Hola! Lo primero disculparme por este mes sin actualizar la historia. La verdad es que he llevado una racha de mala suerte horrible. De verdad, no sé si me ha mirado un tuerto o qué, pero yo no entendía nada. Pero bueno, parece que mi suerte regresa poco a poco y las cosas se van solucionando.
Espero que comprendáis que no tenía muchas ganas de actualizar hasta ahora, pero ya he vuelto, y para quedarme, por lo menos hasta el final de la historia XD.
Como sé que todo esto os importa bien poco y lo que queréis es continuar con la historia, os dejo leer!
Ese día, Ginny y Luna aparecieron con un invitado en la casa de la playa de Blaise, donde ambos ex slytherin se habían instalado. Cuando Blaise abrió la puerta, frunció el ceño.
–¿Quién es este? – preguntó de malas formas y cruzándose de brazos. El invitado tragó saliva algo intimidado, pues el tamaño y los músculos del joven de color podrían llegar a intimidar a cualquiera. Excepto a Ginny Weasley.
–este es nuestro amigo Dennis Creevey. – le contestó dando un paso hacia él, con las manos en su cintura.
Blaise la cogió del brazo para arrastrarla hasta el interior de la casa, sin alejarse demasiado de la puerta donde todavía seguían parados Dennis y Luna.
–¿estás loca? Nadie puede enterarse de lo que está pasando con Malfoy. Te recuerdo que quedó en libertad por muy poco de ser un mortífago. Este escándalo podría llevarlo a azkaban – le susurró molesto sin soltarla.
–quizá merece estar allí, yo todavía no lo sé – dijo Ginny enfrentándolo – no sé si es él quien hizo daño a mi amiga y por eso desaparecieron.
–te recuerdo que las pistas que tenemos son para ambos las mismas, y no tienen magia, sabes muy bien que Draco no tiene nada que ver. Además, te aseguró que es incapaz de hacerle daño a tu amiga.
–Físicamente, querrás decir, porque lleva dañándola verbalmente mucho tiempo. – le recriminó. Blaise apretó los labios, soltándole el brazo al fin. – de todas maneras, no le hemos contado nada a Dennis. Él se alejó de la magia cuando su hermano Colin murió en la guerra, y no quiere saber nada sobre ella – a Blaise no se le escapó el sentimiento de dolor que cruzó por la mirada de la pelirroja al nombrar al tal Colin – pero ha accedido a llevarnos a un laboratorio muggle y a crear una cuartada para que no nos hagan demasiadas preguntas.
–¿Qué ocurre? – preguntó Theo saliendo desde el salón, pues desde que había sonado el timbre, estaban tardando demasiado.
–no ocurre nada. – dijo Blaise recuperando la calma – Lovegood, Creevey, pasad. – les ofreció regresando a la puerta.
Dennis les informó de varias direcciones de laboratorios que había buscado en internet.
–Os aconsejo que acudáis a este de aquí – dijo señalando una dirección – colaboran con las universidades, y será muy fácil decidles que sois estudiantes y que necesitáis averiguar que contienen esas telas para un trabajo, puede que os ayuden. En otros quizá tengáis que pagar, pero no os harán preguntas. Bueno, según lo que descubran, claro…
Poco después, todos agradecían a Dennis y lo despedían. Ginny lo apareció en su casa y volvió en pocos minutos.
–Bien, vayamos a este, el dinero no es problema – propuso Blaise una vez todos reunidos.
–Espera un minuto, don riquezas. Si lo que contienen estos trapos hizo que Malfoy y Hermione desaparecieran, no debe de ser nada bueno. – pensó Ginny – podríamos meternos en un lio.
–En cambio si vamos con el cuento de que es una investigación de la universidad esa… - añadió Theo – podemos salir airosos…
–Muy bien – aceptó Blaise - ¿Dónde nos aparecemos?
Ginny solo rodó los ojos ante la insensatez del moreno.
Hermione regresó a la cocina y se sentó en la silla donde había comido. Observó la cocina sin recoger para después apoyar los codos en la mesa y esconder su rostro entre sus manos. Cada vez que veía a esa doctora era como revivir la guerra y volver a ver al mismísimo Voldemort.
Que equivocado estaba Malfoy al menospreciar a los muggles…
¿Por qué tenía que ocurrirle esto después de todo lo que ya había pasado? ¿Es que su vida estaba maldita? ¿No merecía ser feliz?
Después de cuestionarse sobre la existencia de un ser divino que jugaba a fastidiar su vida, se levantó y recogió la cocina. Después se dirigió al baño. Por esa vez, solo por esa vez, recogería las cosas de Malfoy, y solo porque estaba enfermo, y porque estaba enfermo, en parte, por haberla defendido.
Nunca imaginó que llegaría un día en que ella y Malfoy se defenderían el uno al otro. Pero ella le clavó ese objeto punzante al gorila para ayudarlo a él, y él le quitó de encima a ese delincuente.
Pensó en que podría hacer ahora para dejar de pensar en que ella y Malfoy podrían llegar a ser algo así como civilizados el uno con el otro.
Regresó al salón para intentar pensar algo con el rubio, pero cuando llegó, este estaba profundamente dormido. Parecía mentira lo inofensivo que parecía de aquella manera.
Puso su cerebro a trabajar, sentándose en el sillón y mirando al techo.
Sin las varitas no podían hacer magia. ¿Qué eran en realidad las varitas? Un trozo de madera con algunos elementos mágicos que hacían que la magia fluyera por ellos fácilmente.
Las varitas canalizaban la magia.
Bien, pues entonces necesitaban algo que canalizara su magia.
Madera. La madera era lo principal.
La castaña se levantó, cogió una se las macetas de la casa y la colocó sobre la mesita que había entre los sillones. El ruido despertó a Draco.
El rubio la observó rebuscar entre las ramas de una planta.
–¿Qué estás haciendo?
Hermione le miró, iba a contestarle, cuando recordó los micrófonos. Se levantó, y ayudándolo a incorporarse, se sentó junto a él, para hablarle al oído confidencialmente.
–Estaba pensando sobre las varitas – le susurró, muy bajito, apoyándose en su hombro, sin siquiera darse cuenta – una varita canaliza la magia a través de la madera y su núcleo mágico. – explicó – podemos conseguir algo parecido a la madera, lo que veo difícil es conseguir pelo de unicornio, fibra de corazón de dragón, pelo de veela, pluma de fénix y cosas así. Más bien, imposible.
Esta vez, Draco fue el que se acercó al oído de la chica.
–mi bisabuela era medio veela, de ahí mi belleza extraordinaria – susurró sin modestia.
Sin pensarlo, Hermione arrancó un par de pelos de su compañero, que se quejó.
–Trabajaré en esto un rato, quizá… – murmuraba Hermione regresando a su lugar.
Draco iba a poner algunas objeciones, como que aunque consiguiera algo parecido a una varita, un mago no puede elegir cualquier varita, si no que la varita debería elegirlos. Y que definitivamente su pelo no tenía ninguna propiedad mágica a parte de la de brillar intensamente bajo el sol, pero prefirió dejarla concentrarse en su tarea.
No subestimaba a Hermione Granger, y solo necesitaban algo que aceptara un fácil y simple alohomora.
El extraño cuarteto entró en el laboratorio sin perder tiempo. Theo se adelantó para hablar con uno de los investigadores y le explicó que en las clases les habían mandado la tarea de buscar la forma de averiguar algo sobre unos pañuelos.
–Quizá alguna sustancia o…
–No hay problema – les sonrió el hombre – estamos comprometidos con los jóvenes como vosotros que buscan hacer del mundo un lugar mejor. Quien dice que entre vosotros no esté el descubridor de la cura contra el cáncer, por ejemplo.
Los jóvenes se miraron interrogantes entre ellos.
–Pasad por aquí – les abrió una puerta e ingresaron a una sala con extraños artilugios y pociones de colores – utilizad lo que necesitéis. – les dijo, y se marchó.
Los cuatro se quedaron mirando entre ellos, y después miraron los aparatos y las escasas personas que trabajaban en el lugar.
–Claro, se supone que si somos estudiantes, sabemos hacer esto – dijo Theo.
–Bien, el problema es que no sabemos – se quejó Blaise.
Ginny no podía creer que allí se acabaran sus esperanzas de conseguir algún tipo de pista. Observó la habitación y tuvo una idea.
–Dejádmelo a mí.
Se acercó a un chico joven que trabajaba concentrado y atrajo su atención, golpeándole el hombro con delicadeza. Cuando el chico le miró, le sonrió ampliamente.
–¿Puedo pedirte un favor? Verás… – dijo mordiendo sensualmente su dedo índice – creo que voy a necesitar ayuda en mi trabajo de investigación.
El muggle parpadeó varias veces ante la asombrosa visión de esa chica.
–Cla… claro, ¿qué es lo que necesitas?
Unos veinte minutos después, Ginny regresaba con una extraña palabra escrita en un papel.
–"cloroformo". – les dijo a sus compañeros mientras daban las gracias y salían del laboratorio.
Mientras se alejaban por la calle, alguien llamó.
–espera, Hanna. – era el chico que había ayudado a Ginny.
–¿Hanna? – preguntó Luna.
–No iba a dar mi nombre verdadero – le murmuró mientras el chico se acercaba.
–verás, solo quería decirte, que si necesitas ayuda con cualquier cosa de la universidad… es decir, pareces una chica lista, pero si quieres…
–Es cierto, mi querida Hanna es una chica lista – dijo Blaise cogiendo a la joven por la cintura y acercándola a él – es por eso que es tan especial para mí – dijo mientras ambos se miraban a los ojos, él decidido y ella sorprendida. Para dejar claras sus intenciones, el moreno la besó con intensidad.
Ginny, de piedra, se dejó hacer. No hubo manera de evitar cerrar los ojos, e incluso a si misma se aceptaría que disfrutó ese fantástico beso.
–Perdona, te interrumpí – dijo Blaise mirando al muggle – decías…
–eh… no importa. Hasta la próxima – dijo nervioso y alejándose con prisa.
Cuando ya estaba lo suficiente lejos, Ginny le golpeó en el pecho alejándolo.
–¿Por qué diablos hiciste eso?
–iba a pedirte una cita o algo así. Solo te hice el favor de espantártelo – le contestó con la burla tras sus palabras…
–Serás… – se dio la vuelta y comenzó a andar. – te odio, Blaise Zabini – le gritó.
–sí, pero ya te has aprendido mi nombre completo – sonrió él caminando tras ella. – ya no soy solo "el amigo de Malfoy".
–no, claro. Ahora eres el "acosador que besa chicas a traición".
Luna y Theo se miraron, y solo alcanzaron a sonreírse antes de caminar tras sus amigos, que seguían discutiendo.
Creo que contesté algunos comentarios por privado, aunque quizá no a todos. Vuelvo a intentarlo esta vez.
Espero que os haya gustado. Un beso!
