Mmm… Buenas noches. Para que lo buscaba? – pregunté incomoda por su mirada. Era una gélida, fría, sin sentimiento, pero con un rencor palpable.
Es el padre de este mocoso – tironeó bruscamente del pequeño y cayó a mis pies.
Estas bien, cariño? – me hinqué a a su lado y asintió miedoso. Estiró sus brazos a mí y lo cargué con cuidado –. EDWARD, VEN PORFAVOR.
Que sucede, Bella? – preguntó y al ver la señora me miro confusa –. Buenas noches, quien es?.
Mira, muchacho. Vine para hacer esto rápido – exhaló con furia -. Ese mocoso, detrás de esta señorita, es tu hijo. El hijo de Jane y tu. Murió cuando la dio a luz y la estuve cuidando hasta hoy. Ya no lo soporto y vengo a dártelo para que te hagas cargo – explicó dándole brutalmente la mochila del niño -. Ahora, ténganlo ustedes y a mí no me busquen! – y sin más desapareció a la vuelta de la esquina.
Ambos estábamos petrificados. Todo había sido muy brusco y rápido. Por suerte unos sollozos nos sacaron de nuestra burbuja.
Oh, calma, cielo. Todo estará bien – acaricié su cabello unos minutos y se lo entregué a Edward -. Ahora vengo.
Que sucedió, Bella? – preguntó Jasper intentando ver hacia la puerta.
Chicos es algo raro aun. Puede que Edward tenga un hijo. Así que, si no les molesta, les pido que se retiren. Nosotros los llamaremos para que vengan a almorzar, o cenar, y les aclarara todo, si? – pedí, intentando de no sonar grosera.
Claro. Hasta mañana – aceptaron todos y se despidieron de mi y luego de Edward con el pequeño.
Son iguales – murmuró Rose yéndose al verlos juntos.
Bien. Ahora que estamos solos empecemos a hablar, si? –sugerí acariciando la cabellera cobriza del niño –. Nos explicarías quien eres, cielito?.
Si – tomó aire y comenzó – Mi nombre es Braian Matt y tengo 5 años. Mi mama era Jane, pero mi abuela me dijo que murió cuando me tuvo. Hoy mi abuelita dijo que volvería con mi papa
Braian – Edward frunció el ceño. Estaba intentando decir algo, pero no sabía cómo -, tu abuela… te ha hecho algo?.
Me pegaba – murmuro casi inaudible. Edward maldijo por lo bajo y apretó al niño contra su pecho.
Edward, no creo que haya necesidad de hacer un A.D.N, son idénticos – y era verdad. Ambos con pelo cobrizo y rebelde y esos orbes verdes hermosos. Las mismas facciones y gestos.
El niño se encontraba frente al televisión viendo su programa favorito mientras cenada unos nuggets de pollo con patatas que le había hecho minutos antes.
Lose, cariño. Pero quiero sacarme de dudas igualmente – masajeó sus sienes en signo de agotamiento.
Ve al cuarto – pedí -. Iré y preparare el baño.
Claro – se levantó y fue hasta el niño. Besó su cabeza y se dirigió a nuestro cuarto.
Cariño – me giré al niño y me miró con sus ojitos verdes–, te llevare a tu cuarto y mañana iremos al doctor, si?.
Bueno, señorita – se levantó tímidamente y llegó a mi lado.
Llámame Bella, cielo – lo tomé en brazos y se aferró a mi cuello.
Cuando estábamos en su cuarto ya estaba semi dormido. Le coloqué una camisa de Edward, ya que no teníamos un pijama para él, y lo arrope.
Te adelantaste – sonreí al verlo dentro de la tina, con su cabello mojado y espuma en el.
Debía – dijo con los ojos cerrados. Me senté en una butaca detrás de él y comencé a masajear su cabello.
No te duermas! – reí al verlo cabecear 2 veces. Abrió los ojos y me sonrió. Negué divertida y tomé una toalla -. Sécate, amor. Te espero fuera.
Claro - besó mis labios y salí.
Me coloqué mi camisón negro hasta medio muslo y me arropé en la cama. Aunque iba a ser en vano.
Feliz aniversario – susurró Edward abrazándome por la espalda.
Feliz aniversario, para ti también - me giré entre sus brazos y lo bese lentamente.
Te amo – suspiró contra mi rostro.
Pasó sus brazos por mi cintura, bajo el cobertor, y me pegó a sus caderas.
Suspiré de placer. Bien sabía que no íbamos a dormir, y mucho menos, en nuestro aniversario. Mordí labio y me arrepentí al instante.
Sabes qué efecto tienes en mi – susurró en mi oído -. Deja de morder tu labio!.
Mmm… - gemí cuando me pegó en el trasero con su palma. Fue un ruido sordo y una descarga eléctrica, llena de excitación, por mi cuerpo.
Si – afirmó con voz ronca.
Subió medio cuerpo sobre mí, dejándome aprisionada entre él y la cama. Sonrió en medio de la penumbra y se arrojó a mis labios.
Sentía su lengua invadir mi boca, sin permiso alguno. Tomó mi cabello en su mano y lo tiró hacia adelante, pegándome a su rostro. Esa acción me excitó de sobremanera, y lo notó por mi gemido.
Le gusta lo duro, señorita Swan? – inquirió con la voz entrecortada.
Yo asentí. No tenía voz para las palabras.
Le gusta que la ate a la cama? – se subió encima de mi caderas, acariciando mi torso – Que la penetre fuerte y la haga gemir como una loca?.
Edward – gemí. No tenía idea el efecto que tenían sus palabras, hasta que sentí que tenia, literalmente, una piscina entre mis piernas.
Edward, no lo hagas – lloriqueé. Sabía muy bien su juego: Excitarme de una manera imaginable y hacerme correr de una estocada.
Que no quieres? – preguntó pícaro en mi oído.
Lo que haces siempre! – me quejé. Sonrió contra mi hombro y de un movimiento me quitó el camisón.
Con ayuda de mis pies y piernas fui bajando su pantalón de chándal que utilizaba para dormir. Acaricié su pecho fuerte y gemí. No podía creer como no teníamos sexo en medio de la noche al sentir su pecho contra mí, TODAS las noches. Entonces lo recordé: me dejaba exhausta luego de los 3 orgasmos, como mínimo.
Porque no puedo excitarte? – se agachó hasta mis rodillas y las acarició – Y luego hacerte mía de manera salvaje, produciéndote los mejores orgasmos de tu vida.
AH! – gemí contra mi brazo. Lo mordí y arqueé mi espalda.
Te gusta, mi amor? – río contra mi pecho derecho. Sopló mi pezón y lo mordió tiernamente.
Edward – jadeé.
Quieres que te haga correr con mi boca? – su voz arrojaba sensualidad. Yo solo podía asentir, aturdida por las sensaciones.
Como lo voy a disfrutar. Tú también – prometió.
Se colocó a horcadas sobre mí, pasó sus manos por debajo de mi cuerpo y lo arqueo. Bajó su rostro y sonrió contra mi piel, para luego tirarse a mis senos.
Oh, dios – gemí.
Ahora no sabía se me arrepentía de haber aceptado. Era demasiado placer, tanto que llegaba al punto de ser doloroso. Doloroso al ser tan lento.
No grites mucho, princesa – me recordó contra mi pezón -. Ya no estamos solos en casa.
Ohmm… - asentí ida.
Sentía sus labios suaves acariciar con delicadeza mi pezón. Como si lo acariciara, con ternura y pasión.
Oh, Edward – levanté mí vientre, chocando contra la erección de él. Otro latigazo, muy fuerte, se dirigió a mi sexo. Mi pobre centro dentro de poco explotaría, no soportaría mucho placer.
Alejó su boca y su cuerpo de mi. Se levantó y fue al armario. QUE DEMONIOS HACIA!? ME IBA A DEJAR ASI DE EXCITADA?
Bajee mis manos, las cuales rozaron mis senos, haciéndome gemir. Mordí mi labio. Abrí mis manos y las pase suavemente por mis pezones sensibles.
Que excitante esta imagen – gimió Edward. Lo miré y seguí con mi labor.
Respira profundamente – ordenó mientras se colocaba entre mis piernas. Arrancó mis bragas y sonrió -. Ahora deja de respirar hasta que tengas tu orgasmo.
No comprendía que era esto, pero sabía que me gustaría.
Hice todo lo que me indico y apreté mis pezones, dándome por culminada. Mi cuerpo se agito y respiré profundamente. Edward metió 2 dedos en mi interior, de forma brusca, y me sentí desfallecer.
AHH! – grite de placer. Edward se tiro a mis labios, acallando mis gemidos.
Sentía mi cuerpo convulsionar de forma brusca. Tiré de su cabello, intentando aplacar mi placer. En medio de mi abismo sentí mis manos anudarse… Que!?
Abrí mis ojos y lo vi a Edward sonreír pervertidamente. Mostró mis muñecas, anudadas con unas esposas negras de cuero. Nos giró y quede sobre él, con mis manos en la espalda.
Tendré que castigarte por ese tatuaje en el hueso de tu cintura, eh – tanteó mi entrada con su hombría.
Es una E, de Edward – gemí cuando se hundió en mi de una estocada.
Tendré un poco de piedad – gimió roncamente.
Intenté acariciar su pecho pero no pude: las esposas. El sonrió al ver mi intención y me guiñó un ojo, dándome una nalgada.
Me encanta verte a mi merced – jadeó entrada de manera rápida en mi cavidad.
Sentía un placer exuberante palpitar en mi sexo, algo irreal. Mordía mi labio, intentando acallar mis gemidos. Bajee mis caderas y las encontré con las de él, produciendo un choque sordo.
Isabella – gruñó. Me tomó las caderas y comenzó a embastir de forma brusca contra mí.
EDWARD! – grité de placer.
Mi cuerpo colapsó y cayó sobre el de él. Mi respiración era agitada por el reciente orgasmo. Sentía como embastia aun contra mí.
Bella! – jadeó de forma gutural.
Hundió sus dedos en mi cadera y se vació dentro de mí. Su ser se derramó de a chorros contra mí, haciéndome ronronear en el hueco de su cuello.
Me gusta estar atada – murmuré contra su cuello.
Lo tendré en cuenta – río contra mi cabello. Sentí su erección crecer dentro mío y gemí -. Ahora, sabiendo que te gusta el sexo duro, dejaras que te haga el amor de forma dulce de todas formas?
Siempre – levanté mi rostro y lo besé.
Se colocó sobre mi y desató las esposas. Besó los lugares en donde estuvieron con delicadeza, sin prisa.
Te amo – susurré cuando comenzó a moverse dentro de mí. Suspiré y bese sus cabellos. El sonrió contra mi cuello y dejo un beso en el.
Yo también, o aun mas – afirmó. Levantó su rostro y besó mis labios, sin dejar de moverse de manera lenta en mí.
Qué manera de celebrar un aniversario. Mmm… Me inspire en la dominación y sumisión. Lindas charlas, e ideas, que tengo con mi mejor amigo jajaja. Que mi novio no se entere…
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Gracias por sus Follow, Favs y Reviews(las cuales espero ver mas).
Besos y Mordisquitos ;).
