Notas: ¡Edición especial de regalo! Me había tomado un descanso de la escritura pero no iba a dejar la oportunidad pasar. Derek cae presa de sus instintos pero..¿Qué le pasa a Stiles por ello? Un último nudo antes de que la maldad tome nombre. ¡Espero os guste!
8
Derek
Paso a paso en único rumbo, la adrenalina había convertido el trayecto hacia el hospital en una travesía de pocos e ilusorios segundos. Ignoraba el peso pero no la carga de un cuerpo más menudo que repite palabras a oídos sordos. Demasiado tiempo en Beacon Hills te transforma a mayor grado que una luna llena en apogeo. Necesitaba la seguridad de que Mina estaba bien, ajena al peligro de un mundo que no era suyo y que mejor mantener en la ignorancia. No se trataba solo de protegerla, sino evitar ese impulso y red que una vez dentro no permite escape, ojos expuestos a la verdad de las circunstancias y la existencia sobrenatural. Uno pensaría ¿Y que había de su propia condición? Si vaticinaba aunque sea un mínimo futuro en compañía su naturaleza resaltaría entre sus tantas cualidades. Quizás Derek Hale no estaba pensando muy bien las cosas con la mente inmersa en una nebulosa que tenía sentido pero no causa.
El hospital era un ajetreo constante, porque si no era suficiente el ir y venir de los accidentes y las enfermedades más mundanas, el pueblo se encargaba de agregar un afluente especializado de "ataques animales". Eso sin contar los casos crónicos. Melissa McCall era la inmutable roca frente a esa ola de peligros, rompiendo la desesperación y jugando al filo del cuchillo en un intento de salvar la mayor cantidad de vidas. Un vistazo le bastó para dar cuenta que el único restante en la línea Hale llegaba con asuntos urgentes, demandantes tras ojos que en otrora se le harían bellos. La enfermera mantenía en el pasado tales frivolidades cuando la prioridad es cuidar de un adolescente que come con el instinto de un animal. Un movimiento de cabeza indicó al moreno por dónde ir, tomando sitio en uno de los cubículos de la sala de emergencia. El fuerte aroma a antiséptico le hizo estornudar y en lo que le duraba un parpadeo ya lo habían expulsado fuera a esperar bajo con usual porte gruñón.
La madre de Scott perdió más de media hora intentando atravesar la dura cabeza del alfa para hacerle comprender que la mujer no tenía ni un rasguño y que el equipo médico daba fe de ello. Eso no desmotivo a Derek de soltar una serie de preguntas que tenían como objetivo una pared que devolvía con insistencia la misma respuesta. Todo estaba bien. De ser por él hubiese comenzando a presionar con algo más de énfasis, interrumpido por Tepes quien le puso freno a sus desacatos caminando en ese vestido que lo volvía loco con la gracia de sus dos piernas. Por esta vez lo dejaba pasar, por esta vez la llevaría a casa.
Hubo un beso de despedida, el primero que realmente concedía como tal en que había podido probar un sabor casi embriagante que estimuló todos sus sentidos. Estaba a salvo, preguntas evadidas a base de una personalidad arrolladora por parte del Alfa, o quizás la mujer era lo suficientemente inteligente para saber cuándo no preguntar, esperar y dejar que las cosas surjan.
No fue hasta llegar al loft que la fiebre se apoderó de él. Un calor en las mejillas evidente bajo los milímetros de vello facial. Respirar era un acción agitada ¿En qué momento la camisa se le había pegado al cuerpo, adherida como segunda piel? El roce que sentía a la altura de su pecho era placentero, desquiciante. ¿Cuándo había sido la última vez que se había dado placer a sí mismo? No podía dar certeza del recuerdo, una memoria perdida tras un pasillo largo que con cada segundo parecía más eterno. La necesidad iba en aumento en un despertar nocturno e inesperado con la culpa puesta en un solo gesto. Nadie iba a culparlo si…
De pie frente al espejo, manos hábiles desprendían los botones de una camisa que revela un torso esculpido por Miguel Ángel. La tensión de sus músculos era un hecho, el preámbulo a una sucesión erótica que conocía muy bien. La tela acarició la piel en una caída sin cuidado, empujando a un lado con el pie en un movimiento despreocupado. La hebilla llenó el silencio, un sonido violento a choque de metal a metal y el cuero al deslizarse para arrojarse al vacío en tiro vertical. Nadie para presenciar la fiereza en su mirada, el instinto que le salía a oleadas por cada por poro en aires de dominancia. Hubo poco cuidado en la forma en que sus dedos pulgares se colgaban bajo el pantalón para tirar de este hasta que solo la ropa interior permanecía cubriendo su cuerpo. Destilaba lujuria sin control en una silueta dibujada en volumen contra el bóxer que su mano no tardó en delinear y marcar en invitación a nadie.
Casi dio un salto cuando la imaginación le jugó una mala pasada, de manos pequeñas y un rostro moteado a lunares que se asomaba por sobre el hombro en claro espejismo, un juego de la mente. Giró sobre sus talones como alma que lleva el diablo, encontrándose en esa soledad que daba la razón al hacer de sus manos.
―Lo mataba si estaba aquí―
Una aseveración carente de fuerza de convicción. Acalorado, el lobo se desplomaba en la cama, deslizando la última salvaguarda de su desnudez por el largo de anchas piernas hasta que se revela al mundo como había llegado a este. Tragar pesado le hizo arder la garganta cual ácido sin nombre. Cerrar los ojos ya no le era de ayuda, su imagen estaba grabada en la retina con la claridad que el día otorga. No tenía sentido, Mina lo había llevado a ese estado ¿Por qué pensaba en Stilinski? Hale era un niño intentando atrapar agua con las manos, con cada respuesta escurriéndose entre sus dedos para dejarlo en un abandono en desasosiego.
―Solo tócame―
Pidió consiente que no estaba soñando pues mantenía sentidos muy alertas a pesar de la soledad. Ojos que se cierran, vuelve a imaginarlo en un deseo a flor de piel. Las manos de Stiles acarician su pecho curiosas por sentir la tensión del músculo bajo de sí, juegan a hacer figuras en su abdomen como un niño sobre la arena. Su lengua inexperta haciendo trazos sobre la piel hasta dejarla brillante y a un moreno erizado de placer. Derek era fuerte, y se conocía muy bien para ir con cuidado en su propio cuerpo, teniendo un fuerte y firme agarre sobre sí mismo. Bajaba y subía, sabía cómo. En un parpadeo Stiles acompañaba en igual manera, casi podía apreciar la presión de su cuerpo al chocar contra el suyo en rudo montaje.
― Así ―
Pidió grave en un sonido en cuanto la humedad tomaba posesión de su tacto, su excitación un hecho palpable y visible al ojo humano. Un pulgar haciendo círculos le dio un placer cercano al éxtasis. No había vuelta atrás, sus manos imitando un vaivén violento que la imagen de Stiles mantenía sobre su cuerpo. Sudaba, sonreía, gemía de una manera que jamás había oído. Por un segundo era perfecto y las oleadas de calor húmedo que bañaron su cuerpo fueron el más claro indicio. No se movió un ápice, solo un brazo se cruzaba sobre sus ojos para caer dormido en tal posición.
Nunca escuchó la alarma. Llegaba tarde y era un desastre pegajoso que necesitaba una ducha que llegó en sacrificio de su café rutinario. Las maldiciones no se hicieron esperar mientras peleaba por entrar en sus ropas de trabajo. Imploró que no se hubieran encogido con los lavados o alguien iba a pagarlo muy caro. Fuera de eso un día normal, había respondido unos buenos días a la agente federal y subido a la motocicleta en un viaje directo a la preparatoria de Beacon Hills.
Las mañanas usualmente evocan a la calma, los alumnos paseándose por los pasillos intercambiando conversaciones superficiales o que lejos están de ser verdaderas preocupaciones acerca del mundo que les tocará afrontar en años venideros.
―Disfruten mientras puedan― masculló a nadie en particular haciendo el ingreso a su aula con aires más intensos de lo usual; falto de cafeína. Estaban todos, cada asiento ocupado al segundo en que la campana anunciaba el inicio de clases. Justo a tiempo.
―McCall silencio, tú también Hanks ― le dijo al chico que se sentaba en proximidad al lobo adolescente, pelirrojo y de actitud curiosa un tanto rebelde. Perfecto para hacer de mejor amigo del anterior. Un asentimiento por parte de Scott le dio a entender a más de un nivel que eso haría y aseguraría que el fosforo a su lado hiciera lo mismo. Era extraño, en ese cruce de miradas una especie de vértigo se apoderó de los hombres lobo, dejando una única mariposa revolotear perdida en el fondo del estómago. Una pieza faltante de una naturalidad típica, extraviada o reescrita.
Stilinski era un desconocido para todos, reemplazada su energía por un pelirrojo de facciones bonitas. Stiles convertido en un fantasma gritando frente a Hale aunque este no lo pudiera ver a la cara.
