Disclaimer: Los personajes no son mío, pertenecen a Takao Aoki; y Sin City tampoco es mío, la idea pertenece a Frank Miller. Ahora bien, cualquier diferencia con sus ideas originales no es de ellos, es totalmente mía.

Advertencias: Lemon hetero! (sí! Mi primer lemon hetero :D)

Aclaraciones: Las palabras o frases en kursiva son pensamientos concretos del protagonista/narrador, así como también recuerdos/sueños/etc.

Extras: recomiendo que escuchen Black Velvet, de Alannah Myles mientras leen o antes de leer o durante una de las escenas de "baile"

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Capítulo VIII: Black Velvet

Fue una grata noticia la que me trajo esa joven de hermosa figura, ellas se conocían y es más, trabajan juntas, lo cual es muy positivo para mí. Maté dos pájaros de un solo tiro, mi plan va saliendo como podría ser. Si bien no llegué a ver a Hiromi la noche anterior, podré verla esta misma noche. No importa si mis heridas no han sanado aún, siempre he sido un hombre muy fuerte, tanto como para vencer aún con una costilla fracturada.

Resultó que el destino estaba de mi lado, algunos dirán que Dios es quien está de mi lado, pero no puedo creer en un ser que, con un supuesto don que me entregó, me haya dado semejante maldición como lo es mi fuerza. No creo que un ser pueda ser bueno y condenar a uno de "sus hijos" a esta clase de sufrimiento. Simplemente es un dios en el que no creo. No obstante, quizá no he sido más que el hijo olvidado de ese tal Dios, y se ha acordado de mí justamente en estos momentos, donde más lo necesito. Pues una mujer muy especial e importante en mi vida trabaja en el Black Velvet, esta noche, junto con Aleksandra Scherba, la líder de los Majestics; y parece que ambas son muy buenas amigas y que esa es la simple razón por la ésta última me dio esa información.

Sólo me quedaba esperar hasta esa misma noche, cuando el show se llevase a cabo, después de eso podría hablar finalmente con Hiromi Tachibana. Debo admitir que he extrañado a esa mujer, es raro que yo sienta tal cariño hacia algún ser humano, y aunque las mujeres no me atraen ni me provocan sentimientos ni excitación, admito que con ella es algo totalmente diferente. Me recuerda a la atracción que alguna vez sentí y que quizá aún siento, por la madre de mi hijo. Goh debe estar haciendo la tarea a esta hora, su madre siempre fue muy estricta con eso. Nunca fui un buen padre, pero fue el mejor padre que pude ser.

Sin embargo, y cambiando abruptamente del tema de pensamientos, a causa de que aún estoy en esta habitación a modo de cárcel o más bien de habitación, no puedo evitar pensar en estos pobres y miserables sujetos. Aun siendo rechazados por sus propias familias de sangre, ellos insisten en vestirse como si fueran los ciudadanos destacados de Rosenrot aunque saben que si sus parientes los llegan a ver serían probablemente asesinados. Todos hijos de uno de esos reyes sin tronos, sin tierras y con atributos que ni siquiera les pertenecen, y de una ciudadana común, como lo es una mucama, una simple vendedora o inclusive una vagabunda; todas ellas fueron inteligentes, pues por su silencio esos hombres tuvieron que pagarles la vida entera. Todo a costa de que sus hijos fueran prostitutos del Tercio de Sin City, porque ellas sabían que el destino de sus hijos iba a ser pésimo. A veces el mundo puede ser sumamente contradictorio.

Sí… contradictorio. Como ese pelirrojo que ingresó en la habitación y al cual vi salir casi corriendo al verme. No sé qué mosca le habrá picado, pero ese chico tenía una mirada muy desconcertada en sus ojos. Quizá no es más que uno de los tantos pelirrojos con los que me acosté y que no recuerdo, o simplemente el pariente de alguien a quien asesine, no sé qué habrá visto en mi mirada que le hizo salir corriendo. No lo conozco en lo más mínimo, o quizá no lo recuerdo, he conocido tantos rostros y miradas asustadas, aterrorizadas, miradas de odio, de desprecio, de amor, de avaricia, etc, etc, He conocido tantos rostros a lo largo de mi vida que no me podría acordar de todos a menos que esa persona sea más que "uno más".

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Recién regresaba a la iglesia de Santa Quiteria cuando le informaron de la situación, la cual a él mucho no le sorprendió. Era común que Enrique trajera a la guarida, por llamarle de alguna manera, a todo chico que le pareciese guapo, esté o no moribundo. No le importaba mucho que Oliver fuera su novio o compañero de vida o como ellos mismos se autodesignen, quizá tenían una suerte de pacto entre ellos que les daba mayores libertades que las que cualquier pareja común pudiera tener. A veces envidiaba la gran confianza que existía entre esos dos muchachos, pues desde que él estaba con Robert su vida se había vuelto un tanto "mandada" por el mayor, quien apenas sí le dejaba estar con otros sujetos por trabajo. Muchas veces se arrepintió de estar con el muchacho, pero le amaba y el amor te vuelve ciego la mayoría de las veces.

Sin embargo, cuando Robert le avisó a todo mundo que el joven ya había despertado, no pensó que se pudiera tratar de él. Por ello fue que entró en la habitación y no pudo disimular su cara de sorpresa al ver que era el joven de cabello de dos tonos, de bellos ojos carmines y de piel tan pálida quien estaba recostado en la cama semi-despierto. Lo estuvo observando por el tiempo que estuvo dentro de la habitación, sin poder creer que fuera él, pero no había error en sus ojos, no había error en lo que estaba viendo. Ese sujeto medio moribundo que estaba mirando fijamente a su líder era el mismísimo Kai Hiwatari.

No había podido olvidarse del bicolor en su vida, nunca podría haberse olvidado de ese cliente que tuvo hacía un par de años, ya ni siquiera recordaba la cantidad de años atrás. Estaba trabajando en las calles, como todas las noches; aún no formaba parte de Majestics y, por ende, no conocía a Robert. Fue esa misma noche que un muchacho se le acercó, de tez pálida y brillante como la mismísima luna, unos ojos que lo hipnotizaron al momento de verse fijamente y un cabello de dos tonos que le llamó la atención. No era la primera vez que uno de sus clientes le llamaba tanto la atención, pero fue después de esa noche que pasó con él que su corazón comenzó a latir como nunca lo había hecho. Si bien después de recibir el pago por sus servicios no volvió a ver nunca más a ese joven, el recuerdo de su apariencia, de su nombre, el recuerdo que quedó impregnado de sentimientos, se guardó muy profundamente. Tanto así que no pudo ocultarlo de Robert, a quien sin querer llamó Kai en más de una ocasión.

Sin pensarlo dos veces se fue de la habitación, sin siquiera escuchar lo que Kai tenía para decir. Simplemente salió y se quedó apoyado en la pared, como esperando que los demás saliesen de ese cuarto subterráneo. La iglesia de Santa Quiteria tenía pasadizos subterráneos que se habían usado antiguamente para hacer escapar prisioneros y demás personas buscadas por la ley, la mafia y demás organizaciones. Por esa misma razón habían habitaciones y pasillos que nadie había visto, a excepción de ellos que decidieron establecer en ese lugar una suerte de guarida o base para reunirse una vez que fueron ascendidos a grupo comando.

Los minutos pasaron de manera muy lenta para el pelirrojo que no sabía ya qué pensar de la situación. ¿Cómo había llegado Kai a ese lugar?, ¿por qué los habría estado buscando? Por un momento la esperanza de que se acordara de él se hizo presente en su mente; quizá lo estaba buscando a él, pero no. Esa respuesta era totalmente ilógica. Además, el chico no se había mostrado para nada sorprendido ni entusiasmado al verlo, sólo lo había mirado como se mira a cualquier extraño. Su mente no podía seguir manipulando de esa manera la realidad, era evidente que no había ido por él, había ido por algo más. Sin embargo, no pudo seguir maquinando, puesto que pronto la puerta se abrió dejando salir primero a la otra pareja de Majestics, Oliver y Enrique, quienes iban abrazados y riendo de algo. Ellos siempre parecían tan felices, a veces se preguntaba si él realmente era feliz con Robert.

—Johnny —le llamó justamente la persona en la que estaba pensando.

—Robert —le dijo él mirándolo a los ojos pero con cabeza un poco gacha.

—Ese sujeto… —comenzó a decir mientras con la cabeza hacía un ademán, haciendo referencia al que está dentro de la habitación, —es Kai, ¿verdad?

Por un momento el chico comenzó a titubear, a no saber si contestar con la verdad, sabiendo que le generaría un problema, o si contestar con una mentira, que seguramente sería detectada por el otro. Se sentía entre la espada y la pared, no sabía qué contestar en realidad, estaba inseguro e indeciso, hacía mucho tiempo que no se sentía de esa manera. Pero fue un zamarreo por parte de su pareja lo que lo trajo de regreso a la realidad.

— ¡Contesta, maldita sea! —le gritaba mientras le zamarreaba un tanto brusco.

—Sí —respondió finalmente el pelirrojo, siendo esa la verdad. Si bien eso le traería un problema, prefería afrontar todo con la verdad. —Ese sujeto es Kai.

Ante la respuesta Robert dio dos pasos hacia atrás y le miró casi estupefacto, sin poder entender qué era lo que estaba haciendo. Era obvio que ese tipo era Kai, lo supo desde que vio a Johnny entrar e irse tan rápido como lo hubo visto por completo. No era una mentira de su mente, no era un invento de su vista, era la cruda realidad que lo estaba enfrentando cara a cara, como debía ser. El principal problema de ello era que no estaba dispuesto a aceptar fácilmente. Dentro de esa habitación estaba el sujeto que por noches le ha llevado a peleas con su pareja, él amaba a ese pelirrojo engreído y estúpido que tanto le hacía sufrir con la simple mención de "Kai". Detestaba ya ese nombre, detestaba a ese hombre dentro; se arrepentía completamente de haberle ayudado.

Con un atisbo de indignación, Johnny bajó la cabeza sabiendo que la pelea sería inevitable. Una vez Robert vio eso un arrebato de rabia le invadió, y sintió un gran enojo hacia su pareja. La reacción que tuvo el muy desdichado muchacho fue levantar la mano y acertar un golpe seco en la mejilla del otro, que lo tomó tan por sorpresa que lo tiró al suelo. El ruido seco que hizo el chico al caer y cómo tomó su mejilla, donde una marca roja en forma de puño se hizo presente, hicieron ver a Robert que él no estaba arrepentido. Johnny aún amaba a aquel estúpido que hasta lo había olvidado, y Robert siempre sería la segunda opción, el reemplazo, el "otro"; no soportaría eso. Simplemente se volteó y comenzó a caminar por el pasillo, dejando a un desconcertado y aturdido pelirrojo tirado en el pasillo con las lágrimas atoradas en su garganta y sin poder brotar de sus ojos.

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—El Black Velvet —murmuré mientras me acercaba al cabaret más popular de esa zona de la ciudad. Antes había frecuentado este lugar, cuando no era tan popular y estaba en sus inicios, si bien no creo que queden conocidos en ese sitio, siempre es bueno prevenir. Es por esa razón que me coloqué esta suerte de capa con una capucha, muy incómoda por cierto, pero efectiva, pues oculta mi cabello y la sombra que proyecta sobre mi rostro hace invisibles mis ojos. Cabello bicolor y ojos rojos son fáciles delatores de quien soy realmente, es por eso que debo ocultar esos dos rasgos. Más si aún no sé si la mafia sabe dóndes estoy.

Shura ya había ingresado al lugar por la puerta de atrás, la puerta que llevaba a los camerinos de los actores y actrices, aunque recuerdo que sólo se hacían espectáculos con mujeres. Si las cosas no han cambiado mucho, supongo que seguirá siendo la misma temática de antes. La verdad es que ha cambiado la calidad de clientes que hay en este cabaret, antes solían venir personas de alto poder adquisitivo, ahora entra cualquiera. Parece más un sucucho de mala muerte que el Black Velvet que yo conocía. Es patético que hayan cambiado su reputación por un poco de dinero de más, es simplemente patético de su parte.

Una vez ingresé al lugar, contemplé a mi alrededor y la verdad es que la arquitectura y la ambientación no han cambiado mucho, un par de cortinas más, un par de mesas más y quizá uno que otro cambio mínimo. El color azul marino y el negro siguen predominando en toda la sala, mientras que las mesas siguen siendo redondas y con manteles largos; hay dos ventanas que seguramente fueron colocadas para que el humo del cigarrillo no se quede encerrado aquí, un tragaluz que seguramente cumple la misma función que las ventanas, sillas poco adornadas pero cómodas. Definitivamente no han cambiado en nada. Las mozas que atienden el lugar siguen estando a medio vestir, y es por eso que la calefacción aquí dentro es muy alta y por ese motivo no traje mucho abrigo. Por los rostros de los presentes y por cómo hablan con las mozas, sigue siendo como era antes, ellas son prostitutas que ofrecen sus servicios y si les parece adecuada la paga hacen tratos con los clientes del cabaret para tener una cita esa misma noche. Los negocios se hacen rápido en Sin City.

Una vez me senté en la mesa una de las mozas se me acercó, con un tono dulce y fogoso me preguntó qué deseaba. Sé que ella necesita dinero y trabajo, sé que ella necesita que yo le pregunte cuánto cobra o que por x cantidad de tiempo le daré x cantidad de dinero, pero ese no es mi fin en este momento. Simplemente quiero una bebida para disfrutar del espectáculo, no quiero pagar por sus servicios. Perdona, pero no siento nada hacia ti. Pedí un Chaleston, un cóctel que recuerdo hacían muy bien en este lugar. Si mi memoria no me falla, un Chaleston está hecho de ginebra, vermut seco, vemut dulce, un poco de curaçao, Cherry brandy y kirsh. Muy rico a mi consideración, en este lugar siempre han hecho buenos tragos o cócteles.

Pasó un breve lapso de tiempo entre que me trajeron mi bebida, la cual estaba tan buena como la recordaba, y que las luces, ya tenues de por sí, se comenzaron a apagar lentamente. Si bien el ambiente se tornaba cada vez más oscuro, eso no implicaba que se hiciera menos cálido, pues esa es una de las mejores características de los cabarets de Sin City. Las tinieblas significan únicamente ausencia de luz, no hay un día o una noche, siempre está oscuro, siempre hay tinieblas, es por ello que las tinieblas ya no atemorizan a nadie. Los seres de Sin City se mueven en la oscuridad y eso no los hace demonios, quizá sí los haga monstruos, pero no demonios. Los demonios se arrastran y arrastran a las penumbras, pero los monstruos sólo causan destrucción a su paso, sea en la luz o en la oscuridad.

Pronto pude ver cómo algunos reflectores enfocaban una esquina del escenario, donde descansaba una guitarra eléctrica color negro y blanco junto a una banqueta forrada de terciopelo azul y frete a ella un micrófono. En medio del silencio que se había hecho en ese lugar, una figura femenina hizo presencia en el halo de luz de la esquina. Era Aleksandra, maquillada y vestida para la ocasión, y se veía bastante hermosa a mi parecer. Sus curvas eran bien acentuadas por esa campera de cuero negro que llevaba encima y el largo de sus piernas se dejaba ver a través de esas botas altas con tacos altos. Quizá lo que la hacía ver un poco grotesca, denotando que efectivamente es una prostituta, son esos micro-shorts o pantalones extra cortos, que no dejan nada a la imaginación y un corsé negro semi-abierto con un importante escote. De todas maneras, se ve bien, muy bonita para ser mujer.

Con lentitud y una gracia sutil para que los presentes podamos apreciar su figura bien trabajada y abusando de sus curvas, caminó un par de cortos pasos hasta sentarse en la banqueta, tomar la guitarra y colgársela, lista para ser tocada por sus finos y dóciles dedos. Acto seguido, acomodó el micrófono a su altura. Cerró los ojos y movió sus labios en un fino acto de seducción, como si buscase hacer derretir a su público con el sólo tono de su voz.

—Bienvenidos al Black Velvet —habló en ese tono entre susurrado y seguro, se podría decir que hasta a mí se me erizó la piel al escucharla. Es muy buena esta mujer, realmente parece que disfruta de lo que está haciendo en este momento. —Espero que disfruten del show —dijo finalmente y bajó la vista, mirando la guitarra. Después acariciándola sutilmente, con la yema de los dedos; lento, suave, mortal se podría decir. No podía quitar mi vista de esa mujer, hasta que comenzó a tocar la guitarra con mucha habilidad.

Pronto el sonido de la guitarra comenzó a escucharse en medio del cabaret, un simple acorde, simples notas al viento que hacían que la mente viaje a otros lugares. Ahora recuerdo porqué me gustaba venir a los cabarets, más allá del buen sexo que pudiera conseguir después de ello, ayudan a distraer la mente. La magia de esas mujeres hace que vuele por lugares a los cuales nunca podría llegar sin ellas. Al sonido de la guitarra se le unió el de una batería y quizá muchos más instrumentos que no sé distinguir a causa de mi falta de agudeza de oído. Sin embargo, fue en el primer cuasi suspiro, que Shura dejó salir antes de comenzar el canto, que hizo acto de presencia la única mujer más bella que cualquier otro hombre.

Acompañada por la voz melodiosa y armónica de la joven de rulos negros como la noche, Hiromi Tachibana aparecía en el escenario con un gran tapado negro que cubría su bello cuerpo y unas sandalias de taco alto. Detrás de ella, imponente e infaltable, estaba el Caño. Sí, así como suena, un simple caño que va desde el suelo hasta el techo y que le permite hacer cualquier tipo de acrobacias. Esta técnica acrobática, que comenzó siendo un baile popular en las calles, al implementarse el striptease se lo condenó a las tinieblas de los cabarets.

Con la música de fondo y sus caderas moviéndose al ritmo de la música, sus brazos de manera tentativa tomaban el abrigo con ánimo de abrirlo, pero no lo hacía como parte del show que nos estaba ofreciendo. Todos los ojos estaban puestos en ella. Un silbido de algunos borrachos del lugar se dejaron escuchar por sobre los acordes que Aleksandra tocaba, mas la atención ya no estaba puesta en ella, sino en la bella castaña bailarina. Oh dios, había olvidado lo hermosa que puede ser esta mujer sobre el escenario.

Dio un par de vueltas sobre sus tacones y quedó de espaldas al público, mientras comenzaba a caminar de una forma sensual y atractiva, como una modelo de pasarela, hasta el Caño. No obstante, antes de subir a él y comenzar a hacer acrobacias, dejó caer el abrigo que la mantenía oculta a los ojos de su público. No constaba con mucha ropa encima, pues unos pantalones ajustados y una campera ajustada también la cubrían, seguramente tiene una prenda más debajo de esa campera, y su ropa interior. Saber que puede llegar a no contar con algo abajo es lo que despierta el deseo de su público por verla. Creo que el mayor secreto de las prostitutas no es lo mucho que muestran en las calles, sino dar a entender que no tienen nada debajo de sus ropas.

Al ritmo de los acordes y con esa sonrisa encantadora que deslumbra a los presentes, Hiromi comenzó a hacer las acrobacias en el objeto inanimado. La delicadeza con que realizaba cada destreza me dejó sorprendido y me retrotrajo a mis encuentros sexuales con ella. Candente, apasionada, tan imponente como sumisa a mis deseos, así como ella misma me llevaba hacia los suyos. La única mujer que me llevó por todas las emociones que alguna vez pude sentir desplegando sus habilidades en ese escenario que no puede ser otra cosa que su trabajo. A medida que el tiempo pasaba, se iba deshaciendo de sus ropas que, tal y como supuse, no eran muchas.

Con los gráciles movimientos de sus manos primero se quitó la campera que separaba la vista de una remera sin margas, extremadamente corta que dejaba al descubierto su abdomen con un piercing en el ombligo que brillaba en medio de su piel blanca. Luego le siguieron otras destrezas acompañadas de sensualidad y de gestos provocativos, para finalmente llamar, con un guiño y un dedo, a un invitado del público. Así fue como me quité los lentes y la contemplé fijamente, notando como ella clavaba su mirada en la mía. Hubo un momento de duda, mas después hubo mucha seguridad y una sonrisa involuntaria que se dibujó en su rostro. Fueron segundos, cortos segundos, donde ella entendió que yo estaba aquí; pero llamó a otro sujeto que fue el encargado de quitar con cierta brutalidad la remera para dejar al descubierto su sostén de encaje con algunos brillos.

Casi de una patada, Hiromi bajó al tipo del escenario para seguir haciendo su show con total libertad. Por alguna razón sentí que lo que ella siguió haciendo en escena iba dirigido a mí, cómo si ella con esos gestos quisiera demostrar su alegría por saber que estoy vivo y que fui a verla pese a todo. No podía evitar pensar de esta manera cuando notaba que sus ojos me veían fijamente cuando giraba, cuando se colgaba de la barra y cuando bajaba de ella.

En un breve segundo, donde la música volvió a bajar de tono y se volvió lenta y rítmica, donde el sonido de la guitarra de Shura era el único fondo de la escena, la bailarina se paró de costado al público y con delicadeza se quitó la única prenda que la separaban de quedar completamente en ropa interior. Los pantalones bajaron por sus piernas con una lentitud casi torturadora, y los aplausos de los presentes se hicieron escuchar con prontitud. Tomando sus pantalones con ambas manos y jugando con ellos como se le cantara la gana recorrió el escenario, mostrando su hermosa figura en todo su esplendor. Más allá de lo grotesco que le sentaba esa tanga negra sin brillo alguno y hecha casi con hilos que en cualquier momento se podrían cortar, es una bella mujer. Suerte de aquél que se haya ganado su corazón.

En un momento ella bajó de ese escenario que la separaba del público y bailando entre las mesas se mostraba tan sensual y altanera como lo era siempre. Sonreí al verla de esa manera. Así es como es ella, altanera, egocéntrica, creída e inclusive sensual y seductora, su solo andar hacía que todos se derritieran por ella. Llegó hasta mi mesa y se sentó encima, reí por la naturalidad con la que actuó y por esa simple razón le convidé de mi bebida. La chica con gracia y con seductora desconfianza tomó el vaso y bebió un poco, después hizo una mueca de desagrado, se inclinó sobe la mesa y me besó. Fue un beso fogoso, donde ella fue muy demandante aprovechando mi desconcierto y sorpresa, pero donde nuestras lenguas danzaron visiblemente para excitación de los demás presentes. Oh diosa majestuosa, podrías tener el mundo a tus pies si así quisieras.

Luego de volver al escenario y escuchando la voz de Aleksandra, supe que el show estaba por llegar a su fin. Hiromi bailó un poco más, utilizando el caño como soporte y pude notar que ella se sujetó en un rápido movimiento el pelo con un broche. Hizo una de las poses más difíciles y complicadas que recuerdo que antes no podía hacer. Al parecer, ha practicad mucho y se ha superado a sí misma. Sonreí al ver la evolución, me encanta ver que ella pueda progresar y superarse. Supongo que esta mujer también despierta mi lado humano.

Durante el último acorde de la canción y mientras Hiromi deshacía la pose que había logrado, en un movimiento sutil y rápido, ella misma se deshizo de su sostén mientras estaba de espaldas al público. Fueron sólo segundos los que permaneció en ese lugar y aun dándole la espalda a los espectadores, cuando la canción terminó. Todos los aplausos y ovaciones se hicieron presentes, parecían un montón de cerdos hambrientos haciendo esos sonidos. Me dan asco estos sujetos, son unos completos idiotas. Me hacen ver que regresé a la realidad, y este no es más que un cabaret de Sin City, una ciudad de porquería con gente de porquería. Ojala Hiromi bailara de nuevo para poder sumirme de nuevo en las ilusiones que su danza me permitía.

Sin embargo, como sé que ella no bailará de nuevo, me levanté de mi silla y, lejos de aplaudirla como los demás cerdos del lugar, caminé hacia el escenario bajo la vista de Aleksandra y tomé el abrigo que Hiromi había dejado tirado minutos antes. Caminé un poco más y coloqué el abrigo sobre sus hombros, a lo que ella reaccionó y cubrió con él su desnudez. Estaba a punto de bajar del lugar cuando ella me miró y sonrió.

—Estas vivo idiota —dijo con una gran sonrisa en su rostro.

—Sigues bailando hermosamente —le respondí y vi como del abrigó sacó una suerte de pase y me lo entregó disimuladamente. Acto seguido, bajé del escenario y me volví a sentar en la mesa. Aleksandra bajó también y comenzó de inmediato con su trabajo de mesera encubierta sólo para conseguir clientes para esa noche. Por mi parte sólo le pedí que me trajera una cerveza, dado que durante el show había terminado completamente mi bebida.

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Tras mostrar la credencial que Hiromi me había mandado, el guardia, con su típica cara de pocos amigos que me hizo aguantarme las ganas de golpearlo directamente en el rostro, me dejó pasar en el camerino de las bailarinas y mozas del lugar. Entré tranquilamente, pues sé que a esas chicas no les molestará que pase aunque ellas se estén cambiando. Las prostitutas no sienten mucho pudor de los hombres, ellas están tan acostumbradas a ser vistas, tocadas y gritadas que ni siquiera se inmutan, simplemente miran y juzgan. Juzgan si alguna persona fue grosera o maleducada con ellas y en base a eso deciden si matarla o no, a veces son simples amenazas, pero ellas tienen muy en claro que son las que mandan en Sin City y que pueden hace y deshacer a su antojo sin que nadie les diga nada.

Sin embargo, una vez entré en el camerino noté que este estaba casi vacío, no había ya prostitutas en este lugar. Al parecer el trabajo es algo que abunda en la ciudad, no sólo abunda contaminación, mutaciones genéticas producto de la contaminación, basura, mugre, lacras humanas e inmundas, gente desagradable, aberraciones de la humanidad, y mejor no seguiré mencionando cosas negativas o desistiré de salvar esta porquería. No obstante, mi pensamiento se tornó positivo al ver que la mujer que buscaba estaba sentada en una silla, vestida sin mostrar de más su cuerpo, con su cartera a un costado y mirando su celular como si estuviera organizando su agenda. Imaginé que sí estaría organizando su agenda, pues siendo ella una de las prostitutas más caras y solicitadas, es normal que tenga muchos clientes. Simplemente me paré a su lado, haciendo notar mi presencia pero sin quitarme ni la capucha ni los lentes, hasta que ella mandó un último mensaje, suspiró con cierta resignación y apoyó la espalda en el respaldar de la silla, acto seguido, me dirigió una mirada con una leve sonrisa.

—Sigues igual de ocupada, como siempre —le comenté levantando levemente mis lentes, para mirarnos directamente a los ojos en una suerte de saludo tácito que nos permitía conectarnos.

—Gracias al cielo, trabajo es lo que abunda en Sin City —. Y como siempre, ella contestaba con mi pensamiento. De no ser porque mi corazón ya le pertenece a alguien más, y sé que el suyo también le pertenece a alguien más, ella ya sería mi novia y ya la habría sacado de todo este mundo horroroso. Espero que logre tener lo que merece y no la mierda que recibe ahora.

Caminamos fuera del lugar mientras Hiromi me explicaba que Aleksandra había sido contratada por un cliente dispuesto a pagar fortunas y que por eso mismo se había ido rápidamente del Black Velvet, pues el tipo estaba dispuesto a pagarle por hora y no tenía límite de horario. Otra cosa que me dijo, fruto de la confianza que me tiene, es que el sujeto era muy guapo, un pelirrojo infartante con ojos cafés. Con esas palabras lo describió sabiendo de mi preferencia hacia los pelirrojos.

Nos subimos a su auto mientras nuestras miradas se cruzaban de vez en cuando en una mezcla de deseos y sensaciones que lejos estaban del amor, que rozaban el cariño y que definía netamente como lujuria. Yo sentía cómo mi cuerpo me rogaba por ella casi tan fuerte como rogaba por un hombre hermoso frente a mí. La primera mujer que me despertó el deseo, la segunda fue la madre de mi hijo, ¿quién sabe qué hechizo tiene ella que hace que hasta un homosexual se sienta atraído? Es enigmático, pero no me genera consternación, a esta altura de mi vida no me interesa mucho encontrar las razones de mi forma de actuar, pensar y sentir, simplemente hago lo que me diga mi cuerpo y mente, y ya. Quizá soy un ser vacío aún, pero así es como he logrado sobrevivir a mi vida tan miserable.

Tras un par de minutos nos estacionamos frente a un hotel bastante bueno el cual recordaba muy bien. En este hotel es donde siempre veníamos con Hiromi, yo solía pagar el hotel con mi tarjeta de crédito tan seguido que ya me habían hecho una cuenta en el mismo a mi nombre, por lo que podía pagar cuando yo quisiese. Lo había utilizado con anterioridad pero no con ella, por eso fue que la deje elegir habitación y tan pronto como pagué, subimos.

Ni bien entramos nuestros deseos se materializaron en movimientos violentos, fuertes besos con mordidas, rasguños y casi desgarramos nuestra ropa en un intento por sentir la piel del otro. Su piel seguía siendo tersa y suave, no tan pálida como la mía pero sin ninguna marca, al contrario de mi cuerpo. Sus besos seguían siendo candentes y su lengua tan juguetona como demandante, mientras que sus mordidas se volvían suaves al enfrentarse con la mía.

Con un empujón cayó a la cama en la cual rebotó sobre las sábanas rojas de la suite que ella misma había elegido, siendo no la más cara pero tampoco la más barata. Me dirigí al gran ventanal que había en ese lugar y cerré las cortinas rojas para que ni la luz ni cualquier mirada pudieran entrar. Acto seguido, me coloqué sobre ella para repartir besos por su cuerpo; mordidas y leves chupones dejaron marcas en sus pechos, no prominentes pero sí con un pezón notorio que me llamaba a morderlo y chuparlo con fuerza. No me faltó tiempo para que mis manos no se contentaran con sentir sus piernas y brazos que se adentraron en su entrepierna ante los jadeos y leves gemidos que salían de su boca. Pude ver como se retorcía de placer mientras mis dedos jugaban con su clítoris, cómo se adentraban en su interior rápido, lento, fuerte y suavemente, provocándole espasmos ante las sorpresas y que me abrazara por la espalda.

Pude sentir sus uñas clavarse en mi espalda, haciendo surcos rojos en ella y causando un leve dolor en mi cuerpo. No es que no esté acostumbrado al dolor, me excita ver el dolor ajeno pero sentir como ella lastimaba mi cuerpo me excitaba aún más llevándome a un umbral que rozaba el odio y el cariño que le tenía. Con cierta brusquedad metí varios dedos dentro de ella causando que arqueara su espalda en un espasmo placentero, pero al momento de sacarlos ella me volteó. Quedando la mujer arriba y yo dejándome hacer, pues si quisiera la podría arrojar hacia la pared de un solo empujón. Sentí cómo ella me besaba con pasión y descendía por mi cuerpo.

Cuando sentí su boca envolver mi pene con parsimonia no sólo dirigí mis manos a sus cabeza, acariciándola suavemente sino que decidí entregarme complemente al placer antes de liberar mi semen en su boca sin previo aviso, tras varios minutos de sentir su lengua y sus labios jugar conmigo. Ella subió nuevamente por mi cuerpo y con un par de ojos altaneros y triunfales me miró y sonrió, a lo que la tomé de la cabeza y la bese fuerte al tiempo que girábamos de nuevo y ella terminaba debajo de mí.

Yo confío en ella y sé que ella confía en mí, por esa sola razón decidí no hacer ningún recreo para colocar un preservativo, y la penetré con fuerza causándole un gemido tan fuerte que podría haberse confundido con un grito. Pronto comencé con las embestidas mientras los gritos y gemidos de ella hacían que todo pareciese un descontrol total, pero solamente era un sesión común de sexo que ambos compartíamos. Ambos deseando el placer del otro, ambos entregados al placer mientras nuestros cuerpos respondían afirmativamente a ello, ambos sincronizados hasta para mover nuestros cuerpos al unísono.

Fue una noche de pasión como la que hacía mucho que no tenía, por un momento por mi mente pasó la imagen de Yuriy, pero pronto volvió el rostro de Hiromi y mi cuerpo siguió reaccionando ante ella. Después de varios orgasmos, varias posturas, un frenesí que no iba a parar hasta que el cuerpo de los dos no diera para más. Perdí la noción del tiempo, de lo que hacíamos y de lo que no y en un momento, con una posición que solíamos utilizar, ella dejó de moverse con la velocidad con la que siempre se movía y comenzó a hacer movimientos suaves, no le pregunté qué le ocurría, pero fue algo que no pasó de ser apercibido por mí.

Luego de toda la acción desmedida, ambos nos tiramos en la cama, nos cubrimos con las mantas y nos entregamos al sueño profundo. Sentí cómo ella se acomodaba en mi pecho y la abracé instintivamente, sólo porque sé que le gusta dormir así y siempre duerme así con la gente que tiene confianza. Sé que ella debe tener a alguien con más confianza de la que yo poseo, alguien en quien ella confía más, pero esperaré a que me lo diga.

En cuestión de horas me encontré despierto y sintiendo la respiración de la joven sobre mi pecho cambiar de ritmo, en señal de que estaba despertando. Con un saltito, el mismo que siempre daba cuando se acostaba conmigo, se despertó y miró a su alrededor, como reconociendo el lugar y tan pronto como lo reconoció y me miró, se tranquilizó y dejó salir un suspiro. Pronto me golpeó fuertemente en la mejilla, fue un cachetazo que me llegó a doler hasta lo más profundo de mis huesos, pero no le cuestioné ni me enojé, realmente me lo merecía.

— ¡Eres un completo idiota! ¡Pensé que estarías muerto! —Vi como las lágrimas asomaban por sus ojos, como fruto de la bronca y la rabia.

—Y casi muero de hecho —le comenté a modo de chiste y la miré, pero ella parecía estar realmente furiosa conmigo. —Lamento mucho haberte dado un susto, yo simplemente… —pero antes de terminar de hablar ella se lanzó sobre mí y me abrazó fuertemente mientras lloraba, como soltando toda la angustia que había tenido guardada. Realmente no me gusta que ella esté de esta manera por un monstruo como yo, pero es bueno saber que hay alguien en el mundo que me quiere de esta manera. Ante ese pensamiento no pude evitar esbozar una sonrisa.

—Dime —comentó una vez terminó de llorar y se separó de mí, — ¿qué fue lo que ocurrió?

—Verás… —comencé a explicarle mientras ella se acomodaba a mi lado, escuchándome. Primeramente le conté mi plan, pues no recordaba si le había dicho lo que me estaba pasando con la mafia y mis deseos de salvar al pelirrojo egocéntrico. Le conté que había tenido una gran pelea con Zomb, uno de los más fuertes sicarios de la mafia, y que, si bien lo había matado, él me dejó tan grave que inclusive yo pensé que moriría. Pero fue casualidad que Enrique y Oliver me encontraran en ese basurero y me llevaran a la guarida de los Majestics, Allí me curaron y hablé con Aleksandra, quien me dijo dónde estaba ella y por eso fui esa noche a verla en el show, y después ahí estábamos, teniendo la charla que tanto habíamos postergado.

Hiromi se quedó muy shockeada por la historia, seguramente no quería creer que todo eso había pasado realmente, pero las marcas de mi cuerpo y los dolores que me había provocado tanto ejercicio eran la prueba de que mi historia era verdadera. Finalmente cayó en la realidad y dijo un simple "wow", me volvió a mirar fijamente y rió de una manera que parecía una niña entrando a la adolescencia.

—El amor que sientes por Tala debe ser muy fuerte, como para que arriesgues tu vida de esa manera para salvar esta ciudad que tanto odias —me dijo entre risas. Mas de nuevo continuó: —Supongo que Shura accedió a llevarte con los White Tigers —, yo asentí ante esa afirmación, —y supongo que sabes que ella y Brayan fueron amantes, ¿verdad?

—Eso no lo sabía —le comenté con cierta sorpresa, pero ahora todo me cerraba perfectamente. —Eso explica que ella me haya preguntado por Kuznetsov y después de ello haya accedido a ayudarme.

— ¡Lo sabía! —gritó la mujer con gozo. — ¡Ella aún ama al gorila ese! —. Reí después de escuchar eso, y es que Hiromi no cambiará más, siempre será la misma joven alegre, chistosa y adolescente que siempre fue. —Seguramente hayan prostitutas dispuestas a ayudar a tu causa, eh.

— ¿Estás segura de eso? —inquirí y me sobresalté un poco al escucharla hablar así tan de repente. Al parecer no soy el único que está dispuesto a ayudar, pero ella siempre fue muy empática y siempre sintió mucho más que yo, siempre fue más humana que yo.

—Sí, la líder de las prostitutas es muy cercana a mí, recuerda que ella me enseñó todo lo que sé —comentó y vi como dirigía sus manos hacia su vientre, por alguna razón intuí lo que podría decirme a continuación. —Sé que si hablo con ella, ella hablará con las chicas y las guardaespaldas y las convencerá de ayudar a la causa. —Su optimismo me fue contagiado y asentí con una sonrisa en mi rostro. Ella me estaba dando buenas noticias y me parecía algo viable en ese momento, por esa razón no objeté nada.

Tras unos breves minutos de silencio donde sé que ella procesaba la idea y formulaba en su cabeza los planes que podrían llevar a cabo, yo esperé que se calmara un poco y luego le volví a hablar.

—Ahora tú dime —comencé a hablar y ella me miró, — ¿qué es de tu vida?

—Kai —dijo ella por primera vez, pues en todo el tiempo no me había llamado por mi nombre, —estoy embarazada.

— ¡¿Qué?! —grité muy sorprendido pues aunque lo intuía ella confirmó mi intuición. No obstante, me preocupé un poco recordando lo paranoica que se puso mi esposa cuando quedó embarazada de Goh. — ¿De cuánto estás?

—Sólo dos meses, pero no es peligroso para el bebé lo que hicimos, ya para el tercer mes no podré seguir trabajando —me explicó con cierta melancolía y preocupación.

— ¿Y el padre? ¿Es quien yo creo? —pregunté y ella asintió con una amplia sonrisa en su rostro. —Con que ese bebé será, Kinomiya —comenté y acaricié su vientre con suavidad, como solía hacer a la madre de mi hijo.

—Sé que Takao será un gran padre, y que me cuidará a mí y al bebé, y… eres la primera persona que se entera de esto, a excepción del padre del niño a quien se lo conté ayer —me dijo y rió levemente, como una niña que se manda alguna picardía.

—Oh —dije simplemente y me quedé mirándola, ella me acaba de dar un privilegio demasiado grande para el monstruo que soy en realidad. —Gracias Hiromi —le respondí y le di un beso en la mejilla.

—Sí —dijo ella en un suspiro y me volvió a mirar, —pero esas no son las únicas noticias. Dentro de unos meses Takao y yo nos casaremos, y no sólo te cuento que estás invitado a la boda y que queremos que seas nuestro padrino, sino que la unión hará que sea ciudadana de Rosenrot y que pueda mudarme con él allí. Trabajaré como su secretaria, porque me niego a dejar que él me mantenga, pero ya no seré prostituta nunca más.

Ver la sonrisa en su rostro fue un alimento para mi alma. Estaba muy feliz por ella porque eso era lo que ella se merecía, no merece tener esta vida con el aura que posee. Un aura tan bella y encantadora que me hace sentir honrado no sólo porque ambos me quieran como padrino de su boda, sino porque ella me quiere aun siendo un monstruo y sabiendo las cosas terribles que he hecho en mi vida.

Takao Kinomiya, dueño de las empresas hoteleras Kinomiya, fue un compañero de colegio que tuve en Rosenrot y del cual me hice amigo en ese tiempo. Nunca perdí el contacto con él y le he ayudado con un par de negocios en Sin City, le he contado mi pasado y mi presente y, aunque perdí contacto con él hace mucho tiempo, sé que él sabe por medio de Hiromi lo que es mi vida. Yo presenté a Takao con Hiromi, al principio como una de las mejores prostitutas pero él y ella se enamoraron inclusive antes de saber que Takao era multimillonario, por lo que sé que su amor es tan puro como la belleza de la joven. Sé que juntos serán muy felices y que serán como esas parejas acarameladas que se suelen ver en las plazas.

—Supongo que este fue nuestro último encuentro sexual —le comenté con un poco de nostalgia en mi voz, pues es algo que realmente extrañaré.

—Me temo que sí, lo siento —contestó la joven y bajó la cabeza, como si fuera algo malo lo que acababa de hacer. Que tonta eres Hiromi.

Simplemente reí y la empujé suavemente, para hacer que me mirase y lo conseguí.

— ¡No seas estúpida mujer! —le grité fuertemente y ella pareció reaccionar y abrió los ojos como platos. — ¡Te mereces esa vida! Yo cree esta pareja —comenté haciendo referencia a ellos dos, —y yo seré su padrino de bodas. —grité y ella me abrazó fuertemente y con mucha alegría. Pude escuchar un "gracias" salir de sus labios y sus brazos fuertemente lazados a mi cuello.

También la abracé, y vi que la cortina de las ventanas estaba abierta, seguramente el viento la ha abierto durante la noche. No me preocupa que alguien nos haya visto, me preocupa poner en peligro a esta joven y a su hijo, pero sé que ella se pondrá en contacto con Takao y él le pondrá custodia para protegerla en caso de que algo le pase. Nadie le hará daño ni a Hiromi ni a su futuro hijo. Ahora bien, me preocupa no cumplir con la promesa, así como no pude verla el día acordado. Seré el padrino de tu boda Hiromi, si es que sigo vivo dentro de unos meses.

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Nota final: Este fue un capítulo más, después de mucho tiempo sin publicar nada jaja . Gracias por leer y mil y un gracias si comentan :) .