Capítulo 9: Una parte de la verdad.

Días después del incidente con aquel hombre sombrío, una sensación de angustia parecía crecer cada vez más dentro de Abi, su mente no paraba de sacar mil hipótesis sobre quién podría ser aquel vil hombre que tan nerviosa ponía a Tasha, por qué era tanto el revuelo que provocaba su presencia.

Sin dudar un instante más fue donde Tasha y le exigió le diera alguna explicación:

-Buenos días -, dijo Abi entrando a la biblioteca.

-Buenos días hija, qué te tiene tan angustiada, pues siento la angustia en tu mirada-.

-¿Tú me preguntas qué me angustia, ¿aún no lo has notado, tú eres quién me angustia, tú y tus secretos y misterios, no me iré de aquí sin una explicación. Sin la verdad, no te olvides que sabré si me estás mintiendo-, dijo Abi mirando seriamente a Tasha.

-No entiendo a qué te refieres-, respondió Tasha.

-¡Mirá, no finjas no saber, tu y yo sabemos de qué estamos hablando, más bien, de quien estamos hablando, y te exijo me digas la verdad en este mismo momento-.

-¡Ah, ya entiendo. Tu reproche...-, y entonces Abi la interrumpió.

-No es reproche y lo sabes, pero está bien, si tu no me dices quién es, no tendré más remedio que pedirle a Peregrino que me de su versión-.

-¿Peregrino, ¿y ese quién es?-.

-Uno de nuestros huéspedes, uno de esos que Cleo dice que son raros. Pero no te aproveches de la situación para cambiarme de tema-.

-Está bien, si quieres la verdad, la tendrás. Ahora tienes que saber que esa verdad puede doler y no sé si estás preparada para saber aún-.

-¿Para saber qué?-, dijo Abi ya en un tono que dejaba entrever que se estaba enfadando.

-Mira Abi, yo ya te había dicho ese día que ese hombre es más malo que la peste, y fue por su culpa que Chela, tu abuela, murio. Él siempre sintió mucha envidia pues ella tenía muchísimos poderes, tu lo sabes mejor que nadie pues además de los poderes con los que ya has nacido heredaste los de tu abuela al momento de su muerte. Este oscuro ser, siempre ambicioso y ruin quiso que ella se le uniera con el fin de unificar los poderes de uno y otro y conseguir controlar el mundo. Chela siempre supo que su intención era someter a los hombres a sus más bajos deseos, que los quería esclavos de sus deseos, y un mundo oscuro y triste. Por supuesto Chela se negó y él entonces no paró hasta destruirla, trató de hacer hasta lo imposible por robarle sus poderes y energía, logró armar un hechizo para destruirla y robarle sus poderes y así le dio muerte; con lo poco de energía que quedaba en su espíritu tu abuela logró pasarte todos esos poderes a ti, antes que él pudiera absorberlos. Cree que esos poderes los tengo yo y por eso estás en peligro, pues si se entera de que tu eres la portadora de semejante poder no se detendrá hasta destruirte como a ella-.

-Disculpen-, interrumpió Cleo en ese instante.

-Sí, ¿qué necesitas?-, preguntaron ambas.

-Tienes un llamado, tu sabes, una de las muchachas que viene a que le leas el Tarot-.

-Ok, dile que ya la atiendo-.

-Está bien-, dijo Cleo y se retiró de la biblioteca.

-Tasha, ahora tal vez comprendo un poco más tu temor, y quizás estoy más conciente de otras cosas, como por ejemplo del peligro que representa tener a ese hombre cerca, pero no creas que esta explicación me alcanzó, siento que hay algo más y tendrás que decirlo luego, no creas que la campana te salvó, más bien te dio un poco más de tiempo-, dijo Abi y se dirigió a atender el llamado.

Cuando Abi salío de la biblioteca Tasha musitó:

-¿Cómo te digo que no eres quien crees que eres, ¿como te destruyo toda una vida, todo lo que construiste, todo lo que conseguiste, ojalá Chela estuviera aquí para explicarte mejor porque hicimos lo que hicimos, aún así, ¿podrás algún día perdonarnos, Dios mío, iluminame para que pueda hacer lo correcto-.

Luego del almuerzo, mientras los niños dormían una siesta y Esteban estaba en su trabajo Abi decidió arreglar un poco las flores del jardín, ese día estaba en casa pues no había clases debido a unas reparaciones edilicias en el colegio. Estaba arreglando unos pensamientos cuando de entre las plantas salió una araña que la paralizó, un frío le corrió por las venas y una sensación enorme de temor la invadió, el aire le faltaba y estaba empezando a marearse cuando alguien la rescató del arácnido.

-¿Te encuentras bien?-, preguntó una dulce voz.

Ella levantó su mirada y era él, si el mismo que aparecía en sus sueños, el mismo que le hacía vivir dejavús, el mismo que la había salvado de caer de la silla en la biblioteca ahora la estaba salvando del insecto que despertaba sus más grandes temores, temores que ella todavía no podía explicar y menos aún entender.

-Si, gracias. Gracias por ahuyentar a la araña, la verdad es que no puedo comprender porque despiertan en mi tanto temor y tanta repugnancia-.

-No me agradezcas nada, hice lo que cualquier caballero debe hacer en caso de ver a una dama en peligro, aunque el peligro parezca insignificante uno no tiene que subestimarlo, hasta la más pequeña araña puede llevar un letal veneno-, dijo él.

-Gracias de todos modos, no creo que esta araña fuera de las venenosas, pero como dices, nunca se sabe-, dijo ella.

-¿Te ayudo?-, preguntó él.

-¡Por favor, cómo un huésped se va a poner a trabajar aquí, ni pensarlo, no-.

-Yo pregunto, ¿dónde quedó eso de que el cliente tiene razón, me gusta la jardinería, es una de mis pasiones y la verdad me gustaría mucho ayudarte. Supongo que la señora araña que vimos hace un rato no debe ser la única que habita en tu jardín y creo que un buen guardaespaldas no vendría mal en caso que decidiera regresar para asustarte nuevamente-.

-Pues con semejante argumento no tengo otra alternativa que aceptar, pero que conste que no me dejaste opción-.

Mientras estaban arreglando las petunias y los pensamientos compartieron risas y una extensa charla sobre las plantas y sus flores y aromas, parecían dos expertos jardineros en un coloquio dando conferencia. De pronto, por torpeza, a Abi se le resbaló de la mano la tijera para podar plantas y ambos se agacharon entonces a recogerla.

Quedaron frente a frente, mirándose fijamente a los ojos y los dos con la tijera en sus manos, que tímidamente se rozaron sin querer. Ella sintió que no podía, sin entender el por qué, dejar de mirarlo y su corazón se estremeció al tenerlo a su lado, entonces en ese instante sus mejillas se sonrojaron.

Él sentía unas enormes ganas de abrazarla pero al verla sonrojada advirtió que la situación la incomodaba y sin pensarlo más le pidió disculpas.

-Lo siento, no fue mi intención incomodarte-, le dijo.

-No, está bien, es que a veces, y por favor no vayas a creer que estoy loca, siento como si ya nos conociéramos de antes-.

-No te hagas problemas, a veces suele pasar-.

-Si pero es que es muy raro, yo ya te había visto en mis sueños antes de conocerte. Es decir, ya había soñado contigo antes de verte por primera vez aquí en la posada-.

-Bueno, dicen que a veces en sueños podemos ver a personas o conocerlas antes que en la vida real, es como si pudieramos viajar en el tiempo y luego nos abraza el sentimiento del dejavú-.

-Puede ser, pero es que-, él la interrumpió.

-¿Qué, ¿qué te preocupa?-.

-No me hagas caso, ya está empezando a refrescar y debe ser la hora de la merienda, ¿me acompañas?-.

-Si no te incomodo-.

-No, está bien, además una nunca sabe cuando puede aparecer una araña y por ahí un noble caballero se ofreció a ser mi guardaespaldas antiarácnido-, dijo sonriendo Abi.

-¡Es cierto, casi lo olvidaba-, dijo él mirándola tiernamente.

Mientras se dirigían hacia la cocina, Abi no podía dejar de preguntarse porqué la invadía esa extraña sensación cuando lo tenía a él frente a ella, porqué su corazón latía con mayor intensidad, porque se le hacía un nudo en su garganta y porqué no podía dejar de sentir, de sentir ¿qué cosa por Leo?.