PERDÓOOON POR LA DEMORA!
Creo que no engo excusas, esta vez.
Canción: Lonely lullaby, de Owl City
Disc: nada mío!
El que busca la verdad corre el riesgo de encontrarla.
Manuel Vincent
— Maldito clima — murmuró, cuando una gotita de agua cayó justo en su mejilla —. ¿Cómo es posible que ahora llueva, cuando hace unos minutos estaba soleado? — miró a la mujer, esperando una respuesta que nunca llegó —. ¿Rangiku-san...?
Matsumoto desvió su vista del paisaje que se extendía a sus pies, y miró a Hisagi.
— ¿Me hablabas, Shuhei? — preguntó, con ojos tristes.
Hisagi se sorprendió por la mirada que le dirigía Rangiku. Se acercó unos pasos a ella y la miró fijamente.
— ¿Te encuentras bien?
Matsumoto forzó una sonrisa, pero ésta no llegó a los ojos.
— Claro — dijo, desviando la mirada.
Mentía, claramente. Mil preguntas iban y venían en su cabeza.
—Definitivamente es ella.
Matsumoto miró a Hinamori. El golpe del hollow le había provocado un profundo corte en el hombro, dislocándoselo. Dirigió su vista al rostro de la joven. Llevaba el cabello suelto, cosa que muy pocas veces había visto en Momo, cuando aún era teniente del Gotei 13. El flequillo le cubría la mitad de la frente. La misma contextura, las mismas facciones. Todo en ella era su vida pasada, vida que ella desconocía.
Casi como para percatarse de que no fuese una aparición o algo por el estilo, Matsumoto llevó su mano a la mejilla de Hinamori. La sintió tibia.
— ¿Puedes curarla? — habló de pronto su capitán.
Matsumoto salió de su ensimismamiento y miró a su Capitán.
—Creo que puedo devolverle el hombro a su lugar — dijo, recordando una fugaz lección de Unohana Retsu —. Solo debemos cortar la hemorragia. Pero... Taicho...
Hitsugaya cerró los ojos, pensativo.
— Sé lo que dirás — dijo, simplemente.
Una suave brisa alborotó levemente los cabellos de Rangiku. Dirigió la mirada al cielo: unas grises nubes comenzaban a cubrirlo.
— Taicho...
— ¿Puedes curarla? — repitió el joven capitán, con el mismo desinteresado tono de voz.
Matsumoto torció el gesto: no podía permitirle a su Capitán que conservase la memoria de Hinamori intacta. Después de todo, ella era humana.
Pero Hitsugaya, luego de que su teniente sanara el brazo de Momo, tomó a la chica entre sus brazos, y desapareció de su vista.
Suspiró. Prefirió volver a rondar junto a Hisagi, como Hitsugaya le había ordenado. No quería meterse en los asuntos de su Capitán. Claro que esos asuntos había dejado de ser personales hacía mucho tiempo.
— Rangiku-san...
Pero si Hinamori estaba con vida, ¿había alguna posibilidad de que Gin...?
Sacudió la cabeza, apartando esa idea. ¡El sólo hecho de encontrar un alma reencarnada, era casi imposible! Dos, era inpensable.
— Olvídalo — se dijo a sí misma, aunque Hisagi pensó que le hablaba a él.
Le dió la espalda al hombre que la miraba sin entender, y, utilizando un shumpo, desapareció de su vista.
¿Qué era esa molestosa sensación? Como si pequeños alfileres le rozaran suavemente los párpados, las mejillas, la nariz. Quería que la dejaran dormir, perderse en el mar de su inconciente. Seguir soñando con la niña del kimono, la anciana de sonrisa triste, la nieve, sandías, el crepúsculo, un par de ojos turquesa...
El dolor. Sintió como si una cuchilla se le clavara en el hombro. Quiso chillar, quiso apartar ese dolor que le hacía volver a la superficie, dar un hondo respiro, abrir los ojos con pesar. Observar a su alrededor y percatarse de que todo era la realidad. Que estaba acostada sobre el duro concreto de lo que creyó ser la azotea de un edificio, que el dolor era tan real como lo era el frío material en el que yacía, que era la lluvia aquella molesta sensación, que un joven de cabellos blancos la miraba atentamente, sentado unos metros alejado de ella, vestido de una curiosa manera.
Se incorporó con dificultad, y enseguida se lamentó de ello. Se le cortó la respiración. Volvió a posar la cabeza en el suelo, cerrando los ojos con fuerza para tragarse un aullido de dolor. Llevó una mano a su hombro. Lo tenía vendado.
— Creo que deberías quedarte quieta de una vez por todas — habló Hitsugaya tranquilamente, aunque ocultando la preocupación que sentía por la chica.
— ¿De una vez por todas? — preguntó Hinamori con la voz ronca.
Hitsugaya torció el gesto en una media sonrisa casi imperceptible, que Hinamori logró captar.
— Te dije que no me siguieras.
Entonces, una ola de recuerdos golpeó a Hinamori: una extraña silueta, Hitsugaya corriendo hacia ella con una katana en sus manos. Un beso, palabras que no fueron pronunciadas por ella, pero que salieron de sus propios labios. Pero, sobre todo, un lapso en que su cabeza se llenó de memorias, que definitivamente no le pertenecían a ella... o eso era lo que creía.
Miró confusa hacia el cielo gris, mientras las que eran antes pequeñas gotitas se convertía en una tormenta, que la empapó de los pies a la cabeza.
Hitsugaya se incorporó y se acercó a ella.
— Será mejor que te lleve a tu casa — le dijo, mientras se inclinaba a su lado y le ayudaba a incorporarse, poniéndo una mano en su espalda.
— No — dijo Hinamori, cortante —. No dejaré que me lleves a ningún lado hasta que me expliques.
Toshiro la miró inexpresivamente.
— ¿Que te explique qué? — preguntó.
Hinamori se puso de pie dificultosamente, al mismo tiempo que Hitsugaya. Éste no retiró la mano de la espalda de Momo.
— Todo — contestó.
Hitsugaya, sin contestar, la guió a un sector cubierto. Allí, Hinamori comprobó que efectivamente se encontraban en el techo de un alto edificio. La vasta ciudad se desplegaba a sus pies.
— Empezando — continuó Hinamori —, con cómo llegamos aquí.
Hitsugaya no supo qué contestar. Sabía que Hinamori se empeñaría e insistiría en saber qué había sucedido. Pero, ¿podría aprovechar esa ocasión para decirle todo lo referente a su antigua vida?
Pero antes de que pudiera separar los labios para hablar, Hinamori lo interrumpió.
— Estoy... muy confundida, Shiro-chan.
¿Shiro-chan?
— Tengo... tantas memorias — continuó Hinamori —. Recuerdos... que no son míos.
— Son tuyos — dijo Hitsugaya, esperanzado.
Entonces, Toushiro tuvo una idea. No tendría que decirle nada. Sus propios recuerdos le revelarían la verdad.
— Piensa, Hinamori. Piensa más allá de tu vida — se le ocurrió.
— ¿De mi vida? ¿De... de qué hablas?
La cabeza le daba vueltas, y más con lo que le exigía Hitsugaya. ¿Pensar más allá de su vida? ¿Cómo haría eso?
— Concéntrate — le dijo Hitsugaya, tomándola delicadamente de los hombros.
Hinamori cerró los ojos, repasando su vida, buscando su más antiguo recuerdo.
— No... no puedo — dijo —. Por favor, Hitsugaya-kun, explícame — imploró.
— No — contestó Toshiro con una nota de ansiedad en la voz. Por supuesto que quería confesarle todo a viva voz, pero debía hacer que ella recordase por su propia cuenta —. Tú puedes hacerlo, Hinamori.
Momo abrió los ojos, y observó los turquesa de Hitsugaya. Al hacerlo, miles de confusos y borrosos momentos se le vinieron a la mente.
— Recuerdo — dijo, concentrándose — estar en una sala de hospital.
Hitsugaya, ansioso, asintió con la cabeza, esperando a que siguiera hablando.
— Es todo — continuó Hinamori.
Toshiro suspiró, y dejó caer los brazos a ambos lados del cuerpo, decepcionado.
— Tendrás que hacer un mejor intento, Moja-camas.— Cruzó los brazos, y le dió la espalda, comenzando una pensativa caminata.
Pero dentro de la cabeza de Hinamori, el sobrenombre que Hitsugaya le había mencionado hizo eco.
— ¿Moja...camas? — murmuró, luego de un minuto de silencio.
Hitsugaya detuvo su paseo, pero continuó dándole la espalda a la chica, quien guardó silencio por un momento.
— Yo... — continuó, vacilante — tuve una pesadilla y... le pedí a la abuela que no te dijera — Hinamori apoyó la espalda en la pared y se dejó caer suavemente —, pero apareciste de todas maneras, Shiro-chan... no te gustaba cuando te despertaban... — calló.
Hitsugaya se volteó. Hinamori se abrazaba las rodillas con el brazo sano, con la vista perdida.
— Continúa — le dijo.
Al sonido de su voz, Hinamori levantó la vista hacia él.
— Fue la única vez que me pasó... pero, aún así — abrió más los ojos —... aún así, seguiste llamándome así, Shiro-chan...
Hitsugaya se acercó a ella, a medida que pronunciaba esas palabras, y se dejó caer de rodillas en frente de ella,sorprendido. No creía que su plan de hacer que Hinamori recordara funcionaría.
— Shiro-chan... — repitió Hinamori, cortándosele la voz.
Hecho.
Hitsugaya sonrió de medio lado, suspiró y cerró los ojos, con alivio.
— Bienvenida de vuelta, Moja-camas.
Ignorando el dolor físico y las lágrimas que brotaban de sus ojos, Hinamori se lanzó a los brazos de Toshiro. Éste, como cada vez que ella lo abrazaba, se quedó perplejo, sin saber qué hacer.
— Te juro — dijo la chica, entre sollozos —... te juro que en este minuto... estoy... realmente confundida... Shiro-chan — levantó la cabeza del pecho de Hitsugaya y lo miró a los ojos —. Pero estoy tan feliz... tan feliz...
Toshiro sonrió de medio lado, tratando de mantenerse sereno. Levantó ambas manos y las posó suavemente en las llorosas mejillas de la chica, observándola durante largo rato. Hinamori le devolvió la mirada, sonriendo tras sus sollozos. Sentía una dicha tan grande en su interior. Aún así, su cabeza le dolía a morir, pues los recuerdos de su vida pasada poco a poco se hacían presentes de manera cronológica. Lentamente, minuto a minuto, Momo volvió a experimentar cada uno de sus recuerdos: las puestas de sol con su mejor amigo acompañadas de sandías, el ingreso a la Academia, el ascenso a teniente. Otros, que no le agradaron para nada: la traición de Aizen, los largos días en coma, la soledad, la espada de Toshiro atravesando su pecho.
Soltó un respingo con éste último.
— ¿Sucede algo? — preguntó preocupado Hitsugaya, mientras Hinamori deshacía vacilante el abrazo, y lo miraba con preocupación, concentrándose al máximo.
Entonces, otro recuerdo se hizo presente: el de una larga conversación con su amigo, terminada en un fraternal abrazo. Luego, la misión a Hueco Mundo, el contagio, la larga agonía, y, finalmente, la muerte.
— Lo recuerdo ahora — murmuró Hinamori. Sonriendo radiantemente, acercó sus labios a los de Hitsugaya y lo besó, al principio con timidez, pero luego con más confianza. Había reconocido lo que era suyo.
Hitsugaya recibió el beso algo perplejo. Tenía tantas preguntas en la cabeza. ¿Por qué Momo recordó todo tan repentinamente? ¿Conservaba los recuerdos de su vida actual?
Pero el sentimiento de extrañeza desapareció por completo al asimilar lo que ocurría. ¡Hinamori recordaba todo! ¡Y lo estaba besando!
Muy a su pesar, tomó a Momo de los hombros y la apartó unos centímentros de él.
— Espera... Hinamori — dijo, contra su voluntad.
La razón antes que los sentimientos, recordó mentalmente el joven Capitán.
Sonrió levemente para restarle importancia a su reacción.
Hinamori asintió comprensiva y miró al suelo, avergonzada de su acción. Tan sólo no pudo evitar hacerlo. ¡Tanto tiempo sin ver a Hitsugaya!
Hitsugaya iba a abrir la boca para hablar, pero una musiquill
a lo interrumpió. Hinamori se sobresaltó, y muy a su pesar sacó su celular del bolsillo de su chaqueta. Le Echó un vistazo al indentificador de llamadas.
— Diablos — murmuró. En la pantalla del celular, salía escrito el nombre de Eitaro —. Lo había olvidado.
Hitsugaya suspiró.
— Me parece que lo más sensato es que conversemos todo esto en otra ocasión — dijo, poniéndose de pie —. Estoy seguro que hay muchas cosas que tenemos que aclarar.
Hinamori tomó la mano de Hitsugaya le ofrecía, y tiró de ella para incorporarse. Entonces, Toshiro puso un brazo bajo sus rodillas, y el otro en su espalda, para levantarla.
— Podríamos haber usado las escaleras — dijo Hinamori, mientras Hitsugaya tomó impulso para saltar.
— Prefiero el modo más... convencional. ¿Dónde deseas que te deje?
— En mi casa.
Hinamori se acurrucó contra el pecho de Hitsugaya, tratando de evitar las gotas de lluvia que le golpeaban violentamente el rostro.
Tenía tantas, tantas preguntas en su cabeza, que necesitaba saber la respuesta. Pero por el momento, se contentó con la certeza de que hablaría con Toshiro.
Levantó el rostro y observo su seria mirada. Lentamente, llevó una mano a su mejilla, y Hitsugaya enseguida bajó la vista hacia ella, frenando sus pasos.
— ¿Por qué...? — no alcanzó a preguntar por qué se habían detenido, ya que fue silenciada con los labios del albino contra los suyos.
Por un minuto, olvidó todo, y se concentró en ese pequeño momento de felicidad.
Juuuu, por fin! lo que todos estaban esperando!
jaja, bueno. No hay mucho que decir, salvo, por supuesto, mis infaltables agradecimientos... snoogle goo, Neko no me, (x3), Any-chan15, y celebrar mi medio centenar de reviews con SkyHikari-Lyon
Yujuuuu, y gracias a aquellos que se tomaron en tiempo de leer!
próximo capítulo: Recuerdos
BYE!
