Entre estar enferma y no poder acceder a la pagina, me tarde un poco más de lo que pensaba en publicar este capitulo pero espero que lo disfruten. Como había dicho, aparecerán tanto España como Inglaterra (más otras naciones) y lo que sucederá con ellos muy probablemente deje algunas preguntas o ese es mi objetivo.
De reuniones mundiales y más – Parte 8
Prusia quería que este día mejorara en algún momento, pronto, si no era mucho pedir. No solo la reunión fue aburrida y tuvo que limpiar el desorden de los demás al final, sino que Romano se auto-invito a su cita con Canadá y ahora, cuando creía que podría pasar algunas horas a solas con dicho canadiense antes de esa inminentemente desastrosa cita, su hermano menor lo llamo con urgencia queriendo hablar de quien-sabe-que.
- ¡Gilbert, mi queridísimo amigo!
Y el prusiano maldijo internamente pero se resigno a detenerse en su camino hacia la habitación de Alemania, de pie torpemente en el pasillo. Nada bueno vendría de ignorar a su amigo Francia.
- Hey, Franny. –Saludo en cuanto sintió al francés pasar un brazo por encima de sus hombros de forma afectuosa.
- ¿Por qué no me dijiste que estabas saliendo con mi pequeña calabaza, Mathieu? –Pregunto en un tono lúdico, probablemente demasiado metido en su curiosidad para alzar una queja ante el apodo que el francés encontraba inadecuado para su persona.
- ¿Quién te dijo eso? ¿Romano? –Cuestiono parpadeando con sorpresa, sin saber como su amigo lo había averiguado. El prusiano a regañadientes podía mentir que no creía que el italiano le hubiese soltado la sopa a alguien.
- ¿No? Ni siquiera lo he visto desde que termino la reunión. –Contesto Francia sonando algo confundido, antes de agitar su cabeza y enseñarle su celular.- Aquí, mira, la noticia la divulgo hace unos minutos la querida Hungría.
- Por supuesto, ¿cómo es que se las arregla para enterarse de todo? Es espeluznante. –Dijo rodando los ojos con exasperación, cruzándose de brazos al tiempo que el francés lo tomaba de los hombros y lo zarandeaba con entusiasmo.
- ¡Así que es cierto, tienes que contármelo todo! ¿Cómo se conocieron? ¿Ya han tenido relaciones? El es magnifico en la cama, ¿no es así? ¡Es por su lado francés, no hay duda! –Exclamo el francés con una amplia sonrisa que hizo sentir incomodo a Prusia.
- Francis, eres mi amigo y todo, pero no creo que sea nada impresionante que te cuente ese tipo de detalles. El es tu hijo, ¿recuerdas?
- ¡Está bien, el amor es el amor! –Respondió agitando su mano al aire como si fuera un detalle sin importancia, antes de volver a tomar por los hombros a su amigo prusiano haciendo suficiente presión como para que sea doloroso.- Mientras que nunca le rompas su precioso corazón de miel entonces, todo estará bien entre nosotros, ¿no crees?
- S-Si.. –Dijo Prusia nerviosamente, asintiendo con rapidez.
Canadá jugueteo con sus dedos, sabiendo ahora que debió haber hecho una retirada estratégica en cuanto diviso a su hermano llamando a la puerta de su habitación al bajar del ascensor. Pero Estados Unidos se veía inquieto y el canadiense no podía simplemente ignorarlo o no preocuparse por el, no estaba en su naturaleza, después de todo.
Pronto termino siendo arrastrado a la habitación de su hermano, que se encontraba en el mismo piso que el suyo.
- Yo creí que al enterarte estarías enojado, no.. ¿al borde de una depresión? –Comento de pie junto a la cama donde su hermano se encontraba envuelto en mantas con una bandeja de comida chatarra en sus muslos con una expresión abatida. Al parecer Estados Unidos había pedido que alguien del hotel le trajera a su habitación comida, mucha comida del negocio de comida rápida mas cercano en cuanto termino la reunión.
- ¡Por supuesto que también estoy enojado, Mattie! –Exclamo con un mohín, antes de sorber ruidosamente de su batido de chocolate.- Ya calmare mi furia atacándolo con una bomba nuclear, pero primero.. ¡tengo que disculparme contigo!
- ¿Disculparte? –Repitió sin comprender, antes de registrar el resto de las palabras.- Espera, ¡¿b-bomba nuclear?!
- ¡Si, disculparme! –Dijo Estados Unidos en un tono lloroso, visiblemente culpable.- He estado tan distraído siendo un héroe y armando increíbles planes para salvar el mundo.. ¡que no me di cuenta que los comunistas estaban planeando un ataque interno! ¡Oh, mi pobre dulce hermanito, te han invadido sin que pudiera hacer algo para detenerlos! ¿Qué clase de héroe permitiría eso?
- Al. –Le llamo Canadá de forma incrédula, antes de soltar un breve suspiro y continuar.- En primer lugar Prusia, o debería decir, Alemania oriental no es comunista. En segundo lugar, no fue nada parecido a un ataque interno o una invasión, el solo esta saliendo conmigo. Y por ultimo,.. –Dijo cruzándose de brazos y frunciendo levemente el ceño.- Creí que habíamos acordado que los dos éramos iguales, ninguno es el mayor del otro,.. a pesar de las claras pruebas que demuestran que yo soy mayor. –Concluyo susurrando lo ultimo para si mismo, aunque de todas formas su hermano lo escucho.
- ¡Esas pruebas son inconclusas y..! –Intento discutir señalándolo con una papa frita, antes de darse cuenta del cambio de tema en la conversación.- ¡No trates de distraerme! ¿Desde cuanto esta sucediendo esto? ¿es reciente, verdad? ¿Aun eres puro, verdad?
Canadá llevo una mano a su cara, soltando esta vez un largo suspiro, diciéndose mentalmente que no perdiera la calma. Aun así, el canadiense no pudo evitar burlarse de su hermano y decir:
- Define "puro".
- ¡M-Mattieeeeeeee! –Grito en un quejido ruidoso que probablemente se escucho por todo el piso. El canadiense se arrepintió rápidamente de ceder ante el impulso de travesura, paso los siguientes exasperantes 30 minutos consolando a su hermano sobre como su relación no cambiaria nada entre ellos así como dando promesas sobre como no se convertiría en un comunista ahora ni en un futuro próximo.
Cuando Canadá salio de la habitación de su hermano, decidió ir a encerrarse rápidamente a la suya esperando no encontrarse con nadie en su camino. El lo hizo, pero para su suerte se trataba de Prusia y el estaba mas que dispuesto a acompañarlo en su aislamiento voluntario.
Romano no estaba feliz, cualquier persona que no lo conociera bien podía argumentar que ese es su estado predilecto, pero no era así y el italiano se aseguraría informarles donde pueden meterse sus no apreciadas opiniones porque "no feliz" no es lo mismo que "mentalmente fatigado y por lo tanto susceptible a la irritación", el cual si se acercaba mucho a lo que realmente era su dichoso "estado predilecto".
- ¿A dónde carajo se metieron esos dos? –Pregunto para si, sentado en el banco de una plazoleta cercana al restaurante donde supuestamente debía reunirse para cenar con Canadá y su estúpido novio.- He estado esperándolos como un idiota desde hace.. –Miro su reloj, dándole una desagradable mirada a las manecillas que parecían ir cada vez mas lento.- ¡seis minutos, maldita sea! ¿Cuánto más quieren hacerme esperar?
- Calma, mi tomatito. –Dijo la nación española quien estaba sentado en el otro extremo del banco y vacilantemente comenzó a acercarse.- Estoy seguro que están en camino.
- ¿Aun estas aquí, maldición? –Pregunto toscamente, mirándolo de reojo con recelo.
- Dije que quería hacerte compañía, ¿no? –Respondió España esbozando una sonrisa mientras se rascaba la nuca con nerviosismo, entonces pareció recordar algo y saco algo del bolsillo de su abrigo.- Aquí, ten un tomate.
- Tch, y fui muy claro cuando te dije que te fueras, joder. –Contesto Romano aun así arrebatándole de un movimiento brusco la ofrenda, pero solo porque tenia hambre.- Y además, deja de llamarme así, bastardo, ¿cuántas veces tengo que repetírtelo?
- Estas de malhumor, ya veo. ¿Qué tal si hago un encanto para que te animes? –Pregunto entusiasmado, llevando sus manos a su rostro en preparación.- ¡Fusos-.. ! ¡Ouuh!
Romano soltó el mechón de cabello que acaba de tironear y continuo devorando su tomate.
- No hagas estupideces mientras estoy comiendo. –Pidió de forma cortante, a lo que el español procedió a amasar su cabello con un ligero puchero.
- Aw, pero antes siempre te animaba.
- ¡En tus ridículos sueños, bastardo! –Declaro el italiano con fastidio, poniéndose de pie y alejándose unos metros del banco.- Maldita sea, ¡si ese par de idiotas no se aparecen ahora me encargare de cortarles las piernas, a ver si se animan a llegar tarde otra vez!
- Eso suena como algo que seria contraproducente. –Comento España quien parecía haberlo seguido, aunque se mantuvo a unos pasos de distancia.
- ¿Acaso pedí tu maldita opinión? –Cuestiono volteándose con el ceño fruncido.- ¡No, de hecho, lo único que pedí de ti es que me dejaras en paz y aun sigues aquí! ¿Es que eres un idiota o lo haces a propósito?
España evito su mirada, soltando un suspiro decepcionado antes de hablar:
- Es que.. no hemos pasado tiempo juntos desde hace mucho tiempo y..
- No lo digas como si eso fuera enteramente mi culpa, bastardo. –Le interrumpió Romano cruzándose de brazos de forma defensiva, sonando agotado por alguna razón.
- Lovi.. –Pronuncio el español con un tono que reflejaba una mezcla de emociones que provoco que Romano se estremeciera y se alejara un poco mas.
- No, aun no quiero hablar de ello, así que hazme el favor de dejar de acosarme hasta que sienta deseos de volver a hablar contigo, ¿bien? –Pidió el italiano con prudencia, concentrando su mirada a lo lejos donde podía ver a una pareja humana paseando de la mano.- ¿No crees que es lo mínimo que puedes hacer por mí, después de lo que sucedió? –Acoto en un tono bajo y severo, mientras apretaba su puño libre.
- Si.., si eso es lo que realmente quieres. –Respondió España de forma comprensiva aunque triste.- Lo haré, lo s-..
- No te disculpes, solo.. solo vete, ¿si? –Dijo el italiano sucinto antes de dar un bocado desganado a su tomate a medio comer.
El italiano dejo escapar un profundo suspiro de sus labios, manchados con pulpa de tomate, en cuanto el español finalmente desapareció de su vista. Se quedo de pie en medio del camino sin saber que hacer a continuación, no estaba seguro si Canadá vendría tarde o no pero definitivamente ya no tenia ganas de cenar con el. Después de todo, el canadiense notaria que algo le había pasado y trataría de hablar con el al respecto, y no estaba de humor para abrirse sobre este delicado tema, menos en publico y en la presencia de Prusia.
Pronto se encontró caminando de regreso al hotel, pensando que bien podría recuperar algunas horas de sueño que perdió. Entonces, el italiano distraído como estaba se topo con alguien en la calle.
- ¡Maldita sea, fíjate por d-.. ! –comenzó a proferir, deteniéndose al instante que reconoció a la persona frente a el.- H-Hazte aun lado, bastardo.
- Espera. –Le pidió con algo de urgencia, sujetando la muñeca del italiano para evitar que se escapara.- ¿Podemos hablar?
Romano miro su articulación apresada con sorpresa antes de liberarse de un tirón, frunciendo el ceño y diciendo:
- Si buscas una jodida disculpa por lo de ayer, yo no..
- No, no es eso. –Se apresuro a aclarar la nación inglesa.- Es por lo de ayer, si, pero solo quiero que me escuches. –Dijo sonando incomodo pero determinado al mismo tiempo.- ¿Puedes darme solo cinco minutos?
- No lo creo. –Respondió Romano sin detenerse a considerarlo un segundo, resoplando con disgusto.- Estoy hambriento y de malhumor, maldición, solo quiero…
- P-podríamos hablar mientras cenamos, yo invito y puedes escoger el lugar, ¿aceptas? –Propuso el ingles sonando lo bastante desesperado para que el italiano sintiera curiosidad, no es que fuera algo que admitiría.
- Prepárate para degustar buena comida italiana, bastardo. –Termino diciendo Romano pensando que si todo terminaba siendo una perdida de tiempo al menos el podría obtener una cena gratis.
Prusia dejo su celular aun lado y se dejo caer en la cama de su novio, quien se encontraba colocándose su pijama que en realidad consistía en sus boxeadores comunes y una muy grande camiseta de hockey canadiense de su actual equipo favorito, el cual para ser justo cambiaba cada temporada.
- No te preocupes, pajarito, ya te dije que le envíe un mensaje para decirle que no llegaremos. –Aseguro el prusiano mintiendo sin ningún tipo de remordimiento.
- Pero no ha respondido, ¿crees que estará muy molesto? –Pregunto Canadá preocupado, mientras se acomodaba en la cama junto al prusiano.
- Por supuesto que si, es Romano. Pero ya se le pasara. –Respondió Prusia con desinterés por como el italiano podría tomar ser plantado sin aviso alguno.
Ambos entonces guardaron un agradable silencio, disfrutando de la presencia del otro, profiriéndose ligeras caricias a medida que el tiempo transcurría.
- Gil. –Llamo rompiendo el silencio.
- ¿Hm? –Sonó de forma inquisitiva viendo al canadiense tomar una de las almohadas extras y estrujarla en sus brazos, como acostumbraba a hacer con su compañero oso polar.
- ¿Crees que estuvo mal de mi esconder lo nuestro de papá, Al y Arthur? –Pregunto en un tono cauteloso, escondiendo su rostro en la almohada.
- No y pensé que ya habíamos hablado de esto, ¿has cambiado de opinión? –Respondió Prusia acomodándose de lado en la cama para tener una mejor visión de su pareja.
- Quizás un poco,.. –Admitió Canadá tras unos segundos.
- No deberías. –Replico el prusiano con seguridad, mientras sus dedos se enredaban suavemente en el cabello del canadiense.- Esconderlo fue una decisión que tomamos, no solo por ellos sino también por ti, ¿no es así? Para que estuvieras más cómodo, sin sentirte presionado por nadie y así poder acostumbrarte a nosotros. Estábamos probando las aguas, ninguno de los dos estaba seguro que funcionaria así que, ¿que mejor que mitigar los riesgos haciéndolo un asunto de nadie más que tú y yo? Así si no resultara al menos quedaría entre los dos y dependería de solo nosotros reconstruir nuestra relación en algo que fuera.. hm, platónico. –Explico con bastante sencillez, antes de fruncir un poco el ceño.- Por supuesto, Romano tuvo que inmiscuirse y hacerlo un asunto de tres, pero son detalles.
- No es como si pudiera ocultárselo, es mi mejor amigo y a veces necesitaba una segunda opinión, incluso si mayormente era negativa. –Comento el canadiense con un poco de diversión.
- Lo que sea, no me importa demasiado. –Respondió Prusia encogiéndose de hombros.- El no es un bocazas cuando de cosas serias se trata y supo guardar muy bien el secreto, lo que me hace preguntar, ¿cómo es que Liz termino enterándose? –Pregunto mientras lo pensaba para sus adentros y es que a regañadientes admitía que el italiano era alguien reservado y conocía el valor de los secretos, teniendo los suyos propios y aquellos otros que se le habían confiado. El mismo prusiano incluso compartía un gran secreto con Romano que si bien no se lo había confiado, el italiano logro descubrirlo por su cuenta y solo basto una pequeña charla para acordar que nunca saliera a la luz.
- Quien sabe. –Dijo Canadá pensándolo un momento antes de rendirse.- ¿Vemos una película? –Propuso finalmente.
- Solo si me permites acurrucarme contigo, pajarito. –Dijo Prusia con una sonrisa encantadora.
- No tienes que preguntar siempre, Gil. –Respondió el canadiense con un gran rubor y una tímida sonrisa en su rostro.
- Lo se, pero cada vez que lo hago haces esa cara y me encanta verla. –Confeso el prusiano plantando un rápido beso en la frente del canadiense antes de ponerse de pie para buscar el control remoto de la televisión.
Romano arqueo una ceja de forma incrédula, mientras tomaba una servilleta y se limpiaba los labios. El italiano no estaba muy seguro que si su deliciosa cena valía el dolor de cabeza que estaba obteniendo de escuchar al ingles ventilar sus problemas e inquietudes con el.
- Así que, para resumir tú estúpido discurso, ¿quieres que yo te ayude a mejorar tu jodida relación con Mateo? –Pregunto interrumpiéndolo antes de que pudiera continuar.- Realmente debes estar desesperado, bastardo, ¿Por qué crees que yo soy la persona adecuado para hacer eso? ¿acaso no sabes nada sobre mí, maldita sea?
El inglés suspiro, tomando un sorbo de su bebida no alcohólica, para sorpresa del italiano, y respondió:
- Bueno, a pesar de tu temperamento, tu soez lenguaje y mala disposición..
- ¡Oye! –Exclamo Romano ofendido, pero no continuo diciendo nada en su defensa pues no había mucho que discutir ante una evidente verdad.
- Aun mantienes una buena relación con tu hermano y, por supuesto, con Matthew también. –Continuo Inglaterra como si el italiano no le hubiera interrumpido.- A lo que me refiero es que ni tú, ni yo somos las personas mas sociables y agradables pero de alguna manera te las arreglas para tener más éxito que yo.
- Supongo que tienes un maldito punto, bastardo. –Dijo el italiano sintiéndose un poco tonto por estar de acuerdo y sentirse algo jactancioso al respecto.
- Honestamente,.. ¿tienes que llamarme así? –Pregunto frunciendo el ceño con cierta irritación.
- Soy el tipo con el lenguaje soez, ¿no? –Se burlo encogiéndose de hombros de forma desinteresada.- Si sigues quejándote no te ayudare ni una mierda.
- Esta bien, bien, no me quejare. –Dijo el ingles alzando un poco las manos para aplacarlo ante la advertencia.- Pero entonces,.. ¿me ayudaras?
- Solo con algunas condiciones, bastardo. –Respondió Romano tras pensarlo un poco.
- ¿Cómo cuales? –Cuestiono el inglés curioso, pero el italiano solo barrio el aire con su mano.
- Los pensare mas adelante. –Dijo la nación italiana y segundos después su mesera se acerco a ellos.
- Aquí esta su cuenta, señor.
- Gracias. –Dijo tomando la ficha con sus gastos de la noche con una sonrisa cordial, que desapareció en cuanto diviso el total de su cena.- ¿Huh? ¿Cuántos platos de pasta ordenaste mientras fui al sanitario? –Pregunto mirando al italiano, quien rápidamente desvío su mirada aun lado e hizo un mohín.
- ¡Las porciones eran pequeñas, bien! –Se excuso mientras jugaba con la servilleta.- Yo no me lleno con tan poco, maldita sea. –Acoto haciendo al inglés resoplar con molestia.
- A pesar de que recupere mi billetera con todo mi dinero, de alguna manera termine gastando casi todo en ti. –Se quejo el inglés sacando con pesar el dinero necesario de su billetera.
- Llámalo karma, bastardo. –Dijo Romano visiblemente complacido por su sufrimiento.
- Definitivamente no es karma o serias tú quien estaría pagando. –Corrigió Inglaterra contando de forma renuente los billetes.
- Lo que sea, ¿podrías pagar ya, maldición? –Cuestiono en un tono quejoso, que hizo que el ingles rodara los ojos con exaspero.- Quiero ir a dormir.
- ¿Qué? Pero aun es muy temprano y contaba en que seguiríamos nuestra charla para planear.. –comenzó a discutir el ingles pero el italiano alzo una mano en alto.
- ¿Y cual es la prisa? Escucha bien, tu relación con el no se arreglar en un día, ni siquiera en un par de meses así que tómalo con calma, bastardo. Si hacemos las cosas con prisas, hay mas posibilidades de que algo o todo salga jodidamente mal. –Explico mientras se cruzaba de brazos.
- Entiendo, eso tiene sentido. –Dijo la nación inglesa aceptando sus palabras.
Romano se giro a ver en dirección de la salida y murmuro de forma desdeñosa:
- Bastardo iluso, de ninguna manera voy a sacrificar mis horas de sueño por ti.
Ah, al fin. Con el próximo capitulo se cierra este largo arco en la cumbre mundial de Austria (más adelante habrán otras, ya que son naciones y es una buena excusa para reunirlos y presentar a más y más personajes). ¡Estoy ansiosa por toda la interacción Engmano que se viene!
Kira Mirai
