"Crónicas Mágicas I: Recogiendo los Pedazos" estará en Stand By por un tiempo más, no me siento de ánimos para escribir esa historia en estos momentos, por múltiples razones. La Leyenda es un One Shot, pero ha surgido de él la inspiración para un Long Fict, pero no por ahora, Sentimientos está por continuarse, pero tampoco es la gran cosa, y "Los Hombres de Hermione Granger" también está por continuarse.

Esta es la última edición de los viejos capítulos, el siguiente es el capítulo nuevo, y aunque le dí su buena editada en cada uno, se va anotar enormemente el cambio de estilo, y eso que intenté suavizarlo, xD!

Capitulo IX

"Eternidad"

(Crawling, Linking Park)

"Hay algo dentro de mi que puja bajo la superficie, consumiendo, confundiendo…

Gateando en mi piel...

Confundiendo lo que es real…

Residencia Parkinson

Aquae Sulis, Bath, North East Somerset

Lunes 21 de Octubre de 2002, 01:54 PM

Pansy había estado consolando a Granger casi toda la noche, diciéndole con poco, o ningún poder de convencimiento, que Draco sería un esposo maravilloso y que seguramente sería la envidia de medio reino mágico, considerando que la otra mitad de los adolescentes y adultos eran hombres heterosexuales y mujeres lesbianas.

Y cuando ésta al fin se fue a dormir, se echó a llorar como una niña tonta en uno de los sillones de la biblioteca, nadie solía ir allí a esas horas de la noche, y podría rumiar su desdicha en absoluta soledad. ¿Por qué? ¿Cómo podía ser que todo el amor que se encerraba en su cuerpo tuviera que quedarse allí ahogado para siempre? ¿Por qué tenía Draco que ser tan jodidamente imbécil y repugnante y hacer algo como aquello?

De no ser por aquel bebe, un pequeño niño de seis meses en gestación, ella sería la que estaría al día siguiente caminando por el corredor con un hermoso vestido blanco.

Pansy se había guardado, cosa poco común en la casa que había estado y el mundo en que se desenvolvía, sólo para él, no por su fortuna o el poder de su familia, sino que desde que eran niños había sentido un especial y genuino afecto por él... y ahora el Lord Oscuro se lo arrebataba para siempre, arrojándolo en brazos de la única mujer que nunca consideró una amenaza.

Por que si bien Draco no tenía escrúpulos en cuanto con quién pasar el rato o darse un revolcón, nunca habría osado poner sus ojos en esa "asquerosa sangre sucia" de Granger, o al menos eso creía ella, hasta que escuchó de sus propios labios la confesión temida de que siempre le había deseado.

Primero no sabía desde cuando, luego había sido desde que tuvo conciencia de que sus hormonas existían… Draco estaba perdido por esa… Y ella no era una Sangre Sucia, después de todo, era nada menos que la hija de una de las más puras mujeres en el mundo de la magia, casi tanto como los Malfoy, famosa como estos, pero ciertamente no tan poderosa.

Un sollozo había atraído la atención de Blaise el corredor, que lo siguió hasta la biblioteca. No estaba muy seguro de lo que esperaba encontrar, pero ciertamente era todo, todo en El Reino, menos ver a Pansy, la siempre serena y juguetona Pansy Parkinson llorando. No sabía bien el por qué, pero aquello le había hecho sentir como la mierda aplastada bajo las llantas de un Volkswagen Bettle.

Pansy no se dio por enterada al principio cuando Blaise se acercó a ella lentamente y la abrazó, pero el aroma a sándalo y almizcle le invadió los sentidos, revelándole a su portador y ella se dejó atrapar en el abrazo. Desesperada se aferró con ambos puños a su camisa y continuó sollozando, bañando con sus lagrimas el pecho moreno de su mejor amigo, refugiándose en él como un ultimo remanso de paz.

Y es que aunque la idea de Granger y Snape funcionara, aunque la Orden del Fénix los ayudara… sería demasiado tarde para ellos, para todos ellos…

Blaise conocía la causa de su dolor, la causa de su llanto, y aún así, no pudo contener ni un instante más lo que años de correcta etiqueta y manejo le habían inculcado ocultar.

Sintiéndose un bastardo por aprovecharse de su debilidad y tratando de convencerse de que no era con ese fin que hacía lo que hacía, tomó el rostro de Pansy entre sus manos y la obligó a mirarle, entonces, acortó la distancia entre sus labios y le dio un suave beso en los labios, tan corto y fugaz, que apenas podría haberse considerado un breve roce de labios, pero en el cual, Blaise Zabinni le decía una vez más, y de un modo bastante menos sutil que las anteriores veces, que siempre estaría allí para ella.

Allí en la biblioteca, les había sorprendido la mañana, enlazados en un abrazo inquebrantable, allí les encontró Draco en la mañana, y de nueva cuenta se sintió el ser más miserable del universo, estaba dañando también a Pansy, que si bien nunca la vio realmente como prospecto de esposa había sido su prometida, y le había merecido cariño, lealtad y respeto por tantos años…

Lástima que las retorcidas serpientes Malfoy siempre se encontraran con las cosas importantes luego de haberlas destrozado con sus actos…

Por otra parte, Blaise aún le daba vueltas en la cabeza al astuto plan elaborado por Snape, Granger, Anthony y él mismo.

Esa noche, antes de la ceremonia la suerte estaría echada, y los hilos del destino terminarían de entretejer su entramado, el paño estaría terminado…

OoOoO

Cuartel General de la Orden del Fénix;

Hogar Ancestral de la Familia Black,

#12 Grimmauld Place,

Pentonville Rd; Islington, Londres.

Lunes 21 de Octubre de 2002, 03:20 PM.

Arthur arribó a Grimmauld Place un poco antes de la hora acordada, luciendo ojeroso, cansado y hastiado. Había estado escuchando el intranquilo y penoso parloteo incesante de Molly desde la mañana anterior, cuando habían llegado las invitaciones a la boda de Hermione con Malfoy…

Y no podía soportar más escuchar la sarta de improperios que salían disparados cada cinco segundos -y una micra- de las bocas de los gemelos. Incluso Bill, con su temperamento tranquilo se había mostrado violento al recibir la infame invitación, y realmente no era común ver a su hijo de mal humor cuando Fleur y sus hijas andaban cerca. Ya hablando de Fleur ésta tenía su femenina boca llena de nada femeninos insultos, que ni el refinado francés en que estaban enunciados lograba hacer menos escandalosos.

Con todo Arthur pensaba que tal vez sus hijos Percival y Charlie estarían un poco menos comunicativos, pero al llegar a la cocina, el inaudito gruñido de Percy y la repetición automática cada dos minutos del "Esta mierda es increíble" del Cazador de Dragones le dejaron mirando de hito en hito.

Le preocupaba bastante más la reacción de su hijo Ron, del cual no se sabía nada desde la mañana previa, cuando había decidido enclaustrarse en su habitación de la gran y antigua casa de los Black sin siquiera haber desayunado, por no decir que ignoraba olímpicamente a cualquiera que osase tocar la puerta tras la cual se había apertrechado.

Arthur, patriarca de los Weasley, sabía perfectamente que la cabeza fría de Hermione debía estar probablemente rebotando contra las paredes de su habitación, o celda, o habitáculo, o lo que quiera que fuera el recinto dónde la mantenían prisionera, pero ella era una mujer adulta, madura y sensata; y no le preocupaba que intentara ninguna arriesgada temeridad. e hecho, si en esos momentos no lo había intentado, consiguiendo una exitosa huída, como siempre, y llegando a resguardo a cualquiera de los núcleos de la resistencia clamando por un refugio, seguramente continuaba con el plan que les había comunicado por medio del elfo doméstico, Dobby.

Su plan era quedarse y ser informante tras líneas enemigas, sin importarle en su fuero interno lo arriesgada que su auto impuesta misión pudiera parecerle a el resto del mundo.

Tal vez eso buscaba Hermione; peligro…

Pero su hijo, Ronald Billius Weasley era otro caso. O se había encerrado en su autodestructivo dolor a beber Fire Whiskey, un nuevo mal habito adquirido de Sirius y sus males de la nostalgia; mirar recuerdos; otra cosa aprendida de los merodeadores, estaba comenzando a considerar que los merodeadores ahora eran ocho, destruir la habitación como un demonio; copiando de Harry; o se había lanzado un Avada lo cual era demasiado estúpido y temerario aún para su propio Ronald; o se había… ¿colgado?

A todas prisas y sin haber cruzado palabra con los habitantes de la señorial mansión, subió a la segunda planta azorado por su propia destructiva imaginación, pero es que la guerra le había enseñando hacía más de dos décadas a esperarlo insólito y a aceptar lo imposible. Caminó directo a la habitación de su hijo, esquivando la hilera de cabezas de elfo, la trampa-percha, el escalón rechinante, la ingente cantidad de personas tratando de llamarle desde el estudio, y la primera planta, y por último a McGonagall que venía de la biblioteca de la quinta planta, hasta que al fin logró llegar, ignorando su adusta y airada mirada, hasta la puerta de la habitación de Ronald.

Una vez frente a ella le sorprendió la aparente calma que se percibía tras la puerta.

-Ronald- Llamó cautelosamente, dando tenues toquecitos a madera de la puerta. Tras un momento de exasperación, casi rayando en el pánico, por la desmedida inactividad y la falta de respuesta, la voz -varias octavas más ronca de lo normal- de su hijo se abrió paso hasta el corredor.

-¿Papá? – Preguntó, entreabriendo la puerta, en la penumbra de la habitación un ojo azul y unos lacios, desordenados mechones de cabello color fuego se asomaron por la rendija -¿qué haces aquí?

-¿Puedo pasar hijo?- preguntó, tratando de imprimir seguridad y autoridad a su voz, para sonar convincente, forzando un si como respuesta

Tras un momento y un par de gruñidos que podían lo mismo significar "claro pasa" o "para nada". Ron abrió la puerta y caminó en la oscuridad, lo que pudo percibir Arthur de la torturada expresión de su hijo fue agonía, dolor, ira y frustración junto con la barba crecida de un par de días, prácticamente pudo ver el fondo el precipicio al que su hijo había caído, definitivamente Ronald había tocado fondo, y parecía querer quedarse en él, le vio avanzar con paso pesaroso hasta su cama -o lo que quedaba de ella- y decidió rescatarlo de ese foso antes de que fuera demasiado tarde.

La habitación, si es que aún podía llamársela así, era un desastre de objetos regados, papeles, telas, astillas de madera, polvo -que Arthur adivinó debía ser de los antiguos mármoles de las mesas y el peinador- y un innumerable sin fin de desastres, la única cosa intacta en la habitación, además de las cortinas y los vidrios de la ventana, era el armario, de cuya percha colgaba un único traje negro, con su camisa y corbata a juego, el frac que Hermione le había comprado a su hijo meses, si no es que ya un par de años atrás.

No sabía a ciencia cierta por qué ese objeto en particular no estaba aventado con el resto del reguerete, pero le pareció mejor no preguntar por el mismo, al menos de momento

-Hijo, esto… - trató de comenzar, sin saber realmente muy bien poner en palabras sus pensamientos

-Si vienes a darme la compasiva charla de esto seguro tampoco es del gusto de Herms, puedes volver y bajar a las cocinas, con el resto de las personas que intentaron dármela luego de Gin y Harry- le cortó Ronald de inmediato

-No hijo, quería saber cómo la estás pasando tú, con todo esto- le respondió seriamente, su hijo lo miró por un momento, sin poder ocultar su obvia sorpresa, tal como Arthur había sospechado, Ron estaba tan perdido en su propia mierda que no habría notado la preocupación que sentían por él y Hermione quienes les rodeaban, al menos no por él, hasta que alguien hiciera el obvio recordatorio.

-Cómo la estoy pasando yo con todo esto… - dijo monocorde, mirando de nuevo entre sus manos una foto vieja, bastante maltrecha dónde la mentada Hermione daba vueltas, contenta como una chiquilla en su primera nevada, bajo una lluvia de pétalos de rosas blancas.

– Pues es sencillo, -continuó con excepcional calma- el mundo apesta papá… Hermione decide ir a pasar la última semana sola en su casa, por aquello de no dejarse ver con el vestido, Malfoy la encuentra, asesina a mis suegros….- respiró profundo, conteniendo la ira que pugnaba por escalar de nuevo desde su pecho y estómago a su garganta – cancela nuestro matrimonio; huye embarazada luego de que le dejé saber exactamente lo imbécil y bocazas que puedo llegar a ser, se refugia por meses en un campamento de mugglebornes, Malfoy la vuelve a encontrar, la captura, ahora resulta que Hermione Granger no era Granger, sino hija de Vanessa Bangshot con valla usted a saber que mortífago, si no es que con el mismísimo innombrable, que por cierto la tiene capturada y la invita "amablemente" a cenar con el a diario…

-Hijo, creo que…- trató de interrumpirle Arthur, pero con un impaciente gesto de la mano, el iracundo y abatido Weasley menor continuó su discurso, al que bien podría llamársele catarsis

-Le regaló una bonita marca en el hombro y ahora la une en matrimonio con el insoportable, maldito, canalla asesino y violador de Draco Malfoy ¿Cómo crees que me lo estoy tomando?- la pregunta final la hizo con un peligroso, lento, cadente desfilar de palabras, una suavidad impresa en cada una de ellas como una velada advertencia de su genio, su mal genio, Arthur se aclaró la voz antes de hablarle, sintiéndose de pronto malditamente anciano

-Hijo, algunas veces las cosas malas llegan de a paquetes, podría ser muchísimo peor ¿sabes?

Ronald se puso en pie de una salto al escuchar esto y con paso furioso se alejó de su padre, como si su sola cercanía quemara aún peor que las llamas del mismísimo infierno, sus pies avanzaron arrastrando todo a su paso, mientras su manos se encargaban de estrujar todo lo que encontraban sus zarpas, destrozando, arañando todo a su alcance, un león herido, un león deshonrado y herido con la melena hecha de mechones llameantes.

-¿Peor? – murmuró, luego apretó los nudillos con tanta fuerza que las venas le saltaron mientras la piel de sus manos palidecía casi al blanco, aún así contuvo la voz y no gritó cuando continuó hablando a su padre -¿Cómo mierda podría ser peor lo que me está pasado? ¿Cómo podría ser peor todo por lo que ella ha tenido que pasar, lo que ha sufrido Hermione?-

-Ella podría haber muerto- sentenció Arthur con su habitual calma, aun que cualquiera que pudiera ver en su interior podría notar que él también se estaba desgarrando por dentro.

Ronald se detuvo al instante, pálido, tembloroso, un sudor frío le recorrió la cara, la perdida, fugitiva gota que escurrió de su frente calló a su pecho llevando la frialdad de allí a todo su cuerpo.

"Podría haber muerto" bailaron las palabras en su mente. "Podría haber muerto" le zahirieron de nuevo…

Imaginó por un momento el terrible dolor que eso le habría causado, si bien el dolor de que ella se alejara, el dolor que creerla perdida, la incertidumbre y el desasosiego, el sentimiento tan terrible de traición y el vacío finalmente, le habían arrastrado a un abismo, recordó la escena que se había encontrado en su departamento seis meses atrás…

Su mente no pudo procesar la imagen, negándose a revivirla, negándose a figurar la nueva escena, impidiéndole visualizar su cuerpo vacío y sin vida en el suelo de ese pequeño e infernal lugar.

Si en lugar de encontrarla así., semiconsciente, abatida y humillada, abrazada a los cuerpos de sus padres, sangrante y desdichada la hubiera encontrado… no, no podía siquiera pensar en la palabra… hubiera muerto de dolor en ese mismo instante… Pero…

Pero no habría tenido que mirar sus ojos llenos de dolor, de lágrimas… no abría tenido que sentir las uñas de Hermione aferrándose a su espalda cuando trató de alzarla para llevarla a un lugar seguro, ella no abría tenido que pasar por todo ese sufrimiento, ni abría tenido ella que cargar dentro de su inmaculado cuerpo al hijo del bastardo maldito de Malfoy, que la consumía lentamente día a día; ni habría huido de la Madriguera; alejándose de su familia y amigos, de la protección que estos le proporcionaban, alejándose de él; tampoco abría ido a dar al campamento de refugiados, ni mucho menos se abría encontrado cara a cara de nuevo con el maldito rubio…

Si, podía ser así, y ella no abría caído en manos de Voldemort y su manada de mortífagos…

Todo dependía de los ojos con los que se viera, seguro que los ojos de Hermione no pensaban que eso fuera peor, y más que seguro que los de Ronald tampoco veían la muerte peor a eso.

Egoista…

No, no era egoísmo, egoísmo era pretender que ella hubiera pasado por eso sólo para no perderla, egoísmo era no reconocer el sacrificio enorme que seguramente había significado para ella aferrarse a la vida los primeros días, o semanas, o inclusive, ahora mismo…

Egoísmo era no haber podido entender que para ella ese niño era una razón para vivir, más que para morir, por que sin importar quién fuera el padre, era su sangre, su carne, un trozo de su alma, inocente del pecado de su padre, inocente de la guerra, puro, limpio, inocente… como ella.

No le llevó ni un minuto procesar esa idea, llegar a ese entendimiento, aún cuando la melancolía, el temor e incluso la cobardía trataban de hacer mella de su conciencia y devolverlo al estado taciturno en que había permanecido hacía meses, empeorando apenas días atrás, cayendo al precipicio al conocer al noticia del enlace.

Y entonces la ira volvió, ahora volcada hacia Arthur, aunque no fuera su culpa, aunque él mismo, en su pelea interna por no dejarse vencer por la guerra tampoco hubiera podido ver que peor era sobrevivir día a día a ese absurdo, por que aunque las muertes causaran tristezas a los que continuaban vivos, eran el descanso, el escape y la paz de los caídos.

-¿Peor papá?- Preguntó a voz en cuello -Ella podría haber muerto… ¿y te parece que eso es peor que todo por lo que Hermione ha tenido que pasar?- gritó de pronto, su voz aumentando de tono con cada sílaba pronunciada- ¡Hermione estaría mejor si hubiera muerto! Todo este tiempo, estos meses de dolor, de sufrimiento, abrían sido peores, si, mil veces peores, ¡Para mí! ¡Pero ella abría quedado tranquila de una maldita vez!

Ronald no había podido, o no había querido, entender lo que Arthur le dijo, pero aún así, Arthur tubo que admitir que tenía un punto, habría sido peor para todos, menos ella… tal vez, incluso Arthur podía llegar a ser un poco egoísta también, como casi todos, peor era verla muerta, según su concepto, claro, nadie quería perder a ningún alma más en esa guerra maldita, hijos, hermanos, padres, amigos… Sobre todo nadie quería perder a Hermione, prácticamente ninguno había podido ver tras su dolor, y entender que la chica probablemente estaría más tranquila al lado de sus difuntos padres, si tan solo…

Si tan solo no se pensara tanto en estrategias y aliados, sino un poco más en las vidas…

Lo que verdaderamente impresionó a Arthur no fue llegar a la conclusión que eso era cierto, sino el hecho de que su hijo Ronald lo hubiera hecho antes que él, antes que todos los adultos de esa casa, y las otras…

Podía ver a través de los ojos de su vástago que sinceramente prefería cargar él con todo el dolor de la perdida, prefería eso si con ello le hubiera podido evitar a ella vivir esa pena, esa tortura que para ella habían supuesto los pasados meses… Igual que él mismo con Molly, o James con Lily, incluso Fabian y Gideon con la misma Molly, igual que George y Fred con Ginny, o Harry… Sirius, Minerva, cualquiera de ellos hubieran dado gustoso su vida por que ninguno de sus muchachos pasara por las horrorosas experiencias que ellos habían tenido que vivir en la guerra anterior…

-Lo siento mucho hijo, tienes razón en eso, pero – seguía siendo extraño, se suponía que Ronald era el inmaduro de la Orden ¿no? Él y los gemelos… pero resultaba que no, su hijo había crecido de pronto, madurando de golpe, dándole una lección en el momento más inesperado – tal vez, ninguno de nosotros, en general está pensando del todo claro

-No, nadie está pensando claro últimamente papá – con la quijada apretujada, las palabras escapaban entre sus dientes, pero luego de un momento de reflexión, la tristeza volvió a cubrir sus ojos y se sentó abatido en su cama…

-Si hay algo que pueda hacer por ti- musitó Arthur

-Papá… no sé que hacer ahora… yo- pensó un momento en sus opciones- yo quiero ir, sacarla de ese maldito lugar ¿Por qué tiene que casarse con ese monstruo? ¿Cuál es el objetivo de Voldemort detrás de todo esto?

-No sé hijo,- pronunció sinceramente Arthur, deseando poder darles esa respuesta a él y a Harry- y entiendo tu desespero, nadie comprende lo que pretende "El Que No Debe Ser Nombrado" con todo esto.

Arthur colocó un brazo por encima del hombro de Ron, y contra todo pronóstico, éste se dejó caer contra el pecho de su padre, como no lo hacía desde antes de ir a Hogwarts, Arthur no pudo más que recibirlo, ¡cómo le hubiera gustado al mismo Arthur poder ir con su padre en esos momentos a ser abrazado también!

-Me siento tan pequeño… como cuando era niño, los gemelos me gastaban bromas y sustos, desearía despertar y encontrar que todo esto no es más que una absurda pesadilla, encontrar que la araña fue aplastada en la batalla de Hogwarts…. Pero la maldita araña sigue levantándose, y casi pareciera estarse haciendo más grande cada vez-Ronald abrió sus pensamientos con más sinceridad de lo que alguna vez se abría planteado, Molly necesitaba a sus hijos fuertes, con quién si no entonces, quién más que su padre, ahora que el acercamiento se había dado, para confesar lo que sentía…

Harry se desboronaba cada segundo un poco más, empeñado en hacerse el mártir que tiene que cargar con todo el peso, lo de Harry sólo eran batallas, sólo tenía que ganar la batalla contra Voldemort, el resto podía dejárselo al mundo, pero no, su amigo se deshacía cada minuto, creyéndose morir cada vez que perdían a alguien, auto culpándose.

Hablarle a él de su pena sólo lo hundiría más, y estaba conciente de que necesitaban a Harry en una pieza…

Ginny estaba tan ocupada apoyando a Harry que no terminaba de darse cuenta de su propia pena, y los gemelos estaban entretenidos siendo fuertes para Molly, eran estos escasos momentos a solas con su padre los únicos que tenía para ser él mismo, él era el único suficientemente fuerte en su clan para no derrumbarse bajo el peso de una familia, Charlie Bill, Percival y los gemelos habían estado pequeños en la última guerra, y Molly embarazada de él y luego de Ginny, él era un pequeñuelo para cuando murieron los padres de Harry.

Su padre había podido lidiar con todo con eso, la guerra completa, seguramente también podría con un poco de sus propios sentimientos… al fin y al cabo era su padre, y aunque él ya no fuera un chiquillo, sabía que sólo a Arthur le podía confiar su alma, sólo a él y a Hermione, pero ella…bueno es obvio que no estaba…

-No podemos esperar más que eso, despertar un día y ver todo como una pesadilla, aunque sabremos que no lo fue, -reflexionó Arthur -pero pronto hijo, pronto la pesadilla terminará, ya tenemos todo listo para ir por el último horrocrux, Hermione y su sacrificio, igual que las tantas vidas arrebatadas no serán en vano… Venceremos esta vez, y esta vez será la definitiva-

"Venceremos"

El pensamiento revoloteó en el cerebro de Ron, jugueteando con sus neuronas, vencer, luego de vencer, los trozos desperdigados podrían juntarse, y, con el tiempo, las heridas sanarse. Todo lo que tenían que hacer era evitar desangrarse mientras llegaba ese momento.

"Venceremos" se repitió, varias veces, hasta convencerse de que su padre estaba en lo cierto, ya sabían dónde buscar, ya sabían cómo encontrar el anillo, el misterio de Hermione podía ser resuelto luego, pero el último de los objetos malditos estaba casi en sus manos, casi podía sentirlo entre sus dedos y verlo crackear bajo el peso de la espada de Gryffindor.

Y entonces casarían a los mortífagos y tomarían sus propiedades, y en alguna de ellas, encontrarían a Hermione, y ella volvería a casa.

Más allá de todas las necedades que había dicho, estaba más que dispuesto a abrir sus brazos y refugiar en ellos a Hermione, y su hijo, sin importarle de quién era el fruto, era el hijo de SU vientre, una parte de ella, y él quería a Hermione, el paquete entero…

-Venceremos- dijo con renovada confianza, levantando la cabeza del pecho de Arthur, el brillo de la determinación bailando en sus ojos, flaqueando a veces para dar paso al dolor y la ira, pero volviendo a bailar en ellos cada vez con mayor fuerza.

Arthur se sorprendió muchísimo cuando Ronald se levantó de la cama y con el cuerpo perfectamente erguido, el pecho lleno de aire, los hombros encuadrados y paso firme se dirigió a la puerta, apenas había tenido tiempo de seguirlo para luego verlo desaparecer tras las puertas de la cocina, tan rápido había sido su descenso que a duras penas había podido seguirle a un par de metros de distancia. La voz de Ronald le llegó tras las doble batientes de la cocina.

-Bueno familia, Ordén, ¿Qué rayos están haciendo aquí aún?- preguntó con un extraño entusiasmo- ¡Hay que arreglarse! Hermione nos está esperando para la que apoyemos, vamos Gin, anda a buscarte un bonito vestido, Harry, tu traje, Sirius…-

Arthur entro a la cocina mientras su hijo seguía dando instrucciones ante las atónitas miradas de todos, Remus y él cruzaron una mirada entendida ante la innumerable cantidad de veces que habían presenciado escenas similares a lo largo de su juventud, con la diferencia de que dónde antes habían sido sus amigos y familiares, ahora era la generación de relevo quien las protagonizaban, y debían enorgullecerse de ellos, aún cuando sus corazones se rompieran ante la brutalidad que tan duramente habían deseado que nadie más tuviera que presenciar…

Como ambos bien sabían de la adversidad, se tomaban fuerzas para continuar la lucha, y Ronald Weasley había dejado por fin de ser un chiquillo, tanto ellos dos como Sirius le miraron con doloroso orgullo, había superado su propia oscuridad, y había encontrado la auténtica luz, ahora si era un verdadero miembro de la Orden del Fénix, nunca más sería un jovencito jugando a Aurores y Mortífagos.

OoOoO

Jardines Boscosos

Nomansland, Wiltshire

Lunes, 21 de octubre de 2002, 5:00 PM.

Con una gran congoja en su corazón, Hermione Granger terminó de ponerse el vestido que Anthony y Narcissa habían escogido para su matrimonio.

Ajustado en el busto, una cinta de raso rosa pálido cortaba el blanco del vestido de novia, ajustándolo allí donde terminaba el busto y empezaba la larga falda, la cual seguía entonces bajando y ampliándose poco a poco, decorada con pequeñas florecillas rosas del mismo tono que la cinta, bordadas delicadamente sobre la seda, no tenía nada que ver con el fastuoso vestido que podría esperar se de una posible Malfoy, como abría querido Narcissa, o con el bello vestido de princesa que había estado a punto de llevarla al altar seis meses atrás, Hermione lo miró con tristeza, casi se sentía insultada. Pertenecía a la clase de vestidos que se llevabas en la Francia del siglo dieciocho, del tipo que Josefina Bonaparte había llevado para lucir joven y casta junto a un marido bastante más joven que ella. De hecho, este lograba un raro aire de inocencia que hacia perfecto juego con su abultado vientre, que se disimulaba bastante bien por la falda amplia del ligero vestido.

Llevaba el cabello en un sencillo recogido, del que algunos rizos, perfilados al calor de una pinza de Pansy, escapaban coquetamente, adornando su espalda y su busto, como un perfecto marco labrado para su limpio rostro. Tras unos quince minutos frente a la maquilladora contratada por Pansy, que resulto ser nada más y nada menos que Padma Patil, ya estaba lista para salir.

Al menos, físicamente lista para caminar hacia el escenario en que se desarrollaría el acto tercero de la opereta en que se había transformado su vida: El sacramento.

Ira, frustración, humillación, dolor, desolación… Estos sentimientos y muchos otros se acumulaban en su pecho, haciéndole agujeros, llenándola de dolor, o debería más bien decir, consumiéndola en vacuidad.

Sobre su alma residía un peso superior a toda expectativa… Miró el reloj con desgano, en sólo cinco minutos empezaría la pantomima… miró con angustia el correr del minutero, sabiendo que no solo empezaría la pantomima, sino empezaría también el camino hacia su muerte. Era sólo cuestión de tiempo a que Lucius y Narcissa echaran por tierra las órdenes del Señor Oscuro y simulando probablemente un accidente, la sacaran del camino, y su hijo junto con ella.

Vinieron a su mente las imágenes de su conversación pasada con Draco, y sus palabras, "Es mi hijo lo que llevas dentro, y no permitiré que lo arriesgues así de nuevo"… un súbito escalofrío recorrió su espalda al recordarlo.

La Orden, tal vez la Orden podría salvarlos… pero… sus padres, el recuerdo de sus padres la atrapó de nuevo. La última broma compartida con su madre, sobre aquel bello camisón de seda y encajes blancos, ultimo toque de su ajuar para aquella primera noche tan especial… Para su primera vez…

-Oh No!- exhaló casi gritando, con horror reflejado en sus ojos, ajena por completo a las miradas de los presentes, Narcissa, la madre del novio, que había ido, en sus propias palabras, a asegurarse de que la novia no se presentara hecha un asco, avergonzando aún más a la familia Malfoy. Pansy, Bella que acompañaba a su hermana y veía a Hermione con desdén y asco y la misma Padma, que inútilmente trataba de pasarle un mensaje de Ron sin ser vista.

La primera vez, su primera vez…Su primera noche, había sido arruinada antes de siquiera presentarse.

Su primera vez, no sería con Ronald Weasley, como ella deseara alguna vez, sería con Draco Malfoy. Mejor dicho, fue con Draco Malfoy.

En unos minutos se casaría con Draco, recién ahora entendía cual era el ajetreo de muebles y objetos sin fin en la casa de Parkinson. El Lord Oscuro había dispuesto su boda, y dejado bien en claro que tendrían que actuar como esposos. Ella tendría que olvidar la ofensa de Malfoy y aceptar su responsabilidad paterna y compañía, tanto si le gustaba como si no… El tenía que aceptar su responsabilidad y acompañar a su hijo y su mujer,. Mismas condiciones…

Lo que como bien había explicado a un par de horrorizados adolescentes una vez el dulce Anthony, implicaba, claramente, dormir juntos… O al menos compartir habitación, y considerando que Voldemort la había hecho decorar una habitación a su entero gusto, salvando el detalle de la cama que Él insistió en que fuera King Size, no le quedaba ninguna duda de cual sería SU dormitorio a partir de esa noche.

El de ambos…

Algo parecido pensaba un joven de cabello platinado y ojos grises mirando y comprobando una ultima vez en el espejo que su aspecto era impecable.

-Saca de esto tanto provecho como puedas, exponla, has que el Lord Oscuro le revele su verdadera identidad y serás más rico de lo que nunca mas deseado. –Habló su padre desde las sombras, con voz satisfecha. -Además, casado con ella, si ella parece feliz, tendrás un buen lugar junto a Milord-Lucius estaba sentado una butaca, ubicada en la tienda que habían dispuesto en los bosquecillos para su hijo, mirando como este terminaba de acomodar su corbatín, luego de la "conversación" de la tarde anterior con Granger, había decidido, que si bien nunca la hubiera imaginado para su hijo, era una mujer fuerte, decidida y que sabía sacar las uñas en el momento preciso.

Ya bien puestos, sería una ridiculez decir que Lucius Malfoy, luego de haber visto el estado en que ella dejó a su unigénito, no fuera sentir temor ante semejante espectáculo representado por ella al amenazarle a él, con una esfera dorada de brillante poder mágico. Claro que él nunca lo admitiría

-No es la primera vez que me lo dices padre- murmuró el joven con la sensación de que su padre había perdido toda la genialidad que antaño el joven tanto había admirado e imitado. "Te repites" pensó en su fuero interno. Cruzando a través de el espejo una mirada con su padrino, quien lucía aún más sombrío que de costumbre, reprimió un suspiro de tedio.

Draco podía sentir algo, sin saber decir que era, que se removía en su interior, revolviéndose, amenazando con trepar poco a poco bajo su piel hasta encontrar una salida, algo que no le dejaba centrarse en la realidad con la claridad que quisiera, nublando su oído, llenándolo de una especie de estática, consumiéndolo y confundiéndolo a partes iguales.

En el momento en que Lucius abandonó la habitación seguido de Severus, Draco llevó una mano al espejo, para luego empuñarla y estrellarla contra el mismo; delgados hilos de sangre corrieron por su mano, allí donde los nudillos hicieron contacto con el cristal, fragmentándolo y hendiendo algunas astillas en su piel.

No podía concentrarse ni en su propia respiración, su autocontrol se iba derechito al infierno, y parecía permanecer allí horas enteras, aunque tan sólo fueran unos segundos.

-No puedo creerlo - murmuró para si mismo, aún sabiendo que debía retirarse rumbo a la "ceremonia" permaneció frente al roto espejo, mirando su reflejo.

Estaba asustado ¿asustado? realmente acojonado ante la perspectiva de casarse con la come libros.

Sí su conciencia, la muy maldita traidora que había estado de farra durante tantos años, se había vuelto en su contra y había regresado, de un solo trancazo al ver el útero lleno de su futura esposa –aunque él se hubiera ocupado de intentar auto negárselo- el Cielo, el Infierno, o simplemente los magos antiguos, de seguro estarían en ese momento burlándose de él.

¡Justicia Divina!

En pago por sus crímenes pasados y futuros, debía vivir con Granger el resto de sus días, o el resto de los días del Lord Oscuro, cualquiera de ellos tres muriese primero… y en el caso del Lord Oscuro marcharse de farra primero a las pailas del infierno, sería el primer divorcio en la historia de los Malfoy.

"Ja! Divorcio"

La idea se le antojo graciosa, en el mundo de los Malfoy no existía el divorcio, era inconcebible…

Sólo deseaba que el pelirrojo o el moreno se hicieran de sus súplicas dirigidas a los Dioses del Infinito, y se llevaran a Granger lejos, antes de la boda…

Miró el reloj, tres minutos lo separaban de su destino final, lo mejor sería seguir su camino. Con un sencillo hechizo limpió vidrios y sangre, y curó sus heridas. Tomó un trozo de vidrio y empuñó su mano en torno al mismo. Si en algún momento sentía que volvería a perder el control, la terapia de choque ayudaría, sólo apretar un poco el puño y el dolor de lastimarse con el vidrio le recordaría el "placer" de un par de Cruciatus de su Señor.

Caminando rumbo al matadero, su mente se deslizó al pasado reciente, a la última conversación que tuvo con ella; esperaba con la mayor honestidad de la que había sido capaz en su vida que eso de los recuerdos funcionara…

OoOoO

"Maldito Voldemort, maldito, maldito, maldito, espero que caigas en lo más profundo y te besen mil dementores"

Pansy se sacudió estos pensamientos de la cabeza y siguió su camino rumbo al "salón". Siendo el matrimonio de Granger, y con tantos de sus amigos invitados, debía ir por un par de ellos, uno, ciertamente aún no se decidía a cual, para que la entregara, y otra, que llevara la cola del vestido. Al salir de la improvisada tienda, y caminar hasta el área donde los invitados comenzaban a reunirse, vio claramente a los amigos de ella, ciertamente los Weasley tenían cara de pocos amigos, igual que Potter y todos, todos los demás.

Con paso elegante, y apenas elevando un poco la falda de su vestido rosa, para no arrastrarla por la hierba, se acercó a ellos, sin pausa pero sin prisa y se plantó frente a Sirius, el único de los de mayor edad que no tenía el cabello rosa chicle o había sido su profesor, o bueno… los Weasley no cuentan ¿verdad?

-Buenas noches, bienvenidos a Wiltshire Manor´s Hill. Señor…- El imponente moreno fijó en ella sus ojos grises y se aclaró la voz antes de hablar, percibiendo la patente tensión que la llegada de la joven traía consigo

-Black, Sirius Black

-Ha!, el primo de Narcissa, ¿es usted amigo de la novia?

-Si

-Potter, Longbotton, Lovegood, los Weasley´s, de hecho, creo que tenemos casi a todo el mundo acá. La ceremonia empezará, tan pronto lleguen el resto de los invitados. Espero que comprendan, que ni a mi ex prometido, ni a vuestra ex amiga le quedaron más remedios que acatar órdenes, Potter. – la ultima frase la dijo en un susurro, apenas lo suficientemente alto para imprimir una velada advertencia en la misma.

-Entiendo- murmuró Harry más para si mismo que como respuesta.

-Ahora, necesitaré que alguno de los mayores entregue a la novia, o si no lo hará Snape- dijo con una mueca de repugnancia

-Lo haré yo- dijo una suave voz a sus espaldas. Un joven rubio de ojos azules se acercó –Lo haré yo hermana, lo acordé hace un minuto con ambos. Es lo más... prudente- agregó luego de buscar a palabra adecuada

-No, nunca- dijo Ronald, apostillándose frente al chico

-Señor Weasley, si fuera por usted esto no estaría ocurriendo, y de verdad- le interrumpió McGonagall con voz serena, a la par que severa- ¿Alguno de nosotros tiene el estomago suficiente para entregar a la señorita Granger a Malfoy?

El silencio total, y las miradas de reproche, negación, molestia, odio y rencor hablaron mejor que la mas elocuente de las respuestas.

-Mi nombre es Anthony Parkinson- se presentó el joven- y necesito hablar con Potter y Weasley, Ronald, creo, si me permiten un momento a solas.

Anthony caminó rumbo a la salida con los aludidos, mientras Pansy se quedo sola con el resto de los presentes.

-Ahora, necesitamos dos damas de honor para Granger, así aprovechan y ven que no es un inferi, no esta bajo el Imperius y no la estamos torturando ni nada así.

-Yo iré- dijo Luna con su habitual tono soñador- y… Lithos, si Lithos, ven conmigo.

Lithos era una joven Slytherin de la que se habían hecho amigos en el tren, a principios del sexto año académico. De cabellos castaños, que caían en perfectos bucles naturales por sus hombros y hasta sus rodillas, y ojos ambarinos, era una joven de belleza serena, con modales propios de una sangre pura muy rica, descendiente de griegos y criada en Grecia hasta su entrada en Hogwarts, iba en el tercer año cuando Ginny y Luna cursaban el sexto, Luna era quien la había introducido en el grupo.

Simplemente era un misterio como una adora muggles como aquella había ido a dar a Slytherin, pero es que nuestra pequeña Lithos, era además, ambiciosa, un poco envidiosa y eso sí, muy, muy astuta, atributo principal de la casa Slytherin;

Ah! y no olvidemos que era hija de Slytherins.

Lithos se levantó y ambas siguieron a Pansy al sitio dónde deberían cambiarse, luego pasarían a ver a Hermione.

La castaña las recibió abrazándolas cariñosamente, las lagrimas corrieron sin control durante unos minutos, tras los cuales la rubia comenzó a atrapar pequeñas motitas imaginarias con las manos

-¿Qué cazas Luna?- preguntó Lithos con naturalidad, acostumbrada a Luna, y a no ver lo que ella, aunque si creyera en los seres invisibles.

-Wingypses

-¿Wingypses? –Preguntó la castaña interesada - ¿y que es un Wingyp Luna?

- Son los pequeños espíritus de la esperanza, según los elfos del norte- le contestó Lithos tranquilamente, con el mismo tono que cualquiera de ellas dos hubiese usado para enumerarle a Snape los ingredientes y propiedades de una poción, a todas vistas complicadísima, como si se tratara de la receta de un

Iced Tea

-Toma- le dijo Luna arrojándole encima los pequeños e invisibles seres que había atrapado – Te regalo algunos, así nunca estarás sola, ellos te acompañaran cuando estés sola, y cantaran para ti cuando estés triste

OoOoO

En otro lugar, y mientras las chicas conspiraban con Pansy para escurrirse del receloso cuidado de Bellatrix para salir a ver a los muchachos, Anthony guiaba a Harry Potter y Ron Weasley hacia la tienda que un minuto antes Draco había abandonado, demasiado ansioso por una respuesta que podía significarlo todo para él y sus amigos

-Potter, mi nombre es Anthony, soy hermano de Pansy, pero estudié en Durmstrang.- Decía Anthony mientras se acercaban a la tienda

-Aja, mira, eso de verdad no nos interesa mucho ¿sabes?- contestó el pelirrojo por su amigo, pero Harry le interrumpió con paciencia

-Ron, cálmate, dejémosle hablar-

-Bien, pasen- Anthony se había detenido frente a una tienda de lona negra, al entrar, notaron un par de sillones al final de la misma, al lado de una cómoda, un vestidor y una percha, un espejo roto colgaba peligrosamente ladeado del vestidor. Harry y Ron le siguieron hasta los sillones, dónde Blaise Zabinni esperaba, con cara de fastidio

-¿Y Draco dónde está?- preguntó Anthony

-Como una prostituta barata, entre los árboles…- La ronca voz de Blaise sonaba casi divertida, la astucia reflejada en sus ojos mientras estos se cruzaban con la mirada de los Gryffindor´s

-Fumando de nuevo… debe estar verdaderamente nervioso- expresó trivialmente Anthony

-Bueno, ¿nos trajiste aquí para hablar con nosotros o con Malfoy?-Preguntó al fin Harry molesto, su cicatriz ardía extrañamente con un ligero cosquilleo, y el comenzaba a sentirse verdaderamente eufórico.

-Disculpen, mi idea era hablar con ustedes cuatro, en fin, Granger me ha pedido que hable con ustedes. Por una parte, ella quiere que sepan que está en buen estado de salud, por otro desea verlos con urgencia, pero ahora mismo no se puede. Durante la gala en cambio, con el pretexto de un baile podrían hacerlo

-O en este mismo instante- dijo la voz sibilina de Draco a las espaldas de los dos ex Gryffindor´s- si nos ayudan, a tres amigos y a mí

-¿Ayudarte cómo?- preguntó Harry, girándose a total velocidad, la ira inundando sus ojos

-Potter, no eres tonto, tu lo viste, la noche que Snape mató al director, yo iba a aceptar su ayuda- dijo, tratando de parecer mas relajado de lo que realmente se sentía

-Y eso me lo dices por- Harry estaba ya suficientemente incómodo por la creciente euforia que le invadía, como para detenerse a jugar "Que hubiera

pasado si…" con el imbecil de Malfoy, al que realmente se detenía de brincarle encima a puñetazos, sólo por que sabía que sería un desperdicio, que de ese modo no lograría devolverle a Hermione lo perdido, ni vengarla apropiadamente, ni mucho menos sentirse satisfecho, lo único que lograría sería que Voldemort consiguiera un bonito acceso a su mente y sus sentimientos.

-Por que quiero huir, igual que Pansy, Blaise y Anthony, y no me quiero casar con tu prometida- esto último lo había dicho mirando a Ronald

-Tú, entre todos, dices ahora que quieres huir… Quieres huir del lado de tu amo… ciertamente esto es todo muy divertido- Harry se llevó las manos al cabello, alborotando sin querer el trabajo de peinado de dos horas de Ginny, que sólo así había logrado que su cabello, largo hasta los hombros desde hacía varios años, se estuviera quieto peinado hacia atrás.

Sinceramente, Malfoy hijo estaba loco, rematadamente loco, no, lunático, esquizofrénico, si creía que él lo iba a ayudar.

Ronald, que tenía los puños cerrados desde hace rato, miró a Malfoy con odio y también se pasó las manos por el cabello, caminando en vaivén por la habitación

-¿DESPUÉS DE LO QUE LE HICISTE A HERMS QUIERES QUE TE AYUDEMOS?- le gritó exasperado, antes de ir por Draco, para demostrarle del modo mas muggle posible lo que pensaba al respecto

-Ronald ¡No!- Hermione acababa de llegar a la tienda, acompañada de Pansy y sus amigas –Harry, Ron…

Hermione caminó hacia Ron, que se había quedado estático apenas oír su voz y volteaba lentamente a verla

-Hermione- Ronald no pudo detener a sus propios brazos de envolverse en torno al cuerpo de la chica, las lágrimas acudieron a los ojos de ambos, mientras ella enlazaba los brazos en torno al cuerpo del pelirrojo

–Me tenias preocupado chiquita- le susurró al oído, soltando en esas palabras un aliento que no sabía que había que estaba conteniendo.

Tras un momento Hermione se soltó de Ron y abrazó a Harry, Draco por un instante sintió una ira naciente, creciente y que le desbordaba, además de sentirse, solidariamente acompañado por Anthony, Pansy, Blaise y Lithos, fuera de lugar, como entrometiéndose en algo muy importante.

-Mía, estas bellísima… te lo dije Ron- dijo apartándola y señalando con una mueca su vientre- está enorme…

Hermione se soltó también de Harry y comenzó a hablar como una ametralladora

-Primero, me alegro de verlos, estoy perfectamente bien y no quiero que hagan ninguna locura, como ayudar a este- señaló a Draco- no pienso huir, anoche comprobé que me puede encontrar en cualquier parte con esta cosa- se señaló el hombro- y no pienso ponerme en peligro, Pansy, Anthony y Blaise son de fiar, éste- volvió a señalar a Draco mientras Harry la miraba con los ojos muy abiertos- es un imbécil, hay menos mal que vinieron, quería verlos, me imagine que como la boda sería hasta las nubes les invitarían, les extrañaba mucho y…

No puedo continuar con su perorata porque Ronald había avanzado hasta ella y teniendo cuidado de no presionar su vientre, la había vuelto a abrazar

-Cálmate Mía- murmuró Harry- No nos vamos aún, ¿Dónde está tu vara?

-No, no la tengo Harry, él me la quitó cuando me capturo, y nunca me la regresaron.

-Toma- Harry se sacó de la chaqueta una caja alargada, del tamaño de una caja de docena de lápices y se la entregó –Es tu vara de la escuela, guárdala bien

-Tienes que ocultarla- le dijo Pansy- si él, si alguno de ellos la ve, estarás en problemas, toma- le dijo tendiéndole el ramo- escóndela allí, luego, la guardas en la ajorca

-Si, tienes razón, chicos, luego nos reunimos, en la gala, necesito hablar con Sirius, Remus y McGonagall, Snape tiene algo muy importante que decirles a todos, y algo que entregarles, por favor- dijo mirando suplicante a Harry y Ronald que ya parecían a punto de saltar de nuevo -Escúchenle primero ¿si?

-Será mejor que volvamos afuera, antes de que Bellatrix y Narcissa descubran que no estamos en la tienda- interrumpió Pansy sin dejarles tiempo a continuar

-Tiene razón- dijo Luna halando a Hermione de la mano

-Ven conmigo- Ronald la miró a los ojos, mientras sacaba el apagador de su bolsillo, la miraba expectante, suplicándole con la mirada que tomara su otra mano, extendida hacia ella –Sé que fui un idiota, por favor

-No puedo Ronny, no puedo, ni siquiera en el cuartel general estaríamos a salvo, los estaría poniendo en riesgo a todos…

-Seguro- dijo él desanimado, dirigió raudo la mirada al suelo, a sus propios zapatos, y guardo el objeto mientras caminaba a la salida- Como digas- dijo perdiéndose entre los árboles, rumbo a la improvisada capilla

-Salgamos ya, debemos volver- le instó Pansy, halándola de un codo

-Si seguro.

No tenían más de cinco minutos de haber llegado a la tienda cuando Narcissa entró a buscarlas

-Ya Draco y su padrino las están esperando.- Dijo con voz sedosa.

Narcissa miró desde la entrada el paso de las chicas, y cuando Hermione le pasó por el lado la sujetó del brazo

-Mi matrimonio también fue concertado chica, no puedo fingir que me agradas, por que aún que hubiera sabido antes que eras pura no me hubieras agradado nunca, así como tu madre nunca lo hizo-

Narcissa la miraba de un modo distinto, algo totalmente nuevo e indescriptible, que de algún modo Hermione creyó relacionar con una especie de …

¿Ternura? ¿Apoyo?

Definitivamente, Narcissa había demudado su expresión, de una constante máscara fría de desprecio y superioridad a una relajada tez pálida que casi la hacía parecer humana, y así la abría visto ella, de no haber estado demasiado impresionada por su actitud y sus palabras como para reaccionar con soltura y lucidez

-¿De que habla?- le preguntó Hermione confundida

-Tu sólo haz que no te he dicho eso, nadie debe saber lo que te dije, pero luego del matrimonio tendremos una pequeña charla. En cuanto a lo de ayer, yo me encargaré de que Lucius no trate de hacerle nada a mi nieto. No importa lo que pienses de mi, por favor, cuando hables con mi primo, dile que venga a verme el domingo próximo a casa de Andrómeda. En honor a Potter y el servicio que le hice.

-Co, como diga señora Malfoy- respondió Hermione, comenzando a pensar que se trataba sólo de una treta

-Sé muy bien que te viste con Potter, ten paciencia, cuando ÉL caiga, podrás hacer lo que te plazca, no hagas ninguna locura, recuerda que ahora eres responsable por alguien más.

Narcissa soltó su brazo y salió de la tienda, dejando a Hermione muy desconcertada, ¿Qué era todo aquello? ¿Qué quería decir Narcissa Malfoy con eso

de que era pura? Una charla ¿para qué? ¿Sobre qué?

El servicio a Harry, lo recordaba, cuando lo ayudó a hacer creer a Voldemort que Harry había muerto. Cuando desesperada por saber de su hijo, había traicionado a su Lord… Pero entonces, si no quería servirle, ¿qué hacía de nuevo a su lado?

Metió la mano en el ramo y sacó la vara, guardándosela entre los pliegues de la falda, sujeta con una de las ligas de la falda, mientras ajustaba de nuevo el vestido frente al espejo escuchó la suave voz de Anthony llegarle inquisitiva

-¿Por qué tardas tanto? ¿Acaso quieres que crean que huiste y vengan todos los mortífagos a buscarte?- El joven la miraba desde la entrada de la tienda con mal disimulada aprensión

-Anthony, esto, todo esto esta mal… Todo esto está… mal- soltó en un leve susurro, que fácilmente moriría en el viento antes de encontrar otros oídos más allá de las improvisadas paredes de tela de la carpa

-Cálmate Granger, vamos, el Señor Oscuro se pondrá molesto si llega enterarse de que no te presentaste, o que tuvieron que sacarte a empujones

Hermione se colgó del brazo que le ofrecían y echó una ultima mirada a su reflejo, en cualquier otro momento hubiera aprobado su imagen con entusiasmo

-Sonríe, imagínate que vas rumbo a las tablas, y actúa esta noche tu mejor papel- le murmuró por lo bajo, regalándole una sonrisa calida y tranquilizadora

-Anthony, gracias, eres un gran apoyo- agradeció apretando su brazo con leve pero sostenida fuerza

-Vamos, sonríe, en serio, esta noche todo El Reino Mágico debe creer en tu felicidad, y la de él, entonces, podrás volver a casa y llorar en mi hombro si quieres, y Él no se enojará contigo- la voz de la razón, algunas veces pensaba que había encontrado una suerte de Remus Lupin más joven, claro, sabía que había muchas diferencias, pero le gustaba imaginarse que tal vez, así hubiera resultado ser Remus de joven, si no hubiera sido mordido por Greyback en su infancia

-Debo hacerlo- murmuró ella, sentía el estomago revuelto, las manos, frías aún enfundadas en guantes del mas fino punto, aferraban el ramo de rosas blancas y rosadas, amenazando con hacer atravesar la tela que cubría las espinas y clavarlas en sus dedos. Miró sus pies, los delicados zapatos de raso blanco y taco bajo, envolvían apenas los dedos, dejando ver incuso parte de la unión entre el pulgar y el índice de cada pie. Miró la alfombra blanca en el suelo de la tienda, cerró los ojos y respiró profundo

-Una obra, el papel más importante…- formó una sonrisa serena y elevó el rostro, sonriendo a Anthony calidamente- tienes razón, no es más que un teatro, vamos-

Al salir de la tienda miró hacia el bosque, irónicamente ese era el mismo bosque dónde se conocieran 16 años atrás, se detuvo un instante y bajó su mano izquierda al faldón del vestido, levantando un poco la falda para evitar el contacto con la hierba, que comenzaba a humedecerse. Entre los árboles, fueron acercándose a un claro del bosquecillo dónde estaban reunidos los invitados, y al final de un corredor formado por la sillas, e iluminado por lámparas de cristal, encantadas para que flotasen sobre las cabezas de los invitados, vio el pequeño arco decorado con rosas blancas, lirios y pensamientos, una oleada de añoranza la invadió, la capilla estaba dispuesta bajo el haya enorme en el que solían sentarse a estudiar Alexander y Jane.

Cuando llegaron a la alfombra que delineaba el camino al altar, pudo percibir que también era blanca, con los bordes dorados, se detuvo un momento al principio de la alfombra y miró en derredor, mientras soltaba la falda y Lithos y Luna se acomodaban, la primera adelante, junto a Pansy, llevando idénticos vestidos rosas y ramos como el suyo, pero más pequeños, las varitas en alto, de las cuales salía un hilo dorado, que al ganar cierta altura se abría sobre las cabezas de el cortejo, volviendo a caer como una lluvia de oro, la segunda sujetando al cola y el amplio faldón posterior del vestido.

Vio a Sirius, Remus, Arthur y el resto de la Orden sentados a mitad de una de las filas, evitó que sus ojos se cruzaran con los de ellos, para que su entereza no se fuera al caño en ese momento y justo cuando Luna sostuvo bien estirada la cola del vestido, comenzó a sonar una melodía lenta y alegre, no era la tradicional marcha nupcial, era la misma melodía que habían tocado en el casamiento de Bill y Fleur, que por cierto estaban también allí, igual que todos su amigos, y conocidos vivos, dándole ánimos, como si estuviera a punto de presentarse a una prueba terrible… Como si hubieran vuelto el tiempo atrás y en lugar de ser Harry el que se presentaba a la primera prueba, fuera ella quién se enfrentara al Dragón, ¡Que ironía! iba justamente rumbo a un Dragón, al menos, a uno así nombrado.

Por un instante se sintió una verdadera traidora, había notado el frac de Ron, aquel que ella le regalara para el matrimonio de Dean Thomas y Angelina, y que él tanto odiaba., era su muda manera particular de decirle tantas cosas…

Se preguntó por qué no había tomado su mano y se había largado de allí con él, o por que no había insistido en que Harry y La Orden la ayudaran a huir, pero entonces, en el momento que vio a Draco con su traje negro impecablemente parado junto a su madre, esperándola, y sintió a su pequeño removerse y lanzarle un golpecito, recordó la razón por la que debía seguir junto a Voldemort a toda costa, debía estar allí, sumisa a él, por que si no su hijo peligraría, y a ese pequeño ser si es verdad que no pensaba arriesgarlo nunca más. En ese momento supo, que aunque le matara un poco cada día, estaba haciendo lo correcto. Estaba haciendo lo que Snape y Anthony, lo que Pansy y Blaise, buscando la caída del Señor Oscuro desde sus propias filas, si lograban reunir información suficiente para entregar a Voldemort, y al mismo tiempo causar una pequeña rebelión entre sus tropas, hacer que mermara la desconfianza entre unos y otros, sus fuerzas se debilitarían, y él estaría más frágil que nunca.

Se había quedado por su hijo, por el bien y el futuro del mundo mágico, por darle un futuro a su hijo, aunque tal vez ella luego no estuviera allí para ver el resultado de su obra.

Al llegar al final del corredor Anthony la condujo a la izquierda del corredor, junto a Draco, el mismo hombre pequeño que había oficiado aquellas ceremonias de casamiento a las que había asistido se acercó, tras él, habían tres altas sillas, en una estaba el Ministro de Magia en persona, en otra un representante del Wisengamot y en la tercera un representante Mago al parlamento, lo que daba legalidad a su matrimonio incluso en el reino Muggle

El hombre pequeño tomó la palabra, el espectáculo había comenzado, ambos jóvenes mecánicamente se introdujeron en sus papeles

-Compañeros, Hermanos magos, estamos reunidos aquí para unir en matrimonio a dos almas que han manifestado su expreso deseo de unirse bajo los lazos del amor de por vida. –Hubo un par de murmullos entre los presentes

- Narcissa Malfoy, ¿A quien entrega?

-Le entrego a mi hijo, Draco Lucius Malfoy –Dijo la rubia sosteniendo la mano de su hijo frente al sacerdote, junto a Hermione

-Hijo, da un paso al frente y dime, a que casta perteneces

-A la casta del antiguo Mannón

-Que los magos guerreros del norte protejan tu camino y sellen tu destino junto a la joven que te entregan. Anthony Parkinson ¿A quien entrega?

-Le entrego a Draco Malfoy a mi amiga, Hermione Jane Granger, en nombre de su padre, que no se encuentra más con nosotros.

-Hija, adelanta y dinos, a que casta perteneces

-He nacido de los hombres, pero me acojo al amparo de la antigua hechicera Atenea, ¡Grande en Gloria, Sabiduría y Justicia!

- Entonces hija, que la sabiduría guíe tus decisiones y la justicia tus pasos, que la gloría acompañe la familia que hoy formas

Anthony posó la mano de Hermione sobre la de Draco; Blaise, Narcissa, Anthony y Luna elevaron sus varas, de las que un hilo de oro salió, para unirse con las que salían de las varas del sacerdote, y del Wisemaster, las hebras de oro se entrecruzaron, haciendo un lazo en torno a los brazos de los jóvenes, uniéndoles de un modo simbólico, mientras un hilo más pequeño entrelazaba sus manos. A esto siguieron unas palabras del oficiante hasta que al fin se acercó Blaise con las alianzas, acompañado de Luna

-Blaise Zabinni, en nombre de los lazos de amistad que me atan a ti, Draco Malfoy, traigo este anillo, que entregaras a tu esposa como símbolo del lazo que ahora los une- pronunció, como quien a aprendido un libreto en pocas horas

-Hermione Jane Granger acepta esta alianza como muestra de mi compromiso, como recordatorio de la promesa que ahora nos une- Draco sintió las palabras atragantársele, pero se las ingenió para hacer que sonaran fluidas y sin prisas.

-Yo, Luna Lovegood, en nombre de todas las aventuras vividas, y años de sincera amistad, traigo este anillo que entregaras a tu esposo, como recordatorio de tu devoción y entrega hacia a él, y como símbolo de vuestra unión.

-Draco Malfoy, acepto tu alianza y coloco con ésta en tus manos la promesa de permanecer a tu lado hasta que la muerte nos separe.

Ambos jóvenes se miraron mientras se colocaban uno al otro las alianzas, pero el peso que esperaban recibir como una carga inllevable nunca llegó, por que en ese preciso instante sentían que estaban haciendo lo más correcto que nunca habían hecho en todas sus vidas. Tal vez ambos estaban volviéndose locos, por que del mismo modo, ambos estaban cien por cien seguros de que el otro se sentía igual.

Cuando la ceremonia terminó con el esperado "Los declaro marido y mujer, puede besar a la novia" Draco se acercó tímidamente y depositó un suave beso en los labios de Hermione, que sirvió no precisamente para sellar lo que una hora antes ambos habían estado llamando "parodia" y "teatro" sino para despertar profundas sensaciones y sentimientos encontrados en ambos jóvenes.

Draco le ofreció su brazo y tan pronto ella lo tomó el lazo mayor desapareció, transformándose en un Fénix que se elevó y se perdió en el cielo nocturno.

Todos los presentes vieron esto con gran maravilla, y Sirius, Andrómeda, Bellatrix y Narcissa supieron en ese preciso momento que los mismísimos dioses estaban bendiciendo esa unión, aunque había nacido en el más espeso fango del odio y la humillación. Todos se pusieron de pié a toda prisas, los cuatro Black siguieron sin querer, casi en automático el rito que su familia había impuesto a los jóvenes padres cuando alguno de sus hijos se casaba y el Fénix hacía acto de presencia en la ceremonia, por que era algo que solía pasar en los matrimonios Black, los matrimonios, aún los de conveniencia de esa familia estaban signados por una sola palabra…Eternidad.

-Oh! Fénix, Ave Inmortal que nos has bendecido esta noche con tu presencia, que nos has elevado al cielo con los héroes y has bendecido a nuestros hijos ¡Por que eres tú; símbolo inequívoco de El Ciclo! ¡Que tu fuego purifique estas almas y viva en ellos tu flama bendita!

Narcissa, sus hermanas y Sirius habían recitado a coro estas palabras, y aún el eco de ellas persistía, elevando las voces de buena parte de la concurrencia para repetirlas, y es que la mayoría de los presentes sabían muy bien que el Fénix es un ave bendita, que anida en el hogar de los justos, y en su gran sabiduría bendice los corazones apasionados, para que sus portadores enfoquen esa pasión con coraje y justicia.

Hermione siguió contemplando el punto en que el Fénix había desaparecido rumbo a las estrellas, produciendo un brillo inusual al llegar muy alto, como el fulgor de una estrella fugaz, y cuando bajó la vista notó que Draco aún conservaba la suya perdida en el cielo. Varias personas se acercaron a felicitarlos, hablándoles maravillas de lo fuerte que debía ser su amor, en vista de que el símbolo mismo de La Eternidad había nacido del lazo que los unía, y estas declaraciones ella las recibió con escepticismo, mirándole de reojo, mientras él se sentía el ser más desdichado del mundo.

¿Podría haber alguien en el mundo más hipócrita que ellos mismos en ese momento?

Haciendo gala de una increíble puntualidad, los trasladores partieron al Teatro Nacional de Londres a las 7:30 de la noche.

Al llegar, Hermione se sentía completamente perdida, en algún punto su conciencia parecía haberse dado unas vacaciones, por que ella estaba segura de estar viviendo un sueño, del que no quería despertar. Colgada del brazo de Alexander, sin saber exactamente en que momento habían dejado de ser Draco y Hermione para ser Alexander y Jane, recorrió todo el salón, aún recibiendo felicitaciones de los concurrentes.

Entonces llegó un momento decisivo, la orquesta de instrumentos mágicos comenzó a tocar un vals, y Narcissa por un lado, y Remus y Sirius por el otro, les hacían señas y muecas, era hora de sellar la mentira con un baile, su primer baile como casados, que si bien para otras parejas significaba mucho, para ellos, en realidad, no era más que otro paso a la perdición, por que Draco o Alexander, Jane o Hermione, igual ellos estaban siendo obligados, conducidos como marionetas, modernas versiones del Pinocho, que una vez atados a sus cuerdas perdían toda voluntad y a quienes Máesse Gepetto Riddle estaba guiando a su antojo.

Y de pronto, en medio de la pista, que alguien había considerado muy agradable llevar al black out y centrar una farola sobre ellos, desearon poder volver a ser niños de verdad.

Pero esta sensación les duró bien poco, por que por obra y efectos de alguna magia, o poderosa fuerza mística universal, cuando llegó el segundo Vals y sus miradas se encontraron, un estremecimiento, como un shock eléctrico ligerísimo les recorrió a ambos, allá donde sus cuerpo se rozaban, aún sobre las telas, y un calor abrasador les envolvió.

Hermione trataba de liberarse del hechizo de la mirada de hielo, mientras el fuego de los ojos de Hermione brillaba de un modo único y exquisito para el dragón de la casa de Malfoy. Y en medio de aquel ambiente romántico, de algún modo inexplicable, él la atrajo más hacia su cuerpo, uniendo su abdomen con el vientre de su ahora esposa, y se juró que sin importar lo que el futuro depararía para ellos, él se encargaría de que todo dolor y todo rencor pasados quedaran profundamente olvidados en el corazón de ella, que llenaría a su hijo de amor, de amor, cuidados y comprensión, que limpiaría del alma de ambos las viejas cicatrices del pasado y la llenaría de dicha y paz, a través de su hijo, por que era el único modo que conocía o le parecía correcto, de reivindicarse y pedirle perdón por las atrocidades que había cometido.

Draco Malfoy juró que se libraría de aquello impuro que había dentro de su alma.

Draco, atormentado por sus recuerdos y acciones, se detuvo de pronto y abandonó la pista de baile, ella, que no esperaba esa conducta, se quedó un momento sonriendo como una tonta a todos aquellos que veía, y apenas unos pocos segundos después Harry, que era el más cercano de sus amigos, acudió en su rescate. Bailó con Harry una pieza, luego otra con Ronald, y cuando pensaba pedir clemencia para ir a sentarse, un hombre lobo alto, delgado y de ojos miel se acercó a ella y Ron

-Hermione- le dijo en tono cortés- ¿me acompañarías un momento?

-Hola Remus- la castaña bajó la mirada, en ese momento comenzaba a sentirse otra vez fuera de lugar, ya los otros miembros del trío de oro habían tenido su oportunidad de hacerla sentir miserable, le tocaba el bate a los mayores, comenzó a pensar

-No debes- comentó el lobo al verla tomar una copa de Champagne, genuino por supuesto, recién llegado de Francia, de una de las bandejas, y apurar la mitad de un sorbo

-Remus, hay un millón de cosas que no debería, no debería vivir en casa de unos mortífagos, no debería dormir con apenas una pared separándome de el mago tenebroso más veces muerto en los últimos ene cantidad de años y no debería estar embarazada ni casada con un áspid- le contestó ella con recién recobrada amargura, por que aquellas dos piezas con Malfoy le habían hecho feliz de un modo extraño, y para ella incomprensible.

"Sentirse tan bien cerca de ese maldito debería estar prohibido, estoy desarrollando el Síndrome de Estocolmo"

Caminó del brazo del hombre lobo y se internó con él entre la marabunta de invitados, hasta llegar a una de las mesas, en la que estaban reunidos Sirius,

McGonagall, Tonks, Ojoloco y Molly

-Buenas noches- dijo al llegar, sintiéndose de pronto muy, muy pequeña e intimidada

-Querida, estábamos tan preocupados por ti, todo esto, ha sido una sorpresa enorme, no esperábamos algo así- La saludó Molly, abrazándola antes que todos los demás, los ojos evidentemente húmedos por un llanto reciente

-Estoy bien Molly, no ha sido tan terrible como podrían esperar… Pero ese hombre actúa de un modo extraño

-¿Qué quieres decir?- inquirió Sirius, también abrazándola

-Él- susurró enfatizando mucho el pronombre y señalando su hombro, en el que se podía apreciar claramente la marca antes descrita por Harry- Me ha ordenado permanecer siempre cerca de él, duermo en una habitación contigua a la suya y cada comida la hago a su lado, cuando no estoy con él estoy con Los Parkinson, Malfoy o Zabinni, pero nunca sola, Pettigrew ronda tras los muros cuando me quedo sola, y si algo me ocurre se turba sobremanera, como si estuviera de algún modo...- Hermione se detuvo, valorando las palabras y buscando una adecuada

-¿Preocupado?- preguntó prudentemente Remus, siempre sabedor de las palabras y los momentos precisos.

Hermione se limitó a asentir silenciosamente, mientras su mirada se perdía entre los pliegues de la falda, una de sus manos inconcientemente llevada a su vientre, la otra vagando intensamente por la mesa, jugueteando con los cubiertos allí dispuestos.

Sintiéndose extraña, y creyendo que podrían tomarse todas esas excesivas "atenciones" como muestra inequívoca de una traición de su cuenta, la castaña no pudo notar las miradas de comprensión y complicidad, como diciendo "teníamos razón" que se lanzaron unos a otros, todos los presentes en esa mesa. McGonagall tenía el seño un poco más fruncido de lo habitual, le dio un pequeño sobre por debajo de la mesa y le sonrió levemente

-Ábrelo cuando estés a solas, y quémalo apenas leerlo.

-Profesora, no se retire- le dijo al verle hacer el ademán de levantarse, mejor me voy yo, Sirius, ¿bailarías conmigo?

Sirius se levantó y caballerosamente le ofreció el brazo para volver a llevarla rumbo a la pista, dónde estaban congregadas muchas personas, una vez allí, comenzaron a bailar una suave melodía, tocada por una banda de magos muy elegantemente sentados al fondo del salón con sus instrumentos de cuerda delicadamente sujetos.

-¿Qué querías decirme?- preguntó Sirius luego de un rato con la castaña apoyada en su pecho

-Necesito hablar con alguien Sirius, pero adivinaras que…

-No te dejan siquiera acercarte a una lechuza o chimenea ¿cierto?

-Cierto, Malfoy dice que quiere escapar, - Hermione pudo sentir claramente como Sirius se tensaba- Por Pansy, su hermano y Blaise no tengo dudas, los dos primeros son víctimas de las circunstancias, el tercero no tanto, pero al enterarse de todo lo que sabemos de Riddle se ha mostrado abiertamente contrariado, dice que si bien sólo se unió por seguir ordenes de su madre, que es cercana a él, no piensa seguir a un hipócrita que no es la mitad de lo que proclama defender.

-¿Quieres que les ayudemos?

-No, eso será después, he obtenido excelente información, mira, he conseguido memorias

-¿Memorias?

-Si, anoche conseguí memorias de los cuatro, incluso Malfoy me las dio de buena gana, están ocultas en una caja de madera decorada con arabescos, si son de fiar, la encontrarás sepultada al lado de la tumba del padre de Riddle, hay memorias mías también, y unas que le extrajimos a Snape.

-¿Snape?

-Si, Severus Snape nunca traicionó a la orden, yo no podía creerlo, pero yo misma vi las memorias, después de extraerlas, son genuinas. Sirius, necesito que me ayudes, aquí adentro somos más útiles que al lado de La Orden, no intenten liberarme aún, por favor, ya lo verán, conseguiré todo lo necesario, y así sabré si realmente son de fiar estos chicos

-Te estas arriesgando mucho Hermione

-No es nada, además, Riddle no podría saberlo, por el mismo descubrí que soy oclumántica nata, no puede leerme, lo ha intentado desde que me capturó Malfoy, pero nunca ha podido, por ese lado estamos bien. Riddle está buscando el horrocrux, así que deben apresurarse. Me comunicaré contigo por medio de Dobby

-Hermione le dijo esto último apresuradamente, antes de separarse de él con una sonrisa, aplaudiendo a la orquesta, la música había terminado. Sirius se separó de ella, caminando rumbo a su mesa, luego de gesticularle un "Cuídate" por lo bajo. Hermione se disponía a sentarse cuando se encontró con los ojos grises y gélidos de Lucius Malfoy frente a ella.

-¿Qué desea señor Malfoy? ¿Le parece que me he comportado adecuadamente?- preguntó en un todo belicoso, mientras dirigía la mirada y la sonrisa a Anthony, que se acercaba con una chica de tez bronceada y largo cabello ondulado, un poco más cerca pudo notar que su cabello era castaño oscuro, los ojos cafés brillaban de un modo jovial y sincero, acorde a su bonita sonrisa

-No te hagas la lista, sé que algo tramas, mocosa arrastrada

-Lucius, Lucius – espetó ella con fingida sorpresa- ¿Qué modo es ese de hablarle a tu nuera? ¿Qué diría mi señor si te escuchara hablándome de ese modo tan maleducado?- completó irónicamente

-No creas que "tu señor"- dijo remedándole el tono y la ironía- estará siempre pendiente de ti y cada paso que des, pronto dejarás de ser su sombra, y entonces, no serás nada, nada más que una tonta niñata asustada, tratando de huir con un crío en brazos.

El tono acerado de Lucius se caló profundo en la voluntad de la castaña, que algo palidecida se volvió hacia el rubio y enfrentó su mirada llena de odio y desdén con sus ojos jóvenes y centelleantes

-Ya veremos Lucius Malfoy, ya veremos quién es el que huye de quién- dijo, y en un instante, a Lucius Malfoy le pareció ver fuego en esos ojos miel, mientras el cabello de la joven ondeaba un poco ante un viento inexistente, y las raíces de su pelo adquirían un tono cenizo. Pero esto duró bien poco, por que al girarse para hablar con Anthony, que llegaba ya con la joven, el color volvió a las mejillas de la muchacha y sus cabellos y ojos tornaron a la normalidad.

-¡Hola Anthony!- saludó con falsa alegría, inconciente de el par de ojos plata que la miraban desde un rincón en la oscuridad

-Todo bien ¿he?

-Podría decirse Anthony, podría decirse

-Bueno, me alegro, te presento a mi novia, Nanny Smith.

-Mucho gusto, Hermione Granger- se apresuró la castaña, estrechando la mano de la joven

-Malfoy, querida, Malfoy- le corrigió Anthony con una sonrisa, que se amplió al notar el mohín mal contenido de la castaña

-Si, claro, Malfoy, es un placer Nanny, dime, cómo te va con este galán- preguntó a modo de broma, tratando de cambiar el tema

El resto de la noche se le fue a Hermione cambiando impresiones con ellos dos…

Cuando Anthony le presentó a su novia fueron a sentarse en una de las mesas reservadas a los novios y sus familiares, por supuesto que del lado de la familia de Hermione no había sino una sola mesa, ocupada por una ancianita de aspecto miserable y desagradable vestimenta. Sus ojos negros recorrían con astuta cautela todo el lugar, fijando en su memoria los rostros de los presentes, terriblemente frustrados, ya que al haber en la reunión miembros de el ministerio, civiles, mortífagos y opositores al régimen de oscuridad que se imponía, incluida la Orden del Fénix en pleno de sus componentes, absolutamente todos los concurrentes, hasta el novio y su madre, llevaban altas las barreras de seguridad y practicaban la Occlumancia.

Sonrió ante este pensamiento, ya que sólo imaginarse las migrañas de todos al terminar la fiesta, servía para alegrarle un poco la fiesta; pero cuando sonrió, sus dientes, en lugar de lucir apagados, amarillentos y desarreglados, lucían blancos y perfectamente arreglados como los de una persona unos treinta años más joven con un excelente plan de salud dental.

Hermione había reparado en esa presencia, pero le restó importancia y se concentró en seguir distrayéndose de la fiesta en la conversación que sostenía con Anthony y su agradable novia. De cuando en cuando, Severus, Lucius, o más frecuentemente Bellatrix se acercaban a la misteriosa ancianita y le ofrecían algo de beber o comer, de hecho, al llegar la cena, Snape, Blaise, Rabastan, Augustus y Bellatrix cenaron junto a ella, por lo que adivinó que se trataría de algún pariente de los Lestrange.

-No, estudié en Beauxbottoms, pero hace un año revalidé en Hogwarts, por Herbología y Aritmancia, y en Dumstrang, por Artes Oscuras- Contestó Nanny, ante la interrogante de Hermione

-Interesante,- comentó ella- yo también había pensado validar Artes Oscuras, pero, ya vez, con aquello de que soy…

-Ni lo digas- la interrumpió Anthony – Eso no tiene la mayor importancia, además en el curso de validación no asisten los demás alumnos

-Si, Anthony me comentó, nunca debes sentirte desmerecida por eso, ya vez, mis padres son Squibs, y me crié entre Muggles en Londres, y eso no me ha hecho menos.

-Vale, entiendo, y… ¿Cuándo planean casarse? –Preguntó, fijándose en el aro de compromiso que la chica portaba en su anular

-He… bueno… yo, pues…- Nanny enrojeció violentamente mientras Anthony miró a Hermione con sus soñadores ojos azules entrecerrados

-Cuando acabe la guerra- murmuró, tomando una mano de Nanny cariñosamente –Ella se quedará en la mansión con nosotros, fue reclutada recientemente, pero es tan leal a la causa del Fénix como tu.- Hermione pudo ver entonces un pequeño tatuaje, como un Ave Fénix, bajo el vestido de la chica, justo sobre su rodilla, que desapareció pronto cuando ella bajó su faldón de nuevo.

-Tú eres una de mis superiores, yo tengo que ir a reunirme con un contacto mañana por la mañana, una vendedora en el centro de Londres- musitó Nanny

-Si, Ginevra, me imagino – contestó Hermione todavía impresionada

-Esa misma… pero a la noche estaré de regreso, y si puedo serte útil en algo, dímelo por medio de Anthony. Tú sabes, nadie debe verme con ellos.

-¿Puedo llevarme a la novia?- preguntó una voz a su espalda, una siseante voz masculina, que le puso los pelos de punta a Hermione.

Cuando se giró supo que no se había equivocado, Severus Snape le tendía una mano, bastante cordialmente, que dudo un poco en aceptar

-¿A dónde me lleva?- preguntó en un susurro Hermione cuando el padrino de su ahora esposo, la condujo lejos de la mesa

-A una pequeña reunión con nuestros viejos amigos- musitó conduciéndola rumbo a uno de los jardines laterales del Teatro.

Allí tras unos arbustos se encontraban Remus, Sirius, Minerva y Harry, en las manos de Sirius reposaba una caja de madera, decorada con arabescos, Hermione la reconoció como la caja en la que la noche anterior había guardado las memorias extraídas, si bien habían pasado un par de horas desde que se lo dijera a Sirius, no esperaba que fueran tan pronto a buscarlas.

-Estaban justo dónde dijiste- murmuró Harry- ya revisamos la de Snape, pero puesto que está usted aquí, y no podemos hacerle la marca de la Orden, por el riesgo a que lo descubran –añadió mirando a Snape- deberán esperar a que su misión termine para que la misma Hermione, u otro contacto los marquen, sólo entonces les será revelado el lugar del nuevo cuartel general-dijo, mirándole duramente- no se como se atrevió a hacerlo, pero puesto que eran los deseos de Dumbledore, y fue una orden directa del Adalid en aquellos momentos de la Orden, queda eximido de las dudas que teníamos en su persona; queda usted aceptado de nuevo en la Orden del Fénix, me temo que le debemos una enorme disculpa –El tono empleado por Harry fue prácticamente sublime

-No esperes que te lo agradezca Potter – dijo Snape con desagrado aparente, pero en realidad sintiendo un gran alivio, como pudo constatar Hermione, ya que aflojó el agarre que mantenía sobre su brazo

-No tienes nada que agradecer Severus- intervino al fin McGonagall -pero entonces, debemos pedirles que cuiden a nuestra agente en la mansión

-¡¿Qué agente?- preguntó Snape con mal contenida sorpresa, casi alzando un poco la voz, mientras las cortinas de cabello negro revoloteaban a la fresca brisa de la noche

-Ya yo se quien es, yo me comunicaré con el contacto, y ella será nuestros ojos y oídos en la Orden- respondió Hermione con seguridad

-¿Sabes ya lo que es?-Preguntó Remus, adelantándose y colocando una mano sobre el vientre de Hermione

-Un niño, un niño, Remus, como Teddy- dijo con los ojos aguados, el pequeño se había agitado al contacto con la mano de Remus, como si pretendiera saludarlo.

Si bien es cierto que los chicos no suelen sentirse fácilmente en las madres primerizas, Hermione había sido herida tan severamente que aún días después, supuestamente recuperada continuaba sintiendo dolorosamente los movimientos de su hijo, como un patente recordatorio de la estupidez que había estado por cometer, y de que en adelante debía ser más cuidadosa

-¿Un niño?- preguntó Sirius emocionado -¿Qué acaso todos los merodeadores tendremos sólo niños o que?

-¿Merodeadores?- preguntó Hermione sin entender

-Si, eso dice Sirius, que tu eres la única chica, y eso por que eres adoptada, honorariamente como merodeadora, bromea diciendo que eres su pequeña niña, pero nos has decepcionado, también tu tendrás un varón- Remos se carcajeó abiertamente al terminar de hablar, y observar el patente sonrojo en las mejillas de Hermione y Sirius.

-Mejor volvemos adentro, antes de que alguien note nuestra pequeña reunión- comentó McGonagall, dándole un abrazo a Hermione y avanzando junto a Harry y Remus, Snape le siguió a una prudente distancia, pero Hermione detuvo a Sirius un poco antes de llegar al área de la fiesta.

-Narcissa, tu prima, me pidió que fueras a verla a casa de Andrómeda el próximo domingo. El Mago Tenebroso, no cuenta realmente con la fidelidad de todos sus partidarios esta vez, de hecho, me atrevería a decir que muchos están hartos de él.

Se apartó de él, sin saber que los ojos de Draco no se habían apartado de ella en toda la noche, así como un vaso de Whiskey no se apartaba de su mano. Draco la siguió hasta el jardín, presenció su reunión, y ahora, rebosante, por un lado de alegría, al saber que la Orden había abierto las puertas a Severus, la seguía por la pista de baile rumbo a la mesa de los novios

-Tardaste mucho- susurró Anthony al tenerla sentada de nuevo en la silla contigua- comenzaba a temer que hubieras cometido una tontería.

-No sus amigos ya comprendieron que se queda- le contestó Draco, parado tras ella, sorprendiendo y asustando a la chica

-¿Me seguiste? – preguntó azorada

-Si, y lo único que deseo ahora es que todo termine pronto- comentó con fastidio, terminando su bebida

-Ya es hora de que volvamos a la mansión, la fiesta está terminando, son casi las tres de la madrugada- dijo Snape, escoltando a Hermione y Draco rumbo a la salida, dónde ya un traslador los esperaba para llevarlos a la Mansión Parkinson.

Residencia Parkinson

Aquae Sulis, Bath, North East Somerset

Martes 22 de Octubre de 2002, 02:48 AM

Al llegar, Hermione se dirigió a una habitación del segundo piso, más concretamente al despacho de Voldemort, entró como un bólido, azotando la puerta contra la pared, con la respiración agitada por la ira y el descontrol que le producían estar de regreso en aquella casa, Anthony, Bella y Severus llegaron a duras penas tras ella, Draco se tardó unos segundos más, pero mientras todos llegaban, Hermione se deshizo en gritos frente Riddle

-¿Ahora estás ya contento? Está hecho ya, tu parodia, tu teatro está consumado, ya desfilé por las tablas y me uní al heredero de Malfoy, ya todo tu plan está listo, espero que ahora estés feliz-

Riddle tan solo la miró, con una repugnante sonrisa de triunfo en su rostro, sorbiendo lentamente una copa de vino, ahora que su heredera se había unido a Malfoy, sólo había un pequeño detalle que le molestaba, y era el no haber podido entrar en al mente de Potter esa noche, aunque estaba seguro que la conexión continuaba allí, había sentido la ira del chico, mientras el chico, y él bien lo sabía, había sentido toda la euforia que lo recorría al saber a la chica por fin en su poder, y sus planes consumados… bueno, aún faltaban un par de cosillas

-Querida mía, para estar feliz, aún me falta deshacerme de tu querido amigo Potter, pero créeme, cada día su fin se acerca más y más- depositó la copa en la mesilla ratona que estaba a su izquierda y apoyó ambos brazos sobre sus rodillas, juntando las yemas de los dedos, y mirándola a través de ellos, con su mirada impregnada de astucia.

Hermione casi se desmaya de la ira que le produjo la frase y el gesto astuto de Riddle.

-Eres un canalla, un vil y miserable canalla- le gritó de nuevo- no tenías ninguna necesidad de hacerme casar con ese… rubio acomplejado y estúpido, pero te vas a arrepentir Riddle, te lo juro

-Querida Hermione, ¿Por qué mejor no vas a prepararte para tu noche de bodas? De seguro que tu marido está esperando ansioso- el total descaro con el que Tom Riddle pronunció esta frase, para luego levantarse y pasarle por el lado rumbo a la salida terminó de descolocarla

-Eres una serpiente asquerosa y arrastrada, maldito artero ladino y sátrapa.

Hermione salió del cuarto y caminó rumbo a su habitación, para encontrarla totalmente vacía, o lo que es mejor explicar, vacía de sus cosas, los muebles seguían ahí totalmente desnudos, la cama sin sábanas, cero adornos o atributos, y el peinador, la cómoda y el armario estaban vacíos de sus pertenencias, se le revolvió el estómago y poco le faltó para devolver la cena y los aperitivos al recordar con horror y amargura la habitación que Riddle le había hecho acomodar a su antojo y gusto, con la única condición de que el lecho era doble en lugar de sencillo, al pensar en aquella cama de matrimonio, y en aquellas comodidades que le había agregado, en el segundo armario que hizo poner y el escritorio que tenía prohibido retirar del cuarto… la cunita de bebe que el mismo Blaise había llevado y armado con ayuda de Anthony y ella misma…

Esa debía ser su nueva habitación, Narcissa entró al recinto mientras ella se dejaba tumbar en la cama con aquella certeza creciendo lentamente en su pecho.

Draco se había llevado una sorpresa similar, pero tras la puerta de su cuarto le esperaba su "querida" tía Bellatrix

-Draco, Drakito querido- dijo la mujer cerrando la puerta tras de sí –no creerías que permanecerías durmiendo en esta habitación después de casarte con la Granger, ¿cierto? Tus cosas te esperan en la habitación de matrimonio, si

–Agregó al ver el desconcierto de Draco- la que está en la planta alta, por supuesto, habrá guardias en las escaleras día y noche, así que tu noviecita no podrá escaparse. El señor ha hecho arreglar esa planta como una pequeña casita, trasladó la biblioteca, acondicionó un área de entrenamiento para ella, e incluso una enfermería para que pueda parir ahí mismo. ¿No es perfecto? Potter jamás tendrá oportunidad de llegar a ella si acaso llegase a asomar sus narices por aquí- La satisfacción era patente en el rostro de Bellatrix

-Tía, me gustaría estar solo un rato, antes de ir a esa "habitación", más que mi habitación es mi condena-

-Cuida la lengua sobrino, son ordenes del Señor, y sabes que desafiarlo no es nada sabio- Bella acarició su varita con malicia

-Tía, no seas fastidiosa y retírate de una buena vez- le cortó Draco, aburrido de su cháchara estúpida.

Cuando, ofendida, Bellatrix se retiró de la habitación azotando la puerta, Draco se permitió lanzar un silenciador y un sellador a la habitación y descargó su puño contra la pared de nuevo, y otra, y otra y otra vez, hasta que sudoroso y cansado se dejó caer sobre la cama se solía usar hasta la antepasada noche.

-Te dije que tendríamos un apequeña charla- dijo Narcissa sentándose al lado de la castaña, observando su vientre de casi seis meses con cariño, algo bastante ajeno a ella normalmente, sacudió la cabeza para apartar la imagen de ella cargando a su pequeño nieto, que se abría a veces paso en su cabeza desde que supo la noticia, y la digirió apropiadamente, y las ganas de azotar a Draco por su brutalidad volvieron a ella, pero si… mejor omitir el cómo y quedarse con la imagen del nieto.

-¿De qué quiere hablarme?- preguntó Hermione, aún mirando el techo de la adoselada cama

-Es necesario que sepas ciertas cosas, para que puedas comprender el significado de los hechos que te rodean, Hermione-

-No sé a que espera llegar- murmuró sentándose y buscando con su mirada la de Narcissa

-No debes, no puedes culpar absolutamente de todo a Draco- la expresión de sorpresa e indignación de Hermione la alertó- sé que lo que hizo fue… yo misma no tengo palabras para decirlo, y sé que nada puede excusarlo, debes comprender que mi hijo detesta todo esto, y estaba desesperado, enajenado y no pensaba con claridad, ahora bien, fortuitamente, ese hijo tuyo te salvó la vida en el campo de refugiados, y luego aquí, cuando Voldemort te hizo traer por él, y sin ese hijo, Voldemort no hubiera descubierto nunca esa mancha, ese lunar familiar que llevas casi en la sentadera…

-No entiendo la importancia de ese lunar, cuando Riddle lo vio, prácticamente todos palidecieron, ahora usted dice que un… ¿un lunar familiar?

-Si querida, ¿sabes quienes eran los Bagshot?

-No tengo idea, creo que… espere Bathilda Bagshot es la escritora de Una

Historia de la Magia

-Exacto, esa era una de las familias más ricas y poderosas, de magos tanto blancos como oscuros, de nuestra sociedad… hace años, una doncella de esa familia se hizo mortífaga, y estaba embarazada cuando desapareció, murió, y de su hija nunca se supo nada, desapareció de San Mungo, tú eres la hija de esa Bagshot, Granger, tu impresionante poder, y el lunar, el impresionante parecido con ella... El Lord Oscuro la apreciaba mucho, y cuando la conoció, siendo apenas una adolescente, le hizo esa misma marca que reposa aquí- Narcissa hablaba desesperadamente rápido, tocando su hombro al mencionar la marca

–La marcó como a ti, la marcó como suya, y la había prometido con otro joven mortífago, que murió o desapareció esa misma noche que ella. El por qué ÉL apreciaba tanto a esa joven, o por qué te buscaba con tanto ahínco, es un misterio para todos, ya la vida de mi hijo pendió de un hilo cuando el supo que eras tú a quien él había mancillado de ese modo tan…

-Ya eso obviamente no importa, no a Riddle al menos, me casó con él ¿o no?

-Para que tu hijo no nazca sin padre, y sea considerado un bastardo; Lucius no está de acuerdo y su antipatía hacia ti no cesará, eres la mejor amiga de

Potter, no puedes esperar más de él. ¿Comprendes lo que te digo? ¡Podrías salvar tu vida y la de tu hijo, mi nieto- dijo señalando expresivamente el vientre de Hermione- si tan solo trataras de llevar la fiesta en paz con Draco y el Lord Oscuro!

-¡No me interesa llevar la fiesta en paz con su hijo!- Grito exasperada Hermione, levantándose de la cama de un salto -¡Ni con Riddle! Uno se me hace despreciable; y el otro repugnante… ¿Podría usted soportar compartir el mismo aire con el desgraciado que abusó de usted? ¿Con alguien que la humilló mas allá de lo indecible y mató a sus padres, frente a sus ojos? ¿Podría llevar la fiesta en paz con Riddle si él fuera quien comandó eso? Si Riddle hubiera matado a sus amigos poco a poco, atormentado a su raza, por que no importa lo ustedes crean que soy, aunque hubiera nacido de una bruja, yo me crié entre muggles, y me han estado cazando como una, a mi gente, a mi familia, amigos, a la gente con la que crecí y me crié hasta los once años. Ellos son mi gente, mi familia, no Riddle, ni los Mortífagos, ni los Bangshot, y ciertamente no Draco, ni Lucius Malfoy, ni tampoco usted, porque eso me emparentaría con asesinos y locos…- Hermione la miraba como si se hubiera vuelto loca al intentar convencerla

-Hermione, contrólate, si tu y mi hijo se unen, y logran irse de aquí, pueden cada cual hacer su vida por su cuenta, pero el Fénix… ustedes están enlazados por ley mágica de por vida, entiende eso, yo tampoco me casé por amor, Lucius hizo conmigo casi lo mismo que mi hijo contigo, y llevo de casada poco más de la edad de mi hijo con él, pero no puedo hacer nada… Trata de llevarla en paz con mi hijo y por el bien del tuyo; ¡No retes más al Señor Oscuro! ¡Comprende que no te conviene!

-No quiero, no puede convencerme de eso- replicó

-¡No seas una niña! Ahora tienes una persona por la que velar, - dijo con la mano en su vientre, retirándola luego como si quemara- y mientras respetes a

Riddle la vida de tu hijo y la tuya no corren peligro, pera hasta que Él no sea derrotado, todos tenemos un futuro incierto! -Narcissa se levantó y caminó rumbo a la puerta- Ahora ve a la última planta, y espera a tu marido en esa habitación, y simplemente, trátense bien, así sea por política-

Narcissa señaló la puerta y esperó a que ella saliera del cuarto para llevarla a la última planta. En el camino, justo antes de llegar dónde estaban los guardias, se detuvo y le entregó a Hermione una bolsita reducida

-Son cosas para mi nieto, lo que necesites, no dudes en pedírmelo -Dicho esto se marchó y la dejó sola.

Hermione avanzó el tramo de al escalera que le restaba y los guardias se hicieron a un lado para darle paso, con el corazón en un puño y su seguridad en el otro, caminó hasta la puerta de la gran habitación, y allí en un sillón al fondo de la habitación, estaba Draco, sentado mirando la cunita a su derecha. En una mesilla junto a la cómoda había una cena esperándoles y una botella de cara champaña, "también autentica de Champagne, Francia"

Con paso lento se acercó a la mesilla, y meditando las palabras de Narcissa descorchó la botella y sirvió un par de copas. Draco la miró impertérrito, al menos en apariencia

-¿Qué demonios se supone que haces Granger? ¿Ahora piensas emborracharte?

-No- Hermione se acercó a él con ambas copas en sus manos –Pero alguien me dijo que tal vez, y sólo tal vez, podríamos llevarla en paz, al menos el tiempo que tengamos que compartir esto- dijo señalando con sus manos la habitación, para luego colocar una de ellas en la mano extendida de Draco

-Suena inteligente, - dijo con recelo- pero no sé si lograremos hacerlo por el tiempo suficiente- replicó él

-Sí, si fingimos, ser otras personas- dijo mirando distraídamente por el ventanal.

-¿Jane y Alexander? ¿Eso propones? – Draco la miraba como si estuviera frente a una desquiciada, a fin de cuentas, ¿donde estaba la Granger peleonera que el pensaba encontrar?

-Exacto…

OoOoO

Ah! Terminé de editar! Ahora a transcribir el capítulo nuevo! Lo sé ha pasado demasiado tiempo, pero por fin aquí voy!