AMO! SUS REVIEWS, muchas gracias, espero que los sigan dejando.
Así que mi cabeza no estaba en las clases mientras pasaba por ellas. Traté de escuchar a mis profesores pero todo lo que en verdad escuchaba era una pregunta persistente en la parte posterior de mi cabeza. ¿En verdad voy a volver a besar a Peeta? El pensamiento me volvió toda babosa y pegajosa por dentro. Tuvo mi corazón a un ritmo frenético y salvaje e hizo que las palmas de mi mano sudaran tanto que no pude sostener mi lapicero de manera apropiada.
Pero no.
Obviamente no iba a besarlo.
Por supuesto que no.
Por supuesto.
Todavía me estaba convenciendo de eso. Pero parecía bastante definitivo que no iba a hacerlo. Peeta sólo estaba molestando. Siempre estaba bromeando. No tenía algo por mí, no estaba deseando volverme a besar. Yo era una broma para él. Cato y yo. Éramos especie diferentes para él. En serio. Para él éramos aliens, criaturas diferentes y sorprendentes, divertidas para molestar. Podía notar que pensaba eso por la manera en que siempre me estaba sonriendo. Pensaba que yo era extraña. ¿Y yo teniendo que besarlo de nuevo? Era una broma para enervar a Cato de nuevo. Eso era. Tenía que serlo. Quiero decir, él era Peeta, el Chico Malo/Héroe de la escuela. Deshacía personas en el rink de hockey y seducía chicas cuando cantaba en su caliente banda. Luego jugaba con los corazones de las chicas nunca dejándo que se acercaran a él. Si tenía una. Iba de chica mala en chica mala, nunca nada serio. Sólo pasando el rato.
Así que, definitivamente estaba segura de que no estaba deseando mi beso. No le importaba si lo obtenía o no. Sólo estaba jugando como siempre. Y enfrentemoslo, yo no era su tipo, en absoluto. Estaba tan lejos de serlo que era gracioso Tal vez por eso era que siempre sonreía cuando me veía venir, mi enamoramiento por él era una gran y enorme broma. Al igual que él queriendo que lo besara también era una broma. Parte de su humor perverso que seriamente no entendía. En absoluto.
¡Grrr!
Me llegó un mensaje de Johanna durante el quinto periodo. Envió: ¿Estás practicando tu fruncimiento de labios?
Luego escribió de nuevo después de eso: ¡He escuchado que Peeta es un besador genial!
Me hundí en mi silla. Lo había escuchado bien pero no de mi parte. No le dije que antes había besado Peeta. No le dije nada. De hecho, hasta este fin de semana no creía que hubiera tenido una conversación real con Johanna desde la primaria. Así que estaba reacia a compartir con ella algo tan grande como eso, porque, para mí, besarlo fue enorme. Gigantesco.
Respondí el mensaje: No va a hacer que lo bese. Sólo estaba bromeando.
Ahora estaba casi segura de eso. Entre más avanzaba el día, más segura me volvía. Sin embargo, estaba sudando, temblando y mi corazón latía como un martillo neumático cuando me permitía pensar en los suaves y sexis labios de Peeta o sus cálidas y suaves manos o en un armario.
Johanna respondió: Ya veremos, prima.
El plan era que recogiera mi auto del taller mecánico de la escuela después de que sonara la última campana, con todas las clases terminadas y el edificio vacío. Ese era el plan. Johanna y Peeta lo habían hecho en la mañana antes de que la escuela comenzara. Peeta le había dicho a Johanna que le mandara un mensaje cuando yo estuviera de acuerdo con el trato. Lo cual hice. Estuve de acuerdo. Pero en verdad no planeaba besarlo. En serio, entre más lo pensaba, más me convencía de que a Peeta no le podía importar menos el besarme. Probablemente ni siquiera quería besarme. En lo más mínimo. Sólo quería verme sonrojar, chillar y todo eso. Me dejaría salir cuando escuchara que Cato y yo habíamos terminado. Mi beso ya no tendría valor de entretenimiento para él. Tan patético como era , mi beso ya no sería ninguna consecuencia para él. En absoluto. Lo cual no era exactamente un pensamiento animado, pero puso mi mente en paz. Después de todo, todavía estaba en la misión de superar a Peeta, besarlo de nuevo en serio no iba a ayudar con eso. Me pondría muy, muy, muy lejos de alcanzarlo. Muy lejos. Me tendría deseándolo hasta la graduación. Incluso más. Pasaría el resto de mi vida deseando su beso.
Así que, de ninguna manera. No iba a pasar por eso. Hice que Johanna me jurara que no me dejaría a solas con él.
Cuando las clases finalmente terminaron, troté hacia el edificio del taller en la parte trasera de nuestra escuela, arrastrando a Johanna. Para mí, el accidente del auto fue como que su culpa, nunca habría tomado el auto sino fuera por ella y definitivamente no me habría detenido en 7-eleven. Así que, era como si fuera su culpa. Luego me enteré de que el beso también lo había sido. Mientras caminamos, Johanna me dijo más sobre lo que sucedió esta mañana cuando fue a buscar a Darius en auto mecánica y se dio cuenta de que no había ido a la escuela. Dijo que Peeta comenzó a mirar a mi auto y supo que era mío y quería saber por qué ella estaba conduciéndolo. Ella se rió.
—Le expliqué que eras demasiado tímida para estar alrededor de un montón de mecánicos engreídos. –
Me paré en seco. ¡Eso no era lo que sucedió! No era demasiado tímida. Había dicho que quería preguntarle a Darius en privado. Y sí, está bien, lo admito, Darius es engreído y yo había estado increíblemente aliviada de no tener que estar alrededor cuando Johanna le pidiera un favor. Pero whoa, en verdad no había dicho en voz alta que él era un engreído. Nunca antes había usado la palabra engreído en mi vida.
Tragué, tratando de retener mi rabia.
—¿Le dijiste a Peeta que creo que es un mecánico engreído? —No podía creer que hubiera dicho eso.-
Se rió tontamente.
—Bueno, ¿tú no? Pero no te preocupes, lo dije de forma juguetona.
Negué con mi cabeza, todavía tratando de contener mi rabia. Nunca antes le había mencionado Peeta a Johanna, jamás. Como dije, apenas le hablaba a ella. ¿Cómo pudo decidir que pensaba que era un engreído? Sin embargo, para el momento que llegamos al edificio, estaba menos enojada y más nerviosa. Pero Peeta sonrió cuando nos vio entrar, lo cual hizo que mi corazón se acelerara y mi cerebro se vaciara. Me mostró el auto de mi mamá y chillé con felicidad. Lucía como nuevo.
—¡Guau! No hay manera de que eso haya podido valer sólo cuarenta dólares. —Incluso yo sabía eso—. ¿Cuánto te debo?
Me miró por un momento, luego de regreso al auto.
—Obtuve las partes para reemplazar por un precio barato —dijo—. Conozco a este chico que me debía un favor. Son veinte dólares.
Pestañeé.
—¡Whoa! ¿En serio? ¿Sólo veinte dólares?
Sonrió.
—Y el asunto del que hablé con Johanna.
El beso.
Alzó sus cejas con consentimiento.
—El beso.
—Sobre eso. —Aclaré mi garganta—. Me estaba preguntando si en verdad teníamos que hacerlo. Quiero decir, ella dijo que yo pensaba que eras un mecánico engreído. No pienso eso. Quiero decir, puedo ver cómo eso te haría querer probar un punto o algo así. Pero no pienso eso.-
Una pequeña y juguetona sonrisa se extendió en sus labios.
—Me alegra. —Se rió con una risa corta y seca, la sonrisa todavía creciendo—. Pero no lo requería para probar un punto.
—Oh.
Mordí mi labio. De repente, mariposas estaban bailando en mi estómago, desatando un caos.
—Um —dije vacilante, no tan segura de si quería mencionarlo pero sintiendo como si debiera, porque mi plan era no besarlo. Aclaré mi garganta de nuevo, no tan segura de que pudiera hablar porque sus ojos estaban en mí tan seductores e hipnóticos que apenas podía respirar. Finalmente, lo dejé salir.
—Cato y yo rompimos.
La sonrisa de Peeta aumentó.
—Lo sé.
Oh.
Estaba derritiéndome, seriamente lista para desmayarme.
Johanna puso sus ojos en blanco.
—¡Consíganse una habitación, chicos! Se ven como si fueran a saltar por encima del otro en cualquier segundo.
Eso me hizo sacar mi cabeza de mi embobamiento hormonal y recordar mi plan de superar a Peeta. La cosa número uno que hacer era no besarlo. Tragué, sonrojándome y le dirigí una mirada a ella que esperaba que dijera: ayúdame. Le había dicho una y otra vez que no quería besar Peeta. No le dije por qué, supongo que esa era la razón por la cual siguió y siguió todo el día enviándome mensajes sobre sus labios sexys y voluptuosos. Tentándome. Haciéndome fantasear constantemente, continuamente sobre armarios, manos, susurros y bocas. Ella no sabía mi plan para superarlo para que me pudiera gustar un chico normal y agradable. No El Maestro Peeta.
—Yo te besaré —dijo Johanna de repente.
Movió sus ojos hacia Peeta, medio juguetona, medio no. Y no estaba segura de si, de una forma bizarra, estaba tratando de ayudarme, o si sólo quería que su fantasía de Besar-Al-Griff se hiciera realidad. De cualquier manera, ella era así, una gran flirteadora. Algunos la llamaban zorra. Pero yo no (porque era mi prima.)
Peeta inclinó su cabeza y Johanna continuó con una sonrisa engreída y astuta.
—Quiero decir, eso enojaría a Darius completamente.
Lo dijo como si eso explicara todo, pero obviamente no lo explicaba. Porque Peeta le enarcó una ceja, pareciendo intentar descifrar a donde iba ella.
—¿Por qué querría hacer enojara a Darius? —preguntó, luego sus labios se movieron, como si estuviera intentando retener una sonrisa—. Darius es mi amigo.
Johanna se sonrojó.
—Oh. Lo sé, ¿pero —Hizo un gesto hacia mí—, por qué querrías besarla? Kat dijo que sólo querías besarla para enojar a Cato y dado que rompieron y ella no va a decirle a Cato esto...
Dejó de hablar ya que él ya no la estaba mirando. Ahora me estaba mirando y ya no parecía interesado en lo que ella decía. Era como si ella ya no estuviera en la habitación. Dio un paso hacia mí, haciéndome dar un paso hacia atrás, lo cual lo hizo dar otro paso hacia mí. Sonrió cuando yo di otro paso hacia atrás, su mirada hipnótica. Miró el espacio que puse entre nosotros, luego dio otro paso hacia mí hasta que me tuvo contra una esquina.
—No hice esto para probar un punto o enojar a alguien —dijo, su voz suave y
rasposa.
Acarició mi pelo tan suave y gentilmente que envío cosquilleos por mi cuerpo, haciéndome gemir, pero no lo hice, no en voz alta. Lo contuve, deseando más de su delicadeza, doliendo por esta, pero sabiendo que debía apartarlo.
En mi oído susurró—: Sólo quería tres minutos más en el Paraíso.
Sus palabras, la forma en que las dijo, tan suaves y seductoras, y su aliento caliente cosquilleando mi cuello fueron demasiado para mi corazón. En serio no podía tomar tanta emoción. Estaba lista para caer. Morir completamente. O desmayarme. O algo así. Algo ultra dramático y vergonzoso. Los ojos de Peeta se quedaron en mí, en mis labios, luego volvió a mirar a Johanna. Nos estaba observando desde el otro lado como si fueramos los protagonistas de su telenovela favorita, actuando divinamente en su escena favorita.
—¿Puedes darnos un minuto? —dijo Peeta—. ¿A solas?
Los ojos de Johanna se desviaron a los míos. Le había dado instrucciones estrictas de que no nos dejara solos. Parecía estar sopesando mis instrucciones con la situación, negociandólas en su cabeza. Finalmente, dejó escapar un suspiro.
—Tú sabes, en verdad no puedo —dijo—. Kat es mi prima. Ella es como,
completamente inocente. No besa a chicos como tú.
Los labios de Peeta se movieron en una sonrisa.
—¿No besa a chicos como yo?
Se río un poco con eso, porque bueno, había besado a un chico como él, él. Y me había gustado. Mucho. Y él sabía, lo sabía tan bien. Peeta parecía pensar que era comiquisimo que Johanna, mi prima, no tuviera idea de que nos habíamos besado, no una vez, sino dos. Sus ojos bailaron con asombro pero no me echó al agua. En cambio, me dirigió una mirada juguetona, como diciendo: ¿No estás llena de secretos? Pero después dijo
—: Pensé que teníamos un trato.
Lo dijo muy bajo y cerca a mi oído y me tuvo lista para jadear: ¡Lo hicimos! ¡Seguro que lo hicimos! ¡Planta esos labios hermosos y suaves como almohada en mí, bebé!
Pero Johanna pareció haber escuchado a Peeta. Y ella fue la que le dijo que teníamos un trato, que lo besaría si arreglaba el auto. Y él mantuvo su parte del trato, arregló el auto así que Johanna suspiró.
—Mira, sé que todo el día trabajaste en el auto y planeaste algo sórdido. Así que, está bien, tienes exactamente tres minutos. Voy a estar esperando afuera de la
puerta, justo afuera. Voy a escuchar a mi prima si grita, en serio.
Lo miró como diciendo: Así que mejor no intentes nada. Pero luego me miró como: Por supuesto que va a intentar hacer algo pero él es lindo y estuviste de acuerdo en besarlo así que yo me divertiría si estuviera en tus zapatos. Eso parecía ser lo que estaba diciendo.
Johanna sonrió medio sombría y luego dijo en voz alta—: Así que es como el juego "Tres minutos en el Cielo".
Iba a seguir hablando, darnos su charla pero él la interrumpió, enarcando su ceja. Sus labios se torcieron en una sonrisa.
—¿Tres minutos en el Cielo?
Lo dijo como una pregunta, como si nunca hubiera escuchado el juego. Sólo que me miró mientras lo dijo, sus ojos brillando con travesura. Parecía disfrutar sólo decir el nombre, ya que así había sido como me había llamado en los últimos meses, sus "Tres minutos en el Cielo".
Johanna inclinó su cabeza, como si se diera cuenta de que se estaba perdiendo de algo, pero luego continuó de todas formas.
—Sí, "Tres minutos en el Cielo". —Procedió a decirnos cómo jugar el juego, que teníamos exactamente tres minutos a solas y que luego iba a abrir la puerta—. Pero si escucho a mi prima gritar o chillar —dijo—, el juego se acabó justo en ese momento, ¿lo entiendes?
Peeta se rió un poco, sus ojos todavía en mí, mirando mi rostro volverse rojo aunque estaba segura de que ya estaba del color de un tomate.
—Lo entiendo —dijo.
Mi corazón estaba a punto de salirse de mi pecho. Estaba latiendo tan fuertemente que estaba segura de que él podía escucharlo. Johanna también, aunque dejó el taller diciendo
—: Voy a estar justo afuera de la puerta.
Luego se había ido y estábamos solos, sólo Peeta y yo.
Sus ojos perdieron su mirada de provocación mientras sus enormes pero gentiles manos se deslizaban por los costados de mis brazos temblorosos. Sus labios rozaron mi oído.
—¿Estás bien?
Tragué y asentí, aunque estar tan cerca de él, sentir su cálida respiración en mi cuello, me hacía temblar y estremecerme y prácticamente desmayarme.
—No tienes que hacer eso —dijo él—. Sólo estaba molestando.
—Lo sé —murmuré, porque lo sabía.
Todo este tiempo supe que sólo estaba molestando. Todo fue una gran broma. Sólo que él había arreglado mi auto y yo había hecho un trato, sería tonto retractarme, broma o no. Gran enamoramiento estúpido o no.
—Pero te lo ganaste —dije, tratando de sonar relajada, graciosa. Como si mi beso fuera un gran premio por el que los chicos se esforzaran por ganar.
Peeta pareció sorprendido, luego sonrió. Sin decir nada, ni siquiera una palabra, llevó sus labios como de muñeco hacia los míos, de inmediato seduciendo mi boca con sus calientes besos hambrientos, dándome otros tres minutos en el cielo.
Cuando Johanna abrió la puerta tres minutos después, declarando
—: ¡Se acabó el tiempo! —
Peeta hizo un bajo sonido de gruñido, alejándose de mí de manera reacia. Inclinó su frente contra la mía. Por un momento sólo estuvieron nuestros rostros sonrojados, nuestros corazones explotando, nuestros jadeos mientras tratábamos de respirar bien. Sólo nosotros.
Pero luego ella se rió, sacándome de mi trance inducido por las hormonas.
—Despierta, prima —dijo, alejándome de Peeta—. Me dijiste que no te dejara hacer
esto, quieres un chico agradable, ¿recuerdas? No Peeta.
Peeta inclinó su cabeza, pareciendo sorprendido, sin embargo un poco intrigado por esta información. Miró de mí hacia mi prima.
—¿Qué más dijo?
Johanna se rió.
—Oh, no te gustaría saber. Mira, aléjate de mi prima. —Ella literalmente me arrastró hacia la puerta—. Kat no es tu tipo.
No sé que dijo Peeta sobre eso, si dijo algo en absoluto. Johanna finalmente estaba haciendo lo que le pedí, mantiéndome alejada de él. Sólo que era muy tarde. Demasiado tarde para poner mi corazón en Gale o alguien agradable. Estaba puesto completamente en Peeta.
Y gracias, gracias! Jajajaa sin duda es uno de mis capitulos favoritos jajja C; espero sus reviews ;3
