—¿Pasiones sub… qué? —preguntó Hermione sin entender.
—¡Ja, ja, ja! Suburbanas, Granger… una forma elegante de decir que el niño está caliente contigo… ¡Ja, ja, ja!
—¡Qué grosero eres, Malfoy! —respondió Hermione negando con la cabeza y cruzándose de brazos. Le extrañaba la confianza con que la estaba tratando Draco, él no era así con ella, es más, solo recordaba que en los últimos días había sido bastante formal con ella, sin mencionar los años del colegio en donde, no era grosero… era humillante. Tal vez esta nueva faceta le agradara más.
—Te digo que el muchacho está bastante interesado en ti…. ¡Ja, ja, ja! Como yo te amo… —lo último lo dijo cantando en un tono bastante estúpido, y con cara boba. Hermione sonrió. Draco se acercó a la ventana y vio cómo un derrotado Erik Eri-zo se alejaba junto a la magistral orquesta: sus dos amigos—. Me di cuenta que al chico tú le gustabas, ese día que casi te caes en el acantilado.
Hermione lo miró sin entender, luego de cerrar la puerta. No sabía a qué se refería Malfoy. Dio un respiro luego de verificar que Harry ya se había ido. En realidad no le interesaba mucho las apreciaciones de Malfoy, pero este parecía seguir empecinado en el tema.
—Es un niño, solo tiene solo catorce años.
—Y en cuatro será mayor edad, ya oíste al de la orquesta —agregó aludiendo al amigo de Eri-zo—. De seguro en las noches se queda dormido pensando en ti, mientras busca el pelito de oro… —añadió mirando a Hermione y realizando un extraño movimiento de cejas.
—¿«Pelito de oro»? —ella lo miró sin entender en tanto Draco sonrió maliciosamente realizando un movimiento de cejas. Hermione pensó un par de segundos y luego cayó en la cuenta… según Malfoy el chico se masturbaba pensando en ella… —¡Oh, no! —dijo llevándose una mano a la obra. Draco rió por lo ingenua que era. Le costó un mundo entender lo que él le había dicho.
—Ya ves, Granger… eres el objeto sexual de un adolescente. Yo que tú, cerraría la ventana en la noche… no será lejano el día en que el escamoso tome su escoba y te visite.
—No, no él no es mago… y no le digas así…
—Es un chiquillo sucio y descuidado.
—Por favor… es un pescador…
—Pero sueña contigo… te ve… sin ropa.
—Malfoy, por… por favor —respondió titubeante, casi nerviosa y algo cohibida por la poca vergüenza de Malfoy en hablarle de esa forma—, para él es solo un juego, no lo malinterpretes.
—Bueno, ya estás avisada. De todas maneras cierra la ventana de tu cuarto en las noches… los enamorados son como gatos… trepan por donde sea —dicho esto, se dirigió a la escalera, pero antes volvió mirar a Hermione—. La boda será mañana —anunció sin más.
—¿Qué? —preguntó Hermione sorprendida. Eso no lo tenía planeado. Esperaba que fuera en unas cuantos días o una semana, pero no un de un día para otro.
—¿No te lo dijo Pan?
—¡No!
—Bueno sí, es mañana. Mientras más pronto, más rápido nos iremos… en estos momentos Blaise, está dando una conferencia de prensa.
—¡¿Por qué son tan muggles?! —preguntó Hermione y ahora era Draco quien la miró sin entender.
—¿Muggles? ¿Nosotros? ¡Ja! Pero, ¿de qué hablas? —inquirió él interesado
—Sí, hacen las cosas sin pensar. No analizan, actúan por instinto…
—Y sin magia te falto agregar. Sí, bueno… tu isla nos obliga…
—No es «mi isla».
—Como si lo fuera, Granger. Pero tú no te preocupes… Será por poco, como te decía mientras más rápido hagamos esto, más luego te dejaremos tranquila...
—No se trata de eso… Malfoy, no sé cuánto tiempo más pueda decir que el hotel está copado…. Mucha gente está pidiendo alojamiento, a eso me refiero. Ustedes actúan en forma impulsiva y yo, que soy una de las afectadas, soy la última que me entero de sus decisiones.
—Granger, no te preocupes... tenemos todo planificado. No creas que hemos dejado algo al azar. Por lo demás, como algo entre nosotros, te pido que lleves un registro de todos los pedidos de hospedaje que hayas recibido durante nuestra estadía y luego me pasas a mí ese listado, ¿sí? Además, agrega todos los gastos en que incurramos de aquí en adelante, en una factura a mi cuenta.
—Pero, ¿por qué?
—Blaise ha gastado demasiado.
—Tu amigo, ya pagó todo, por adelantado —confesó Hermione.
Draco pensó en algún momento que su amigo así lo haría, pero guardaba la esperanza de que no. Dio un respiro y pensó unos instantes, tenía que ver la forma de evitar que Blaise siguiera gastando. Está bien, era el padrino y quería lucirse, pero ya era demasiado.
—¿Lo del castillo también?
—Sí, incluyendo la restauración. Todo lo canceló por adelantado y también mi trabajo como novia falsa.
—Bueno, si es así, te haré un pago por todo, tú has un cheque de devolución a mi nombre. Yo veré cómo le devuelvo su dinero a Blaise. No es justo que pague por las tonterías que a Pan o a mí se nos ocurran —ella asintió.
Draco subió tranquilamente los escalones para dirigirse a su cuarto, ella también quiso ir al suyo, pero Narcisa venía bajando con un traje blanco dentro de una bolsa transparente… se trataba del vestido de novia. Era bellísimo, con escote de hombro a hombro, de encajes y suave tul. No cabían dudas que la suegra tenía un exquisito gusto en vestuario. Si fuera una boda de verdad, lo usaría con agrado… pero no lo era. No obstante, su corazón latió con fuerza y se sintió nerviosa. Draco no era su novio, es más, se iba a casar con otra… o «cazar» como solía decir Narcisa… pero realmente sería el novio perfecto. —Claro, por su elegancia… a eso me refiero… —tragó en seco y fingió una sonrisa al notar que Narcisa la miraba con agrado acercando el hermoso vestido a ella.
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En las afueras de castillo restaurado de Helgg se había citado a la prensa para realizar el comunicado oficial por parte de la famosa actriz y su novio, el magnate Malfoy. El lugar se veía perfecto, cual cuento de hadas: césped recién instalado que reemplazó a la hojarasca y pasto algo seco que circundaba el lugar; el puente había sido pintado en barniz natural con un balaustre sobrio y pequeño en madera rústica; el moho verde que cubría los muros había sido removido y pintado el castillo en color gris, con verdes y frondosas hiedras que caían desde las ventanas. Los vitrales en altura relucían intactos, sin vidrios quebrados y totalmente brillantes. Era el escenario perfecto para llevar a cabo una boda de ensueño.
El improvisado representante de Pan Parkinson, Blaise Zabini, había dado aviso para iniciar así la trampa a los paparazzi que ya habían llegado a la isla. No obstante, nadie sabía en dónde se hallaba hospedado el escurridizo Esteban Estefany y su secuaz, y nadie, a parte de Pan y de Blaise, los había visto. Era muy posible que estuviese escondido en alguna de las casitas de emergencia que circundaban el bosque o el altozano de la isla en donde el clima siempre era más indómito e imprevisto, motivo por el cual, los antiguos habitantes habían construido refugios para las personas que se adentraban en esos lugares y eran sorprendidos por tormentas o nevazones.
En las afueras del castillo, se instaló una carpa gigante, para resguardar a los periodistas del frío, un sobrio escenario con un pódium en donde Blaise, en su rol de representante de la «familia real» como les había puesto cariñosamente Clodye, haría uso de la palabra.
Pero, como era de suponer, al solo llamado de Blaise los periodistas y reporteros de espectáculos no se hicieron esperar, y la isla se había visto abarrotada de gente. El hotel de Hermione había tenido que dar un comunicado diciendo que estaba copado y que no podía recibir a más gente. Cosa que era totalmente falsa. Lo había hecho solo a petición de Blaise.
Mientras el futuro padrino daba su discurso, utilizando toda su grandilocuencia e hiperverbosidad, entregando detalles de la boda del año y del programa planificado para ese día, una viejecita encorvada con un pañuelo en la cabeza y un bastón, se desplazaba en medio de la gente, comiendo lo que pudiera de las bandejas con petit buchés que Clodye, Catlyn y Molly habían preparado con mucho esmero para la ocasión.
—Ese es un muy buen maquillagje, ¿no, Pan?
Un hombre con pinta de sinvergüenza y aprovechador: barba descuidada, sombrero viejo y un sobretodo ancho, era quien le hablaba con acento francés. La viejecita lo miró con ganas de asesinarlo, poniendo sus manos en jarra, no sin antes tragarse el canapé entero que tenía a medio comer.
—¡Desgraciado! —espetó Pansy casi en un murmullo, no quería ser descubierta por el resto de los presentes.
Esteban Estefany sonrió. Conocía tan bien a Pansy que sabía sus tretas de camuflaje. Ya lo había hecho antes en la avant premier de una de sus películas cuando se filtró en medio de los invitados, vestida como empleada del servicio de alimentación, con tal de escuchar las críticas de primera fuente.
—El zorro pierde el pelo, pero nunca las mañas… en este caso la zorra.
—¡Imbécil! Si pudiera aquí mismo te… —se contuvo las ganas de darle una buena bofetada. Ese hombre la sacaba de sus casillas.
—Yo sé qué te gustaría hacerme aquí mismo… —añadió Esteban con descaro, guiñando un ojo.
Pansy respiró profundo y, tratando de controlarse comenzó a caminar alejándose un poco del gentío, pensando en que había dejado atrás a Estefany. No obstante, el hombre la había seguido, le tomó el brazo e hizo que girara y lo mirara de frente.
—Te has empeñado en esquivarme… ¡Y quítate esa ridícula máscara de vieja bruja!
—No es máscara, imbécil. Es maquillaje. Y no te esquivo…. ¡Te evito que es diferente!
—No recuerdo que antes me esquivaras… al contrario me buscabas… O, ¿ya lo olvidaste?
—Bien dices. Antes… eso fue hace años. Estoy de novia con Draco Malfoy… me imagino que ya te habrás dado cuenta. Me caso mañana.
—A estas alturas ya no te creo. Te has intentado casar desde hace tiempo y siempre eres tú la que lo termina impidiéndolo. ¿Qué? ¿No estás enamorada? …O, ¿todavía te sigo gustando…?
—¡No digas estupideces!
—Te casas porque temes que le diga a Malfoy que, estando con él, también te metías conmigo.
—¡Eres un animal deshonesto…!
—¿Animal? ¡Ja! Dirás que en la cama soy un animal… Me imagino que eso no lo olvidas… y por lo deshonesto… bueno sí, reconozco que soy levemente deshonesto, pero solo por mi trabajo
—Déjame. Te pido, por lo que más quieras, que te alejes de mí.
—Mira, Pan… tú y yo estábamos muy bien. No entiendo por qué ahora me apartas y te empeñas en casarte, si no lo amas.
Pansy dio un fuerte respiro. Sabía que ese momento llegaría, debía decírselo, no podía seguir ocultándolo.
—¿En serio que no sabes por qué me aparté de ti? —el hombre negó y la miró expectante—: Mírate… ¿quién eres tú? ¡Un paparazzi que ni para comprarse un traje le alcanza! ¿Crees que yo podría estar contigo? ¿Lucirte con mis amistades? ¿A ti? ¿A un don nadie?
Esteban la miró incrédulo, pero sonriente. Sabía que el alejamiento de ella iba por ese lado, le costaba creerlo considerando lo bien que lo habían pasado juntos, pero sí, no podía esperar más de una actriz de cine. No obstante, no se daría por vencido.
—¿Y qué? Eso no te preocupó cuando te llevé a mi departamento y terminaste metida en mi cama.
—Desearía olvidar eso. ¡Eres un mugroso!
—Un mugroso que te gusta.
—¡Basta! Aléjate de mí.
—Ahora te quieres alejar de mí, pero recuerdo muy bien las noches que llegabas a verme deseosa de que…
—¡Por favor, Esteban! Eso ya pasó. Soy Pan Parkinson… Me casaré… y lo haré por las buenas con un gran hombre.
—Y te casas sin amor.
—Eso no te importa, cerebro frito. Yo sé qué lo hago.
—Ya veremos.
