Rosalya se puso la bata blanca que usaba siempre para la clase de química y se sentó, algo inquieta, en su sitio de siempre. No le gustaba especialmente esa clase, sobre todo porque la profesora que la impartía, la señora Delanay, la ponía especialmente nerviosa. Esa docente llevaba ya una buena temporada en el instituto, pero a ella la intimidaba igual que el primer día. De hecho, lo que más le había preocupado cuando empezaron a dar clases con ella fue el detalle que tuvo de realizar un test para decidir los grupos de trabajo, aunque al final tuvo suerte, pues su compañera resultó ser Lynn. Si le hubiera tocado con Ámber o alguna de sus amigas seguramente habría acabado volviéndose loca.

Aunque ahora, por primera vez, estaba comenzando a lamentar la compañera de laboratorio que le había tocado. No culpaba a Lynn, sobre todo teniendo en cuenta la situación por la que estaba pasando, pero la idea de tener que dar la clase completamente sola y bajo la mirada penetrante de Delanay no era plato de su gusto.

Además, también estaba preocupada por la ausencia de su amiga y Lysandro; ninguno de los dos había hecho acto de presencia y eso la inquietaba. ¿La habría encontrado? Esperaba que sí. Dudaba que Lynn pudiera ir muy lejos, a pesar de que había tenido una hora entera para salir caminando del instituto y tomar cualquier dirección en la ciudad.

Intentó dejar esos pensamientos a un margen, más que nada porque era consciente de que no iba a conseguir gran cosa preocupándose. Tal vez Lynn y Lysandro se hubieran quedado charlando en algún sitio cercano y hubieran decidido que era más conveniente no acudir a clase, incluso tomarse el día libre.

Sin embargo, sus suposiciones pronto fueron resueltas, puesto que en ese preciso instante sus dos amigos entraron en el aula con paso apresurado, seguramente temiendo llegar tarde y despertar de ese modo la ira de la profesora. Lysandro se dirigió a la mesa que compartía con Karla, la cual le dirigió una mirada algo suspicaz, mientras que Lynn tomó asiento al lado de Rosalya, dejando en el suelo una mochila sospechosamente abultada. Curiosa, alargó el cuello, intentando adivinar qué había en el interior de la misma que le diera esa forma tan peculiar.

─¿Qué llevas ahí? ─casi se había tirado encima de Lynn en su afán de ver algo.

─Si tanto interés tienes en saberlo, te lo diré después de clases ─su amiga habló en susurros, mientras miraba hacia delante. Rosalya entonces comprendió su reticencia a hablar; en la clase de química ellas se sentaban justo detrás de la mesa que ocupaban Ámber y Armin. Lynn siempre había aprovechado el hecho de estar situada detrás de su amigo para hacer alguna que otra broma al respecto de su compañera de trabajo, pero ahora parecía dispuesta a no soltar prenda por tal de que la bruja no se enterara. Y Rosalya debía admitir que, a pesar de que la curiosidad le corroía las entrañas, no era momento de tentar al demonio un poco más. El numerito de la hora anterior había sido la comidilla de la clase en el cambio de aula, y lo que ella menos quería era que la castaña volviera a ser la protagonista de una situación similar de nuevo aquella mañana.

Si había de ser sincera, estaba comenzando a cansarse de las salidas de tono de Ámber. Desde siempre se había comportado como una niña malcriada, haciendo lo que le venía en gana cuando le apetecía, y desde que Lynn llegó al instituto parecía haberla señalado como cabeza de turco en todas sus acciones. En más de una ocasión había intentado convencer a Lynn para que se vengara de ella y le hiciera alguna jugarreta, pero la chica siempre se había negado en rotundo, algo que Rosalya no llegaba a comprender. Si por ella fuera, habría respondido a cada ataque de Ámber con alguna trastada; seguro que de esa manera la dejaba en paz.

Suspiró cuando la profesora entró en el aula y comenzó a explicar el experimento del día. Al parecer iban a hacer reaccionar diversos compuestos entre ellos, usando de paso líquidos tintados para hacer las reacciones más visibles. Ámber seguía en su cabeza mientras se levantaba, como el resto de la clase, y tomaba los materiales que iban a necesitar. Junto con Lynn, colocaron los matraces y los compuestos sobre la mesa, cuando de buenas a primeras se quedó mirando hacia la mesa de delante. Allí, completamente abierta, se encontraba la cartera de Ámber, mostrando todos sus libros y cuadernos.

Rosalya fingió estar concentrada en las instrucciones de la profesora mientras que no le quitaba ojo a aquella tentadora visión. No olvidaba la crueldad de esa chica con su amiga, y estaba más que dispuesta a tomarse la ley por su mano, ya que Lynn no haría gran cosa…

Sonrió levemente mientras que tomaba una probeta llena de un tinte rojo. Se sentía tentada de usar un ácido o similar, pero no quería que se repitiera el accidente de la última vez, cuando tuvieron que evacuar todo el instituto porque Ámber se empeñó en mezclar demasiados compuestos; en ese sentido el tinte era mucho más inocuo pero a su vez perfecto para cumplir su propósito. Disimuladamente, como quien no quiere la cosa, dejó caer el líquido dentro de la cartera, para luego dejar la probeta cuidadosamente tumbada sobre la mesa, como si la hubiera volcado sin querer.

No hubo ningún sobresalto durante la hora, pero cuando la campana finalmente sonó, el grito que soltó Ámber al ver el estado de sus cosas fue ensordecedor. La chica parecía la viva imagen del odio mientras se volvía hacia la mesa de atrás, encarándose con Lynn nuevamente.

─¡Zorra estúpida! ─bramaba a pleno pulmón -¡Lo has hecho a propósito, ¿verdad?! ¡Pienso destrozarte entera, pedazo de…!

─Uy, Ámber, creo que ha sido culpa mía ─Rosalya fingió un tono preocupado, aunque tampoco le hizo mucha falta improvisar, pues lo cierto era que se encontraba algo preocupada de que aquella pava la tomara con Lynn, como de hecho había sucedido ─Me parece que antes le di sin querer al matraz con el dorso de la mano… ¡no sabes cuánto lo siento! Soy muy torpe ¿a que sí, Lynn? ─añadió mientras sujetaba a la castaña con fuerza por el brazo y casi la arrastraba fuera del aula. La chica la miraba con gesto sorprendido, pero tuvo el tacto suficiente para no abrir la boca hasta que estuvieron a una distancia prudencial de Ámber y sus amigas.

─No fue un accidente, ¿verdad? ─preguntó, pero Rosalya se limitó a sonreír como toda respuesta.


La mañana pasó sin muchos más sobresaltos, y cuando Lynn vino a darse cuenta, estaba otra vez en casa de Lysandro, sentada junto a su amigo mientras ambos intentaban terminar los ejercicios de matemáticas que debían entregar a finales de semana. Ambos trabajaron en silencio, cada uno concentrado en su tarea, hasta que, ya casi anocheciendo, decidieron preparar algo para cenar. En el poco tiempo que Lynn había pasado en aquella casa, había aprendido que a Leigh no le agradaba entrar en la cocina, por lo que solía ser su hermano quien se encargaba de las comidas. Y ya que ella estaba de "invitada" en aquel lugar, lo menos que podía hacer era ayudar en lo posible. Como era habitual, ninguno de los dos habló mucho mientras preparaban la cena, y cuando Leigh hizo acto de presencia la situación tampoco varió mucho. A Lynn aquello le resultaba casi terapéutico; podía pensar sin tener que ir hablando de tonterías cada dos por tres. Y lo cierto era que su mente era en esos momentos un verdadero torbellino. Por un lado, las palabras de Ámber la habían dejado marcada, más que nada porque en el fondo temía que todo el instituto la viera de la misma manera. Y lo cierto era que razón no les faltaba porque justamente al día siguiente de que Nathaniel empezara a salir con Charlotte, ella llegaba al instituto acompañada de Lysandro y se iba de la misma manera. No le había contado a nadie lo sucedido con sus llaves, de modo que las malas lenguas la acusarían de interesada.

Por otro lado, la conversación mantenida con Castiel era algo que la seguía teniendo en vilo. Le daba la sensación de que aquel chico había sembrado en su mente la semilla de la duda con aquellas palabras, y ahora se encontraba dividida entre el dolor y la curiosidad. El rechazo seguía siendo una herida fresca, pero la incertidumbre también latía con rabia en su interior, y estaba comenzando a sentirse completamente perdida. ¿Y si era cierto que hubiera alguien? Tal vez debiera acercarse a esa hipotética persona ahora que Nathaniel la había rechazado. ¿No era eso lo normal? Pero, ¿y si rompía con Charlotte y ella no estaba disponible? Admitía que sería muy fácil intentar olvidar al delegado y probar suerte con otra persona, pero una punzada de culpabilidad la atacaba siempre que pensaba tal cosa. No podía buscar a alguien por despecho, eso era precisamente de lo que Ámber la había acusado. Además, seguro que no encontraba a nadie tan atento como Nathaniel; ese chico era tan dulce y amable… no como Castiel, que era un borde redomado. O como Armin, que a veces resultaba demasiado pesado con sus videojuegos. O Kentin, el cual estaba últimamente muy volcado con el deporte. O Lysandro, que…

Sus pensamientos parecieron congelarse en ese preciso momento. Había estado a punto de considerar a Lysandro como alguien menos amable que Nathaniel, pero si debía ser sincera, lo cierto era que en su caso era precisamente al revés; el victoriano había sido mucho más considerado con ella que el delegado. En dos días se había involucrado más con su situación que Nathaniel, el cual ni siquiera se había molestado en hablar con ella. Había llegado a tocar fondo, pero en esos momentos de desesperación había sido Lysandro el que se encontraba a su lado. Aunque claro, Lysandro era su amigo y eso era lo que hacían los amigos, ayudarse entre ellos, como cuando ella había ayudado a Nathaniel a denunciar el abuso paterno que sufría… aunque no lo hizo solo como amiga, la había movido también el interés amoroso que sentía por el delegado. ¿Y si Lysandro estaba haciendo todo eso por los mismos motivos? Sabía lo reservado que era, de modo que era consciente de que quizás pudiera haber una posibilidad, por remota que fuera, de que su sospecha fuera cierta, pero le daba la impresión de que estaba viendo cosas que no eran reales, sugestionada por las palabras de Castiel. Lysandro era amable con las personas cercanas a él, por eso seguro que la había ayudado. A fin de cuentas él siempre decía que era un caballero, y eso era lo que un caballero haría ante esa situación.

Aquellas tribulaciones debían de notarse en su rostro, pues de repente notó como una mano se posaba sobre la suya, sacándola de sus pensamientos. Se encontraba sentada en el sofá, hecha casi un ovillo, mirando la noche cerrada que se dejaba ver por la ventana. Hacía ya un buen rato que habían terminado de cenar, y ella apenas si había sido consciente. La mano que la había vuelto a traer a la realidad era la de Lysandro, el cual se encontraba sentado al lado suya, con su habitual libro en el regazo.

─¿Te encuentras bien? ─el tono de su voz era preocupado y Lynn sintió una pequeña punzada de culpabilidad por saber que, quizás, ese temor se debía a lo sucedido la noche anterior con sus pastillas. Sonrió levemente, intentando tranquilizar a su amigo.

─Sí, solo estaba pensando en… bueno, en todo lo que ha pasado desde ayer. Me cuesta creer que todo haya sucedido en un lapso tan corto de tiempo; me da la impresión de que han transcurrido semanas. Quizás dentro de unos días el tiempo empiece a pasar a toda velocidad y cuando venga a darme cuenta todo esto parecerá un mal sueño.

Aquellas palabras fueron acogidas por un silencio extraño por parte de Lysandro. Lynn lo miró sin entender aquella reacción, pero mentalmente, al repasar sus palabras, se dio cuenta de la ambigüedad de las mismas. ¿Se habría molestado por eso? Rápidamente intentó corregir su error, tratar de demostrar el sentido con el que verdaderamente había hablado.

─No digo que este momento concreto sea malo ─habló apresuradamente, casi nerviosa ─Pero quiero olvidar el dolor que empaña todo, no sé si me explico. Me gusta estar en tu compañía, y en cierto modo no dejo de sentirme mal al pensar que estoy cargándote con un problema que no es del todo asunto tuyo.

Notó como el chico movía la mano que aún reposaba sobre la suya hacia sus dedos, los cuales apretó levemente entre los suyos.

─Tus problemas también son los míos ─respondió, mirándola a los ojos. Aquel cruce de miradas duró apenas unos segundos, pues la joven bajó los párpados, algo avergonzada. Lysandro a veces podía ser especialmente intenso, por llamarlo de algún modo, y esa era una de esas ocasiones. Le daba la impresión de que el chico podía ver a través de ella, contemplar su interior, y era algo que en ocasiones le incomodaba. Si había de ser sincera, Lysandro era la persona que mejor la conocía en esos momentos, y verse observada así por alguien que en cierto modo podía tener tanto poder sobre ella le resultaba intimidante.

─Creo que es mejor que me vaya a la cama ─repuso ella, poniéndose en pie. Lysandro la imitó, e igual que la noche anterior, volvió a besarla en la frente antes de desearle dulces sueños.


Lynn corría y corría por el parque, notando las piedras del sendero bajo sus zapatos. Tenía una cita y no podía llegar tarde, ¡llevaba tanto tiempo esperando ese momento! No cabía en si de gozo, habían quedado justo al lado del estanque, y ya casi lo veía, ya casi estaba allí. ¡No podía esperar para ver a su chico aguardándola, seguro que hasta había llevado dulces!

Se detuvo, intentando recuperar el aliento, los ojos fijos en el estanque que brillaba algo lejos, como si estuviera tentándola de alguna manera. Ojalá pudiera correr algo más deprisa para llegar de una vez, la impaciencia la estaba matando.

Apretó el paso y pronto se encontró entre los arbustos que bordeaban aquella zona del parque. Los atravesó lo más veloz que sus piernas fueron capaces, hasta que, finalmente, se encontró en la explanada que había junto al lago. Pero no había nadie esperándola, sino que, a un lado, sobre una manta, se encontraban Nathaniel y Charlotte hablando animadamente mientras compartían algo que parecía una tarta de queso. El delegado parecía encontrarse en el paraíso mientras Charlotte le daba pequeños trozos de tarta. Sin embargo, a pesar de que recordaba el dolor por haberlos visto juntos en la biblioteca, Lynn se sorprendió a si misma sintiéndose casi indiferente ante aquella imagen. Sí que notaba, muy en el fondo, las punzadas de dolor que sintió entonces, pero el sentimiento era mucho más liviano, mucho más suave. Le daba la impresión de que la persona que la esperaba aún no se encontraba allí y que esa pareja había decidido usar ese lugar como escenario de su picnic por pura casualidad.

─Lamento haberte hecho esperar─ escuchó a su espalda, notando al mismo tiempo como alguien enlazaba sus dedos con los suyos. Esa debía de ser la persona con la que había quedado en el estanque. Se giró sobre sus talones y se encontró cara a cara con los ojos bicolores y la amable sonrisa de Lysandro.

Abrió los ojos a la realidad, abrazada al peluche que su amigo le había dado y desorientada entre las sábanas. El sueño había sido extraño a más no poder; notaba el corazón desbocado, aunque no sabía bien el motivo. Se sentía confusa, terriblemente confusa, y lo peor era que ni ella misma entendía el motivo.


Sé que muchos querrán pegarle a Lynn por obcecarse tanto con un chico (yo la primera) pero es que ella es así de especialita, qué se le va a hacer.

Como viene siendo habitual en este punto, os animo a darle amor al botoncito de review que tenéis ahí al lado. ¡Venga, que no se quede sin su ración de mimos! (?)