¡Volví! Gracias a todas por el aguante. Los reviews fueron divinos. Espero que les guste este capítulo. Lo prometido es deuda, llegó el acercamiento.
Love Solutions
Capítulo 9
Hermione llegó al trabajo y se encontró con un clima extraño. Obviamente, se acercó a Maggie para averiguar qué sucedía, tratando de ignorar las miradas que aún recibía.
-Maggie, ¿Sucede algo? ¿Por qué hay tanto movimiento?
-Buenos días, Hermione. Hoy luces mejor que ayer. Lo que sucede es que nos acaban de avisar que los señores Malfoy vendrán el día de hoy para concretar quién será el futuro socio
Hermione se dejó caer sobre la silla que tenía detrás y miró al vacío. Maggie palmeó su hombro a modo de consuelo, sonrió y continuó con lo que estaba haciendo.
El equipo entero se dirigió a la sala uno y permaneció allí unos quince minutos antes de que los Malfoy aparecieran. Obviamente, querían dejar claro quién mandaba; o al menos eso supuso Hermione de su tardanza.
Sin embargo, su perspectiva cambió al ver la cara que padre e hijo compartían.
-Mignor, por favor, refuerza las barreras a la prensa para la próxima reunión. Estoy cansado de los altercados de este tipo.
Evidentemente la tardanza se debía a la ya común invasión de reporteros. "Ups", pensó Hermione. Debería dejar de ser tan subjetiva si quería que los negocios salieran bien.
De todas maneras, aunque lo intentara, la objetividad había abandonado su persona. De hecho, ella parecía ser un interesante objeto de estudio en ese momento.
Tras el ingreso de Draco Malfoy, todas las miradas en la sala se habían dirigido a ella.
Si los reporteros fueran lluvia, Draco estaría empapado en este momento. Había suspirado de alivio al ingresar al gran edificio. Evidentemente, no debía haberlo hecho. Allí no había ninguna paz. De hecho, casi podía afirmar que en esa habitación había lluvia y un tornado girando a su alrededor.
Las miradas de todos los presentes se cruzaban y terminaban su trayectoria en él o en Granger.
No sabía de qué manera podría romper con ese clima en el que nadie parecía respirar. No se sentía capaz de mirar a nadie a los ojos porque sabía que todos tendrían una pregunta vagando en su mirada, así que sus ojos se posicionaron en la única mirada que no lo interrogaba. Miró a Hermione Granger y se sorprendió al encontrar en sus ojos un atisbo del miedo que había visto dos días atrás.
Ella intentaba disimular mirarlo al igual que intentó disimular el miedo. Fracasó en ambas. Parecía estar luchando. Sin embargo, sus miradas se sostuvieron. Parecían ser las únicas sobrevivientes a una masacre. Las únicas que flotaban, claras, sobre la niebla de interrogantes que abrazaba la habitación.
Había algo que le molestaba. De seguro lo mismo que a él. Tenía la mirada cansada. Sus ojos estaban tan agotados como él mismo se sentía.
Una vez más, Draco tomó la iniciativa, porque no creyó que ella pudiera salir o sacarlos de la situación sola. Por un instante, Draco había pensado que su padre sabría que encontraría esta tensión y lo salvaría de ella. Pero nuevamente había errado.
Respiró hondo e intentó olvidar las miradas clavadas en él. Tal vez, si no hablaba ahora, alguien haría una pregunta y entraría en una situación de la que no podría salvarse; ni a sí mismo, ni a Granger. Con el único objetivo de evitar ese destino, retiró sus ojos de la chica, con la duda aún pesando en sus hombros, y se dirigió al señor Winston.
-Creí que se trataba de una empresa respetable y con poder, Señor Winston. Procure que en la próxima visita nuestro ingreso sea más humano.
El señor Winston titubeó y carraspeó antes de disculparse unas cinco veces seguidas.
Draco tomó asiento, pretendiendo que los demás lo siguieran. Tuvo suerte porque todos lo imitaron sin más miradas en su dirección.
En el ruido y la distracción que se produjo -música para sus oídos-, Draco alcanzó a ver una sonrisa asomando en el rostro de Granger.
Definitivamente, la chica le debía más de una.
No, no más de una sonrisa… le debía más de un favor. Por supuesto que no era la sonrisa en lo que había pensado en primera instancia.
El señor Winston comenzó a hablar pero Draco estaba demasiado ocupado como para escucharlo. Había alcanzado a procesar las palabras Greengrass, cosméticos y muebles. Nada de eso tenía ningún sentido, pero como aún no estaba autorizado a tomar decisiones, toda esta reunión le parecía una pérdida de tiempo.
Prefería mil veces estar con Granger en un lugar tranquilo intentando aprender todo eso que ella supuestamente debía enseñarle.
Un momento… él en realidad no quería nada de eso…
De repente, la reunión era increíblemente interesante. El señor Winston era, inclusive, un experto en el área.
Lástima que Draco se había interesado demasiado tarde. Todos estaban comenzando a recoger papeles y su padre estaba diciendo algo de contactar al señor Greengrass lo antes posible.
Draco reconocía el apellido porque lo leía a diario en los periódicos. Parecían ser la familia favorita de los reporteros. Dado que ninguno de los héroes de guerra se prestaba a sus tonterías, los paparazzi habían dejado de intentar y se habían dedicado a construir héroes propios que alimentaran sus noticias.
De esa manera, todo el mundo mágico sabía de la "prestigiosa familia Greengrass". El joven no necesitaba haber escuchado la reunión para saber que su padre intentaría seducir a la familia
Greengrass con el fin de limpiar el apellido Malfoy.
Como todos estaban poniéndose de pie, él también lo hizo, pero su padre lo detuvo al hablar.
-Mignor, Draco y yo deseamos conversar unos asuntos contigo, ¿es eso posible?
- Por supuesto, Lucius. En mi despacho estaremos más cómodos.
Ahora sí, su padre lo dejó levantarse al tiempo que el señor Winston se dirigía a Granger.
-Hermione, dedícate a contactar a la familia Greengrass, por favor. Comunícate también con la secretaria del señor Malfoy y arregla una reunión entre ambos en esta sala para esta misma semana. Ten presente todos los puntos conversados en esta reunión. Todo debe ser perfecto, ¿de acuerdo?
La chica respiró hondo, lo miró de reojo, luego a su padre, con una mirada algo distinta de la que le había dirigido a él; y luego habló.
-Por supuesto, señor. Le avisaré en cuanto tenga noticias.
-Muchas gracias. Si necesitas ayuda, habla con Maggie o Jack.
Ella asintió y luego se retiró rápidamente
Él y su padre siguieron al señor Winston hasta su despacho. Ahora sí debía prestar atención. Era su momento de hablar y las palabras de su padre resonaron en su mente nuevamente.
"Mañana nos reuniremos nuevamente con el señor Winston, Draco. Quiero que le expliques que no hay nada entre tú y su empleada. Pero recuerda, no debes mencionar que ella trabaja para nosotros de manera privada."
De repente, la palabra "empleada" no le parecía un buen término.
Hermione llegó a su casa agotada. No sabía qué le dolía más; posiblemente la dignidad. Malfoy la había salvado. Otra vez.
¿Cómo era posible que no hubiera podido lidiar con las miradas de sus compañeros? Habían ejercido una increíble presión sobre ella y, de alguna manera, Malfoy había salido airoso de la tensión dejando la puerta entreabierta para que ella también escapara.
Como si no hubiese tenido suficiente hasta ese momento del día, había conseguido la reunión con el señor Greengrass para el día viernes y, cuando se lo informó al señor Winston, éste le pidió que estuviera allí y, de ser posible, tan informada como lo había estado para la primer reunión con los Malfoy.
Aparentemente, debía colaborar convenciendo a los Geengrass de que "los Malfoy eran una excelente opción para constituir una brillante alianza" –palabras textuales del señor Winston.
Se sumergió en su bañera deseando irse por la tubería con el agua. De seguro allí estaría mejor. No deseaba afrontar el resto del día.
Por supuesto que este no había terminado ahí; en solo una hora debía ver a Draco Malfoy.
En su enojo al momento de responderle al chico el día anterior, Hermione había ofrecido su casa como lugar de reunión.
Ella aparecería primero en los jardines de él porque él no conocía su hogar como para aparecer directamente.
La idea la agobiaba y aliviaba en partes iguales. La presencia de Draco Malfoy en su casa sería, seguramente, imborrable. Pero, a su vez, prefería eso mil veces antes que soportar a la prensa una vez más.
Definitivamente no estaba hecha para el mundo mediático.
Habiendo demorado quince minutos más en el baño, Hermione estaba llegando tarde a la casa de Malfoy. Aparentemente, sus ansias de ignorar el compromiso eran demasiado grandes.
Intentó hacerlas a un lado y, tras haberse puesto presentable, visualizó en su mente el hermoso jardín de los Malfoy.
El lugar era aún más impactante que la imagen que su mente guardaba. Su memoria se veía ofuscada por el miedo, la discusión, las confesiones de Malfoy y su "nuevo despertar".
Con ese nuevo despertar en mente, Hermione sonrió y volteó para encontrar a Draco Malfoy sentado en el mismo banco de exterior que ambos habían compartido.
-Debe ser espléndido ver este lugar todos los días.
Hermione se descubrió sonriendo en dirección a Malfoy, hablando con naturalidad, a la espera de un diálogo normal y amable.
Para su sorpresa, Malfoy asintió y sonrió de lado. No era la sonrisa típica de su rostro. No había maldad ni arrogancia. Él realmente sonreía. Miraba el enorme jardín que se extendía a sus pies y sus ojos se perdían en el horizonte.
Hermione notó que también sus ojos sonreían, tímidos. Y de repente, esos ojos se posaron en ella.
Sintiéndose atrapada invadiendo el momento personal, desvió su mirada y carraspeó.
-Deberíamos irnos. Cuanto antes comencemos, antes terminaremos. Seguramente tú también tienes cosas que hacer mañana.
-Sí, por supuesto. –Y nuevamente, ambos sabían que él mentía pero ella se lo dejaría pasar. Se lo debía. Después de todo, él la había salvado por segunda vez consecutiva.
Con algo… bueno, con toda la incomodidad que se podía sentir, Draco se acercó a la joven.
Si quería desaparecer con ella hacia un lugar que él desconocía, definitivamente tendrían que tocarse.
Obviamente, ya lo habían hecho, pero en situaciones mucho más tensas. La conciencia que ambos tenían en ese momento era mucho peor que la tensión.
Aparentemente, Granger estaba decidida a no ser salvada nuevamente, pues lo miró con resolución y estiró su mano.
Draco la tomó sin dudar. Por algún motivo no quería que ella pensara que él se negaría a tomar su mano. Era sólo eso. Una mano
Una mano pequeña, suave, segura. Era una mano que encastraba con la suya, grande y a veces insegura.
Los nudillos de ambos jóvenes se doblaron y ejerciendo la menor presión posible sobre la mano del otro, desaparecieron.
Desaparecieron ante los expectantes ojos brillantes de una pequeña criatura entusiasmada.
Duppy amaba el espionaje. Amaba, también, que la mansión fuese tan grande, permitiendo escondites seguros y con buena vista de los espectáculos brindados por los amos de la casa.
Tras el revoltijo que sintió su estómago, sus pies se estacionaron en tierra firme y Draco Malfoy se sintió lo suficientemente seguro como para desprender su mano de aquella pequeña que aún sostenía.
Miró a su alrededor familiarizándose con el mismo y, finalmente, sus ojos retornaron a Granger. Si no la conociese lo suficiente, Draco juraría que la joven buscaba su aprobación. Negando para sí mismo un pensamiento tan absurdo, carraspeó y decidió que un elogio sería un buen comienzo.
Claro que no era su estilo pero, a diferencia de él, Granger había clamado tener cosas que hacer tras esta reunión y… que va, estaba inventando. Realmente quería elogiar la casa. Era pequeña pero acogedora. Todo lo contrario a su Mansión.
-Has hecho un buen trabajo aquí, Granger. Toda esta zona había sido destrozada, ¿verdad?
Ella miró hacia abajo, luego a su alrededor y con aires de orgullo contestó –Sí, cuando compré el lugar todo estaba destruido. Pero por algo debía comenzar… como todos, ¿no crees?
Él sólo asintió porque no lograría pronunciar más palabras amistosas en su dirección. Ya había hecho un esfuerzo. Tendría que alcanzarle con eso.
Debía admitir que Malfoy estaba comportándose. Estaba esperándose algo así como "Qué horrible pocilga", "huele a mugre", "no tienes idea de lo que es vivir", "las ratas viven mejor".
Pero él la había sorprendido con un elogio. Siendo eso más de lo que podía esperar de un cuasi niño como Malfoy, decidió que ella también jugaría limpio.
Si él quería aprender, ella le enseñaría. Si podía aprovechar la situación para inyectar algo de vida en las venas de Malfoy… bueno, también lo haría.
Ella comenzó a andar en dirección a lo que él suponía era la cocina y la siguió, pero ella volteó y le pidió que tomara asiento en una de las sillas de la pequeña mesa de madera que había en el living.
Granger desapareció por una arcada y Draco obedeció sus órdenes mientras miraba a su alrededor.
Frente a él, había un juego de living con una mesita ratona. Todo combinaba con las paredes y el cortinado. Los sillones eran pequeños pero seguramente cómodos. También había un hogar, que era lo más grande que había en esa habitación, y un quinto de cualquiera de los hogares de su mansión.
Gracias a Merlin el lugar era chico, sino ella moriría de frío en el invierno… bueno, no era que eso le importara en realidad.
Afortunadamente ella interrumpió sus pensamientos altruistas regresando a la habitación mientras batía –¡a mano!- el contenido de una pequeña taza.
-¿Qué haces, Granger?
-Estoy batiendo un café, ¿quieres uno?
-¿Y por qué no usas magia? Te llevaría mucho menos tiempo y esfuerzo.
-Verás, Malfoy, cuando has estado por perder la vida unas mil quinientas veces, aprecias los momentos en los que puedes batir un café para dos. Deberías intentarlo.
Y ella hizo algo que los sorprendió a ambos. Depositó frente a él la taza de café y se retiró nuevamente a la cocina desde donde le gritó direcciones.
-¡Estará listo cuando el marrón se aclare!
Juraría que había risa en ese aullido.
Draco miró la taza, su contenido, que era bastante asqueroso, y luego nuevamente en dirección a la cocina. Definitivamente no haría eso. Se paró y la siguió, casi furioso. "Casi" porque había algo extrañamente gracioso en la situación y eso no le permitía enfadarse por completo.
-¿Qué es lo que pretendes que haga?
Vamos, Malfoy, sé que no es tan difícil como para que no lo comprendas. No te estoy pidiendo que planches o que enciendas un microondas. –Él sólo la miró más dubitativo- Sólo debes batir, revolver, ya sabes. Tomas la cuchara con una mano y la taza con otra –Ella se atrevió a tomar sus dos manos. ¡Granger estaba demente! –Debes continuar hasta que el líquido sea amarillento.
¡Y nuevamente ella volteó y lo ignoró!
"Esto será divertido."
Hermione preparó distintos bocadillos para acompañar el café al tiempo que espiaba a Malfoy por el rabillo del ojo.
La mirada del joven cambiaba cada aproximadamente cinco segundos. Disgusto, asco, enfado, decepción, esperanza, y finalmente, gloria.
Draco Malfoy había logrado batir un café. Y, en el proceso, había descubierto el ser creador que todos somos. Si había sido capaz de batir un café, sería capaz de reconstruir su vida. Solo había que dar pequeños pasos.
-¿Cómo vas con eso Malfoy?
-Beberás el mejor café de tus días, Granger. –Dijo al tiempo que deslizaba la taza por la mesada en su dirección y se retiraba al living nuevamente.
Hermione sonrió y preparó todo para comenzar.
Tal vez las cosas no serían tan difíciles.
ERROR.
Draco Malfoy era un maldito insufrible. No podía dar un sorbo de café sin ser interrumpida por sus comentarios prepotentes. Sólo había batido un café. Ni siquiera lo había servido.
- Creo que es momento de que centremos nuestra atención, Malfoy, ¿no lo crees?
En realidad no lo creía, pero ella no tenía por qué saberlo.
-Claro, Granger. Despliega tu sabiduría sobre la mesa. Mi café y yo estamos ansiosos por escucharte.
Estaba clarísimo que Granger no lo soportaba, pero debía aprovechar la situación. Después de todo, ella lo había obligado a batir el café.
Nunca en su vida había ejecutado una labor tan… Muggle… Si su padre lo hubiese visto, habría echado a la joven.
-No veo que estés prestándome atención, Malfoy. Estoy segura que lo que estoy diciendo no es tan gracioso como para provocar esa sonrisa.
-Como siempre, estás en lo cierto. Qué bueno que ahora no levantas la mano como si estuvieras ahogándote.
Ella fingió no estar interesada en responderle y continuó con su explicación.
Tal vez intentar escucharla no estaría mal. Después de todo, para eso se le pagaba.
-¿Podrías repetir eso último? No he comprendido la idea. No es necesario que pongas esa cara, Granger. Sí, estoy intentando aprender algo, ¿de acuerdo?
- Lo que dije, Malfoy, es que antes de comenzar cualquier negocio debes saber con quién estás tratando. Obviamente no tenemos el tiempo suficiente para que te explique toda la teoría que hay de fondo.
-Porque, además, estoy seguro de que sabes mucho más de lo que está escrito en los libros, y definitivamente para eso sí que no tenemos tiempo.
-Tomaré eso como un halago –Lo interrumpió. Y él la odió. ¿En qué estaba pensando al decirle eso? Aunque era algo obvio, no era necesario que él lo remarcara. –Es muy importante tener información acerca de la persona o empresa con la que comenzarás un negocio. Debes saber si tiene más poder que tú o no…
-Eso es sabido, ¿no lo crees, Granger?
-Creo que si la respuesta fuese tan obvia no estarías intentando aprender algo conmigo, Malfoy. Así que cállate y escucha.
Era una atrevida. No solo lo obligaba a batir café, sino que lo callaba en su propia… un momento, esta no era su casa… de hecho, era diez veces más pequeña que su mansión, mil veces más barata, unas cien veces menos elegante y unas mil veces más acogedora…
Y eso… eso detuvo la mente de Draco Malfoy por al menos dos segundos.
Si ella había logrado un hogar tan cálido con tan poco, tal vez ella mereciera ser escuchada.
-Hay una herramienta que te enseñaré y que es muy útil para conocer, en general, a la persona o empresa en cuestión. –Afortunadamente, ella no notó su distracción. La chica tomó un pergamino y una pluma y comenzó a escribir. Luego le pasó el papel.
FODA
-¿Se supone que el papel hable o me dirás lo que eso significa? –Dijo con un tono algo más duro del que quería utilizar.
-Fortalezas –Dijo mientras señalaba la F –Oportunidades, Debilidades y Amenazas –Señaló el resto de las letras. –Cuando hablemos de negocios, estas son las primeras variables que debemos identificar y tratar de describir…
¿Por qué le había contestado de esa manera? O mejor dicho, ¿Por qué estaba cuestionándose por haberle hablado de esa forma? La cuestión era que, como siempre, Granger sólo quería ayudar. De hecho, estaba seguro de que si no le pagaban, habría accedido de todas maneras. Solo porque… bueno, solo porque sí.
Draco intentó volver a concentrarse. Ella estaba escribiendo un par de palabras debajo de cada sigla y arriba de FODA había escrito Malfoy Enterprises. Aparentemente, estaba dándole un ejemplo.
Juzgando por sus gestos, podía decir que Granger sería una buena profesora. Era clara y, aunque no estaba escuchándola, se notaba por la manera en la que modulaba. Movía sus labios finos muy lentamente, las letras eran marcadas. Sin escucharla podía decir exactamente cuándo pronunciaba una vocal y hasta cuando utilizaba la "L" por la manera en que la punta de su lengua tocaba sus dientes.
Sus manos cortaban el aire lentamente, comenzando por sus finas muñecas y llegando hasta la punta de sus dedos. Sus uñas estaban pintadas de un color natural.
Toda ella era natural. Su maquillaje también lo era; de hecho, casi no tenía. No recordaba haber visto a Granger maquillada. De todas las mujeres que Draco conocía, ninguna se atrevería a salir de su dormitorio en la mañana sin maquillarse. Pero ese era un placer que Hermione Granger se daba.
-Malfoy, ¡Malfoy! –Cuando él despegó sus ojos del pergamino y los enfocó en ella, la chica continuó -¿Has comprendido con este ejemplo o quieres otro?
-Ya entendí… Lo siento, pero debo irme.
-Aún no hemos terminado. Apenas si hemos comenzado.
-Lo sé, pero tengo una vida, Granger. Adiós.
Con sólo esas palabras, Draco se levantó y desapareció.
Hermione miró el espacio vacío que había dejado en su silla, luego el pergamino y juró para sus adentros que nunca lo entendería.
-Para qué quiero este pergamino… ¡Hombres!
Al menos había avanzado una ínfima parte en los dos senderos que debía recorrer con él.
A decir verdad, le importaba más que Malfoy hubiera batido un café que sus enseñanzas sobre FODA, las cuales, de hecho, sabía que él no había escuchado. Pero como estaba tornándose su costumbre, Hermione se lo dejaría pasar.
Aparentemente, los dos estaban volviéndose más blandos con el otro.
¿Qué les pareció? La verdad es que lo había dejado por la mitad y cuando lo releí me encantó y eso me motivó para seguir escribiendo, espero que las motive para seguir leyendo!
REVIEWS ARE HIGHLY APPRECIATED!
