El bebé vivió 23 dias exactos. Cuando lo envolvieron en una mantita, era un pequeño saquito de huesos. Dijeron que lo quemarían.

Maerie se encontraba en su tienda, sola, con el bebé envuelto, y la mirada perdida. Sabia que Plumzo estaba al llegar, y se había preparado para ello. Se escondió un puñal debajo de su falda. Le esperaba, impaciente.

Pero mientras, no podía dejar de pensar en su hijo. Cuan corta e injusta había sido su vida, y que ella, a pesar de sus cuidados y su amor, no había podido salvarle…

Se escucharon unos pasos rápidos fuera, y Plumzo llegó. Se dirigió hacia donde estaba Maerie y vió lo que quedaba del bebé.

-Eres una decepción de mujer…-murmuró con rabia, luego se volvió hacia ella y bruscamente la agarró del brazo y la tiró hasta la cama más cercana. Se puso sobre ella y le levantó el vestido, sin reparar en el puñal, y agarró fuertemente la muñeca izquierda de ella- Ya tenemos un nuevo amo y mañana desmantelaremos este campamento. También te ha comprado a ti. Si te preguntan, más vale que no pongas ninguna objeción…-dijo y comenzó a bajar su ropa interior- Me vas a dar otro hijo, y más te vale que sano, pues si no, ten por seguro que te mataré.- estaba él quitándose la suya sin separarse del cuerpo de ella como podía y fue entonces cuando la chica cogió el puñal con su mano libre y se lo clavó en el estómago. Plumzo aulló y se separó de ella para mirarse la herida. Maerie quería haberle asestado un golpe mejor, pero vio que el hombre estaba demasiado entero, así que decidió huir. Se arrastró y procedió a incorporarse pero el hombre le agarró por una pierna y la tiró al suelo.- ¡Puta! Que me has hecho… ¡Vas a morir! ¡Dame ese puñal!-gritaba, loco, tapándose la herida con una mano. Maerie gritó y el tiró del ella para atraerla contra el. La joven comenzó a asestar puñaladas al aire pero Plumzo las esquivaba intentando quitarle el puñal hasta que finalmente le asestó un puñetazo a la joven que la dejó aturdida unos segundos y consiguió quitarle el arma.

Maerie tenia a el hombre sobre ella, sin posibilidad de escapar. Sabia que moriría pero esperaba al menos que el también muriera a causa de su herida.

-No mereces otra cosa más que morir, furcia- dijo y puso el puñal en su cuello.- Ojalá hubieras muerto de colerina tiempo atrás. Nunca mereciste vivir y mucho menos ahora. –Apretó el puñal- Siente la sangre, por tu garganta….- Maerie sólo podía ver el techo, sintiendo como la hoja le hacia ya verdadero daño. Sabia que pronto acabaría así que cerró los ojos, no pudo evitar sentir mucho miedo. El tiempo le pasaba lento, eterno. Pensó que pronto quizás podría volver a ver a su pequeño hijo, sano.

Sentía que pasaba una eternidad cuando de repente, el hombre jadeó y cayó desplomado sobre ella. Sentía su peso inerte, muy pesado y comenzó a sentir el calor hirviendo de la sangre, que inundaba su estómago y poco a poco todo su cuerpo. Entonces fue cuando se dio cuenta de que había alguien más en la habitación. Intentó deshacerse de Plumzo y de repente vió a Jorah, con su espada ensangrentada, que apartaba al hombre de ella con su pierna hacia un lado. Maerie se quedó completamente paralizada, sin poder creer lo que veía. Jorah no podía estar vivo, no podía estar ahí…. Observó la cicatriz de su cara, una profunda que tenia en su cuello, sus ojos claros…

-Te dije que lo mataría….-apuntó el, con su voz grave, con una ligera sonrisa en el rostro. Pero Maerie no sonrió y siguió sin moverse.- ¿Estás bien? Soy yo… Jorah…- el hombre se agachó junto a ella, pero esta se apartó ligeramente. No sabia bien lo que sentía, si odio, miedo, incredulidad…. No sabia que hacer y estaba confusa. Sentía que le afloraban tantos sentimientos que no sabia cómo controlarlos. Ambos se observaron- Debemos irnos. Puede venir alguien. Ahora es el momento perfecto.- y le tendió una mano. Ella seguía sin moverse, asi que Jorah tiró de su brazo para que se incorporara.

-No, ¡No!-gritaba ella. Jorah puso su mano en la boca para que no gritara, también estaba confuso y no estaba muy seguro de lo que hacer. Entonces Maerie comenzó a llorar y perdió las fuerzas. Jorah la agarró y la cogió en sus brazos sin esfuerzo y se la llevó. Ella no se resistió.