Capítulo 9 - ¡Los pájaros legendarios y el misterioso Blaine! ¡Intentando entrar en Ciudad Azafrán!

Ya había pasado mucho tiempo desde que Red había empezado su aventura en primavera. Ya era pleno verano y quedaba poco para el undécimo cumpleaños de Red.

Aquel día, Red se encontraba en una ruta marina, buceando junto a Poliwrath en busca de uno de los objetos de los que el Prof. Oak le había hablado hace unas semanas.

- **Existen cinco ataques que los pokémons pueden aprender a partir de ciertos objetos llamados Máquinas Ocultas - pensaba Red, recordando las palabras del científico -. Yo he encontrado tres. Corte, que se lo enseñé a Ivysaur; destello, que se lo enseñé a Pikachu, y fuerza, que se lo enseñé a Snorlax, Me quedan surf y vuelo**.

Red empezó a bucear más rápido, agitando con más fuerza sus pies:

- **Si quiero ir a Islas Espuma, debo encontrar la MO surf - pensó, y frunció el ceño -. ¡Especialmente sabiendo que ese idiota de Green ya la ha encontrado!**.

Entonces, Red avistó un extraño objeto sobre una roca.

- **¡Allí está! - pensó Red, contento -. ¡La MO surf!**.

Red y Poliwrath se acercaron tan rápido como pudieron adonde estaba el ansiado objeto. No se dieron cuenta de que acababan de entrar en el territorio de un poderoso pokémon dragón, Dragonite.

- **¡Ostras! - pensó Red, tras encontrarse cara a cara con el regordete dragón -. ¡Un Dragonite!**.

El pokémon en cuestión se enfureció al ver que estaban entrando en su territorio, así que se posó con furia sobre la roca … en la que estaba la MO.

- **¡NOOOO!** - pensó Red, abriendo la boca para, gritar, olvidándose de que estaba bajo el agua.

Un montón de agua entró dentro de la boca de Red, que empezó a ahogarse y se hundió en el agua. Poliwrath intentó ir a ayudarle, pero el furioso Dragonite se lanzó a luchar contra él. En la batalla, removió algunas enormes rocas que cayeron sobre la pierna de Red, que se quedó atrapado en el fondo del mar.

- **No puedo … respirar** - pensaba Red, sintiendo que perdía el conocimiento.

Poliwrath no podía librarse de Dragonite, pero entonces apareció un Gyarados, que se enzarzó en un forcejeo con Dragonite, derrotándolo.

- **Imposible … Un Gyarados …** - pensó Red, cerrando los ojos.

Montado en el Gyarados había alguien. Antes de perder el conocimiento, Red pudo entrever cómo una sirena pelirroja le libraba de la roca y le empezaba a llevar hacia la superficie …

Unos minutos después …

Red se despertó montado sobre un Starmie. Despertó a tiempo para ver cómo Gyarados mandaba bien lejos a Dragonite con un híper rayo.

- Whoa … - murmuró Red.

- Tan alocado como siempre - se oyó decir a una voz femenina -. Viniendo solo a un lugar como este en busca de un objeto, que por cierto ha acabado completamente inutilizado. ¡A saber qué habría pasado si Gyarados no hubiera intervenido!

El entrenador, o en este caso, entrenadora de Gyarados, salió a escena y le lanzó a Red la MO, completamente aplastada. Pero Red no podía quitarle los ojos de encima a la entrenadora del Gyarados.

- ¡Si querías cruzar el océano - exclamó la muchacha pelirroja -, sólo tendrías que haber acudido a la experta en pokémons acuáticos, Misty!

En efecto, Misty se encontraba a bordo de Gyarados. Le guiñó un ojo a Red, que respondió igualmente, contento.

- Gracias, Misty - dijo Red, sonriendo -. Pero ahora tengo otro problema. La MO surf está rota, ¡y hay muy pocas en Kanto! ¡Si mis pokémons no saben surf, no podrán llevarme a Islas Espuma!

- Bueno, creo que podré prestarte mi Gyarados por un tiempo - dijo Misty, amablemente -. Él sí que sabe surf, y ya no es tan malvado como lo era la última vez que le viste, se ha recuperado, como ves.

Gyarados le sonrió a Red.

- ¡Wow! - exclamó Red -. ¡¿De veras puedo usar tu Gyarados? ¡Genial, gracias Misty! ¡Voy a probar el movimiento surf ahora mismo!

Así pues, Red montado sobre Gyarados y Misty montada sobre Starmie, iniciaron su camino a través del océano hacia Islas Espuma.

Tres días después …

Red sentenció que no le gustaba nada el movimiento surf tras el agitado viaje que había tenido sobre Gyarados, terminando estampado contra la orilla tras llegar, finalmente, a Islas Espuma.

- ¡Sólo tendrás que cogerle el tranquillo! - exclamó Misty -. ¡De todas formas, por fin hemos llegado a Islas Espuma! Se dice que aquí vive Articuno, uno de los tres pájaros legendarios de Kanto.

Misty cogió una de las pokéballs que Red tenía en el cinturón.

- A cambio de mi Gyarados, te cojo a este simpático Krabby - dijo Misty, sonriendo -. ¿Te parece bien?

- Eh … sí - respondió Red, que había atrapado aquel Krabby el mismo día que se encontró con Misty -. Puedes quedártelo.

- Bueno, pues será mejor que me vaya ya - dijo Misty.

- ¿No vienes? - preguntó Red.

- Soy una líder de gimnasio, tengo mi propia vida - respondió Misty -. Te he acompañado hasta aquí porque me imaginé que tendrías problemas. Así que yo me voy, ¿vale? ¡Adiós, Red!

Y Misty se marchó montada en su Starmie. Red la observó alejarse.

- Sigh … - suspiró Red -. No me queda otra que afrontar al Team Rocket yo solo.

En realidad, la verdadera razón por la que Red había viajado a las Islas Espuma era que sabía que el Team Rocket tramaba algo allí, pero no se lo había dicho a Misty.

No obstante, Misty también estaba al corriente de eso.

- **Ojalá pudiera quedarme más tiempo - pensaba Misty, mientras se alejaba más y más de las islas -. Pero lo máximo que puedo hacer es desearle suerte …**.

Así pues, Red se adentró en el bosque de las Islas Espuma, acompañado de Poliwrath, Ivysaur y Pikachu.

- Muchos árboles y arbustos están congelados, ¿será cosa de Articuno? - murmuraba Red; miró a sus pokémons -. ¡Ah, casi lo olvido! ¡Chicos, os presento a nuestro nuevo compañero!

E hizo aparecer al temible Gyarados, espantando a sus tres pokémons, especialmente a Ivysaur, que se acordaba de su batalla contra él. Sin embargo, Gyarados les saludó amistosamente. En ese mismo momento, un enorme Muk apareció de entre unos arbustos y se lanzó a por Red:

- ¡AAAAHHH! - gritó Red.

- ¡Pi! - exclamó Pikachu, encarándose con Muk.

Pero Gyarados se le adelantó, derribando a Muk. Antes de que Red pudiera decir nada más, un zurríen atravesó volando al aire y se clavó cerca de uno de sus pies.

- ¡Quieto ahí! - exclamó una voz -. ¡No le pondrás una mano encima a NUESTRO Articuno!

Red se encontró cara a cara con un escuadrón del Team Rocket.

- El Team Rocket - gruñó Red.

El muchacho avanzó hacia donde estaban los Rockets, y descubrió una estatua de hielo de un pokémon con forma de pájaro allí cerca.

- ¿No es ese …? - empezó a preguntar Red, sorprendido.

- A Articuno no le gustan las peleas - explicó uno de los Rockets -, así que siempre que hay alguna, se convierte en una estatua de hielo.

Entonces, Gyarados empezó a temblar y a rugir furioso mientras combatía encarnizadamente con Muk.

- ¡Gyarados! - exclamó Red, girándose hacia su nuevo pokémon -. Claro, debe de acordarse de los experimentos que el Team Rocket hizo con él, ¡y la locura está poseyéndole otra vez!

Al oír eso, Articuno volvió en sí y echó a volar lejos de allí.

- ¡NOOO! - gritaron los Rockets.

- ¡Vamos tras él! - gritó el líder del escuadrón.

Los Rockets echaron a correr tras Articuno. Poliwrath, Ivysaur y Pikachu intentaron perseguirles. Incluso Snorlax salió de su pokéball para ayudar. Pero:

- ¡Esperad, chicos! - gritó Red -. ¡Olvidaos de eso ahora! ¡Es Gyarados, tenemos que ayudarle!

Los pokémons de Red se miraron entre sí, ya que ninguno guardaba simpatía alguna hacia Gyarados.

- El Team Rocket ha experimentado con Gyarados - dijo Red, desesperado -. ¡A saber qué cosas horribles le habrán hecho! ¡Necesita ayuda o se volverá loco! Pensad, chicos. ¡Imaginad que os lo hubieran hecho a vosotros!

Entonces, el último pokémon de Red salió por sí mismo de su pokéball. Se trataba de Eevee.

- Tú sí que sabes de lo que estoy hablando - dijo Red, acariciándole.

Los pokémons de Red cambiaron de parecer y ayudaron a Gyarados a derrotar al malvado y poderoso Muk.

- ¡Muy bien! - exclamó Red, al ver que Gyarados volvía en sí.

Pero entonces, Muk se enfureció aún más y se abalanzó sobre Red y sus pokémons, dispuesto a rociarles con su veneno.

- ¡NOOOO! - gritó Red.

En ese mismo momento, Articuno volvió a planear sobre esa zona y dejó caer un manto helado que congeló a Muk, salvando a Red y sus pokémons.

- Whoa - murmuró Red, sorprendido.

Después de aquello, Articuno emprendió el vuelo y huyó de Islas Espuma.

- ¡TODOS TRAS ÉL! - gritó el líder de aquel escuadrón Rocket.

Los Rockets se marcharon de allí y se perdieron de vista. Red miró al cielo y vio a Articuno escapar.

- Bueno, al menos le hemos dejado escapar - dijo, y se volvió hacia sus seis pokémons -. ¡Muy bien, chicos! ¡Por fin formamos un gran equipo!

Poliwrath, Ivysaur, Pikachu y Snorlax se abrazaron a Gyarados, dándole a entender que ya le aceptaban, e Eevee dio saltos de contento.

- Este viaje - murmuró Red -, acaba de empezar.

Una semana más tarde …

El Team Rocket llegó a Isla Canela. Los Rockets se colaron en la casa de uno de los mejores científicos de esa isla y le revolvieron todos los documentos en busca de cierta información.

- ¡Maldito traidor! - exclamó el líder de ese escuadrón, golpeando una mesa -. ¡Adonde quiera que hayas ido, te encontraremos, Blaine!

En ese mismo momento Red, con once años recién cumplidos, llegó a Isla Canela, a uno de los acantilados de las afueras, montado sobre su Gyarados.

- ¡Ya hemos llegado! - exclamó Red, trepando por el acantilado -. Veamos a qué zona hemos venido a parar …

Nada más asomarse, Red vio a un montón de Rockets luchando contra dos flamantes pokémons de fuego.

- **¡El Team Rocket! Otra vez … - pensó Red, furioso -. ¿Y cuáles son esos pokémons contra los que están luchando?**.

- ¡Rápido! - exclamó un Rocket -. ¡Son el Rapidash y el Arcanine de Blaine!

- ¡Eh! - exclamó, de repente, otro Rocket -. ¡Allí hay alguien, espiando desde el acantilado!

- **¡Mierda, me he dejado ver!** - pensó Red, empezando a sudar la gota gorda, y no precisamente por el calor.

Los Rockets se acercaron a mirar.

- ¿Quién es este niño? - preguntó uno de los Rockets.

- Lo que es seguro es que no es Blaine - dijo otro.

- ¡Pero nos ha visto, y eso es suficiente! - exclamó el líder del escuadrón -. ¡Eliminémosle!

El Gengar del Team Rocket se dispuso a atacar, y Red se preparó para lo peor. Pero, entonces, un hombre vestido con bata de científico, que llevaba gafas de sol redondas y un pronunciado bigote llegó a escena:

- ¡Dejad al chico en paz! - exclamó -. ¡Yo soy el que buscáis!

- ¡Blaine! - gritaron los Rockets.

Y se enzarzaron en una dura pelea. Ansioso por cortar por lo sano, sin que nadie le viera, Red lanzó una pokéball e hizo aparecer a Gyarados:

- ¡¿Y ese Gyarados?

- ¡Gyarados, hidro bomba! - ordenó Red.

Con un potente chorro de agua, Gyarados disipó a los Rockets. Por fin libre, Blaine se montó sobre su hermosa Rapidash … y se llevó consigo a Red.

- ¡Eh! - exclamó Red.

Los Rockets intentaron seguirles, pero las llamas les cortaron el paso.

Mientras cabalgaban sobre Rapidash sin detenerse a mirar atrás, el extraño científico le habló a Red:

- Me llamo Blaine - le dijo -. ¿Y tú?

- Red - respondió Red, sin soltarse de Blaine -, pero hay algo que no entiendo. ¿Por qué van esos Rockets detrás de ti llamándote "traidor"?

- Bueno, verás … Yo una vez trabajé para el Team Rocket - respondió Blaine -. Fui su científico …

- ¡¿Trabajaste para el Team Rocket? - gritó Red.

En ese momento, una bola de fuego cayó cerca de ellos.

- Umh, parece que nuestros captores no se han rendido … todavía - comentó Blaine, dirigiendo una rápida mirada a la estela de fuego que su Rapidash iba dejando atrás.

- ¡Déjamelo a mí! - exclamó Red, lanzando una pokéball -. ¡Te elijo a ti, Poli!

Poliwrath salió a escena.

- ¡Pistola de agua! - ordenó Red.

Pero, inexplicablemente, ni el agua pudo apaciguar las bolas de fuego que les caían del cielo.

- ¡¿Qué está pasando? - gritó Red.

Rapidash se detuvo, y Blaine y Red miraron al cielo, desde donde les vigilaba un hermoso pájaro de fuego:

- Es Moltres, el pájaro legendario de fuego - dijo Blaine.

Mientras tanto, el escuadrón del Team Rocket seguía mirando por el camino por el que habían escapado Red y Blaine:

- Te arrepentirás de habernos traicionado, Blaine - decía el líder del escuadrón, malévolamente -. ¿Recuerdas el pájaro legendario que atrapamos en la Meseta Añil? Je, nuestro Moltres no parará hasta reducirte a cenizas …

En ese momento, Red y Blaine combatían con todo lo que tenían a Moltres. Pero ni los potentes ataques de fuego de los pokémons de Blaine, ni siquiera el hidro bomba de Gyarados, podían hacerle un rasguño a Moltres, que en cierta ocasión se precipitó sobre ellos, provocando un enorme incendio que abrasó la zona:

- ¡Mierda! - exclamó Red, que se llevó varias quemaduras en el brazo.

- ¡Red! - exclamó Blaine -. ¡Si tuviéramos un pokémon volador, todo sería más fácil …! ¿No tienes un pokémon volador?

- ¡Qué va! - respondió Red, que en ese momento tropezó y cayó al suelo -. ¡Ay!

Y la extraña piedra que algunos meses atrás le regaló el hombre que conoció en la Cueva de Diglett se le cayó al suelo.

- ¡Chico! - exclamó Blaine, cogiéndola -. ¡Esto es un fósil de un pokémon! ¡El fósil ámbar!

Red se quedó mirando a Blaine. El científico se giró hacia él:

- Red, Moltres es demasiado poderoso, si seguimos con esto, estamos acabados - le dijo -. Escucha, toma este fósil y ve hacia mi laboratorio. Rapidash te llevará hasta allí. En mi laboratorio podrás revivir al pokémon del fósil.

- Pero … pero … ¿tú …? - titubeó Red, dándose cuenta de que Blaine pretendía quedarse ahí.

No hubo tiempo para rechistar. Blaine montó a Red en Rapidash:

- Sé que apenas nos acabamos de conocer - dijo Blaine -, pero tienes que confiar en mí, Red.

Blaine se montó en el Gyarados de Red:

- ¡Espera! - gritó Red, mientras Rapidash empezaba a trotar.

- ¡Por ahora, te tomo prestado a tu Gyarados! - exclamó Blaine -. ¡Red, si confías en mí podremos ganar!

Y Rapidash se alejó de allí con Red sobre su lomo.

Quince minutos después …

Rapidash llevó a Red a un volcán inactivo. Pulsó con el hocico un botón secreto y abrió una compuerta, dando entrada al laboratorio de Blaine. Rapidash dejó caer a Red en el suelo:

- ¡¿Dónde estoy? - gritó Red, mosqueado -. ¿Qué demonios quiere tu entrenador que haga? ¡No entiendo nada …!

Red se levantó y miró a Rapidash con furia:

- ¡Ya lo sé! - exclamó -. ¡Como ese tío ha pertenecido al Team Rocket, seguro que esto no es más que una trampa!

Rapidash, enfadada, le dio una coz, estampándole contra una estantería. A Red se le aclaró la mente:

- Nah, eso no puede ser - murmuró -. Pero sigo sin saber lo que tengo que hacer.

Rapidash le acercó un grueso libro.

- No me digas que quieres que lea eso - dijo Red -. Bueno, no me queda otra … Umh, revivir pokémons fosilizados … ¡No me digas que …!

Red no necesitó leer mucho para comprender cómo iba aquello. Le dirigió la mirada a una aparatosa máquina que había en la esquina de la sala:

- Entonces, esa máquina … - dijo, y sacó su fósil ámbar -. Así que … si pongo el fósil aquí …

Red metió el fósil en un hueco de la máquina, cerró el cristal y pulsó un botón, activando la máquina con una palanca:

- ¡Vamos allá! - exclamó Red.

Mientras tanto …

Blaine, montado sobre Gyarados, hacía lo que podía contra Gyarados, pero era imposible vencer a Moltres:

- Date prisa, Red … - murmuraba Blaine -. Ese fósil contiene un importante pokémon prehistórico. Revívelo …

Y, finalmente, el fósil de Red se acabó convirtiendo en un pokémon bastante grande, con grandes alas y aspecto de dinosaurio.

- ¿Un terodáctilo? - se sorprendió Red -. ¡Genial, ahora ya nadie podrá vencernos!

Dicho y hecho, el terodáctilo agarró a Red con sus patas y echó a volar, saliendo por el cráter del volcán:

- ¡Whoa! - exclamó Red, apesumbrado por la altura a la que estaban.

Blaine y Gyarados estaban en las últimas. Moltres era invencible, y no cesaba de atacarles con sus poderosas llamas.

- **Se acabó … - pensó Blaine, dejándose caer sobre el cuerpo de Gyarados -. No lo conseguirá a tiempo. Estamos acabados**.

Moltres volvió a arrasarles. Gyarados rugió de rabia, y Blaine apretó los puños, desesperado.

- **¡No puedo morir así! - exclamó -. ¡Debo atrapar al que escapó! ¡Aquel que yo creé! ¡A Mewtwo!**.

Moltres se dispuso a asestar su último golpe, pero en ese momento apareció Red, montado sobre su nuevo pokémon, y alejó a Moltres con un ataque derribo.

- ¡Blaine! - gritó Red.

- ¡Lo has conseguido, Red! - exclamó Blaine -. ¡Has revivido a Aerodactyl!

Red y Aerodactyl acudieron al rescate de Blaine, que se pudo montar sobre la espalda de Aerodactyl.

- Es genial - dijo Red, mirando sonriente a su nuevo compañero -. ¡Acaba con él, Aerodactyl, ataque supersónico!

Aerodactyl emitió unas ondas que confundieron a Moltres, que empezó a girar sobre sí mismo, volviéndose cada vez más loco.

- ¡Toma ya! - exclamó Red.

Los Rockets lo vieron desde lo lejos.

- ¡Maldición! - exclamó el líder del escuadrón, sacando una pokéball -. ¡Moltres, vuelve!

Moltres regresó a su pokéball y los Rockets se marcharon de esa zona.

- Cobardes … - gruñó Red.

- Déjales, Red - ordenó Blaine -. No les incites más.

Red se giró hacia Blaine:

- ¿Estás bien, Blaine? - preguntó Red.

- Estaré bien … gracias a ti, Red - respondió Blaine -. Pero ahora, debo marcharme. Hay una misión que debo cumplir.

Blaine empezó a alejarse de la zona:

- Debo encontrarla … - decía -. Aquella arma viviente que creé. Ya no será … una amenaza … Aunque sea un traidor …

Red no entendía nada.

- Red - dijo, de repente, Blaine -, más allá de esta ruta marina está Pueblo Paleta. Adiós.

Y Blaine se marchó de allí, dejando a Red con Aerodactyl.

Unos días después …

En Ciudad Azafrán, en el edificio de la famosa empresa Silph, que había tomado el Team Rocket, se encontraba una atractiva y misteriosa joven de largo cabello oscuro y fríos ojos. Llevaba un vestido blanco con una R roja estampada.

- Ya estamos aquí.

El líder del escuadrón Rocket de Isla Canela, junto con Moltres, se materializó ante la joven, que no dijo nada. En su lugar, habló Koga, que también estaba allí:

- Ni con Moltres habéis conseguido atrapar a Blaine, ¿eh? - dijo.

Koga se encontraba montado sobre Articuno. Entonces, un mensaje llegó hasta la sala del Jefe Rocket, en lo más alta del edificio de Silph S.A.. El Jefe Rocket era un hombre en el final de los treinta, vestido con traje negro y una maliciosa mirada.

- Información desde la central eléctrica abandonada de Ciudad Celeste - dijo una potente voz, y LT. Surge apareció en la pantalla, acompañado de un pájaro eléctrico -. ¡Hemos capturado a Zapdos!

- Jejeje … genial - rió malévolamente el Jefe Rocket -. Ahora que el Proyecto Mewtwo está terminado, estos serán nuestros ases. ¡Muajaja!

Un par de semanas más tarde …

Ciudad Azafrán era la ciudad más importante y grande de Kanto, tanto que para acceder a ella había que entrar a través de unas entradas vigiladas por guardias, siendo cuatro, cada una colocada al norte, sur, este y oeste de la ciudad. Lo demás estaba rodeado por una muralla. Debido a que el Team Rocket se había apoderado de la ciudad, los guardias de las entradas no dejaban pasar a nadie para no empeorar las cosas. Pero cierto día, una muchacha de once años, vestida con unos zapatos negros y un vestido negro, intentaba persuadir al guardia de la entrada oeste para que la dejara pasar:

- ¡Sólo personal autorizado! - exclamaba el guardia -. ¡Fuera!

- ¡Oh, vamos! - suplicaba la chica -. ¡Déjeme pasar! ¿Por favor?

La muchacha intentó engatusar al guardia con sus encantos, como acostumbraba a hacer, pero sólo consiguió que la echara a patadas:

- ¡Ay, eso duele! - se quejó la muchacha -. ¡Y lo peor es que siempre es igual! ¡Jo, y ahora qué hago!

Se trataba de Blue, la ladrona del Squirtle del Prof. Oak y aliada a tiempo parcial de Red contra el Team Rocket. Una perspicaz muchacha que aprovechaba sus encantos para parecer algo más mayor y facilitarse más las cosas.

- Lo intentaremos de otro modo - dijo Blue, sacando una pokéball.

Un rato después …

Un chico de pelo castaño de punta y mirada indiferente también acababa de llegar a la entrada sur de Ciudad Azafrán. Green, el nieto del Prof. Oak y el principal rival de Red, recibió la misma respuesta que Blue:

- ¡Solo personal autorizado! - exclamó el guardia.

Green se fue sin rechistar.

- Aquí pasa algo raro - murmuró Green, observando los altos edificios de la ciudad por detrás de la muralla -. ¡Y yo voy a averiguarlo!

Lanzó una pokéball y de ella salió Charizard, la forma evolucionada de Charmeleon. Green le miró, satisfecho:

- Fue un duro entrenamiento, pero valió la pena - dijo Green -. ¡Charizard, ataque vuelo!

Green se montó sobre Charizard y echaron a volar hacia Ciudad Azafrán:

- Aunque no parece ir nada mal … - comentó Green, mirando la ciudad desde el aire -. ¿Uuh?

Green se dio cuenta de que cerca de él había una chica agarrada del pie de un Jigglypuff flotante:

- ¡Yay! - exclamó Blue, que llevaba puesto el Scope Silph, haciéndole señas a Green -. ¡Monada a la vista! ¿Cómo te llamas?

- En fin … - suspiró Green, molesto -. Haré como si no hubiera visto nada …

Charizard se lanzó en picado hacia Ciudad Azafrán. Blue dio un respingo:

- ¡No! ¡No lo hagas! - chilló Blue -. ¡Hay un …!

Pero Green y Charizard se chocaron contra un muro invisible, que Blue había podido ver gracias a su Scope Silph.

- ¡¿No podrías habérmelo avisado un poco antes? - gritó Green, irritado.

- Esta barrera - empezó a explicar Blue -, está siendo creada por un pokémon; ahora la pregunta es, ¿dónde está ese pokémon?

Pero Green siguió con lo suyo:

- ¡Lanzallamas! - le ordenó a Charizard.

Charizard emitió una enorme ráfaga de fuego, pero no ocurrió nada. Green se dio por vencido:

- Ni el fuego funciona - murmuró Green.

- ¡Oye! - exclamó Blue -. ¡No sé por qué quieres entrar en Ciudad Azafrán! Pero, ¿y si nos unimos en esto?

Pero Green le hizo caso omiso:

- **El abuelo debe saberlo** - pensó.

Y él y Charizard se marcharon de allí sin decir ni una palabra más. Blue le observó alejarse.

Mientras tanto …

Red acababa de llegar a Pueblo Paleta. Tenía la intención de ir a ver al Prof. Oak, pero allí ocurría algo raro:

- Qué raro … - murmuraba Red -. ¡No hay nadie en la calle! Y Pueblo Paleta tiene mucha alegría en las calles en verano … Ah, ¿y mi hermana?

Red pasó por su casa, pero incluso las ventanas estaban cerradas. Red empezó a preocuparse:

- ¿Estarán bien mamá y …? - se preguntó.

De pronto, vio a una niña de pelo rosa asomada a través del cristal:

- ¡Pink! - exclamó Red.

Como una bala, la hermana menor de Red salió de la casa y se lanzó a abrazar a su hermano:

- ¡Red! - exclamó Pink -. ¡Cómo me alegro de que hayas vuelto!

- Pink - dijo Red -, ¿qué ha pasado aquí? ¿Estáis todos bien? ¿Y mamá …?

- Mamá está bien - respondió Pink -. Pero todo el mundo está en su casa, nadie quiere salir. Tienen … tienen miedo.

- ¿De qué? - preguntó Red -. ¡Espera! ¡Mejor vayamos a preguntar al Prof. Oak!

Red se giró y echó a correr en dirección al laboratorio del amable científico.

- ¡Espera, Red! - exclamó Pink, yendo tras él -. ¡El Prof. Oak …!