Disclaimer: Fairy Tail le pertenece a una porquería llamada Mashima. "Este drabble participa de la CI Pairing Cup del foro Cannon Island. Segunda ronda."

Personajes/Parejas: Orga & Rufus.

Extensión: 568 palabras.

Resumen: Le gustaría decir que llegaba a casa a descansar, pero no era el caso. En su lugar, tenía que llegar para encontrar al mismo demonio de siempre tirado en su sofá.

Notas: Sigo siendo mediocre. Bye (?).

.


Multiverso.


IX.

Not so horrible.


Sus días tendían a ser bastante agotadores, por ello en verdad le gustaría decir que llegaba a casa a descansar, para su desgracia no era el caso.

—Bienvenido de vuelta.

No, en su lugar tenía que llegar para encontrar al mismo demonio de siempre tirado en su sofá. No le importaría tanto si, por lo menos, pudiera ignorarlo, pero no se la dejaba fácil.

—¿Qué hay de comer?

¿Qué había hecho para merecer aquello?

Exhaló con molestia, arrojando su bolso a un lado de la puerta. Con algo de suerte, un día llegaba y no estaba ahí.

—¿Y no puedes cocinarte tú?

No era precisamente su huésped, no veía ningún motivo por el que tendría que atenderlo.

—No sé cocinar —reclamó Rufus, un tanto indiferente a su comentario—. No estás en todo el día y cada tanto me apetece comer.

—Pide algo —resolvió, avanzando a través del cuarto para poder sentarse en uno de los sofás, frente a su dichoso no-invitado—. ¿Planeas irte algún día?

—No recuerdo poder simplemente irme y ya —replicó Rufus, todavía demasiado indiferente a sus palabras—. Me veo en la obligación de permanecer aquí hasta que sufras tu castigo estipulado o bien el contrato sea roto. —Fue lo siguiente que dijo, como si no le hubiera dicho lo mismo varias veces ya.

Comprendía esa parte, no era idiota. El que lo era, aparentemente, era el sujeto que lo había maldecido mediante un demonio sin establecer ningún tipo de clausula al hacer el contrato. Ni siquiera sabía que eso era posible, o cómo alguien podía ser tan descuidado y redactar una invocación tan genérica. Es decir, al realizar una maldición demoníaca debías cerciorarte de tres cosas: que no pudiera volver a por ti, que tus instrucciones fueran precisas y que no pudieras ser localizado como el autor de la invocación. Por lo visto, su aparente enemigo solo se había cerciorado de la última, hasta donde sabía.

Al no haber redactado ninguna instrucción, la maldición no podía consumarse. Rufus no podía irse de su casa porque debía maldecirlo, pero sin dejar en claro de qué manera o bajo qué parámetro, no podía realizar acción alguna. O sea que debía maldecirlo pero no podía maldecirlo.

Ahora, si a él le preguntaban, tener a un demonio por tiempo indefinido en su casa que se comía su comida podía catalogar fácilmente como maldición. Lo peor de todo es que el real afectado por la situación, según sus propias palabras, no parecía estar haciendo mucho por resolver el asunto.

—¿Siquiera planeas resolverlo?

—Lo intento.

—¿Con mi cubo de rubik? —cuestionó, porque dudaba que fuera a resolver algo arrojado en su sofá mientras acomodaba colores.

Hubo un segundo de silencio y entonces Rufus volteó a verlo.

—Quiero comer —volvió a reclamar—, así no puedo pensar.

Ni sabía de dónde sacaba paciencia para aguantarlo.

—Vale —accedió—, pero mueve el culo y haz algo a cambio.

—¿Quieres que limpie? —inquirió Rufus, un tanto burlesco.

—Ya que insistes —respondió, antes de levantarse para ir a la cocina.

Le echó una leve mirada al avanzar, notando que se había quedado quieto. Bien por él, de vez en cuando merecía tener la última palabra.

Abrió la nevera, analizando un minuto qué podía preparar antes de volver a escuchar la voz de Rufus.

—Solo porque me lo has pedido tú.

Enarcó una ceja, y entonces sonrió. Honestamente, comenzaba a acostumbrarse a él; quizás, incluso, disfrutar la compañía.


Dum dum (?).