Todos los personajes de Naruto le pertenecen a Masashi Kishimoto
Capítulo 9 – Las competencias amistosas shinobi
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Luego de que rechazara rotundamente la oferta de amistad que le había hecho Ino, los días transcurrieron en medio de la más completa y absoluta paz y tranquilidad para el pelirrojo. Sí, atrás habían quedado las incómodas miradas furtivas tras las paredes, las persecusiones molestas y el acoso total al que la rubia había tenido sometido al pelirrojo hasta días atrás, y su vida había vuelto a ser la misma de antes, tal y como él lo había deseado.
Sin embargo, algo no andaba bien.
A decir verdad, nada andaba bien.
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Días más tarde, los miembros de todas las delegaciones visitantes y un grupo de shinobis de Suna habían sido reunidos dentro del mismo patio en el que fueron recibidos el día que llegaron a la ciudad en la arena, y ahora se encontraban agrupados por su rango shinobi y por nación de orígen, luciendo más entusiastas que nunca. Y no era para menos. Todos estaban impacientes, esperando que de inico a la actividad más esperada programada para la celebración del ascenso del nuevo Kazekage: Las competencias amistosas shinobi.
Entre el tumulto, se podía ver los rostros ansiosos de los jóvenes shinobis y kunoichis, quienes parecían esperar con muchas espectativas aquel evento. Y es que, a pesar de lo inesperado del evento (el cuál resultó ser una sorpresa para todos) y de lo duro de las condiciones del clima de Suna, que en definitiva ponía en gran desventaja a los participantes de las delegaciones visitantes, todos lucían impacientes por que los enfrentamientos comenzaran. Todos, menos cierta rubia de vivaces ojos azul cielo…
—Esto no podría ser peor…— comentó para sí misma Ino, cruzándose de brazos y suspirar hondo, desganada. Y es que, considerando todo lo malo que le había pasado desde que había llegado a Suna, la idea de tener que enfrentarse ante personas que ni siquiera conocía y solo para divertir al público, no la entusiasmaba en lo absoluto. Lo único que quería, era volver a la paz y tranquilidad de su amada Konoha lo más pronto posible…
—¿Si, no? Esto va a ser bastante aburrido—. comentó a su lado Shikamaru, quien solo recibió una mirada gélida como respuesta.
El castaño estaba a punto de agregar algo más, cuando de pronto una fuerte voz masculina se oyó por sobre la de los demás. Al parecer, uno de los ancianos se había levantado de su silla en el estrado frente a ellos, y estaba a punto de iniciar lo que de seguro iba a ser un laaaaargo y tedioso discurso de iniciación.
"Señoras y señores, les saludo en nombre de la milenaria y respetada nación de Suna a la que represento, para hacerles nuevamente presente nuestro agradecimiento por…".
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Resignado, Sabaku No Gaara suspiró hondo sobre su asiento en el centro del estrado principal, y luego agachó la mirada, evidentemente fastidiado. Y no era para menos. Jamás le había gustado estar rodeado de tantas personas y ser el centro de atención de todos, pero esto era el colmo. Desde su sitio, podía sentir como las miradas de todos estaban fijas en él, observándolo como si fuera la principal atracción de una feria de fenomenos o algo así.
De pronto, un golpe suave contra el piso al lado suyo le obligó a reaccionar. No hizo falta que volteara a ver quien había sido, o cuál era el mensaje oculto en aquel acto. Se trataba de su hermano mayor, y él sabía perfectamente lo que había querido decir.
Suspirando hondo, el pelirrojo se obligó a levantar nuevamente la mirada y fijarla al frente, con una expresión de inexpresividad total. Tal y como debía hacerlo un Kazekage. El protocolo y las normas era algo a lo que nunca más podría escapar, y menos aún cuando se le nombrara oficialmente líder de Suna. Pero aquello valía la pena, sobre todo si con ello podía al menos tener la oportunidad de hacer algo por mejorar la vida de todos en su nación.
Concentró su mirada en el público, y de pronto, una larga cabellera dorada y unos ojos azul cielo llamaron su atención de entre la multitud. Yamanaka - san…
Se quedó observando a Ino por largos instantes, casi sin darse cuenta de lo que estaba haciendo. Para cuando ella se dio cuenta, lo observó con sus enormes ojos azul cielo por apenas unos segundos, antes de desviar la mirada hacia otro lado, ignorándolo.
Aquello solo le hizo sentir incómodo, nuevamente.
Y así había ocurrido ese mismo día en la mañana. Y el día anterior. Y el día anterior a ese.
Todo desde aquel incidente en su oficina, días atrás.
Sí, en aquella ocasión había rechazado rotundamente la oferta de Ino de ser su amiga, totalmente convencido de que eso era lo mejor. Aún no podía creer que ella le hubiese hecho sejemjante oferta. A demás, estaba tan cansado de tener que "esconderse" de ella, que no dudó en exigirle que lo dejara en paz apenas tuvo la oportunidad.
Pero la sensación de paz y tranquilidad apenas que le dio el verse libre de Ino apenas le duraron unas cuantas horas, antes de que terminaran convirtiendose en un infierno total. En realidad, nunca antes se había sentido tan aburrido de sí mismo en toda su vida. ¡Maldición! Había deseado tanto que esa chica tonta lo dejara tranquilo, que ahora no podía creer que aquello le afectara tanto.¿Qué rayos le había hecho esa chica para que ahora le preocupara tanto verla así? ¿Por qué tenía que importarle tanto? ¿Y por qué no podía dejar de pensar en su extraña oferte de querer ser su amiga?
Hasta donde recordaba, la única persona que le había ofrecido su amistad sincera era Uzumaki Naruto, pero él era un junchuuriki al igual que él y por eso sabía que él sí podía entenderlo, casi como si fueran hermanos. Pero con Ino… la cosa era totalmente distinta. Más que eso, ambos eran seres ta opuestos, que no podía siquiera imaginar algo en lo que pudieran coincidir. Como la luz y la oscuridad, como el día y la noche…
Sin embargo, no podía dejar de pensar en su oferta. Y si lo intentara… se planteó de repente, solo para terminar negando con la cabeza. De seguro, en el caso remoto que él terminara aceptando dicha oferta, en algún momento terminaría ocurriendo algo parecido a lo que pasó el día que atacaron Suna, y entonces ella volvería a alejarse de él, dejandolo solo nuevamente. No tenía sentido intentarlo.
No, no tiene sentido intentarlo, se dijo nuevamente, justo antes de que su mente volviera a entrar en duda. Y si…
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Apenas sintió la mirada del pelirrojo sobre ella, Ino rápidamente desvió sus ojos hacia el suelo y se quedó observandolo por largos instantes, como si en él pudiera encontrar escritas todas las respuestas a sus preguntas. ¿Por qué ahora me mira tanto? ¿Acaso disfruta haciendome recordar lo que pasó el otro día? ¿O acaso se está riendo internamente de mí y de mi estúpida idea de querer ser su amiga? Debe pensar que soy una estúpida rubia hueca…
—… pero tal vez nos ayude a mejorar como equipo, digo… por los enfrentamientos y…¿No lo crees?
Con una expresión vacía, la florista levantó la mirada hacia su lado derecho, en donde se encontraba parado nada mas ni nada menos que su ex - amigo Shikamaru, quien la observaba con una sonrisa torpe y una expresión totalmente forzada en él, en un torpe intento por intentar congraciarse con ella. Evidentemente, no logró mucho.
Ino estaba molesta con él. Su amigo no solo le había ocultado la verdad, le había demostrado toda su desconfianza en ella al no contarle que tenía una relación con Temari, relación que evidentemente llevaba bastante tiempo de formada. Pero no era lo único que le molestaba. A decir verdad, también estaba molesta consigo misma por no haber sido lo suficientemente lista como para no haberse dado cuenta de lo que estaba pasando en frente de sus narices.
Pero en ese momento, no tenía muchos ánimos de discutir. Lo único que deseaba, era estar sola.
Resoplando hondo, la rubia colocó las manos sobre las caderas y le dedicó una mirada fulminante al castaño, antes de girarse en un ágil movimiento y alejarse del lugar. Aquello le bastó a Shikamaru para que convencerse de que ella aún seguía molesta con él, y mucho.
Pero podría jurar que algo más le pasa a Ino…
—¿Te volvió a ignorar? — preguntó de pronto Chouji, despertándolo de sus pensamientos.
—Sí, me dejó hablando solo nuevamente—. contestó con desaliento el castaño.
—Pues lo tienes merecido.
Sorprendido, Shikamaru volteó hacia su amigo, para encontrárselo con una mirada de desaprobación total. Aquello solo le hizo sentir peor.
—Lo sé— afirmó con pesar, antes de girarse hacia donde había partido Ino y quedárse observándola por varios instantes, hasta que terminó perdiéndola de vista por completo. Luego de ello, colocó las manos a los bolsillos y resopló hondo, con expresión de cansancio total.
Sabía que había cometido una grave falta con Ino, una que difícilmente podría enmendar. Lo único que había intentado era protegerla, ocultándole su relación entre él y Temari, pero al final las cosas terminaron saliéndose de sus manos. Tarde se dio cuenta que aquello solo había complicado las cosas, y que ahora ella pensaba que Shikamaru no le había dicho la verdad desde un inicio porque no confiaba en ella, algo que era totalmente falso.
¡Diablos! ¿Cómo no lo pensó antes? ¿Cómo no se le ocurrió que ella llegaría a una conclusión tan lejana a la verdad? En definitiva, planear una estrategia de ataque en menos de un minuto era mucho más fácil que intentar descifrar el enigma de las mujeres.
Pero a pesar de todo, conocía lo suficientemente bien a su amiga como para saber que algo más le estaba ocurriendo. Su mirada melancólica y sus continuos vacíos espacio-temporales debían tener alguna otra explicación, y tarde o temprano, él terminaría descubriéndolo…
—Tengo que hacer algo, luego nos vemos.
Fue todo lo que le dijo a su amigo, antes de desaparecer de su lado.
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En el estrado, Gaara aún se encontraba sumido en sus propios pensamientos, cuando de pronto le pareció escuchar su nombre siendo mencionado en voz alta por todo el lugar. Sacudió la cabeza, y luego notó que todos lo estaban observando, como esperando algo de él.
Respirando hondo, se levantó y avanzó con la mirada hacia el frente, y apenas dijo unas cuantas palabras sin mucho interés.
Ino ya no se encontraba en dicho lugar.
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Para cuando el sol comenzó a ocultarse, los primeros enfrentamientos preliminares ya había terminado. Como era de esperarse, los jóvenes gennins de Suna obtivieron la ventaja sobre los equipos de los grupos visitantes, aunque no por mucho. Konoha iba pisándole los talones muy de cerca, y aún cabía la posibilidad de que lograran voltearles las cifras.
Sin embargo, eso era algo que poco le importaba a cierta kunoichi en ese momento...
Durante toda la tarde, Ino había permanecido sentada sobre las murallas que protegían la impontente ciudad oculta en el desierto, buscando despejar su mente e intentando reflexionar sobre todo lo que había vivido en Suna. Y sobre Gaara…
De pronto, cerró los ojos y dejó que la suave brisa de la noche la recorriera por completo, batiendo su larga cabellera dorada al viento y refrescando un poco el ambiente sofocante del lugar. Aquello no ayudó en relajarla en lo absoluto.
Las palabras del pelirrojo le habían herido mucho. Pero no había sido el hecho de que le dijera que no quería aceptar su amistad lo que le había afectado, ni que él le pidiera que lo dejara en paz. Lo que le había dolido, era haberse dado cuenta de lo terriblemente egoísta que había sido al pensar que ella podía tomar decisiones tan apresuradas sobre las vidas de otros, sin siquiera consultárselo. Ser su amiga no era algo que ella pudiera decidir por sí sola, era algo que debía ganarse. Y obviamente, ella no había hecho ningún mérito para su amiga...
Y lo que ocurrió luego con Shikamaru, solo le hizo sentir peor.
Descubrir que ni siquiera aquel a quien consideraba su mejor amigo podía confiar en ella, solo la llevó a cuestionarse a sí misma. ¿Acaso era ella una buena amiga? ¿O al menos una buena persona? Se preguntó, solo para terminar contestándose con un rotundo "No". Se había comportado en forma tan egoísta tanto con Shikamaru como con Gaara, que ahora estaba pagando el precio de su inmadurez…
Y todo empeoraba para ella cada vez que se cruzaba con esos ojos verde aguamarina, que parecían taladrarla con insistencia cada vez que se los cruzaba. ¿Por qué ahora se empeñaba en mirarla así?¿Acaso estaba disfrutando en silencio con su agonía? ¿O con su torpeza? Se preguntó, sin saber qué responder. Gaara era la persona más indescifrable que había conocido en su vida, alguien de quien no sabía qué esperar.
Alguien a quien en poco más de dos semanas, no tendría que volver a ver jamás.
Suspirando profundamente, Ino se incorporó y dejó que la brisa de la noche volviera a rebolotear su larga cabellera y sacudir su polvorienta vestimenta, antes de dar un salto limpio y elegante hasta llegar al suelo, dispuesta a regresar a la mansión. Ya era hora de regresar a descansar, pues mañana le esperaba un largo y tedioso día…
Mañana, serían las preliminares de los enfrentamientos entre los chunnin.
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Apenas Ino comenzó su marcha, una sombra apareció moviendose entre la oscuridad y rápidamente avanzó tras ella, dispuesto a seguirla y vigilarla tal y como lo había hecho durante toda la tarde. Pero apenas acababa de avanzar unos cuantos metros de distancia, cuando de pronto otra sombra se cruzó en su camino, deteniéndola.
Y en eso, una voz masculina se oyó haciendo hablar en forma firme y segura.
—¿Quién eres tú y qué haces siguiendo a Ino de esa forma?
Con la expresión seria, la segunda sombra comenzó a avanzar hacia adelante, obligándo a la primera a avanzar junto con él. Para cuando ambos estuvieron expuestos a la luz de los faroles, la sorpresa del segundo fue más que evidente.
—¿Tú?
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Para la media noche, Ino se encontraba dando vueltas y sollozando sobre la cama de su habitación, con los ojos cerrados y una expresión de dolor notoria en su rostro. De pronto, soltó un grito ahogado y se levantó en un solo movimiento, con los ojos abiertos de par en par los brazos tiesos del nerviosismo, totalmente empapada de sudor. Y no era para menos. Había tenido una horrible pesadilla, en la que un horrible monstruo de ojos verdes y aspecto salvaje la perseguía para comérsela.
¿Irónico, no?
Sintiéndose estúpida, la rubia sacudió la cabeza y se abofeteó a sí misma por lo menos un par de veces, intentando reaccionar. Luego, recorrió con las manos su cuello y pecho y comenzó a masajearse suavemente, sintiendo una horrible resequedad en su garganta. Se giró al lado de su cama, y se encontró con la desagradable sorpresa de que había olvidado llenar de agua la botella que solía guardar en su velador todas las noches, precisamente para ocasiones como esa.
Maldiciendo, se volvió a recostar sobre su cama, pero no logró conciliar el sueño. La sed la estaba matando. Al parecer, tendría que ir a la cocina por un poco de agua fresca.
Se levantó con pesar de su cama, y salió de su habitación haciendo el menor ruido posible. Según recordaba, la cocina quedaba a la derecha luego de finalizar el pasillo principal, así que no debía ser mucho inconveniente llegar a ella por sí sola.
Caminó hasta llegar al final del pasillo, y luego avanzó un par de pasos hacia la derecha, solo para encontrarse con que la enorme puerta de la cocina principal estaba cerrada con candado. ¡Maldición! ¿Acaso creen que nos vamos a robar su menaje? Se preguntó, notando lo irónico del asunto. Como si no hubieran cosas mucho más importantes que proteger en un lugar como la mansión del Kazekage que el nuevo juego de vajilla de la cocina.
Con desgano, Ino se dio media vuelta, dispuesta a regresar a su habitación y dejarse secar durante toda la noche hasta quedar como una pasita arrugada, cuando de pronto un aroma claramente identificable por ella invadió sus sentidos.
¿Acaso esas son… flores? Se preguntó, sorprendida. ¿Flores? ¿Flores en medio de un desierto como este? Volvió a preguntarse, aún incrédula. Lo último que había esperado, era encontrarse flores en aquella árida y seca ciudad, y que no fueran las características cactáceas del desierto.
Aún con dudas, cerró los ojos y, abstrayéndose de todo lo que la rodeaba en ese momento, inspiró profundamente aquella dulce y exótica fragancia que rodeaba el ambiente en forma débil y sutil, y que tanto había extrañado durante sus esas dos últimas semanas en Suna… solo para terminar corroborando sus sospechas. En efecto, eran flores.
Totalmente sorprendida, observó hacia el final del pasillo y agudizó su sentido del olfato, aspirando un par de veces más. El olor era suave y apenas perceptible, pero podía asegurar que venía del final de dicho pasillo.
No queriendo confundirse con la percepción de sus otros sentidos, mantuvo los ojos cerrados y comenzó a caminar hacia el final del pasillo, hasta terminar chocándose con una pared. Abrió los ojos, solo para descubrir que había llegado al final del mismo, y que a ambos lados se abrían paso otras dos rutas, ambas en direcciones opuestas. El camino de la derecha se veía bastante seguro, limpio e iluminado, y a lo lejos se podía notarse que se conectaba con otro camino aún más grande, que de seguro en algún momento la llevaría de regreso al pasillo principal de la mansión. El de la izquierda se veía sucio y oscuro, y era evidente que no había sido usado en mucho tiempo.
Agudizando su sentido del olfato, Ino inspiró con fuerza otra vez y pronto corroboró lo que tanto se había temido: el aroma provenía del camino hacia la izquierda.
Y respirando hondo y armándose de valor, Ino se giró hacia aquel oscuro y desolado pasillo angosto, y comenzó a caminar…
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Fin del capítulo.
Mil disculpas por la tardanza, y sé que deben estar odiándome, pero me temo que esto va a seguir así. Se me están complicando el trabajo y los estudios, y probablemente me demore con el siguiente capítulo. Pero pronto entraré en vacaciones y ahí estaré mas libre...
El capítulo estuvo un tanto corto comparado con los que suelo subir, pero he estado intentando resumirlo. Quiero que avance más rápido en trama y creo que ahora si lo estoy logrando. Por ahora Gaara e Ino andan medio alejados y resentidos, pero en el próximo capítulo va a haber un encuentro, y habrá más GaaIno.
Saludos a todos, y espero que les siga gustando el fic.
Pd. Para los que han leído el otro fic q tengo, seguro que ya saben hacia dónde va Ino en estos momentos…
