Atsushi acomodaba el nudo de su corbata mientras se miraba al espejo, sintiendo su corazón latir aceleradamente. Luego de la propuesta de Dazai no se le cruzó ni un segundo por la cabeza que podría asistir al baile, y fue grande su sorpresa cuando recibió una llamada del castaño esa mañana.
-Espero que hayas dormido bien, porque esta noche tienes mucho trabajo qué hacer-había dicho él-. Pasaré por ti a las ocho ¿de acuerdo?
El peligris había entrado en pánico ante las palabras del otro, y se dispuso a repetir el discurso sobre tener que trabajar durante el baile, disculpándose de nuevo por no poder aceptar la invitación del mayor.
-Digamos que he conseguido que seas sólo mío durante algunas horas. Dame el gusto de vivir otra noche a tu lado-no pudo evitar sentir cómo sus latidos se desbocaban y sus mejillas se teñían de carmín, pero no podía aceptar lo que el castaño había hecho. Sin embargo, tampoco tuvo tiempo de replicar-. Si me vas a reprochar lo que hice lo aceptaré, pero no por eso daré marcha atrás, y si después me dirás que no tienes nada qué usar envíe algo que no tardará en llegar. Te veré en la noche.
-¡E-espera Dazai!-dijo el menor inesperadamente-Te buscaré en el baile, no es necesario que vengas por mí.
-¿Estás seguro? Realmente no tengo ningún inconveniente en ir a tu habitación.
-N-no, te veré ahí.
Y después de colgar el teléfono odio un poco al castaño por poder decir todas esas cosas tan vergonzosas sin inmutarse, mientras que él no podía escucharlas sin sentir que su rostro se volvía un tomate maduro. ¿Siempre había sido así?
Entonces ahí estaba él en ese momento, vistiendo un traje blanco, una corbata gris un tanto más obscura que su cabello, y sintiéndose como la protagonista de una de esas tantas películas de amor en que todo acaba bien tras un reencuentro. Realmente sentía deseos de que todo tuviera un buen desenlace para Dazai y para él, pero sabía que todavía había muchos huecos que necesitaban ser llenados, y unos cuantos días no bastaban para lograrlo.
Suspiró ante la imagen que el espejo le devolvía. Se sentía un poco extraño vistiendo algo tan formal, y todavía dudaba en si lo que sentía que le ahogaba era el nudo de la corbata, o todas las cosas que quería decirle al castaño y que no podía, pues le costaba demasiado encontrar las palabras adecuadas.
Se giró a mirar la cajita negra que estaba sobre su cama, acercándose lentamente a ésta para tomarla. Se sentó sobre las sábanas mientras acariciaba la suave superficie de aquel material azabache, antes de abrirla. Sacó con cuidado el pañuelo azul y lo sostuvo entre sus manos unos minutos, acariciando la suave tela. Parecía ser algo caro, y se preguntaba si tendría un significado especial como para que el mayor quisiera que lo usara. Tal vez esa noche podría encontrar todas las respuestas que necesitaba; y con esa convicción comenzó a colocarlo en el bolsillo de su saco, sonriendo un poco. Después de asegurarse de que se veía lo más elegante que podía miró la hora en el reloj de la pared de la habitación y en unos segundos se armó de valor para salir a la habitación y dirigirse al salón de eventos de aquel barco, listo para afrontar lo que fuera que esa noche y el castaño le tuvieran listo.
Cuando faltaba poco para llegar comenzó a escuchar la tranquila y elegante música que amenizaba la fiesta, mientras miraba a los demás pasajeros llegar, algunos llevando pañuelos rojos, otros más blancos. No pudo evitar reprimir una risilla al pensar que todo aquello sería como una cacería para los solteros, ¿y por qué no? Para los que tenían pareja también. Después de todo, era en noches como aquellas que hasta lo más salvaje podía aflorar en las personas.
Respiró hondo y se adentró en el baile, admirando por un momento el elegante recinto, decorado pulcramente y bellamente iluminado por candelabros de cristal en el techo. Caminó entre los presentes mientras sentía sus piernas temblar y buscaba discretamente al castaño. En sus diecinueve años de vida nunca se había sentido más fuera de lugar que en ese sitio, y vaya que siempre había sentido que estaba en el lugar erróneo, pero resistió las ganas de huir y disculparse con el mayor dándole alguna excusa. Si huía ¿cuándo podría volver a tener la oportunidad de disfrutar de algo así con la persona que quería?
Se obligó a calmarse y continuó caminando entre las personas que conversaban y bebían amenamente, y dio un respingo cuando sintió a alguien tomar su diestra. Al girarse rápidamente se sorprendió de ver a Dazai, demasiado atractivo vistiendo aquel traje azul marino como para que pudiera describirlo con palabras.
-D-Dazai…-titubeo mientras intentaba controlar sus nervios.
-Tranquilo, es sólo una fiesta, no un matadero-dijo el otro con una sonrisa, sin soltar la mano del menor.
-Sí, lo siento-se disculpó el de los ojos dorados antes de mirar a su alrededor una vez más.
-¿Te gusta?
-Es precioso-contestó Atsushi con una tímida sonrisa en los labios.
-Creo que es una buena manera de celebrar tu cumpleaños. Vamos, bebamos algo.
El peligris permaneció atónito ante las palabras del castaño, quien lo llevaba despreocupadamente de la mano, haciendo caso omiso de las personas que clavaban indiscretas miradas sobre ellos. Había pasado todos esos días tan perdido en todo lo que Dazai llegó a hacer a su vida como para darse cuenta de que ya era cinco de mayo, su cumpleaños.
-Lo recordaste…-su voz era poco más que un susurro.
Dazai se detuvo en seco y se giró a mirar a su anonadado acompañante.
-¿Por qué habría de olvidar el cumpleaños de la persona a la que más quiero?
Acaricio delicadamente la mejilla de aquel nervioso muchacho, mirando fijamente sus dorados orbes, sonriéndole. El menor se dejó hacer, sin poder desviar la mirada, apenas pudiendo mantener una irregular pero silenciosa respiración ante el contacto de esa cálida mano. El mundo ya podía irse al carajo.
Sintió que el corazón se le salía del pecho al ver al castaño aproximarse a él, y su piel se erizó cuando el susurro de la voz de Dazai llenó su oído derecho.
-Todos aquí son unos aburridos, pero no dejemos que nos arruinen la noche. Mientras piensa en qué es lo que quieres como regalo de cumpleaños.
Una sonrisa burlona curvaba los labios del más alto cuando se enderezó y reanudó su camino hacia la barra, el peligris detrás de él.
En cuanto llegaron el mayor pidió una copa de champán, y miró al chico a su lado antes de ordenar nada más.
-¿Quieres algo de zumo o algo así?
Atsushi pensó durante unos segundos antes de negar con la cabeza.
-Algo de alcohol está bien-dijo con voz insegura.
El camarero se apresuró a servir las bebidas, y Dazai no pudo evitar hacerle algunas bromas a su acompañante mientras esperaban.
-Antes no te gustaba beber.
-No es que me agrade ahora tampoco, pero pienso que podrá ayudarme a calmarme un poco-contestó en voz baja el peligris mientras se alzaba de hombros.
-Muy bien-concordó el otro mientras el mesero les entregaba un par de copas y el castaño tomó la suya, haciendo una señal de brindis-. Entonces salud por tus veinte años, y porque ya eres lo suficiente mayor para beber conmigo.
El menor rio un poco antes de corresponder y beber un sorbo de aquel burbujeante líquido, haciendo una ligera mueca ante el sabor. Dazai le miró con ternura antes de beber también de su copa.
Pasaron algunos minutos conversando, Atsushi parecía mucho más relajado y miraba a las personas bailar mientras se sentía cada vez más cómodo junto a aquel elegante y atractivo hombre. Sentía ganas de pellizcarse para asegurarse de no estar soñando.
Luego de una hora que no se sintió como tal el castaño desapareció durante un momento, dejando al peligris solo, pidiéndole que no se moviera de donde estaba. El menor miró entonces a las personas que usaban pañuelos blancos y parecían tener suerte conquistando a alguien, por lo que no pudo evitar que algunas preguntas le llegaran a la mente. ¿Realmente había habido un tiempo en que Dazai se dio a la tarea de conquistarlo? ¿Cómo había sido ese proceso? ¿Había él sentido esa emoción que deja saber que el amor está poco a poco ocupando un espacio en su corazón?
No tuvo demasiado tiempo para maquinar nada más, pues rápidamente el mayor volvió a su lado.
-Discúlpame si tardé-le dijo, sonriendo orgullosamente.
-Para nada, ¿todo está bien?-cuestionó Atsushi, ligeramente inquieto ante la aparente emoción del otro.
-Claro. ¿Te gustaría bailar?-el castaño extendió su mano, mirándole atentamente mientras la música de la pieza que bailaban las personas en ese momento terminaba.
-Y-yo no sé bailar.
-Realmente no has cambiado-el más alto le tomó de la mano y lo condujo al medio de la pista de baile, donde colocó ambas manos del chico sobre sus hombros y posó las propias en la delgada cintura del menor-. Por eso escogí una canción lenta.
El suave sonido de una guitarra llenó el recinto y Dazai formó con los labios la palabra "sígueme" mientras comenzaba a moverse poco a poco, haciendo que el menor le siguiera. El peligris estaba tan atento al movimiento que los pies del otro hacían que sólo pudo cerrar los ojos cuando sintió el contacto que los labios de éste tenían con su oído.
-Esta fue la primera canción que bailamos juntos-susurró el mayor.
Esa canción además fue testigo de la primera vez que el castaño vio a su entonces novio llorar.
Here in this world I'm awaked with mistakes
But It's love that keeps fueling me
Fueling me
Aquel día Atsushi no tuvo que ir a trabajar, pero tampoco se había sentido con ánimos de visitar a Dazai, por lo que pasó la mayor parte del día en la ciudad, sólo caminando y pensando. Al atardecer los mensajes del castaño se habían acumulado en su celular, parecía que había comenzado a preocuparse ante su falta de respuesta, así que se apresuró a escribir un rápido texto y se dirigió al departamento del mayor. Después de todo él no tenía la culpa de lo que estuviera sintiendo en ese momento, y tal vez todo lo que necesitaba era un poco de compañía para olvidar sus pesares.
En cuanto llegó a casa del más alto procuró parecer normal, intentando seguir la conversación del otro y sonriendo aunque no tenía ganas de hacerlo. Por supuesto que Dazai no se tragó la actuación de su novio, por lo que sin previo aviso dejó de cortar vegetales y lo tomó de la mano, llevándolo hasta la sala de estar para dejarlo en medio de ésta y subir el sonido de la música que llenaba el apartamento. Rodeó la cintura del chico con sus brazos, le pidió que le abrazara por el cuello, y en cuanto el chico obedeció comenzó a moverse lentamente, siguiendo el compás de la música.
-Ya puedes dejar de pretender y soltar todo lo que quieras mi amor-susurró mientras besaba la plateada cabellera del menor.
Pretty Little lady with the swollen eyes
Would you show them to me?
I know I'm not that perfect
But you stay awhile
Baby, then you will see
Atsushi apretó los dientes, intentando contener las lágrimas, pero aquel esfuerzo duró poco, pues los mares que eran sus ojos comenzaban a desbordarse mientras aferraba la camisa del mayor.
Miles away I can still feel you
Lay your head down on my embrace
My embrace
Far away
No pudo hacer nada ante las saladas lágrimas que recorrían sus mejillas y Dazai se detuvo para mimarlo, estrujándole contra su cuerpo, sólo dejando que se desahogara. El menor nunca solía hablar de sí mismo, a duras penas contaba solo lo necesario, y no porque no quisiera hablar de todo aquello que le dolía, sino porque no quería que fuera su novio quien le viera en un estado tan deprimente, rompiéndose mientras intentaba hacer como si todo estuviera bien.
Pretty Little lady with the swollen eyes
Would you show them to me?
I know I'm not that perfect
But you stay awhile
Baby, then you will see
El peligris solo dejaba brotar sus sentimientos entre aquellos brazos que le abrazaban con amor. Lloraba por sentirse tan fuera de lugar en todos lados, porque odiaba pensar que no podría hacer nada nunca. Simplemente guardaba demasiadas cosas en su interior como para poder retenerlas todas por más tiempo, y ahí estaba, expresando todo lo que no podía poner en palabras a alguien que pasaría todas las noches del resto de su vida escuchando los pesares que inquietaban a su amado sólo para poder verle vivir tranquilo algún día.
Don't give up baby
I know that it's shaky
Just let love consume us
Consume us…
Poco a poco Atsushi parecía recobrar la compostura, limpiando sus lágrimas e intentando mantener los sollozos al mínimo, mientras el castaño sólo acariciaba cariñosamente su espalda, reconfortándolo. No quería decir nada, porque en ese momento su novio no necesitaba palabras, sólo debía sentir que estaba seguro en algún sitio por una vez en su vida, y él quería ser ese salvavidas que le mantuviera a flote cada que sintiera que se ahogaba.
Here in this world I'm awaked with mistakes
But It's love that keeps fueling me
Fueling me to love you
Dazai buscaba los orbes del menor, quien se resistía a mirarle, y ante esa negativa sólo pudo sonreír con ternura mientras reanudaba ese lento balanceo al ritmo de la música, repartiendo pequeños besos en la cabeza del peligris.
Miles away I can still feel you
Lay your head down on my embrace
Be not afraid to love me
-Sé que yo no soy la mejor persona en este mundo Atsushi, y sé que para ti es muy difícil hablar sobre lo que te lastima. Pero estaré aquí siempre, incluso cuando sientas que nadie podrá hacer nada por ti-dirigió su diestra al rostro del chico, acariciando una de sus mejillas mientras disfrutaba del abrazo de su novio-. Y si algún día las cosas están demasiado mal, sólo ven conmigo. Bailemos hasta que sientas que desfallecerás, tal vez así todo mejore un poco.
Pretty Little lady with the swollen eyes
Would you show them to me?
I know I'm not that perfect
But you stay awhile
Baby, then you will see
La música finalizó, y el peligris permanecía acurrucado en el pecho del mayor, disfrutando del aroma de éste e ignorando completamente al mundo a su alrededor. Dazai por su parte no podía sentirse más dichoso. Amaba cada aspecto de ese chico, cada hebra de su cabello, cada complicado rasgo de su persona, todo lo que él era sin excepción alguna.
Se separaron poco a poco, sonriéndose con complicidad, como si compartieran una broma que solamente ellos dos podían comprender, y tal vez así era. Después de todo nadie entendía la complicada historia que tenían, ni los momentos que habían pasado juntos, antes y ahora.
Volvieron a la barra, para después llevar otro par de copas de champán hasta uno de los rincones del recinto, donde elegantes sillones estaban dispuestos para los asistentes. Ocuparon uno de los sofás y permanecieron en silencio un momento, contemplando una vez más el espectáculo que era aquel lugar sin pronunciar palabra. Dazai dirigió discretamente su izquierda hacia la diestra del menor, dispuesta a un lado suyo. Atsushi no hizo ningún intentó de apartarse cuando sintió los finos dígitos del otro entrelazarse con los suyos. Tal vez era el alcohol que comenzaba a surtir efecto el que no le dejaba pensar como hubiera hecho normalmente. No lo sabía, y a decir verdad, tampoco tenía ganas de pensar sobre ello.
Permanecieron un par de horas más entre un poco más de licor y música, dejando ir un atisbo de cordura y entregándose a lo divertido que era recorrer la pista de baile en compañía del otro.
Antes de las doce ambos abandonaron el lugar, el menor dando pasos un poco tambaleantes, pues su nula costumbre de beber le hizo embriagarse ligeramente.
Dazai lo sostenía para evitar que cayera, aunque la verdad era que el chico todavía parecía tener un poco de conocimiento de lo que hacía, pero aquello era una buena excusa para permanecer a su lado más tiempo.
Se dirigieron a la cubierta del barco, el castaño conduciendo al peligris a su habitación, cuando el ligero sonido de una explosión, acompañado de una luz blanquecina les hicieron girarse, a tiempo para ver algunos fuegos artificiales iluminar esa bella noche.
El mayor abrió mucho los ojos cuando sintió cómo aquel muchacho a su lado se acercaba más a su cuerpo, ocultando su rostro en su pecho.
-¿Pasa algo Atsushi? ¿Te sientes mal?-pasó una mano por su cintura y con la otra tomó la barbilla del menor, quien parecía no tener intención de mirarle.
-¿Qué hora es?-preguntó el chico.
Dazai miró rápidamente su celular antes de contestar.
-Faltan quince minutos para las doce-contestó él, acurrucando al tembloroso chico entre sus brazos, viendo la luz de los fuegos artificiales iluminar esa plateada cabellera.
-Y-ya sé qué es lo que quiero por mi cumpleaños.
El castaño miró a su acompañante sin hablar, aunque al parecer éste no diría nada si no se le cuestionaba.
-¿Y qué es?
Por fin Atsushi deshizo el abrazo y tomó un hondo respiro antes de mirar fijamente los orbes chocolate del más alto.
-No quiero dormir solo esta noche.
Sus mejillas estaban rojas, sus ojos tenían un inusual brillo, y todo lo que había en su expresión era un poco de tristeza, pero también anhelo.
Dazai sonrió en cuanto salió de su asombro y asintió. Hizo caso omiso a su razón y se acercó de nuevo al menor, tomando su rostro entre sus manos y posando su frente en la de éste. Procuró inhalar y exhalar lento, conteniendo su deseo de devorar aquellos finos labios.
Dio un suspiro de rendición y besó la frente del peligris. Separándose de él y volviendo a sujetarlo para caminar hasta su habitación.
-Está bien, iremos a mi camarote-anunció, a lo que el menor sólo asintió.
Fue una noche larga, el castaño apenas pudo dormir durante momentos, sintiéndose terriblemente dichoso, y también culpable.
En cuanto el sol comenzó a asomar unas horas después se dio cuenta de que el día había llegado, y que probablemente ya estarían en la isla.
Se levantó de la cama, cobijando a Atsushi, que se hacía un ovillo y abrazaba la camisa del más alto mientras continuaba durmiendo. Dazai contempló durante un momento esa imagen, deseando no tener que abandonar al chico, pero sabiendo que tenía trabajo que hacer. Su cuento debía tener una pequeña pausa.
Se dirigió al armario y eligió un traje negro, anudo una corbata del mismo color alrededor de su cuello y buscó el maletín que Mori le había entregado antes de hacer un par de cosas más y salir de la habitación.
…
El menor abrió los ojos pesadamente, sintiendo unas pequeñas punzadas en la cabeza ante la luz del sol que se colaba por las persianas de la habitación, y se dio cuenta de que estaba solo en la cama. Se incorporó y buscó a Dazai con la mirada, sólo para darse cuenta de que su única compañía estaba en el buró junto a la cama, donde había una nota, en la que aquella elegante y conocida caligrafía llenaba el papel.
Perdón por dejarte solo, hay algo que debo hacer en la isla, espero volver pronto.
No tienes que trabajar más en el barco, así que quédate a descansar. Te amo
D.
El peligris volvió a recostarse en la cama, sintiéndose un poco aliviado de que su compañero no estuviera para verle despertar completamente confundido y con un poco de resaca, y al apretar las sábanas para volver a cubrirse se percató de que algo estaba anudado en su dedo anular izquierdo a modo de anillo. Era el pañuelo azul de Dazai.
Mientras Atsushi sentía una extraña mezcla de nervios, sorpresa y vergüenza Dazai caminaba por las calles de aquel desconocido lugar, siguiendo a un hombre vestido formalmente.
Llegó hasta lo que parecía ser una gran bodega y entró, dirigiéndose sin vacilar hasta el hombre sentado en medio del lugar, rodeado por hombres fuertemente armados. Le saludo inexpresivamente, y analizo el lugar rápidamente antes de abrir el maletín que llevaba. No le sorprendió encontrar una pistola y unos cuantos cartuchos con balas en el interior de éste. Estaba claro lo que tenía que hacer.
