Nota: Todos los capítulos vienen con una canción recomendada. No es obligatorio escucharla, solo son fuentes de inspiración que uso yo para escribir los capítulos. Lamentablemente, los links ya no los coloco en mi perfil, pero si tienen duda sobre alguna o el artista que las interpreta, siéntanse libres de preguntar.


Perfect Ratio

-Kira Read-


Día diez: Acorralada (o de cómo casi hice combustión espontánea)

Canción: Dirty Little Secret


Exactamente nueve días después de decidir confesarle mis sentimientos a Shaoran, y después de todo lo que han visto que pasó en aquel lapso, decidí de manera casi definitiva dejar el asunto por la paz. Me costó mucho asumirlo, pero luego de un intento tan fallido (y tremendamente humillante) como el del pasado sábado por la noche no me quedaba ni siquiera el más mínimo rastro de ganas para continuar. En mi opinión, el universo estaba enviándome señales de alerta para que me detuviera porque definitivamente lo nuestro no estaba destinado a ser. Y es que…es que…

¡Se quedó dormido, por todos los cielos!

Exacto. Shaoran Li, aquel grandísimo idiota al que durante muchísimos años consideré el mejor de los amigos, se había quedado dormido en mi más sincera declaración de sentimientos. Yo le abrí mi corazón y él me respondió con ronquidos. Me sentía tremendamente humillada y hasta para mí, la siempre comprensiva Sakura Kinomoto, eso era algo que me iba a costar superar. Cuando el conté a Tomoyo el lunes en los baños (y mientras evitaba a cierto castaño a toda costa) sobre mi decisión de no decirle a Shaoran sobre mis sentimientos luego de sentirme mal conmigo misma y con el mundo durante todo el domingo, ella no insistió. Sencillamente me dedicó una sonrisa condescendiente y murmuró algo sobre cómo Li siempre arruina todo.

Me alegré mucho por su apoyo temporal (porque sabía que en algún momento ella iba a volver a la carga con aquello de que "debía" decirle) y me dediqué de entero a aquella tarea que debía cumplir ahora por algunos días: evitar a Shaoran. En el fondo yo sabía que no podía culparlo para siempre, porque en realidad que se quedara dormido es algo que (estando tan borracho) ni él ni yo podíamos haber controlado, pero seguía herida y no podía mirarlo a los ojos sin sentir el fracaso caer pesadamente sobre mis hombros.

Así que lo único a lo que me dediqué tanto el lunes como el martes fue a evitarlo sin molestarme en ser delicada. Al parecer él pensaba que estaba molesta por alguna cosa que me había dicho y en varias oportunidades intentó atajarme para hablar conmigo, pero sorteé las dificultades como toda una maestra en las artes del escape. Me escudaría mientras pudiera en la excusa del enojo por lo que hubiera pasado el sábado en la discoteca y, cuando estuviera lista, esperaba que poder llevar las cosas en paz mientras pudiera.

Al menos tendría que fingir que nada me pasaba con él hasta que se fuera a China y rompiera mi corazón en mil pedazos, pero ese miércoles, y aún a veinte días de la partida de Shaoran Li de mi vida, al mirarme al espejo antes de salir para la preparatoria, me dije que aún podía evitarlo un poco más. Porque encararlo luego de lo que le dije (aunque él no hubiera estado consciente) me costaba. Sin embargo, en ese momento estaba olvidando que Shaoran estaba empecinado en hablarme y cuando él comienza a frustrarse porque no consigue lo que quiere puede llegar a límites insospechados.

Y es aquí donde verdaderamente comienza el relato de este día de mi vida.


Como los días anteriores, llegué justo antes de que la campana sonara para evitar el hablar con Li. Saludé a Tomoyo al pasar, Eriol me guiñó un ojo y Kurosaki evitó mirarme cuando me respondió el "buenos días" que le di. Al parecer el pobre seguía muy avergonzado por lo que pasó en la discoteca aunque no hicimos nada malo. Hice nota mental de que si no se le pasaba pronto tendría que hablar con él y evité mirar a mi mejor amigo cuando me volteé a sacar los útiles.

El primer hecho extraño a resaltar de ese día fue que, contrario a su actitud casi acosadora de los días anteriores, Shaoran no intentó saludarme ni me miró insistentemente.

Probablemente ni siquiera ha notado que llegaste.

Le resté importancia y me alegré un poco internamente porque, bueno, era mejor para mí si su mirada no me ponía todos los vellos del cuerpo de punta. Las clases comenzaron a pasar tan monótonamente como cualquier otro día y pronto me vi perdida en mis típicos pensamientos sobre nubes que parecían conejitos si las mirabas muy atentamente y la preocupación por el hecho de que "evitar a Li" no iba a ser posible para siempre. Entre suspiros, miradas cariñosas de Tomoyo y las sonrisas de Eriol a lo lejos, así como los ojos entrecerrados y la resignación marcada en el rostro de mi profesor de Matemática, se pasó el primer periodo.

No fue hasta que sonó la campana que me di cuenta lo relajada que había estado hasta ese momento. Todos mis sentidos se pusieron alerta al notar que no había escapado corriendo al baño como estaba planeado para ese receso de 15 minutos, pero pronto el segundo hecho que debió haberme llamado la atención (pero no lo hizo, porque soy Sakura y la definición de Sakura es distraída por naturaleza) tomó lugar: Shaoran pasó por mi costado caminando de lo más tranquilo para sentarse a conversar con Eriol casi en mis narices. No me miró ni una sola vez.

Sería mentirles el decirles que eso me resultó raro cuando los días anteriores prácticamente las había hecho de acosador llegando a seguirme hasta mi casa para hablar, pero no. No levantó ni una sola sospecha en mí, solo me dio algo de paz. Pero, ah, una mujer siempre ha de ser precavida, así que fui a los sanitarios de todas formas aunque Tomoyo con una actitud muy extraña se negó a acompañarme. Me la pasé tonteando hasta que sonó la campana para regresar a los salones y dirigí mi apesumbrado cuerpo al aula felicitándome internamente por el buen trabajo que estaba haciendo ese día.

Ilusa.

Como siempre, mis dotes en el arte de "cómo evitar a Shaoran Li" no se vieron realmente probadas hasta el almuerzo. En ese momento la primera alarma en toda la tranquila mañana se disparó: sentí su mirada pesada sobre mí. Inmediatamente me levanté, sin si quiera molestarme en tomar mi almuerzo, y corrí hacia Tomoyo para arrastrarla hacia un lugar más seguro sin importarme que pudiera estar hablando con Eriol. No me detuve hasta que nos encontramos de golpe con Naoko, Rika y Chiharu que soltaron un grito al darse tan de pronto con nosotras.

—¡Santo Señor, Sakura! —escuché entonces exclamar a Tomoyo mientras se soltaba de mí y se sobaba la muñeca—, tampoco tienes que ser tan exagerada. Shaoran a penas y te estaba mirando…

Yo la miré como si me hubiera insultado y me abracé.

—No puedo arriesgarme y lo sabes —repliqué—. Cada vez se vuelve más difícil —dije más para mí misma. Ella solo rodó los ojos y les dirigió una significativa mirada a mis amigas para que sencillamente dejaran pasar el tema antes de si quiera ponerse a preguntar. Afortunadamente así lo hicieron y lo siguiente que escuché fue a Chiharu despotricando contra Yamazaki por alguna mentira que se había atrevido a decirle por la mañana.

Decidimos dirigirnos a nuestro sitio usual para almorzar, haciendo bromas entre nosotras que poco a poco me fueron relajando y no fue hasta minutos después que noté que no tenía el almuerzo conmigo. Decir que casi lloré en ese instante es poco.

—¿Qué haré ahora? —lloriqueé sobre el hombro de mi mejor amiga y ella solo atinó a darme unas cuantas palmaditas en la espalda. Cabe decir que también la vi rodar los ojos y sí, sé que estaba siendo absolutamente dramática pero ustedes nunca han sido perseguidas por Shaoran Li, así que no me juzguen.

—Yo puedo darte un poco del mío —me ofreció Rika con su mirada cariñosa y casi la abracé, pero no podía quitarle la mitad de su almuerzo y luego vivir tranquila, así que me negué.

—Creo que sencillamente no almorzaré hoy…

—¿Por qué no vas por tus cosas al salón ahora que no hay moros en la costa? —sugirió Chiharu señalando discretamente con su cabeza hacia un punto a varios metros de nosotras. Al dirigir mi mirada hacia el lugar, vi a Shaoran, Eriol y Yamazaki riéndose tranquilamente tirados en el pasto y mis ojos brillaron ante la oportunidad.

Bingo.

Miré a mi amiga con todo el agradecimiento del mundo rebosando en mi rostro y me paré tan rápido como pude para correr hacia el salón. La verdad, Chiharu, Naoko y Rika no sabían todo acerca del asunto S pero me alegraba que supieran lo suficiente como para entender que lo evitaba por alguna razón. No tardé en llegar al salón y al verlo vacío no pude evitar sonreír. Casi salté hasta mi lugar para sacar mi almuerzo, pero mientras lo hacia mi mirada dio con la carpeta de Shaoran y mi sonrisa decayó un poco.

En realidad, esa situación de evitarlo me estaba cansando poco a poco. Y me dio un poco de pena el pensar en sus esfuerzos vanos por hablarme, sus ojos suplicantes y su rostro confundido ante tanta negativa…

Pero aún no estoy lista para mirarlo nuevamente a la cara.

Suspiré sonoramente, diciéndome que ya pasaría todo pronto y me dispuse a emprender camino de vuelta al patio, pero al levantar la vista me paralicé.

Ahí estaba Shaoran con una mirada triunfante en el marco de la puerta. Tragué en seco.

—Sha-Shaoran —logré tartamudear de una vez. Él no dijo nada pero en tres zancadas desapareció el espacio entre nosotros y finalmente se detuvo a un metro de mí.

Ay, no.

—No vas a escapar esta vez —me dijo directamente y yo comencé a temblar.

No, no, no, no, no, no…

—Eh…no sé de qué hablas…

No sé si les he comentado lo pésima que soy mintiendo, pero al parecer él estaba tan ofendido por lo falsa que soné al decir eso que decidió bufar y acortar más aún la distancia entre nosotros. Mi instinto natural fue retroceder, pero su mano inmediatamente voló a la mía, dejándome como única escapatoria el bajar la mirada al piso para evitarlo de alguna manera.

—Sí sabes de lo que hablo y vamos a aclarar las cosas de una vez por todas —dijo decidido.

Ya jodí.

—Yo…eh…yo no puedo ahora —respondí con una voz pequeñísima. Él inspiró fuerte, tanto que me sorprendió que no escapara fuego por sus fosas nasales.

—¿Y se puede saber por qué no puedes ahora, ni pudiste ayer ni anteayer?

Mordí mi labio inferior con fuerza, totalmente consciente de que no tenía escapatoria. Y rogué al Señor que me diera una salida, una luz, lo que fuera con tal de no enfrentarlo en ese momento.

Y, sorprendentemente, la solución a todos mis problemas llegó en la forma de Kei Kurosaki en ese mismo instante atravesando la puerta del salón distraídamente hasta que nos notó a nosotros y se quedó parado en seco.

Supe lo que tenía que hacer entonces.

—¡Porque…porque tengo que hablar de algo sumamente importante con Kurosaki!

Y antes de que Shaoran pudiera si quiera decir "¿qué carajos?", yo escapé de su agarre, cogí a Kurosaki y salí volando del salón a una velocidad casi sobrehumana.

No detuve hasta llegar a un armario de limpieza, en el cual empujé sin piedad al pobre Kei y me metí al instante para encerrarnos. Solo entonces, cuando me supe a salvo de Shaoran, me di cuenta de lo agitada que estaba, del calor en mis mejillas y la manera en que podía sentir a Kurosaki respirando muy agitadamente detrás de mí.

Me volteé tímidamente, nerviosa por su reacción, y entonces me descubrí pegada a él en el angosto espacio incluso cuando mi espalda estaba bastante cerca de la puerta.

Su cara era un poema. Tenía el cabello desarreglado, los ojos brillantes, las mejillas coloradas y la boca entreabierta intentando aspirar tanto aire como era posible. ¡Había sido una inconsciente al arrastrar a mis problemas al pobrecillo y encima usarlo de escudo!

—Eh… —fue lo único que mi patético cerebro pudo formular en ese instante.

—Ki-Kinomoto, ¿po-por qué huyes de Li? —masculló él sin llegar a mirarme aún.

Yo no pude hacer más que quedarme callada. Que Kei hubiera preguntado "por qué huyo de Li" en vez de "por qué lo arrastré hasta un armario de limpieza" dejaba muy en claro que yo era todo menos discreta y que mi acto de evitar a Shaoran era tan ridículo que todo el mundo se daba cuenta.

Suspirando, le respondí: —De verdad lo siento, Kurosaki. Yo solo… hay algo que sobre mí que Shaoran quiere saber, pero que yo no puedo decirle. —Él enarcó sus bonitas cejas que eran del mismo tono que su cabello castaño rojizo.

—¿Cómo un secreto? —inquirió y de pronto me pareció mucho más relajado aunque el espacio entre nosotros era casi inexistente.

—Como un sucio secreto —le respondí mientras sonreía sin ganas.

Por lo que parecieron unos minutos (sinceramente, no sé, ¡estábamos encerrados en ese armario sin ningún reloj a la vista!) guardamos silencio, hasta que noté cómo se removía incómodo en su sitio y su mano aflojaba su corbata.

—Eh, yo-yo pensé que… él estaba molesto por lo que pasó en la discoteca —murmuró sin mirarme. Yo jadeé por la impresión y le tomé del brazo para hacer que me mirara.

—Por supuesto que no, Kurosaki. Eso fue una tontería, yo sé perfectamente que fue un accidente —sus ojos se concentraron en el agarre que tenía en su brazo y de pronto me pareció que enrojecía más.

—Pero, él y tú… es decir, pensé que estaban saliendo o algo así y por eso reaccionó de esa forma —yo meneé la cabeza mientras intentaba ocultar con una sonrisa lo mucho que me dolió el pecho porque, no importa lo que la gente pensara, Shaoran y yo no estábamos juntos de esa forma.

—Solo somos mejores amigos.

No sé si fue porque soné increíblemente triste, o porque ya se había cansado de mirar mi mano en su brazo, pero solo después de que dije eso Kurosaki volvió a mirarme a los ojos. Y solo entonces me di cuenta de lo íntima que era nuestra posición, porque si él se hubiera agachado un poco o yo me hubiera puesto de puntitas, nosotros nos habríamos besad-

¡Qué rayos estás pensando, Sakura?

Roja hasta más no poder, lo solté y retrocedí todo lo que me dio el espacio del armario.

—Eh-eh, cre-creo que se nos hace tarde. Me-me alegro de que no haya más malentendidos entre nosotros. Eh… ah… emh, ¡yo iré avanzando! —y aunque noté que Kurosaki quería decir algo más, abrí la puerta del armario y salí corriendo a todo lo que me daban las piernas.


Las clases que siguieron tranquilizaron mi caótico corazón y ver a Kurosaki dejar de evitarme y actuar como si nada hubiera pasado ayudó a que mi cara dejara de parecer un tomate. Para el final de la jornada escolar, había olvidado por completo lo sucedido con él y con Shaoran durante el almuerzo. Ese día tenía reunión del comité de planeamiento del baile de invierno, así que le pedí a Tomoyo que me esperara para ir juntas a su casa para hacer los deberes de matemática.

El baile de invierno era una tradición de la preparatoria que servía como despedida del año escolar. Siempre era planeada por alumnos de tercer año y el comité organizador estaba compuesto por integrantes de las tres aulas (3-A, 3-B y 3-C). Como llevábamos meses de planeamiento, nuestras reuniones se volvieron más cortas y solo ocupamos 30 minutos en decidir qué clase de flores se colocarían en las mesas.

Tras acordar que Yamamoto (una compañera del 3-C) sería quien se encargaría de ir a hacer la orden y verificar los colores y tipos de flores, todos nos despedimos pacíficamente.

Sinceramente, había esperado que la reunión durara un poco más, sobre todo porque Aiko Miyashiro (del 3-B) y yo nunca podíamos ponernos de acuerdo cuando se trataba de colores, pero me alegré de que por una vez hubiéramos llevado la fiesta en paz. Mi mente ya estaba bastante agotada por ese día.

Me dirigí entonces con tranquilidad a la salida, disfrutando de la paz de los pasillos sin alumnos y tarareando una canción que se me quedó pegada cuando pasó.

Fui arrastrada a un baño cercano con tanta rapidez que ni siquiera pude gritar y solo atiné a cerrar los ojos. Cuando me empujaron con brusquedad hacia los lavabos jadeé fuerte, dejando salir todo el aire que tenía en los pulmones.

—¿Creíste que iba a ser muy fácil escaparte otra vez, no?

Ay no.

Mi ceño se frunció al escuchar esa voz. La reconocería como fuera, donde fuera. No necesitaba abrir los ojos para saber que se trataba de Shaoran Li.

—Sakura, será mejor que abras los ojos porque esta es una conversación que quiero tener contigo como una persona adulta —me mordí el labio y al abrir los ojos lo primero que vi fue su camisa blanca con la corbata encima.

—Una persona adulta no me habría arrastrado como un salvaje al baño —murmuré aún sin mirarlo a los ojos. El bufido de pura indignación que soltó me dio la pista de que mi bocota solo estaba haciendo mis problemas más grandes.

—¡Una persona adulta no iría por ahí escondiéndose de su mejor amigo por días, sin mirarlo ni dirigirle la palabra, o huyendo de él como si fuera la peste si lo tiene cerca! —prácticamente gritó y yo me encogí, agarrándome al lavabo a mis espaldas para darme fuerzas.

No le contesté a Shaoran y nos quedamos en silencio un rato. Podía escuchar cómo respiraba agitadamente, lo cual solo podía significar que estaba exasperado, y yo sentía que en cualquier momento me sangraría el labio inferior por la fuerza con la que lo mordía.

¡Quería que me tragara la tierra! ¿Por qué de todas las personas mi mejor amigo, de quien estoy enamorada, y quien humillantemente se durmió durante mi confesión, tenía que ser alguien tan loco como Shaoran?

—Sakura, mírame —escuché su voz seria y tercamente mantuve mis ojos pegados a su pecho.

No, no, no y no. No me harás confesar, no ahora.

Tenía tantas ganas de llorar por la frustración.

—Sakura —lo escuché sisear y lo siguiente que sentí fue como su mano forzaba mi rostro hacia arriba, mis ojos enfocándose así en su rostro por primera vez en varios días.

Su mirada enojada y preocupada, sus labios apretados y ese ceño fruncido que tenía deberían haberme hecho sentir mal. Podía reconocer los signos de un Shaoran a punto de estallar en furia o tristeza como si fuera una bomba de tiempo, pero no. En ese momento solo podía pensar en mi corazón roto, porque si él supiera la verdad… si supiera la forma en que lo quería, por qué lo había evitado esos días, entonces…

Entonces el que debería sentirse mal porque mi amor no es correspondido es él.

—Shaoran, suéltame —dije bajito, sintiendo cómo mis ojos comenzaban a escocer porque ni siquiera me las arreglaba para parpadear.

—No hasta que me digas qué te pasa —respondió él en un susurro.

—No me pasa nada —rebatí y miré hacia otro lado, enojada porque no podía evitar que mi corazón latiera tan fuerte cerca de él.

—No es cierto y no te voy a soltar hasta que me digas por qué estás así desde el sábado —obstinado como solo él podía ser, puso ambas manos en mis mejillas y jaló mi rostro hasta que solo estuvo a centímetros del suyo para que ya no desviara mi mirada.

Si pensaba que antes mi corazón estaba latiendo fuerte, en ese instante parecía que se me iba a salir del pecho. Con la cara roja al límite, intenté hacerme para atrás, pero solo conseguí que Shaoran se inclinara más hacia mí y nos pegara a ambos al lavabo.

De-demasiado cerc-ca.

Tartamudeé mentalmente. ¿Díganme quién rayos tartamudea mentalmente?

—Sakura —susurró, y cada palabra golpeó contra mis propios labios haciendo que mis piernas flaquearan. —Por favor, dime qué pasó el sábado —solo me di cuenta de que una de la manos de Shaoran se había trasladado a mi cintura para sostenerme cuando no me caí patéticamente como debería.

Exhalé con dificultad y los ojos de Shaoran se despegaron de los míos por primera vez para enfocarse en mi boca.

Mierda.

Por alguna razón, sentí la tensión entre nosotros crecer hasta límites exponenciales. No era mi imaginación. Él solo estaba ahí, con una mano sosteniendo mi rostro y la otra apretándome contra él mientras me miraba respirar por la boca irregularmente una y otra vez.

—Sakura —musitó y sentí que se acercó hasta que nuestras narices se rozaron.

Al borde de un paro cardíaco, porque eso era irreal, gimoteé lastimeramente: —Shaoran, y-yo-

Y de pronto mis palabras se cortaron, porque la puerta del baño se abrió de golpe y una anonadada Tomoyo apareció para mirarnos con horror puro antes de gritar: —¿Pero qué carajos!

Ah, mi vida nunca va a ser simple.

Continuará.


Notas:

Ya sé que me odian, pero hoy quise publicar. Por es San Valentín y porque las quiero (a quienes estuvieron y a quienes aún están por ahí, leyendo esto).

Espero poder traerles algo nuevo en este o mis otros fanfics pronto.

Abrazos,

Kira