Capítulo 9: El violín de la muerte
==Mansión de Ares, Monte Olimpo==
–Dime algo, Musa –preguntó Evan mientras recorría los corredores del laberinto junto con Musa –con toda sinceridad ¿qué es lo que tanto te atrae del tal Riven? No te ofendas, pero por lo que me has contado sobre él parece un verdadero imbécil.
–En realidad no es tan malo una vez que lo conoces –respondió el hada –puede llegar a ser un chico muy lindo si se lo propone, es solo que en ocasiones puede llegar a ser un poco distante y solitario.
–Es arrogante, egoísta, no respeta las reglas y no trabaja en equipo –respondió –honestamente, pienso que tú mereces algo mejor, alguien que sepa valorarte. Musa, si llegamos a salir vivos de aquí me gustaría invitarte a salir algún día.
–Evan, me agradas mucho –dijo Musa –desde que nos conocimos te has convertido en un gran amigo, pero no puedo verte como algo más que…
La conversación fue interrumpida por una bella música de violín que sonaba a lo lejos, la melodía era tan bella que no existía ningún sonido en ningún otro mundo que pudiera compararse.
Espera ¿escuchas eso? –Dijo Musa – Esa música es hermosa, ¿de dónde podrá venir?
De forma casi inconsciente, el hada siguió el hipnótico sonido del violín intentando averiguar de dónde provenía. Evan siguió a la chica intentando detenerla, pero ella ignoraba sus advertencias.
–Espera, Musa –dijo Evan – ¿no crees que deberíamos concentrarnos en encontrar el templo de Ares?
–No te preocupes –respondió Musa –no nos llevará mucho tiempo, solo quiero saber quién está tocando el violín, después nos iremos.
Así, el hada continuó siguiendo el sonido de la melodía hasta que llegó a una amplia terraza, en la cual había bellos jardines, fuentes y algunas columnas. Allí, Musa se encontró con una mujer que estaba de espaldas alejándose de ella, así que empezó a seguirla.
–Espera –decía Musa –no te alejes, solo quiero saber si eres tú la que toca esa bella música.
Tras un tiempo, Musa finalmente alcanzó a la misteriosa mujer, la cual se dio la vuelta permitiendo al hada ver su rostro. Al verla, la chica quedó confundida y paralizada por la apariencia de aquella mujer, fue tanta su impresión que se quedó sin habla por casi un minuto, hasta que empezó a reaccionar lentamente. En ese momento, la música de violín que se escuchaba en el fondo se fue tornando a una tonada triste y melancólica.
–No… no puede ser –sollozaba el hada casi sin aliento mientras una lágrima recorría su mejilla – ¿en verdad… en verdad eres tú, en verdad eres tú, mamá?
–Así es, Musa –respondió la mujer con una voz tierna y amable –soy yo, Matlin, tu madre.
Llena de lágrimas, la chica no pudo contenerse y se lanzó a abrazar fuertemente a su madre. Por otro lado, la música del violín se volvía cada vez más triste.
–Pensé que habías muerto –dijo Musa aún con lágrimas en los ojos.
–No es así –respondió Matlin abrazando a su hija de forma amorosa –sigo con vida.
–No lo entiendo, papá me dijo que habías muerto, ¿y qué estás haciendo aquí de todas formas?
Matlin guardó silencio, mientras su cara adoptaba una expresión seria.
–Responde, mamá –imploró el hada – ¿qué estás haciendo en el Olimpo, y porqué te fuiste, porqué nos abandonaste a papá y a mí?
–Está bien, si tanto quieres saberlo te lo diré –respondió con un tono serio –la verdad es que yo nunca amé a tu padre. Lo que hubo entre él y yo solo fue algo de una noche, pero lamentablemente terminé embarazada. Intentamos interrumpir el embarazo pero, como tú bien sabes, nos fue muy mal en nuestra carrera musical, por lo que no teníamos dinero suficiente. Así que cuando naciste me sentí liberada, ya no tenía que soportarte a ti ni a tu padre, al fin podía ser libre, así que me fui tan pronto como pude.
Las palabras de su madre destrozaron el corazón de Musa, quien no podía creer lo que estaba escuchando. La música del violín se volvió aún más triste, al punto de alcanzar un tono depresivo.
–Por favor no digas eso, mamá –pidió Musa llorando –papá y yo te extrañamos mucho, no está bien que hagas ese tipo de bromas.
–No estoy bromeando –respondió Matlin mientras sacaba una daga de entre su ropa –todo lo que te dije es verdad, no te amo y jamás lo hice. No quiero volver a verte, y si no te vas ahora yo misma tendré que quitarte la vida.
– ¿Qué… qué estás haciendo, mamá? –Preguntó el hada consternada –no lo hagas, por favor, yo solo quiero estar contigo.
–Tienes razón –respondió –después de todo eres mi hija y no podría hacerte daño.
Entonces, Matlin colocó la daga a la altura de su garganta. Para ese momento, la música del violín se había vuelto sumamente depresiva, incluso sombría y psicótica a un nivel incomprensible.
–Pero en verdad no puedo soportar más tu desagradable presencia –continuó la madre del hada.
– ¡NO, mamá, no por favor! –Exclamó Musa aterrada –no lo hagas por favor, haré lo que quieras, me alejaré de ti, incluso dejaré que me mates si es lo que quieres, pero por favor, no lo hagas.
Sin escuchar, Matlin se abrió la garganta con la daga enfrente de Musa, cayendo muerta al suelo sobre un charco de su sangre. Aterrada por tal escena, el hada bajó al suelo a abrazar el cadáver de su madre mientras lloraba desconsolada. Evan intentó consolarla, pero ella no escuchaba, era como si una parte de ella hubiera muerto.
Momentos después, Evan pudo ver a lo lejos una silueta. El joven se acercó un poco más hasta que pudo ver a un hombre parado tocando un violín. Se trataba de un hombre alto, con una armadura roja con detalles dorados y una apariencia aterradora, el hombre llevaba una túnica blanca que cubría casi todo su cuerpo. Su cara era idéntica a la de Phobos, a diferencia de que su cabello era blanco y sus ojos rojos.
–Ya veo, así que eras tú quien tocaba esa música –preguntó Evan –mi amiga Musa tenía muchas ganas de conocerte.
Dejando de tocar su violín, el hombre solo se quedó parado en silencio y sin moverse.
–Disculpa –insistió Evan –mi amiga se encuentra muy mal y le gustaría mucho saber quién eres, tal vez un poco de música podría ayudarla, verás, ella es el hada de la música y…
–"¿Quién soy?" –Respondió el sujeto con tono serio –ustedes no merecen el privilegio de saber la respuesta a esa pregunta.
– ¿De qué hablas? –Preguntó confundido Evan –la madre de mi amiga acaba de morir y…
En ese momento Evan se percató de que el cadáver de Matlin no estaba, y de que Musa estaba llorando sola en el suelo. Entonces el joven se dio cuenta de que todo lo que ocurrió había sido una ilusión causada por aquel hombre.
–Hahaha –el misterioso hombre soltó una risa sarcástica –veo que los humanos son lentos para entender, admito que en ocasiones son divertidos, es una pena que solo les queden unas cuantas horas.
– ¡Eres un maldito miserable! –Exclamó Evan lleno de ira – ¿cómo te atreves a jugar así con los sentimientos de Musa?
Lleno de ira, el joven lanzó un golpe con toda su fuerza en contra del hombre de la armadura roja, pero su puño se detuvo antes de poder tocarlo. Sin entender qué sucedía, el puño de Evan se movió en contra de su voluntad, atacándose violentamente a sí mismo.
–Veo que no solo eres un insolente que no respeta a la divinidad –dijo el hombre misterioso –también eres un estúpido ¿es que no sabes que al levantar tu puño contra un dios lo único que lograrás será lastimarte a ti mismo?
– ¿Un... un dios? –Murmuró intrigado Evan mientras se levantaba del suelo – ¿quién, o qué demonios eres tú?
–Ya que tanto te interesa te lo diré antes de mandarte al infierno –respondió aquel hombre –mi nombre es Deimos, dios del terror, y soy uno de los hijos del señor Ares.
– ¿Hijo de Ares? ¿Dios del terror? –Murmuró Evan desconcertado –ahora entiendo porque su presencia es tan aterradora y siniestra.
Evan intentó atacar nuevamente a Deimos, pero una ráfaga de cosmo-energía expulsada por el dios arrojó violentamente al joven a través de la terraza, dejándolo gravemente herido.
–No seas ridículo –dijo Deimos –eres un humano como cualquier otro, no tienes poderes, ni magia, ni armadura, ni manejo del cosmos. No eres nada, es una ofensa para mí tener desperdiciar un átomo de mi cosmos en tomar tu miserable vida, es una ofensa pisar el mismo suelo que tú. Pero no puedo permitir que sigas merodeando por aquí.
Deimos se disponía a terminar con la vida de Evan de una vez, pero una poderosa onda de sonido lo atacó por la espalda, siendo detenida por su campo de energía. Se trataba de Musa, quien se había transformado para pelear contra Deimos tras enterarse de que todo lo que había presenciado anteriormente se trataba de una ilusión.
– ¡Eres un maldito bastardo! –Exclamó Musa llena de ira y con lágrimas en los ojos –puedo soportar que juegues con mis sentimientos de una forma tal cruel y despiadada, pero no voy a perdonar que te hayas atrevido a manchar la memoria de mi madre de una forma tan despreciable. No me importa si eres un dios, Deimos, no voy a dejar que alguien tan ruin y bajo como tú siga con vida.
Cegada por el odio, el hada atacó a Deimos con todas sus fuerzas y con todos los ataques que pudo, pero todos se regresaban en su contra.
–Qué ridículo –dijo Deimos con tono despectivo –los mortales se dejan guiar tanto por sus emociones que es tan sencillo manipular su mente. Es por su irracionalidad y exceso de emociones que yo puedo inducirles terror tan fácilmente y juego alimentarme de él.
– ¡Cállate! –Exclamó el hada – ¡SOUND WAVE!
Musa atacó a Deimos con una poderosa onda de sonido, pero el resultado fue el mismo, su ataque se regresó en su contra dejándola gravemente lastimada.
–Tus pobres intentos por hacerme daño me dan pena –dijo Deimos –lo más piadoso que puedo hacer por ti es quitarte la vida de una vez.
El dios lanzó una ráfaga de cosmo-energía contra Musa, pero Evan la retiró rápidamente del camino, esquivando el ataque de Deimos.
–Tal vez tengas razón, Deimos –dijo Evan, quien posteriormente se lanzó a atacar al dios –no tengo poderes y tal vez no soy rival para ti, pero no voy a permitir que le hagas daño a Musa, así tenga que dar mi vida para protegerla. No tengo una armadura, pero mi padre fue una vez un valeroso caballero de Athena, y él nunca dejaría morir a uno de sus amigos.
–Pero qué egoísta eres –dijo el dios –tu amiga tuvo la oportunidad de descansar de su miserable vida, pero le negaste ese derecho con tal de tenerla aquí contigo. Para ser un simple humano ya te has vuelto demasiado molesto, parece que me tendré que deshacer de ti primero ¡RANDOM HOLE!
En ese momento, en el cielo se abrió una especie de agujero negro, el cual succionaba todo a su paso, como si se tratara de una aspiradora. Poco a poco, Evan fue jalado hacia el agujero. El joven aspirante a caballero intentó resistirse, pero la fuerza del agujero era mayor. Al ver que su amigo era absorbido, Musa sujetó su mano, pero ahora ambos eran succionados por igual.
–Tienes que soltarme, Musa –dijo Evan –de lo contrario los dos moriremos.
–No voy a soltarte –respondió el hada –tú me has protegido a lo largo del laberinto, y me defendiste de Deimos, lo menos que puedo hacer por ti es ayudarte ahora.
–En verdad aprecio tus intenciones –respondió Evan –no podía esperar menos de ti, siempre has sido tan generosa y noble, pero tú tienes que vivir para vencer a Ares y vengarte de Deimos.
Evan le dio una patada a Musa para arrojarla lejos de ahí. Tras esto, el joven aspirante a caballero no fue capaz de soportar la presión ejercida por el agujero negro, por lo que fue absorbido por él. El agujero se cerró una vez que absorbió al joven.
– ¡Evan, noo! –Exclamó Musa con lágrimas en los ojos y llena de frustración –maldito seas, Deimos, ¿qué ocurrió con Evan, acaso… acaso está muerto?
–Honestamente ni siquiera yo sé eso –respondió el dios –verás, lo que mi ataque hace es transportar a la víctima a un lugar aleatorio del universo. La razón por la que hago esto es porque nada causa más terror que la incertidumbre, y porque creo que eso lo hace más interesante. Sin embargo, el 99% del universo es espacio vacío, y el 1% restante es en su mayoría estrellas, agujeros negros y planetas inhabitables, así que las probabilidades de que siga con vida son de una entre cien mil. Ha, puedes contar con que tu amigo ya esté muerto en este momento.
Llena de ira y frustración, el hada golpeó a Deimos con toda su fuerza, pero su puño fue detenido por la barrera de energía del dios.
–Ya te lo dije –repitió Deimos –no puedes tocar a una deidad.
–No tengo que tocarte para hacerte daño –respondió el hada – ¡BASS BOOM!
El hada colocó su mano en el suelo y empezó a emitir ondas que se propagaron por todo el lugar, como si se tratara de un terremoto, destruyendo todo a su paso. Sin embargo, el área en la que se encontraba Deimos continuaba intacta.
–Hahaha –rio el dios –tendrás que esforzarte más que eso.
Entonces, Musa usó su magia para derribar las columnas de la terraza sobre Deimos, pero estas se desintegraban antes de poder tocarlo.
–Entiéndelo, Musa –dijo –soy algo divino, ningún objeto terrenal puede siquiera tocarme, pero no voy a permitir que sigas destruyendo este sagrado santuario, ¡RANDOM HOLE!
Otro agujero negro volvió a abrirse, y esta vez comenzó a absorber a Musa. El hada alcanzó a sostenerse de una roca, pero esta también fue destruida por la presión, por lo que la chica fue arrastrada por la corriente hasta ser absorbida por el ataque de Deimos. Sin embargo, poco antes de que el orificio se cerrara, una cadena se dirigió hacia ella y se enredó en su muñeca, regresándola a la terraza. Se trataba de la cadena de Andrómeda siendo comandada por Shun, quien acababa de llegar al lugar junto con Flora.
–Musa ¿estás bien? –preguntó preocupada Flora.
–Flora, Shun ¿qué están haciendo ustedes aquí? –preguntó confundida Musa.
–Flora pudo comunicarse con las plantas del laberinto y nos está guiando hacia la salida, íbamos pasando por enfrente de este lugar cuando escuchamos tu voz y venimos a verte –respondió Shun –por cierto ¿qué sucedió con Evan, dónde está él?
Con lágrimas en los ojos, Musa les contó que Evan había muerto. Shun y Flora no podían creer que hubieran matado a uno de sus amigos y, llenos de tristeza e ira, se dispusieron a atacar a Deimos, pero fueron detenidos por Musa.
–No, esperen –dijo el hada de la música –ese no es un hombre ordinario, se trata de un dios, Deimos, dios del terror, y cualquier ataque que lancen contra él se les regresará en su contra.
–Dios del terror –murmuró consternado Shun – ¿qué clase de ser tan perverso es Deimos? Su sola presencia hace que se te enfríen los huesos y sientas una profunda angustia.
–Musa –dijo Flora –si este sujeto es tan peligroso como dices debemos encontrar la forma de distraerlo para poder salir de aquí antes de que nos mate.
–Váyanse ustedes si quieren –respondió Musa –yo no me iré de aquí hasta no haber acabado con mis propias manos con el hombre que mató a Evan, pisoteó mi mente y mis sentimientos, e insultó la memoria de mi madre. Lo que hay entre Deimos y yo es personal.
–No, Musa –respondió Shun –no podemos dejarte aquí sola con él. Tan solo mírate, apenas y tienes fuerza suficiente para moverte. Si tanto quieres enfrentar a Deimos lo haremos juntos, vengaremos la muerte de nuestro amigo.
–Ya veo que ustedes no tienen ningún respeto por lo divino –dijo Deimos –personalmente preferiría no manchar este santuario con su sucia sangre, pero no me dejan otra opción.
Deimos tomó su violín y empezó a tocar una música muy bella, pero a la vez bastante tenebrosa y siniestra que causaba una tortura psicológica en el caballero y las hadas.
– ¡ROLLING DEFENSE! –exclamó Shun, haciendo girar su cadena circular alrededor de las hadas y de sí mismo, intentando bloquear el sonido del violín.
–Ya deberías saber que no es tan sencillo escapar de un ataque sonoro, Andrómeda –dijo Deimos mientras seguía tocando el violín –las ondas sonoras emitidas por mi violín penetran directamente en sus cerebros, y pueden transmitirse incluso en ausencia de aire.
Tal y como dijo Deimos, la defensa de Shun no sirvió de nada y la cadena se debilitó y cayó al suelo. Los jóvenes no podían hacer más que retorcerse cubriéndose los oídos a causa de la tortura mental del violín de Deimos.
–Bien –dijo el dios –ya me he divertido suficiente con ustedes, este último acorde destruirá sus mentes y los hará perder la cordura, convirtiendo sus cuerpos en cascarones vacíos incapaces de pensar o sentir.
Deimos tocó el último acorde de su siniestra melodía, pero ningún sonido fue emitido. Sorprendido, el dios volvió a tocar su tonada, pero seguía sin emitir sonido alguno.
–Dices que no hay forma de bloquear tu ataque ¿no es así? –Dijo Musa –bien, entonces tendré que impedir que lo realices.
– ¿Qué demonios has hecho? –preguntó Deimos.
–Puedo generar ondas idénticas a las que emite tu violín, solo que en sentido contrario –respondió Musa –mis ondas colisionan con las tuyas y se aniquilan mutuamente. Flora, Shun, desháganse del violín antes de que el efecto termine.
–En seguida, Musa –dijo Shun – ¡NEBULA CHAIN!
La cadena de Shun se movió rápidamente contra de Deimos, pero se detuvo antes de poder tocarlo.
–No puede ser –exclamó Shun –la cadena ha dejado de atacar y se rinde. Esto ya ha sucedido antes, pero es diferente en esta ocasión, es como si… como si la cadena misma sintiera miedo de acercarse a Deimos, como si su simple presencia le aterrara.
–Tu cadena no siente miedo, Andrómeda, siente terror –dijo Deimos.
Con un movimiento de su mano, Deimos ordenó a la cadena que atacara a Shun.
–Shun –exclamó Flora – ¿estás bien? ¡FLOWERS OF THE WIND!
De los jardines que había en la terraza empezaron a salir múltiples enredaderas de gran tamaño que intentaron atacar al dios, pero al igual que la cadena de Andrómeda, se detuvieron antes de poder tocarlo.
– ¿En verdad eres tan ingenua que pretendes atacar a un dios usando el poder de la naturaleza, hada? –Dijo Deimos –te mostraré el verdadero control de la naturaleza.
Con tan solo su mirada, el dios hizo que las plantas que lo atacaban se marchitaran y se secaran hasta terminar deshaciéndose. Luego se dispuso a terminar con la vida de Flora lanzando un rayo de energía de un color rojo oscuro, pero Shun se interpuso en su camino e hizo rodar su cadena circular alrededor suyo y de Flora. Sin embargo, el ataque de Deimos pudo destruirla como si estuviera hecha de papel, y finalmente terminó hiriendo al hada y al santo, quienes terminaron en el suelo sin poder moverse.
–No puede ser –murmuró Shun –mi cadena circular nunca había sido dañada de una forma tan fácil.
–Tengo que aceptar que tu cadena es realmente fuerte, Andrómeda –dijo Deimos –de no ser por ella, tu amiga y tú serían polvo en este momento, es una pena para ustedes que su mejor defensa haya sido destruida.
El dios se disponía a atacar nuevamente, pero fue interrumpido por una poderosa onda de sonido que venía desde las alturas. Se trataba de Musa, quien había ido a ayudar a sus amigos.
–No te olvides de mí –dijo el hada.
–Por supuesto que no –respondió el dios, usando sus poderes psicokinéticos para inmovilizar a la chica –tú eres mi favorita, jamás podría olvidarme de ti.
Usando sus poderes mentales, el dios atrajo a Musa hasta donde él se encontraba y luego sujetó su cuello con su mano.
–Me encanta tu mirada, refleja una historia trágica –dijo Deimos –yo adoro las historias trágicas, es a quienes puedo infundir un mayor terror y alimentarme de él. Tu mente es tan frágil que no es fácil resistirse a romperla.
El dios continuó comprimiendo su mano hasta que el hada empezó a asfixiarse. Deimos estaba a punto de romper el cuello de la chica cerrando su puño, pero la cadena de Shun atacó nuevamente.
– ¡THUDER WAVE! –exclamó el caballero Andrómeda.
La cadena se movió en zigzag contra Deimos, pero nuevamente fue detenida por su poder. El dios arrojó a Musa bruscamente al suelo, como si se tratara de una muñeca de trapo, y luego se dirigió al santo.
–Veo que no te bastó quedarte sin tu defensa –dijo el hijo de Ares –al parecer también quieres perder tu ataque.
El dios colocó su dedo índice sobre la cadena cuadrada, la cual fue reducida a polvo tras el contacto.
–No… no puede ser –balbuceaba Andrómeda consternado –mis dos cadenas han... han sido destruidas.
Tras esto, Deimos emitió una violenta onda expansiva de cosmo-energía que hizo volar al caballero y a las dos hadas por todo el lugar hasta que finalmente sus cuerpos azotaron contra el suelo, dejándolos fuera de combate por varios minutos.
–No, no puedo perder –murmuró Musa, quien pudo levantarse lentamente después de unos minutos –no contra alguien con un alma tan podrida como la suya ¡ULTRA SOUND POWER!
–Tu fuerza de voluntad es sorprendente –dijo el dios –pero ese poder tan mediocre no va a servirte de nada contra mí.
Nuevamente, el ataque de Musa volvió a regresarse en su contra.
– ¡Musa, no! –Exclamó Flora – ¡WRAPPING IVY!
Varias enredaderas salieron del suelo para atacar a Deimos, pero todas se secaron apenas salían. Musa se levantó e intentó atacar nuevamente al dios, pero fue detenida por Shun.
–Espera, Musa –dijo el santo de Andrómeda –jamás lo derrotaremos atacándolo individualmente.
El caballero de Andrómeda se veía diferente de lo habitual, tenía un semblante relajado pero imponente, y su cosmo-energía se sentía muy tranquila pero también sumamente poderosa. Asimismo, su cuerpo empezó a irradiar una densa aura dorada y finalmente la armadura misma se tornó dorada también.
–Shun, tu armadura… –balbuceó Musa confundida.
–Mi armadura se volvió dorada gracias a la sangre de los caballeros dorados –respondió el santo de bronce –Flora, Musa, escuchen, nunca venceremos a Deimos si continuamos atacándolo individualmente, tenemos que unir nuestras fuerzas, solo así lograremos vencerlo.
Las hadas aceptaron y se elevaron al cielo reuniendo toda su energía para atacar.
– ¡SOUND WAVE! –exclamó Musa, concentrando toda su energía en su ataque.
– ¡FLORAL WHIRLPOOL! –exclamó Flora, lanzando una ráfaga de energía de color verde contra el dios.
– ¡NEBULA STORM! –exclamó el caballero de Athena, lanzando su mortal ráfaga de aire caliente.
Los tres ataques se combinaron y colisionaron violentamente contra la barrera invisible de energía. Sin embargo, para sorpresa del dios del terror, el ataque continuó presionando contra la pared de energía hasta que finalmente logró penetrarla y golpear a Deimos con toda su fuerza, causando una gran explosión.
Tras unos minutos, el polvo y el humo causados por la explosión empezaron a disiparse y los jóvenes se disponían a salir de aquel lugar, pero las hadas y el caballero alcanzaron a ver algo inusual entre las nubes de polvo. Se trataba de la silueta de un hombre, la cual se fue haciendo cada vez más clara conforme el polvo se dispersaba.
–No… no puede ser –exclamó consternada el hada de la música al descubrir a quien pertenecía la silueta.
Se trataba de Deimos, quien había resultado ileso a pesar de haber recibido directamente los tres ataques combinados y solo la túnica que lo cubría había resultado destruida, descubriendo su terrorífica armadura color rojo oscuro con detalles dorados, muy parecida a la de Phobos.
–No es posible –murmuró Andrómeda con una voz cortada y empezando a perder las esperanzas –la Tormenta Nebular que usé contra Deimos fue diez veces más poderosa que la que usé para vencer a Equus, ¿cómo es posible que siga con vida y sin siquiera un rasguño?
–Tengo que admitir que me impresiona que hayan penetrado mi barrera de energía –dijo el dios con un tono confiado –aunque honestamente esperaba algo mejor que esa suave brisa. Su poder es menos que nada, sin embargo, no voy a tolerar que mortales indignos como ustedes se sientan con el derecho de tocar a una deidad con sus energías impuras.
Deimos lanzó una esfera de cosmo-energía color rojo oscuro en contra de los jóvenes, dejándolos gravemente heridos en el suelo, dejando a Flora inconsciente y destruyendo toda la parte superior de la armadura de Andrómeda. Al notar que Shun y Musa seguían despiertos, el dios tocó un acorde de su violín, con lo que las cuerdas se prolongaron como si fueran cadenas y sujetaron al hada y al caballero a una de las columnas que quedaban de pie. Deimos se acercó a donde estaban, sujetó la cara de Musa entre sus manos y miró fijamente sus ojos.
–Veo que toda esa ira y odio que sentías han desaparecido –dijo el dios –en su lugar solo veo desesperanza y desolación, sabes que morirás y que no hay nada que puedas hacer al respecto. En cuanto a ti –dijo dirigiéndose a Shun –tus ojos me parecen muy peculiares, hay algo en ellos que no puedo pasar por alto, a decir verdad me parecen muy similares a los del otro sujeto que venía con ustedes, el que desapareció en el agujero negro. Pero al igual que el hada has abandonado toda esperanza de sobrevivir, así que ya no tiene caso conservarlos con vida, pues ya me he alimentado de todo el terror que podían sentir y cualquier otro daño que les cause saldría sobrando.
El dios apuntó a los jóvenes con una de las largas y afiladas púas del brazo de su armadura y se disponía a acabar con la vida de los dos de una sola vez. Sin embargo, cuando todo parecía perdido, una pequeña pluma metálica de color oscuro se clavó en el brazo de Deimos, distrayéndolo de matar a Musa y Shun. No solo se trataba de la pluma, pues esta venía acompañada de una inmensa y agresiva cosmo-emergía, la cual dejó sorprendido incuso a Deimos. El dios buscó con la mirada el origen de dicha cosmo-energía y se dio cuenta que, enfrente de lo que parecía una enorme ave de fuego, podía verse la silueta de un hombre avanzando imponentemente hacia él. Aquel hombre misterioso despertó la curiosidad del dios, mientras que Musa y Flora, quien acababa de despertar, sintieron un gran miedo pensando que se trataría de un nuevo enemigo. Sin embargo, Shun se llenó de esperanza al sentir esa presencia, como si se tratara de alguien conocido.
–He… hermano –alcanzó a murmurar el caballero Andrómeda con su débil voz.
Deimos, dios del terror: https:(/)(/)i.(imgur).com(/)RmINSqC. jpg
