Capitulo 26 – La Vereda de la Muerte

Algunas horas antes de que la hechicera y el valeroso excapitán de la guardia de la Torre de la Colección Real entraran y encontraran revuelta la casa del herrero, el mismo Burning Spades y el pequeño Spike entraban por la misma puerta.

El paso del herrero era irregular y desbalanceado, sus adoloridas patas delanteras trataban de compensar la falta de apoyo de una de sus patas traseras, cuyo tobillo se encontraba vendado y entablillado. Al entrar en su casa, el joven poni soltó la vieja hacha sin filo que le servía de muleta, y buscando entre su ya de por si revuelta casa comenzó a juntar algunas herramientas y a colocarlas en su pequeña alforja de cuero con refuerzos de metal.

Tras él entró el pequeño dragón morado. Venía absorto en sus pensamientos. La idea de ver partir a sus amigas a una misión decisiva y peligrosa lo tenia tremendamente preocupado. Si bien, el discurso que dirigiera la Hechicera en la Plaza Principal de Ponyville y que luego se distribuyera por toda ciudad y pueblo de Equestria con el fin de mantener tibios los corazones de todoponi con la esperanza y el valor de tener a sus Reales Majestades cuidándolos desde el cielo en su hora mas oscura, había servido para mitigar el desaliento y tristeza de Spike, no podía evitar seguir preocupado por sus seis amigas que de camino hacia Canterlot debían de estar enfrentando la que pudiera ser la más terrible y peligrosa batalla de sus vidas.

¿Cómo estarían las seis chicas en esos momentos? ¿Lograrían pasar a los Cuatro Ponis Terribles para llegar a Canterlot? ¿Recobrarían los elementos de la Armonía y los usarían en contra del maligno rey Azorakt salvando a todo el reino, y al mundo, una vez más?

Habían pasado solo unos minutos desde que se habían despedido de ellas cuando dichas preguntas daban vueltas en la mente del dragoncito como buitres persistentes que persiguen una inocente y desfallecida presa.

Fue entonces cuando, volviendo al mundo por un instante, Spike reparó en la diligente tarea del herrero de recolectar herramientas y piezas metálicas por toda su casa y taller.

—¿Burning? ¿Qué estas haciendo? No se supone que te pongas a asear en ese estado, deberías guardar reposo. —le dijo Spike.

—Claro, en un momento, solo ayúdame con esto, ¿quieres? Siento como si tuviera partido el lomo en tres partes y no soportaré el peso de mi alforja. —respondió el corcel rojo entregándole la bolsa al dragón. Y es que de verdad estaba pesada. Lleno el compartimento principal con todo tipo de piezas metálicas, los bolsillos delanteros guardaban infinidad de herramientas, mientras que en los laterales abundaban las tuercas, tornillos, remaches y demás piececillas que Spike no supo identificar.

Spike sujetó la bolsa con sus garritas procurando que el peso no lo venciera hasta el piso. Spades le colocó la correa alrededor del torso y la apretó con fuerza, haciendo que el pequeño dragón sintiera que le faltaba un poco el aire.

—Será mejor que la lleves así, será un viaje largo. —Indicó con seriedad el poni de tierra — Ahora… ¿Dónde dejé esas nueces trueno?

—Oh, gracias, Burning… —respondió el dragoncito tratando de aflojar la correa —espera un momento… ¿has dicho viaje? ¿A dónde piensas ir? La Hechicera de la Corte de su Majestad dijo que…

—Se perfectamente lo que dijo Starshine —lo interrumpió Spades —Ella no tiene de que preocuparse. Primeramente, porque estaré bien, tú vendrás conmigo. Y en segundo lugar porque no se enterará. El escudo de buenas intenciones no previene el paso de quienes quieren hacer el bien, y nadie quiere hacer más bien que nosotros ahora.

Spike estaba a punto de reñirle. Recordarle que en su estado sería una locura salir de la protección de escudo. Que exponerse así sería traicionar la confianza y menospreciar el esfuerzo que las seis chicas y cada poni de Ponyville estaba haciendo en esos momentos.

Pero en ese instante, el herrero se acercó a Spike y lo miró por encima de sus redondas gafas. Los ojos color dorado del herrero se clavaron en los verdes del pequeño dragón, mientras el poni recitaba, ya no con su voz seria y maquinal, sino con una entereza y decisión genuinas.

—¿Acaso no te preocupa, Spike? ¿No te angustia terriblemente que nuestras amigas estén allá afuera exponiendo aun sus vidas mientras nosotros nos sentamos aquí a tomar el té y discurrir sobre el clima? No se tu pero yo no pienso quedarme de piernas cruzadas. Aun hay algo que podemos hacer para expulsar a los dementes Bronis Radicales del mundo.

Levantando la cabeza, Spades miró por la ventana hacia el cielo, donde una negra nube cubría la primorosa Canterlot y le pareció ver un destello del color del Arcoíris.

—Rainbow me hizo darme cuenta de algo —continuó el herrero —por más que uno lo intente, no es justo evitar que alguien luche e incluso dé su vida por defender a quien ama. Contra eso, no existe protección que valga, no importa cuan débil o en que desventaja se encuentre uno. Todos tienen el derecho de pelear por la tierra y los ponis que aman. ¿No lo crees, Spike?

—Solo tengo una pregunta… —El pequeño dragón se había acomodado y vuelto a apretar la correa de la alforja alrededor del pecho, como quien aprieta el cinto de su armadura de batalla. —¿Qué estamos esperando?

—Necesito saber que estás dispuesto a todo con tal de ayudar a las chicas… —lo interrogó el herrero.

—Claro que lo estoy —afirmó Spike decidido, pensando en sus amigas, en Twilight quien era su única familia, en Rarity…

Spades volteo a mirarlo y en su rostro se dibujo una sonrisa de confianza.

—Entonces no perdamos más tiempo.

Y recogiendo de nuevo su muleta improvisada, el herrero y el pequeño asistente de la bibliotecaria, salieron sin tardanza de la herrería, dejándola vacía, como la encontrarían Starshine y Leadhawk algunas horas después. Spades y Spike continuaron hasta el borde del escudo y echándose encima la Capa de Ocultamiento del herrero, lo que los hizo translucidos como el viento, se encaminaron en el sendero llano que conducía hacia Canterlot.

El camino fue lento y tortuoso. Con aquella pesada carga sobre su espalda, Spike no podía apurar mucho el paso, sin mencionar que Burning tenia su movilidad reducida a causa de sus heridas. No iban aun a mitad del camino, cuando Spades se detuvo un instante y quitándose de encima la capa invisible, miró a su alrededor.

Arbustos enmarcaban el camino, separándolo de una amplia llanura en un lado y de un espeso bosque del otro. La mirada del herrero se clavó en los arboles que había en los lindes de aquel bosque como si quisiera reconocerlos.

—¿Qué pasa, Burning? —le preguntó Spike.

—Dime, Spike, ¿Cuánto falta para tu cumpleaños? —dijo el herrero no prestando atención alguna a la pregunta del dragón.

—Pues… aun faltan algunos meses ¿Por qué preguntas? —Spike se extrañó, creyendo al principio que el accidente que había sufrido Spades tal vez le había dañado la cabeza.

—Porque pensaba hacerte un regalo adelantado, si no te molesta —respondió Burning, analizando un peculiar muesca en un tronco, siguiendo un rastro de huellas a lo largo del camino, para luego internarse en los altos pastizales que se abrían a un lado del sendero.

»No te quedes atrás, Spike, ya vamos retrasados —le gritó el poni. Los tallos del pastizal eran tan largos que el cuerpo entero del herrero quedó cubierto, y tan pronto Spike se dejó caer junto al camino, las hierbas lo cubrieron a el también.

Spades cojeaba, pero por el sonido irregular de sus pisadas, Spike supo que había apretado el paso a pesar de la incomodidad y el dolor que debía estar sufriendo. El pequeño dragón trataba de seguirlo, y más de una vez casi le dio alcance, viendo como la recortada cola gris de Spades desaparecía tras los largos tallos del pastizal.

El poni de tierra avanzó seguido por el dragón por un rato, hasta que, de improvisto, el sonido de las pisadas de Spades se detuvo, pero a Spike no le dio tiempo de frenar, lo que ocasionó que se impactara de lleno contra la espalda del herrero, quien gimió y se doblo de dolor ante el golpe.

Sin decir nada al respecto, Burning comenzó a caminar hacia el centro del extraño círculo donde se encontraban. Se trataba de un pequeño campo yermo en el centro de aquel inmenso pastizal. A los ojos de un examen más preciso, aquel hueco parecía más bien un cráter. La tierra estaba oscurecida por el impacto y las plantas alrededor del lugar se veían quemadas, como si el siniestro hubiera consumido al instante algunas, pero hubiera sido sofocado de inmediato, por obra de algún hechizo extintor.

En el centro del claro, donde debería haber una enorme roca espacial, en caso de que se tratara del lugar de impacto de un meteorito, se encontraban varias piezas de metal, abolladas y requemadas que Spike no pudo reconocer.

—Acércate, por favor —lo llamó el herrero —necesito mis herramientas.

El dragoncito caminó hasta donde estaba el poni, y quitándose de la espalda la alforja para que Spades pudiera echar mano de su contenido, alzó el cuello para poder ver por encima del hombro del poni y conocer la naturaleza del extraño objeto metálico que había encontrado.

—De seguro no has olvidado, Spike —comentó entonces el herrero, y el dragón comenzó a sospechar que lo hiciera solo para distraerlo —lo que pasó en tu ultimo cumpleaños…

El comentario sobresaltó un poco al asistente. Claro que lo recordaba. Aquel había sido un día de aquellos que guardan, al mismo tiempo, recuerdos felices y amargos. Ese día, Spike había recibido una cantidad de regalos mucho mayor que nunca antes. Eso despertó algo en el dragoncito. Un sentido de posesión inherente en sus instintos dracónicos le hicieron comenzar a acumular cosas, que a su vez le hizo crecer de manera apresurada, dándole la figura de un dragón adulto en cuestión de horas. Ese no era un recuerdo muy grato para Spike, no así las palabras, mirada y sonrisas y el gentil beso que Rarity le dirigiera ese día, después de su arranque de codicia.

—Si, lo recuerdo —respondió el dragoncito un tanto incomodo.

—Dicen que te transformaste en un dragón adulto —acotó Spades —desgraciadamente ese día estuve tan ocupado en la herrería que no escuché nada. Es, al mismo tiempo una suerte y una desgracia: habría sido interesantísimo ver en persona un dragón morado adulto, pero, de haberme presentado, tal vez las chicas habrían querido que intentara mitigarte como lo hice hace muchos años con otro dragón en mi tierra natal. El problema es que en aquel entonces las circunstancias habían estado a mi favor. En tu caso, si ni los Wonderbolts pudieron contigo, yo no habría tenido tampoco oportunidad.

Spades no había separado sus ojos del montón de chatarra metálica en el fondo del cráter. Examinaba las piezas y las reacomodaba, de vez en cuando movía o soltaba alguna pieza con ayuda de sus herramientas.

—Y ¿Qué hay con eso? —preguntó Spike que no se veía nada contento de que Spades se refiriera como "interesante" a la aterradora forma que el dragoncito había tomado en aquella ocasión.

—¿Qué hay? Pues que tal vez requiramos que te vuelvas a transformar a tu forma adulta, solo eso. —concluyó el herrero.

—¡Pero claro que no! —gritó molesto el asistente, que había dejado de poner atención en lo que Burning estaba haciendo —es decir… no creo que pueda hacerlo de nuevo, y aunque pudiera, no lo haría jamás.

—¿De verdad? ¿Ni aunque nuestras vidas y aun la de las chicas, dependiera de ello?

—¿Qué quieres decir? —dijo el dragoncito desconfiado.

—Debes de recordar —comenzó Spades sin apartar sus cascos y sus ojos de la pila de chatarra que estaba siendo manipulada y transformada hábilmente por el herrero —que mientras hablamos, nuestras seis amigas se están enfrentando, en tres de los cuatro caminos que llevan a Canterlot, a tres de los Cuatro Ponis Terribles.

»Yo, en persona, además de hablarles a las chicas sobre las características de ellos, les sugerí no pasar por la vereda de tierra, pues el más peligroso de los Bronis Radicales estaría custodiándola. Dicha vereda es la que nosotros abandonamos en hace unos momentos. Eso quiere decir que nos encontramos justo ahora en el territorio del Cuarto Poni Terrible… que sin duda es el más poderoso de todos… el único cuyos poderes se comparan ligeramente con los del Rey Maligno Azorakt.

Spike ahogó un grito. No había considerado la posibilidad de que tuvieran ellos dos, un pequeño bebe dragón y un maltrecho y flachucho poni, que enfrentarse con el peligro de uno de los siervos del perverso rey.

—¿Y que haremos si nos encuentra? —preguntó Spike, ahora susurrando. A lo lejos le pareció escuchar un ruido. No supo decir si se trataba del galopar de cascos, el batir de unas alas o el chasquear de un cuerno al conjurar un hechizo.

—¿En este estado? Yo no podré hacer nada. No pude ni siquiera traer mi espada y aunque pudiera levantar el hacha que usé como muleta, ya no tiene utilidad como arma. Lo más que pudiera hacer sería usar lo que queda de mi cuerpo como escudo para darte oportunidad de correr…

Spades no volteó al decir esas palabras. Spike hubiera deseado con todo su corazón que lo estuviera diciendo de broma, pero el tono del poni de tierra sonó mucho mas lúgubre y grave que nunca.

—Es por eso… que debes usar esto —dijo el herrero de pronto, mostrándole al dragón un retorcido y maltrecho trozo de acero que recordaba vagamente una corona.

—¿Q-que es eso? —retrocedió Spike ante la sorpresa.

—Esto —respondió Spades entregándole el artilugio al asistente, con la voz de un orador que describe la invención del siglo —es un Supresor de Deseos Malignos. Te permitirá mantener control de tu cuerpo y tu mente aun cuando estés invadido por impulsos externos o incluso por instintos que provengan de tu propia naturaleza.

Spike miró el objeto. Su forma irregular y acabado maltrecho no le inspiraban mucha confianza.

—Es decir —continuó el herrero —que te permitirá tener control de ti mismo aun cuando te transformes a tu estado adulto. Te lo estoy entregando, ya que el poder del Cuarto Poni Terrible, en caso de que debamos enfrentarlo, es tal que la única posibilidad que tenemos de derrotarlo es precisamente que alcances tu forma adulta. Solo el poder de un dragón en toda su magnitud podrá hacerle frente.

—¡NO! ¡Jamás! —dijo Spike soltando el artilugio sobre la tierra calcinada —no hay manera en que yo vuelva a transformarme en ese monstruo. ¿No podemos solo resguardarnos bajo tu capa de invisibilidad?

—Debes entender, Spike, que no se trata de un monstruo. Se trata de tu propia naturaleza y tarde o temprano tendrás que enfrentarlo. Escondernos sería inútil. Este oponente nos detectaría por medios mágicos fácilmente. La corona te ayudará a controlarte, solo tienes que concentrarte en quien eres y la razón por la que luchas, de esa manera no perderás el control cuando te entregue esto…

Burning metió un casco en su alforja y sacó un enorme rubí del tamaño de una manzana grande y lo puso en las garritas de Spike para luego decir:

—Tal vez no es tan exquisito como aquel que le regalaste a Rarity aquel día, pero verás que es una piedra hermosa y muy valiosa. Ahora es toda tuya, feliz cumpleaños muy adelantado, Spike.

La vista del dragoncito quedo deslumbrado ante el brillo de la reluciente joya, y las palabras del herrero le ayudaron a concentrar su atención en la piedra, pero tan pronto como el pequeño asistente sintió que la bestia de codicia que dormía en su interior comenzaba a despertar, cerró los ojos, apartando su mirada del rubí, tirándola también al suelo.

—No hay otra opción, Spike. Si queremos sobrevivir y ser de utilidad para las chicas, no tienes otra opción. —dijo Spades, recogiendo la corona del suelo y colocándosela al dragón en la cabeza.

¡ZOOM! ¡FLAP!

En ese momento, el sonido como de un pegaso que aterriza para luego doblar sus alas se escuchó tras ellos, y al levantar la mirada, Burning se encontró con aquello que más temía mientras que Spike se quedó pasmado del miedo.

El sol y la luna se acercaban cada vez más en su carrera autodestructiva, y contra el cielo parcialmente oscurecido por una mañana que no lograba completarse se recortó la silueta de una joven poni. Su cuerpo era apenas del mismo tamaño que el de Spades, su pelaje era de un color amarillo enfermo, casi verdoso. Sus piernas eran esbeltas y delgadas, cubiertas casi completamente por vendajes viejos y desgarrados. Su melena era de un gris pálido, casi blanco. Sus lomos ostentaban un par de largas alas llenas de hermosas plumas mientras que su cabeza estaba oculta tras una capucha color gris oscuro, que flotaba en el aire de la mañanoche como una niebla ligera, dándole a la poni recién llegada un aire espectral de ultratumba. Lo único que sobre salía de entre las sombras de su caperuza era un largo cuerno que coronaba su cabeza. Sobre sus flancos, su marca especial tenia la forma de una guadaña.

—No esperaba verlos aquí… —dijo la recién llegada alicornio desde la sima de una colina que se alzaba de entre el pastizal a pocos metros del cráter donde Spike y Spades la miraban expectantes.

—Ya no hay tiempo para dudas, Spike, es ahora o nunca —susurró el poni de tierra al dragoncito que se había quedado atónito al ver llegar al temido oponente.

Tomando una gran bocanada de aire y valor, Burning Spades avanzó por el pastizal y moviéndose con dificultad, subió a la sima de la colina para ver al sombrío rostro de la alicornio.

—Lamento decepcionarte, Last Breath —dijo el herrero mirando con indiferencia y entereza a su oponente —¿Acaso esperabas ver desfilando por el sendero de tierra a las Seis Principales?

—Y supongo que debo agradecerte a ti el hecho de que hallan decidido evadir la vereda, ¿no es así… Burning Spades? —respondió la aludida con una voz apagada y tan monótona como la del mismo herrero.

—No hay nada que agradecer, solo te evitaba el que te expusieras a cometer algo de lo que tal vez pudieras arrepentirte… —dijo confiado Burning, pero su frase se cortó de pronto cuando sintió que las rodillas se le doblaban y el aliento le faltaba al momento que los ojos ensombrecidos de Last Breath comenzaron a brillar con un destello color blanco.

—¡Silencio! —dijo ella —cometiste un error al interferir, Burning Spades. Alejar a las Ponis de la Armonía fue un acierto de tu parte, pero venir tú, y traer contigo al pequeño Spike… fue una pésima jugada.

La alicornio negó con la cabeza y el brillo de sus ojos se apagó, al tiempo que Burning sentía como un peso se le quitaba de encima, pero una tremenda fatiga de cuerpo y mente se situaba en su lugar.

Y no era para menos, nadie en todo ese mundo salvo Burning conocía tan bien el poder del que era capaz la lúgubre Last Breath, la Poni Terrible de la Muerte.

Spades no se lo dijo a nadie, pues esperaba de todo corazón que nadie salvo el mismo se enfrentara a la poderosa broni, la más fuerte de los ejércitos del Rey Azorakt. Por lo que Burns sabia, Last Breath había sido, en otro tiempo, en el mundo que existe más allá una broni gentil, amable, tímida y precavida. Sus padres habían sido sobre-protectores con ella, aislándola en su infancia temprana de tener contacto con todos los males del mundo, al grado incluso de evitarle el salir a recibir los rayos benefactores de la estrella que alumbra el Mundo Más Allá.

Pálida, tranquila y un poco apática, el contacto que ella tenia con otros individuos era limitado, lo que resulto en que fuera un ser muy necesitado de afecto y compañía. Para colmo de males, la pobre Last Breath siempre fue, y aun al entrar en el mundo poni era, la hermana menor del nefasto y maligno rey Azorakt, pues aunque el cuerpo desaparece al cambiar de un mundo a otro, los lazos de sangre se mantienen, gracias al vinculo emocional que une las esencias de quienes son parientes.

Sucedió que el día del cumpleaños numero ocho de la pequeña Last Breath se le regaló el que seria el mejor amigo que ella jamás tuviera. Se trataba de una pequeña mascota, un fiel y peludo compañero prácticamente idéntico a los perros que existen en Equestria. La criatura estaba vacunada, era hipoalergénica y había sido entrenada. Pero por más que los padres de Last Breath se esforzaron por cuidar a su hija de su fiel amigo, poco pudieron hacer por proteger al pequeño perro. Un día, la creatura sufrió un accidente y murió y no hubo nada que pudiera consolar a la pequeña hermana. Para compensar el vacío que la niña sentía, los padres decidieron regalarle una creatura que no fuera tan activa, de manera que fuera inmune a los accidentes de un hogar y no tuviera que ser sacada al exterior.

El segundo gran amigo que tuviera Last Breath fue un pequeño ser acuático que guardaba una similitud asombrosa con las tortugas del mundo poni. Pero por un destino desafortunado, o tal vez falta del cuidado y la previsión necesaria, compartió el destino que el perro de la niña.

La pobre estaba destrozada. No tenía aun ni diez años de vida cuando había ya lidiado con la muerte de las creaturas que, después de sus padres y su hermano eran lo más importante para ella.

Fue ahí cuando el desquiciado Azorakt tuvo una idea.

Le pareció ingenioso contarle a su hermana una pequeña mentira, y la convenció de que la muerte de sus mascotas no había sido una coincidencia, sino que ella misma la había causado, no con mala intención, sino por una especie de maldición que le aquejaba, que provocaba la muerte en las pequeñas creaturas que ella tocaba.

—Entiende que yo soy tu único amigo, yo, y la Muerte misma que te sigue a todas partes —le dijo.

Esto no hizo sentir bien a la niña, quien comenzó a verse como un peligro para todos a su alrededor. Sus padres, preocupados, decidieron mitigar la soledad de su hija regalándole una mascota más y poniendo esta vez todo el empeño en evitar que muriera. La elegida seria una diminuta criaturilla tan similar a los peces dorados que los ponis conocen que asombraría a más de uno. Nada la lastimaría, nada podría tocarla y los propios padres pondrían todo su empeño en dar cuidados y proveer lo necesario para que el pez viviera.

No contaban con que el hermano mayor, deseoso de fomentar la creencia que había sembrado en su hermana, aprovecharía un descuido para dar muerte al pececillo.

De esta manera, la pobre niña crecería con la infame creencia de que poseía la capacidad de traer muerte a su alrededor, y su hermano, la miro engañada sin tener más remordimiento que no haberlo ideado antes.

Last Breath prefirió nunca más tener una mascota y Azorakt jamás volvió a mencionar su pequeña broma personal. El carácter triste y melancólico de la pobre niña se conservo hasta que fue creciendo, y cuando ella y su hermano comenzaron a ver las proyecciones del mundo poni en el suyo, mientras que Azorakt las vio como una oportunidad de un mundo hermoso que corromper, Last Breath lo vio como un colorido escape a su mundo gris lleno de muerte y limitaciones.

De esta manera, invitada por su propio hermano a la Comunidad de Bronis Radicales, la hermana del tirano seguiría las ordenes de su hermano sin rechistar, convencida de que podía confiar en él y motivada por aquel sentido de desamparo y tristeza que el propio broni le había infundido haciéndola pensar que no tenia, ni tendría a nadie más en este ni en ningún otro mundo conocido.

Por eso, al entrar en el Mundo Poni, ella había elegido, por sugerencia de su hermano, transformarse en una replica del caballo del terrible Jinete Amarillo, que según la tradición, era seguido por la Muerte y el Hades. Ella se transformo entonces en Last Breath, la Cuarta Poni Terrible, la Dadora de Muerte, quien podía arrancar la vida de los ponis al instante al tocarlos con su cuerno o apagarla poco a poco lanzando sobre ellos la luz de sus ojos.

Burning se incorporó como pudo. De por si los golpes que había sufrido esa noche habían menguado un poco el brillo de la ardiente llama de su vida, pero el poder abrumador de la alicornio podía, en cualquier momento, arrebatársela de golpe o sofocarla poco a poco.

—Es una lastima, Burning Spades, que a pesar de todos tus esfuerzos el destino de Equestria no cambiará en lo más mínimo. —dijo ella con esa inocente y tierna voz suya —Pensaste, tal vez, que enviando a las Ponis de la Armonía por otro camino las salvarías, pero no será así.

»Todo irá conforme a la voluntad de su Malignidad, el Rey Azorakt, y tu morirás aquí mismo, porque él así lo ha ordenado.

—¿Y él te obliga a llamarlo así a pesar de que solamente es tu hermano? —dijo Spades, tratando de llamar la atención de Last Breath tanto tiempo como fuera posible. —No dejo de preguntarme, ¿Por qué haces lo que él te ordena? ¿Quién lo nombró realmente rey? Al final, no es mas que un caprichudo, malcriado e insoportable…

—¡Basta! —la luz de los ojos de Last Breath se encendió y el aliento comenzó a abandonar el pecho de Burning. —¡No te atrevas a insultar a su Malignidad!

De rodillas contra el suelo, las piernas del corcel comenzaron a entumirse y un peso tremendo se depositó en sus parpados al tiempo que la vida lo abandonaba poco a poco.

—Él ha ordenado que todo el que pase por este sendero debe morir. A ti te mataré lentamente. Esperaré hasta ver como el brillo desaparece de tus ojos, tal vez así tengas tiempo de arrepentirte por la insolencia de revelarte contra la voluntad del Dueño de los Destinos de Equestria.

»En cuanto al pequeño Spike… oh, Burning Spades, ¿Por qué tenias que traerlo contigo? —se lamentó la alicornio, desviando la mirada y apagando la luz de sus ojos —A él lo mataré al instante, sin dolor.

—No tienes por qué seguir sus órdenes —la voz de Spades se escuchaba casi como un susurro al tiempo que el aire volvía a entrar en sus pulmones. —él es… tu hermano, pero no creo que estés de acuerdo con lo que esta haciendo. Él puede ser vil y cruel, pero tu no, Last Breath. Tú eres una broni bondadosa y gentil…

—No hables como si me conocieras…

—Tal vez no te conozco mucho, pero sé que no te gusta lo que estas haciendo ahora. Te convertiste en la Dadora de Muerte, pero no lo disfrutas…

—No tienes ni idea…

—Respóndeme entonces: ¿No habrías preferido venir a Equestria de otro modo? ¿No habrías preferido venir y hacer amigos? ¿No habrías preferido huir de un mundo gris lleno de muerte y disfrutar de la luz y el esplendor de los Colores que aquí habitan?

—Los colores exteriores…

—No. —le respondió Spades incorporándose —Estos colores viven dentro del corazón. Sin importar los colores que al venir tú hayas elegido por fuera, los colores que llevas dentro no pueden cambiar. Es lo que te hace ser quien eres y lo que se mantiene aun viajando de un mundo a otro…

Last Breath se quedó callada un momento, para después responder tan fríamente como siempre:

—Eso no va a evitar que los mate, a ti y a Spike… —comenzó a acercarse la alicornio.

—No, —sin retroceder, Spades se plantó en su sitio para hacerle frente —lo que evitará que mates a Spike es la magia inherente que existe en las escamas de la piel de los dragones adultos, y en sus ojos… un hechizo antinatural como la magia asesina que posees no podrá perforar su protección mágica natural…

—Pero Spike es apenas un bebe —la poni terrible encendió sus ojos, y la vida una vez mas se sacudió dentro de Burning impaciente por salir. —la magia de sus ojos y escamas debe ser aun muy débil como para protegerlo de mi poder mágico…

—Eso se puede arreglar —ya casi no quedaba fuerza en Spades, pero haciendo acopio del aliento que le quedaba, cerró sus ojos y habló en un susurro, que se volvió un grito que llenó el pastizal —porque aun a la Muerte se le puede hacer frente con Valor… y con Amor…

»¡Ahora Spike! Ya no hay tiempo… hazlo por las chicas… por Twilight… ¡por Rarity!

Por más que gritaba, no había respuesta. Sobre la colina que gobernaba aquella planicie llena de altas hierbas no hubo señales del pequeño bebe dragón.

—¡Spike!... ¿Spike?... Spi… —la fuerza vital de Spades lo había abandonado, apurada por el poder maligno de Last Breath, y dejándose caer, el ultimo susurro del corcel antes de perder el conocimiento fue el nombre de… —Rainbow…

Pero la cabeza de Burns no alcanzó a tocar la tierra. En el momento justo en que caía inmóvil, fue levantado del suelo con una fuerza tal que el peso del corcel adulto parecía el de un pequeño muñeco de trapo. Lo mismo le sucedió a Last Breath que vio con horror como una descomunal garra escamosa de color morado se cernía alrededor de su cuerpo aprisionándola. Los poderosos dedos de dragón sujetaron a la alicornio firmemente pero sin lastimarla y la levantaron del piso, junto con el cuerpo inerte del poni de tierra.

Last Breath se sacudió y trató de liberarse pero por más que quiso nada la podría liberar de la titánica fuerza del Spike adulto. Sus brillantes escamas moradas refulgían ante la luz del sol y de la luna, enormes espinas verdes salían de su cabeza y bajaban por su grueso cuello. Sus dos ojos centellaban con la furia de las llamas verdes que usaba para enviar comunicados a la Princesa Celestia y su hocico, aunque corto, estaba forrado por dentro de afilados dientes como dagas.

En ese momento, la Poni Terrible hizo un intento por disminuir la fuerza de Spike con la luz de sus ojos, o de acabar con el de inmediato con la magia de su cuerno letal. Pero ambos intentos fueron en vano. La magia natural de la piel y los ojos de dragón lo protegían de todo intento de lastimarlo…

En ese momento… Last Breath pensó… que toda su vida en el Mundo Más Allá se había mantenido alejada de todos creyendo que era capaz de dar muerte a los que se acercaban… y de hecho podía hacerlo también en el mundo poni… pero si Spike adulto era inmune a su magia… ¿no habría sido una mentira vil la que su hermano le había dicho en el mundo del que provenían los bronis?

Enojada, la alicornio lanzó un grito y comenzó a disparar, desde su cuerno, proyectiles mágicos en contra del dragón lo que no hizo más que enfurecerlo.

Spike lanzó a la diminuta poni al aire de la mañana incompleta. Last Breath intentó remontar el vuelo al sentirse propulsada contra el cielo con una fuerza descomunal, pero antes de que ella pudiera extender sus alas, sintió la fuerza aplastante de la cola del dragón que la proyectaba contra el piso.

Con el rostro a medio enterrar en el pastizal, la Poni Terrible de la Muerte yacía inconsciente y fuera de combate.

Spike miró a Spades en su garra y lo vio flojo y sin vida. Lo sacudió un poco y los anteojos del herrero se cayeron de su cara hasta el pisó estrellando ambos cristales. El dragón lanzó un potente rugido llamando a su amigo, lo que dejó hecho un desastre la melena de Burning…

Poco a poco, el poni comenzó a recuperar el conocimiento y al ver al fornido y poderoso Spike adulto, cuyo rostro se ilumino al ver los ojos de Spades abiertos de nuevo, dijo:

—Vaya Spike, te has vuelto adulto aún en el aliento —haciendo una mueca como de haber olido algo muy desagradable o de estar sufriendo mucho dolor… o ambas —ahora bájame, ¿quieres? Aun no sabes manejar tu fuerza y siento como que me vas a quebrar todos los huesos.

Spike acercó al herrero al piso y lo soltó con cuidado. Burning tomó sus lentes del suelo y se los colocó sobre la cara, chuecos y estrellados.

—Bien —dijo —ahora necesitamos que vuelvas a tu forma bebe. Entrégame el rubí cierra tus ojos y concéntrate en volver a ser pequeño.

La respuesta de Spike no fue favorable. Al escuchar que debía devolver el rubí, volteo su enorme rostro de manera negativa. La mirada de Spades se volvió severa y habló con tono fuerte, pues su energía comenzaba a volver a su cuerpo:

—No hay tiempo para hacer el drama del dragón avaricioso, Spike. Las chicas nos requieren en Canterlot de inmediato y tú no puedes entrar en esa forma en la ciudad. ¿Imaginas el revuelo y destrucción que causarías? Ya basta. Tus instintos no te dominan, eres tu el que esta al mando. Entrégame el rubí y cierra tus ojos y vuelve a ser tu mismo.

Spike cerró los ojos y abriendo la boca, sacó la lengua donde la enorme piedra roja descansaba. Le alcanzó la gema a Burning, quien la guardó en su bolsa de herramientas. Lo siguiente que Spike escuchó, fue su mente en que resonaban las palabras del Spades, y de pronto, le pareció escuchar las palabras también de Twilight:

"Vuelve a ser mi amable y gentil asistente… el que es como mi dulce hermano menor"

Luego se unieron a ellas las palabras de Rarity:

"Vuelve a ser mi lindo y generoso Spaky-Wacky, el dragón mas tierno y bondadoso que he conocido…"

Y al volver a abrir los ojos, Spike tuvo que ver hacia arriba al herrero, pues había vuelto a su tamaño normal. En ese momento, una extraña sensación invadió al pequeño Spike. Se sintió mareado y le costaba mantenerse en pie. Seria que la caminata había sido larga, el estrés del enfrentamiento o el haberse transformado tan drásticamente en tan poco tiempo. Tal vez que en toda esa larga noche no había podido dormir las horas que necesita un bebe dragón en desarrollo o todas las razones anteriores, pero no pudo hacer nada para evitarlo y cayó dormido de pronto.

Spades lo miró, y sonrió al ver a Spike tranquilamente dormido. Miró a su alrededor, y encontró no lejos de ahí el retorcido pedazo de metal que era el Supresor de Deseos Malignos. Burning lo tomó y sin hacer mucho esfuerzo lo partió en dos.

—Lo hiciste bien, Spike. Ahora descansa y duerme, yo me encargaré de velar por nuestras amigas, las Ponis de la Armonía… tal vez después pueda decirte que la corona que te di no fue sino un trozo inservible de metal, y que todo el control que ejerciste sobre ti mismo fue gracias a tu fuerza de voluntad… Debes de estar muy orgulloso, buen amigo.

Y bajando de la colina en que estaba, se acercó a la pila de metal retorcido que poco a poco estaba recuperando su forma gracias al trabajo que el herrero hacia sobre ella. Extrayendo una nuez trueno de su bolsa con un par de pinzas de metal, la encendió y esta comenzó a brillar y a emitir calor como un soplete.

Burning Spades inhaló profundo en el aire de la mañanoche y al exhalar dijo:

—Que hermoso día para volar…

Fin del Tercer Acto.