La voz de mi Guardián.

By:

Aurora la maga

CAPÍTULO 9: DERROTADOS, EL FUEGO DE TU CUERPO...

Author's Notes:

Hola chicas, ¿cómo están? Aquí les traigo, después de un gran lapso de espera, el siguiente capítulo O.O Qué sí, quedó: angustioso, violento y muy fogoso. xD jajajaja, que cosas, bueno, hay un pequeño detalle en este capítulo― bueno, más bien son dos xD— Uno es el extraño actuar de Arcaditos y el otro es el extraño actuar de Mike O.O Ese niño sí que es un enigma xD En fin, espero que lo entiendan y les agrade mucho!

Saludos a Miranda, que bonito escribes mujer! Ahora bien, saluditos a todas las que dejan sus comentarios. Prometo seguir con esta y mis otras historias. Ah, por cierto, quiero hacer un One-shot xD, algo gracioso, espero lo puedan leer, se llama: "SECRETO A VOCES". Aún no lo termino pero espero sea de su agrado, y obvio, es un BENNODA n_n En fin, dismailer.!

LOS PERSONAJES QUE APARECEN EN ESTE ESCRITO SON REALES PERO ESO NO QUIERE DECIR QUE LO QUE SE ESCRIBA AQUÍ SEA CIERTO. Gracias por comprender n_nlol!

-9-

Unos días antes…

Luego de dividirse la última vez, Arcados, Jason y Gabriel llegaban por fin a un nuevo condado. Mientras transitaban la enorme carretera de tres carriles, Arcados observaba atentamente, pero disimulado, a su enemigo acompañante, el cual se mostraba muy preocupado puesto que desde hace mucho, exactamente una semana entera, no sabían nada de Mike y de Chester; ante esto y al notar el rostro contrariado de su posiblemente futuro amigo susurró el demonio—. Ellos estarán bien —alivió el demonio, concentrando su mirada ahora en el camino y agregando—. Los que debemos preocuparnos, somos nosotros —Gabriel, ante lo dicho, le observó confuso y con ojos rojos expresivos.

—¿A qué te refieres?

Arcados observó con atención hacia la oscuridad de la calzada, y entre esta oscura notó como dos de los autos que llevaban adelante se salían de la calle, frenando frenéticos y saliéndose de los carriles, esquivando y continuando la marcha como esquivando obstáculos. Arcados entonces susurró, elevando una mano y señalando al frente—. A que creo que por fin nos han encontrado —Jason reaccionó deprisa al notar a seis personas de pie en el camino, giró el volante frenando de un golpe y deslizándose en el pavimento. Cuando por fin el vehículo dejó de moverse, no se pudo ver nada más el humo de las llantas y la fricción que se había aplicado por tan intensa maniobra; dicho humo era iluminado por las luces de emergencia, el auto ahora se encontraba en medio de los dos carriles. El joven corazón de Jason se mostró asustado creyendo que había atropellado a aquel grupo, pero recordando las palabras de Arcados se dio cuenta que no tenía por qué preocuparse. Entonces, otra preocupación invadió su agitado corazón, observó hacia atrás rogando porque ningún auto viniera más, gracias a la hora no había mucho tráfico; sin embargo, el demonio susurró—. Me encargaré de que nadie se acerque…. —expresó mirando a los ojos negros del Shinoda, los cuales se tornaron en los del arcángel y luego observaron al grupo de demonios al frente—. Pero… —observó a su acompañante un poco sonriente y despreocupado—, esto nos atrasará un poco.

Jason dejó ver sus ojos rojos relucientes y retirando el cinturón de seguridad movió su mano a la manija de la puerta al tiempo que decía—. Ya es hora de quitar del camino los estorbos —salió del vehículo siendo acompañado por el de cabellos negros, ambos miraron al frente, los 6 les miraban con ojos siniestros. La noche era tremendamente negra, lo único que iluminaba a los que ahí estaban eran las luces de los faroles en el auto y las tintineantes de emergencia. Una brisa fría se coló entre los ahí presentes y un sentimiento extremadamente violento se percibió en el acto.

Las luces iluminaron más a los seis que ya se movían despacio comenzando a rodear al demonio y al arcángel; mientras lo hacían, uno de ellos susurró a doble voz—. Debería… llevarte con vida a la presencia de nuestro maestro… —expresó con voz tétrica y siniestra, tornando sus ojos platas—. Pero no estoy de humor para hacerlo —Los seis se miraron e iniciaron el ataque con prisa, el primero fue Salem, quien gritó con enérgica voz.

—Yo tendré el honor de asesinarte, TRAIDOR —Su rostro se parecía al de una persona realmente poseída: su cara era pálida, sus ojos rayaban lo gris, unas venas moradas que cubrían los costados de su rostro se marcaron e incluso unos incisivos salían de su boca morácea. Arcados se defendió al ver venir su ataque, con facilidad lo sujetó del cabello y de uno de sus brazos para arrojarlo a una de las divisiones de metal. Salem cayó de lleno, doblando y rompiendo la base de cemento que esta tenía; Arcados, por otro lado, miraba al grupo con sumo enfado y susurraba:

—¿Acaso, ya se les olvido quien soy yo? —Mientras cuestionaba aquello, su voz se tornó doble y grave, como si cien mil almas hubieran estado atrapadas en su interior—. Si ya se les olvido, déjenme recordárselos —El pelinegro mostró unas facciones monstruosas, dejando ver su verdadera forma. Gabriel, al notar aquello, expresó por lo bajo:

—Este imbécil, piensa quedarse con toda la diversión —miró a sus oponentes y llevando una mano a su rostro hizo la señal de la cruz, dejando ver sus alas enormes e imponentes; ambos se lanzaron a la lucha ante seis de los más poderosos demonios: los seis pecados capitales.


No muy lejos de ahí…

Se encontraban en una de las carreteras más transitadas, pero por más que querían moverse hacia el lugar de destino no podían puesto que el tráfico era tremendo, incluso los hombros de emergencia de la carretera estaban llenos de autos. Amy y los otros estaban atascados en ese embotellamiento—. Les dije que nos habíamos perdido —susurró Tom, mirando por la ventana, hacia el frente, una hilera de autos.

—Claro que no nos hemos perdido —susurró Lauri, mirando al sacerdote—. ¿Verdad?

—Así es, los 6 capitales y la séptima voz se encuentran en esa dirección, la desviación fue necesaria, él nos está llamando con su poder —expresó el de la sotana.

—Sí, pero… ¿CÓMO RAYOS SALDREMOS DE ESTE MALDITO TRÁFICO? —gruñó Zombie, mirando con rabia a sus acompañantes y moviéndose incómodo.

—¡AUCH, OYE! —gritó Bill, con rostro de pocos amigos—. Esta es una Band, quiere decir que esta apretado, maldición.

—Jah, Billy hablando fuerte, WOW.

—Ya me harté —expresó la Lee saliendo del trasporte.

—¡ESPERA, AMY! —gritó Lauri saliendo de inmediato del vehículo. Amy corría en dirección del sur, mientras lo hacía, sentía un extraño olor a azufre y parecía tambalearse. Al instante en que aquello sucedió, su guardián apareció desde dentro de su pecho, causando que la cantante cayera al piso de rodillas y mirara confusa a su guerrero, quien miró a todos lados y susurró:

—Esto no me agrada…. Se trata de un escudo demoniaco.

—¿De qué estás hablando… Gaia…? —cuestionó la mujer con dificultad para respirar, enseguida, a su lado llegó Lauri y el sacerdote seguidos de los gemelos y su otro compañero de lucha.

—Amy… no debes arriesgarte así —susurró el de ojos verdes—. Es lógico que esto no es normal, mira dentro de los autos —La de cabellera larga y ondulada observo con atención, agrandando la mirada—. Todos parecen dormir o quizás ya fallecieron.

—Se llama velo de media noche —expresó Caín al lado de su, por decirlo así, amo terrenal.

—Lo siento, me desesperé —musitó avergonzada—. Debí escucharte, Gaia —susurró haciendo una reverencia frente a su guardián.

—Ahgs, que olor más horrible —señaló Bill, cubriéndose la nariz.

—No se preocupen más por eso —expresó tranquilo el sacerdote—. Lauri, creo que necesitaremos de ti y de tu guerrero para que limpien nuestro camino.

—A la orden —expresó mirando a Caín, quien asintió y elevó sus dos alas negras como la noche, las agitó de manera magistral y pronto el camino se abrió listo para proseguir. Con prisa corrieron entre los autos puesto que ya estaban muy cerca de ambos.


En el lugar de la batalla; se juntaron espalda con espalda, ambos parecían estar muy cansados y aquello comenzó a molestar al arcángel ya que al único que no le afectaban los ataques que esos seis sujetos propinaban era a Arcados, quien, sin medida, se burló diciendo—. ¿Qué sucede angelito…. ¿Estas cansándote?

El de alas enormes se separó para atacar a tres de los enemigos, blandiendo su espada dorada y fallando en el acto, mientras caía al piso siendo golpeado por Iris y por Emer, los cuales rieron al mismo tiempo que dejaron ir humo negro en el rostro del Arcangel, quien comenzó a toser con fuerza, no era él, el afectado se trataba de su cuerpo terrenal.

Tocía desmedidamente caminando hacia atrás y cubriendo su rostro, diciendo con dificultad—. A…zufre —Aquello fue dicho por Jason— . "Resiste un poco" —le dijo Gabriel por dentro, pero…

Arcados enseguida notó como Ángel y humano estaban siendo afectados y deteniéndose por completo miró al piso, su corazón palpito afligido al notar un símbolo bajo los pies de su acompañante. Intentó ir con ambos y ayudarles pero, para su desgracia, Christopher le golpeaba con suma fuerza en pleno rostro arrojándolo a una endonada de árboles, rompiendo varios a su paso al mismo tiempo que gritaba—. ¡NO TE DISTRAIGAS, ARCADOS! —se lanzó al ataque de nuevo.

Mientras que Jason y Gabriel ya se reponían del reciente ataque, estaban listos para atacar de nuevo, elevaron su rostro mirando al frente, pero algo les pareció verdaderamente extraño: Iris, Salem y Emer se encontraban rodeándolos, con las manos juntas y en diferentes posturas. Gabriel enseguida se mosqueó y gritó internamente— . "Jason, muévete de aquí, corre" —No pudieron moverse más, un poder superior a ellos los atrajo al piso, cayendo con suma prisa y pesadez a este.

—Ahhg —se quejó con fuerza Jason, combinado con Gabriel.

Entre los árboles, Arcados era abatido por Christopher quien reía desmedido mientras que Guz también le atacaba. Él que observaba todo a una distancia preferencial era Luthen, buscaba el momento apropiado para entrar en escenario y ese momento llegó cuando, por fin, dejaron al arcángel inmovilizado y boca abajo. Luthen, entonces, se acercaba muy despacio al sufriente pelinegro. Sus pasos se hicieron lentos y largos hasta que por fin se posó al lado de su cuerpo y enseguida susurró—. La magia celta…. siempre les ha afectado. ¿No es verdad, Gabriel? —El mencionado apenas y podía mostrarse; Lutehn, entonces, extendió su mano y dejando ver unas cadenas negras y brillantes que salían de entre las mangas de su ropa, susurró—. Vamos a separarte de tu médium y luego podremos jugar con él… —sonrió ampliamente—. Después de todo… es un Shinoda —Aquellas cadenas, entonces, se enroscaron en su cuello, abdomen, piernas y brazos, causando un dolor intenso en un Jason que apenas y pudo gritar puesto que el aliento se le escapaba en el apretar de aquellas cadenas, las cuales lo elevaron como si estuviera colgando esperando su muerte agónica. Se presentó desde el sello en el piso dos cruces celtas, en una encadenaron a Jason y en la otra pensaban atar al arcángel, quien, tomando fuerzas de su adolorida alma, gritó:

—¡Malditos… dejen que salga de esto y los haré… pagar!

—Con calma Gabriel… se supone que los más cercanos a Dios no deberían maldecir, está en las leyes sagradas ¿o es que ya se te olvidó? —pronunció Iris con sensualidad, sin mover sus manos—. Pronto te separaremos de tu médium.

—¡Ahhg —se quejó al intentar escapar de las cadenas pero estas presionaron más la carne—. ¡Ahhhh!

—Oye, no quieras moverte de esa forma o el cuerpo de tu médium no aguantará… expresó Luthen, acercándose ágilmente a ellos y acariciando la mejilla sangrienta de Jason—. Y sería una pena, porque quiero jugar con él —abrió su boca de la cual apareció una lengua larga y puntiaguda, goteante y lijosa, que acarició aquel hilo rojo de sangre con lujuria.

Arcados, por otro extremo, no podía quitarse de encima a Guz, quien lo sostenía en un agarre que le hizo romper varias de sus costillas. El peli negro sudaba, incluso su transformación desapareció— . "Maldición…" —pensó con enfado— . "Gabriel, Jason" —pensó, a lo que Guz agrandó la mirada y sonrió divertido.

—Je, je, je. Oye, Christopher… creo que este sujeto está muriendo.

—Es un debilucho… y se hace llamar el primogénito del señor Luzbel —sonrió más—. Que imbéciles salieron… no cabe duda, el nuevo anticristo será mucho más fuerte que los dos errores de hijos —expresó sin si quiera atenuar su voz diabólica.

Mientras tanto, Jason era torturado por aquellas cadenas y, en un momento pequeño de tranquilidad, apenas pudo pronunciar—. Lo… siento, Gabriel, pero… no creo poder resistir más.

— "Has esforzado todo tu ser" —le dijo por dentro.

Jason agachó su rostro despacio y susurró con enormes lágrimas en sus ojos—. Lo siento… creo que no podré salir vivo de esta, te fallé. Por favor, cuida de mi hermano, te lo ruego, GABRIEL.

Arcados, ante aquello dicho, se enfureció tanto que dejó ir un golpe en la cabeza de Guz; rápidamente liberó su espada negra y sin mencionar palabra cortó sus brazos con suma fuerza—. ¡ÁRCANGEL, JASON, NI SE LES OCURRA MORIR, BASTARDOS! —gritó con enfado y fuerza, siendo abatido por un Christopher que lo sujetó por detrás y colocando un espada en su pecho la clavo, diciendo:

—Tranquilízate, no quiero matarte antes de que tu amigo el ángel pierda su cuerpo terrenal —sonrió mientras Guz recogía sus miembros y los cosía de nuevo.

-—Fíjate bien —susurró él, codicioso, relamiendo la oreja del demonio.

Enseguida, Arcados notó como Luthen llevaba una mano al pecho del cuerpo de Jason y la sometía para sacar la espada que pertencia a Gabriel, la bladió un poco y susurró—. Este será tu último momento en la tierra, Arcángel del anunciamiento… —Con una pose elegante, colocó la punta de dicha espada en el centro de su pecho, justo en el corazón de Jason, quien no pudo mover ni un solo dedo, solo pestañó un poco y dejó salir su último respiro. Luthen fue metiendo entonces el arma y, mientras lo hacía, un grito enorme salió de los labios de Jason; pronto, en la otra cruz celta, ya se mostraba la verdadera forma del Arcángel. Arcados, quien escupía sangre, agrandó la mirada al ver a este en su plena forma, fue entonces que gritó:

—¡GABRIEL! —sin importarle que, se apartó de su atacante y con infructuosos movimientos logró llegar al círculo pero fue atrapado por Guz, quien lo contraminó al piso y gritó:

—¡Tú, no te muevas! ¡SIGUE, LUTHEN, AÚN TE FALTA UN POCO MÁS, SACA A ESE BASTARDO YA DE AHÍ….! —Había gritado aquello, el capital de la Gula, pero en cuanto él decía aquello, unas plumas negras se clavaban en su cabeza y se prendían en llamas que comenzaron a quemar toda su piel y cuerpo. Aquel comenzó a gritar en dolor, todos los capitales se miraron unos a otros, cuando de pronto…

Unas alas plateadas se estiraron en el centro de aquel círculo, haciendo que una luz poderosa cegara a todos los ahí presentes, causando que Iris y los que tenían activados el círculo céltico se desconcentraran, y con eso, permitiendo que se rompiera el hechizo. Con esto, Bill y Yamiel se apuraron a cortar las cadenas con las alas de plata de su guardián, Jason cayó a sus brazos y lo sujetó con fuerza, siendo ayudado por Tom lo llevaron hacia el sacerdote quien se agachó y susurró:

—El chico está mal herido… —elevó su rostro y observó a Gabriel en aquella cruz—. Pero, la séptima voz está en problemas.

—Dime que hacer —expresó Lauri.

—Yo te guiaré —susurró Caín. Lauri, en seguida, se apuró a llegar a la cruz en donde se encontró Arcados, se miraron uno al otro y Caín pronto gritó:

—¡Es el demonio, sangre podrida de Satán! —se puso en guardia, a punto de atacar cuando Lauri le detuvo.

—Espera, Caín —El aludido se detuvo confuso—. No lo lastimes.

—¿DE QUÉ HABLAS, ES EL PRIMER HIJO DE LUZBEL?

Arcados tragó grueso—. Sí, eso es verdad, lo entiendo pero… él no es nuestro enemigo, ¿o sí?

—Jamás.

—Entonces, ayúdame —expresó para acercarse a la cruz, en la cual Bill susurraba.

—Ya intentamos de todo para cortar las cadenas pero no se puede.

—Será difícil… más con estos imbéciles atacando —expresó Caín elevando su mano y lanzando miles de sus alas a los capitales. Amy y Tom, por otro lado, cuidaban de Jason.

—Se ve muy mal —expresó el de las rastas—. ¿Se salvará?

—Nadie va a morir en mi presencia —La mujer cerró con calma los ojos y entonces pensó con tranquilidad—. Gaia… por favor, ayúdame.

— "Tú sabes que hacer" —respondió su guardián, dándole la luz a la Lee, la cual comenzó a entonar con suavidad una canción. Un suave respirar se presentó en el Shinoda, tanto así que su alma comenzaba desprenderse de su cuerpo, pero la suave voz de Amy lo hizo volver al camino. Se encontraba en un lugar oscuro en donde solo había dolor y tristeza, pero a su frente, una enorme puerta con decoraciones de enredaderas y rosas se presentó. Jason, en aquella ilusión del más allá, tocó la puerta y esta se abrió rechinando, miró hacia adentro con temor, logrando ver la figura de una mujer vestida totalmente de blanco, con vestidos que caían suaves como un velo; escuchaba aquella dulce voz llamarle y hacerlo salir de aquel lugar tan oscuro y doloroso pero que pronto se tornó tranquilo y aliviante.

Abría despacio los ojos, sentía dolor pero era lejano, miraba entonces, con ojos borrosos, a los que le rodeaban. Notó el rostro fino y tranquilo de Tom, el de Amy y el del sacerdote—. ¿Qué… ocurrió? —susurró.

—Jason —llamó la Lee, sonriendo—.Eres fuerte.

—¿Esa voz…? ¿Tú eras quien me llamaba?

—Y yo soy Tom —expresó inquieto el de las rastas.

Jason sonrió de medio lado—. A ti no te recuerdo —Tom juntó sus cejas—, pero gracias —agregó el Shinoda, incorporándose despacio y sintiendo un vacío en su pecho, notando como aún la pelea continuaba y susurraba mirando a la cruz—. Gabriel… —se intentó poner de pie pero el sacerdote le detuvo diciendo:

—Aún está débil.

—No puedo dejar que muera… —respondió sin reparos, Jason, buscando algo con la mirada—. ¿En dónde está?

—¿Qué cosa, hijo?

—La espada… la espada sagrada —respondió, todos entonces miraron a Lutehn, quien la tenía en sus manos y con la cual se abatía a golpes filosos con dos de los guardianes: Caín y Yamiel, mientras que Rob y Benethor se las arreglaban con cuatro de los capitales—. Hay que quitarle la espada… —susurró poniéndose de pie costosamente.

—De eso me encargo yo —susurró Amy, decidida.

—¡Rayos!, ¿por qué demonios no voy yo? —pronunció Tom siendo parado por el sacerdote.

—Tu momento llegará, no te sofoques —Ambos observaban entonces como la lucha para quitarle la espada se llevó a un nivel increíble hasta que, finalmente, el momento llegó. Los seis capitales no podían creer como los que se encontraban en aquel lugar, que eran exactamente seis, los ponían a margen; su molestia se mostraba en el rostro de cada uno, sus muecas se hicieron enormemente diabólicas ante lo que, posiblemente, era su primera derrota.

—¡Esto no puede ser, EMER! —gritaba Ira con suma rabia—. ¡Unos bastardos están barriendo el piso con nosotros! —gritó más.

—Luthem, tu tenías todas las de ganar, ¿por qué les entregaste la espada? —reclamaba Christopher enfadado.

—Esos malditos son fuertes, y esa mujer… —gruñó furioso—. ¡ME LAS VA A PAGAR! —expresó por lo alto, forzando su voz al doble de lo que daba. En tanto ellos se lamentaban, los últimos esfuerzos de Lauri, de Amy y sus guerreros hicieron desaparecer a los seis demonios de manera inmediata mientras que Gabriel era por fin liberado de las cadenas gracias al demonio de cabellos negros, quien cayó a su lado y lo sujetó en brazos. El arcángel, entonces, apenas entreabrió los ojos y notó su rostro, intentó apartarse de sus brazos pero su fuerza aún se encontraba por los suelos, aquel ataque fue tan tremendo que hasta parpadear le dolía.

—Ángel tonto —susurró por lo bajo Arcados.

—Ca-cállate, infeliz.

—¿Así que esta es tu verdadera forma? —sonrió coqueto—. No está mal.

—Y la tuya es… es horrible —respondió furioso el de ojos azules y cabellos castaños como el puro chocolate.

La cercanía les duro poco, Lauri les apartaba apresurado y gritaba—. Aprisa, antes de que el vínculo se rompa —llevaron a Jason a su lado, Rob lo depositó a su costado izquierdo y el arcángel elevó una mano para colocarla en su mejilla y decir herido:

—Estás así por mi culpa.

—El cuerpo nada más —respondió el Shinoda, tragando grueso y adolorido—. Lamento ser tan débil.

—No lo eres —expresó orgulloso Gabriel.

—Entonces, hay que volver a ser uno.

—Sí —miró a quien tenía su arma: la única mujer en el grupo—. Por favor… mi espada —La peli negra le ofreció el arma y este la tomó, entregando la punta a Jason y él sujetando el mango, suspiró hondo y susurró—. Sabes que hacer —Jason asintió, cerró los ojos y posó está en su pecho de nuevo a cuenta; Gabriel dio una última mirada al demonio, quien cabizbajo observó todo, una vez más, el alma del Arcángel se unía al cuerpo de un Jason quien caía desmayado.

—¡Oye! —gritó Lauri angustiado, en cuanto al sacerdote…

—Es un vínculo de sacrificio… no se romperá hasta que uno de ellos muera —susurró agachándose y sujetando al Shinoda—. Es un alivio que aún estén con vida ya que si su médium muere: el vínculo se rompería y Gabriel dejaría este mundo…

—Él no puede irse —gritó Arcados, haciéndose notar entre ellos. Todos le observaron, Bill fue el primero en apurarse a atacarle, Yamiel ya colocaba una de sus filosas alas en su garganta y susurraba:

—Dime, qué clase de demonio eres, mal nacido.

—Yo no soy ninguno que tu conozcas, yo soy el hijo del innombrable, yo soy todos —Los guardianes se sobresaltaron y se pusieron en total guardia.

—¡ES EL PRIMERO, HAY QUE MATARLO AHORA!

—Un momento —replicó Amy —Detengan sus emociones primero, hay muchas preguntas que quiero hacer, como por ejemplo: ¿Qué haces tú con Gabriel y su médium?

—No tengo por qué responderles, no está en mis venas demoníacas pero, por el pequeño y grisáceo corazón humano que me palpita, les responderé; yo he traicionado a mi padre y ahora lucharé al lado de ustedes.

—¡Miente! —gritó Benethor.

—¡HAY QUE ARRANCARLE LA CABEZA! —expresó realmente molesto Caín.

—No podrá convencernos —expresó serio Yamiel.

Mientras, Gaia observaba con neutralidad todo tras de Amy; la mujer se giró y cuestionó a su guardián—. ¿Y tú por que no dices nada?

—Por qué no se me ha cuestionado —expresó con calma.

—Gaia, tú tienes la habilidad de ver en el corazón de los demás, dime, ¿Qué es lo que ves en él? —El aclamado se acercó despacio a Arcados, a quien sujetó de los hombros y, sin poder este hacer algo, analizó sus ojos, sometiéndose en la oscuridad de aquellos ojos negros. Mientras se indagaba en aquel mundo lleno de caos en el interior de Arcados, pudo ver muchos sucesos: desde su nacimiento hasta el día presente. Pronto se apartó de él mirándole impresionado; expresión que cambio al ver a sus compañeros y susurró entonces.

—Ya no hay tiempo que perder, debemos ir por Michaels antes de que los capitales o Rafael lo encuentren —Ante aquello dicho, todos se sobresaltaron y siguieron a su compañero, quien había caminado con su bella y hermosa cantante.

—¿De qué hablas, RAFAEL?

—Dinos que viste.

—Él está de nuestro lado y me ha dicho sus verdaderas intenciones, él quizás no dijo nada pero lo leí en su corazón, ahora… —miró a Arcados—, camina, solo tú nos puedes ayudar a encontrar a Mike —expresó para perderse de regreso. Arcados fue observado con entera desconfianza pero esto le importó poco, lo único que quería era estar cerca de Gabriel y evitar el despertar del nuevo anticristo. Elevó su rostro y susurró para si, ya estando solo.

—Guardián, solo espero que logres lo que te encomendamos… —se apuró a seguir al grupo extraño, quienes se llevaron a Jason en brazos mientras él iba por el auto en el que ambos se habían movilizado anteriormente.


El día reaparecía, una nube gris no se movió del cielo, todo parecía gris, la tierra estaba húmeda por la anterior tormenta y los carros transitaban aun elevando una estela de agua en la húmeda carretera. Frente al hotel de paso, un deportivo se estacionaba y de este reaparecía Chester Bennington, traía puesta la sudadera de Mike, cubriendo con su gorro su cabeza y unos lentes de sol negro que lo hicieron pasar desapercibido. Traía varias bolsas: unas plásticas y unas de papel, subió las gradas que le llevaban a su habitación, miró a todos lados antes de abrir la puerta e introducirse lentamente. Notando la penumbra de la habitación y rebuscando con sus ojos, que dejó ver tras quitarse las gafas y depositarlas en la mesita de la entrada al igual que las llaves del deportivo para, paso seguido, ir a uno de los muebles y depositar las bolsas que traía, de las cuales sacó una más pequeña y se introdujo al sanitario. Se miró al espejo, se hizo la capucha hacia atrás y observó sus cabellos rubios, los cuales acarició un poco, desesperado, para después susurrar—. A partir de ahora, creo que tendremos que pasar desapercibidos… —sujetó la bolsa y de esta sacó un tubo el cual derramó con gracia en su cabello, haciendo que todo este se pintara al instante de color negro; después de varios minutos ya estaba en la ducha, el agua caliente golpeaba su cuerpo y mientras lo hacía acariciaba todo el contorno de sus brazos, en donde residían sus tatuajes de llamas. Paso entonces, de acariciar uno de sus brazos, a acariciar su hombro y parte de su espalda, en donde sintió aún el dolor latiente de su nuevo tatuaje; agachó su cabeza y sintió otro chorro acariciar su oreja, solo podía escuchar la voz de Mike en sus recuerdos, se estremeció de solo recordar esa voz jadeante en su oído. Casi enloqueció al hacer memoria de su cálido interior y de lo que una noche antes habían hecho juntos—. Dios, Mike… —susurró para sí percibiendo que el calor de su cuerpo y de la ducha lo estaban invitando a excitarse, sonrió de medio lado y con voz suave susurró—. Soy un maldito pervertido —apagó la ducha y salió para buscar una toalla. Limpió con su mano el espejo del baño y se miró, ahora tenía los cabellos negros y alborotados, tal y como conoció a Mike hace mucho, se colocó los bóxer y los pantalones para salir despacio y admirar la cama en donde aún dormía plácidamente su Shinoda; se encontraba boca abajo, con la sábana a mitad de su espalda y aquellos cabellos lisos desordenados y extremadamente sensuales. Chester no pudo evitar el someterse con calma y lentitud, pero sobre todo sensualidad, a la cama para besar su hombro y de paso su mejilla, dio unos besos más y luego paso a sus carnosos labios, en donde aquel contacto hizo que Mike comenzara a despertar, entonces el Bennington susurró en su oreja—. Despierta… dormilón.

Abrió de a pocos los ojos con rasgos asiáticos y de manera cuidadosa se posó de costado en la cama, siendo apresado por Chester quien le miraba con entera ilusión. Llevó una mano a su rostro y la acarició un poco, arrugando sus cejas y notando el cambio en el look de su amigo y ahora amante, sin más reparo susurró—. Hola… ¿Chaz? —se extrañó por aquel cambio, intentó incorporarse pero todo, absolutamente todo, le dolía—. Ahg.

—Tranquilo… —susurró Chaz—. No hagas movimientos bruscos.

—Es…esto es humillante, lo sabes —expresó con una mueca de dolor. Chaz le robó un beso que dejo al Shinoda sonrojado y completamente descolocado.

—Con eso se te quitará —susurró coqueto.

—Humgr, no juegas limpio —expresó con calma para ahora si hacer lo impensable, se acomodó en la cama siendo ayudado por su pelinegro amigo, un poco mareado se ubicó en la habitación—. ¿Aún estamos en el hotel?

—Sí…

—Cielos… —susurró, aún con mareos y cerrando los ojos con fuerza llevó una mano a su sien —. Me siento como si me hubiese pasado un tren por encima o como cuando fuimos a Texas al festival de rock.

—Te estás acercando, sí, así se siente —sonrió.

—Sí… —sonrió un poco, Mike, para luego cambiar a un rostro asustado—. ¡Festival de Rock!, ¡CHAZ, LOS CHICOS, EL NUEVO DISCO…! ¡CARAJO, SE ME OLVIDO!

—Oye, Mike… —le llamó el Bennington con calma—. Ahora no puedes preocuparte por nada más que tú; ayer hablé con Rob, le dije que tú y yo necesitábamos un descanso y, con respecto a la disquera, les dije que no podías presentar el disco hasta nuevo aviso….

—¿PERO, DE QUÉ DEMONIOS VAS? ¿POR QUÉ NO ME DIJISTE NADA? ¿POR QUÉ DIJISTE ESO, CHAZ?

—Porque en este momento no podemos vivir una vida normal Mike —respondió serio—. ¿Acaso ya lo olvidaste? —cuestionó con ojos preocupados.

—Demonios… porque siento que todo esto sigue siendo un mal sueño —expresó con enfado.

Chester, al ver la mala actitud de Mike, cambió su mirada preocupada a una seria, sin decir nada se levantó de la cama y fue hacia las bolsas de donde sacó unas de Mcdonals. Mike observaba todo en silencio, notó como el de los tatuajes le ofrecía y decía—. Toma, fui a comprar Waffles, huevos revueltos y papas, sé que te gustan… —Dicho eso se apartó de él y fue al sofá de nuevo para sacar algunas ropas; Mike miraba el plato desechable con culpabilidad, llegó a entender que a veces él se comportaba muy frio con él, fue entonces que susurró:

—Perdóname, creo que dije algo que no debía —Chaz detuvo todo movimiento y se dedicó a escuchar—. Realmente soy un tonto… —dijó cabizbajo—. Tú siempre has querido protegerme y yo me he comportado como un idiota —elevó su rostro y expresó—. Lamento haberte obligado a entrar a la banda, siento mucho haberte obligado a cantar en ese concierto el día en que estabas con faringitis, perdóname por no haberte detenido el día que te rompiste la muñeca. Perdóname por no saber entender tus sentimientos y por obligarte a tener sexo conmigo —Chaz se giró despacio, mirándole con seriedad—. Perdón por todo eso y por lo que dije ahora… lo siento, Chester —El mencionado se acercó despacio a él y, sujetando el plato para colocarlo en la mesita de noche, sujetó sus manos y respondió:

—Yo solo quiero cuidarte, amarte y protegerte… —le miró más preocupado—. Mike, quiero que entiendas que no podemos incluir a Brad y a los otros en esta guerra, ellos podrían morir… cuando esto termine podrás hacer lo que tú quieras; si quieres podemos lanzar tres discos, yo los cantaré contigo, pero por ahora, por favor, quiero que pienses en ti.

—Y en ti —susurró cabizbajo.

Chaz sujetó su mentón y lo elevó con calma para susurrar—. Tontito, tú eres el que más importa ahora —le besó—, porque, si no lo recuerdas, ayer… —se sonrojó—. Tú y yo, nos entregamos… y am… —No sabía cómo decirlo sin tartamudear—. Y si… y si todo salió bien, es probable que estés en estado.

Mike agrandó sus ojos y llevó una mano a su sien, acariciando con entero dolor de cabeza—. ¡Santo cielo!

—Así que por eso no podemos salir a los medios; sería gracioso si alguien te ve por ahí con un vientre de seis meses… Creo que a Hahn le daría un ataque y a Rob histeria, Phoenix se internaría en un hospital mental y a Brad… creo que le darían ganas de bañarse todos los días —sonrió.

—JA, JA, JA, JA —sonreía tranquilo.

—¿Te lo imaginas?

—Sería tráumate, lo sé, incluso para mí lo es ahora —suspiró—. No sé cómo voy a pasar esa prueba.

—No digas eso, no vas a pasarlo solo.

—Lo siento —se puso triste—, solo digo puras tonterías.

—Es que así eres tú, eres serio, un rapero frígido, pero, creo que a partir de hoy vas a ver las cosas con más sentido —Mike sonrió.

—Y yo creí que tú eras el despreocupado —expresó sonriente—, pero ya me di cuenta que siempre he sido yo el menos maduro —miró al frente y suspiro diciendo—. Solo espero que todo salga bien… —sentenció.

—Así va a ser —Chaz se puso de pie y fue en dirección del sofá de dónde sacó unos pantalones amplios y con bolsas a los lados, unas camisetas y una que otra gorra y sudaderas—.Ten —susurró mientras Mike probaba la comida que le había traído Chaz, con calma tomó la camiseta y notó los estampados, no estaban tan mal. Chaz entendía por completo su estilo, pero pensando mejor las cosas decidió que ya era hora de cambiar.

—No, quiero esa —dijo, señalando una camisa de botones, manga tres cuartos y a cuadros negros con azul; Chaz se sobresaltó y susurró:

—Am, pero… ¿Estás seguro?

—Sí —susurró, poniéndose de pie con la sábana en su cintura, al mismo tiempo que traía consigo los pantalones amplios y le quitaba la camisa a Chaz de las manos para pronto ir al sanitario—. Voy a ducharme, no seas un pervertido y no espíes, ok.

—Ah… ok —expresó el Bennington con calma, mirando la cama con las camisetas se cruzó de brazos y cuestionó—. ¿Y, ahora, qué hago con esta ropa de pandillero? —Algo le dijo que sería una buena idea conservarla, se armó de maletas y aprovechando que Mike estaba en el baño bajó a dejarlas en el auto; en cuanto arreglaba los últimos detalles en la habitación, escuchó decir de Mike.

—Chaz, ¿Pero, a dónde rayos fuiste a comprar estos pantalones? —El cuestionado notó salir a Mike del baño con solo sus nuevos pantalones como prenda, su delgado cuerpo apenas y los sostenía—. ¿Desde cuándo uso talla 40?

Chaz sonrió—. Para eso es el cinturón —rió.

—Qué, ¿acaso no habían de mi talla? Soy 32.

—Sí, pero… —llegó a él y lo abrazó para besar su cuello y susurrar—. Tú ya sabes porque los compre así —Mike se sonrojó y susurró:

—Ya, ni lo menciones, entiendo perfectamente pero no me los voy a poner hasta que sea necesario —expresó ardido, tomando sus viejos pantalones del piso.

—Como quieras, ¿puedo entrar a ver cómo te cambias de ropa?

—Ni se te ocurra.

—PERO, MIKE.

—No, aún no me repongo, todavía me duele mucho.

—Por eso te dije que tenía que ensancharte primero…

—¡Yahhh, no hables tonterías! —se sonrojó de inmediato, mientras, Chaz se le pegaba más a su cuerpo y decía con fogosidad.

—Quiero hacerlo de nuevo —Mike tragó grueso, intentó apartarle pero el beso que le dedicó en el cuello y la pequeña mordida en su lóbulo lo hizo cerrar sus ojos y gemir por lo bajo.

—Chaz… espera… no hagas eso.

—Por favor, quiero escuchar tu voz decir mi nombre… quiero sentir tu interior, por favor… —le robó los labios y los besaba con sensualidad, haciendo que Mike sintiera ese fuego que hacía endurecer su hombría; jadeó un poco al percibir como las manos de Chaz jugaban ahora con su espalda sometiendo su mano por entre su ropa interior y sus pantalones, buscando aquella entrada que tanto deseaba.

—Ches-Chester, espera… uummg —sintió como la entrepierna del mencionado se encontraba con la suya y se frotaban—. Oh, Dios… —tragó gruesamente, lleno de excitación. Arrugó las cejas y enseguida percibió como era llevado a la cama—. Te odio…

—¿Por qué? —cuestionó coqueto el de los tatuajes.

—Porque haces que mi cuerpo tiemble y me excite, maldición…

—Eso me alegra… —susurró abriendo su bragueta y entrando en calor de nuevo. Se besaban con desesperación en la cama, la lujuria los invitó a perderse entre sus bocas con jadeos y gemidos. Ambos tenían el aliento acelerado, el corazón palpitando a todo lo que este daba y el deseo a flor de piel pues el sudor invadió por completo sus cuerpos. Mike se encontraba en la cama, apoyándose sobre sus codos mientras observaba como Chaz le besaba todo el contorno de su pecho; desde sus pectorales hasta seguir la línea media de su estómago y bajar por su bajo vientre en donde ya no quedaba rastro alguno de la marca. Mike flexionó una de sus piernas al sentirse amenazado por la boca de su amante, quien, con calma, le observó y dijo—. Quiero, probarte…

—Ah… Pe-pero… —No pudo objetar, ya él engullía su miembro—. Ahh —se echó hacia atrás hundiendo su espalda en la almohada, sintiendo como la lengua de Chaz lamía todo a su paso, comenzando por su glande y llegando hasta la base. Llevó una mano a los cabellos negros de su amante y los acarició susurrando—. Ahhg, Chaz, ah, ahh… No, oh, Dios.

—Hummm —expresaba extasiado él, mirando hacia el rostro de su Shinoda quien había entrecerrado los ojos y jadeaba de manera excitada. Cerró sus ojos, sintiendo el sabor salado de su amante, y de manera exquisita continuó dándole placer hasta lograr llevar una de sus manos a sus testículos, los cuales acarició y masajeó para despacio humedecer dos de sus dedos y llevarlos a aquel lugar, en donde hizo presión causando que Mike se incorporara y sujetara su mano diciendo:

—No… —respiraba agitado—. No sigas, por favor.

Chester engulló más, haciendo que Mike cayera vencido sin poder evitar que aquellos dedos lo penetraran. Sintió la punzada un poco incómoda pero rápidamente se tornó placentera, su boca liberó grandiosos jadeos al percatarse que los dedos de Chaz hurgaban buscando aquel nervio que lo comenzó a enloquecer. Chester engulló otro poco, y al darse cuenta de que había encontrado aquel suave y sensible nervio apartó su boca de aquel miembro, y susurró—. Oh… Mike, justo aquí, cuando te acaricie… sabrás lo que es el cielo —El mencionado sintió como su pelvis se contraía y sus piernas temblaron al instante, un estremecimiento tremendamente placentero golpeó sus bajos y parte de su estómago. Chaz, por otro punto, acarició más ese lugar y con malicia engulló de nuevo para hacerlo venirse de manera placentera.

—Ahhhg, ahg, ah… —gimió apretando sus ojos y sintiendo un fuerte zumbido en sus oídos. Su respirar fue acelerado, mientras que aún sentía la cálida boca de su amante en su miembro. Despacio abrió sus ojos y miró completamente avergonzado al Bennington, quien apartaba su boca muy despacio mientras que Mike apurado gritaba—. ¡RAYOS, PERDÓN! ¡NO, NO QUISE HACERLO…! ¡DEMONIOS, TOMA…! —le ofreció nervioso una camiseta para limpiarse pero, para su sorpresa, Chaz no la aceptó, incluso solo limpió la comisura de sus labios con la punta de un dedo y dijo tragando.

—Tu sabor… me parece a gloria —liberó, entonces, sus dedos de su interior y se acercó a besarle. Mike sintió su propio sabor embriagándole a través de los labios de su amante, y haciendo que el fuego de la excitación reinase en todo su ser de nuevo. Se sentía completamente extasiado, no sabía porque demonios ya no sentía dolor alguno o vergüenza. Elevó sus brazos y abrazó la espalda de Chaz con uno de sus brazos, lo atrajo más mientras que su boca lamía y chupaba desesperadamente los del Bennington. Pronto, sus lenguas se encontraron, causando en ambos jadeos y gemidos descontrolados. Mike percibía el cuerpo de Chaz sobre el suyo, restregando su hombría con la suya. Se estaban torturando el uno al otro hasta que Chaz confesó con voz suave y excitada—. Dime que me deseas, Mike… por favor, ya no aguanto más, quiero entrar en ti.

Apartó un poco su boca de la de Chaz y susurro con gravedad—. Chaz… —El deseo lo estaba poseyendo, nunca antes había sentido la necesidad de tener a aquel dentro suyo. El solo recordar lo de la noche anterior le hizo temblar y confesar a viva voz—. Entra, por favor, quiero sentirte dentro mío, ahora —Chaz enseguida movió sus manos desde los costados del cuerpo del Shinoda hasta rozar con sus dedos sus piernas y sujetarlo de los pliegues de sus rodillas para acomodarse entre sus piernas; mientras lo hacía, sus labios se fundían con los del Shinoda, quien acariciando con suma fuerza rasguñaba su espalda. El Bennington, ante tan excitante momento, llevó una de sus manos a la base de su miembro y muy lentamente aplicó presión en aquel lugar, causando que Mike arrugara sus cejas y cerrara con fuerza sus ojos al mismo tiempo que separa su boca de la del otro y susurraba jadeante—. Nnnmmm, de-despacio —susurró, sintiendo como lentamente entraba y a su paso rosaba aquel lugar que lo hizo arquear la espalda y temblar—. Augh —gimió por lo bajo mientras que su amante acunaba su rostro entre su cuello y continuaba introduciéndose, sintiendo que podría venirse en el acto pero aún no era el momento, se volvería loco haciendo suyo al Shinoda.

Sus caderas se movían en un compás rítmico, deslizando una y otra vez su miembro en aquel angosto y sensible lugar. Mike no podía más que ver como Chaz elevaba una de sus piernas y la colocaba en su hombro para hacer más profunda su penetración; el ahora pelinegro de los tatuajes, había elevado su torso y le miraba con entera lujuria y saciedad. Mike, por otro lado, había hundido todo su ser en el colchón, jadeaba y arrugaba sus cejas en placer completo mientras que sus manos se aferraban a las sábanas con suma fuerza. Sentía que en cualquier momento su corazón dejaría de latir por estar tan fogosamente acelerado; el ritmo de sus envestidas le recordó los acordes acelerados de una de sus canciones: "Breaking the habit".

—¡Fuck! —pronunció mordiéndose un labio, sobresaltado al sentir como Chaz golpeó con dureza en su interior; prácticamente lo tumbó así que gritó—. Ajahhh, Ch-chaz, carajo, sigue…. Maldición, no pares —confesó al darse cuenta que se estaba haciendo adicto al sexo. El mencionado dejó de sujetar sus piernas y se dedicó a sujetar sus pectorales para apretarlos con insano descaro. Mike llevó una de sus manos a una del Bennington, entrelazando sus dedos y susurrando—. Trato de contenerme pero siento que todo se va al carajo… todo mi interior se pierde en tus caricias prohibidas… —Chaz sonrió de medio lado, aún en la cama y sintiendo la lujuria en su cuerpo, Mike tenia lo osada habilidad de componer. Sujetó su cintura y lo elevó con facilidad para acomodarlo sobre su regazo y pelvis. Mike abrió a todo lo que daban sus piernas y, presintiendo mucho más profundo el miembro de su Bennington, se aferró a su cuello, buscó su oreja para besarle descaradamente y morderlo un poco mientras que Chaz acariciaba su espalda y llegaba a sus glúteos, los cuales acarició y apretó con lujuria.

—Eres tan sensual —susurró con melódica voz, haciendo más aceleradas sus envestidas; causando que el de ojos negros juntara sus piernas y apretara el cuerpo de Bennington, sintiendo el palpito de su propio miembro rozar con el abdomen de Chester.

—Ahh, no, si sigues haciendo eso… voy a…

—Jummg —Chaz apretó sus ojos al sentir la cálida estreches de Mike, separó un poco el rostro y se encontró con el de su Shinoda; sus mejillas totalmente rojas, el sudor invadiendo su frente y sus cejas completamente arqueadas en placer. Mike también apreció el rostro de su amante, quien sudaba a borbotones y que le miraba con entero amor. Se miraron un rato más a los ojos, notando las expresiones de ambos a la hora en que Chaz inició de nuevo sus envestidas; Mike cerró un instante los ojos y mostró una mueca placentera, pero pronto los entreabrió y observó a su amante, quien llevó una mano atrás de su cabeza y con calma le acercó para besarle. Ambos cerraron entonces sus ojos y las envestidas aceleraron su ritmo. Mike gemía en aquel beso al igual que con suavidad lo hacia su amante; unos segundos después, los músculos de ambos se tensaban y las piernas de Mike apretaban más los costados de Charles, quien separó unos milímetros su boca y confesó—. Te amo… Michael —El mencionado no pudo aguantar más, en un sordo gemido se liberó, el orgasmo hizo que mordiera el labio inferior del Bennington, justo en donde el piercing ya no estaba. Chaz, por otro punto, segundos después acompañaba a su amante en aquella placentera reacción, su semilla se esparcía dentro del Kenji, quien, sintiendo como palpitaba en su trasero el miembro de su amigo y amante, solo pudo mantenerse con los ojos cerrados. Separó despacio sus labios de los de Chaz y juntó sus frentes para soltar enormes bocanadas de aire, ambos apenas y se reponían de sus acelerados corazones y los zumbidos de sus oídos no se querían ir, se mantuvieron en la misma pose por unos minutos hasta que…

—No quiero… separarme de ti.

—Yo, aunque quisiera, no puedo —confesó cansado y con voz frágil, mirando a los ojos negros y hermosamente achinados de Mike.

—¿Y eso por qué? —cuestionó aún falto de aire.

—Quiero sentir este calor por siempre —respondió tranquilo, abrazando su cuerpo y colocando su rostro en su hombro. Mike elevó sus brazos, llevó una mano a la cabeza de Chaz y le acarició despacio mientras su otra mano acariciaba la espalda rasposa por los tatuajes del Bennington. Se quedaron así por otros minutos hasta que el tiempo les indicó que ya era hora de continuar.

Ya el anochecer estaba haciendo su presencia y ambos salían de aquella habitación, Mike miraba a todos lados, no había nadie afuera y sintió alivio por aquello. En conjunto con Chaz, bajaron hasta la oficina para pagar la cuenta, con un nombre muy distinto firmaron la factura, pronto se introdujeron al Ferrari negro y comenzaron su largo trayecto en dirección de la ciudad que nunca duerme. Mientras transitaban la carretera, Mike miraba curioso y pensativo el costado de la calle, entonces su compañero cuestionó—. ¿Qué sucede?

Mike le miró un poco preocupado y con calma susurró—. No quería preocuparte pero desde hace mucho tengo un mal presentimiento.

—¿Mal presentimiento?

—Sí… —miró al frente y apartando una mano de su regazo la colocó en su pecho. El Bennington le observó serio y susurró tranquilo.

—No debes temer, yo estoy a tu lado —Mike le observó aún más preocupado.

—Eso es lo que me preocupa… —tragó grueso—. ¿Quién te protegerá a ti? —susurró más preocupado. Chaz entonces llevó una mano a la de Mike y la apretó con suma calma y cariño.

—No te preocupes por mí, te lo he dicho, todo saldrá bien… voy a protegerte de lo que sea y cuando sea.

—Prométeme que si las cosas se ponen muy mal escaparás —Chester observó confuso el rostro de Mike, quien le miró serio.

—¿De qué estás hablando? —Chester no obtuvo más que silencio de parte del de mirada asiática.

Él, en cambio, miraba el camino, no había querido angustiar a su amante pero no podía quedarse con los brazos cruzados en esa guerra. Las palabras de Chester al decir "Que no podían incluir a sus amigos cercanos" lo hicieron pensar en una solución viable, aunque desastrosa quizás para él. Tenía pensando enfrentar él solo al sujeto que había poseído a su viejo amigo Jonathan. Sentía en su corazón que era su misión salvarle pues por él había comenzado todo y ahora ya no podía engendrarse el hijo que buscaba ese ser maligno. Imaginó que sería más fácil encargarse de él y hacerlo salir del cuerpo del Davis; quizás pecaría de héroe, pero temía que si su estúpido amigo y amante se metía en la lucha, él encontraría la muerte y era mejor su propia muerte que la del ser que más amaba en el mundo. Un mundo en donde no soportaría volver a estar solo. Decidido, entonces se alegró al ver el cartel que decía que en la siguiente salida se llegaba al destino especificado en donde, seguro, se encontraría con su hermano y el arcángel. Chester, por otro lado, no había recibido respuesta alguna y eso le preocupó sobre manera.

¿Qué pensaba hacer Mike? Pensó, pero dejó sus traficados pensamientos para otro momento ya que por fin entraban a la ciudad.

—Ya casi llegamos —susurró el Shinoda con voz calmada.

—Será mejor que esos dos estén aquí en algún lugar.

—No será problema encontrarlos —susurró Mike, mirando los diferentes edificios y el gentío—. Puedo reconocer a mi hermano entre un mar de gente, siempre lo hice en los conciertos.

—Tienes una gran visión, Mike.

—Sí —susurró tranquilo, mirando el camino y los semáforos—. Es por ahí, estoy seguro que Jason está ahí —señaló al enorme reloj de la ciudad.


End Notes:

Uy, que pervertidos salieron estos dos 9.9 3 Espero les haya gustado, niajajaja, se pondrá bueno de aquí en adelante. Mucho lemon, unas que otras sorpresas y, jajaja, desvaríos xD Cuídense mucho. MIL GRACIAS POR LEER Y COMENTAR. Arigato! n_n

JA NE!