CAPÍTULO 9
Amador's POV
No quería ir al instituto, no quería que nadie le viese así, pero sus padres se lo dejaron muy claro: las tenía que tener puestas todo el tiempo, tenía que acostumbrarse a llevarlas.
Cuando llegó a su clase, con la bufanda cubriéndole hasta los ojos, dejó la mochila en su sitio y se sentó, intentando no mirar a nadie o, más bien, que nadie le mirara a él. Por suerte, Amador se sentaba en la última fila, al lado de Alberto y éste de Sergio, así que consiguió que nadie le viese, hasta que comenzó la clase.
Como tenía que mirar a la pizarra, Alberto enseguida le vio y cuando se lo dijo a Ángela, sentada delante suya, corrió la voz y al final todo el mundo se giró para mirarle.
- ¿Qué pasa, nunca habéis visto a alguien con gafas?- preguntó Amador avergonzado cuando la clase acabó y todos su amigos se acercaron a él.
- Sí, pero nunca te habíamos visto a ti con unas- respondió Sara sonriendo.
- ¿Podéis dejar de mirarme?- dijo Amador tapándose la cara con las manos-. Me da mucha vergüenza.
Todos rieron y se fueron a sus sitios cuando el profesor de lengua entró en la clase. Durante toda la clase Amador estuvo mirando a Valentina, algo preocupado. «Si tenía alguna oportunidad con ella ahora ha desaparecido...» Pensaba mientras suspiraba.
Cuando llegó el recreo Valentina se acercó a Amador y le miró fijamente. Amador se tapó la cara y apartó la vista.
- Ya sé que no me quedan bien- dijo con voz triste.
- Al contrario. Ahora te veo incluso más guapo- dijo ella sonriéndole-. Te quedan genial.
Cuando Amador la escuchó la miró sorprendido y muy sonrojado.
- ¿E-enserio?- preguntó él.
- Siempre sabes cuando miento, así que debes notar que hablo en serio- respondió ella sin dejar de sonreír.
Como en todos los recreos, Amador y los demás le pedían una pelota de baloncesto al profesor para jugar, pero hacía falta enseñarle el carnet de estudiante y ese día le tocaba a Amador llevarlo.
- Mierda, se me ha olvidado en la clase- dijo-. Voy a buscarlo.
- ¡Date prisa!- le gritó Fernando mientras Amador se alejaba corriendo.
Cuando Amador llegó a la clase escuchó unas risas dentro, miró con cuidado abriendo un poco la puerta y vio a Verónica, Noemi y Carolina escribiendo en unas mesas. «Esas son las mesas de Valen y Sara- pensó extrañado-. No me digas que han empezado a meterse con ellas.»
Amador sabía la reputación que tenían y, a pesar de haber sido muy buen amigo de Noemi en el colegio, había intentado mantenerse lo más lejos posible de ellas, pero parecía que Sara y Valentina no lo habían conseguido.
Entró en la clase intentando hacer bastante ruido para que supieran que había entrado. Cuando le escucharon las tres pegaron un bote y se sentaron corriendo en las mesas, tapando lo que sea que estuvieran haciendo, pero Amador pudo ver que habían algunas palabras no muy bonitas escritas en ellas. Amador las saludó, cogió su carnet de estudiante y salió lo más rápido que pudo.
Cuando cogieron la pelota se acercó a las chicas que estaban en las gradas y miró fijamente a Valentina.
- ¿Qué pasa?- preguntó ella sonriendo.
- Valen... ¿Sara y tu estáis teniendo problemas con Noemi, Verónica y Carolina?- preguntó con calma, pero cuando vio la cara que puso Valen supo que había acertado.
- N-no, p-por supuesto que no- respondió Valentina con una expresión tensa.
- ¿Por qué lo preguntas?- preguntó Sara que estaba sentada al lado de Valentina.
- Creo que os estaban haciendo algo en vuestras mesas- respondió Amador.
- Ah, sí... es que... resulta que dibujan muy bien y les pedimos que nos hicieran un dibujo bonito en nuestras mesas... ¿Verdad, Valen?- dijo Sara con una sonrisa tensa.
- S-sí- asintió Valentina imitando la sonrisa de Sara.
Amador las miró unos momentos, no entendía por qué no le decían la verdad, sabía que no les estaban haciendo un dibujo, al menos no uno bonito. Volvió a mirar a Valentina, esta vez más serio.
- ¿De verdad que no os están molestando?- preguntó.
- D-de verdad- dijo Valentina.
- Muy bien, si vosotras lo decís será verdad- dijo Amador dándose la vuelta y yendo hacia la cancha de baloncesto, donde los demás estaban ya jugando.
Durante todo el recreo estuvo jugando, pero sin prestar atención a lo que hacía, sólo podía pensar en por qué Valentina le había mentido. «¿Es que no confía en mí? ¿No cree que pueda ayudarla?- se preguntaba-. Algo tan importante debería habérmelo dicho...» Pensaba mientras la miraba cuando la pelota le golpeó en la cabeza.
- Perdón, Amador, pero no estabas atento- dijo Elías.
- Deberías ponerte lentillas para jugar, se te pueden romper las gafas- le dijo Alberto acercándose a ellos.
Amador se tocó donde el balón le había dado y suspiró.
- No tengo ganas de jugar- dijo antes de irse.
Alberto's POV
Ese día iba a ser el primer día de prácticas de baloncesto, pero debido a la lluvia no podían jugar en las canchas, y el gimnasio estaba ocupado por el equipo femenino de voleibol pero, por suerte, el entrenador consiguió que la entrenadora de voleibol les dejara medio gimnasio. Como solo tenían una canasta, empezaron practicando tiros libres, aunque Alberto no podía dejar de mirar a Natalia, la cual estaba en el equipo de voleibol junto con Sara, Valentina, Ángela, Mar y Violeta.
Vio como ninguna de las chicas le pasaba la pelota a Violeta, que era lo mismo que pasaba con Sergio. Aun nadie les hablaba, pero lo peor era que ni ellos intentaron disculparse una sola vez.
Al acabar la primera hora, ambos entrenadores dieron unos minutos de descanso, que la mayor parte aprovechó para beber agua y sentarse. Cuando Alberto volvía de beber se encontró con las chicas y las saludó, ellas le saludaron sin muchas ganas menos Sara, que ni le miró y Natalia, que se paró y le dio una sonrisa triste.
- Aun está superándolo- dijo Natalia.
- Max dice que a él ya le ha perdonado- dijo Alberto-. Ayer no paraba de sonreír.
- Sí, Sara dijo que le resultaba muy difícil seguir enfadada con él- dijo Natalia-. Pero no te preocupes, pronto te perdonará a ti también.
- Sí, seguro- dijo Alberto mirando a suelo.
- Claro que sí- dijo ella con una pequeña sonrisa-. Todos los días le hablo bien de ti y cada vez parece más receptiva, ya verás como pronto te perdona.
Alberto la miró un rato, en silencio. Poco a poco se acercó más a ella y apoyó su frente contra la de ella y, con los ojos cerrados, suspiró.
- Aún no te he dado las gracias- dijo suavemente.
- ¿P-por qué?- preguntó Natalia, muy sonrojada.
- Por todo lo que estás haciendo por mí- dijo Alberto con los ojos aún cerrados-. De verdad, te estoy muy agradecido.
- N-no es nada...- empezó a decir ella.
- Para mí lo es todo- dijo abriendo los ojos y mirándola directamente a los suyos, marrones oscuros, como los de él, sin poder evitar sonrojarse-. No sé qué haría sin ti, seguramente estaría perdido.
Se quedaron mirándose a los ojos unos segundos hasta que escucharon los gritos de los entrenadores.
- Parece que hay que volver ya- dijo separándose de ella-. Tú primero- dijo abriéndole la puerta.
Continuaron practicando cada uno su deporte durante una hora más. Durante ese tiempo Alberto y Natalia compartieron muchas miradas y alguna que otra sonrisa. Todo lo malo que había pasado había tenido una parte buena: ahora estaba aún más enamorado de Natalia, si es que era posible.
Cuando el entrenamiento acabó seguía lloviendo, incluso más que antes, y eso no le hacía ninguna gracia a Alberto ya que su casa estaba lejos y tenía que ir andando. Cuando se cambió de ropa y salió del vestuario vio a Natalia parada en la puerta del gimnasio.
- ¿Aún no han venido a recogerte?- preguntó acercándose a ella.
- No, hoy no me recogen, mis padres están trabajando- respondió.
- ¿Y por qué no te has ido todavía?- Volvió a preguntar Alberto. Natalia le miró y suspiró.
- No me he traído paraguas.
- El mío es grande, y vivimos cerca- dijo Alberto sin mirarla-. ¿Te apetece acompañarme?- Natalia le miró y sonrió levemente.
- Me encantaría.
Por suerte, ese día Alberto había cogido el paraguas grande, por lo que cabían los dos sin problemas, tenían que estar pegados, pero por supuesto eso no era un problema para Alberto, más bien lo contrario. Mientras caminaban hablaban de un montón de cosas: del instituto, del entrenamiento, de la excursión a esquiar la semana siguiente, de Sergio y Violeta...
- Sé que lo que han hecho ha estado fatal, pero no puedo evitar que me den pena, al menos Violeta- dijo Natalia-. Sergio no me da tanta.
- Violeta sabía perfectamente lo que hacía, y no dudó en traicionar a su amiga por un chico- dijo él.
- Pero está enamorada. Cuando te enamoras no puedes pensar con claridad y haces algunas estupideces.
- Lo sé, pero no es excusa- dijo Alberto mirándola-. ¿Y de quién te has enamorado tu?- preguntó con curiosidad.
- ¿Y-yo? De nadie- contestó poniéndose nerviosa.
- Entonces, ¿cómo sabes qué ocurre cuando te enamoras?
- M-me lo ha dicho Sara- respondió ella rápidamente.
- Está bien- dijo él mirando al frente- pero sabes que puedes contármelo todo, ¿verdad?
- S-sí- dijo ella mirando al suelo.
- Bien- dijo él sin mirarla.
Continuaron caminando y charlando hasta que llegaron a casa de Natalia. Cuando ella entró, Alberto continuó hasta su casa con una sonrisa en la cara durante todo el camino.
Max's POV
Max no estaba de muy buen humor. El día anterior sí lo estaba ya que Sara le había perdonado, pero mientras más tiempo pasaba con ella, más se daba cuenta que ya no era lo mismo, Sara no se comportaba como antes y eso a Max no le gustaba.
Durante toda la mañana había intentado hablar con ella, y ella siempre le respondía, pero en cuanto podía acababa la conversación. Y ahora en la tienda era más de lo mismo, solo hablaban de trabajo, sería lo normal, ya que estaban trabajando, pero antes siempre se lo pasaban mejor, se reían más y Max echaba de menos la risa de Sara.
- Sara, ¿podemos hablar un momento?- dijo harto del silencio que había entre ellos.
- Sí, ¿qué pasa?- dijo ella sin mirarle.
- Tú aún... no me has perdonado del todo, ¿verdad?- Sara le miró con el ceño fruncido.
- Sí te he perdonado.
- Pero no es lo mismo, no te comportas como antes- dijo él.
- Yo creo que sí- dijo ella apartando la mirada.
- Por supuesto que no. Estás mucho más distante que antes.
- Bueno, será porque ya nada es como antes- dijo ella en tono serio.
Max la miró y asintió mirando al suelo, estaba claro que a Sara no le apetecía mucho hablar, sin embargo Sara le miró y suspiró.
- Sé que estoy más distante, no puedo evitarlo, me cuesta confiar.
- ¿Te cuesta confiar en mí?- preguntó él mirándola de nuevo.
- No sólo en ti. Me cuesta confiar en todo el mundo.
- Pero sabes que puedes confiar en mí- dijo él poniéndose cara a ella.
- ¿Como confiaba antes de que me mintieras? ¿Como confiaba en Sergio? ¿Como confiaba en Alberto o en Violeta?- Max la miró con cara de tristeza.
- Sé que la cagué, Sara, pero te prometo que ya no lo volveré a hacer nunca más.
- Prometerlo no sirve de nada- dijo ella separándose de él-. Déjalo, ¿vale? Ya te he perdonado, no hablemos más de lo que pasó.
- Pero...- intentó quejarse él-. Está bien- dijo cuando Sara le miró con expresión seria.
Pero Max no quería dejarlo, quería que ella volviese a confiar en él. Quería volver a verla reír, que le tratara como lo hacía antes, como un amigo cercano, no como a un conocido. Sara le había dicho que lo dejara, pero si algo debía saber de él era que cuando de verdad quería algo nunca se rendía hasta conseguirlo, y no se iba a rendir hasta solucionar el problema completamente.
Cuando ya era tarde y cerraron la tienda, Max acompañó a Sara y Eduardo hasta su casa, que estaba muy cera de la tienda y estaba en dirección a la suya. Cuando llegaron y se despidieron, Max agarró a Sara del brazo.
- Lo siento, pero no puedo dejarlo- dijo él-. Quiero solucionarlo.
- Max...- se quejó ella.
- No, lo siento, pero no podemos seguir así.
- Vete a casa, Max. No quiero hablar- dijo ella dándose la vuelta y yendo hacia la puerta.
- No pienso irme de aquí hasta que lo solucionemos- dijo antes de que Sara entrara en su casa.
Pasaron un par de horas y Max estaba muerto de hambre, de frío y empapado, pero no le importaba, arreglar su amistad con Sara era mucho más importante. Pasó casi otra hora más, sin parar de llover cuando la puerta de la casa de Sara se abrió.
- ¿De verdad sigues ahí?- preguntó Sara con lo que parecía una sonrisa.
- Te dije que no me iría sin arreglarlo- dijo él tiritando.
- Anda, pasa, estás empapado- dijo apartándose a un lado para que él pasara.
Cuando entraron Sara le dio ropa seca de su hermano y cuando se cambió le dio un plato de sopa que había sobrado de la cena.
- En serio, eres idiota- dijo ella con una pequeña sonrisa mientras Max comía como si no hubiese comido en una semana.
- Es uno de mis encantos- dijo él.
- Lo sé.
Max la miró y dejó de comer.
- ¿Vamos a hablar?- preguntó con voz suave.
- No sé qué quieres que te diga.
- Te he pedido perdón y tú me has perdonado, pero en tu interior sigues enfadada- dijo Max.
- No lo estoy.
- Sí, lo estás. Y hasta que no te desahogues no podrá volver a ser como antes- dijo Max poniéndose de pie-. Ven.
Ella se levantó y se puso enfrente suya.
- Te mentí, ya sabes la razón, tenía miedo de perderte.
- Lo sé.
- Pero aún así debí habértelo dicho, actué pensando solo en mí.
- Ya no importa, Max- dijo Sara mirando a un lado.
- ¿Quieres dejar de guardártelo todo dentro? Eso es peor.
- ¿Y qué quieres, que me enfade?- preguntó ella.
- Sí.
- Pues muy bien, como quieras. Fuiste un egoísta y un estúpido- dijo empezando a cabrearse.
- Lo fui.
- Si me hubieras dicho la verdad te hubiese creído antes que a Sergio. Todos los días me preguntaba qué es lo que había hecho para que Sergio siempre estuviese enfadado conmigo, me ignorara y prefiriera estar con cualquier otro antes que conmigo, y tú tenías la respuesta- dijo empezando a subir la voz-. Estaba hecha polvo, pero tú me animabas, eras la persona en la que más confiaba, a la que le contaba todo y tú vas y me mientes- dijo ella. Max pudo ver cómo se le iban formando las lágrimas en los ojos-. Todo lo que pasó me dolió mucho, pero lo que más me dolió es que me traicionara la persona en la que más confiaba, tú. Y si me lo hubieses dicho en vez de callarte puede que ahora todo fuese distinto, puede que no me sintiese tan idiota, que mis amigos no me miraran con cara de pena cada vez que Sergio o Violeta pasan por delante. Incluso mis padres me miran así- dijo sin poder aguantar más y empezando a llorar.
- Lo siento mucho, Sara- dijo Max acercándose a ella-. Sé que actué como un auténtico idiota, me odio a mí mismo por ello todos los días, pero no lo pude evitar. Cuando pensaba en perderte, en que me odiaras... Sé que no es excusa, pero me importabas tanto que lo único en lo que pude pensar era cómo no perderte, y lo que hice fue hacerte daño.
Sara se acercó a él y empezó a pegarle en el pecho, poco a poco fue perdiendo fuerza hasta que apoyó su cara contra su pecho y siguió llorando mientras Max la rodeaba con los brazos con fuerza. Poco a poco Sara se fue calmando y le devolvió el abrazo a Max. Cuando Sara dejó de llorar se separaron lentamente y Max le secó las últimas lágrimas de los ojos.
- ¿Esto significa que me perdonas?- preguntó él poniendo cara de inocente. Sara rió y le volvió a golpear en el pecho no muy fuerte.
- Te he echado de menos- dijo ella un poco sonrojada.
- Y yo a ti- dijo él sonrojándose también-. Pero no te preocupes, no voy a dejarte marchar nunca más.
