N/A: El nueve. Uff.
Sé que dije que aquí empezabamos con IY, pero en realidad sólo es una pequeña introducción a su punto de vista. Los capítulos comenzarán a abarcar más percepciones que la de un sólo personaje, creo yo. Em, y ya que llegamos con Inuyasha, supongo que tengo advertir que habrá cierto lenguaje vulgar de vez en cuando y dilemas masculinos que tienen mucho que ver con instintos lol. Así que recordemos que es rated M. Y por último pero más curiosamente, les diré: si es que hay algo de romance en ésta historia, será más bien por parte de IY. Yep.
Espero disfruten leyendo como yo disfruté escribiéndolo, juas (?). ¡ReviewTalk abajo!
SOMBRAS
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Capítulo: Nueve
Lento pero seguro, la oportunidad de oro de pronto tocó a la puerta de los buenos.
En realidad, el hecho de que el grupo encontraran el escondite del enemigo cuando éste todavía no se había adecuado a su última mutación, fue un gran golpe de suerte.
Inuyasha tronó su cuello ladeando su cabeza de derecha a izquierda, pensando con satisfacción en el débil estado actual de Naraku. Desde hace algunos días, él notó que tener presente tal hecho le ayudaba a olvidar por un momento las subsecuentes preocupaciones…
Dando un gran bocanada de aire, Inuyasha se impulsó desde sus pies para pegar el brinco que lo transportaría hasta la rama del árbol más cercano a la fogata del grupo, y que lo apartaría de ellos –de forma física, porque mentalmente hace mucho que él no estaba ahí. En el ángulo en el que se acomodó sólo visualizaba a Shippo, roncando, con la cabeza sobre los brazos de Kagome, quien permanecía quieta y protegida por la tela de su futón, haciéndolo bien consciente de su respiración y sus párpados abiertos, idos.
Ése inusualmente serio semblante femenino, lo empujaba a él a pensar y pensar -cosa desagradable; pensar, por ejemplo, en que el final se acercaba a paso contundente. Sí, la muerte de Naraku era un hecho casi inminente, no existía fallo en dicho cálculo.
E Inuyasha sabía lo que éso significaba.
Significaba, por supuesto, que el momento cúlmine de aquél triángulo amoroso que lo mantenía despierto por las noches, estaba llegando mucho antes de que él se sintiera listo para tomar a dicho toro por los cuernos. Oh- mucho, mucho antes...obligándolo a pensar en el asunto una y otra y otra vez, en busca de una especie de resolución.
Una amarga resolución.
Sin embargo, él no quería dar por hecho nada todavía ni deseaba hacer estupideces. Por primera vez en toda su bestia vida, estaba contando con aquello de los 'pros y contras' antes de considerar abrir su torpe boca…, porque ya no se trataba apenas de su propio bienestar, sino el de las otras dos personas que eran para él infinítamente más importantes que él mismo.
Tal cuestión lo tenía en vela desde hace días.
Y es que, muy internamente, él sabía que la decisión ya estaba tomada. Pero quería tomarse un tiempo para aceptarlo, para acostumbrarse y para obligarse a desearlo, sabiendo que era lo mejor: porque una de ellas tenía toda las probabilidades de seguir sin él, y la otra ya no.
Pero..., decir adiós a alguien que representaba un sin número de papeles en su vida ¿cómo? Algo se encogía dolorosamente dentro de su pecho cuando visualizaba el deprimente panorama del futuro sin ella, como si un ser invisible amenazara con apretarle el corazón hasta hacérselo reventar.
"Inuyasha, ven" y he ahí su voz…
Él carraspeó desde su sitio "¿Qué quieres?"
"Baja"
Kagome lo miró por primera vez durante todo ese rato.
Y él obedeció. Porque no podía decirle que no cuando ella lo miraba con esos grandes y diáfanos ojos grises. Así que se acercó con fingido recelo.
Una vez estando cerca, ella comenzó "¿Cómo está Kikyô?"
Fue una maldita pregunta rara.
"¿Qué?"
"Naraku la hirió en la peléa de ésta mañana" Kagome suspiró "Ella...debería estár con nosotros unos días, hasta que se recomponga"
Inuyasha se había encargado de asegurarse de que Kikyô estuviera bien, así que él no entendía a qué venía ésa sugerencia. Por lo que él se dedicó a mirar a la chica del futuro con gesto extrañado, hasta que una posible explicación saltó a su cerebro: un nuevo truco femenino. Sí, seguro que lo era. Ella pretendía ponerlo en una situación incómoda y empujarlo a responder que no traería a Kikyô al grupo.
Él sonrió socarrón, suponiendo que había encontrado las razones de Kagome.
"No sé si ella esté aún por aquí" mintió –su olor aún estaba alrededor. "¿En verdad quieres que vaya por ella?"
"Sí"
Él trató de ver algo en los ojos de la sacerdotisa que lo detuvieran, que le pidieran en secreto que no lo hiciera. …Pero no, no hubo nada en su expresión, y la tentación de ir por Kikyô empezaba a tornarse grande.
"Como quieras" le farfulló antes de partir.
Quizás lo detendría ahora. Sí, ella pronto le gritaría que parara…en cualquier momento. O eso creyó, hasta que estuvo lo suficientemente lejos como para que a ella ya no le fuera posible hacerlo.
Era tan extraño, aunque estaba secretamente agradecido con Kagome por sugerirlo, le hubiera gustado un montón el saber qué rayos la había motivado a pedírselo. La única justificación más o menos coherente, es que ella lo había hecho simplemente por ser Kagome, la… -¿cómo era eso? la humana más noble, o algo así dijo Kaede en una ocasión. Y él lo creía. A ciegas lo creía.
Mientras penetraba más en el bosque, varios flashes atacaron sus recuerdos: él, de niño, huyendo por su vida después de perder a su madre, lastimando la planta de sus pies con rocas duras y puntiagudas por escapar de monstruos que lo perseguían con malsano placer para devorarlo. Las cosas cambiaban tanto, ahora ese tipo de youkais le parecían rivales insignificantes porque él había aprendido demasiado….
Instantáneamente se sintió más poderoso, más capaz, como si pudiera echarse el mundo a los hombros.
Sin embargo, cuando observó la quieta figura de Kikyô descansando sobre un árbol de grandes raíces, el poder se le desvaneció en el aire. Su boca se desconectó de su mente y no hubo qué decir. Y el saber que Kikyô no dormía a pesar de tener los ojos cerrados –eran similares en eso, ambos tan desconfiados como para dormir- no ayudaba mucho.
Ella levantó los párpados y lo observó "¿Qué pasa? Inuyasha…"
"Pensamos que sería mejor que te quedaras con nosotros hasta que tu brazo se curara"
"¿Pensaron?"
"Kagome, ella...ella me lo sugirió"
"¿Ella hizo eso?" Kikyô también parecía confundida.
Inuyasha estuvo tentado a preguntarle si tenía idea de qué pudo motivar a Kagome a proponérselo, pero admitió que sería imprudente y solo lo evadió.
"También está preocupada por tu herida"
"Tú… ¿estás seguro?" inquirió seria.
Él le asintió y le ofreció su mano como apoyo.
Y ella lo aceptó.
Él la cargó con cuidado, pasándose las corvas de la mujer por arriba de uno de sus brazos y sosteniéndole la espalda con el otro.
Mientras corrió camino a donde sus amigos descansaban, una sonrisa relajada le cruzó los labios. Y es que, a pesar del inconveniente que representaba tener a Kikyô y a Kagome en el mismo lugar, Inuyasha sentía que el reconfortante alivio de saberla a salvo bajo su diaria protección era más grande.
Como sea, al alcanzar el sitio en donde reposaba el resto de su grupo y bajar a Kikyô de sus brazos, él tuvo el impulso de mirar hacia donde reposaba Kagome.
La chica inhalaba y exhalaba lento, con sus ojos cerrados.
Y de forma tardía, Inuyasha reparó en lo que acababa de hacer; demostrar un desmedido interés hacia una mujer que estaba ciertamente a salvo, cuando acababa de arribar con otra que estaba herida, era un acto bastante canalla.
Pero cuando él volteó hacia Kikyô con gesto culpable, ocurrió algo peculiar: ella le sonrió.
Kikyô le sonrió, le sonrió con una serenidad que pareció querer transmitirle un gesto comprensivo, como si en silencio ella le dijese que lo entendía y que no lo condenaba.
Aliviado, él le sonrió de vuelta.
Tomándo sus manos por un momento, ellos se dedicáron una caricia ligera pero significativa, apenas antes de que ella se alejara y se sentara, recargándose sobre el árbol en el que él también lucharía por dormir.
Fue entonces cuando Inuyasha, disponiendose a saltar para alcanzar su lugar de descanso, percibió un par de pupilas fijas en él. Pupilas azules y afligidas.
Kagome no dormía.
No, ella lo había visto; había visto ése roce entre ellos, ése roce entre él y su antepasada que había sido efectuado para calmar el silencioso conflico que ella mísma, sin saberlo, había causado.
Y cuando ella se movió para darle la espalda, Inuyasha no pudo más que apretarse los puños y decirse a sí mismo que quizás ésto era lo mejor, que ella fuera haciéndose la idea...y él también.
Pero aunque se dijo aquello, los malestares y consternaciones dentro de su ser no lo abandonaron ni siquiera cuando pretendió dormir.
Fue una noche espantosa..., con unos días por delante que no fueron mucho mejor.
…
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"¡Ya escuchaste! Es lo que dije, Miroku"
El pasado no pudo continuar reproduciéndose dentro de sus sueños, quizás por fortuna.
Los oportunos gritos de una pareja desesperada lo arrojaron de cabeza a la tierra, obligándole a moderar su respiración para evitar entregarse a la ansiedad.
No era su culpa tener un oído sensible. Aunque el haber permanecido cerca en realidad sí que lo era.
Las discusiones del par con el que vivía siempre se hacían en "privado". Él usualmente no se quedaba dentro de la cabaña, sino en un árbol muy cercano que no le permitía oír los incómodos murmullos románticos que se establecían ahí adentro, pero sí las ruidosas discusiones entre ellos.
"Tal vez no eres tú, Miroku, tal vez soy yo, ¡tal vez sí soy una mujer incompleta!" exclamaba Sango como una loca. Parecía estar llorando "Hace meses fui a ver a una partera en la aldea vecina y me dijo que no era normal el ciclo en el que sangro, que tendría que pasar todos los meses y no es mi caso. Podría tener problemas para tener hijos, eso es lo que ella dijo. No miento, no mentiría con esto"
"Sango...¿por qué no me dijiste apenas lo supiste?"
"¡Porque una mujer que no es madre no es una mujer completa, tú lo dijiste!"
"Amor, te equivocas..."
"Yo sé que tú quieres hijos, y que no tendrás problemas para reemplazarme"
"Reflexiona lo que dices, Sango" le pidió el monje, alzando el volumen "Eso no tiene sentido"
"Puede que ya hayas empezado" pero ella sin duda se oía desorbitada. No la detendrían unos simples ruegos "Kagome está aquí. Y ella es una mujer, importa poco su culpa en este desastre, tú ya la perdonaste ¿qué pasa con la mirada piadosa para con ella, con tu amabilidad? Y ella te lo agradece mucho, ella también te mira"
"Hablábamos de nosotros. Tu y yo, eso es lo que me importa, cariño. No preciso de hijos, yo insistía por ti, porque creía que esto era por mi causa, que te estaba privando de algo que podías tener"
"Oh, pero ahora sabes que puede que no sea por ti", la exterminadora calló por unos segundos, que bastaron para que su respiración se suavizara "…. Miroku, no quiero creer que nunca podamos tener hijos"
"Aún no es nunca, Sango"
Inuyasha suspiró con fastidio, escuchándo el ruido de dos bocas chocar. No discutían más, ahora se besaban. Podría considerarse un arreglo.
Pero en el desarrollo de esa pelea verbal emergió un nombre que navegó hasta él como tierra sucia mancillando las aguas calmas. Las aletas de su nariz se expandieron. Su torrente sanguíneo hervía, congestionado de furia, de incongruentes...celos.
Y por hacerle sentir todo éso y más, él la odiaba.
Porque Kagome motivaba éstos escenarios problemáticos apenas con su presencia…y a ella no le importaba un carajo. Ella estaría riendo sobre la boca de su prometido o cualquier otro hombre maravilloso de su época. Sí, por eso él mandaría a la mierda su idiota decisión sobre ser menos duro con ella, porque como sea, ella gozaría de su novio para consolarla. Gozando. Los cadáveres de Kikyô, Shippo y Kaede se pudrían en sus tumbas, pero Kagome gozaba. A ella ni siquiera parecía importarle el hecho de haberle fallado a todos, a él quien la había querido y que se había pensado correspondido.
Maldición, ella sin duda sabía ilusionar a pobres diablos como él, ¡la muy perra!
Kagome…
Ella, sí. Ella que se casaría, que alguien más la esperaba y que, de cualquier forma, le batía sus pestañas a Miroku sin pena ni gloria, ¡al monje, a la pareja de su antes amiga! un hombre ahora casado, un hombre al que ella dejó inválido. Y ella lo miraba, con esos ojos grandes y tristes, mentirosos…
A él no lo miraba así, oh-claro-que-no. Ella ya no dirigía hacia él esa clase de mirada ni por accidente o errores de cálculo. Al parecer él era ahora el único tipo al que ella no intentaba instigar. Kagome podía dejarlo morir, olvidarle, enrollarse con otros hombres, casarse con ellos.
Y él -imbécil e influenciado por su estúpido pene- no podía deshacerse del deseo carnal que su naturaleza de demonio le ocasionaba. Naturaleza que por cierto, de todas las malditas mujeres, parecía empecinada a aferrarse sólo a Kagome y a la grotesca idea de reclamarla como su hembra. Y no, eso jamás.
Mejor muerto que éso.
En tanto maldecía ésa etapa de Youkai que los convertía en patéticos esclavos de su propio miembro, Inuyasha resopló con acidez. No, él no iba a ceder a ese ridículo arrebato, no con Kagome. Él no caería ni por esa bonita cara suya ni por esos lárgos búcles negros de su cabello, ni por esa suavidad de su piel ni por ese olor y-
¡Oh, basta!
Golpéandose entre las piernas para apaciguar la reacción que había conseguido por pensar en -esa bonita cara, esos lárgos bucles, esa piel y ese olor- Inuyasha se sintió a punto de azotarse la cabeza contra los árboles.
Tenía que dejar de ser tan patético.
Quererla a estas alturas no sonaba coherente, y con suerte y ya no lo hacía; con suerte y el deseo sexual era solo instinto, y los celos un sentimiento aislado, sin trasfondo -a lo mejor normal puesto que él pensó en ella cada hora de los cinco años en los que Kagome no asomó ni los dedos y, aunque no fue y todavía no era capaz de juzgar sus sentimientos, él era consciente de cómo su vida giraba en torno a ella, de que su actitud para con el mundo dependía enteramente de esa mujer.
Formó un mohín de asco y sacudió su cabeza.
Actuar en lugar de seguir pensando era lo más adecuado. Se colocaría frente a ella y la obligaría, primero a confesar su flirteo con el monje, y luego a alejarse de éste hasta el punto de no mirarlo jamás otra vez.
Bajó del árbol dando un gran salto y un pie tras otro se dirigió hacia el pozo, transportándose a más quinientos años al futuro…
La madera vieja del pozo soportó apenas su peso cuando se impulsó de él para tocar tierra, chasqueó los labios –luego tendría que ver cómo salir sin destrozarlo.
Hacía más frío en esa época, y el extraño ruido de motores y artefactos que él desconocía casi tapaban la temblorosa voz de la señora Higurashi, que él pudo percibir desde la ventana de la cocina, lugar en donde la madre de Kagome parecía dirigírsele a ésta de una forma que, ciertamente, sorprendió a Inuyasha porque nunca se la imaginó capaz de emplear en nadie semejante tono.
"…Y prefieres salir corriendo a las fiestas de esa chica, ¡tu abuelo está muriendo, Kagome!" olía a lágrimas el ambiente, a causa segura de la señora Higurashi "¿por qué eliges no estar con nosotros, sabiendo que te necesitamos? Apenas llegas y te apartas, cierras la puerta de tu habitación y nos dejas de lado. Te sacaron de la escuela ¡y me lo dices dos semanas más tarde! No te entiendo, no sé qué ha pasado contigo. Antes eras tan diferente. Eras tan…buena"
Desde el lugar donde las veía no tenía visión del rostro de la señora, ella estaba sentada dándole la espalda, pero sabía que tenía que estar afectadísima con todo lo que relataba. Kagome se sentaba en el otro extremo de la mesa y podría darse cuenta de que él estaba ahí si tan solo alzaba la mirada, cosa que parecía no interesarle por el momento.
"No dirás nada…lo sé. Hace mucho que ya no dices nada, Kagome"
La mamá de la silenciosa chica se precipitó a levantarse del asiento. Inuyasha, suponiéndo que la señora tal vez decidiera girarse, colocó derecha su espalda sobre la pared para esconderse, esperando con incertidumbre la salida de la señora Higurashi.
Él volvió a echar un vistazo hacia la mesa.
Kagome seguía ahí con esa cara de muerta en vida, de persona miserable. No veía nada en sus ojos. Y lo único que veía le gustaba todavía menos.
No era indiferencia. No, era algo más profundo, más enfermo. Lo que ensombrecía los ojos de Kagome era un algo bien distinto a cualquier otra cosa que él hubiese conocido antes. Y le resultó tan angustiante como el infierno.
¿Qué era? ¿Molestia? No, algo más serio, más espinoso. ¿Odio? Tampoco. ¿Qué era, qué? ¿Qué había en ella? ...
Mierda, gruñó.
Sus ganas de invadir la mente de la mujer que tanto lo conflictuaba se le volvió una exasperante y molesta ansiedad que por segundos lo estupidizó y le hizo tardar en distinguir que el aroma de Sôta se acercaba.
Preveer la probable intervención de ese mocoso consiguió fastidiarlo, así que Inuyasha optó por apartarse de la ventana y evitar correr el riesgo de ser visto.
Y con una amarga sonrisa, en seguida recordó lo que ella le hubiese dicho hace algunos años y que, en ese entonces -como imbécil-, a él le hubiese hecho sentir completamente bienvenido "Puedes esperarme en mi habitación, ¿sabes?. Mi ventana siempre está abierta".
Tsk. Aquella vez seguro Kagome no pensó que el decírselo le causaría un futuro inconveniente.
N/A: ¿Qué diablos pasa con IY? Ejem, pasa que ya es un hombre, lol -uno mitad demonio, para variar- y tiene que lidiar ello y con las cosas dentro suyo que se contradicen unas a otras jss.
Miyasa: Me encanta e intriga la rapidez con la que notas los updates xD. Y no sabes lo agradecida que estoy de que aún me hagas saber que estás aquí leyendo, aw. caliu: Oh, creo que después de ésta actualización quizás ya te haces idea de cómo es que se pondrá más hot, lol. Cinco años han hecho de Inuyasha un hombre adulto, con todo lo que conlleva serlo xd. Y sí, Kagome está simplemente en la cumbre de la depresión, su breakdown tal vez ya llegó y ella ni siquiera lo sabe. *Espero no haberme tardado tanto xd. ScarletSide: Gracias a ti por seguir leyendo, en serio. Y bueno, es cierto que era super obvio que Kagome se iba a salvar, lol. Lady-Shine: Me mata tu intensidad, jajaja es genial. Y eh, no sabes cuanto odio mi inconstancia -sé que volví a tardar un poco en actualizar, pff. Sobre Kagome [suspiro], ésta chica no sabe ni que le pasa, creo yo xd. También considero injusto que supuestamente le esté dejando de importar todo mientras que los demás todavía sienten por ella, pero yo supongo que en personas que han estado por largo tiempo cargando con culpas tan grandes, es normal que luego lleguen a un punto de sentirse así de entumecidos. *Lo de que en FF somos todas pervs, LOL, lo séeee. Jazmín L: Ooh, ¿te leíste los ocho de corrida? Bendita tú por no aburrirte con tanto angsty angst. ¡Muchísimas gracias por hacerme saber que estás leyendo y que te ha interesado!
¡Muchas gracias a tod s!
Saludos y besos, que estén muy bien. Nos seguimos leyendo :D .
