Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi, esto lo hago sin fines de lucro.

Epílogo.

4 años más tarde…

-¡Familia, a comer!- La dulce voz de la Tendo mayor resonó en toda la estancia.

Los tres hombres acudieron a tan tentador llamado, no importaba cuanto tiempo pasara, la comida de Kasumi continuaba siendo igual de deliciosa, talvez eso era lo único que continuaba igual que en los viejos tiempos.

-Acabo de hablar con Nabiki por teléfono, dice que obtuvieron una pista bastante certera acerca del paradero de Akane, tienen esperanzas de encontrarla en menos de un mes- comentó Tofú tomando el tazón de manos de su esposa.

-Sería maravilloso que la encontraran- dijo Kasumi con la misma emoción en su voz que aparecía con cada pista incierta y se esfumaba cuando dicha pista no rendía frutos.

-Mi pobre niña… nunca pensé que le estuviéramos haciendo tanto daño- se lamentó mirando de reojo al hombre sentado a su lado.

-Creí que me habían perdonado por lo que sucedió, ya pasaron diez años, incluso me permitieron regresar a vivir con ustedes- se defendió Genma sintiéndose ofendido.

-No mal interprete a mi padre, claro que lo perdonamos, pero hubiera sido agradable saber que Akane escucharía aquella conversación, debe odiarnos por todas las cosas horribles que dijimos- explicó Kasumi.

-Nosotros creyendo que el accidente había sido una mera actuación, que Ranma estaba de acuerdo, y él debatiéndose entre la vida y la muerte…- se lamentó Tofú.

-Nabiki continúa teniendo pesadillas hasta el día de hoy, siente que mandó a matar a Ranma al contratar a ese camionero…

-Puedo apreciarlo mucho amigo Saotome, pero debe admitir que lo que hizo arruinó la vida de muchas personas… sobre todo la de los muchachos.

-Sabe perfectamente lo arrepentido que estoy señor Tendo, tuve que soportar ver a mi hijo sufriendo toda clase de atrocidades, quería que él fuera feliz y no le faltara nada, no deseaba que continuara pasando necesidades… pero acabé convirtiéndolo en un delincuente que fue capaz de hacer cosas horribles por escapar… y ahora ni siquiera sé si continuará con vida.

El silencio volvió a hacerse presente y cada uno continuó con su almuerzo, tristeza y arrepentimiento reinaban ese hogar desde hacía diez largos años ya…


Llegó a su casa de buen humor, dejó las llaves sobre una modesta mesita a mitad del comedor y se metió a la ducha, mientras el agua recorría su cuerpo una sonrisa apareció en su rostro, se sentía bien.

Ya casi se cumplía un año desde que vivía en ese apartamento, no era la gran cosa pero resultaba mucho más espacioso e iluminado que los anteriores, seguramente porque el haberse estabilizado en un sitio le daba la posibilidad de un mejor trabajo y por consiguiente mayores ingresos.

La muerte del esposo de la señora Cornelia Fitzwillyam fue anunciada en todos los periódicos de Japón, y eso sólo podía significar una cosa; finalmente Cornelia se había resignado a no encontrarlo, seguramente la cacería se había dado por concluida, y ya no necesitaba esconderse.

Continuaba usando un nombre falso y tomando ciertas precauciones como llevar el cabello suelto y evitar a toda costa transformarse frente a alguien, pero ya había regresado a sus cómodas camisas chinas, ideales para entrenar.

Por increíble que pareciera su cuerpo lentamente sanaba, el arte siempre fue su vida y alegría, y un buen día lo recordó, así que con gran esfuerzo y no poco dolor, retomó su entrenamiento, uno muy suave, casi de principiante, pero poco a poco regresaba a ser el de antes… aquel capaz de protegerla…

Akane… aquella madrugada, viéndola salir de su habitación creyó que su vida había perdido el sentido, sin una misión y habiéndola tenido cerca para perderla nuevamente, no valía la pena continuar existiendo. Pero ella, tan increíble como siempre, cambió todo aquello, le regaló nuevos deseos de vivir, una energía tan intensa que se sentía capaz de lo que fuera. Ella nunca se alejó…

No volvieron a tener encuentros íntimos, de hecho ni siquiera habían vuelto a hablarse, y aunque no podía negar que extrañaba el contacto físico, sentir su energía tan cercana en todo momento era más que suficiente. Saberla bien, cada día más fuerte, y al pendiente suyo era como un sueño vuelto realidad.

Permaneció en aquel pequeño poblado donde se encontraron, solo un par de semanas más, sintiendo su aura proveniente de algún lugar dentro del espeso bosque aledaño, había perdido sus fuerzas pero no su capacidad de sentirla. Cuando se marchó de allí se despidió en silencio de su amor, ahora si para siempre, creyendo que ya sin ninguna clase de conexión entre ellos, todo dejaría de importar, pero un par de días luego de establecerse en ese nuevo poblado… volvió a sentirla.

Casi llora de la emoción cuando supo que ella había ido tras él, para protegerlo, para cuidarlo, y talvez… porque a ella también le hacía bien su presencia. Entonces decidió comenzar a entrenar duramente, tenía que convertirse en el fuerte guerrero que era antes, tenía que volver a ser autosuficiente, no podía condenarla a una vida entera tras él, tras un pobre diablo que podía ser vencido con los ojos cerrados.

Continuó cambiando su residencia cada poco tiempo, y ella siempre lo siguió, eso sólo aumentaba sus ánimos, y ahora cuando se sentía fuera de peligro, cuando ya no tenía que ser un fugitivo… ahora podía considerar una posibilidad que nunca se había atrevido a sopesar. Talvez si él volvía a ser el de siempre, si se convertía en alguien digno de una mujer como ella, sólo talvez… podría sorprenderla un día, ir a su campamento y pedirle que fuera su mujer, su compañera, que compartiera su vida con la de él, le suplicaría de rodillas si era necesario, no la dejaría ir… susurraría a su oído, o gritaría al cielo con todas sus fuerzas que la amaba, que nada tenía sentido sin ella, que a pesar de todo lo malo que hizo, la cuidaría y haría tan feliz que redimiría todas sus culpas.

Le dedicaría su vida entera, sólo a ella… porque su vida le pertenecía, porque ella lo convirtió en lo que él era en esos momentos…

Salió de la ducha tan feliz como había entrado, imaginar nuevas formas de sorprenderla, de demostrarle lo que sentía, de hacerle bien, se había convertido en el mejor pasatiempo. Se vistió y se dispuso a preparar un bocadillo rápido, luego de comer iría a un gimnasio cercano a entrenar como cada día. La vida finalmente lo trataba bien…

Escuchó un fuerte golpe en su puerta que lo alertó, el siguiente golpe logró tirarla abajo, saltó sin esfuerzo por encima de la mesita colocándose en guardia, la sangre se congeló, y la respiración se detuvo por un instante cuando la vio.

-Cornelia…- Murmuró observando con una mezcla de temor y sorpresa a los seis enormes hombres que la rodeaban…


Corría desesperadamente, ¿cómo era posible que se hubiera descuidado tanto? Desde hacía días había percibido a esa gente, una elegante mujer seguida por unos hombres de dimensiones sobre humanas, siguiendo los pasos de su prometido. Ellos caminaban por la calle llamando la atención de la gente, preguntando en los lugares que él frecuentaba, entregando dinero, comprando silencios.

Había incluso abandonado su entrenamiento por mantenerlos vigilados, pero un mal movimiento, al parecer continuaba siendo una niña torpe como siempre le decía Ranma, había quebrado su muñeca. Se descuidó, sólo unas horas mientras se revolvía de dolor intentando colocarse a si misma el vendaje, demasiado apretado, demasiado flojo, no podía dar con la configuración correcta. Y entonces cuando creyó que casi lo lograba, sintió su aura, esa a la que se había vuelto tan sensible, esa que él le dejaba sentir sin problemas, estremeciéndose nerviosa, inestable, temerosa… sólo podía significar una cosa… ella no había cumplido con su misión.

Su misión como ella lo llamaba, era protegerlo, cuidar de él, no permitir que nada malo le pasara. Aquel día, luego de correr por esas calles empapadas, luego de lavar su alma con esas dolorosas lágrimas, cuando estaba a punto de marcharse de allí, tomar un tren hacia ningún sitio, sin pensar en su futuro… se descubrió a si misma como aquella adolescente que huyó de sus problemas y que tanto daño causó a la persona que más quería. Él no había hecho nada malo, él había sido una víctima, una víctima de su impulsivo carácter… no podía permitir que la historia se repitiera.

Alguien lo buscaba… él huía de ese alguien, ese alguien quería dañarlo y ella tan egoísta sólo pensaba en escapar. En ese momento lo decidió, y regresando cada cosa a su sitio, volviendo a armar su tienda de campaña, se prometió a si misma cuidarlo hasta el día de su muerte, permanecer cerca suyo, evitando que él la viera, como si fuera su ángel de la guarda… no ella no podía ser un ángel, no después de todo el daño que hizo… entonces sería su demonio de la guarda, lo protegerías y haría lo que fuera por él.

Quiso ocultarse, realmente lo intentó, pero pronto recordó que ella nunca había podido esconderse de él, por ese motivo cada vez que se mudaba de pueblo, siempre lo hacía hacia uno con un bosque cercano, lugares ideales para ella, lugares que incluso lo ponían en riesgo ya que determinaban un patrón muy claro. Para él, era más importante tenerla cerca que encontrar un buen lugar para ocultarse.

Subía la quinta de diez escaleras, ya estaba muy cerca de él, y sentía con dolor su aura debilitándose cada vez más, él se había esforzado más allá de los límites humanos para volver a ser el mismo de antes, pero aún no poseía todas sus habilidades y podía hacerse una clara idea de los golpes que debía estar recibiendo.

-¡Hyaaa!- salió de sus pulmones mientras caía con una patada voladora sobre uno de los tipos que lo golpeaban.

Al entrar no se había detenido a observar la situación, no le importaba donde estuviera ubicado cada uno de los hombres que lo atacaban, lo único que le importaba era que dejaran de golpearlo, que ya no lo debilitaran más o tirarían por la borda todo lo que tanto le costó avanzar.

El tipo a su derecha no le costó trabajo, un gancho directo a la mandíbula con el ángulo perfecto y no molestaría por un par de horas, su muñeca quebrada se deshizo por dentro, pero poco le importó, el de su izquierda requirió un par de golpes y una patada, pero no le tomó más que un par de segundos dejarlo fuera de combate, y entonces… debía admitirlo, se confió.

Aún sabiendo que a sus espalda estaban esos tres tipos aún en pie, y esa mujer extraña que tan mal presentimiento le había dado desde que la vio por primera vez, se tomó unos instantes para verlo. Era su pequeño placer personal, había pasado tantos años siguiendo su aura, pero nunca se atrevió a espiarlo, ni siquiera a seguirlo mientras salía a trabajar, no quería rendirse a la tentación de regresar a sus brazos, no era correcto, y ahora necesitaba verlo, estudiarlo por completo, reconocer sus rasgos, los que habían cambiado, los que continuaban intactos.

Sus ojos… tan hermosos como siempre la observaban asustados, temblorosos, temiendo por ella. ¿Qué esperaba, que se quedara tan tranquila mientras esos tipos le daban la golpiza de su vida? Ella le sonrió, esa sonrisa tranquilizadora que hacía tanto que no usaba, y él respondió de igual forma, con un brillo de decisión en su mirada, quizás pensando en como sería volver a luchar juntos, hombro con hombro… nunca pudo preguntárselo.

Entonces escuchó ese inconfundible sonido, ese que conocía sólo por películas de acción, pero que en esos momentos aterraba por su realidad, alguien le quitó el seguro a su arma, luego dos sonidos muy parecidos… ella fue rápida, muy rápida. Por suerte para ella, por desgracia para él… Ranma, abstraído en inoportunos sueños donde ella era la única protagonista, no fue tan rápido… no comprendió lo que sucedía hasta que la sintió lanzándolo al suelo bruscamente.

La acribillaron, tres armas de alta cadencia agotaron su munición en ella, a ninguno le importó el hombre que horrorizado sentía como su felicidad se extinguía, viéndola sin poder apartar la mirada, en un acto tan doloroso como plagado de perversa morbosidad, sin perderse los últimos instantes de vida de la única cosa en el mundo por la que valía la pena continuar.

Su cuerpo agujereado por completo, sus órganos internos destrozados, la sangre abandonando su cuerpo con demasiada velocidad… nada era suficiente para acabarla, no hasta sentirlo una última vez, no hasta transmitirle ese imperioso pensamiento que seguramente su desgarrado cuerpo le impediría decir con palabras.

No podía ver, pero podía sentir… dolor, demasiado dolor, pero también calidez y ese alivio de saberlo abrazándola, y como si fuera un milagro las palabras salieron.

-No me busques… estaré en el infierno…- con sus ojos aún abiertos, el último resquicio de vida se le escapó sin llegar a escuchar el grito agónico, que hizo retumbar las paredes, el sonido de un alma muriendo dentro de un cuerpo vivo.


Con ella en sus brazos, las lágrimas cubriendo la visión y su cuerpo ardiendo por dentro, temblando ante el peor de sus temores, supo que en ese momento acabaría esa maldita pesadilla.

Ese monstruo engalanado en un traje de diseñador francés, continuaba riendo escandalosamente como lo hubiera hecho desde que fue disparada la primer bala, él le permitió reír, le permitió hablar… él ya no pensaba… quedaba en su interior apenas una pequeña gota de cordura, y no la gastaría en esa cosa.

-¿Creíste que buscaba matarte a ti, verdad?- preguntó sin esperar obtener una respuesta –Estúpido, jamás me importaste tú… quería matarla a ella… a la culpable de tu desprecio, frente a tus ojos. Siempre supe donde estabas, no importaba cuanto huyeras, nunca pudiste despistarme, el verdadero reto fue encontrarla a ella, pero tú me hiciste las cosas muy fáciles, la encontraste por mí.

Él parecía no escucharla, no importaba… ella relataría su gran plan, y luego se marcharía dejándolo allí, no necesitaba ver como se suicidaría una vez solo, a un lado del cuerpo de su amante, imaginarlo una y otra vez de distintas formas era más reconfortante.

-Cuando supe que ambos viajaban juntos, decidí darles un tiempo, el suficiente para que ya no pudieras vivir sin esa maldita… no tengo que explicar el resto de mi plan, ¿Verdad?

Silencio, sólo unos segundos de silencio era todo lo que necesitaba, y entonces utilizó lo que conservaba de cordura en quien realmente importaba…

-Allí iré también…- respondió a su prometida acariciando su rostro –Sufriremos juntos… por siempre.

No necesitó pronunciar el nombre de la devastadora técnica, tampoco le llevó eternos segundos concentrar su energía negativa, los presentes sólo alcanzaron a ver ese aterrador aura de un ébano tan intenso que lo cubrió todo en un instante, y entonces… todo acabó para ellos.

Nunca más miradas cómplices…

Nunca más sonrisas…

Nunca más discusiones…

Nunca más disculpas…

Nunca más sueños…

Nunca más oportunidades para ser felices…

FIN

No le presten atención a la última parte, necesitaba rematar el fic con algo.

Bueno emm… ok ya pueden matarme, ya acabó, aunque si quieren hago el epílogo 2 y mato a los personajes que me quedaron vivos XDD.

Nos leemos pronto, planeo continuar con Mariposa de Cristal.

Gracias por seguir esta historia.