lo que hacía, por lo que giró la cabeza para evitar que se notara.
"Sé que te hice esperar mucho" – Se ruborizó de igual manera la peliazul al notar su lenta observación. Se puso lo más fácil y rápido de encontrar, un pantalón delgado con botas cortas encima de estas, acompañado de una camiseta y una chaqueta.
"No es necesario que… te disculpes" – Respondió al levantarse del asiento y rascarse nerviosamente la cabeza. ¿Qué tendría que hacer ahora?
"Todavía no entiendo porque lo hiciste"
"Es difícil explicar"
"¿Lo pediste siguiendo tu tradición o siguiendo la mía?" – Se atrevió a preguntar en un suspiro al saber de sobra que los japoneses no se iban de broma con el tema de tener una cita, pero dudaba que fuera por esa razón.
"No tengo ninguna… tradición" – Dijo sonrojado al entender el punto de la conversación, pero no sabía que responder. Quería estar seguro esta locura funcionaría y la única forma de saberlo era pasar el día con ella, pero había algo que lo impedía.
"Entonces no logro entender"
"¿Me permites pedirte… algo?" – Preguntó de improviso al apretar los puños y desear que no lo golpeara por lo que diría.
"Creo que si… digo por demorarme en llegar"
"¿Podrías olvidar todo lo que pasó?" – Cuestionó rápidamente al esperar una negación rotunda de su parte. No esperaba que lo cumpliera porque obviamente fueron demasiadas tonterías de su parte, pero si no aceptaba, la situación no iba a cambiar mucho.
"¿Te refieres a todo? Es decir, ¿desde qué te vi por las pistas de tenis?" – Preguntó de lo más sorprendida al escuchar tal petición que era de lo más extraña. Lo vio tan nervioso al igual que ella, que pudo notar por qué lo hacía. Si no comenzaban de nuevo, esa cita sería sólo un error y la pasarían mal. "Muy bien" – Inició la peliazul al aclararse la garganta y continuar con lo que diría después. "Buenas tardes señor Kaidoh. Mi nombre es Asano Emi, gusto en conocerlo"
Se quedó callado ante la corta presentación que no esperaba recibir de ella, pensó que sería algo más simple en lugar de volverse a conocer, así que nerviosamente correspondió la mano alzada que tenía la peliazul, no era muy japonés, pero sería peor no aceptarla.
"Gusto en… conocerla" – Dijo en un tono neutro y con muchas ganas de encontrar una piedra para lanzársela él mismo en la cabeza y olvidar sus propias palabras. Estaba tan nervioso que sentía que su mano empezaría a sudar por la delicada piel femenina y el rostro sonriente que le mostraba.
"Ha ayudado bastante que estemos en el mismo aula y seamos vecinos en las áreas de deporte. ¿Cierto?"
"Toma casi todo el día" – Comentó levemente al tratar de mantener una normal conversación sin que su sangre se acumulara en sus mejillas.
"Ahora que lo recuerdo… ¿Tú equipo no tiene entrenamiento a esta hora?"
"No es… importante ahora" – Respondió de lo más serio al cruzar su mirada con la de ella, y darse cuenta que había generado una cara de sorpresa.
Emi quería continuar hablando, pero no supo que decir al escuchar claramente que no había asistido a las prácticas de su adorado tenis sólo por estar con ella en esa cita. Seguramente, para muchos no sería un gran desprendimiento de su parte, pero conociendo su terquedad por no detenerse con respecto a su deporte, ella si lo consideraba significativo. ¡Era como decirle a un pez que nadara fuera del agua!
"Pensé que sería una idea… hay un concierto de música al otro lado del parque" – Dijo casi sin aire al lanzarle lo primero que se le vino a la mente. ¡Al diablo con el consejo de su entrenador! Claramente le había sugerido el acuario, pero su gran cabeza estaba tan confundida por lo que diría después, y simplemente recordó que en su recorrido, vio varias personas demostrando sus habilidades musicales
"¿En serio? Me gusta la música. ¿Por dónde es?"
Respiró profundo al sentirse más calmado al escuchar su entusiasmo y estuvo a punto de contestarle para que fueran juntos, cuando un sonido no muy grato llegó hacia sus oídos. Su maldito estómago había gruñido por la falta de comida. "Lo siento" – Se disculpó totalmente avergonzado al apretar sus puños a cada lado de su cuerpo, y lo peor de todo es que tuvo que voltear la mirada al escucharla reír.
"Jaja Kaidoh. Soy yo quien la que se debería disculpar, son las 4 de la tarde y te doy toda la razón por sentir hambre, porque estamos en la misma situación. ¡¿Y si vamos a comer primero?!" - Sugirió inocentemente al coger también su estómago.
Sonaba bastante tentador porque se moría de hambre y no tuvo que sugerirlo porque al parecer la fémina comprendía muy bien. Así que sin pensarlo dos veces asintió ante la petición. "¿Sugieres algún lugar?" – Preguntó nerviosamente al darle la oportunidad de elegir, ya que si lo dejaban escoger a él, pediría rotundamente…
"Mmm ya que estamos para romper la rutina, te parece si vamos a un restaurante de comida tradicional"
"¿Eso es… romper la rutina?" – Preguntó de lo más escéptico al recibir tal respuesta de la peliazul. ¿Estarían sincronizados?
"Si. Cómo ya conoces a mi mamá, ella no es muy paciente para preparar algo tan elaborado, así que me parece una buena idea… ¿No te gusta?"
"¡Vamos!" – Fue lo único que respondió antes de quedarse callado por mostrarse tan entusiasta. Como se iba negar cuando el amaba la comida tradicional.
"Jaja ¡Ok! Viendo que eres el experto, ¡llévame donde quieras!"
Parpadeó varias veces al no dar fe de lo que escuchaba sus oídos. Sabía que estaban hablando sobre el lugar para comer, pero sonaba bastante extraño que le sugiriera que se la llevara donde él quisiera.
"Quiero decir, que me lleves al restaurante que conoces" – Corrigió rápidamente la peliazul sintiendo que se ruborizaba en su punto máximo. Estaba intentando ser lo más amigablemente posible.
"Está en la otra calle" – Respondió nervioso al dar unos pasos por el camino del parque que fue seguido inmediatamente por la muchacha.
No iba a negar que la situación fuera de lo más incómoda porque nunca en su vida había tenido una cita. Desde cualquier ángulo que lo viese, la palabra 'secreta' no iban en la misma oración que él, ya que su conocido comportamiento no tan amigable fluía naturalmente… pero ya no quería lo mismo para él. Y justamente gracias a esa decisión, había otro sentimiento que era diferente a los demás.
"Puedo escuchar la música desde aquí, muero por verlos"
La veía sonreír cómo si en verdad nada hubiera pasado y sólo se tratara de un mal sueño producto de su estúpida terquedad. El frío que sintió al comienzo fue reemplazo por ese calor inusual que no era molesto, más bien desconcertante. Tuvo que voltear su cabeza varias veces para concentrarse en el camino, en el semáforo y ahora en la acera para llegar sanos y salvos, sobretodo porque no escuchaba ningún ruido proveniente de la fémina, que en lugar de hablar, se mostraba interesada en las calles.
Sería como una caminata normal y tranquila sino fuera por las diferentes parejas que paseaban por su costado o se habrían camino entre ellos. ¿Desde cuándo él se daba cuenta de aquellos detalles?... era muy simple, porque el común denominador de las parejas eran sus manos que estaban ligeramente entrelazadas como si fuera lo más normal de mundo. '¡Él nunca haría algo como eso!'
"¿Estás bien?"
"¡Sí!" – Casi le gritó al sorprenderse por la pregunta.
"Sólo era una pregunta… ¿Es aquí?" – Se rió al ver verlo tan nervioso, pero al sólo encontrar un asentimiento de su parte, entraron al lugar lentamente mientras admiraba los detalles formales de la anfitriona y lo cálido que parecía todo.
Ahí daría inicio a lo que sería un largo almuerzo tradicional, que de tradicional no tenía nada, porque ni bien entraron, la anfitriona impertinente no se le ocurrió mejor idea que saludarlo y decirle que disfrutara de la comida en compañía de su novia. ¡Qué demonios le pasaba!... Él no le pediría algo parecido, sólo quería que compartieran una cita tranquila y… ¿En verdad sería capaz de pedirle que se convirtiera en algo más?
"Es un lugar muy acogedor. ¿Vienes seguido?"
"Prefiero preparar… comida en casa"
"Con tanto entrenamiento no creo que tengas mucho tiempo"
"Intento prepararlo… en la noche para el día siguiente"
"Eso es bueno. Imaginó que cuando estabas en casa, tu mamá te preparaba muchas cosas ricas"
"A veces" – Respondió un tanto nervioso por no querer decir que su madre era la primera en prepararle la comida tradicional que tanto le gustaba.
"¡Pues yo creo que sí!" – Exclamó entusiasta al darse cuenta que se sonrojaba por su respuesta.
"¿¡Que vas a pedir?!" – Cuestionó saliéndose del tema sobre sus costumbres.
¡Sorprendentemente estaba conversando! Tal vez se sentía nervioso porque era algo que no hacía seguido, ya que si juntaba las palabras cortantes que le hacía a sus compañeros, era completamente distinto a lo que estaba viviendo ahora. No se sentía presionado, pero si extraño por contar cosas privadas.
Le pareció un proceso demasiado largo el que se llevara la carta y los hicieran esperar hasta que la comida estuviera lista, porque literalmente se moría de hambre. Cómo no podían estar mirándose las caras sin decir nada, la primera en hablar fue la peliazul sobre sus viajes y demás temas de interés que marcaron la diferencia, ya que ahora si estaba escuchándola. ¿Cómo hacía para mostrar lo que sentía sin que nadie la criticara sobre ello? ¿Tan difícil podría ser comunicarse con las personas como ella lo hacía? Todavía no tenía una respuesta clara a sus interrogantes, pero si se quedaba en su tan mencionado 'circulo de comodidad' no lo iba a lograr.
"Tus oraciones fueron escuchadas"
"Al fin" – Murmuró más para sí cuando vio la comida frente a él.
"¿Te podría pedir un favor?"
"¿Qué sucede?" – Preguntó de lo más escéptico al observar su nerviosismo.
"Me podrías hacer recordar cómo se llama"
"No entiendo"
"¡Soy mala con los nombres japoneses! En verdad trato de recordar, pero sino me dices, no sabré lo que estoy comiendo" – Se sonrojó profundamente al verse preguntando semejante barbaridad y más aún cuando lo escuchó reírse. ¿Estaría alucinando?
Pestañeó varias veces al darse cuenta a lo que se refería y simplemente no pudo aguantarse la risa que salió entre sus labios; claro que tuvo que detenerlo rápidamente porque era una falta de respeto y era algo que no planeaba hacer. Era la segunda vez que la fémina arrancaba una risa de su indiferente humanidad.
"¿No sabías lo que pedías?"
"Si sé que son en general, pero olvido algunos detalles"
"Entonces, dime lo general que hay en tu plato"
"¿Estás tratando de jugar conmigo?"
"Fue una simple pregunta"
"¡Le preguntaré al mesero!"
"¿Ni siquiera lo vas a intentar?"
Emi se quedó callada ante la insistente manera de pedirle que adivinara lo que tenía en su plato. No sabía lo que pasaba por su cabeza, pero le parecía divertida e inusual la forma de retarla a contestar, ya que había logrado sacarle más que monosílabos. "¿Pescado?" – Comentó de lo más segura al llevarse un pedazo a la boca y mejor probar antes de lanzar cualquier cosa.
"Si no te asustas por lo que viene después" – Dijo en voz baja al mirarla muy curiosa por saber lo que era. Seguramente había elegido de manera aleatoria. Parecía como un extranjero probando comida nueva, aunque fuera mitad japonesa.
"Espera, yo he probado esto antes. Está rico"
"Es anguila" – Expresó rápidamente al concentrarse en su propio plato y no mostrarse tan entusiasta por el nombre que le dio, porque personalmente no era uno de sus preferidos.
"¡Eso mismo! Está bueno… ¿Quieres probar para que veas que tus enseñanzas si funcionan?" – Cuestionó divertidamente al dejar sus palillos a un lado y mirarlo expectante.
"No gracias" – Se sonrojó un poco por la forma tan abierta de preguntarle aquello. ¿Acaso quería que tomara algo de su plato y lo comiera? No estaba en sus opciones hacerlo porque muchas miradas viajaban hacia ellos por la manera inusual de comportarse.
"Eso me sonó sospechoso… ¿No me digas que no te gusta?"
"No es mi preferido"
"Bueno, si lo has comido aquí y no te gustó"
"No fue aquí"
"Entonces…"
"Podríamos dejar eso por ahora y…"
No lo dejó terminar porque ya su boca habido sido invadida por un pedazo del pescado que tenía la peliazul en su plato. Miro nuevamente y se dio cuenta que con sus propios palillos le dio de comer la supuesta comida que no le gustaba.
"Ahora si tienes todo el derecho de decir que no te gusta porque ya lo probaste. ¿Y qué tal?"
Tragó con dificultad el pedazo de pescado que no estaba nada mal, pero no quería aceptarlo porque segundos antes su cabeza le decía que no era de su preferencia. Era algo tan simple que podría ser considerada una tontería, pero le dejaba un hueco en el estómago por la última frase que lo hizo pensar.
"Está bueno" – Respondió tratando de mantener su actitud indiferente que se suavizó por la sonrisa de la peliazul que se mostraba animada por lo que comía.
"¿Verdad que sí? Anotaré como se llama para no olvidarme jaja"
"¿Preguntarás algo más?"
"Ahora que lo mencionas jaja. Pero no te preocupes, te dejaré comer antes"
Asintiendo ante el permiso de poder comer con tranquilidad, comenzó con lo que sería el festín de su vida porque tenía hambre. No iba a negar que se sintiera más relajado después de darse cuenta que en verdad tenía que probar algo para decir que no le gustaba. Estaba dispuesto a arriesgar y tomar el primer paso.
…...
La música proveniente del parque central estuvo de lo más entretenida porque la fémina de al lado no dejaba de entusiasmarse por lo que veía, e intentaba seguir las letras que cantaban los demás. Aunque varias miradas se dirigían hacia ellos, siempre le decía que al terminar el concierto nadie sabría quiénes son, así que no importaba lo que pensaran. Fue un buen punto porque él siempre seguía ese consejo, así que intentó que no le molestara, más aún cuando disfrutaba de su buen ánimo.
El día se fue tan rápido que ni siquiera recordaba que lo hicieron esperar en pleno frío al comienzo de su inesperada cita, ya que estaba seguro que lo merecía por dejar pasar la oportunidad que ahora se daba. Así que no dudo ni un segundo elegir el siguiente lugar, el cual fue el acuario que estaba en medio de la ciudad. Caminaron largo rato en medio de los diferentes pasillos siguiendo al guía que hablaba formalmente sobre las especies que ahí se encontraban. Todo muy interesante hasta que casi la pierde de vista a causa de varias personas extranjeras que deseaban tomarse fotografías, y cómo no hablaban japonés, podía adivinar quien se ofreció de voluntaria para hacerlo. Fueron varios minutos mientras esperaba que terminara de conversar, hasta que no pudo soportar que otro maldito extranjero tratara de obtener su número de teléfono. Aunque estaba en miras de mejorar su inglés, aquellas palabras las entendió muy bien, y sin siquiera meditarlo, se la llevó de la mano hacía la guía para continuar con su recorrido.
La calidad sensación que desprendía la mano femenina fue algo diferente que le brindaba más seguridad, y aunque sonara egoísta de su parte, no quería compartirla con nadie… ¡Esto lo confundía más que al comienzo!
"Siempre me dio miedo ese lugar, pero ahora ya no" – Se rió Emi al caminar tranquilamente entre las calles del vecindario. Estaba anocheciendo y lo último que quería era que ese día acabara.
"¿Te divertiste?" – Fue la pregunta que se venía haciendo en el camino mientras soltaba su mano y se sonrojaba un poco.
"¡Claro que sí! Todo estaba tan lindo, que me gustaría regresar nuevamente"
"¿Ahora?"
"Jaja Es decir, algún otro día para prestarle más atención al guía"
"Tal vez… podemos regresar" – Dijo de lo más nervioso al voltearle la mirada. Estaba seguro que esa no sería la última vez, pero era muy pronto para decírselo.
"¡Me gustaría!… pero dejémoslo así"
"¿Sucede algo?"
"¿Tienes alguna otra idea de dónde ir?" – Interrumpió con otra pregunta para no contestar. Sabía que estaban ahí mismo por su trato de pretender olvidar lo pasado y de salir nuevamente era algo que no estaba segura que podría cumplir.
No entendía por qué le cambiaba de tema tan rápido, pero su mirada de entusiasmo se apagó al instante cuando habló de dejarlo ahí. ¿Estaba haciendo algo mal? O quizá, ¿Ya no quería compartir más tiempo con él?...
Sus pensamientos fueron cortados al instante cuando vio cómo una pelota amarilla salió volando en dirección a él. Haciendo uso de sus rápidos reflejos, esta quedó entre sus manos antes que le cayera en pleno rostro.
"¿Estás bien?" – Preguntó la peliazul de lo más sorprendida buscando con la mirada de donde provenía la pelota.
"Estaré mejor cuando sepa de quien es" – Respondió entre dientes al notar como un muchacho se acercaba hacia ellos.
"Disculpen, estuvimos practicando y se nos fue la pelota"
"¡Deben tener más cuidado!" – Le gritó sin medir lo que hacía por haber interrumpido su conversación.
"Lo sentimos" – Se disculpó de nueva cuenta el muchacho de cabellos negros sujeto en una coleta mientras hacia su reverencia ante la mirada amenazante.
"¿Es de tenis?" – Preguntó Emi al darse cuenta la gran coincidencia en la que se habían metido. El amante del tenis fue atacado por su propio instrumento de juegos.
"Alquilamos las pistas de aquí y no pensé que se nos escapara alguna"
"Oh vaya. Que estén jugando en tanto frío es admirable"
"No es nada del otro mundo" – Minimizó Kaoru al abrir la boca y darse cuenta que habló de más. Cuando se trataba de entrenar, le importaba muy poco el frío y se sintió aludido por el comentario, de alguna manera quería caber en el calificativo.
"Jugamos porque teníamos frío" – Se rió el muchacho al no entender muy bien el comentario, pero recibió su pelota amarilla de la persona frente a él.
"¿Son muchas personas las que alquilaron su pista de tenis?"
"Bueno si, somos varios amigos de la zona cercana"
"¿Tú crees que los podamos acompañar?"
"¡Claro! será una gran disculpa de mi parte. Síganme por favor"
No entendió muy bien por qué hizo tal comentario, así que la detuvo por un brazo antes que comenzara a caminar detrás del muchacho. "¿Qué crees que haces?"
"Me parece una buena idea. Las pistas son muy parecidas a las que están en la universidad"
"¿Acaso los conoces para que vayas?" – Cuestionó en un tono serio y escéptico por las intenciones de la peliazul al querer llevarlo con personas desconocidas. No era que pensara mal todo el tiempo, pero no veía cual era el objetivo.
"La idea es justamente conocerlos. Sé que no soy la adecuada para confiar en los demás, pero estoy segura que podemos sacar algo bueno" – Le dijo al morderse el labio inferior al recordar vivamente que su perseguidor Kai Miyagi parecía confiable, pero al final no lo era.
"Te pedí que… confiaras, pero no pensé que sería con ellos" – Pronunció nerviosamente al tener muy fresca aquella escena en su mente y por obvias razones no quería que le sucediera nada. Claro que nunca le diría que golpearía a cualquiera que se atreviera a acercarse con malas intenciones, así que no quería comenzar alguna situación parecida.
"No podría dejar de confiar sólo por una mala experiencia porque sino nunca avanzaré"
"¿Vendrán? También hay juego de dobles por si les interesa"
Volteó el rostro hacia el muchacho que interrumpió su intercambio de palabras y soltó lentamente el brazo de la peliazul que aún tenía en su mano. Ahora sabía a lo que se refería con respecto a su aceptación de seguir al desconocido y podía darse cuenta que aunque no lo quisiera, le seguía enseñando cosas que ni siquiera se le hubieran pasado por la cabeza. Sonaba bien lo de avanzar, como si fuera una indirecta de su parte por lo que sucedía en ese momento, donde se suponía que olvidaban el pasado y las malas experiencias.
Eso era lo que quería, que olvidaran de verdad, o mejor dicho que aprendieran del pasado. Él deseaba avanzar, así que haría lo posible por enmendar cualquier error, y si era necesario protegerla nuevamente, lo haría con gusto.
"Eso suena muy bien. ¿Podrás ser mi pareja de dobles?"
"¿Qué? ¿Estás loca?"
"Jaja bueno si al intentar algo nuevo se le llama así, creo que ya lo estoy"
"Lo decía porque no sabes… jugar tenis"
"Para eso estamos aquí, serás un gran maestro"
"No creo que sea un buen momento"
"Siempre es un buen momento cuando queremos. ¿Verdad que me enseñaras lo básico?"
"Si me lo permiten yo podría enseñarle si así lo desea"
"¡Yo lo haré!" – Intervino Kaoru al no medir lo que decía. Sólo escuchar que el desconocido pretendía ofrecerse como profesor, lo hizo molestarse.
Ante la aceptación tan 'entusiasta' de su compañero, aprovechó la gran oportunidad del año para así comenzar una gran noche de tenis, que aunque no sabía cómo era, estaba feliz por la nueva experiencia. "Magnífico, entonces vamos porque no quiero sentir frío"
Estaba cometiendo una locura de grandes proporciones al verse aceptando tan intempestivamente, pero ya no podría parar su caminar detrás del desconocido que los llevaba hacia una de las casas cercanas donde había varias pistas de tenis. Sólo imploraba el comportarse normal y obviar el hecho que no era muy sociable, así que tendría que poner de su esfuerzo para no ahuyentar a los demás. Tal vez, seguir el ejemplo de la fémina que sí sabía cómo hacer nuevos amigos, podría servirle de mucho.
Era completamente nuevo lo que ocurría. Verse a él mismo disfrutar de lo distinto que sería su nueva vida a partir de lo que pasara ese día… Todavía podía darse una oportunidad.
…...
Fueron horas interminables de su juego preferido que simplemente perdió la noción del tiempo. Corrieron como un par de niños detrás de la pelota como si el perder o el ganar no importaran, se rieron como nunca pensó que lo haría en compañía de desconocidos que no lo juzgaron por no ser parte del grupo, por el contrario cada uno intercambió información con él para que asistiera a sus futuras reuniones de tenis. Era un sentimiento totalmente distinto a cuando estuvo en preparatoria y tuvo que enfrentar momentos difíciles para ingresar a una universidad, donde no pudo desarrollar alguna otra actividad fuera de sus estudios y su deporte. Todo era esfuerzo y no dejar que alguien más tomara su beca.
Le recordaba mucho a una experiencia previa donde sentía ese entusiasmo por hacer las cosas por diversión y no porque lo presionaran, su famosa escuela Seigaku que nunca olvidaría. Estaba seguro que se parecía mucho a aquellos recuerdos donde disfrutaba cada momento y no le molestaba el hacer otras actividades, porque sabía que era parte de su crecimiento.
Lo desubicó completamente que la peliazul quisiera jugar con él un partido de dobles como lo había predicho, y no iba a negar que le pareció de los más extraño la sensación de tener que enseñarle más sobre el tenis, porque no era un gran maestro como ella lo definió. Lo más increíble de la noche es que ganaron, no supo cómo demonios lo hicieron, porque después de varios choques y pérdidas de pelota, dejaron a la otra pareja fuera de juego por varios puntos de diferencia. Simplemente fue algo que no pudo digerir hasta que sintió dos brazos apresados a su cuello y la voz feliz de la muchacha por haber participado en su primer juego de tenis formal. Fue una cálida e inesperada reacción que lo hizo sonrojar por no saber qué hacer.
Después de todo el intercambio de información y sus debidas despedidas por parte del gran grupo, tuvieron que irse porque el reloj marcaba una hora no muy saludable para que regresaran. Así que después de un largo tiempo de caminata, estaban por llegar a la casa de la peliazul para que terminara su tan aclamada cita… pero había algo que le impedía dejarla ir, simplemente no quería hacerlo.
"Fue muy divertido. ¿Viste al hombre alto que no pudo devolver la última pelota? Lo dejamos perplejo" – Se rió Emi al repasar varios acontecimientos del juego de dobles.
"Es muy difícil devolverme un 'boomerang snake'" – Comentó seriamente al filtrarse un hilo de orgullo en sus palabras.
"Si me dices un nombre tan elaborado, entonces te doy la razón"
"¿Practicaste desde la última vez?" – Se atrevió a preguntar al recordar aquella vez que intentó enseñarle algo de tenis y aunque fue muy escueto, se sorprendió al verla responder algunas pelotas con ayuda de su velocidad.
"Estoy concentrada en mis carreras que no tuve oportunidad. Sé que no fui de mucha ayuda, pero…"
"No es por eso… estuviste bien" – Le cortó inmediatamente al girar su rostro avergonzado. Él menos que nadie sabía hacer cumplidos.
"¿En serio? Bueno, gracias" – Contestó algo ruborizada por las palabras que escuchaba de su parte. "¡Cierto! Apunté los nombres de las personas que conocimos hoy para que lo agregues a tu lista de contactos, así podrás hacerla crecer. Los tengo en mi teléfono, ¿Te lo paso ahora?" – Pregunto de lo más entusiasta al buscar en su bolsillo el objeto.
"No lo traje. Me lo podrías… dar mañana" – Dijo nervioso al recordar que dejó su teléfono. ¡Rayos! Ya habían llegado a su casa, y tenía que pensar en qué hacer ahora.
"Bueno… será mejor que se lo de a Kouji para que él te lo pueda facilitar" – Respondió nerviosamente al detener su caminata y acomodando un par de mechones de su cabello detrás de su oreja. El trato por hoy estaba llegando a su fin y tenía que entrar.
"Sería más fácil que tú me lo des"
"No creo que sea conveniente"
Su plan por verla el día siguiente no estaba funcionando. Pensó que tal vez le diría que se encontrarían por la universidad para que le diera la lista de contactos, que en verdad quedaba en segundo plano y como excusa perfecta para verla nuevamente, pero ella le estaba dando la solución para que ya no sea necesario. Entonces, la realidad de sus palabras lo estaba golpeando porque ya la cita había terminado y eso quería decir que su trato de olvidar todo, también llegaba a su fin. Simplemente la peliazul le estaba haciendo recordar.
Emi por su parte se sentía de lo más confusa. Había hecho lo posible por olvidar cada mal momento y concentrarse en la cita, porque de lo contrario no hubieran disfrutado de la nueva experiencia que significó ese día. Pero ahora al verse parados en frente de su casa, saber que todo acabaría y que tenía que volver con su vida normal, la hacía sentir que fue un completo error el aceptar salir con él.
"Es conveniente... porque pensaba verte mañana en la universidad"
"No es necesario. Ya tuviste suficiente de mi por un día y tienes mucho entrenamiento por hacer"
¡Diablos! Estaba haciendo lo posible para que acepte, pero al parecer las indirectas tampoco funcionaban. Entonces… ¿Qué paso seguía? La mente se le iluminó al recordar muy bien lo que debería decirle. Tenía que aclarar cada detalle con ella antes que su oportunidad se le vaya de las manos y ya no podría retrasarlo hasta mañana. "¿Quieres que se acabe?" – Preguntó de lo más serio al tratar de regresar al tema principal.
"Hablamos sobre eso cuando comenzamos la cita y… no quiero ser la causante de tu confusión porque… porque por un momento llegue a pensar que no estabas fingiendo… que tal vez podríamos…" – Dijo de lo más vacilante al ver hacia cualquier otro sitio que no fuera su seria mirada que no la perdía de vista, pero se tuvo que morder el labio inferior para no terminar la frase. Estaba siendo la absurda Emi que pensaba hacerlo cambiar de parecer, pero no quería presionarlo y que sintiera lástima por sus sentimientos no correspondidos, así que lo mejor sería que ya no se vieran más. "No… nada…. no me hagas caso, son tonterías"
Estaba seguro que su voz entrecortada quería transmitirle aquellos sentimientos que alguna vez pronunció con toda la esperanza que fueran aceptados, y sus ojos violetas se movían en el espacio luchando contra las ya conocidas lágrimas que vendrían después. "¿Estás bien?" – Logró preguntar en un acto de saber lo evidente.
"Lo estaré, pero para eso debemos volver al plan original y que no vuelva a suceder"
"Si salimos juntos fue porque yo lo sugerí y tal vez podríamos…"
"Fue suficiente y no es… no es necesario que lo hagas más" – Pudo decir en un hilo de voz que se le iba lentamente por las molestas lágrimas acumuladas en sus ojos. Así que sin darse más tiempo, se volteó para irse porque ya no podría aguantar por más tiempo.
"¡¿A dónde vas?!" – Se exaltó al verla con la decisión de irse del lugar sin darle explicaciones. Sin esperar más la detuvo por ambos brazos porque eso era lo que quería, no dejarla ir.
"A seguir como siempre porque… porque pensé que sería como cualquier día y fingir que podía ser como antes, pero no puede ser"
"Podría ser… mejor que antes" – Dijo en una voz sería al seguir ejerciendo presión en sus brazos para evitar que se fuera. Su vista se perdió entre los ojos violetas que le expresaba la angustia por la que pasaba. Simplemente no podía creer que fuera tan necio para negarse a sentir lo que estaba atorado en su pecho todo ese tiempo.
"Lo será cuando cumplas tu sueño de volverte profesional y… que siguas practicando tu tenis… eres el señor determinación después de todo ¿no?" – Se rió melancólicamente al cerrar los ojos y recordar aquella palabra en especial. Quería soltarse para salir corriendo si era necesario, pero la presión en sus brazos no la dejaban. "¿Que mas quieres que te diga?" – Preguntó en un suspiro y un sollozo que escaparon de sus labios.
No sabía cómo comenzar y detener aquellas lágrimas que bajaban por sus mejillas. Estaba seguro que no quería verla llorar de nuevo, pero para eso tenía que expresar lo que sentía, y él no era bueno con las palabras. "Ya hablaste suficiente"
Después de eso, ya no supo que pensar y se dejó llevar por ese remolino de emociones que sentía dentro él. En cuestión de segundos usó sus propias manos para atraerla hacia él, terminando apresadas fuertemente en su cintura para darse fuerzas por lo que haría. Mirándola fijamente a los ojos se preguntaba cómo demonios aquella presencia se había vuelto tan necesaria, cómo hizo para que su corazón latiera a mil por hora a causa de tales sentimientos y porqué no podía despegársela de la mente.
"Que… que pretendes…"
Tomando aire y haciendo uso de su determinación para no dejarse llevar por la vergüenza, detuvo cualquier cosa que la peliazul tuviera que decirle. Fue un instante donde todo quedó olvidado y sin querer perder más tiempo, juntó sus labios con los de ella en una reacción desesperada buscando esa motivación por lo que diría después… él deseaba comenzar algo nuevo para los dos, si se lo permitía.
Abrió los ojos a lo que más daban por el sorpresivo movimiento de su parte. Pudo sentir el sencillo pero seguro contacto de sus labios que la hizo apretar fuertemente sus manos en su chaqueta presa del nerviosismo porque no sabía cómo reaccionar. Hace unos instantes habían discutido el tema de no verse más y ahora tenía ese tipo de reacción. ¿Estaría soñando o es que estaban fingiendo sin darse cuenta?
"¿Por qué…?" – Logró preguntar escuetamente al ver cómo se separaba lentamente de ella. No la dejó terminar de hablar, cuando sintió sus fuertes brazos terminando de rodearla y su rostro junto al suyo.
"Lo siento, fui un estúpido al decirte que…no sentía nada porque si lo hacía… pero quería negarlo" – Dijo nerviosamente tratando de buscar entre sus palabras para no soltarle cualquier tontería. Era de lo más difícil para él expresar sus sentimientos y más aún cuando trataba de enmendar sus errores.
"Pero todo este tiempo"
"Sigo haciendo lo posible por acostumbrarme a ellos… porque no deseo lastimarte, ya tuviste suficiente por mis acciones"
Tuvo que estrujar los ojos fuertemente para detener las lágrimas que querían desprenderse en cualquier momento por lo que escuchaba. Sabía que ella misma aceptaba su error por haber demostrado sus sentimientos demasiado pronto cuando él ni siquiera sabía lo que eran. "¿Qué pretendes al decirme todo esto?"
"Te pido disculpas por todas las tonterías que te dije… y soy yo el que te pide una oportunidad" – Dijo seriamente al suspirar nervioso por lo que vendría después, porque estaba listo para escuchar cualquier insulto o recibir un golpe por parte de ella, por todas las estupideces que había cometido.
"¿Podrías ser… más claro y decirlo mirándome a los ojos?"
Tragó grueso al escuchar tal petición de su parte, así que lentamente separó su rostro de su hombro, sabiendo que eso era peor que cualquier golpe. Centrándose en sus cristalinos ojos violetas, sintió de improvisto sus delicadas manos que terminaron a cada lado de sus mejillas en leves toques que enviaban electricidad a todo su cuerpo e hizo que sus manos se aflojaran en su cintura. "Que lo siento y…"
"¿Te molesta?"
"Puedo acostumbrarme"
"Entonces, ¿Puedes ser lo más claro posible para entender lo que está sucediendo?"
"¡Que me gustas! Y quiero pedirte que… seas mi novia" – Exclamó de lo más avergonzado al mirar fijamente su rostro de sorpresa, pero a la vez la sonrisa melancólica que le mostraba. "No lo hago por presión sólo que… ¡Rayos! Porque tiene que ser tan difícil" – Dijo rápidamente mientras respiraba algo agitado por todas las palabras usadas.
"También quiero comprender que no estás acostumbrado a esto" – Le interrumpió de manera divertida por la reacción que logró de él y le daba más luces que el señor determinación si sentía después de todo. "Yo quiero darte una oportunidad porque sé que mi expresividad es algo que…"
"¡A mí me gustas así y….!" – Se detuvo de golpe al darse cuenta lo que estaba diciendo. Iba a voltear su rostro sonrojado de ella, porque sentía que en cualquier momento buscaría un abismo donde lanzarse, pero no pudo porque sintió de igual manera sus manos en su rostro distrayéndolo de lo que hacía.
Ella también se ruborizó por lo que escuchaba con tanta determinación por parte de él, pero sin duda con su eterno nerviosismo que lo hacía sonrojarse sin que se diera cuenta. Ahora entendía que todavía le faltaba aprender mucho de él. "¿Podrías pedírmelo nuevamente?" – Preguntó al respirar profundo y acariciar su sonrojado rostro.
Gritándose mentalmente que reaccionara por las emociones fuera de control que estaba experimentando, se dio ánimo para comenzar lo que sería la experiencia más grande de su vida. "Que… quiero que seas mi novia"
"Ya ves que no era tan difícil" – Le sonrió de nueva cuenta al olvidarse completamente de su rostro y pasar sus manos por su cuello. "Claro que acepto tus disculpas y sí quiero ser tu novia"
Ahora si le era difícil pensar por las diferentes sensaciones que experimentaba en ese momento que no supo qué hacer. Verla sonreír y demostrarle su naturaleza expresiva era algo que había extrañado todo ese tiempo. Fue entonces que mandó al demonio cualquier inseguridad que existiera en su interior y lentamente desapareció ese espacio pendiente que había entre sus labios.
Era completamente distinto al primer beso que recibió por primera vez por parte de ella y la diferencia era abismal con su intento por copiarla. Estaba completamente seguro que su rostro tenía un rojo intenso al sentir su boca moverse junto a la suya, dejando atrás el tímido contacto de labios, que lo hizo apretar fuertemente su cintura entre sus brazos al tratar de entender cómo demonios correspondía aquel beso que de inocente, no tenía nada. ¿Se podría acostumbrar a esto?
Con todas las ganas de gritar que era la chica más feliz del mundo, se contuvo lo suficiente para no hacerlo y lo dejaría para la soledad de su habitación cuando nadie la viera porque pensarían que había enloquecido por tantas experiencias. No sabía si era una recompensa por la larga espera o es que el muchacho se había golpeado fuertemente la cabeza para que expresara sus sentimientos por ella de esa manera. De igual forma, se sentía demasiado feliz por lo que sucedía y esperaba con ansias que pudieran pasar aquellos malos recuerdos, ya que aún tenían muchas cosas que aprender juntos. Por lo pronto, si le iba a corresponder de esa forma los besos que tenía planeado darle, entonces podrían llevarse muy bien. ¿Acaso no se daba cuenta de todas las emociones que tenía dormidas dentro de él?
Fueron minutos interminables que simplemente se les escapó de las manos, así que en un afán por volver a respirar y disminuir el fuerte sonrojo que había en sus rostros, se separaron lo suficiente para controlar su rápida respiración.
"Tampoco es que tenga mucha experiencia, pero podemos aprender juntos, ¿no crees?" – Logró decir Emi en un esfuerzo por mantenerse concentrada después de recuperar el aliento. Todavía lo tenía tan cerca que era muy difícil hablar tranquilamente
"Dices eso… después del…" – Iba a continuar hablando pero la vergüenza que sentía estaba en un punto máximo que haría realidad su deseo de lanzarse por un abismo ahora mismo. Obviamente ella tenía más experiencia en esos temas, pero lo de aprender sonaba bien.
"jaja Por algo se comienza. ¿O pensabas que sería así de fácil?"
"No… pero quiero… intentarlo"
"Entonces, eso es lo que haremos"
Después de su feliz respuesta y su inexplicable nerviosismo, tuvo que voltear la vista interesado por el sonido del perro que ladraba a un lado de ellos, y fue en ese momento que se dio cuenta de la posición en la que se encontraban. Con un sonrojo en su rostro, aflojó los brazos que tenía aún alrededor de la peliazul, y nerviosamente se frotó la frente. Con razón se preguntaba cómo es que ya no sentía frío, si hasta salía vapor de su nariz por la baja temperatura.
La peliazul sólo sonrió por el nerviosismo causado en el muchacho y al fin volvió a respirar cuando se dio cuenta que el perro le ladraba a ellos, por un momento pensó que su madre había salido de improviso. "Oh vaya, es mi lindo amigo que tiene hambre" – Comentó entusiasta al agacharse y acariciar la cabeza del pequeño animal que estaba de lo más hiperactivo.
"¿Es tuyo?"
"No. Es de la vecina que siempre se le escapa por la reja, pero viene a exigirme algo de comida" – Dijo divertidamente al levantarse y no perder de vista los movimientos del perro que había terminado de ladrar y se sentó a un lado de Kaidoh muy interesado. "¿Te gustan las mascota?"
Su máxima debilidad lo miraba mientras esperaba que reaccionara, porque estaba tratando de pensar en algún buen calificativo para describir su extraño interés por los animales. "Un poco" – Dijo rápidamente al voltearle la mirada porque estaba seguro que no quería que se diera cuenta de esa característica suya.
"Entonces… creo que iré a darle de comer a nuestro amigo y descansar después de tantas emociones" – Dijo en un suspiro por aliviar sus nervios. "Gracias por el grandioso día"
"No hay de que… te veo mañana por la universidad"
"Claro. Te dejaré los contactos que te prometí"
"Gra-Gracias"
Escuchándose pronunciar la última palabra, vio como la peliazul asentía y muy feliz se dispuso a llevarse al pequeño perro en brazos, así que entre mimos y halagos femeninos de diversa índole, empezó su caminata por el jardín de su casa hasta llegar a la puerta. Con un último ademán de su mano para despedirse, notó como desaparecía por la puerta.
Suspiró profundo al querer calmar sus nervios y darse cuenta que ahora ya tenía novia. Nunca en su vida pensó pasar por aquella experiencia tan diferente en todos los sentidos, era obvio que no sería fácil para él, pero ahí estaba el reto. No quería vivir en comodidad, por el contrario deseaba seguir esforzándose y aprovechar la oportunidad que le ofreciera el camino. De lo que sí estaba seguro, era que quería compartir esos momentos con la peliazul.
1-1-1-1-1-1-1-1-1-1
Eran las últimas pruebas de la universidad para acabar totalmente con las materias y disfrutar de un largo descanso. Se había esforzado tanto para sacar buenas calificaciones que esperaba con ansias el terminar airoso y poder dedicar tiempo a su familia, ya que como lo había prometido, le quedaba dos días más para tomar un tren que lo llevaría de vuelta a Tokio y estar junto a ellos sus largas vacaciones.
Pero gracias al giro que había dado su vida en las últimas semanas, no podía olvidarse de alguien importante que ahora era parte de esta, su novia. Se sentía confiado porque le había explicado los detalles de su viaje y se mostró feliz por él mientras le repetía que la familia era lo más importante. La relación había comenzado hace poco, pero parecía como si se conocieran años porque las demostraciones de cariño por parte de ella eran explícitas y lo hacían ponerse nervioso, es decir, todavía no se acostumbraba a demostrar abiertamente sus afecciones.
'¡Te prometo que no vivirás para contarlo si le haces algo malo! Si la veo llorar o lamentarse te juro que no dudaré en enviar matones a tu casa para que te den una lección… no es una amenaza, sólo una forma amistosa de aconsejarte'
Cómo todo no podía ser perfecto, recordó las palabras exactas de la escandalosa rubia, que por obvias razones, no aceptó de buena gana la relación de su inseparable amiga. Sabía que no era para menos porque el pasado de confusión lo condenaba y no esperaba que le diera la bienvenida al grupo de amigos así de fácil, no cuando la peliazul había pasado malos momentos. Por eso quería hacer las cosas bien e intentar poner de su parte para que funcionara, porque no se rendiría.
"Pero miren a quien tenemos aquí. ¿Planeabas fugarte a alguna parte sin avisar?"
"No tengo que dar explicaciones"
"Que mal agradecido ¿Después que traté de enseñarte inglés?"
"¿A eso llamas tratar?"
"Nunca te dije que supiera a la perfección"
"¿Te lo podrías llevar para que deje de molestar?"
"Yuuji deja en paz a Kaidoh, sino llegará tarde a su cita… lo siento, creo que no debí mencionarlo"
Se sonrojó sorpresivamente al escuchar a Kagami decir tal frase que lo ponía al descubierto. ¡Cómo demonios lo sabía! Maldijo entre dientes por haberse cruzado con el pelirrojo en el camino hacia la cafetería, lugar donde lo esperaba la peliazul para que le enseñara la última materia que le faltaba, inglés. Exactamente no era una cita, sino una reunión de estudios.
"Ya decía yo porque el apuro. Bueno, entonces no te molesto más y te deseo toda la suerte del mundo en tu aventura"
"No tengo tiempo para esto" – Comentó de lo más desubicado al girar su vista hacia otro lado porque la cara seria del pelirrojo le daba mala espina.
"Eres un maldito suertudo, tienes a tu novia en la misma ciudad, en la misma universidad, en la misma aula y para terminar, es vecina del tenis court"
"¡Eso no te importa!" – Se exaltó completamente al acomodar su mochila en su hombro y caminar por la vereda que lo llevaría a la cafetería.
"No te preocupes, falta poco para que compartan hasta el mismo aire jaja"
Volteó la vista totalmente sorprendido por las palabras que tuvo que soportar por parte del impertinente de Tanaka. Estaba seguro que lo golpearía la próxima vez que se lo encontrara, ya que lamentablemente sólo vio su sombra correr hacia la salida y un Kagami que se disculpó de su parte para después caminar detrás de su cómplice. ¡En mala hora su equipo de tenis se enteró que Asano se volvió su novia!
Suspirando por los acontecimientos que no eran bienvenidos, buscó a la peliazul entre varias personas que llegaron hacia ese lugar con el mismo objetivo. Todos parecían muy concentrados en lo que hacían, y es que durante los exámenes, las clases se suspendían al igual que los entrenamientos con los diferentes clubs, así que tendrían todo el tiempo del mundo para estudiar y dedicar su tiempo a otras actividades. Es decir, tenía que hacerlo, porque en dos días más se iría de Chiba y le hervía la sangre recordar que dejaría a su novia a merced de cada extranjero que estaba en la ciudad, que si bien habían disminuido, igual le generaba molestia.
"¿Planeas seguir caminando sin rumbo fijo o sentarte?"
Sacudió su cabeza levemente al darse cuenta que casi se pasa de largo la pequeña mesa donde estaba sentada la peliazul de lo más sonriente. Así que sonrojándose levemente dejó su mochila junto a la suya y se sentó a su lado. "Hola… pensé que habría más personas" – Dijo seriamente al tratar de concentrarse en lo que diría.
"Hola señor Kaoru, yo también pensé lo mismo, pero así podremos estudiar mejor"
Tragó grueso al escuchar su nombre de sus labios y recordó del trato de llamarse por sus nombres, ya que después de comenzar una relación era lo más normal del mundo. El apellido sólo debería ser tomado por personas de poca confianza, para personas mayores o desconocidos. Lo cual no era el caso.
"Estoy preparada para enseñarte lo que sé y puedas dar un buen examen. Espero que podamos tener la tarde libre para… ¿Sucede algo?"
"No… recordé que… quería comprar un libro" – Dijo lo primero que se le vino a la mente para desviar su atención de la realidad que tenía que enfrentar. Pronunciar su nombre sería como el comienzo de la gran lista de cosas nuevas por sucederle. ¿Qué tanto podría variar su realidad? La realidad no podría cambiar tanto, ¿O sí?
"Mmm pues a mí me parece que te sucede algo ¿Escuchaste la pregunta que te hice?" – Preguntó en un tono de preocupación al tomar su mano que estaba apoyada en la mesa. Le causó gracia su nerviosismo y sonrojo, ya que conocía esa parte tímida que trataba de ocultar. No lo besaría abiertamente como sería lo normal para ella, porque no estaban en cualquier país.
"Lo siento" – Se disculpó por no escuchar nada de lo que le dijo por estar centrado en la calidez de la piel femenina sobre su mano.
"Si es por la preocupación de que te vas de vacaciones a Tokio, te dije que estaré bien y que es grandiosa la idea que puedas estar con tu linda familia"
"Es por… lo que hablamos la última vez"
"¿No fue sobre las vacaciones?"
"¡Los nombres!"
"No entiendo"
"¡Sobre llamarte por el nombre y no por…!"
Se rió abiertamente al recordar a lo que se refería. ¡Ahora entendía su nerviosismo! Sin lugar a dudas todavía tenía que aprender varios temas sobre su novio, porque le venía con cada cosa en el momento menos esperado. Su comentario le daba luces de su afán por mejorar.
"¿Qué es lo gracioso?" – Cuestionó desubicado al volver a su actitud indiferente por la burla que estaba recibiendo, pero en un instante desapareció al sentir cómo la suave mano acariciaba su serio rostro. Lo estaba llevando al límite de la vergüenza.
"No tienes por qué preocuparte por ese tema porque no quiero presionarte. Ya te acostumbrarás… Kaoru"
Sin darse cuenta se concentró tanto en sus ojos violetas que lo miraban insistentemente, que no supo en qué momento acercó su rostro al de ella mientras se dejaba llevar por sus palabras y la electricidad que conllevaba el contacto inesperado de su mano. Fue entonces que la vio terminar aquel espacio que había entre sus labios. Muy dentro de él quería saber cómo podría acostumbrarse a aquel tipo de muestra de cariño que parecía tan natural en ella… en público… ¡Qué demonios estaba haciendo!
Dándose cuenta del lugar en el que estaban, tuvo que separarse lentamente del contacto que aceleró su corazón de improvisto. "Será mejor que… comencemos con esto" – Comentó nerviosamente al aclararse la garganta y tratar de focalizarse en algo que no sea los labios que había probado hace un instante. ¡¿Cuándo se iba a acostumbrar!?
"Puedes tomarte todo el tiempo que quieras" – Le dijo en un tono de lo más coqueto al terminar de repasar su mano sobre la suya, para después esbozar una sonrisa de lo más divertida por la reacción avergonzada que obtenía de su ahora novio. Ella misma olvidó el comportamiento japonés y se dejó llevar por los sentimientos que esperaban ser expresados con libertad.
'¡Espero que sea pronto, porque de lo contrario no sobreviviré!'
Su mente se mostraba de lo más exaltada por el comportamiento de la peliazul que nunca pensó que tenía. Es decir, conocía su expresividad y su energía para desarrollar varias actividades, pero que le hablara en ese tono, lo ponía nervioso y ansioso por saber que más tenía que conocer de ella. Si bien habían compartido diferentes experiencias en los últimos meses, era obvio que aún faltaba por aprender uno del otro.
Dando gracias a los días de vacaciones que había por delante, le daría un buen uso a su tiempo para no sólo estar con su familia, sino continuar con su plan de cambio personal y sobretodo repasar lo que haría a su vuelta. El llevarse por sus nombres era un primer paso para lo que sería una relación formal que no quería malograr porque estaba enamorado y quería dar lo mejor de sí para que funcionara.
Recién era el comienzo de nuevas experiencias en su vida.
FIN
¡Se acabó este FIC! ¡Ya quería publicar mi historia hasta el final! Exactamente 4 años después, que me dejó la inspiración, ahora esta de vuelta para seguir con la programación de todas mis historias. No importa si termino cuando tengas 80 años XD
¡Rosa! misión Cumplida! Un hijo más que se va, así que nacerán más aún jaja. Me seguirás Leyendo supongo yo jaja.
¡Gracias a todos los lectores que siguieron la historia, los que dejaron review, así como los que leen en el anonimato!
Porque esta historia todavía no termina XD (escuche 2nd part por ahí... para los que leen unos raiting mas en XD)
¡Nos vemos pronto!
