Quiero ser escritora
9º
Golpe a golpe
Como entramos a The Buzz Lounge; el salón estaba muy bien iluminado por unos cuantos rayos láseres que desviaban su curso de un lado a otro, cambiaban de color en un espacio de tres minutos y parpadeaban rápidamente. Gestaba una pausa y el ciclo volvía a repetirse. El club estaba lleno de cuerpos bailando a sus anchas. Mujeres y hombres, algunos en parejas y otros lo hacían en muchedumbre. Mixtos, claro. ¡Perfecto! No desencajamos. Las mesas distribuidas alrededor de forma inteligente en el local y pegadas a la pared para no estorbar la pista de baile. Apenas si nos costó encontrar una disponible, varias estaban ocupadas por grupos que bebían y carcajeaban demasiado fuerte. Por doquier hay montones de gente de todas las edades. Sobre la plataforma había un DJ, encargado de producir y mezclar música. Había puesto una canción tecno que estaba muy de moda, creo que la he escuchado más de seis veces en la televisión. ¡Y las que no podían faltar en cualquier discoteca que se respete! Las sexys bailarinas de poll dance. Unas luces de bengala explotaron detrás de nosotros y asustaron al idiota quien dio el respingo de su vida.
-¡¿Qué mierda...?!
-Tranquilízate –repuso Keiko- son luces para animar el espectáculo de las bailarinas. ¡¿Qué les parece allá?! Veo un puesto por...
-No creo que sea buena idea, alejémonos de las chispas.
-¿Pero por qué...?
-Sólo háganme caso.
Seguimos buscando. Al final vimos a una mesa lejos de las chispas y centellas, me senté al lado de Kei. Los chicos se sentaron frente de nosotras. Velozmente Raimundo nos ofreció a todos unas copas de vino y llamó al mesero.
-¿Les apetece a las damas y al señor si ordeno vino? ¡Vamos! Yo invito. ¡Mesero!
Clay rechazó la invitación de Raimundo con gentileza, su excusa fue que necesitaba estar sobrio para conducir. Muy válido su argumento.
-Esta vez preferiría abstenerme, Rai. Tú sabes que yo soy débil con las copas –dato curioso: ¡¿Clay bebe?! ¡Oh! Me lo imaginé tan delicado, que no me extrañaría si llegara a descubrir que hizo un voto a la castidad. Sé que eso es cosa de chicas, pero podía ser de esos chicos con valores tradicionales y permanecer vírgenes hasta el matrimonio- y uno de los dos tiene que estar sobrio al volante.
Nosotras si aceptamos las bebidas, o bueno, Keiko habló por ambas. Admitió que también debía permanecer abstemia, pero que no le vendría mal una.
-¡Nosotras sí queremos! Bueno, sé que no debería tomar, pero tenía tiempo sin beber vino y de verdad, no me hará daño si tomo una copita ¿no? Clay, ya que vas a prescindir del vino, me estaba preguntando ¿cuál es el cóctel que sueles tomar en estas veladas?
-Ron con vodka.
¡DEMONIOS! ¡¿Ron con vodka?! Esas son una combinación muy fuerte, con razón Clay cae rendido al instante. Aunque... tal vez sea de esas personas que beben una y pide otra, y otra, luego otra, una más, pide otra ronda y así hasta despedirse de este mundo. Sí, tiene que ser eso. Clay y Keiko se pusieron a conversar, la conversación giró en torno a los licores un rato hasta que Keiko cambió de tema. El mesero trajo nuestras bebidas. No tenía nada más importante qué hacer y bebí mi copa en silencio. Raimundo por momentos participaba en su tertulia. No quise intervenir. Se supone que esta era mi idea para acercar a Clay y Keiko. Si intentaba hablar con Kei, me respondería y en cuestiones de segundo me interrumpiría y seguiría hablando con Clay. Y si intentaba hablar con Clay, ella no me dejaría hacerlo por mucho tiempo. Y a Raimundo no le dirigiría ni una mirada, no después de lo que me dijo.
Fueron los quince minutos más agobiantes de mi vida. Creí que pasaron horas y cuando lo comprobé por teléfono, ni cerca de media hora transcurrida. ¡Mierda! Solté un bufido. Miré de soslayo a la pista de baile y mi corazón se llenó de nostalgia. Parecía tan divertido, el DJ seleccionó una música que había puesto a todos salvajes y de inmediato la multitud abrió un gran círculo en medio del salón. Los hombres pavoneaban sus habilidades de baile para impresionar a sus amigas. ¡Cómo me gustaría unirme! Pero no es lo mismo si voy con otra persona. Kei no querrá apartarse de su Clay. No me causaría esfuerzo alguno en encontrar a una pareja de baile entre los chicos solteros, sin embargo, no soy del tipo de chica que va a socializar con extraños. No quiero meterme en problemas. Estuve observando a los chicos deslumbrarse en la fiesta y como siempre, unos son mejores que otros, si bien ellos carecen de algo. ¿Cómo explicarlo? Bueno, ellos bailan para conseguir chicas, bailan para competir. Es la misma gracia con que un pavo real coquetea a la hembra. Jejeje, disculpen la metáfora (estos días estaba mirando un documental acerca de pavos reales). Y el punto es que no lo hacen porque aman bailar.
Una carcajada me sacó de trance. Clay y Keiko estaban destornillándose de la risa. ¿Quién lo diría? Tal vez me equivoqué y si podrían llegar fácilmente a una relación o por lo menos, estaban haciéndose amigos. Kei trató suprimir la risa y seguir contando, pero no podía. Qué divertido. Mi copa de vino se acabó. Intenté de localizar al mesero para pedirle una segunda ronda y con toda esta gente al frente no podía ni ver al DJ. Será mejor que me acerque a la barra antes que arranque la hora loca. Verán, en torno a la medianoche, sueltan una espuma (sí, yo dije espuma) vaporosa que alcanza a cubrir de cintura para abajo a las personas en la pista. Y bueno, puede pasar de todo en absoluto. El otro día encontraron un tacón sin dueño y un vibrador. ¡Ah! Y una braga también. Por supuesto, en diferentes días. Cuando apagan las luces te puede tocar quien sea y no sabes quién es. Voy a ahorrarme eso. No hay nadie en la barra, la mayoría de la gente se concentró en el centro. Está muy tranquilo aquí, tomé asiento mientras esperaba al cantinero. Esto me recuerda que traje conmigo la libreta para seguir escribiendo mi historia, ¡¿cómo pude haberlo olvidarlo?! Tonta Kim.
-¿Puedo sentarme? –me di la vuelta para ver de quién se trataba, ¡Raimundo! Ni había dado mi consentimiento cuando cogió una silla y se sentó. ¿Qué iba a decirle? Ya lo hizo.
-¿Qué haces aquí? –ni me inmuté en despegar el tono áspero en mi voz.
-Ellos se las sabrán arreglar muy bien sin mí –dijo él refiriéndose a los dos nuevos mejores amigos.
-No, no hablo de ellos, mi pregunta fue ¿qué haces aquí conmigo? La última vez dijiste que debíamos guardar nuestras distancias, es decir, lo mejor era evitarnos. No estás cumpliendo lo que dices.
-¿Cómo? ¿aún recuerdas eso? –repuso, le fulminé con la mirada- no, estás malinterpretando las cosas. Yo dije que no deberíamos andar juntos, no que no quiera estar contigo.
-¿Y cuál es la diferencia? –refuté todavía molesta. ¿Acaso debería sentirme bien con eso?
-La diferencia está en que estaría quebrantando miles de jurisdicciones morales que van en contra de mi proceder sólo por confirmar un pequeño experimento -¿qué? ¿alguno entendió lo que me dijo? ¿podría servirme de traductor, por favor? Si entendí bien, creo que me dijo rata de laboratorio ¿no? Dijo algo acerca de un experimento- ¿no entendiste, princesa, o sí? No contestes, tu expresión en blanco fue más que suficiente, quise decir que estaría obrando en contra de lo que mi instinto normalmente me predispone hacer. Estoy casi seguro que he cometido una grandísima equivocación sentarme junto a ti y asumo las consecuencias, pero lo que me alarma es que no estoy ni un pelín arrepentido, es más, esta posiblemente no sea la última vez que lo haga.
-¿Y eso tan terrible es? -¡caracoles! No sabía que fuera tan espeluznante estar cerca de mí y hablar conmigo.
-Lo es para los dos –ratificó sonriente. Justo a tiempo, el cantinero volvió- ¡cantinero aquí!
-¿Qué es lo que quiere?
-Por favor, tráiganos dos copas de vino para mí y la señorita –él dejó el dinero en la mesa.
-Enseguida se lo traigo, señor –sancionó agarrando el dinero. ¡¿Qué se ha creído él?! ¡¿qué puede manipularme como si fuera un pañuelo desechable?! Usarme cuando le provoque y botarme cuando le plazca.
-Por si no te has enterado, aún puedo pagarme mis propias bebidas; si estás de humor para brindar copas, invítasela a otra chica de este salón.
-Me avergüenza tener que admitirlo, pero sin una presentación no soy capaz de acercarme a conversar con personas que no conozco –replicó. El cantinero nos puso delante una copa de cristal y nos sirvió a cada uno. Colocó servilletas para los dos. Entusiasta, Raimundo cogió el suyo y bebió un trago largo, como vio que yo ni siquiera alargué el brazo para agarrar mi copa, añadió-: anda, prueba, está exquisito –apenas tomé el cuello, él ya había bebido otro trago- ¿te dije alguna vez cuánto disfruto de un buen vino? Antes de iniciar una empresa me gusta beber una copa, creo que es para la buena suerte. Cambiando de tema, admito que me sorprendiste. Nunca me imaginé que eras amiga de Clay. Mencionó que irían unas amigas, pero no me dijo sus nombres. Hasta la noche de hoy lo mantuvo en secreto, en un momento dudaba si iba a venir pues cuando pregunté si sus amigas tenían buena pinta, me reprochó y dio un sermón. ¿Puedes creerlo? Es la primera vez que viene a una discoteca, el pobre tenía nervios y me confesó que no era capaz de entrar solo si no lo apoyaba, lo que hacemos por los amigos. Ahora que todo está aclarado, veo que esto es un plan que concertaste para que tu amiga se ligara a Clay...
-¡Oye, claro que no! –objeté- invité a Clay a esta reunión porque se merecía un descanso, él siempre está trabajando y me pareció que era una buena idea. Kei estuvo de acuerdo.
-¡Sí cómo no! –se rió socarrón- tu amiguita está enloquecida, casi se le monta encima. Veo que hice bien en venir.
-¿Desde hace cuánto tú y él son amigos?
-Desde que mudé al apartamento. Lógico, tenemos la misma edad y varias cosas en común. No es difícil caerle bien a Clay, él es una de las personas más agradables y crédulas que he conocido. –Para ser amigos, Raimundo se expresaba de forma taciturna- bien, es tu turno de decir algo –no dije nada-. ¿Qué te pasa? –desvié la mirada- ¿no vas a hablarme durante toda la noche?... –hubo una pausa, esperó mi respuesta. ¡Por mí que espere hasta la madrugada, no tengo intenciones de romper la ley del hielo!- no soy de los que suplican, mi orgullo no me lo consiente. Pero esta semana ha sido para mí un total infierno, que si no me diriges la palabra voy a creer que me volveré loco... mis pesadillas no han dejado de atormentarme recientemente. Las veo por todas partes.
-¿Ves cosas? –me volví hacia él irónica- ¿ves gente muerta?
-No esa clase de cosas –ladeó la cabeza, dio otro sorbo a su vino- es mucho más bonita, sin embargo, esas son las más peligrosas. Escucha, debemos hablar de lo que sucedió en la cita, sé que piensas que soy un monstruo y dudo que comprendas la razón de por qué lo hice, no obstante, me parece que estás en la obligación de saberlo... –se engulló un trago corto antes de continuar- no puedes fijarte en mí, me dejaste en claro ese día que buscabas una relación seria con un tipo de flores y corazones. No vas a encontrar nada de lo que quieres conmigo. No me interesa comprometerme y te dije desde el primer instante que no soy romántico, las mujeres siempre están tratando de cambiar a un hombre –me miró con ojos penetrantes- ¿tú crees que hay algo más dentro de nosotros? Y, francamente, no es así. Yo soy lo que soy, lo que tú ves –él hizo un gesto con la mano alrededor de la barra- princesa, yo soy esto. Y te lo dije desde el primer momento: soy así. Y ni por ti ni por nadie me convertirá en algo que no me gusta.
-¿No crees que eso es una tarea que debería averiguar por mí misma?
-Una tarea pecaminosa repleta de sufrimiento y angustia. No te convengo. Aquel día te hice un favor, si no lo hacía, insistirías.
-¿Por qué quieres alejarme?... –sin darme cuenta, bebí de mi copa- ¿acaso eres un vampiro? ¿o estás ocultando que llevas un estilo de vida BDSM?
Él se echó una buena carcajada. Le surtió gracia mi comentario a pesar de que hablaba muy en serio. Sé que son temáticas poco probables, no se me ocurrió nada contundente. Cuando uno es un lector tiende a confundir la realidad y la ficción en ocasiones, ¿no les ha pasado? Cualquier cosa por más irreal que parezca no la cuestionarían. Ya llevaba riéndose un rato, ¡no es posible! ¡mi comentario no fue tan absurdo! Lo golpeé en el brazo, irascible. Él hizo un movimiento brusco y algo del vino me salpicó la mejilla. ¡Aj! Cómo me encanta oler a viñedos. Iba limpiarme.
-¡Oh espera! -¡OH-MI-DIOS! Raimundo no empleó la servilleta para restregarme la cara o el pulgar, él ¡me lamió la cara! ¡¿Se le volaron los tapones?! En el acto mismo me aparté y juro que tuve que morderme la lengua para no gritar. ¡No puede ser! Me acaricié la mejilla.
La mancha no estaba ¡pero eso no era lo importante! Mi cara se encendió en rojo fuego, mis mejillas y mis orejas ardían. Mi corazón nunca había latido tan aceleradamente, quería salir de mi pecho y brincar lejos, pero sólo se atoró en mi garganta. No emití ningún ruido. Más que asqueroso, era el estupor por su atrevimiento. Lamerse es un gesto entre parejas, ¡esto extralimita el colmo!
-¡Eres un ENFERMO!
-Pero no te pongas así. Es un excelente vino, sería un desperdicio que lo limpiara.
No respondí. Dejé el vino de lado, ¡no más vino por hoy! Le pedí al cantinero mezclar ron y vodka, quería que me llenara toda la copa. Me fui enseguida con mi copa a la mesa donde Clay y Keiko conversaban todavía. Tan estruendosa fue mi regreso que ambos se voltearon a verme.
-¡Kim, ¿dónde estabas?! Te tardaste mucho para buscar una bebida –dijo Kei- ¡¿por qué de pronto estás roja y temblando?! ¿qué pasó?
-No es nada. Estoy bien, sigan como si no los he interrumpido.
La segunda parte de esta velada no tiene nada relevante qué contar. Kei y Clay continuaron hablando. Procuraron esta vez que participara más. Pero yo ya no tenía ánimos de conversar porque mi mente se clavó en mi conversación con Raimundo, quien por cierto, se unió a la mesa cinco minutos después de mí. ¿Quién entiende a los hombres, por el amor sagrado de los cielos? Intentar entenderlos es como intentar resolver un crucigrama. No llegas jamás a ninguna parte. Kim acércate, Kim aléjate, Kim acércate, Kim aléjate. Primero él es amable, luego es frío, dice que deberíamos separarnos, pero más tarde aparece para hablar conmigo aún cuando dijo lo que dijo. Puro blablablá. Y tenemos la lengüetada... Me duele la cabeza.
Pero no sé si es porque sigo aturdida por Raimundo o estoy mareada por el licor. He bebido una copa tras otras, he perdido la cuenta después de nueve. ¿Alguien las está anotando por mí? ¡oh sí! Queso me está haciendo la segunda. ¡Gracias Queso, sabía que podía contar con tu apoyo! ¡saludos a la señora Yogur! Aquí no pasó nada interesante si no hasta que una de las bailarinas del poll-dance se descolgó y bailó sobre Raimundo. Le coqueteó un rato, él le siguió la corriente y ella y su gemela se fueron a donde Clay también a lisonjearle. El pobre parecía incómodo, hubieran visto su cara. Rojo como un ají picante. Keiko lo jaló a su lado, celosa y ahí terminó el baile. Las señoritas fueron a buscar otros caballeros y con ellas creo que se fueron Clay y Kei porque desaparecieron.
-¿Quieres bailar?
-¡¿Cómo?! ¡¿el Sr. Yo No Bailo me está invitando a una sacudida?!
-Sí, estoy tan aburrido que de verdad no me importa en absoluto. Así que... ¿qué dices?
-¡¿Se te fundió el foco, loco?! ¡¿yo-ahí-contigo?! ¡Nooooo, hay que echarle mucha bola pa' pasa pena po'que si no te gusta es po'que no sabes!
-Jamás dije que no me gustara ni que no sé. Dije que no bailaba si puedo evitarlo porque...
-¡¿Dónde está Clay?! ¡¿y Kei?!
-Se fueron a bailar, ¿no escuchaste?
-¡Ya sé que se fueron así sin más, loco! ¡te pregunté a dónde vas!
-Bueno, te contesté... –Raimundo inclinó la cabeza y me estudió con la mirada- ¿Kim, estás bien? Te noto rara.
-¡AH YA SÉ! Ellos se fueron con las gemelas, ¡qué cabeza la mía! No te preocupes por mí, Raimundito ¡yo estoy bien! ¡lo que necesito es echarme agua fría y verás que quedo al igual que una muñequita de porcelana!
Me levanto y casi me desplomo hacia delante. Me costó un esfuerzo no perder el equilibrio, me agarré de la silla (era lo que tenía más cerca). ¿Barnizaron el piso? Mis pies no paran de moverse. Está aceitoso. Cuando recuperé el control de mi cuerpo caminé a zancadas al baño de mujeres. Las personas me empujaban a codazos. Era una muñeca de trapo. Una punzada de dolor tronó mi cabeza. Tomé una respiración profunda como si eso haría que se calmara. Los colores empezaron a pulular, las figuras borrosas, el ritmo embriagador de la música se tradujeron en palabras sinsentido, las luces se me metían por los ojos y todo me estorbaba.
Creo que fueron demasiadas bebidas. ¡Ah! Nota mental: No volveré a beber fuera. Encontré el baño de mujeres. Es el que tiene la puerta rosa y a la muñeca con vestido. Jalé y empujé la puerta, pero parecía que estaba trabada. ¡Rayos! Necesito hacer pis. ¡No me voy a sentar a esperar! Miré a mi derecha. Es el baño de hombres... ¡ni lo pienses! ¡podrían atraparme y ahí sí que me rayaré! Mi estómago me aplastó contra la pared. De veras me siento mal. No me importa en absoluto. Entré al baño. Lo primero que vi fueron los urinarios. ¡Aj! ¡¿cómo los hombres pueden orinar en esa cosa?! No lo digo sólo por la higiene si no que ¡¿no les da vergüenza que otros hombres los vean haciendo pipí?! ¡Ah! Huele mal, los hombres a veces suelen comportarse tan asquerosos. Me metí en un cubículo al azar acuciosamente. Apenas salí sin otra cosa pensaba que tenía que salir de ahí como sea y me refiero a la discoteca. Si no despertaré mañana aquí con resaca. Difícilmente mi cerebro puede procesar una idea, la única parte que todavía no se ha desconectado la realidad me recomendaba apurar el paso.
A punto de salir, oí unas voces provenir del pasillo y retrocedí. ¡Me voy para atrás! ¡alguien se acerca! Corrí a esconderme en el cubículo donde estaba antes y me trepé al inodoro, con la tapa abajo claro. ¿Quiénes podrían ser? Abrieron la puerta, ahora escucho unas risas. Veo por abajo dos pares de zapatos. Son dos hombres.
-¡No había visto tantas personas bailando en toda mi vida!
-Yo, por mi parte, no he visto a tantas mujeres tan poco agraciadas.
¡Son Raimundo y Clay! ¡¿y tenía que ser justo ahora?!
-¡Oh Raimundo, no te pongas así! –sermoneó-. Nosotros vinimos a entretenernos un rato no a buscar chicas, ¡creo que fue una buena idea venir! Te lo juro, nunca he hecho nada como esto –su amigo no comentó. Clay estaba inquieto, como muriéndose de ganas de preguntar algo- y, bueno, ¿qué te ha parecido? -¡tenía razón!
-¿De qué hablas?
-De Kimiko y Keiko, ¿quiénes si no? Llevo un par de años siendo amigo de Kimiko y estoy conociendo a Keiko; es encantadora y divertida, lamento si te sentiste abandonado. Estuve hablando con ella y las horas pasaron deprisa, ni siquiera me di cuenta, ya estaba hecho. No lo sé, siento que nos une una conexión...
-¿Una conexión? No me digas que estás enamorado de ella.
-¡¿Qué?! ¡no! La encuentro una gran chica, eso es todo –les apuesto lo que quieran a que él está rojo.
-¿Ah sí? Entre Kimiko y yo también existe una conexión, yo la definiría un tanto homicida –maldito seas Pedrosa. Clay respondió con una risita nerviosa- aquí tienes un consejo como hombre y amigo, tómalo o déjalo, cuídate de ella. No hay que desatenderse de las hermosas y osadas, son peligrosas y las que nos hacen más daño. Yo sé por qué te lo digo.
¡Y un demonio! ¡no necesito tu cooperación! Mi cabeza se estrelló contra el cubículo. Los hombres se alarmaron. Decidido no volveré a combinar el ron y vodka, me pone más torpe de lo que me comporto con regularidad.
-¿Qué fue eso?
-¿Qué fue qué? No escuché nada.
-Sonó como si alguien tocara la puerta... nah, olvídalo. Debe haber sido mi imaginación.
-¿Por qué lo dices? –preguntó serio- y a todas estas, ¿por qué dices que tienes una relación homicida con Kim? ¿no te cae bien? Kim es una excelente amiga.
-Kim es –tiró de la cadena- una mujer hermosa y tiene un bonito rostro, pero me he tentado por bellezas más exuberantes. No es mi tipo, es frívola, extremadamente torpe, atolondrada, está loca y es tan... unidimensional, entre otras cualidades de las que ni estando desesperado perdería mi tiempo con ella. Es una presa fácil para cualquier hombre.
-¡Oye, me parece que te equivocas! –saltó Clay- Kimi no es como piensas. Sí, es cierto que a ella le gusta la moda y podríamos pensar que es un poco superficial, pero es nada cerca a la realidad. Yo la he visto y sé que no es así.
-Eso lo dices porque es tu amiga y la quieres, sin embargo, tu juicio está nublado. Como sea no pienso verla de otra forma, si bien hay que reconocer que Kim tiene un gran talento para meter la pata en lo hondo del fango y soy incapaz de negarme a ayudarla. No se lo vayas a decir, a veces me gusta acompañarla porque siempre tengo la premonición que a su lado me divertiría. La pobre fue premiada con la peor suerte. No es su culpa. Pese que he tratado de ser cortés, ella sólo me repudia. Bueno, voy a regresar a la mesa –escucho unas palmaditas, a lo mejor tocaba su espalda.
-¡Espera! ¡no me respondiste por qué debo cuidarme de Keiko! ¡Raimundo!
Tiró de la cadena y se fue corriendo detrás de su amigo. Estoy devastada, no tanto como en nuestra cita pues que fue sincero conmigo y me declaró que no estaba interesado, pero oírlo por segunda vez duele. A mí no me dijo lo que opinaba de Kei. Tal vez, como nosotras, los chicos se sienten seguros entre ellos mismos. Clay demostró que aún a espaldas de mí, era mi amigo, ¿entonces eso es lo que piensa de mí? ¿qué soy una fácil? ¿qué cualquier hombre puede acostarse conmigo? Y por lo visto, comenzó a meterle cizaña a la cabeza diciéndole que se alejara de Keiko. Estoy ciento un por ciento segura que es por nuestra conversación. Como sea, ¡ahora lo odio más que nunca! Juro solemne que lo odiaré hasta la eternidad. Yo tengo que salir de aquí. Antes de otra interrupción. La tranquilidad que me proporcionaba el baño se esfumó cuando volví a la fiesta. El dolor de cabeza me hinchaba la parte de atrás de mi cráneo y todo me estaba dando vueltas. Perdí el sentido de orientación. ¿A dónde iba?
Todas las mesas lucen iguales. ¿Soy yo? O el número de personas en la pista se multiplicó el doble. Un mesero vino hasta mí e indagó si necesitaba una copa. Lo rechacé y me aparté. Quisiera encontrar entre esta multitud a Keiko y decirle que no voy a quedarme y me voy a casa. Creo que no voy a poder aguantar. Me disculparé mañana con ella. Debo salir de aquí y ordenar un taxi. ¿Habrá un teléfono por aquí cerca? ¡qué tontería! Si yo traje el mío. La bilis subía por mi garganta, sentía un vacío en el estómago. Oh no, sé que quiere decir eso. Me dirigía a la salida cuando una mano cogió mi brazo.
-¡Kim!
-¡No me toques, degenerado! –empujé a Raimundo- ¡ni me hables jamás el resto de tu vida!
-Está bien, pero dime a dónde vas.
-¡Eso es problema mío! ¡¿no lo crees?! ¡déjame tranquila! –él volvió a presionar. Su agarre era fuerte.
-No lo haré. No estás bien, has bebido mucho. Te voy acompañar, viendo lo lista que eres y la cantidad de copas que has tragado, no es buena que vayas sola.
-¡Patrañas, sé muy bien cuidarme a mí misma! ¡no te... nece...!
Y las luces se apagaron para mí. Caí en sus brazos, no tenía fuerzas para levantarme o hacer algo. Estaba débil. Apenas me quedaron siete segundos antes de perder la consciencia.
-¡¿Qué diablos sucedió?! ¡¿qué le hiciste a Kim?! ¡¿por qué está inconsciente?!
-Alto ahí, yo no lo hice nada. Ella ya estaba así: bebió demasiado, es mejor llevarla a casa.
-¡Yo lo haré! Es mi amiga.
-No, yo fui quien la encontré y esto es en parte mi responsabilidad. Yo la llevaré, además, somos vecinos. Conmigo estará mejor.
-¡Pero...!
-Déjalo Keiko, si hay alguien en quien puedo confiar mi vida es en él. Ella estará bien.
-¿Por qué frunces el entrecejo? ¿estás teniendo pesadillas? ¿es que hasta en tus sueños te produzco tanto dolor? Sí, me lo imaginé.
¡Auch! Siento una presión enorme en la cabeza. Tengo incontrolables deseos de ir al baño y no para sentarme esencialmente. ¿Qué pasó? ¿me desmayé? Lo último que recuerdo es que estaba en la discoteca, discutía con Raimundo, y de pronto, todo se puso negro. ¡Aguarden! ¡No! Había algo más. Escuché unas voces, eran las de Raimundo, Keiko y Clay. Hablaban de mí. Y de un tiempo para acá, estoy segura que escuché unas palabras. ¿De quiénes eran? ¿Raimundo? Aj, el sabor amargo del licor aún lo tengo pegado en la lengua. Abrí los ojos. ¿Dónde estaba ahora? Nada en esta habitación me resulta familiar. Las cortinas eran tristes, de un color opaco y estaban cerradas. Reprimían la intrusión de la luz del sol. "Fui puesta" en una cama matrimonial y arropada. Dentro no hay cuadros, el closet cerrado, la cómoda también. No veo espejos. Lo que sí hay son dos puertas. Aquí es íntimo y acogedor. Este no puede ser el cuarto de una chica. ¡Oh-mi-DIOS! ¡estoy en la habitación de un hombre! Miré debajo de la sábana y revisé que todo estaba en su lugar; traía encima mi ropa de ayer salvo mi chaqueta. ¡Oh! Mi ropa íntima también dice presente. Menos mal.
Quise levantarme de la cama y el intento hizo que me mareara. Aún no estoy bien. Todos y cada uno de los síntomas de la resaca me atacan. ¡¿En qué diablos estaba pensando?! Jamás me he emborrachado. Estoy tan avergonzada de mi comportamiento. ¡¿Qué habré hecho en este estado?! Debo llamar a Keiko y presentarle mis disculpas. ¿Habré arruinado la noche? Una de las dos puertas se abre, automáticamente me cubro hasta el cuello y sale Raimundo vestido sólo con un pantalón caqui. Mis mejillas ardieron enrojecidas. Su torso desnudo era bronceado y fuerte, sus abdominales cincelados. Salpicado de agua lo hacía verse más sexy. No sé si es parte de los efectos colaterales del alcohol y lo estoy alucinando pero juraría que en el bíceps de su brazo derecho tiene un tatuaje. Son un par de alas... eso creo, lo que pasa es que él siempre usa chaquetas y nunca lo he visto con camisa de mangas cortas o como en este caso, sin camisa... ¡en adicción! recuerden que tengo resaca y digo tonterías... ¡ay!
Creo que si sigo viendo, las pantis se me van a caer. Quiera o no admitirlo, él es un hombre muy apuesto, del que ninguna mujer puede resistirse. Sobre sus hombros tenía una toalla y con ella se secaba el cabello húmedo. Es obvio que estuvo duchándose. Ahora puedo estar segura que no me tocaron ayer. No valgo ni medio para él. Me estremezco, este es su cuarto y estoy en su cama. Y él está semidesnudo. No dejaré que me afecte. Desvié la mirada. Me pregunto qué hará con las sábanas cuando me vaya ¿las botará o las quemará? Como las infesté de mis gérmenes y no quiere nada mío. Sería un desperdicio ya que la tela es suave y bonita.
-¡Ups! ¡Veo que ya despertaste! Bienvenida al mundo de los vivos, dormilona... –separó las cortinas, la luz me lastimó los ojos y me tapé- ¿dormiste cómoda, princesa? Porque bien no lo hiciste, estuviste muy intranquila toda la noche.
-¿Qué hago aquí?
-Estás en mi cuarto –no sí, ya lo noté-. Ayer te embriagaste de tanto beber ron y vodka que acabaste en mis brazos por accidente y yo, como buen samaritano, te traje a mi apartamento ya que supuse que era lo mejor. Anoche no pasó nada entre nosotros, puedes estar tranquila, mientras tú dormiste en mi cama yo me acosté en el sofá. No te sientas mal, casi nunca uso la cama, me gusta descansar en el sofá… –se sentó en la cama, disimuladamente esquivé la mirada (no quiero que me mire rosada, me incomoda la idea de que un hombre sin camisa esté tan cerca de mí), pero tomó mi barbilla y me volvió hacia él. Intenté mirarlo a los ojos, y no desviar mi vista a su torso- ¿qué no sabes que cuando mezclas dos licores tan potentes es lo mismo que buscar problemas? –fruncí el entrecejo y lo golpeé en el brazo. Dos veces seguidas en una semana y el hombre resiste- ¡oye! ¡¿por qué la violencia, mujer?!
-¡Yo no planeé esto! Nunca me he emborrachado antes.
-Seguro que sí –no sé lo que quiso insinuar con esa sonrisa- siempre existe una primera vez para todo –dio una palmadita en su pierna y se levantó- te voy a dejar para que te arregles. Puedes usar mi baño. Yo vine por esto... –abrió un cajón de la cómoda y sacó una camiseta- cuando estés lista, ven al comedor. Necesitas comer, es el mejor antídoto contra la resaca.
Se fue mientras se ponía por encima la camiseta. Entonces el otro cuarto es el baño. Apenas lo perdí, me metí al baño y vomité de rodillas en el inodoro unas tres veces. Me sentí bien después de eso. Aunque no curó el dolor de cabeza. ¡Qué horror! Estoy hecha un desastre, mi cabello parece escoba de barrendero, me veo demacrada y mi maquillaje... ¡oh! Necesito estar en mi casa. Sabría arreglar esta calamidad si tuviera mi equipo aquí. Lo máximo que pude hacer era quitarme el mal aliento haciendo gárgaras con agua y el enjuague bucal que robé de su baño. Seguro ni lo notará. Él colocó mi bolso en la silla del comedor, en la mesa, al frente de esa silla había un plato de comida, un vaso de agua y una píldora azul. Cuando levanté la vista obtuve una perspectiva más amplia del apartamento: lo primero que llamó mi atención fue su colección de discos apilados a una esquina del cuarto, también tenía un escritorio bombardeado de pilas de papel, un balón de futbol tras del sofá, un televisor y el repertorio de libros más extenso que haya visto. Me colgué el bolso y partí.
-¿Te vas sin decir adiós? –me dijo a mis espaldas- siéntate, te dije que necesitas comer.
-Lo haré en mi propia casa. Muchas gracias –en verdad, ¿importa?
-Ya... ¿y piensas irte sin tu chaqueta? –ni estaba treinta centímetros de la puerta cuando él dice eso. El idiota zarandeó la chaqueta, ¡¿pero qué está haciendo?! ¡¿acaso no se da cuenta que esa tela es muy delicada?! Caminé a largos pasos hacia él.
-¡Dame eso! –alzó el brazo en lo alto. Intenté alcanzarla, di grandes saltos, nada de eso me ayudó ¡¿lo ven?! Es por eso que odio ser baja, los altos me hacen bullying- siéntate y come, y luego te daré la chaqueta –no hice caso, estiré el brazo y el idiota retrocedió dos- si no, no hay trato.
-Bien –mascullé entre dientes.
No haría esto si no amara esa chaqueta. Tomé asiento, piqué una tostada y me la llevé a la boca. Mi primera tostada desde que me independicé y me gustó, no sé cuál de las opciones me disgustó más. No me gustaría abordar este día admitiendo que el idiota es mejor cocinero que yo. Él se quedó contemplándome sin decir nada en la cocina. Traté de hacerme la indiferente, quería comer rápido para que me devolviera mi chaqueta y salir de aquí.
-¿Qué es Duelo Xiaolin?
-¿Perdón? –tosí. No para ocultar mi desagrado si no porque me sorprendió- ¿cómo sabes lo de Duelo Xiaolin? ¡¿estuviste revisando mi bolso?!
-Fue de casualidad, no a propósito. Sufría un grave caso de insomnio, recogí tu bolso y éste se abrió a mis pies sin querer, tu libreta cayó en la página exacta. Me dio curiosidad y lo leí, así que, por favor compláceme, ¿qué es Duelo Xiaolin? ¿es un libro?
-No, al menos todavía no. Es un proyecto que estoy haciendo.
-¡¿Cómo?! ¡¿escribes libros?! –preguntó absorto.
-En realidad soy aprendiza, recientemente estoy incursionando en el mundo de la literatura –aclaré- esta sería mi primera novela.
-Nunca imaginé que te gustara leer, creí que lo tuyo era la moda y esas cosas que le gusta a las mujeres.
-Y es verdad amo la moda y me gusta marcar nuevas tendencias, pero también me apasiona leer –gruñí-. La moda no es lo único que me gusta. Hay muchas cosas que tú no sabes sobre mí. –Reñí mirándolo a los ojos- yo no quería que pensaras mal de mí, pero lo hiciste sin yo intervenir. Quizá deberías pasar menos tiempo escuchando tu ego y más prestando atención a las pequeñas cosas.
El idiota, casi indiferente, me sonrió de medio lado, sus labios podrían mostrar una sonrisa, pero sus ojos cantaban otra melodía. Me lanzó una mirada fría. ¿Qué esperaba? ¿qué fuera linda y complaciente? Dije la verdad. Él fue quien comenzó y me insistió que me quedara a desayunar. Esta historia sería distinta si me hubiera dejado ir al principio o ¡no! Ni siquiera que me recogiera, me habría dejado tirada en donde me encontró hasta el amanecer con mi resaca. No necesito su ayuda ni su piedad. Me basta y sobra soportar cómo se autofelicita.
-¡Ilústrame pues! Es tu oportunidad de demostrarme cuán equivocado estoy, ¿qué libros has leído? ¡Por favor, libros de verdad, no como la basura que últimamente ha estado saliendo! Ejemplo: 50 sombras de Emerson.
-¡Es Grey! 50 sombras de Grey. Emerson es de El infierno de Gabriel, idiota.
-Como sea, uno es la versión barata 2.0 del otro y las dos se dan en circunstancias iguales. Anda, no me hagas esperar, quiero escucharte.
-Orgullo & prejuicio; A sangre fría; 1984; El diario de Ana Frank; El alquimista; Macbeth; La divina comedia; Lo que el viento se llevó; El código Da Vinci; El señor de los anillos; Bajo la misma estrella; Mírame y dispara; Como agua para chocolate; Si decido quedarme; Memorias de una geisha; El resplandor; Carrie; Desayuno con diamantes; Las aventuras de Tom Sawyer; Cumbre borrascosas; Sueño de una noche de verano; Extraños en un tren...
-¡Alto! –Raimundo hizo un gesto. Hubiera proseguido de no haberme detenido, ¡¿cuál es su problema?! Ustedes son mis testigos, él me pidió que le dijera todos los libros que he leído salvo los últimos, ¡y no son basura! Mi lista sería más larga quitando esas excepciones, esos libros son geniales y me gustan- con eso basta. ¿Tu género favorito cuál es...?
-¿Qué no es obvio? El romance, tú lo dijiste.
-Autor favorito.
-¡Mí príncipe de Versalles! -¡¿acabo de perder la razón?! ¿cómo pude decir eso sin pensar?- bueno, no, es un apodo. Su verdadero nombre es Tom Kenny, es mejor conocido como T. K., algunos piensan que en realidad es un pseudónimo ya que no se ha mostrado en público, sus obras han trascendido por los críticos y el público, fueron acreedoras de galardones con numerosos premios. Es lo más nuevo en la literatura romántica. Tal vez escuchaste algunas de sus obras: Contrarreloj, Huracán, Un millón de años, Eres la música en mí...
-Sí, he oído los nombres, me descargué uno en PDF. El segundo creo. No consigo entender cómo la gente le puede gustar sus novelas, por los clavos de Cristo; es asqueroso, las tramas son clichés, los personajes poco definidos, los finales predecibles... aunque claro, para ti, su calidad es suficiente. Estoy un poco desilusionado como ha cambiado el romance. Nomás ahora comprendo porque eres aún solterona.
-¡Disculpa, ¿qué tiene que ver que eso con todo esto?!
-Esto te puede sonar cruel, pero más de la mitad de esos libros de romance que a ti te gustan fueron escritos por mujeres insatisfechas sexualmente en la cama o eran feas solteronas con mucha fantasía y en una tarde/noche/día, estaban tan aburridas que se sentaron a escribir un libro donde podían hacer sus deseos realidad al emparejar a una señorita que vulgarmente era el alter-ego idealizado de ellas con un tipo que sólo podía ser aquel que fuera idéntico a sus listas. Estas historias de amor patéticas e irrealistas son leídas por un público femenino que comparte su misma opinión y fantasearía por el tipo. Mi amor, tómalo o lo dejas, lo que tú buscas es una lista no a un hombre. Nosotros somos simples y visuales.
-¡Eso no es verdad!
-¿Ah no? Entonces me vas a decir en mi cara que cuando ves un hombre no dices –adoptó una voz chillona, disimulando ser yo-: ¡Es perfecto! ¡Guapo! ¡Romántico! ¡Es inteligente! ¡Es dulce! ¡oh también, es comprensivo! –me quedé mirándolo boquiabierta- ¿lo ves? Estás tan ensimismada que ni puedes hablar –iba a decir algo cuando hizo un ademán- ¡shhhh! Si lo que vas a decir no es mejor que tu silencio, te callas.
-¡NO! ¿Tú qué sabes de romance? Si ni crees en el amor, para ti es una patética excusa que inventaron los empresarios para ganar dinero. Siento lástima por ti, seguramente debiste sufrir una ruptura o algo fuerte para decepcionarte. Espero que algún día te reconcilies con el amor –suspiré. Comí otro bocado. Estas tostadas son deliciosas. Como quisiera más, pero mi orgullo no me permite bajar la guardia. Nadie me insulta y se sale con la suya. Sus ojos rodaron.
-¡Aguarda! ¿crees que no creo en el amor? Eres tan obcecada y necia que ni escuchaste lo que dije. Yo no dije que el amor era una mierda, mierda son aquellas personas que no saben lo que significa.
-¿Y tú sí?
-Elemental. Pero vale, cambiemos de tema, hablemos ahora de tu novela. Dime de qué trata –arqueé las cejas. Me sonrió- no te comportes tímida, mi interés es netamente profesional y te prometo que no me voy a burlar de tu trabajo. Nuestros problemas no serán tomados en cuenta. Te recuerdo que soy periodista, tal vez podría ayudar.
Raimundo se acercó al refrigerador, sacó una soda y la destapó. ¿Puedo confiar? ¿o se trata de una de sus bromas? ¿qué me aconsejan? ¿es seguro? ¿lo hago o no? ¿Qué puedo perder? Para empezar. Él es uno entre cien mil lectores, la asesoría de un experto me sentaría como anillo al dedo porque ahora más que nunca necesito ayuda. Terminé de comer. Me quedaba por tragar la pastilla y el agua. Adrede me colocó la caja cerca para que pudiera estar segura que no se trataba de una droga si no una pastilla para prevenir los mareos y aliviar el dolor de cabeza. Faltaba una píldora en la tableta. Me la tragué y bebí agua.
-Esta es la historia de un joven monje y sus intrépidas aventuras –abordé- es huérfano y fue criado por monjes en un monasterio donde estuvo completamente aislado de la humanidad hasta el primer capítulo de la novela. Resulta ser que Wuya, la Bruja Heylin y archienemiga de los Xiaolin, el clan a donde pertenece mi héroe, ha vuelto a la vida. Se creía que ella era historia cuando el primer Gran Maestro Xiaolin, Dashi, la encerró en una caja de madera y se deshizo de ella lanzándola al vacío. Sin embargo, parece ser que alguien la liberó y ahora hambrienta de venganza buscará destruir a sus rivales y terminar la tarea que comenzó hace más de mil quinientos años: la conquista del mundo. Nomás hay un problema, ella regresó bajo la forma de un fantasma y necesita ayuda de un par de manos sólidas para que haga el trabajo sucio por ella, y lo que es más todavía, acumular los Shen Gong Wus. Unos objetos que esconden poderes increíbles, que en las manos equivocadas podrían suponer un grave problema. Los monjes habían previsto que este día llegaría así que todas las esperanzas han caído en los hombros de mi protagonista quien deberá adelantarse a Wuya y tomarlos antes de que sea muy tarde. El título es porque cada vez que dos personas tocan al mismo tiempo uno de estos maravillosos objetos, deberán mostrar que son dignos de él, compitiendo en un duelo mágico en que sus habilidades e ingenio se someterán a prueba, pueden apostar sólo un objeto y dependerá de la persona quien desafíe. El ganador se lo lleva todo –Raimundo parecía incólume y su vista clavada en el suelo, quizás para escucharme mejor, me siento estúpida ¿cómo pensé que sería una buena idea? Eres impresionante, Kim. Me levanté, cogí mi bolso y caminé- ¿sabes qué? Esto es una locura, será mejor que me vaya...
-Me gusta –decretó Raimundo, reponiéndose.
-¿Lo dices en serio? –inquirí impactada- ¿o estás tomándome el pelo?
-Lo digo en serio, ¿a quién va dirigida?
-No he pensado en esto, tal vez la enfoque al público infantil-juvenil. No lo sé. ¿De veras te gusta?
-Sí, es la primera vez que escucho algo por el estilo y opino que es original –confirmó, sus ojos estaban puestos en mí al pronunciar cada palabra- ¿hasta cuánto has hecho?
-Ya tengo listo el primer capítulo pero siento que no está bien. Y estoy segura que hasta que no sepa lo que es no podré continuar. Se me ocurre que es algo relacionado con la historia. Dije que iba a revisar.
-De acuerdo. Me parece prudente –asintió dándole un sorbo a su soda. Acto seguido me tiró la chaqueta, intenté atraparla y el canapé fue lo que me atrapó a mí. Siempre he sido pésima para las atrapadas- me avisas cuando el capítulo está listo. Si lo reviso impreso mis críticas serían más específicas y mis observaciones más directas.
Estoy llegando a considerar que el idiota sufre de trastornos bipolares. Aunque si ponemos el caso bajo la lupa y lo examinamos, está claro que no quiere ninguna relación romántica conmigo ¿y quién querría la amistad de una persona unidimensional? Para él soy objeto de sus burlas. ¿Qué pretende ayudándome? ¿pasar más tiempo juntos? Preferiblemente dejaré el asunto en blanco. El dolor de cabeza me está fatigando otra vez. Salí. Él se puso en una posición que podía vislumbrarlo aún entrecerrando la puerta.
-Bueno... gracias... Raimundo... –mi respiración era entrecortada. Me siento incómoda.
-A tus órdenes, princesa –me dirigió, lo que supuse, la mejor de sus sonrisas.
A/N: ¡Les traigo otra actualización sacada del horno! ¿Ustedes no creen que el tiempo pasa muy deprisa? En un segundo es viernes y a la vuelta de la esquina ya es martes. De acuerdo, con la señal de costumbre, levanten la mano aquellos o aquellas que están confundid s por Raimundo. Ahora bajen la mano y sólo álcenla aquellos o aquellas que consideran que Raimundo es un hombre orgulloso y antipático. Respondiendo sus preguntas, él no es bipolar (tiene sus razones) y si creen que antipático, pues esa es mi intención. Recuerden que Quiero ser escritora está inspirada en Orgullo & Prejuicio, el papel del Sr. Darcy era así: prepotente. Muy bien, aquellos o aquellas que les gustaría una explicación, por favor, vuelvan a alzar la mano. Todos. Correcto, su explicación la tendrán en el capítulo que viene porque... *redoble de tambores, please* les tengo una sorpresa. Hasta aquí termina nuestro episodio Duro como una roca, es difícil entrar a la mente de un hombre y más descifrarla.
¿Qué les ha parecido? Sólo a Kimiko se le ocurre emborracharse en la calle y meterse en el baño de hombres, aunque eso le ayudó a mirar de hurtadillas la mente de Clay y Raimundo. Pero esta fue una excepción. Chicas, no lo intentéis. No siempre funciona. Como dato curioso, Raimundo es aficionado al vino. ¿Qué les parece esa conversación entre Kimiko y Raimundo? ¿cuál le gustó más? ¿la primera en el bar o la segunda en la casa de él? A mí me intrigó cuando él le explicó por qué no podían estar juntos y me gustó esa conversación tan ácida en el comedor. Él le lanzaba unas indirectas duras y ella le respondía con mazo firme. ¿Cuántas babearon por ver a nuestro Rai sin camisa otra vez? ¡Muchachas, tiene una imaginación arrecha! Porque yo no saqué imágenes.
¡Acotación! No estoy diciendo que las 50 sombras es una historia basura. Eso lo dijo el personaje de Raimundo. Y paralelamente tienen la visión de Kim que sí le gusta. Hay que prevenir. Hay una gran cantidad de gente que comparte la opinión de Raimundo y otros que están de acuerdo con Kim. Ustedes eligen a quién apoyan. ¿Y qué piensan de la conexión entre Clay y Kei? No les fue difícil llevarse bien entre estos dos, tal vez la Kei tiene posibilidades. ¡Ups, casi lo olvido! ¡¿qué tal les quedó el ojo con la escena del manchón de vino en la cara de Kim?! ¿se lo esperaban? Yo me partí de la risa. Y sí, corroboro, Clay sí bebe. Todos, excepto los niños y yo, beben. Bien, es tarde. Me he quedado hasta medianoche escribiendo este capítulo. Y ahora lo he hecho.
¡Uf! Ustedes no se imaginan lo que me he esforzado por evitar que haya clichés en mi historia, ya saben esas cosas que nos encantan, pero que siempre se repiten. Y bueno, me he estado asesorando con una amiga y puedo señalar orgullosa que he innovado a muchísimas cosas. Como lo que está por venir. Y se me ha ocurrido una brillante idea que me servirá, dispénseme que se la muestre ahora. Pero más vale tarde que nunca. Como ni estamos a la mitad de fic. Saben, presiento que este fic podría llegar a treinta capítulos sin ningún problema.
No olviden comentarme sus opiniones. Vamos, no sean tímidos, pueden decirme todo: Qué tal les parece cómo se han venido desarrollando los acontecimientos, si le parece que es una basura, si creen que está bien, a quién quiere acosar, cuál es su personaje favorito, a quién quiere matar si a Raimundo o a mí, afines. Para el próximo capítulo, les recomendaría leer la letra en español (la canción es bonita en coreano, pero dudo que la entiendan) de Appear de Kim Bum Soo, la canción es el capítulo en esencia. ¡Nos leemos! ¡y cuídense queridos míos, hasta encontrarnos en la continuación!
PD: Sí, las historias del escritor que le gusta a Kim son de mi autoría. Lo hice para no meterme con las historias de nadie y ahorrarme un problema. Sé que merezco menos de un premio, pero la intención era que el escritor de Kim tiene renombre. Digamos que ese escritor escribió mis historias (mejor que yo, debo decir) y las que vienen. Ya, eso es todo, podéis iros en paz.
