El pasado de Ace se rebela un poco y nos damos cuenta de sus sentimientos. Por otro lado empezamos a notar que suceden cosas interesantes en el mundo exterior.
-9-
Crudas realidades.
Ese día en especial estaba haciendo mucho frío, acababa de caer una gran sábana de nieve sobre Hakuharu y todas las personas estaban en sus casas calentándose en las chimeneas y tomando un rico té de frutas. Pero no en el palacio y mucho menos en los jardines reales. Las enormes murallas del castillo de Hakuharu abarcaban una pequeña ciudadela dentro, con grandes cuartos y un pequeño mercado en donde los comandantes vivían junto a sus familias. En la cima de aquel sendero de celebridades se encontraba el rey y junto a él todos aquellos que se hacían llamar sus hijos.
Pero, tal como se dijo al principio, los jardines de Hakuharu, tan extensos y frondosos, resguardaban varias toneladas de nieve que se colaba entre las hojas de aquellos hermosos árboles de cerezos, y aun así, mantenían un aroma mítico a paz y tranquilidad… un aroma a misterio. Nadie solía pasear con libertad por aquel bosque de sakuras, generalmente sólo el rey disfrutaba de los árboles, solía ir ahí con algunos de sus "hijos" y beber barriles de sake, cantar y bailar la rítmica música de los juglares. No obstante, sólo en primavera, porque en invierno la claridad de la nieve y el frío estacional quitaban las ganas de cantar y bailar.
Los pasos del gran rey se aproximaron a la entrada del jardín, un camino de piedras conducía al corazón de todo ese pequeño bosque, así que el monarca caminó sin temor entre éstos, porque ahí se sentía tan seguro como en su castillo. Los pasos eran tremendamente pesados, cualquiera que estuviera cerca los sentiría e inmediatamente se inclinaría, pero el rey no gustaba de eso. Él era un hombre justo y benévolo con sus hijos, no le gustaban las formalidades, no le gustaba su título, él no era más que un protector, no un gobernante, él era el jefe, más no el amo. Así que… contra todo lo que muchos podrían pensar, el gran rey gustaba de recibir el cariño y no la admiración de los suyos.
Finalmente, después de caminar, llegó a una zona en donde se localizaba una cascada, ahora congelada, y un enorme árbol de cerezos, el más grande de todos. Ese era su lugar preferido, ahí le gustaba estar durante los veranos y las primaveras. Observó entonces a un individuo que se localizaba frente al árbol milenario. Era un niño, escasamente vestido para el clima que azotaba esa tarde. Tenía unos pantalones cortos, un par de botas y una camisa de mangas largas, su cabeza estaba al descubierto y era posible apreciar el vaho que despedía su respiración.
—¿Qué haces aquí? – sonó la voz pastosa del rey. El más pequeño de sus hijos hasta ahora, no le miró, simplemente suspiró.
—Sentí… un llamado. – dijo en voz baja, sin ánimos de hablar más. Tenía la vista fija en aquel árbol.
—¿Quién te llama? – interrogó el gran hombre mientras se acercaba más a él, la sombra de su enorme bisento le hacía ver más poderoso aún.
—No lo sé. – contestó el niño. —Majestad… ¿Alguna vez…?
—Ace. – su voz sonó molesta. —¿Qué te he dicho sobre llamarme así?
—Lo siento. – el niño se volteó hacia él. —Padre.
—Así me gusta. – se acercó más a él y se sentó a su lado. Lo único que le protegía del frío era una enorme capa con la que cubría su espalda.
—Oyachi, ¿Alguna vez has tenido la sensación de qué… alguien te está llamando? – el rey se quedó callado un momento.
—Una vez. – clavó su bisento en la tierra y se cruzó de brazos.
—Siento… - Ace tragó saliva. —Cómo si hubiese olvidado algo muy importante y ese algo… me estuviera llamando. Siento como si debiera encontrar a alguien. – el niño se volteó a ver el árbol una vez más. El rey le observó con tristeza.
—¿Aún no… puedes recordar nada? – le dijo con un tinte doloroso en su voz.
—No. – contestó el niño. —Si no fuera por ti, Oyachi, yo estaría muerto, ¿No es así? Pero… después de todo, no sé quién soy realmente, no sé si mi verdadero nombre es Ace, ni siquiera sé si es cierto lo que me has dicho.
—¿No confías en mí, Ace? – preguntó dolido el hombre.
—Claro que sí. – el niño le miró preocupado. —Es sólo que… siento como si no debiera estar aquí. ¿Sabes… lo que es sentirse perdido? – para tristeza del niño, sí lo sabía. La vida del gran rey no fue sencilla y entendía sus sentimientos. —Padre… - Ace suspiró. —¿Conoces la jungla?
—Sí, la conozco.
—Lo último que puedo recordar… es una selva. – Ace alzó su rostro y reveló una venda que le cubría la frente, así como más que le apretaban todo el cuerpo.
…
Cuando Luffy terminó de relatar su vida Ace se quedó en blanco. En realidad no había nada que pudiera decirle nada excepto: Lo siento. Pues su vida era una tragedia digna de lamentar. ¿Cómo es que un niño que hubiese sufrido tanto no se había convertido en un villano? Bien, se hizo pirata, pero sin duda eso simplemente se justificaba por su deseo de libertad y aun así no era la clase de persona que mataba a otra por placer.
Ace tragó saliva y observó su muñeca esposada, de alguna manera maldijo el momento en el que Kizaru los había atado, pero por otra parte, si no fuese por eso quizá Bartolomew no lo hubiese mandado lejos junto a Luffy. Volvió a alzar la vista y contempló a Luffy en un profundo silencio, quizá recordando más detalles de su vida que, simplemente no le gustaría escuchar.
—Lo lamento mucho. – se atrevió a decir.
—No importa ya. – contestó Luffy. —Está en el pasado. – entonces le miró esperanzado. —¿Y tú? ¿Cómo es tu pasado?
—Supongo que no tan trágico como el tuyo. – lo que dijo no era para burlarse de él, sólo decía la verdad. —Me crie en Hakuharu y me hice miembro de la milicia. – guardó silencio un momento. —Sabes… recuerdo a un joven que me llamó hace mucho tiempo en la calle, pero no puedo saber si ya te conocía desde antes. Lo siento mucho Luffy, creo que no soy la persona que buscas.
—Yo creo que sí. – dijo en un suspiro. —Pero no sé por qué no puedes recordarme. – le miró unos segundos.
—Insisto en que tal vez me estés confundiendo. – le dijo preocupado, podría jurar que el pirata le hablaba con vehemencia.
—Bien, no importa. – alzó su rostro al cielo. —No te conté la historia sólo para hacerte creer que eras mi hermano o algo así, lo hice porque ahora que te encontré pensé que podría decirte todo lo que había guardado por años. – le miró a los ojos. —Yo te odio, Ace. – confesó, de pronto el Luffy amistoso y burlón se había esfumado para dar paso a un hombre completamente diferente, era como si estuviera viendo a aquel niño que peleó en el coliseo. —Pero… aunque te guarde mucho rencor no puedo estar seguro si es lo correcto, porque en el fondo te quiero.
Ace no supo que decir.
Dicen que los hombres no son buenos para decir sus sentimientos, bueno, Luffy acababa de romper ese paradigma con tanta sinceridad que conmovió al comandante del puño de fuego. Ace tragó saliva y bajó el rostro, muy dentro de sí deseaba que lo que Luffy le había contado fuese realidad, que él era su hermano menor y todo eso, pero simplemente no podía recordar que alguna vez él tuvo hermanos menores. En realidad lo único que venía a su mente sobre su pasado era una tierra vasta y guerrera llamada Hakuharu, en donde entrenó y peleó durante años para convertirse en un comandante de la armada.
—¿Qué tal si dormimos? – le dijo Luffy. —Estoy cansado. – se volteó y se acomodó para dormir. Ace no respondió, asintió en silencio y se acostó a dormir.
Tal vez, para cuando despertaran existiría otra panorámica.
Pero cuando despertaron nada había cambiado. Ace fue el primero en despertar y darse cuenta que aquel maravilloso bosque seguía desplegando una cálida luz. Bostezó mientras se llevaba una mano a la cabeza, acostumbraba hacerlo, puesto que, cuando era niño siempre que se despertaba por las mañanas le dolía la cabeza. Siempre pensó que era por algún problema al dormir, pero con el paso del tiempo, comenzó a darse cuenta que, aunque el dolor físico hubiese desaparecido la costumbre de tocarse la cabeza, como si fuese alguna clase de maña o memoria corporal le obligaba a levantarse cada día para buscar una razón a su vida.
Esta vez Ace miró atentamente a Luffy, quien seguía dormido sin mover un solo músculo. Pensó que quizá el drama de su historia era una farsa, pero… muy dentro no se animaba a admitirla como una, en vez de eso sentía una fuerte punzada de culpabilidad.
Miró sus esposas y pensó en lo irónico que era. Si la historia de Luffy era cierta, entonces esta sería una manera sarcástica de compensarlo todo.
Sacudió la cabeza, que tonterías pensaba.
De pronto, algo llamó su atención. Ace afinó sus sentidos al darse cuenta que algo los acechaba. Su anatomía completa se tensó, preparada para lanzar fuego, aunque sabía que no podría hacerlo. Entonces pasó, una fecha fue lanzada directamente hasta ellos y se movió tan precipitadamente que arrastró y despertó a Luffy en el proceso.
—¡¿Qué pasa?! – se levantó asustado por que simplemente no se esperaba eso.
—¡Nos atacan! – urgió Ace.
De entre la maleza emergió un grupo de gyojin y le apuntaron con sus armas, dos iban armados con fechas, tres más con lanzas y uno de ellos con un martillo.
—¿Gyojin? – Luffy tuvo la oportunidad de conocer algunos durante su niñez y claro, si no fuese por Tiger él no estuviera vivo.
—¡Atrás! – Ace se movió de nuevo rápido mientras tomaba a Luffy de los hombros y esquivaba algunas flechas.
—¡Son ellos! – dijo quien parecía ser el líder. —¡Ellos son los humanos que atacaron a Papagu e invadieron el bosque marino! – los soldados avanzaron y lanzaron más flechas, los hermanos corrieron entre el bosque, así no sería alcanzados.
—¡Maldición, si no podemos usar nuestras habilidades no podremos ganarle! – gruñó Luffy.
—Sí, si podemos. – Ace se detuvo y comenzó a escanear la zona. —Tengo un plan. – le sonrió a Luffy y este le correspondió. Estaba más que seguro, conocía esa mirada, era la misma que Ace tenía de niño cuando cazaban juntos.
Cuando los gyojin llegaron a la zona donde se supone debían estar Luffy y Ace se desconcertaron al no verlos ahí.
—Sepárense, deben estar cerca. – ordenó el del mazo enorme. Los tritones comenzaron a buscar entre las algas y los árboles. Lo que no sabían era que, al separarse, le facilitaban las cosas a los hermanos que, a pesar de no haberse visto durante años aún conservaban la coordinación de una buena caza.
Uno de los gyojin, que usaba arco y flechas estaba investigando entre unos arbustos. No se dio cuenta que desde las copas de los arboles era vigilado por los hermanos, quienes se disponían a emboscarlo. Funcionó, Ace y Luffy saltaron contra su nuca con las esposas extendidas, le golpearon con la cadena y antes de que pudiera emitir un sonido le amordazaron de manera que le fue imposible avisar a sus compañeros. Ace le apretó el cuello con tanta fuerza que cayó inconsciente con espuma en la boca.
—Toma sus armas. – le susurró a Luffy y después volvieron a subir a los árboles. Esta vez saltaron y corrieron apresuradamente, para encontrar a otro incauto al que pudieran embestir sin que éste se diese cuenta.
El segundo en caer fue uno que portaba una lanza. El sujeto estaba empalando la copa de un árbol cercano, pensando que, quizá estaban ahí. Ace tomó el arco y flecha y enfocó el mango de la lanza entrecerró los ojos, generalmente gustaba de pelear puño a puño y el uso de armas no era su especialidad, pero en momentos así… disparó y la punta filosa de la flecha le atravesó la madera a la lanza, clavándola contra el árbol que estaba picoteando. Inmediatamente el gyojin se volteó para enfrentarse a lo que sería una fuerza devastadora. Los hermanos le atacaron con ambos puños que aunque débiles por el kairouseki eran lo suficientemente resistentes para propinarle una buena tunda al sujeto.
Lo dejaron noqueado de un solo golpe y justo cuando Luffy iba a tomar la lanza una flecha le rozó el hombro.
—¡Luffy! – Ace miró alarmado cómo el muchacho retrocedía violentamente y miraba hacia unos arbustos, en donde uno de los gyojin les apuntaba molesto.
—¡No se muevan humanos! – iba a tirar otra flecha pero Ace le arrebató la lanza a Luffy y le dio en un hombro al tritón, éste se vio imposibilitado de seguir disparando y los dos se lanzaron contra él, ahora que había gritado sólo era cuestión de tiempo para que aparecieran más gyojin. Le dejaron KO enseguida, pero eso bastó para llamar la atención de los demás tritones. Los lanceros que quedaban se acercaron amenazantes para que inmediatamente Luffy y Ace, en una danza de lucha bien maquilada esquivaran y atacaran al azar.
Ace peleaba contra el de la derecha, Luffy contra él de la izquierda y a la par que daban un golpe certero esquivaban e intercambiaban oponentes. Un par imparable y bien entrenado, Luffy detuvo la lanza del gyojin con sus manos desnudas y Ace hizo lo mismo, en un movimiento inesperado los hermanos cruzaron las armas y desestabilizaron el eje de equilibrio de ambos oponentes, fue cuestión de una patada en el estómago al mismo tiempo para derribarlos definitivamente.
—Eso les enseñará. – bufó Ace. A pesar de no contar con sus poderes su fuerza física y entrenamiento eran más que suficientes para defenderse.
—¡Ace, cuidado!
Sin embargo, por más fuerte que fuese aún estaba agotado por sus batallas anteriores y no pudo reaccionar tan rápido como hubiese querido, le fue propinado un golpe duro y quebrantahuesos en la cabeza que del impulso lo despegó del suelo y lo mandó contra la pared de la burbuja, porque, para mala suerte de ambos hermanos había arribado al final de la burbuja sin darse cuenta. Luffy se aferró para detener el viaje de su hermano, mas no fue suficiente y el cuerpo del humano atravesó la burbuja de un tajo, exponiéndolo al agua marino y debilitando a Luffy, dado que parte de su brazo se había estirado hasta pasar al otro lado.
El efecto del mar fue inmediato, se arrodilló fatigado cuando comprobó el efecto doble del kairouseki y el océano.
—¡Ace! – gritó impactado al ver que salía mucha sangre de su cabeza y éste no reaccionaba. Sintió que era arrastrado por la retracción de su cuerpo de goma y luchó contra la fuerza física para no entrar al agua.
—¡Eres mío! – el gyojin le atacó directamente a la cabeza y le pegó con el mazo. El cuerpo de Luffy, débil por el agua y el metal marino perdió algo de su efecto repelente para golpes contundentes y lo tiró al piso mientras impactaba su cuerpo cuan clavo. Aun así, Luffy aferró la mano que tenía libre la tierra y no se dejó llevar por el efecto negativo de su brazo elástico. Había sangre en su cabeza y le estaba empañando los ojos, pero eso no se comparaba con la preocupación que le daba al ver cómo su hermano mayor se ahogaba al otro lado de la burbuja.
—¿Aún no estás muerto? – el gyojin alzó los ojos impresionado al ver que Luffy le veía molesto y comenzaba a levantarse.
—Bastardo. – masculló Luffy, estaba furioso.
—Veo que eres más resistente que el otro. – señaló a Ace, cuyo rostro seguía emanando sangre. —Pero sólo otro golpe bastará.
—Aléjate… - gruñó Luffy en voz baja. Algo dentro de él iba a explotar.
—¡Muerte! – el tritón volvió a alzar el arma en contra suya.
—¡He dicho que te alejes de mí! – una fuerza profunda y horripilante emergió desde el interior del Mugiwara y como una onda expansiva golpeó a todo ser viviente alrededor. A modo que, todos cayeron como sacos llenos de tierra. El gyojin del martilló cayó hacia atrás con los ojos en blanco y espuma en la boca, mientras le ganaba el peso de su arma.
Aturdido aún por el golpe, Luffy sacudió su cabeza sin darse cuenta de lo que acababa de pasar. Se enfocó en Ace y haló su cuerpo con todas sus fuerzas, si su hermano permanecía por más tiempo seguramente moriría. Luchó contra la fuerza de absorción del agua y una vez que logró pasar su muñeca a través del agujero de la burbuja jaló con todas sus fuerza. El cuerpo de Ace cayó entre un montón de corales picudos y piedras, causándole más daño al muchacho. Luffy corrió donde él y lo sacó de ahí para ponerlo en un terreno más suave.
—Ace. – comenzó a palpar su cuerpo para despertarlo, sacudió su hombro y comenzó a aplastar su pecho y estómago para sacar el agua, justo como lo hacían sus amigos cada vez que caía al agua. Observó el golpe, estaba poniéndose ligeramente morado, ya no salía sangre, pero seguramente le había lastimado con creces la cabeza.
—Ace, Ace. – comenzó a moverlo más desesperadamente, el chico simplemente no respondía y en momentos creía ver que su pecho no se elevaba. —¡Ace! – lo sacudió ferozmente, él no abría los ojos. —¡Ace, despierta, vamos! – motivó Luffy ya nervioso. —¡Vamos, no puedes morirte ahora! – sintió una extraño picazón en los ojos como si estuviera frente a una escena de su infancia, en la que le suplicaba a Sabo que no muriese por aquella enfermedad. —¡Ace! – estaba asustado. —¡Abre los ojos, Ace, ábrelos! – rogó y continuó moviéndolo y pidiéndole, esperando a que su hermano estuviera bien.
Ace… Ace… Ace…
Esa voz la conocía perfectamente.
—¡Ace! – sí, no podía equivocarse.
—¡Ace, despierta ya! – un empujón sorpresa hizo temblar el árbol en donde se encontraba dormido. Ace exclamó dolorosamente mientras se llevaba la mano a la cabeza y le dedicaba una mirada de odio a su querido abuelo, Garp.
—¡¿Qué te pasa, viejo de mierda?! – respondió molesto el niño.
—¡A quien le llamas viejo de mierda! – Garp le propinó una buen golpe en la cabeza que lo hizo sentarse del dolor.
—¡Ah, deja de ser tan brusco! – pidió molesto y lloroso. A sus siete años de edad las visitas de su gentil abuelo Garp nunca habían sido gratas. Siempre le recibía con un tremendo golpe y le maltrataba; aunque reconocía que en el fondo le quería mucho, no estaba conforme con la forma con la que le demostraba su amor.
—He venido a visitarte. – le lanzó una manzana mientras él mordía otra. Ace no dijo nada, simplemente tomó el fruto y comenzó a caminar. Solía dormir en una colina que le daba una vista preciosa al mar. Goa era un reino muy pacífico, por lo que ese lugar era ideal para descansar sin ser molestado.
Se sentó en la punta de una roca, mientras miraba el azul del mar. Garp se sentó detrás de él. Ace tenía la manzana en la mano y la contempló por mucho tiempo mientras Garp le acompañaba en silencio.
—Hoy es… su cumpleaños, ¿Verdad? – preguntó el chico.
—Sí. – Garp le miró la espalda. Era terrible cómo un niño podía vivir sin ningún tipo de marca emocional, simplemente haciéndose el fuerte, intentando olvidar el pasado.
—Las manzanas eran su fruta favorita. – le dijo a Garp mientras le daba la primera mordida.
—Lo sé. – Garp suspiró abrumado, no era fácil estar ese día ahí.
—Viejo…
—¿Umm? – el adulto le miró la espalda, no siguió comiendo.
—¿Tienes familia?
—Tú eres mi familia, Ace.
—No, familia de verdad. – bufó algo dolido.
—Ace, tú eres mi…
—Hablo de un hijo o nieto, viejo. – bramó molesto. —¿Tienes un nieto, verdad?
—Ah, te refieres a Luffy. – Garp sonrió de lado un momento. —Sí, está creciendo muy bien.
—¿Y él es feliz?
—No lo sé, creo que sí. – respondió sinceramente, pues casi no hablaba con Luffy sobre eso.
—Mmm… - Ace no dijo nada más. —Luffy. – le nombró, intentando aprender su nombre. —Luffy… - frunció el ceño. —¿Luffy?
Entonces un torbellino de emociones cruzó su vista, una inmensa carga de sentimientos que le hacían rebatirse entre lo real, lo posible, lo probable y lo falso. Ace sintió enorme ganas de vomitar y después una mareo que lo dejó muy fatigado. Miró sus manos, todo estaba muy oscuro pero aún podía ver sus manos. Miles de escenas surcaron su mente, desde que era un niño pequeño hasta la fecha.
Cayó de rodillas en medio de ese huracán de recuerdos y tocó su cabeza para descubrir que le dolía a horrores; pero en especial en un punto, un punto que, después de tantos años había desarrollado la manía de tocar cada vez que despertaba y sin saber por qué.
Ace se mordió el labio inferior y comenzó a derramar lágrimas. Ni siquiera entendía el por qué, sólo que estaba atrapado en algo completamente nostálgico. Las escenas de una vida que creyó olvidada regresaron automáticamente y lloró conmovido al ver las imágenes de él y sus hermanos que no dejaban de pasar por su cabeza; así como la figura de su madre, a Garp, a Dadan, la selva, la invasión a Goa y sus años en Hakuharu, todo estaba ahí, su cerebro le estaba mostrando todo lo que estaba perdido.
Ace se sintió abrumado y bajó la cabeza a punto de tocar el suelo cuando escuchó que le llamaban.
—¡Ace!
—¿Luffy? – el muchacho abrió finalmente los ojos. Su vista aún era borrosa.
—¡Ace! – Luffy se sumió casi completamente sobre Ace, sonreía alegremente y se llevó el dorso de la mano hasta limpiarse los rastros de lágrimas que habían amenazado con salir.
—¿Ace? – parecía confundido. —Soy Ace, ¿No? – balbuceó confundido.
—Sí, así es. – Luffy sonrió inmediatamente mientras se alejaba un poco con conmoción. —Yo… yo soy Luffy. – le dijo mientras iba bajando gradualmente la voz aun con la emoción en su garganta.
—¿Luffy? – Ace logró enfocarle y entonces recordó todo. —Luffy. – susurró con temblorosamente. Todo estaba más que claro ahora. Podía recordar cuando eran niños, el día en que se conocieron, la invasión, su separación, cuando conoció llegó a Hakuharu, los días de invierno en los que sentía que algo estaba mal y… claro, cuando le vio la cara a Luffy por primera vez en mucho tiempo y no supo quién era. Todo estaba de regreso, recordaba todo por todos los cielos que así era.
Lo que sería un rencuentro alegre y emotivo, se transformó en una amargura espesa y dura de tragar. Ace se sintió tremendamente culpable y comenzó a sentir una inmensa necesidad de llorar.
Se sentía culpable. Porque… gracias a lo que pasó y que él no fue lo suficientemente fuerte Luffy había sufrido demasiado.
No merecía tener un hermano menor.
—Luffy. – Ace enderezó su cuerpo y para sorpresa de Luffy soltó una carcajada mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.
—¿Estás bien? – preguntó confundido el muchacho.
—¡Luffy! – Ace pasó sus brazos por la espalda del chico y lo atrajo hacia sí para darle un cálido abrazo. Portgas sonrió conmovido y después se alejó de Luffy para limpiarse sus lágrimas mientras éste le miraba sin saber cómo reaccionar.
—¿Ace?
—Luffy. – pero a diferencia de lo que Luffy podría pensar estaba muy lejos de estar loco. —Gracias al cielo. – logró limpiarse las lágrimas que amenazaban con seguir saliendo. —Gracias a todos los cielos estás bien. – respiró un poco más tranquilo. —Lo siento tanto. – dijo de pronto y Luffy alzó las cejas sorprendido.
—¿Por qué?
—Porque no estuve contigo… por dejarte solo. – sonrió de lado mientras sorbía su nariz. —Ahora lo sé. Puedo recordar todo. – confesó y Luffy retrocedió sorprendido.
—¿Qué?
—Puedo recordarlo todo. Ya sé lo que pasó… y por eso. – enseguida Ace se posicionó de rodillas al suelo con la cabeza clavada en éste, comenzó a llorar más profundamente. —¡Lo siento! – gritó mientras dejaba helado a Luffy. —¡Perdóname por favor!
—Ace. – Luffy balbuceó, él no balbuceaba a menos que fuese algo importante.
—¡Por favor Luffy, perdóname! – volvió a pedirle.
—Entonces… en verdad, ¿Sabes quién soy yo?
—Sí. – Ace alzó la vista. —Tú eres Luffy… mi hermano menor.
Casi de manera incoherente Luffy soltó una imperiosa carcajada y rio, rio tanto que le dolió el estómago. Ace le miró confundido, acababa de confesarle que recordaba todo y él se reía como un loco, algo estaba mal en esta ecuación. Pero cuando iba a preguntarle qué pasaba Luffy le miró con lágrimas en los ojos y agachó la cabeza de la misma manera que lo había hecho Ace.
—¡Gracias! – gritó él. —¡Muchas gracias!
—¿De qué hablas? – Ace estaba desconcertado. —Te estoy pidiendo disculpas por que yo…
—Por eso. – Luffy alzó la vista, lloraba pequeñas lágrimas de felicidad. —Porque después de tanto tiempo… aún somos hermanos. No estaba equivocado. – se limpió las lágrimas una vez más. —Siempre creí en ti Ace, jamás deje de hacerlo. Shanks me lo dijo una vez, cuando regresé de Hakuharu, decepcionado porque no pudiste reconocerme, él me dijo que quizá pudiera averiguar lo que realmente había pasado cuando pudiera verte a la cara y te contara mi historia.
No había más palabras, porque simplemente no encontraba que decirle. Ace bajó el rostro mientras sorbía su nariz y limpiaba su rostro. Hubo un momento de silencio y entonces se quedó muy quieto cuando Luffy le abrazó con cuidado.
—Bienvenido, Ace. Estuve esperándote. – musitó a su oído y el moreno simplemente cerró los ojos mientras correspondía el abrazo.
—Gracias, Luffy. Estoy de vuelta.
…
—¿Entonces no podías recordar nada de lo que pasó? – preguntó Luffy, los dos iban caminando por el bosque, habían dejado atrás a los gyojin y caminado sin rumbo fijo, por el momento sólo se enfocaban en platicar el uno con el otro.
—Sí, perdí la memoria… es la única explicación que puedo darte. Verás, aquella vez, cuando Garp-jiji nos dijo que huyéramos…
—Espera, Ace. ¿Sabes que le pasó al abuelo? – le preguntó afligido.
—No, lo siento Luffy. En todos mis años como comandante no supe nada de él. Hemos tenido encuentros con la Marina, pero es como si su nombre se hubiese esfumado. Tal vez…
—Ya veo. – Luffy suspiró. —Era algo que ya había pensado.
—Oyachi dijo una vez que los marines ya no eran como los de antes. Tal vez se refería a nuestro abuelo.
—¿Oyachi? ¡Ah, es cierto! Dices que así le llamas al rey de tu país.
—Sí. – Ace sonrió orgulloso. —Oyachi es una gran persona y un gran rey. No sólo es muy poderoso, también es un hombre muy amable y justo.
—¿El rey de Hakuharu, eh? – Luffy se llevó unos dedos a la barbilla. —Shanks le decía el Gran Rey. Pero, en una ocasión lo llamó diferente, él lo llamó Shirohige.
—Padre tiene un bigote blanco en forma de media luna. – explicó Ace. —Pero nadie en el reino lo llama así. Escuche a Marco, el comandante de la primera división, que le llaman así sus amigos más cercanos. Aunque nadie hasta la fecha lo ha llamado así.
—¿Será amigo de Shanks? – Luffy dijo inocentemente con cierta emoción.
—Lo dudo mucho, Luffy. Aún recuerdo el día en el que avistamos a los piratas del Pelirrojo, Oyachi mandó algunas tropas a interceptarlos para sacarlos del país. – explicó pacientemente Ace.
—Ya veo. – Luffy suspiró. —Bien, eso no importa, ¿Qué me estabas contando?
—Oh, sí. Sobre lo que pasó aquel día… - el ambiente se hizo un poco tenso a ninguna le gustaba hablar de esas cosas en realidad. —Cuando el viejo me dijo que…
—¡Oigan, ustedes! – fueron interrumpidos de pronto por la voz de un tritón que estaba a unos metros de ellos. Los dos hermanos miraron al frente y en vez de enfocar al pelotón de gyojin se dieron cuenta del enorme monumento que estaba frente a ellos.
—¿Qué es eso? – preguntó Luffy en voz baja.
—Es… - Ace ajustó la vista. —Es una tumba. – entonces cayó en cuenta del lugar y la situación en la que se encontraban. —¡Rayos, lo olvide!
—¡No muevan ni un solo músculo! – el pelotón, esta vez uniformado y con tridentes los rodeó. Luffy se puso en guardia una vez más.
—Parece que tendremos que patearles el trasero a unos cuantos más. – miró furtivamente a su hermano mas éste no parecía estar preparándose para una batalla, en vez de eso alzó las manos y las mostró a los gyojin. —¿Ace?
—Haz lo mismo que yo, lo tengo solucionado. – Luffy asintió y alzó ambas manos.
—¡No se muevan humanos, están arrestados! – se apresuró a decir el que parecía ser el jefe.
—No es necesaria la violencia, caballeros. – Ace habló con tanta diplomacia que Luffy sonrió entretenido. —Soy el Comandante Portgas D. Ace de la Segunda División Militar de Hakuharu, un aliado de la Isla Gyojin. – se empeñó en decir.
—¿Portgas D. Ace? – los tritones se miraron incrédulos. —¿Y quién es el otro? – señalaron a Luffy.
—Soy Luffy, un placer. – saludó con simpleza.
—¡Capitán, es el pirata Mugiwara no Luffy! – señaló uno de ellos, cargando uno de sus carteles de Se Busca.
—¡¿Qué?! – todos se colocaron en posición de defensa.
—Él es mi hermano menor, no es necesario que muestren hostilidad, estamos desarmados y no tenemos intensiones de luchar; a menos claro, que ustedes sí. – todos conocían la ferocidad del comandante Puño de Fuego, no en vano sabían la historia de su enfrentamiento contra el Hijo del Mar, por lo que, luchar con él no era una opción.
—¿Cómo sabemos que dice la verdad? – gruñó el gyojin al mando.
—Porque es cierto. – de la nada emergió un tritón, se veía enorme y muy musculoso. Su cola era el de un tiburón de color azul con motas y cargaba consigo un gran tridente. —Portgas-san, nos volvemos a ver.- hizo una reverencia. —Lamento este trato, pero estábamos un poco nerviosos porque unos hombres se infiltraron al bosque marino y atacaron a un grupo de gyojin.
—Ah, esos fuimos nosotros. – comentó Luffy sin pena alguna.
—¿Ustedes dos? – miró a Mugiwara y después a Hiken.
—Es una larga historia. Es un placer verlo de nuevo Príncipe Fukaboshi. – hizo una ligera reverencia con la cabeza.
—Lo mismo digo. – miró a Luffy. —He de pensar que Mugiwara no Luffy no tendrá ningún interés en saquear esta tierra.
—Por supuesto que no. – bufó molesto, era un pirata no un ladrón.
—Eso me tranquiliza. ¿Cómo es que están aquí?
—El General Bartolomew Kuma nos mandó acá. Es una larga historia, me gustaría contártelo más a fondo pero primero quisiera pedirte un favor.
—¿Qué pasa?
—Quiero que me ayudes a quitarnos estas esposas.
—Claro, mi escolta te acompañará a la ciudad para que consigas un cerrajero, mientras iré donde mi padre, estaba preocupado por lo que pasó. – se escuchó el príncipe, a su lado, su hermanos yacían sin hacer un solo sonido.
—Se los agradezco mucho. – Ace hizo una reverencia con la cabeza y Luffy le imitó. Era un hecho que el niño grosero y temerario que era él se había convertido en un guerrero cortés y gallardo.
Los hermanos D fueron trasladados hasta la ciudad principal en donde fueron escoltados en total por cuatro gyojin que parecían, más que servirles de protección, como una custodia. Caminaron un rato por el centro de la ciudad mientras las personas alrededor murmuraban cosas acerca de lo raro que era tener un humano circulando como si nada entre las calles de la Isla Gyojin. Dicho lugar, desde hacía muchos años, no tenía buena química con la raza humana y el meollo del asunto eran las constantes guerras y la piratería. Los seres humanos temían a los gyojin, pero además los usaban para experimentos o para simple entretenimiento. La Isla Gyojin era una nación independiente hasta hacía cinco años, en los que Tenryu se había apoderado de dicha tierra y éstos, temerosos de que destruyera su isla se unieron a la gran nación con la condición de que ningún humano podría pisar la Isla Gyojin.
Como aporte principal la isla le otorgó un gran guerrero a su servicio en nombre de la alianza. El poderoso Caballero del Mar, Jinbe. Un guerrero poderoso y que imponía un gran respeto. En estos momentos Jinbe se encontraba fuera de la isla a causa de la gran reunión de los generales. Él era un General de Guerra de Tenryu y no le enorgullecía decir que peleaba por ellos, más bien su papel era ser un doble agente; obligado a luchar por una nación que no respetaba ni amaba.
Por dichos motivos las sirenas y tritones no gustaban de los humanos o al menos los de Tenryu, puesto que existía una alianza secreta entre ellos y Hakuharu formada hacía muchos años.
Ace y Luffy caminaban como si estuvieran paseando, la Isla Gyojin estaba a diez mil metros bajo el mar y era muy difícil llegas hasta ahí, por lo que no la conocía. Varias veces le comentó a Ace que estaba ansioso por que sus nakamas estuvieran con él, quería mostrarles todo esto. Ace no decía nada, ya había tenido la oportunidad de conocer la isla en otra ocasión, casualmente en una visita secreta de Hakuharu a la Isla Gyojin.
Iban un tanto distraídos cuando pasaron por un local bastante llamativo en cuya puerta descansaba una sirena, bastante alta para estar sentada, cubierta por una gran capucha de color azul marino y fumando una pipa larga. Al pasar por ahí la madame reaccionó enseguida reconociendo a los hermanos a pesar de nunca haberse conocido antes.
—No esperaba que llegasen tan pronto, Capitán de los Piratas del Sombrero de Paja, Monkey D. Luffy y usted, Comandante de la Segunda División de la Armada de Hakuharu, Portgas D. Ace. – con la información revelada los hermanos se detuvieron en seco. Los guardias que le acompañaban le reconocieron instantáneamente.
—Madame Shyarly. – hicieron una pequeña caravana en son de respeto.
—¿No conocemos? – preguntó Luffy con el ceño fruncido.
—No hemos tenido el placer. – La mujer alzó la cabeza y pudieron verse las caras.
—Oh, he oído hablar de usted.- dijo Ace cuando le miró. —Es una adivina muy famosa que tiene predicciones acertadas todo el tiempo.
—Así es, joven comandante. – con ayuda de una pequeña burbuja la sirena se levantó y se adentró a su domicilio. —Por favor, antes de que sigan su camino me gustaría decirles un par de cosas. – era cortés pero todos sabían que ella escondía algo más.
—Vamos. – Luffy fue el primero en entrar. —¿No tienes carne? – se trataba de una sala acogedora con sillones de terciopelo rojo, cortinas purpuras y una gran esfera de cristal pesado. Al fondo y detrás de la bola de cristal se encontraba la adivina.
—Me temo que no. – la mujer pareció irritada, el restaurante es por la otra puerta.
—¡Ah, vamos a comer quiero carne! – iba a levantarse de su asiento pero la sirena se lo impidió.
—Capitán, dado que está desesperado por irse será a usted a quien se lo diga primero.
—¿Qué cosa? – Luffy le miró sin entender.
—Sé que no la está pasando muy bien en este momento. Se ha separado de sus queridos amigos y quiere encontrarlos. – eso terminó por llamar la atención de Luffy, quien se volvió y se acercó a ella.
—¿Cómo lo sabes?
—Yo puedo verlo todo: Pasado, presente y futuro. El futuro en especial. – arregló con algo de presunción.
—¿Puedes decirme donde están mis nakamas? – preguntó ansioso Mugiwara.
—Ellos se encuentran dispersos en diferentes islas del mundo. – le explicó la sirena mientras daba una calada a su pipa. —Para encontrarlos tú solo sería un viaje inmenso en el que gastarías mucho tiempo. – le había adivinado el pensamiento, no por nada la mejor adivina de toda la isla.
—¿Sabías que iría a buscarlos? – Luffy sonrió al darse cuenta de ello.
—Soy muy buena leyendo las mentes.
—¿Ah sí? – a Luffy le brilló la mirada. —¿Qué estoy pensando en este momento?
—Lo más seguro es que quieres probarme… y creo que en carne. – dijo alzando los hombros.
—¡Ah, eres muy buena! – Luffy aplaudió sorprendido. —¡Ace, esta sirena es muy buena! – a Ace le corrió una gota de sudor, apenado.
—Ejem. – la mujer carraspeó. —Mugiwara-boy, tus nakamas se encuentran bien, ellos están en buenas manos en este momento.
—¿Enserio? – Luffy sentó en el suelo y respiró tranquilamente. —Es bueno oírlo. – ahora se sentía más tranquilo. —Pero aunque lo digas no puedo quedarme con los brazos cruzados, tengo que encontrarlos.
—Sé que es frustrante para ti, puesto que eres el capitán, pero ahora tu destino no es buscar a tus amigos, sino ir por un camino diferente… o al menos eso he visto en mi esfera.
—¿A qué te refieres? – Luffy ladeó la cabeza.
—No puedo decirte más. – Shyarly miró a Ace. —Comandante hay algo importante que debes saber.
—Está bien, ¿Qué es? – hasta el momento yacía sentado, dado que Luffy podía estirar todavía su cuerpo pero sin tanta fuerza no tuvo que levantarse con él.
—Como comandante y un fiel siervo del rey debes saber que he visto nubes negras para Hakuharu. – Ace se puso tenso. —He visto una guerra terrible y el enemigo principal es…
—Tenryu.- no había que ser un genio para saberlo era más que obvio.
—Así es. – la mujer bajó la cabeza, mirando su bola de cristal.
—¿Cuan será? ¿Mi padre está enterado de esto? ¿Hakuharu ganará? – preguntó con vehemencia a lo que Luffy le miró preocupado. Ace se levantó y se acercó a la sirena con desesperación.
—Lo lamento, veo los hechos no las circunstancias.
—¿Tan grande será? – tragó saliva.
—Así es. Y parece ser que será desencadenada por una serie de eventos predestinados, sólo que no sé cuáles.
—Tengo que avisarle a mi padre. – Ace dio media vuelta pero entonces se detuvo y miró a su espalda, Luffy seguía sentado en el suelo. No podía obligarle a que fuese con él y peleasen juntos; pero tampoco quería separarse de él cuando apenas había recuperado su memoria.
—Comandante Portgas. – la mujer le llamó. —No puedo ver las circunstancias pero sí puedo darle un consejo. Tiene que ayudar a su país a prepararse a una batalla que será acompañada de terribles derramamientos de sangre. Usted es el único que sabe esto… el destino de su pueblo yace en usted.
—Eso lo sé, pero… - miró a Luffy sin saber que decir.
—Ace. – Luffy se levantó y le dedicó una sonrisa. —¿Hakuharu es muy importante para ti, verdad?
—Así es. – no supo que más decir.
—Entonces también lo es para mí. – le colocó una mano en su hombro.
—Luffy, acaso tú…
—Te perdí una vez, no volveré a hacerlo. Lucharé contigo. – aquella premisa sonaba a que esto iba a ascender a otro nivel.
—¿Es enserio?
—Sí. – Luffy le miró decidido. —Tu tesoro es mi tesoro y no dejaré que se destruya. Soy un pirata, ¿Lo olvidas? Ser pirata significa ser libre y soy libre de pelear a tu lado.
—Luffy.- Ace estaba conmovido. —Gracias hermano. – le correspondió al momento que colocaba una de sus manos al hombro de éste.
—Comandante Portgas. – habló uno de los gyojin que le escoltaban. —Hemos encontrado un cerrajero está afuera.
—Gracias. – Ace se volvió a Shyarly. —A usted también, Madame.
—Por nada, me alegra que estuvieras aquí.
—Y a usted por decírmelo. – Ace se dio media vuelta. —Vamos Luffy, librémonos de estas esposas y vayamos con el Rey Neptuno, tengo algo que pedirle.
Una cruda realidad yacía afuera y era el momento de hacer el primer movimiento.
Continuará…
Gracias por leer, espero que les haya gustado pronto averiguaremos que más pasará, gracias de nuevo.
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Yume no Kaze.
