¡Saludos! Aquí les dejo el capítulo 9 de este fic. Lamento la demora, pero últimamente me cuesta concentrarme en escribir. Sé que muchos de ustedes están moestos por la golpiza que le dieron a Mira, pero cuando algo malo ocurre es porque se acerca lo bueno ^^
¡Muchas gracias por todos sus review! Trataré de tener el capítulo 10 lo más pronto posible.

PD: Para los interesados, estoy escribiendo un fan fic de Yugioh! 5D's cuya pareja principal es YuseixAki. Hay una encuesta en mi perfil que necesito que contesten para poder continuar. Gracias :3

Ahora con el fic, pero antes...

Disclaimer: Bakugan Battle Brawlers no me pertenece, sino a su respectivo creador.


La reacción de la enfermera fue la que cualquiera hubiera esperado. Se horrorizó al ver el estado en que se encontraba la pelirroja y esto se vio en el momento en que llevó ambas manos a su rostro, cubriendo su boca mientras que sus ojos aumentaban en su capacidad. Sin perder más tiempo, la mujer a cargo de la enfermería hizo que Ace entrara junto a la chica que llevaba en sus brazos, la recostó sobre una camilla e inmediatamente fue cuestionado al respecto.

— ¿Qué sucedió? — preguntó la enfermera sumida en el estupor del momento.

— Unos bravucones la golpearon — dijo Ace molesto. No tenía ánimos como para hablar al respecto con aquella mujer.

La enfermera, al ver que el chico no se dignaría a mencionar palabra alguna, curó las heridas de la pelirroja en silencio, poniendo banditas en algunas partes de su rostro y vendándole las heridas que se encontraban en sus brazos y piernas. Fue en ese momento en que se percató de la banda en la muñeca. La removió con cuidado para luego dejarla caer al suelo.

La reacción que tuvo la enfermera captó la atención de Ace, quien se encontraba contemplando el panorama de un parte de la escuela a través de una ventana. Volteó a ver cómo la enfermera sostenía el brazo izquierdo de la chica. Le había removido todas sus pulseras junto a la venda para dejar a la vista una serie de cortes que no parecían tener más allá de tres, cuatro días.

Lo mejor que pudo hacer Ace en ese momento fue dirigirse a la enfermera diciéndole que no se preocupara por la chica, que él se haría cargo de averiguar lo que ocurría, pero que por favor debía dejarlos a solas. Dicho esto, la enfermera se retiró a una habitación aparte, ahora el chico sólo tenía que esperar a que Mira recuperara la consciencia.


El sonido de las páginas al ser volteadas era lo único que irrumpía el monótono silencio de la biblioteca. En ella, dos jóvenes se encontraba sentados en una mesa leyendo unos libros, o al menos eso intentaban disimular. A decir verdad, ambos parecían estar más interesados en la conversación que sostenían que en el contenido de sus textos.

— Maestro Spectra… — llamó Gus. El aludido sólo respondió con un "¿Mmh?" sin despegar su vista del libro que sostenía entre sus manos. Como el peliazul guardó silencio, el mayor se vio obligado a alzar su mirada y preguntar.

— ¿Qué sucede, Gus?

El mencionado sostuvo con fuerza el texto que tenía frente a él y, no estando seguro de lo que iba a responder, desvió su mirada hacia la mesa, como si así pudiera aclarar mejor sus ideas. Finalmente se decidió a hablar.

— ¿No crees que las cosas andan un poco extrañas este año? — inquirió el peliazul, quien de seguro se había percatado de la tensión existente en las últimas semanas.

Keith arqueó una ceja como si no comprendiera de lo que estaba hablando. No había notado nada extraño. De lo único que estaba seguro es que prefería mantener cierta distancia de Los Vexos. Parecía que Mylene se estaba apoderando del control de aquel grupo, lo que le daba un aire de maldad aún más grande, pero no estaba consciente de las cosas que había hecho hasta ahora.

— Que nos hayamos alejado un poco del grupo no significa que las cosas hayan cambiado. Lo único que puedo destacar al respecto es que la presencia de Mylene se ha hecho más fuerte, pero eso es todo lo que puedo concluir — dijo Keith manteniendo su tranquilo tono de voz — Sólo recuerda esto, Gus. Por mucho que ella intente tomar el control, nosotros seguiremos siendo los más populares del instituto. Eso es algo que no nos puede arrebatar.

Al decir esto último, Keith chasqueó sus dedos para darle su firma a su declaración. Gus no podía evitar sentirse algo incómodo al respecto. No le agradaba la situación por la que estaban pasando, y el cambio de actitud de su maestro era realmente preocupante. Se conocían desde hace años y nunca antes había estado tan obsesionado con ser el mejor en el instituto.

Decidieron guardar silencio luego de ese pequeño diálogo. Sabían que ya no había nada más que discutir, pero para ser sinceros, ninguno de los dos podía concentrarse en sus textos. Podían sentir la tensión del ambiente. A los pocos minutos, ambos decidieron abandonar la biblioteca.


Mira abrió lentamente sus ojos, sintiéndose completamente desorientada. Lo último que recordaba era haber sido golpeada por Los Vexos y que cierto chico había ido a su rescate. Intentó sentarse para tener una mejor panorámica de la habitación, pero en el momento en que tensó sus músculos para realizar tal acción, sintió un dolor intenso, especialmente en su estómago y en el lugar de sus costillas.

Ace, al notar que la chica había despertado, se acercó a ella sujetándola de los hombros para que se mantuviera quieta.

— Quédate quieta, no estás en condiciones para levantarte todavía — dijo el chico con cierta tranquilidad en su hablar.

— ¿Dónde estoy? — preguntó ignorando lo dicho por Ace.

— En la enfermería. Perdiste la consciencia en el pasillo luego de que me dijiste que fuiste golpeada por Los Vexos.

El sólo recuerdo de Mylene propinándole un golpe en la cara hizo que la pelirroja cerrara los ojos fuertemente como acto reflejo. Al no sentir el impacto de su puño, lo abrió nuevamente. Estaba algo apenada por el estado en el que terminó, se sentía débil y realmente le avergonzaba que Ace la viera en esas condiciones, mas el chico acortó la distancia que ambos compartían para acariciar la mejilla de la chica, buscando la mirada de ésta que se encontraba inspeccionando las irregularidades de la sábana que la cubría.

— Me tenías muy preocupado… — dijo el chico como si nada. Mira no pudo evitar sonrojarse ante lo dicho por Ace. Le pareció que estaba sonriéndole, aunque esa sonrisa no duraría mucho tiempo.

Sin que la pelirroja se diera cuenta, el chico había llevado su otra mano hacia su brazo izquierdo, sujetándolo con firmeza exponiendo los cortes que había en éste. Mira dirigió su vista inmediatamente a las heridas y sus ojos se abrieron superando su capacidad normal. Ace la había descubierto.

— ¿Por qué te cortas? — preguntó con frialdad.

— No es de tu incumbencia — respondió Mira con un tono agresivo. No le gustaba hablar de sus heridas ya que ellas siempre la conllevaban a pensar en sus problemas.

— ¡Exijo saber! — gritó Ace. Estaba molesto con los Vexos desde un principio, pero esto ya era el detonante que faltaba para que perdiera la compostura frente a la chica.

— ¡Suéltame, Ace! — gritó Mira dejando asomar pequeñas lágrimas de sus ojos. Le asustaba que él actuara de esa forma.

Cuando creyó que las cosas no podrían empeorar, se tenía que equivocar: justo en medio de ese forcejeo entró Keith junto a Gus. La noticia de que una chica había sido golpeada en los corredores se había extendido por casi todo el instituto, y todo comenzó cuando Julie llamó a Ace preguntando por Mira y, como es típico de esta chica, no pudo mantenerse callada al respecto: le contó a La Resistencia a viva voz, haciendo que más de alguno escuchara la noticia. Sea como sea, este hecho llegó a los oídos del rubio.

Keith no tuvo compasión con la puerta de la enfermería, la abrió de modo que ésta casi rompe el tope que había en el suelo y, al ver la escena frente a sus ojos, se guió por su instinto sobre protector tomando a Ace por el cuello de su chaqueta lanzándolo contra la pared. Mira quedó impacta ante esta reacción.

— ¿¡Qué le hiciste a mi hermana! — preguntó el mayor sin poder contener su ira — ¡Responde!

— ¡Quítame tus asquerosas manos de encima, maldito vexo! — exclamó Ace para luego intentar propinarle una patada al mayor, quien la esquivó sin mayor dificultad, logrando que éste lo liberara de su agarre.

— Y para tu información, no le he hecho nada a Mira — agregó esto último acomodándose el cuello de la chaqueta, mas esto no sería suficiente para convencer al líder de Los Vexos.

— ¡Mientes! — acusó el mayor — Vi claramente como la lastimabas. ¡No intentes negarlo!
Keith se lanzó nuevamente contra el peliazul, esta vez dándole un puñetazo en la cara que lo dejó en el suelo. Mira, quien estaba solamente como espectadora, se horrorizó ante la escena, llevando ambas manos a su rostro cubriendo su boca. Era tal su espanto que las lágrimas no tardaron en brotar. Ya cuando Keith tomó nuevamente a Ace por su chaqueta, dispuesto a lanzar un segundo golpe, fue cuando Mira se levantó de la cama a pesar del dolor.

— ¡Keith, Keith! ¡Detente por favor! — exclamó la chica entre sollozos.

Gus, al ver la escena, se acercó a su maestro tratando de que soltara al peliazul junto a la ayuda de Mira. Ambos trataron de hacer que entrara en razón, pero sus esfuerzos fueron en vano. Lo único que podía hacer era sujetar el puño del mayor para evitar un nuevo golpe contra su víctima. Por suerte la enfermera entró a la habitación justo en ese momento.

— ¿¡Pero que está pasando aquí! — exclamó la mujer acercándose a los jóvenes para apartarlos unos de otros. Cuando logró tal milagro, se dirigió molesta al mayor de los cuatro.

— ¡Keith Clay! ¿Es que acaso perdiste la cordura? ¿Qué hacías golpeando a un chico menor que tú?

El aludido ni siquiera pudo responder a la pregunta que le había realizado la enfermera ya que Mira decidió intervenir por él, excusándolo para que pudieran hablar los dos a solas. Dado que no había más opción, la mujer dejó que ambos hermanos tuvieran una charla privada. El mayor aprovechó de pedirle a su seguidor que fuera a comprarle algo a la cafetería para eliminar las tensiones, mientras que Ace decidió esperar al otro lado de la puerta, aprovechando la oportunidad de poder escuchar la conversación que ambos iban a sostener.

Una vez solos, Keith se cruzó de brazos e hizo un gesto con su cabeza como indicación para que la menor comenzara a explicar lo ocurrido. La chica sólo bajó la mirada avergonzada por el hecho. Ambos mantuvieron esa postura acompañados por un silencio que impacientaba cada vez más al rubio. Éste ya comenzaba a marcar el paso con su pie derecho hasta que no pudo aguantar más.

— No tengo todo el día, Mira. Ahora dime, ¿quién te hizo esto? — preguntó tratando de no sonar muy agresivo hacia su hermana.

La pelirroja se negó a romper su silencio. Prefería jugar nerviosamente con los dedos de las manos a prestarle atención a su hermano mayor. Éste se percató de que la menor lo estaba ignorando, así que se aproximó a ella tomándola de las manos para que pudiera escucharlo.

— Mira — dijo seriamente — Me preocupas. En estos últimos días has actuado de un modo bastante extraño, no, desde que ingresaste a este instituto que has estado así. ¿Es que ya no confías en mí?

La chica, quien había estado contemplando la mirada que tenía su hermano mientras le hablaba, no pudo evitar desviarla cuando terminó de decir estas palabras. Le dolía ver que el mayor realmente se preocupaba por ella pero, ¿cómo decirle que su grupo de amigos era la razón de su sufrimiento? Ya tenía bastante con el tema de su difunta madre como para poner más peso en las preocupaciones del mayor. Además, ambos eran de mundos completamente diferentes: Keith era el chico popular y perfecto, el que las chicas del todo el instituto adoraba, el que tenía amigos por doquier, líder del grupo más popular y capitán del club de deportes. En otras palabras, Keith era perfecto y Mira no era quien para encajar en la misma foto que él. La chica nueva: torpe, con problemas que no se atrevía a hablar con nadie que no fuera ella misma, víctima de abusos, ignorada por la gran mayoría. Aunque era casi tan inteligente como su hermano, el obtener calificaciones inferiores a la máxima, la frustraba, y así es como volvía al segundo punto de su propia descripción; sus problemas.

— No puedo, Keith… No puedo decirte — dijo en un susurro casi inaudible.

Ante esto, el mayor soltó las manos de su hermana. Parecía derrotado y de hecho, así era como se sentía. Sabía que su relación con su hermanita estaba declinando y no hallaba una solución al respecto. Abandonó la habitación sin decir palabra alguna, cruzando miradas con cierto chico que llevaba un buen rato esperando ese momento. Lo que no sabía, era que había escuchado su pequeño diálogo.

El mayor le dio la espalda al chico de ojos grises, pero antes de que éste pudiera perderlo de vista, dijo algo que llamó su atención.

— Si realmente quieres ayudarla, aleja todo tipo de objetos punzantes de ella. Es lo mejor que puedes hacer, si es eso lo que te estás preguntando — dijo Ace en un tono molesto justo antes de abrir la puerta de la enfermería para sumergirse dentro de la habitación.

Keith volteó a verlo con sorpresa, pero antes de que pudiera detener al chico, se dio cuenta de que Gus se aproximaba a él con dos vasos de café en sus manos. Decidió abandonar la posibilidad de entablar un nuevo diálogo y se retiró del lugar junto a su mejor amigo. No había nada más que hacer ni decir.


La campana sonó una vez más, anunciando la hora de almuerzo. En los corredores se podía divisar a cierta chica de cabellos plateados corriendo como si sus vida dependiera de ello y no se detuvo hasta encontrarse con cierto grupo de personas; los chicos de La Resistencia. Los encontró en la cafetería, todos sentados en su mesa conversando de lo más alegres hasta que notaron la presencia de la chica.

— Julie, ¿qué pasó? Te ves agitada — dijo Dan señalando a la chica.

— ¿Es que acaso no se enteraron? — preguntó la chica tratando de regular su ritmo respiratorio.

— ¿De qué nos perdimos? — preguntó Baron inocentemente.

Los chicos ahora tenían toda su atención puesta en Julie quien, antes de mencionar el incidente del corredor, fue sorprendida por la llegada de un nuevo integrante a la mesa. Dan fue el primero en notar la presencia del nuevo y no pudo contener su emoción al verlo.

— ¡Shun! — exclamó. Se levantó inmediatamente de la mesa para poder saludar a su gran amigo y compañero, estrechando sus manos en un gesto amistoso — ¡Cuánto tiempo, amigo! ¿Cómo has estado? — dijo agregando su carismático sello de promoción: su sonrisa.

— Es bueno verlos de nuevo, Dan, chicos — dijo el pelinegro con una leve sonrisa en sus labios — Debo admitir que las cosas están mejor. Ya saben, después del incidente era inevitable el que me ausentara por un tiempo.

Julie, al sentirse completamente excluida del tema, carraspeó de modo que así captara la atención de todos. En el momento en que sintió las miradas de los demás fue que decidió continuar con su noticia.

— Si me permiten continuar, quería decirles que Los Vexos atacaron nuevamente y esta vez sí que se pasaron de la raya. — dijo en un tono serio poco característico de ella.

Los muchachos se miraron entre sí con curiosidad para después dirigir sus miradas nuevamente a la chica de cabellos plateados. Shun se cruzó de brazos, por lo visto Los Vexos aún eran un problema en el insitituto.

— Dinos, Julie, ¿qué fue lo que ocurrió? — preguntó Runo quien parecía bastante preocupada.

La chica, sin decir palabra alguna, señaló el asiento en el cual Mira siempre se sentaba. Los miembros del grupo en un principio no entendieron este gesto y volvieron a intercambiar miradas. La confusión no duró mucho tiempo, uno de los muchachos se iluminó como si algo hubiese susurrado la respuesta correcta.

— ¡Mira! — exclamó Baron, a lo que Julie asintió.

— Atacaron a Mira.


Mira se encontraba nuevamente sentada en la camilla de la enfermería. Había tomado unas vendas para cubrir sus heridas de la vergüenza, mejor conocidas como intentos fallidos de suicidio.

El sonido de la puerta al cerrar la sobresaltó. Clavó su vista inmediatamente en el lugar donde se había producido tal estruendo para encontrarse con el chico de cabellos opacos. Suspiró aliviada y, esbozando una ligera sonrisa, le dijo: "Me asustaste" a lo que el chico rió suavemente.

— Vaya conversación que tuviste con Spectra — dijo Ace con cierto tono burlón.

Mira lo vio con extrañeza. ¿Spectra? ¿Es así como lo llaman en el instituto? ¿O es tan solo un apodo que el chico le había puesto para referirse a él? Éstas preguntas las acentuó arqueando una ceja, mostrando su completa ignorancia frente al tema.

— ¿Es que no sabes que así le dicen a tu hermano? — preguntó el chico incrédulo. La chica sólo negó con su cabeza para confirmar su respuesta. — ¡Increíble! ¡No sabes nada! — exclamó con asombro.

La chica se sintió algo ofendida ante ello. No tenía por qué saberlo, después de todo, apenas si veía a su hermano a comienzos de la jornada de clases y cuando ésta terminaba. Tampoco iba a estar detrás de él cual cachorro perdido en medio de un bosque encantado. Decidió dejar de lado ese tema pero, por lo visto, Ace no lo soltaría tan fácilmente.

Se acercó a la chica sentándose al borde de la camilla. Si esto no era suficiente que la pelirroja le prestara atención, poner su mano sobre las vendas lo haría. Miró a la chica seriamente a sus ojos, notando que en ellos se reflejaban una serie de emociones negativas: tristeza, soledad, desesperación, frustración, además de que éstos tenían un reflejo cristalino, como si estuviera conteniendo las lágrimas. No comprendía el por qué quería llorar nuevamente. Le molestaba que fuera tan débil, que fuera una niñita llorona que no sabía como defenderse. Es más, odiaba verla en esos momentos.

— ¿Y ahora por qué lloras? — le preguntó con cierta repulsión.

Dejó caer un par de lágrimas de sus ojos. Era inevitable no llorar. Ocultó su mirada bajo su cabello y emitió unos suaves gemidos anunciando su sollozo. El chico no podía verla así, se incorporó para retirarse nuevamente cuando algo lo detuvo: la voz de la chica lamando por él.

— ¿Qué puedo hacer, Ace? — dijo irrumpiendo su llanto — ¿¡Qué puedo hacer! — gritó dando énfasis a su pregunta.

Ace no quiso responder a la pregunta que le había hecho. Es más, sacó su teléfono celular, marcó cierto número y esperó a que la persona del otro lado de la línea le contestara. Cuando ésta lo hizo, le dijo que se encontraba en la enfermería y si podía venir lo antes posible. Con eso dicho, cortó la llamada y se dirigió nuevamente a la chica.

— Primero, deja de llorar — dijo molesto — Segundo, yo me encargaré de Los Vexos. Si no eres capaz de decirle a tu querido hermano lo que está ocurriendo con ellos, me veré obligado a informarle yo mismo.

La chica se horrorizó ante sus palabras. Notó que Ace se disponía a abandonar la habitación a lo que Mira reaccionó levantándose rápidamente de la camilla para intentar alcanzarlo. Su cuerpo le dolía bastante pero al menos fue capaz de acercarse al chico. Se aferró a su chaqueta preguntándole qué era lo que tenía planeado hacer, pero no obtuvo respuesta. Volvió a preguntar a lo que el chico respondió sacudiendo su brazo para que la chica lo soltara, ésta retrocedió ante dicha acción y lo llamó débilmente, preguntándose una vez más qué era lo que iba a hacer, mas era inútil. Ace no pensaba en decir palabra alguna.

Fue en ese momento cuando la puerta de la enfermería se abrió de golpe, revelando al grupo de La Resistencia, esta vez con un nuevo miembro formando parte de ella.

El chico de ojos grises caminó lentamente hacia la salida. Mira, al notar esto, intentó seguirle pero fueron los brazos de sus compañeros de grupo los que la detuvieron. La chica rogaba porque la dejaran ir, pero éstos se negaban a escuchar sus súplicas, dejando que viera como Ace salía de la habitación rumbo a quien sabe dónde. Gritó su nombre múltiple veces con tal de captar su atención: "¡Ace, Ace! ¿Qué haces? ¡Ace!" gritaba con desesperación, pero sus amigos no la dejarían ir. El chico había llamado a Dan para que vigilaran que la pelirroja no escapara, así le daría tiempo suficiente para encargarse de Los Vexos.