Disclaimer: Twilight pertenece a Stephenie Meyer. Esta historia es de LyricalKris, yo solo traduzco con su autorización.
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Capítulo nueve
De Repente
Edward apagó su teléfono a propósito después que su hermano lo haya dejado en el aeropuerto. Había sido un viaje en coche incómodo. Había pasado el viaje al lado de Bella y lo había pasado con sus brazos cruzados sobre su pecho, tratando de no mirarla. La había abrazado en despedida, pero fue con solo un brazo.
Él subió al avión y trató de no pensar en nada, intentando aclarar su cabeza. Cuando llegó al LAX, tomó aire profundo y encendió su teléfono. Sus ojos pasaron por la lista de e-mails y mensajes de personas que no le importaba en ese momento y fue directo al nombre de Bella. Era el primer mensaje, enviado escasos minutos después que apagó su teléfono.
De acuerdo. ¿Qué hice? ¿Estás enojado conmigo?
Edward miró a su alrededor, en busca de paparazzis. Ellos estaban allí, por supuesto. Si alguien lo vio en el aeropuerto de Seattle, las noticias se hubieran extendido por todas las redes sociales rapidísimo. No hacía falta un genio para darse cuenta que él probablemente se dirigía a casa en LA antes de su rodaje que comenzaba la semana siguiente. Ellos estaban allí, obviamente. Sacaban fotos con sus cámaras en su rostro y gritaban las preguntas usuales. Era más difícil de lo normal para él solo seguir caminando. Le preguntaban cosas lascivas sobre su amiga morena que le hizo querer romperle los dientes.
Pasó otra media hora antes que estuviera en casa y pudo responder su mensaje.
No estoy enojado contigo. No hiciste nada. Solo estaba distraído, pensando en el rodaje.
La respuesta de ella fue casi inmediata, y Edward se sintió horrible. Él sabía que ella no entendía. Él la había tratado con tanta frialdad tan de repente y ella no había hecho nada para merecerlo.
¿En serio? ¿No eres tú, soy yo? ¿Eso es lo único que me vas a decir?
Es verdad. Soy yo. Mis propios problemas en mi cabeza. Nada que ver contigo.
No te creo.
Edward gruñó para sí mismo pero sonrió. Debió haber sabido que ella no iba a dejarlo pasar así de fácil. Y no debería. Él sabía que la había lastimado con su actitud fría y eso lo mataba.
El rodaje es en Irlanda. ¿Qué tal si te traigo algo?
¿Qué tal si lo entregas en persona así podemos rehacer ese patético abrazo? No me importa si tu escala de de quince minutos. Esa es la única manera de que te perdone.
Otra vez, Edward sonrió. La imaginaba con sus brazos cruzados y la mirada "no me vengas con tu mierda, Edward" que había dominado cuando tenía nueve años y él trató de convencerla que él había estado en la tierra de fantasía en su última película. Dio unos golpecitos en su teléfono en un ritmo agitado antes de escribir una respuesta.
Trato.
¿En serio? No es necesario. Solo estaba siendo molesta.
Si eso arreglaría las cosas entre ellos, Edward lo haría. Odiaba ese espacio incómodo con el que se habían despedido. Y ahora que tuvo algo de tiempo para aclarar su cabeza, se sentía más indignado con las acusaciones de su hermano. Su relación con Bella era inocente, y odiaba que las palabras de Emmett lo hubieran puesto incómodo alrededor de Bella.
Rosalie, por otra parte, había tenido razón. La manera que tocaba a Bella se había convertido en un poco inapropiado mientras ella pasaba de niña a adulto. Las palabras de Emmett lo habían hecho híper-consciente de la manera que él y Bella interactuaban, y si era objetivo, podía ver por qué los demás podían confundirse o, en el caso de su hermano, preocuparse. Bella no tenía reparos al tomar de su mano, saltar sobre él, o actuar más familiarmente con él de que la mayoría haría con un hombre que no era su novio. Era esa familiaridad que los había metido en "problemas" con esas fotos. Su lenguaje corporal enviaba mensajes contradictorios para cualquiera que mirara.
En el par de días que salió la foto y cuando Edward decidió que necesitaba volver a casa en LA antes, realmente se le había metido en la cabeza que ella era un adulto y que la cercanía física que compartían podría cambiar significados en un segundo.
Ese último hecho se hizo evidente para él cuando ella estuvo encima de él, sonrojada y hermosa, y su pecho subía y bajaba en frente de sus ojos. Ella era toda una mujer, no quedaba ni un trazo de la niña que adoraba, y él era un hombre normal. Hombres normales tenían reacciones normales cuando hermosas mujeres se presionaban contra ellos. Eso era todo. No había nada más que eso.
Verla de nuevo le haría revolver el estómago. Bella era una chica inteligente. Él lo explicaría, y ella lo entendería. Ellos podían encontrar un terreno común, y él no tendría que perder a su chica.
Ese pensamiento le hizo sentirse mejor. Otra vez maldijo a su hermano por poner esos pensamientos en su cabeza. Por supuesto que sonreía en esas fotos. Bella lo hacía feliz. Ella era una de las pocas personas en su vida que decían lo que querían decir y querían decir lo que decían. Era fácil sonreír a su lado; pero no significaba más que eso. La conocía desde que ella era una niña torpe y él había disfrutado su compañía entonces también.
Podrian arreglarlo. Todo estaría bien.
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Eran las cuatro de la mañana en Irlanda cuando el teléfono de Edward comenzó a sonar. Él lo tomó, desorientado, y parpadeó con ojos legañosos mientras intentaba entender qué estaba pasando. Cada vez que su teléfono dejaba de sonar, comenzaba de vuelta con un nombre diferente en pantalla.
La primera llamada a la que estuvo lo suficiente despierto para responder era de Garrett.
—Amigo. Estás a punto de estar en medio de una tormenta si es que ya no lo estás.
—¿Qué? —Edward se levantó y frotó sus ojos—. ¿Qué mierda está pasando?
—¿En serio, Edward? ¿Estabas en un salón de juegos? Un salón de juegos. ¿Qué coño hacías en un salón de juegos?
—Garrett. En castellano. Por favor.
Su amigo suspiró.
—Te mandé por correo la historia.
Edward activó el altavoz en su teléfono y lo sostuvo frente a él. Se metió en su correo y se dio cuenta que su bandeja de entrada estaba más llena de lo usual. Tenía su estómago lleno de nudos mientras abría el primer mail con un archivo adjunto. Su corazón dejó de latir mientras aparecía la imagen.
Se ha revelado la misteriosa morena de Edward Cullen: ¡Es solo una bebé! Decía el titulo sobre una imagen bien clara del rostro de Bella sonriéndole.
El artículo era una compilación de imágenes tomadas por teléfonos que pintaban una historia horrible. La historia especulaba que quizás el gusto de Edward estaba entre el público joven. ¿Por qué sino saldría con chicas en un salón de juegos? Había una foto de él dándole una copa y algunas fotos dejaban en claro que ella estaba ebria. La manera en que sus cabezas estaban inclinadas juntas en las fotos del club hacía fácil imaginar que estarían besándose. Y entonces, por supuesto, estaba la foto de ella media inconsciente en el taxi.
—Mierda —murmuró Edward bajo su aliento. Ellos no tenían su nombre, pero eso no iba a durar mucho. Su rostro era claro en las imágenes.
—Sí —acordó Garrett—. Amigo, luces como repugnante. ¿Estabas drogado?
—Garrett, esa es Bella. Ella estaba triste por un chico, y la saqué para distraerla.
—Pensé que tenía que ser algo como esto. Aunque se ve malo para ti.
—No me importa eso. Esto es… —gruñó Edward—. Gracias por el aviso, Garrett. Estoy seguro que mi equipo está tratando de contactarme.
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Edward, con la ayuda de su equipo, decidió sacar una declaración. Ellos identificaban a Bella como una amiga de la familia pero, de lo demás, no dieron comentario. Algunos programas de chismes crearon un pequeño problema sobre el hecho que a pesar de su relación con Bella, él obviamente la había dejado tomar siendo menor, pero eso no fue un pecado tan grande.
La peor parte era cuando Edward llamó a Bella. Obviamente, habían estado esperando su llamada porque fue Rosalie quien respondió, y ella se negó a darle el teléfono a Bella hasta que hubiese tenido unos minutos con Edward.
—Bella es mi sobrina, Edward. Tengo una responsabilidad con ella. Tienes que decirme qué está pasando ahora. ¿Realmente intentabas seducirla?
—Por supuesto que no. —Edward se frotó la parte posterior de su cuello, frustrado—. ¿Qué les pasa contigo y Emmett? Entiendo cómo luce esto, pero sabes cómo trabajan los paparazzis.
—Esas fotos…
—Vamos, Rose. Sabes cómo se juega este juego. Sabes que una foto en el ángulo correcto puede ser mal interpretado. Es ver la forma de las nubes. Tú ya sabes que ella estaba borracha, pero ella estaba segura conmigo. Nunca me aprovecharía de nadie, mucho menos de Bella.
—Dime que no te sientes atraído hacia ella. Dime que todas esas veces que ella estaba en tu regazo nunca la tocaste de ese modo.
—No la veo de esa forma, Rosalie. En serio.
Rosalie no habló. Por unos segundos solo hubo el sonido de respiración de ambos.
—No es solo los paparazzis. Algunos sitios de fans tuyos… Quiero decir, realmente suena convincente, Edward. La manera que la miras…
—Tú tampoco —gruñó Edward—. Ella me hizo sonreír, eso es todo.
—Tú no sonríes. Ese es el punto-
—Así que, ella me hace sonreír. La adoro. Tú sabes eso. No la deseo, y no estoy enamorado de ella.
—Solo tiene dieciocho.
—LO SÉ.
Rosalie suspiró.
—De acuerdo.
—¿Puedo hablar con ella? ¿Por favor?
Su cuñada no sonaba feliz, pero aceptó. Edward escuchó. Edward escuchó el sonido de una puerta abrirse, y Bella ya estaba quejándose con su tía por tomar su teléfono.
—Tenía que hablar con él. Cálmate. Toma. —Él escuchó decir a Rosalie.
Bella sonaba sin aliento cuando contestó.
—¿Edward?
A pesar de la situación, cuando la escuchó decir su nombre, fue como si una manta caliente se había puesto sobre sus hombros.
—Hola, patito, ¿estás enojada conmigo?
—¿Por qué debería estarlo?
—No lo sé. Probablemente debería haberlo pensado mejor antes de sacarte esa noche. Las personas suelen tomarme fotos.
—Sí, pero no tenías idea que iban a mostrarlo así. En serio, no es una gran cosa. Rose y Emmett atraparon a los reporteros que llamaron a la casa. Sobre todo, mis amigos están impresionados que te conozca. —Soltó una pequeña risa—. Dijeron que si yo no te quiero, puedo pasar sus números. Ellos alimentaran tus perversiones.
Edward resopló pero sonrió.
—Es asqueroso, ¿no? Soy un hombre muy viejo.
—No creo que sea asqueroso. —Estuvo en silencio por un momento, y cuando volvió a hablar, su voz era suave—. Realmente no te veo como un hombre viejo. No eres viejo, Edward. Sean Connery es viejo… y me follaría eso.
—Yo también.
Ambos rieron, y Edward se sintió mejor.
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Por el resto de la semana que duró el rodaje, cada conversación telefónica y e-mail que tuvo con sus amigos y familia era sobre lo mismo.
"No estoy enamorado de ella."
"No me siento atraído a ella."
"No la veo de esa forma."
"No es así."
Una y otra vez dijo lo mismo.
Edward sabía que podía esperar que los paparazzis sean viles cuando llegue a casa. Toda la semana, las historias que habían publicado avivaban el rumor que Edward había seducido a Bella. Que él se sentía atraído a mujeres mucho más jóvenes. O quizás era solo a esta. Después de todo, Edward había tenido estrellas de Hollywood. ¿Qué podía haber hecho Bella para despertar su interés?
Los paparazzi tenían muchas sugerencias, y cuando él los ignoró, solo empeoraban.
Edward trató de mantener la calma. Él sabía cómo trabajaban. Él sabía que querían una reacción. Él sabía bien que no debía darles una.
Él sabía.
Fue diferente, sin embargo, ahora que sabían su nombre. Fue diferente cuando le preguntaron si Bella era una puta. Si Bella era buena estando de rodillas.
—Tío —dijo uno mientras Edward trataba de empujar para llegar a su coche—. ¿Le hiciste usar coletas? Yo la hubiera tomado de ella y cabalgado como la pequeña potranca que es.
—No, amigo —otro dijo—. Puedes verlo en sus ojos. Ella es una loca en la cama. ¿Es por eso que te gusta, Cullen? ¿Te dejo tomarla por el culo? Puta asquerosa. Ella parece del tipo que haría…
Edward no pudo soportarlo más. Empujó al camarógrafo hacia atrás, con ojos furiosos.
—Cállate. No te atrevas a hablar de ella. Bella es preciosa. Ella es increíble, e inteligente, y no eres lo suficientemente digno como para decir su nombre, mucho menos mirarla.
Los flashes se volvieron locos haciendo clic, y el estómago de Edward se revolvió. Se dio la vuelta para encontrarse con otra cámara.
—¿Así que es serio lo de ella? ¿No es solo sexo?
—Ella simplemente no es nada —espetó.
—¿Entonces esto es todo? ¿Edward Cullen finalmente está enamorado?
Edward fulminó con la mirada al tipo, y finalmente se subió al coche.
Cuando estuvo seguro fuera del aeropuerto, se encontró con pensamientos dando vueltas. Su corazón latía fuerte. Se estaba regañando por perder el control. Sus palabras serán retorcidas. Él nunca antes había defendido así a una mujer con la que había estado. Van a hacer un gran problema por ello. Lo harían parecer como…
Como si estuviera enamorado de ella.
Edward debía estar al teléfono con su equipo. Él necesitaba consejos. Necesitaba que alguien le diga que era un idiota por tomar el cebo, pero no podía pensar en nada de eso. Sus pensamientos giraban a mil por hora mientras intentaba averiguar la maraña de emociones en él. Estaba lleno de protección feroz que lo hacía querer estar al lado de Bella. ¿Y si esos buitres la encontraron? ¿Y si ella oyó las cosas viles que decían de ella?
Él quería tomarla en sus brazos y…
Y…
Edward estacionó en su casa y apagó el coche. Estaba enfadado en la tranquilidad. La manera en que los paparazzi y tabloides hablaban de ella era enloquecedora porque estaban equivocados. Estaban muy equivocados. Lo mataba que ellos no la vieran.
Una presentación de imágenes pasó por su cabeza. La sonrisa de Bella. La manera que ella bailaba en victoria en la arcada y en el club. Sus chistes. Su risa.
Su cuerpo pequeño y cálido y la manera que encajaba contra el suyo cuando ella le estaba haciendo cosquillas.
Sus brazos alrededor de su cuello.
Su belleza.
Edward apoyó su cabeza en sus manos sobre el volante, preguntándose de repente su le había mentido a todos cuando le preguntaron cómo se sentía respecto a Bella.
