Holva nuevamente! espero no me odien por haberme tardado tanto... lo siento de veras...
Mando besos a mis hermanas, las amo...
Disclaimer: Nada es mio, solo la historia... y no gano nada con ello, bueno, solo entretenerme, y que me lean...
Vivan los Sly!
Enjoy!
ESTAMOS JODIDOS
Un mes después, Pansy había comenzado a sentirse mal. Durante las mañanas se sentía tan mareada y la sacudían fuertes ganas de vomitar. Y durante el día siempre andaba somnolienta, como si a pesar de dormir doce horas continuas su cuerpo no se llenara de ello por completo. La sangre se heló en sus venas cuando recordó que hacía dos semanas que se suponía que debía tener el período. Se dejó caer sobre la cama, pues sus piernas le temblaban tanto que estaba segura que ya hubiera terminado en el suelo si no lo hubiera hecho.
Comenzó a hiperventilar, por lo que tuvo que deslizarse sobre la cama, apretando sus rodillas entre sus brazos, mientras se mecía lentamente. Esto no podía estarle pasando a ella, no ahora. Las lágrimas comenzaron a surcar sus mejillas, humedeciendo sus cabellos oscuros. La bilis se iba concentrando en su boca, dándole un sabor extraño, y poniéndose de pie con pasos vacilantes, se dirigió al baño para eliminarla de su sistema. Cuando hubo vomitado todo lo que podía, trató de serenarse, mientras que con manos temblorosas trataba de lavarse la cara y la boca para eliminar los rastros amargos.
Sus ojos se conectaron con la imagen en el espejo. Su reflejo se veía pálido y un poco ojeroso, los ojos estaban rojizos por las lágrimas, y el cabello se le pegaba a las sienes por la humedad, mezcla de éstas, sudor y agua. Tragó saliva, sintiendo como el terror se iba apoderando de cada músculo en su cuerpo.
Eso no podía estarle pasando, no a ella.
No de ésa manera, y no ahora.
Respiró profundamente, concentrándose en cada miligramo de esencia Slytherin dentro de su cuerpo. No iba a quebrarse, le dijo su cerebro frío y racional, ella era una serpiente, y ante todo, tenía que conservar la calma. Caminó hacia la salida, con las piernas temblando ligeramente, el corazón desbocado, pero la máscara firmemente asida a las esquinas de su rostro.
Ella era Pansy Parkinson.
LA Pansy Parkinson.
Se detuvo al inicio de la escalera, los ojos azules rastreando su entorno, buscando a Draco. Le vio sentado junto a Theodore y Blaise, riéndose de alguna tontería. En cuanto sus ojos grises la observaron, apretó los puños levemente, al igual que sus labios. Draco vio la incomodidad en su gesto, y sus ojos, cubiertos de un velo de temor y algo más, algo brillante que se movía debajo, como los peces en el mar. Arqueó la ceja en una muda pregunta, pero ella simplemente lo miró, mientras caminaba hacia la salida. Draco se puso de pie, siguiéndola ante la mirada indiferente de los chicos, quienes ya sabían que no era buena idea el preguntar nada.
La interceptó varios metros más adelante, reteniéndola entre sus brazos cuando amenazó con deslizarse al suelo.
-¿Pansy?-susurró.
Pansy contuvo sus lágrimas, pues no era el lugar ni el momento, y tomándole del brazo, lo insto a caminar hacia el primer piso. Draco estaba muy desconcertado por su extraño comportamiento, pero se fue llenando de incertidumbre cuando el camino fue cambiando, y se dio cuenta de que se dirigían hacia la enfermería.
Madame Pomfrey los observó con la ceja enarcada, sin saber que pensar ante la presencia de la pareja en la enfermería.
-¿Qué los trae por aquí, Señorita Parkinson, Señor Malfoy?-
Pansy observó a Draco durante algunos segundos, hasta que se decidió a hablar.
-Yo… em… se supone que tendría mi período hace algún tiempo pero… no…-dijo, por primera vez sin saber exactamente que decir.
Draco la observó como si le hubiera salido otra cabeza, sin decir nada. Su mente corrió incansable hasta atar todos los cabos. El líquido gris se encendió durante unos momentos por el entendimiento, dando paso a la rabia, acerando su mirada.
Madame Pomfrey suspiró, mientras la hacía sentarse en una cama, desapareciendo después hacia su despacho, murmurando un "muchachos irresponsables", lo suficientemente alto para que lo escucharan, pero no tanto para que pensaran que quería que lo hicieran. Draco se acercó a ella, tomando sus manos, tratando de ver sus ojos, pero Pansy se cubría el rostro dejando caer su largo cabello negro sobre él. El rubio le levantó la cara con una de sus manos, observando el gesto de angustia reflejado en los ojos de su mejor amiga. Sintió el corazón partírsele de tristeza, pues sabía las consecuencias de esto si resultase cierto.
La enfermera regresó con una botellita de poción color azul, y le dijo que la tomara. Ella apenas la observó, y se la tomó de un solo trago. Hizo una mueca y le regresó la botella, ya vacía. A continuación, la hizo recostarse, mientras le subía el suéter y la blusa del colegio, revelando la pálida piel de su abdomen. Draco contuvo la lengua para no reclamar a la enfermera la lentitud con la que hacía todo, porque no tenía caso crispar más los nervios de su amiga.
Madame Pomfrey paseó su varita sobre el plano vientre, murmurando varias palabras extrañas, y mientras un hilillo azulado se alzaba, Pansy sintió que tendría un ataque si no sabía ya la respuesta. El hilillo cambió la tonalidad, mientras la mujer lo observaba atenta, hasta que finalmente se volvió de un color verde limón, desapareciendo en el ambiente.
-Bueno, Señorita Parkinson, Señor Malfoy, Felicidades… ustedes van a ser padres…-
Pansy gimió mientras se desmayaba, y Draco, Draco sintió como si la tierra se abriera a sus pies y se lo tragara… y deseó por un momento que fuera verdad…
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Pansy seguía en la misma posición de hacía varias horas. No había querido asistir a clases, y mucho menos tenía ganas de comer nada. Se había pasado todo el tiempo tirada sobre su cama, tratando de no hacer el menor ruido, sollozando quedamente ante su desgracia. Las lágrimas habían rodado por sus sienes a raudales, hasta que finalmente, sus ojos se habían vaciado. No había querido ver a nadie, ni siquiera a Millicent, ni mucho menos a los chicos.
Luego, cuando ya había pensado que no podía pasar nada peor, Draco había entrado a su habitación como un vendaval y la había arrastrado hacia un aula en desuso, dejándola momentáneamente sola. La puerta se había abierto a continuación y Draco había aparecido nuevamente, arrastrando de las solapas a un Harry bastante cabreado, que se había tragado la sarta de insultos para con el rubio en cuanto la vio ahí, sentada.
Sintió el impulso de echarse a sus brazos a llorar hasta que nuevamente se quedara sin lágrimas, pero se contuvo. No obstante, Harry caminó hacia ella, arrodillándose a su lado, buscando con sus ojos imposiblemente verdes los propios, nuevamente hipnotizándola como cada vez que le veía. Sus palabras de preocupación y el intento por golpear a Draco al pensar que le había hecho daño le hicieron sonreír un poco, pero la verdad nuevamente le golpeó la cara, y tuvo que hacerse firme.
-Draco, ¿nos puedes dejar solos por favor?-
Draco salió, observándolo a él con rabia, a ella, dedicándole una mirada que gritaba consuelo y apoyo.
-¿Qué pasa?-dijo Harry, confundido por el intercambio de miradas.
-Tenemos que hablar.-
-Pansy ¿Qué…?-
-Déjame hablar Harry…-el chico cerró la boca y la observó fijamente- Esto… Esto se tiene que acabar aquí-dijo sin aliento.
Harry la observó confuso, sin entender que era lo que decía en realidad.
-¿Cómo? ¿Qué…? No, no, no Pansy…-dijo, caminando hacia ella.
-No entiendes, es… se tiene que terminar-
-¿Por que?-gritó Harry.
"¿Por qué?" -pensó ella.- "¡Porque estoy esperando un hijo tuyo, imbécil!" "¡Porque los tres estamos en peligro!" "¡Porque si Voldemort se entera nos usará como un arma contra ti"! -quiso gritarle.
Pero lo que salió de su boca fue:
-Porque ya no te quiero-
Harry sintió como si le hubieran sacado el aire de los pulmones con un puñetazo. Sus palabras golpearon con fuerza su corazón, regresando sus traumas de niño, cuando pensaba que nadie iba a quererlo.
-No…No. No puedes… no, tú no…-
Pansy quiso jalarse los cabellos de la desesperación, pero ya lo había pensado, ya había contemplado lo que Harry diría, y aunque sabía que iba a desgarrarles el alma a ambos, tuvo que seguir el plan que había urdido junto a Draco.
-¿Porque no, Potter?-dijo con desprecio- eras un buen entretenimiento, no lo niego, además, subía mis bonos el acostarme con El Elegido… pero desgraciadamente para ti, yo tiendo a aburrirme demasiado rápido… y francamente, tu ya me aburriste…-
Harry se dio la vuelta, las lágrimas tratando de salir de sus ojos. Pansy sintió la necesidad de abrazarlo, de decirle que era todo mentira, pero no podía. Se tragó sus propias lágrimas y su dolor, y prosiguió machacándole el corazón.
-Vamos Potter… ¿No pensaste que en realidad esto iba a ser para siempre? ¡No!, ¿Lo pensaste? ¡Que tierno!-dijo ella con sarcasmo.
-Vete al infierno, Parkinson-dijo él, caminando hacia la salida.
-Hacia allá voy… -susurró ella, sintiendo como las fuerzas la abandonaban y caía irremediablemente al suelo.
-¿Pansy?-
-Esta hecho, Draco…-
-Lo siento…-
Pansy asintió, mientras sentía que el dolor le destrozaba por dentro. Draco le había hecho prometer que no le diría a nadie que su hijo era de Potter, haciéndole ver que estaban en peligro. Y él a su vez, le prometió que se haría responsable de su hijo, reconociéndolo como suyo. Si alguna vez Pansy tuvo alguna duda de que Draco era su verdadero amigo, esto se lo había confirmado.
Sollozó. Ahora el infierno iba a comenzar verdaderamente para ella. Se abrazó a el, ocultando su rostro en su pecho, mientras Draco se preguntaba de que manera iba a decirle a Hermione que ya no podían verse…
Ambos estaban jodidos…
Bueno, espero no me maten... en serio...
Gracias mil por leer...
