En esta parte veremos -como cosa rara- las "espontáneas" discusiones de la Ah-Un, la Strongest tiene poca aparición, pero todo tiene su razón de ser.

Como siempre se esperan con cariño los reviews, así como les entrego los caps con amor *o*

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Sin percatarse, estaban corriendo cuesta abajo como si de ladrones perseguidos se tratase. Al caer en cuenta de lo ridículos que debían verse dos chicos de preparatoria trasteando pasos con cara de trauma psicológico, redujeron drásticamente el paso, aparte claro, estaban ya sin aire. Acuclillado y sudado, el mayor apenas respiraba, Ryoma se encontraba sentado estilo mariposa con la gorra torcida sobre la cabeza, sudado e igualmente jadeante.

-Esto cansa más que un partido de dos horas- rió Momo aun jadeante, adivinando los pensamientos del chico. –Como no podrías cansarte si saliste corriendo despavorido Momo-senpai- contestó tratando de aplicar el tono sarcástico y burlón con el que prácticamente nació, pero aun sus pulmones no le permitían dicha gracia –Mira quién habla, estas igual de agotado que yo- reprochó en un susurro interrumpido, quejándose del latir estrepitoso de su corazón. Con un común acuerdo de callarse la boca y dejar los reclamos para después, se dejaron descansar en una banca de parada de autobús que había un poco más adelante.

El autobús llegó y se fue, dejando pasajeros y un regaño del chofer hacia los muchachos, por usar como silla de parque la parada de usuarios del transporte público. Se levantaron del sitio y siguieron caminando calle abajo, quedando frente al famoso restaurante al cual supuestamente iban a comer con sus senpais del club. Un escalofrío recorrió sus cuerpos completos, haciendo que de estrépito optaran por usar los viejos trucos "distractores" de toda la vida: carraspear, jugar con el pie, voltear a otro lado simulando toser.

-¿Entramos?- se aventuró a decir Ryoma, aun observando lo interesante de la señora del local de al lado barriendo la acera. Momo solo quería llegar a su casa a tomarse un calmante, cambiarse y descargar toda su frustración mental con salvajes partidos callejeros hasta el anochecer…por otro lado, también tenía hambre, un hambre que aparentemente había olvidado tras el 'susto' que se llevó en casa de Fuji.

Un gruñido poderoso y largo fue el "si" del estómago de Takeshi. Sin decir mucho entraron, para fortuna o desgracia de los dos, el local estaba casi vacío a horas del mediodía. Se ubicaron en una mesa cuádruple casi al final, cerca de la barra y la caja registradora, desde allí observaban los anuncios que había a modo de menú, característico de los sitios de comida rápida; para variar un poco la costumbre de hamburguesas, Ryoma pidió alas de pollo fritas con papas fritas y ensalada, y una Ponta; y Momo optó por pedir una pizza con chile picante y un vaso mediano de té frio. El encargado de hacer fila para tomar y llevar los pedidos a la mesa fue Momoshiro tras perder en un sospechoso piedra-papel-o-tijeras que Echizen ganó con mucha facilidad.


Habían salido del baño hacia una media hora, Syuusuke le prestó una muda de ropa a Tezuka, éste le agradeció con un gesto –Deberías de traer algunas prendas tuyas y dejarlas aquí- le recomendó el tensai tras terminar de vestirse –Para la próxima traeré un bolso con varias mudas y la raqueta- mientras recibía el conjunto que Fuji le pasaba -¿Para que la raquera?- preguntó curioso, mientras se equilibraba en una pierna colocándose el pantalón, sonriendo como característica. -¿Para qué crees que podría usar una raqueta…?- cuestionó inquirente, casi sensual elevando una ceja -…Para muchas cosas…-respondió Fuji, haciéndose idea mental de otras utilidades del mango de la raqueta más allá del ámbito deportivo. –Si….como para defenderme si tres desquiciados me quieren golpear sin razón aparente a plena luz del día- contestó con un sarcasmo afilante, una venita saltó de su cabeza. Fuji rió con ganas -¡Ya entendí! Entonces por favor no la traigas, quiero conservar mi cara en buen estado- simuló un gesto de dolor en su cachete causándole gracia a Tezuka.

Una vez vestidos y dispuestos a bajar a la sala, la voz perteneciente al ojos cielo hizo que Tezuka desistiera momentáneamente de cruzar la puerta -¿No deberíamos de llamarles y explicarles lo que pasó? O al menos quedar con ellos para hablar directamente- Kunimitsu sonrió para sí, identificando en aquel tono casual y común del muchacho, la responsabilidad que como senpai sabía que tenía, aunque la mayoría de las veces la escurría por la tangente con cualquier travesura o picardía; extrañado, pero también orgulloso del interés de Syuusuke, le respondió como el capitán que era –Lo mejor por ahora es esperar a que vuelva a darse la oportunidad de encontrarnos y que ellos tomen la iniciativa, si los buscamos ahora podrían repelernos y no llegaríamos a nada- la respuesta seria pero efectiva, le recordó a Fuji que estaba con su Buchou tomando acciones para corregir su complejo de exhibicionista, pensando cómo alguien normal, sabía que podría ocasionarle serios traumas a sus kohais. Suspiró como rara vez hacía.

-Supongo que tienes razón, no se me da bien esto de deber explicaciones- sonrió, liberando de sus hombros sus propias tensiones. Kunimitsu cerró los ojos a forma de afirmación, saliendo de una vez por la puerta, anunciando tranquilamente una pregunta cuya respuesta ya sabía -¿Salimos a comer?-

-Si- bastó escuchar para bajar las escaleras.


-¿Crees que deberíamos llamarlos?- abordó el tema después de muchos silencios pausados, atragantos de comida en intentos de decirlo, y poco sutiles desviaciones de tema. La pregunta tenía una respuesta claro estaba, pero por más que pensara el chico Echizen no se decidía…además, si quien los vio fue Momoshiro, no entendía por qué su opinión o su presencia eran necesarias. Oh claro, no se atreve a encararlos solo, cobarde Momo-senpai rió ante su propio pensamiento, a sabiendas que no era del todo cierto y que solo representaba una excusa para encubrir parte de la aparente responsabilidad que sentía de la situación.

-No sé, tal vez ellos deberían- pensó rápidamente la palabra –buscarte- contestó al fin, saliendo del todo de su absorbente pensamiento. Momo lo observaba, Ryoma le devolvía la mirada que extrañamente seria le mostraba, pero la suya no era igual, sarcástica sí, pero pensativa por igual…pensaba en cómo habría reaccionado si hubiese sido él quien los hubiera visto, escuchado… ¿Qué hubiera hecho? ¿correría? ¿gritaría? ¿se quedaría callado e inmóvil, incapaz de girar los ojos?... ¿pensaría en alguien en ese momento? Sacudió la cabeza antes de lograrse completar el impulso que formaría una respuesta a su última pregunta. –Tal vez sea lo mejor, además, no me siento en capacidad de enfrentarlos- respondió sin muchos ánimos el mayor, correspondiendo en pequeña parte la formulada auto-excusa de su compañero: admitía que no podía solo, o al menos era otra manera de voltear el contexto y hacerse valer, pensaba Echizen.

-Hay una manera de comprobar si eres o no capaz de encararlos- comentó tranquilo el pequeño, recostándose de la silla con los brazos cruzados tras la cabeza, usando su característico tono 'retante' -¿Cómo?- preguntó interesado Momo, con un brillo de temor en los ojos –Intenta llamarlos, aunque no hables, es una manera de saber si puedes o no- le explicó, poniéndose nervioso a intervalos de tanto ver la ansiedad en los ojos contrarios. Ante la respuesta del chiquillo tenista, el mayor desposó ambos brazos de la mesa y se sentó, suspirando. –Dejé mi móvil en casa, y no tengo monedas para llamar de un público- comentó casi aliviado, aunque desilusionado.

-Tengo mi móvil, puedes usarlo- le entregó el celular, Takeshi lo vio, perdiéndose por un momento entre las teclas con números y letras –El número está en la lista de contactos, solo búscalo- avisó Ryoma al ver que el joven despeinado no se movía, éste tragó forzoso al encontrar ambos nombres en la agenda. Dudándolo un momento, pero con suficiente impulso para actuar sin pensar, presionó sobre la tecla "call" el nombre de "Tezuka-buchou" que aparecía en pantalla; recibiendo como respuesta una voz femenina mecanizada, muy formal, que le anunciaba que su saldo de llamada era insuficiente para realizar cualquier intento de comunicación hablada o escrita

-No tienes saldo- reprochó Momo, dejándole el teléfono en manos –Es imposible, compré la tarjeta hace poco- contestó incrédulo, marcando el comando de teclas que solicitaría un mensaje con la cantidad de saldo disponible, arrugó el entrecejo al ver que rayaba los números redondos. -¿Últimamente has llamado a alguien?- preguntó el mayor, dándole la idea de revisar la lista de llamadas hechas recientemente, encontrándose repetidas veces el nombre "Fuji-senpai" -¿A quién llamaste hace rato cuando te presté el teléfono?- interrogó el dueño del móvil, claramente disgustado. Al ver su expresión, su senpai frunció el ceño en una mueca de disgusto -¡Oye! ¡Yo no te gasté el saldo!- se defendió antes de que el otro pudiera decir algo.

-No te estoy culpando, sólo dime a quien llamaste- cortó suspirando cansado, mirándolo con fastidio –A Tezuka-buchou- respondió con una mueca de sospecha, entrecerrando los ojos. Qué extraño, aquí marca Fuji-senpai pensó, accediendo al menú detalles de la llamada comprobó que la misma fue realizada hace dos días, él no recordaba haberlo llamado entonces, además, el horario era de entrada la noche.

-A menos que haya sido…- sorprendió a Momo con una alteración en su voz, modificando su rostro a uno de comprensión absoluta ¿Habrá alcanzado la iluminación? Se preguntó tontamente el otro, recordando en una revista que había leído, la imagen de un monje budista con una expresión similar claro, que era calvo, rió al imaginarse a su amigo sin un solo cabello en la cabeza.

-¡Karupin!- dijo a sí mismo, suspirando frustrado -¿Qué pasa con el gato? ¿Alcanzó la iluminación?- bufó sin pensar lo que decía, aun sin abandonar del todo el recuerdo del artículo impreso -¿Eres idiota o qué? ¿De qué iluminación hablas? Estoy refiriéndome al celular- reprochó Ryoma, viéndole con una cara que aclaraba, había hecho un comentario ridículamente absurdo -¿Qué tiene que ver el gato con el teléfono? ¿Qué acaso lo tomó para llamar a la gata de la esquina?- hizo muecas felinas, creando un teatro mental de una salida a la luz de la luna…y sardinas en lata por doquier -¿Qué tan tonto puedes ser? Karupin había estado jugando con mi teléfono anteayer, de seguro presionó las teclas- contestó –Así que el gato te gastó el saldo…que idiota, por eso no tengo mascotas- comentó de brazos cruzados, exasperando al muchacho con su impasible calma –No tienes mascotas por descuidado, se te morirían en días o huirían de tu casa- dijo burlonamente

-¡¿Qué dices? ¡Claramente podría cuidar de cualquier animal! Y no de uno ¡de varios también!- retaba, parándose copiosamente, aprisionando la mano sobre la mesa, con el puño alzado en su usual pose de pelea cuando perdía la paciencia con Kaidoh –Imposible, no te soportarían- contestaba restándole importancia haciendo un gesto burlón con los brazos al hombro -¡Claro que no!- gritaba con una vena en la cabeza, claramente picado por los comentarios de su kouhai encorvó su cuerpo hasta quedar cara a cara con Echizen, a nivel de su barbilla, el aludido solo se limitaba a reír sarcásticamente, finalizando con su muletilla la "pelea" que había iniciado el mayor –Mada mada dane- se levantó de la silla y se dirigió al baño, dejándolo crispado y solo.

Al saberse invisible a través de las paredes del cuarto de baño, mirándose al espejo notó un suave rubor en sus mejillas, se retiró la gorra y la dejó en la pieza de mármol que encajaba los lavamanos en fila horizontal. Se lavó el rostro y las manos, secándose con toallas de papel….Muy cerca… suspiró para sí, desechando el trozo de pliego.

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No se sorprendan si la Ah-Un sale mucho últimamente...es que los chicos se han ganado un espacio en mi corazoncito desde que empecé a escribir de ellos *o* igualmente son pareja secundaria, así que no se preocupen, todo está relacionado con la Strongest que no ha perdido su propósito de ser -u-

Espero les haya gustado el cap, cualquier duda, sugerencia, carta bomba o tomatazo saben por dónde pasarlo.

Ja ne~