Samuel la buscó en las zonas más apartadas y palideció un poco cuando la encontró. En uno de los pasillos menos concurridos, pudo ver a Amily parapetada contra el muro de papel tapiz, con una mirada específica, la mirada de estar en punto muerto. Y pegada a ella, un sujeto, bastante mayor, gordo, casi sin pelo, frotándole el muslo con la mano e intereses muy obvios.
La ira comenzó a adueñarlo. Se acercó rápidamente, tratando de contener sus deseos de volverse en modo prisión de Panamá y romperle la cara hasta desfigurarlo.
- ¡Hey!- Samuel lo apartó un poco, aunque el gordo era difícil de mover- ¿Qué cree que hace? ¡Déjela en paz!
- Oh… ¿Qué eres?- Sonrió el tipo, pasando el brazo por la cintura de ella- ¿El novio? Apártate muchacho, estamos hablando de negocios. Le decía las cosas que tendría que hacerme para que se volviera la arquitecta más famosa del país. ¿No quieres que ella progrese en su carrera?
- ¿Hacerle?- Siseó Drake.
- Sabes lo que dicen de las gorditas ¿Cierto? Las mejores en la cama. Yo fui su jefe en su momento, es imposible de convencer, así que debe ser una diosa…
- Es Asexual, maldito bastardo inmundo.
- Ya lo sé… Eso dijo… Ella solamente necesita una buena noche de sexo para que se le vaya toda su tontería…
- Usted…
- Déjame adivinar- Rio- Tú no has logrado tener sexo con ella aun… Patético. Mírala, si es una gallina asustada, necesita un hombre que la domine. A esta clase de pollitas les excita eso…
A la mierda si el tipo tenia poder y acceso a abogados. Toda la sangre de Samuel se agolpó en su cabeza y le cruzó un gancho en la quijada. El gordo se tumbó como una puerta vieja, inconsciente.
Siguiente problema. Ella. Estaba en otro lado.
- Aliza- Palmeó su espalda levemente- Aly… Tu solo… Muévete… Te llevaré a tu casa ¿Si?
Samuel no sabía si dejarla sola o no. Quizás necesitaba espacio, quizás necesitaba compañía, pero estaba demasiado abstraída en su mente como para contestar.
A penas cerró la puerta, su hogar funcionó como refugio emocional. Aliza se sentó como un soldado, su mente se activó y empezó a llorar, con fuerza.
Y él seguía sin saber qué hacer. Se sentó a su lado, no demasiado cerca.
- ¿Por qué me tiene que pasar esto a mí?- Gimió ella, entre lágrimas- Mi vida ya es una mierda ¿Por qué la gente tiene que hacerlo peor? ¡Estoy cansada! ¿¡Por qué no pueden dejarme en paz!? ¡No le he hecho daño a nadie!
Él intento responder, pero ella parecía no haber terminado.
- ¡Siempre es igual! ¡Siempre soy la tonta, la lenta, la estúpida, la virgen, la frígida, la antisocial, la incompetente, la fea, la anormal! ¡Yo solo quiero estar en paz! ¡Quiero que dejen de ofrecerme un maldito pene como respuesta a todo! ¿¡Tan difícil es eso!? Quiero vivir en paz…
Drake se quedó en silencio, oyéndola llorar. Eran cosas que él había hecho en su momento, con otras mujeres, e incluso con Amily la primera vez que la había visto. Cosas que no le habían parecido tan graves pero ahora, comparándose, pesaban. Como podría pesar una gota. Quizás no eran nada, pero precisamente, el océano estaba hecho de gotas.
- Lo siento mucho, Aly- Le susurró él- En serio… Yo quiero ayudarte… Solo dime como…
Medio segundo después, se dio cuenta cómo. Aliza se había acercado lo suficiente como para esconderse en su pecho, buscando algún tipo de refugio cálido mientras lloraba. Samuel se sintió abrumado. Era la primera vez que ella lo tocaba con algo más que una mano.
Se atrevió a rodearla suavemente con ambos brazos, tratando de no pasar los límites. Pero eso aparentemente había sido algo positivo, dentro de lo malo de la situación. Ella también lo abrazó, sin dejar de llorar.
Había algo que si sabía, Aliza debía confiar lo suficiente en él como para mostrarse, no solo así de vulnerable, sino físicamente cercana.
Drake casi ni se movió. Le permitió que llorara, que lo estrujara todo lo que necesitaba.
- Estoy cansada- Murmuró ella en su pecho, al fin- Es… como si… Como si me hubiesen quitado la energía…
- Es porque eso pasó- Le susurró- Para ti, estar en ese ambiente, siempre será agotador.
- Tú no eres agotador… por alguna extraña razón.
- ¿Tendrá algo que ver, que yo te ame?
- Lo dudo…
- ¿Quieres que me quede un rato?
- Mjm- Asintió, cerrando los ojos.
Samuel se quedó levemente apoyado en el respaldo del sillón, sintiendo sus rizos cosquillearle la quijada, su calidez. Los minutos pasaron largamente, supo que Aliza estaba dormida. Aunque luego de quince minutos, ella se sobresaltó, sentándose agitada, apartándose de él como su fuera veneno.
- Hey, hey, Aly- Intentó calmarla- ¿Qué? ¿Qué pasa? Soy yo, Sam… Tranquila…
- Fue… una pesadilla…- Suspiró, mirándose las manos- No… No… No de nuevo…
- ¿De nuevo que?
Pero pronto la vio empezar a sudar, con la mirada en la nada, respirando agitadamente.
- ¿Aly? ¿Qué tienes?
- Ataque de pánico…
- ¿No puedes detenerlo?
- No…
- ¿No puedo ayudarte en nada?
- No lo sé- Ella tomó su cabeza.
- Déjame intentar algo ¿Si?
Amily se arqueó de hombros, como si le importara poco lo que hiciera, en comparación a su ataque de pánico.
Él volvió a abrazarla, tomando su cabeza, apoyándola en su pecho, como si la intentara proteger de algo.
- Respira conmigo- Le dijo él, respirando lento- Vamos, no te hiperventiles. Respira y oye mi corazón, concéntrate en esas dos cosas y en nada más.
Samuel la sintió abrazarlo, temblando.
- Respira…- Susurró él- Lento…
Aliza se quedó quieta, compaginando su respiración con la de él, escuchando el lento sonido grave y rítmico de su corazón, que muy lentamente apagaron su ataque de pánico.
- Gracias- Murmuró ella, de manera auténtica- Gracias Sam…
