Capítulo 9: "Fresas y durazno"
Era de noche. Los minutos se habían transformado en horas, sin embargo nada había cambiado. Seguía buscándolo, seguía llamándolo. No le importaban ni el frío ni la lluvia, había pasado por cosas peores y no se detendría por ello. Nada podía lastimarlo, no al menos algo físico; lo que lo hacía era su corazón, que gritaba con la furia del dragón en su interior, se estrujaba violentamente contra su pecho, recordándole su dolor a cada segundo. El gran guerrero inmortal se destrozaba cada vez que su instinto le fallaba y lo alejaba de su adorado albino.
-¡NO ES POSIBLE!-rugió destrozando una mesa de piedra enfrente de él.
Se dejó caer en el suelo, cruzando las piernas y recargando su mentón en la palma de su mano. Había seguido el hedor de Hannibal Bean de la casa donde estuvo el pelirrojo en cautiverio hasta las ruinas indochinas del antiguo templo donde alguna vez peleó hombro a hombro con las fuerzas xiaolin.
Inhaló profundamente unas cuantas veces hasta que logró calmarse lo suficiente para pensar. Sabía que Hannibal lo había confundido y lo había guiado en una dirección errada, seguramente alejándolo de su objetivo real. Por lo que ahora debía calmarse para poder concentrarse y empezar nuevamente la búsqueda desde cero. Sólo deseaba encontrar a esa asquerosa legumbre y destrozarla hasta que no quedase nada reconocible de ella. Nada más pensar en lo que le podría hacer al joven genio del mal le hacía hervir la sangre en sus venas.
Tardó aún un momento más en apaciguarse lo suficiente como para retomar su camino. Volvió a exhalar enérgicamente sacando la rabia de sus entrañas. Decidido, se puso en pie de nuevo y corrió de vuelta a la residencia Spicer.
-*-*-*-
Las circunstancias en la mansión Spicer ya se estaban calmando. Todos esperaban adentro de la casa, poniendo al tanto de la situación a los dueños del lugar. Sólo el pequeño monje amarillo permanecía afuera en el patio, esperando ver a Chase con Jack en brazos; especialmente al adolescente sano y salvo.
Sabía que él por sí solo no podía hacer nada, sabía que no tenía oportunidad alguna si se enfrentaba solo contra Bean. Y sus posibilidades de poder conquistar el corazón del pelirrojo eran totalmente nulas, no importaba que tan bien lo tratara, el amante de la mecánica sólo tenía ojos para el guerrero dragón. Pero eso ya lo sabía. La verdad ya lo había aceptado desde hacía ya mucho tiempo atrás.
-Deberías entrar, hace frío aquí.
El brasileño salió de la casa trayendo consigo un par de tazas con chocolate caliente. Le ofreció una taza al menor al tiempo que tomaba asiento en las escaleras del pórtico, a lado de él.
-Gracias, pero estoy bien-tomó la taza y le dio un sorbo.
-Sabes que esto va a tardar, ¿no?-preguntó el cirquero alzando una ceja para enfatizar su pregunta.
-No importa, esperaré-contestó el asiático con determinación.
-En verdad te preocupa-dijo con un deje de sorpresa.
-¿Qué quieres decir? ¡Es obvio que me preocupe por alguien que este en las garras de Hannibal Bean!-alzó los brazos en un movimiento exagerado.
-Sabes que no me refiero a eso...-el castaño le dedicó una mirada seria-Omi, es más claro que el agua lo que sientes por Jack.
-No sé.
-Sí sabes de qué estoy hablando-interrumpió la negación algo molesto-pero bueno, eso ya no importa...-tomó un poco de su chocolate antes de seguir-lo que importa ahora es que nos digas lo que en verdad sabes, porque sino no podremos ayudarte a encontrar a Jack.
-Pero es algo muy personal, ni siquiera yo debería saberlo-expresó angustiado el infante.
-¿Tan grave es?
-No tienes ni lema.
-Idea.-corrigió-Bueno, en ese caso creo que sólo nos queda esperar.
Rai volvió a tomar de su taza, viendo hacia el horizonte, sin observar nada en especial, realmente no esperaba ver algo pronto. Sin embargo y para sorpresa de él, entró en su campo visual un gran dragón con cara de pocos amigos, al cual conocían bien, tanto como para saber que algo había salido mal. Se acercaba rápidamente, por lo que Raimundo calculó que estaría frente a ellos en un minuto o dos.
-No parece muy feliz de regresar-comentó medio en broma, medio en serio.
Chase pronto llegó a donde los monjes xiaolin y en un segundo volvió a su forma humana, deteniéndose de golpe con su típica y magistral elegancia. Como el poderoso guerrero inmortal que era. Por ello mismo no pensaba demostrar ningún signo de debilidad, aún cuando sus manos se desangraban así como sus pies por la carrera que había recorrido de ida y vuelta.
-¿¡Dónde está Jack!?-exigió el infante.
-Omi...-advirtió nervioso el brasileño.
-Perdí el rastro-confesó el moreno como si se tratara de un muñeco, sin ninguna emoción reflejada en su semblante.
-¿Cómo que lo perdiste? ¿¡Entonces también perdiste a Jack?
-¡Escucha enano!-amenazó impaciente el dragón-¡Yo no te debo ninguna explicación, pero voy a salvar a Jack y me lo voy a llevar lejos de este maldito lugar! ¿¡Entendiste!?
En silencio ambos se desafiaron con la mirada. Si no hubiera sido porque el dragón del viento estaba ahí y los interrumpió a tiempo, se hubiera iniciado una batalla inútil con un obvio vencedor.
-Chase, ¿no tienes un chico al qué salvar?
-Pedrosa tiene razón, sólo regresé a recuperarlo, no a perder el tiempo contigo.
Dicho esto, el inmortal dio media vuelta y se dedicó a rastrear hasta la más mínima señal de Hannibal o de magia negra, que seguramente usó para escapar. Recorrió todo el huerto donde pelearon, incluso un poco más allá, cerca del bosque, y ahí, y solo ahí logró percibir el aroma del shampoo de Jack, lo que provocó que riera para sus adentros.
"Fresas y durazno" pensó divertido al ver el más grande y tonto error que él y Hannibal pudieron cometer. Jack simplemente no podía evitar usar ese shampoo, el cual sería su boleto directo a la libertad en esos momentos. Una vez más tomó su forma de bestia y corrió siguiendo el aroma de fresas y durazno.
-*-*-*-
El cálido danzar del fuego lo despertó como con una suave caricia, reaccionando podo a poco de un sueño reparador; a pesar de ello, permaneció con los ojos cerrados, tratando de recordar lo que fuera que pasase antes de quedar inconciente. Con todo, no pudo recordar nada más que él invocando el poder del anillo de vuelta.
Después de un rato de recuerdos inútiles y esfuerzos infructíferos, decidió averiguar su situación; una vez que hubo vivido todo un infierno con Bean no confiaba en nada que su corazón deseara o sintiera.
Lentamente abrió un ojo a fin de distinguir su posible compañía. No había nadie, no obstante, eso era lo que más le preocupaba. Volvió a cerrar su ojo, y está vez abrió el otro. Sólo había una pared. Ahora con todos sus sentidos en alerta, empezó a analizar su propia condición física.
Tenía que saber si tenía alguna posibilidad de escapar en caso de ser necesario. No tenía ni un hueso roto, tampoco le dolía nada. Su temperatura era estable, y no sentía ninguna extremidad entumida. En general se encontraba bien.
Cuado ya estuvo seguro de su integridad personal, se levantó de un salto y se puso en una posición defensiva.
Aún estaba en la pequeña cabaña de madera. El calor que sintió momentos antes provenía de pequeña chimenea encendida a sus espaldas. Al encontrarse completamente sólo, se paró normal, pero no bajó la guardia.
Justo en ese momento la puerta se abrió dejando ver la forma humana de Hannibal Bean, provocando nuevamente una reacción defensiva en el albino.
-¿Dónde estoy?-preguntó viéndolo a los ojos, no quería perder de vista ni un segundo a su captor.
-Por el momento, a salvo-contestó dejando la carga que llevaba sobre la pequeña mesa de madera.
-No se puede estar a salvo en el mismo cuarto que tú-escupió con desprecio.
La legumbre rió con fuerza al ver los vanos esfuerzos del adolescente por parecer fuerte frente a él. En verdad había crecido mucho en poco tiempo, y ahora era un perfecto candidato para ser un futuro dominante heylin. Y ahora que lo tenía delante podía apreciar el resultado de su elección.
-Relájate un poco chico, por el momento no te haré daño.
-Como si fuera a creer alguna de tus mentiras.
Del saco que dejó en la mesa sacó una manzana que aventó al menor con desgane. Por supuesto, el joven de ojos rojos la cachó en el aire, pero la miró con total desconfianza; como si el rojo seductor de la cáscara fuese igualmente la advertencia de algo peligroso.
-¡Qué original!-dijo con sarcasmo-¿No se te pudo ocurrir algo más creativo que una manzana envenenada?
-JAJAJA, en verdad has visto demasiadas tonterías Jack. Dime algo, ¿cómo para que usaría ni magia para embarazarte si te quisiera matar, eh?
-Entonces es cierto-susurró con tristeza y cierta sorpresa amarga, dejando caer sus hombros en señal de derrota.
-Así es, en tus entrañas llevas al futuro gobernante de las fuerzas heylin. Con la sangre de un dragón inmortal, y la de un heredero directo del anillo negro, nacerá el más poderoso guerrero que jamás haya existido antes, incluso más que esa escoria de Chase Young.
-¿Cómo?-preguntó abrumado; creyó escuchar que el ser en sus adentros no llevaba sangre de Hannibal Roy Bean.
-Sí, Jack. Escuchaste bien.-sonrió como si supiera lo que pasaba por la mente del menor-Aunque no me gusta admitirlo, Young logró superar mi poder hace mucho tiempo, por esa misma razón lo elegí hace un par de siglos, y conseguí de su propia semilla en una noche que seguramente ese tonto recuerda como una simple noche pasajera-rió divertido con su plan.
-¿Te... Te acostaste con Chase?-preguntó asqueado, la simple idea le causaba nauseas.
-Así es. Pero por supuesto él no lo sabe, jaja.
-Entonces...-una pequeña sonrisa se dibujo en los labios de Spicer, una sonrisa que asomaba un diminuto rayo de esperanza-mi hijo... ¿también es hijo… de Chase?
Continuará
-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-
N/A: Bueno, el título no me convenció mucho, pero espero que les haya gustado el capítulo, lo escribí en una maratón de tres días porque lo escribí en clases (luego por qué uno no entiende, no? XD).
Ya nos acercamos al final del fic, talvez terminé en el próximo capítulo. Tal vez no. Igualmente muchas gracias por seguir esta historia hasta aquí. Nos leemos en el próximo capítulo.
Matta ne!
