Esta historia es solo una adaptación del libro "Cerca del paraíso" de DIANA PALMER para nuestro entretenimiento.

Así mismo los personajes le pertenecen a Nobuhiro Watsuki.

Muchas gracias a todos por seguir leyendo.

Un gran abrazo y disfruten el capítulo.

Capítulo 9

Kaoru sintió que se le caía el alma a los pies. Kenshin le había dicho que se mantuviera alejada de él por su propia seguridad; pero no le importaba salir con otra ¿Podría ser que la hu biera dejado de lado para que su novia no tuviera celos? ¿Y si ya estaba saliendo con esa mujer cuan do la conoció a ella? Si era así, ¿por qué se había acostado con ella?

-Me dijo que estaba loco por mí -dijo sintién dose desgraciada.

Megumi la miró como si hubiera perdido la cabeza.

-¿Y tú le creíste? -exclamó-. ¿Tú crees que a un hombre de ese tipo le importa la verdad?

-No es un mal hombre, es un bueno, humilde, protector… perfecto -pro testó Kaoru-. No puedo permitir que vaya a prisión, Megumi. Tengo que ir a verlo; tengo que avisarle.

-No quiero que vayas al casino -dijo Megumi con firmeza-. No voy a permitir que te maten; además, si vas, Sanosuke sabrá que te lo he contado todo.

-Será nuestro secreto -le prometió ella-. Megumi, tengo que hacerlo.

Megumi estaba llena de dudas y muy preocupada.

-Cariño, no quiero que corras ningún riesgo. Quizá le diga a Sanosuke que vaya él.

-¿Que vaya adónde? -preguntó Sanosuke desde la puerta.

Megumi dio un salto.

- ¡Qué susto!

Sanosuke miró de la una a la otra.

-¿De qué estabais hablando?

-De Kenshin Himura -dijo Kaoru sin rodeos-. Sé que tiene problemas con el gobierno y quiero avisarle.

Sanosuke no pareció sorprendido.

-Quizá puedas hacerlo, si vas con un amigo mío y le llevas una nota de mi parte.

Megumi lo miró con la boca abierta.

-Hay un proyecto en marcha del que yo formo parte -les explicó-. Eso es todo lo que puedo de cir de momento. Tengo que enviarle una nota a Himura y Kaoru es mi única esperanza. No puedo lla marlo ni mandarle la nota por correo porque levantaría sospechas.

-¿Está Kenshin en peligro? -preguntó Kaoru.

Sanosuke tenía un semblante muy serio.

-Más de lo que se puede imaginar. No puedo permitirme que muera. Es esencial para esta opera ción. ¿Vas a hacerlo? Puede ser peligroso.

Kaoru asintió.

-¡No vas a ir a ninguna parte! -le espetó Megumi. -Llamaré a mi amigo. Estate preparada dentro de una hora.

-¡Sanosuke! -gritó Megumi fuera de sí-. No voy a permitir que te relaciones con un asesino.

Por más que Megumi se quejó, no logró que la escu charan.

-¡Podrían matarla! -protestó enérgicamente.

-A Himura sí que lo matarán si no le hago lle gar esta nota -respondió Sanosuke entregándole a Kaoru un sobre-. No lo abras -le ordenó-. Podría costarte la vida.

-No lo abriré -respondió ella-. Gracias, Sano.

-¿Sabes que la mayoría de las cosas que dicen sobre él son ciertas? -preguntó él. Ella asintió.

-No me importa.

Él sonrió.

-Eso es lo que pensé que dirías. Buena suerte, pequeña.

En ese momento, llamaron a la puerta.

-Ten cuidado -le dijo Megumi, atragantada-. Si te sucediera algo...

-No va a pasar nada -dijo Kaoru con seguri dad.

Antes de que Megumi pudiera decir nada más, Saito entró en la habitación. Llevaba un traje de chaqueta negro y camisa blanca. No estaba sonriendo. Le dedicó a Kaoru una mirada rá pida y asintió.

-Tienes buen aspecto -le dijo él.

-Tú también -le respondió ella-. Pero, ¿qué haces aquí?

-Es tu acompañante -le dijo Sano-. Cuan to menos sepas, mejor. Simplemente haz como si fueras a divertirte. Y disimula cuando hables con Himura. Habla sólo de cuando te rescató y nada más, ¿entendido?

-Entendido -asintió ella, sintiendo que las ro dillas empezaban a temblarle.

Ella era una profesora de arte que practicaba kendo . ¿Cómo diablos se había visto envuelta en un lío con la mafia? ¿Y qué relación tenía el misterioso hombre que la iba a acompañar con todo aquello? ¿Y Sano? ¿Trabaja ban juntos? ¿Contra la mafia o a favor de ella?

Agarró su bolso y el chal. Llevaba un vestido de raso negro ajustado, con escote palabra de honor y forma de sirena. Se había recogido el pelo en un sofisticado moño. Tenía un aspecto elegante, distinguido y sumamente femenino y sexy.

Saito le ofreció el brazo.

-Cuidaré de ella -le dijo a Megumi que estaba haciendo un esfuerzo por contener las lágrimas de frustración -. Te doy mi palabra.

Megumi intentó asentir y le dio un beso a su herma na.

-¡Ten cuidado!

Antes de cerrar la puerta, oyeron a Megumi gritarle a Sanosuke.

-No me habías dicho que estuvieras mezclado con hitokiris. Cuéntamelo todo ahora mismo.

En la esquina había un taxi esperándolos. Para sorpresa de Kaoru, se trataba del mismo que siempre la recogia cunado Kenshin llamaba un taxi por ella.

-¿Qué tal está, señorita Kamiya? ¿Al Bow Tie, señor Saito? -añadió.

-Sí -le respondió-. Y date prisa amigo.

El Bow Tie estaba lleno de turistas que paseaban entre las máquinas o que jugaban en las distintas mesas. Kaoru buscó a Kenshin con la mirada. Al en trar, pensó que se había arreglado demasiado, pero luego vio de todo, desde gente con vaqueros desgas tados hasta señoras con trajes largos y hombres con esmoquin.

Aparentemente, no había ninguna regla con res pecto al atuendo.

Saito la tomó del brazo y la llevó hacia las cajas de cambio. Era como una escena de James Bond, pensó ella, fascinada con las ruletas y las me sas de black jack.

-Esto parece sacado de una película -comentó ella

Él se rió.

-Más de lo que tú crees.

Entonces, Kaoru vio a Kenshin. Estaba muy ele gante con un esmoquin negro. A su lado había una mujer blanca, muy hermosa, con el pelo largo y unos ojos negros y rasgados, casi felinos. Lle vaba un vestido de seda blanco y tenía tan buen as pecto como Kenshin. Estaba agarrada de su brazo y él la miraba sonriente.

A Kaoru le entraron ganas de darse la vuelta y marcharse. Demasiado tarde, Kenshin giró la cabeza, riéndose de algo que la mujer le había dicho, y la vio. La sonrisa desapareció al instante.

Kaoru sintió que se le encogía el estómago. Que ría darse la vuelta y echar a correr; pero ya era muy tarde. Kenshin y su acompañante iban hacia ellos.

-Hola, señorita Kamiya -dijo él en un tono ca sual.

-¿Qué tal, señor Himura? -lo saludó ella. -¿Se conocen? -dijo la mujer, con mirada suspicaz.

-El señor Himura me salvó de las garras de un cliente borracho hace un mes -dijo ella.

-Qué lugar tan agradable -intervino Saito, con una sonrisa-. ¿Hay alguna barra?

-Hay tres -dijo la mujer recorriéndolo con la mirada.

-¿En serio? ¿Le importaría mostrarme el cami no?

-Ve con él -le dijo Kenshin solícito, ella asintió.

-Espérame aquí -le dijo Saito a Kaoru. Ella accedió con una sonrisa.

En cuanto los otros se alejaron un poco, Kenshin explotó.

-¿Qué diablos haces aquí? ¿No te dije que no te acercaras a mí?

-No te enfades tanto -le dijo ella, entregándo le el sobre que le había dado Sanosuke.

Kenshin lo abrió y leyó la nota. Después se la metió en el bolsillo.

-¿Qué sabes tú de esto? -le preguntó él.

-Nada. Sano...

Él no la dejó acabar.

-Lárgate de aquí -le dijo con frialdad-. Y no vuelvas nunca.

-¿Es por esa mujer? -se atrevió a preguntar ella.

-Sí. Estoy comprometido con ella. Estábamos enfadados cuando tú apareciste; pero ahora hemos vuelto. Así que, no quiero volver a verte.

Ella lo miró entre sorprendida, molesta y triste. ¿Qué iba a hacer ahora? Estaba embarazada de un hombre que le había dicho que la adoraba y que ahora la echaba de su lado como si fuera una apesta da.

-¿La quieres? -insistió ella.

-Con todo mi corazón -dijo él con franque za-. ¿Qué te habías creído? A mí me gustan las mujeres sofisticadas; todo lo contrario de lo que tú eres. ¿Siempre te crees todo lo que te dicen los hombres?

-Nunca más -dijo ella con una sonrisa forza da-. Tenían razón sobre ti.

-No lo dudes.

Ella se giró con piernas temblorosas y vio a Saito.

-¿Has traído patatas?

-Sí.

La morena fue inmediatamente a agarrarse del brazo de Kenshin.

-Encantada de saludarle, señor Himura -dijo Kaoru con una sonrisa mientras se agarraba del brazo de Saito.

-Que se diviertan -se despidió él.

-Gracias -se despidió Saito y se giró hacia las mesas con Kaoru.

Saito se paró a saludar a alguien y Kaoru aprovechó para tomar aliento y recomponerse. Nun ca se habría imaginado que Kenshin iba a tratarla con tanto desprecio.

Se llevó un pañuelo a los ojos húmedos y. al apartarlo, se fijó en un hombre pequeño y siniestro, de grandes orejas. Sus lóbulos eran tan raros que casi no ve la pistola que estaba sacando de la cha queta. Estaba mirando directamente a Kenshin.

Sin pensar en el peligro, se giró y caminó hacia el hombre, chocándose con él para hacerle perder el equilibrio.

El hombre soltó un juramento, guardó la pistola y desapareció de su vista en un par de segundos.

El corazón de Kaoru latía a toda velocidad cuan do se unió a Saito.

-¿Lo has visto?

-¿Si he visto qué?

-Había un hombre apuntando con una pistola a Kenshin. Estaba a punto de disparar cuando me cho qué con él y le hice perder el equilibrio.

Saito apretó los dientes.

-¿Adónde ha ido?

-No lo sé.

-¿Se dio cuenta de que habías visto la pistola?

-No creo. ¿Puedes explicarme qué está pasando aquí?

En aquel momento llegó Nobu. Por su cara, de bía de haberlo visto todo a través de sus cámaras. -¿Le has visto la cara, Kaoru?

-Sí. ¿Tú no?

-No. Estaba justo entre dos cámaras; pero sí vi el brillo de la pistola. Creo que Kenshin no se ha per catado de nada. ¿Les importa venir conmigo?

Se dirigió hacia la oficina y Kaoru logró seguirlo sin mirar hacia Kenshin.

-¿Puedes describírmelo?

-Sí, claro. Era bajo, moreno, corriente: pero te nía unos lóbulos muy extraños.

-¿Lo reconocerías si lo volvieras a ver? -Sí -dijo ella, totalmente segura. Nobu miró fijamente a Kaoru.

-Volverá a intentarlo. Necesito que te quedes por aquí, con los ojos bien abiertos. Te pondré un micrófono oculto para que me avises en cuanto lo veas

-De... de acuerdo -tartamudeó ella.

-No me separaré de ti -la tranquilizó Saito.

-¿Estás armado?

Saito se abrió la chaqueta y le dejó ver la pis tola.

Kaoru se quedó sin palabras. Sintió el peligro y tuvo miedo: más por Kenshin que por ella. A pesar de cómo la había tratado esa noche, sabía que no podría vivir si a él le pasaba algo.

Nobu le colocó un pequeño cable por dentro del vestido.

-Sólo tienes que decir dónde está y yo iré a por él.

Kaoru logró sonreír.

-Mantén los ojos bien abiertos y ten cuidado - añadió-. Si ese tipo es un asesino a sueldo, no du dará en disparar a cualquiera que se interponga en su camino.

-¿No han perdido el tiempo, verdad? -le dijo Saito a Nobu.

-Ni un segundo -asintió él.

Kaoru miró de uno a otro, totalmente confundida. Parecía que todo el mundo, menos ella, sabía lo que estaba pasando.

-Ya estás lista -le dijo Nobu.

Entonces Kaoru se dio cuenta de que Saito también tenía un micrófono.

-¿Kenshin sabe que quieren matarlo?

-Si le entregaste la nota, sí -respondió Saito.

Ella contuvo el aliento. Aquello explicaba su ex presión y su insistencia para que se marchara. Por eso había sido tan grosero con ella: ¡la había estado protegiendo!

-Pero no vio al asesino, ¿verdad?

-No estoy segura; pero no lo vi mirar en nues tra dirección ni un momento.

-Vamos -la urgió Saito-. Volvamos aba jo.

Kaoru caminó a su lado y al llegar al salón, sintió que perdía fuerzas. Al ver a Kenshin con la morena volvió a tener dudas. No parecía que estuviera fin giendo, pues la miraba con una sonrisa posesiva mientras la sujetaba por la cadera. Kaoru respiró hondo y se tocó el vientre. Tenía que hacerlo, aun que sólo fuera por su hijo. No podía volverse atrás, ella era la única que le había visto la cara al asesino.

Miró a su alrededor, fijándose en todas las caras menos en la de Kenshin. Saito la llevó hacia una de las máquinas tragaperras, justo debajo de donde Kenshin estaba y le dio un puñado de monedas.

-Juega un rato; pero no olvides mantener los ojos bien abiertos.

Desde allí tenía muy buena vista de Kenshin, que estaba justo encima de ella en la escalera entre el primer y el segundo piso. Él no se había movido. Obviamente, Nobu no había hablado con él. Allí donde estaba presentaba muy buen blanco; pero también era fácil ver a cualquiera que se le acercara. Kaoru sintió el peso de la responsabilidad: ella tenía que ver al hombre a tiempo.

No tardó mucho en ver al asesino.

-¡Dios mío! -Es él! -exclamó.

Nobu y Saito corrieron desde diferentes di recciones intentando llegar a tiempo. Pero ella esta ba más cerca y llegó antes. Corrió escaleras arriba a toda velocidad justo cuando el hombre volvía a apuntar a Kenshin Kaoru se echó sobre él, empujándolo en el mismo instante en el que apretaba el gatillo. El hombre la empujó con todas sus fuerzas y ella cayó por encima de la barandilla al suelo. El golpe fue terrible y ella sintió como si el cuerpo se le rompiera en dos. El dolor era tan fuerte que perdió el conocimiento.

Mientras tanto, Kenshin estaba luchando con el hombre cuando los dos cayeron por encima de la barandilla. El hombre pequeño giró sobre sí y se puso de pie, pero, entonces, Nobu y Saito lo agarraron y le pusieron unas esposas antes de que pudiera darse cuenta.

Kenshin, al igual que Kaoru, había perdido el co nocimiento.

-Llamen a una ambulancia -gruñó Saito al micrófono.

La gente rodeó a Kaoru y a Kenshin horrorizada, especulando sobre lo que podía haber sucedido. La morena estaba sobre Kenshin, llorando histérica, cuando las sirenas de las ambulancias se oyeron afuera.

-MUCHAS GRACIAS POR SUS RW.

Y UN FUERTE ABRAZO.